
89 - La condesa y el fantasma. Sarah Amherst y el faisán imposible.
En los salones de la Inglaterra del siglo diecinueve, la ciencia era un feudo estrictamente masculino. Las grandes sociedades académicas cerraban sus pesadas puertas de roble a cualquier mente que no perteneciera a un hombre de clase alta. Se esperaba que las mujeres de la aristocracia, si sentían alguna inclinación por la naturaleza, se limitaran a pintar acuarelas de flores en sus jardines o a coleccionar mariposas disecadas como un mero pasatiempo estético. Adentrarse en la taxonomía real, ensuciarse las manos en expediciones de campo o reclamar un lugar en los anales de la zoología era…
The skinny
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