Latest / Reflexiones cristianas con José Ordóñez / 273 | El gran problema del yugo desigual.
Transcript
- Podcastst número doscientos setenta y tres. Esta mujer, en la sesión de consejería de nuestro tercer taller para matrimonios, fue muy genérica. No quiso entrar en detalles acerca de los muchos problemas que tenía con su esposo. Al ser tan genérica, intenté darle la respuesta que ella necesitaba, tomando inclusive como base esos puntos que sí dejó entrever como por ejemplo, se había casado en yugo desigual. Ella creyente y asistiente a una iglesia, se casó con un hombre de aguas tibias que a veces sí y a veces no, de doble ánimo con el señor y entonces empezaron a convivir. Al poco tiempo, fue ella la que empezó no solo a halar ella sola, intentando responder a todos los problemas, intentando solucionarlos, intentando perdonarlo una y otra vez invitándolo a que él cambiara, que se comportara como un verdadero esposo, pero él siempre dubitativo, corto en sus apreciaciones, en sus luchas. Ella se quedaba esperando esa versión del marido que él, en algún momento en el altar, prometió ser. Así que argumentó estoy cansada, agotada de luchar con un hombre que siempre se queda corto. Deme, por favor, un consejo acerca de lo que debo hacer y este el audio que vas a escuchar A continuación fue la respuesta que le di a esta atribulada mujer. Estoy seguro que muchas mujeres y muchos hombres estarán expectantes de escuchar qué se le debe decir a una persona que está cansada de vivir con un cónyuge que nunca da la talla hola. Yo soy José Ordoñez y te invito a disfrutar el podcast del día de hoy, bienvenidos, se dan cuenta cómo el señor tiene razón cuando dice habla del yugo desigual. El yugo era ese ese leño que se ponía sobre la cabeza de los bueyes para dar la tierra. Los hueyes deberían ser de igual estatura, de igual empuje, de igual polenta, de empuje cierto para que el ararado no queda torcido, Porque si ponías un güey que empujaba mucho y un güey que no empujara tanto o de menor tamaño, el leño quedaba así volteado y cuando araran iban a darar así, iban a arar doblado mal. Y fuera de eso, el buey que empuja fuerte terminaría cansado y el otro terminaría andando a tirones. Eso es exactamente lo que pasa en la vida de Paula, que tienes una persona que empuja, empuja con conectarse con Dios, que empuja a hacer las cosas como Dios dice qué quiere hacerlo? Y otra persona que a veces si a veces que como que no le interesa que las cosas de Dios, que esos pastorcitos, que la Biblia es un libro que habla, que es que las mujeres demandan mucho, que es que y cuando te das cuenta, tienes a un güey perdón, Paula, tú no eres un güey es una analogía. Tienes al güey cansado. Diciendo esto pende de un hilo. Estoy agotada. Si fuera a Colombia, diría mamada. Estoy hasta aquí de luchar yo sola por sacar este matrimonio adelante. Esto está demasiado, demasiado complicado. Y digo esto número uno para que todos los hombres o mujeres que soy el güey chiquito sepan que necesitan comprometerse y meterse de lleno con Dios. Porque generalmente tienes después a ese güey chiquito llorando o sea, después mira, sobre todo en la oficina que tenía yo en Miami una y ahí en casa, sobre la roca, en la iglesia en donde yo vi a hombres, había uno del servicio secreto, un tipo así con pistola. Con o sea, tenía era un duro, un duro de esos que me decía pastor yo a veces estoy durmiendo. Me llaman y me dicen vuelo tal aeropuerto, tal sale de aquí y llega allá y yo no podía decirle a mi esposa cogía mi arma, mi arma de dotación, me ponía mi chaleco antibalas esto y me iba al vuelo y volaba a esa hora y de pronto, llegando al aeropuerto, me decían ya no en ese vuelo, sino en otro vuelo y me lo cambiaban. Y yo era la gente de seguridad y esos doscientos treinta pasajeros que iban ahí iban custodiados por mí, que yo era la gente secreto y un tipo lleno de músculos, con todas las condecoraciones de la CIA, del pentágono, del servicio secreto de todo vuelto un guiña al otro lado del escritorio, llorando derribado, diciendo mi esposa durante muchos años, muchos años bregó y me decía que hiciera esto, que hiciera esto, que hiciera esto, y yo pancho pistolas, yo el macho machote. Un día se fue, me abandonó, se llevó mis hijos y lloraba como un niño. Decía yoros de qué hacer de yo me como porque yo sé cómo, Yo sé cómo disparar, Yo sé cómo hacer. Yo go bell dudo, pero yo no sé, Yo no sé qué hacer ahora que ella se fue le. Estoy hablando del huey chiquito, porque los hueyes chiquitos creen que no pagan las consecuencias. Creen que el güey grande siempre tiene que empujar y tiene que dejarle con toda Y es que mientras esa persona lo haga, todo está bien y yo aquí de mediocre, aquí en aguastillas y tarde o temprano, la persona termina reventándose, botando el yugo y todo o sea. En este caso, Paula, esto no es decirte vota el yugo. Los pastores no decimos. Salvo que haya violencia física, violencia sexual y un delito contra una mujer. Uno no recomienda que se vayan. Esa es una decisión potestativa del buey musculoso, del buey grande que dice hasta aquí. No puedo más. Pero para para qué, Para qué sirve que tú nos hayas contado esto. Para que todos los que en este momento están escuchando que sus esposas o que sus esposos les dicen Por favor, ya cambia? Por favor? Ya regenérate? Por favor? Conviértete en el padre para mis hijos, en la madre que yo necesito, en la mujer decente con vicque y están como gotera desde hace rato y no han querido cambiar. Las consecuencias que se pagan luego de perder a una buena mujer son muy dolorosas. A un buen hombre son muy dolorosas, por lo cual este taller está diseñado para despertarlos un poquito y decirles vuelvo. Yo te dije fuiste muy genérica en la pregunta. Estoy pendiendo de un hilo y estoy esto, pero no me hablaste de un problema en concreto o de algo. Entonces yo también trato de ser general y decir la decisión la tienes tú Tú sabes hasta el momento en que aguantas no ojalá, tu marido esté escuchando esto ojalá se sienta como una sana advertencia de parte de Dios que no sea otro pancho pistolas que uno conozca para que después diga cómo fui a perder mirar perdón que aquí al micrófono mira pudiera en este momento abrir el gma, mi gemaill y yo podría enumerar los emails de hombres que me han escrito esta semana diciendo la perdí ayúdeme, como la recupero La perdí ayúdeme? Ayúdeme? Ayúdeme? Ayúdeme? Así, esos son esos huellos chiquitos. Esos son los que durante mucho tiempo se les advirtió, se les dijo hermano, Cambie, señora, cambie, mujer, cambie, deje los celos, deje la gritería de éla acabo de llegar de Estados Unidos, en donde una pareja pastoral porque se le pidió a ella que cambiara, que ayudara a que empujara él buey fuerte grande echao para adelante y ella pasiva, tranquila, silenciosa, esperando, relajada y cerró el matrimonio. Hizo bom se rompió. Y ahí es donde uno dice El yugo es igual. El yugo no tiene, por qué ser tu historia no tiene vuelvo y digo ustedes empezaron a tomar este taller y eso quiere decir que ustedes sí quieren cambiar si quieren hacerlo y quieren, como Dios manda bueno. Quizá tengas que compartirle este podcast que acabas de escuchar a algunas personas que están pasando por una situación tan complicada como la de esta mujer. Esto no es inherente solo al tema de los hombres que se quedan cortos. También hay muchas mujeres que parecen nunca querer alcanzar esa imagen de la que nos habla. La palabra de Dios, de una mujer virtuosa que construye su matrimonio, su hogar, su familia. Recuerde que el próximo treinta y uno de julio estaremos empezando nuestra tercera escuela para padres. Treinta y uno de julio al cuatro de agosto, ve ahora mismo José Ordoñez Cristiano com y allí encuentras toda la información, todas las temáticas y cómo podrás, durante quince horas toda esa semana, aprender cómo educar hijos convenientemente. Por ahora te deseo que tengas un lindo día que Dios te bendiga y que siempre te de la oportunida unidad de cumplir todas las expectativas que tu cónyuge ha atrasado sobre ti que Dios te bendiga