Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / El Silencio Fue El Precio Para Sobrevivir: Las BRUJAS En El Techo - Voces De La Noche
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- 0:02Speaker 2: Buenos días queridos suscriptores, para más relatos como este, denle
- 0:06like y comparte, sin más, comenzamos. Crecí en un barrio pequeño,
- 0:16de esos que apenas aparecen en los mapas, con calles polvorientas,
- 0:20casas pegadas unas a otras y vecinos que sabían todo
- 0:24de todos. Mi casa era modesta, hecha de ladrillos sin
- 0:28aplanar y con un techo de lámina que en los
- 0:31días de calor se volvía insoportable. Vivía con mis padres,
- 0:36quienes habían pasado la mayor parte de su vida ahí,
- 0:39no teníamos lujos, pero la rutina sencilla nos bastaba. En
- 0:45aquel lugar, cada persona conocía la vida entera de la otra,
- 0:48y sin embargo había alguien de quien nunca se hablaba demasiado,
- 0:53como si el silencio fuera la mejor manera de referirse
- 0:56a ella, me refiero a mi vecina, la anciana que
- 0:59todos describían como una buena mujer, pero que yo aprendí
- 1:03a mirar con ojos distintos. Se llamaba Doña Rosa, aunque
- 1:09casi nadie usaba su nombre, para todos era simplemente la
- 1:13vecina de la esquina, era una anciana menuda, de movimientos lentos,
- 1:18siempre cubierta con rebosos oscuros y vestidos largos. A primera
- 1:22vista parecía inofensiva, tenía una voz pausada, dulce, que usaba
- 1:28para saludar a cualquiera que pasara frente a su casa.
- 1:32A menudo regalaba pan recién hecho o frutas que aseguraba
- 1:35haber comprado en el mercado, como si quisiera ganarse la
- 1:39simpatía de todos. Los niños del barrio aceptaban sus dulces
- 1:43y los adultos agradecían su amabilidad. Se había ganado una
- 1:47reputación de mujer generosa, alguien que ayudaba sin pedir nada
- 1:51a cambio. Sin embargo, había algo en su mirada que
- 1:56no encajaba con esa imagen, aunque sonreía de manera amplia,
- 2:00sus ojos permanecían apagados, sin brillo, como si fueran dos
- 2:04cuencas opacas que no reflejaban la luz. Esa contradicción me
- 2:08inquietaba desde niño, sentía que detrás de esas sonrisas había
- 2:13algo que no alcanzaba a comprender, una frialdad que no
- 2:16podía esconderse en ningún gesto amable. Su casa también era
- 2:21motivo de sospechas, era una construcción antigua, con paredes descarapeladas
- 2:26y un portón que apenas se sostenía, de día parecía común,
- 2:31pero al caer la tarde empezaban a notarse cosas extrañas.
- 2:36Con frecuencia salía un humo espeso de su patio, acompañado
- 2:39de olores fuertes que no pertenecían a ninguna cocina normal,
- 2:43a veces era el aroma penetrante de hierbas quemadas, en
- 2:47otras ocasiones olía a carne carbonizada, como si alguien hubiera
- 2:51dejado pudrirse un trozo en las brasas. Los vecinos decían
- 2:56que Doña Rosa preparaba remedios caseros, que era muy de
- 3:00antes y usaba hierbas para curar, pero a mí me
- 3:03parecía que esos olores eran otra cosa. Los gatos eran
- 3:08parte inseparable de su casa, no eran los típicos animales juguetones,
- 3:12sino criaturas flacas, de pelaje enmarañado, que se movían como
- 3:17sombras por las bardas y el tejado, eran muchos, demasiados,
- 3:22y sus maullidos se escuchaban a todas horas, como si
- 3:25discutieran entre ellos en un idioma extraño. En las madrugadas,
- 3:30cuando despertaba por la sed o por el calor, podía
- 3:33oírlos pelear en su patio, acompañados de ruidos que no
- 3:37parecían propios de animales, a veces eran murmullos bajos. Otras
- 3:42eran rezos incomprensibles que se mezclaban con el viento, lo
- 3:46más inquietante era que cada vez que intentaba asomarme por
- 3:50la ventana, todo quedaba en silencio de golpe, como si
- 3:53supieran que alguien nos escuchaba. Desde niño, tuve la sensación
- 3:59de que algo no estaba bien con esa mujer, no
- 4:02podía explicarlo, pero mi instinto me empujaba a desconfiar de ella,
- 4:06lo mencionaba en casa. Le decía a mi madre que
- 4:09no me gustaba recibir fruta o pan de sus manos,
- 4:13que había algo raro en la forma en que me miraba.
- 4:16Mi madre siempre me reprendía con severidad y me decía
- 4:20que no debía juzgar a una persona mayor, que Doña
- 4:23Rosa era una buena vecina y que esas ideas eran
- 4:27producto de mi imaginación, alimentada por cuentos de miedo. No
- 4:31seas malagradecido, me decía mientras me obligaba a agradecer cada obsequio,
- 4:36yo obedecía, pero en el fondo sentía que no estaba equivocado.
- 4:42El barrio la admiraba, porque nunca negaba un favor, si
- 4:45alguien necesitaba un remedio para el dolor de estómago, ella
- 4:49aparecía con una infusión, si un niño tenía tos, llevaba
- 4:53jarabes preparados en frascos oscuros. Para todos era la abuelita
- 4:59buena que se preocupaba por los demás. Y aunque algunos
- 5:03mencionaban los olores extraños o los gatos inquietos, lo hacían
- 5:07en tono de broma, sin querer aceptar que algo más
- 5:10oscuro podía estar detrás. Yo aprendí a convivir con esa
- 5:15doble imagen, durante el día, saludaba y fingía simpatía como
- 5:19los demás, de noche, escuchaba los murmullos y los rezos
- 5:24que se escapaban de su patio, cada madrugada que pasaba,
- 5:27me convencía más de que esa anciana no era lo
- 5:30que aparentaba, su sonrisa no alcanzaba a borrar la frialdad
- 5:34de sus ojos, ni el peso extraño que se sentía
- 5:37al pasar frente a su puerta. Con los años, esa
- 5:41desconfianza se convirtió en certeza, el barrio la veía como
- 5:45la vecina ejemplar, pero yo guardaba la sensación de que
- 5:49detrás de esa fachada amable se escondía algo más, algo
- 5:53que nos observaba en silencio, esperando el momento de mostrarse
- 5:57con su verdadero rostro. Los primeros sucesos extraños en mi
- 6:02casa comenzaron de manera sutil, como detalles que cualquiera podría
- 6:06haber atribuido al azar. Sin embargo, al acumularse día tras día,
- 6:11se hicieron imposibles de ignorar. El primero en notarlo fue
- 6:15mi padre. Una mañana salió de su cuarto con el
- 6:19pecho descubierto, y mi madre lo miró horrorizada. Tenía moretones
- 6:24que parecían hechos por manos humanas, eran marcas alargadas, como
- 6:29de uñas hundidas en la piel. Cinco líneas que le
- 6:32cruzaban desde la clavícula hasta el estómago. Intentó reírse, dijo
- 6:37que cegaramente se había lastimado al dormir, pero los surcos
- 6:40eran demasiado definidos, demasiado parecidos a los que dejaría a
- 6:45alguien arañando con fuerza. Esa misma semana comenzaron los problemas
- 6:50con la comida, la leche que comprábamos fresca, al llegar
- 6:54a casa, se cortaba sola en cuestión de horas, mi
- 6:57madre hervía un litro y lo dejaba enfriar, pero en
- 7:00la mañana siguiente aparecía con grumos y un olor agrio insoportable.
- 7:06Intentó cambiar de proveedor, pero el resultado era el mismo,
- 7:10los vecinos se la tomaban sin problema, solo en nuestra
- 7:13cocina se echaba a perder, fue entonces que mi madre
- 7:17empezó a sospechar que alguien nos estaba trabajando. Nuestro perro
- 7:21también empezó a mostrar un comportamiento extraño, de día era
- 7:25juguetón y obediente, pero al caer la noche, se transformaba
- 7:29en una criatura inquieta, se quedaba horas mirando hacia la
- 7:33casa de la anciana, con el cuerpo rígido y los
- 7:36pelos erizados. Después empezaba a ladrar con furia, como si
- 7:41algo invisible lo desafiara desde el otro lado, en ocasiones
- 7:45su ladrido se transformaba en un gemido agudo, como si
- 7:49lo golpearan o lo lastimaran, y terminaba escondiéndose bajo la mesa,
- 7:53temblando sin que nadie pudiera calmarlo. Yo lo acompañaba, acariciándole
- 7:59el lomo, pero era inútil, sus ojos seguían clavados hacia
- 8:03la casa de Doña Rosa. La confirmación de mis sospechas
- 8:08llegó una noche en la que no pude dormir, la
- 8:10casa estaba en silencio, y al asomarme por la ventana,
- 8:14vi directamente hacia el patio de la vecina, bajo la
- 8:18luz débil de una vela roja, Doña Rosa se encontraba
- 8:21sentada en un banquillo, con un muñeco de trapo entre
- 8:25las manos. Lo vestía con pedazos de tela, y mientras
- 8:29murmuraba palabras incomprensibles, comenzó a clavarle alfileres uno tras otro.
- 8:36Cada vez que hundía uno en el muñeco, movía la
- 8:39cabeza hacia nuestra casa, como si confirmara que estaba logrando
- 8:43lo que quería, sentí un escalofrío recorrerme entero, y me
- 8:47aparté de la ventana con rapidez, temiendo que también me
- 8:51hubiera visto. Mi padre, mientras tanto, comenzó a enfermar, al
- 8:56principio fue una toseca que lo despertaba de madrugada, pero
- 9:00luego se volvió constante, acompañada de un cansancio que no
- 9:04podía explicar, perdía fuerza con rapidez, como si la energía
- 9:09se le escapara sin razón. Pasaba las noches inquieto, quejándose
- 9:14entre sueños, y en más de una ocasión lo escuchamos gritar,
- 9:19como si alguien lo estuviera atacando, al entrar a su
- 9:22cuarto lo encontrábamos sudando, con el pecho hundiéndose como si
- 9:26algo invisible se le recargara encima. Cuando le preguntábamos qué
- 9:31había soñado, respondía con la voz quebrada, que había visto
- 9:35a una mujer vieja sentada sobre él, presionándole el pecho
- 9:39con las rodillas y acercando su rostro arrugado, hasta casi
- 9:43arrancarle el aire. Mi madre, desesperada, empezó a rezar más
- 9:48que nunca, colocó rosarios en las puertas, encendió veladoras frente
- 9:53a un cuadro de la Virgen y repetía letanías en
- 9:56voz alta cada noche. Pero los rezos parecían rebotar en
- 10:00el aire sin resultado, pues cada mañana mi padre se
- 10:04levantaba más débil, con los ojos hundidos y la piel pálida.
- 10:09Lo que antes era un hombre fuerte y trabajador comenzó
- 10:12a transformarse en alguien irreconocible, atrapado por una enfermedad que
- 10:17los médicos no lograban diagnosticar. La atmósfera en la casa
- 10:22se volvió insoportable, sentíamos como si un peso invisible habitara
- 10:27entre nosotros, un aire cargado que nos aplastaba los hombros
- 10:30y nos quitaba el ánimo, las discusiones aumentaron, las noches
- 10:35se volvieron eternas y hasta la comida perdió sabor. Yo,
- 10:40siendo apenas un adolescente, entendía que no era casualidad. Algo
- 10:44de la casa de Doña Rosa se había colado a
- 10:47la nuestra y no pensaba marcharse tan fácilmente. Con cada
- 10:52día que pasaba, la fachada amable de la vecina me
- 10:55resultaba más repulsiva, su sonrisa fingida, sus obsequios de pan
- 11:00o fruta, sus saludos cálidos en la calle. Todo me
- 11:04parecía una burla, detrás de esa máscara. Estaba la misma
- 11:08mujer que yo había visto clavando alfileres en un muñeco
- 11:11bajo la luz de una vela roja, trabajando en silencio
- 11:15para arrancarle el alma a mi padre. Esa madrugada me
- 11:19levanté con sed, la casa estaba en silencio, solo se
- 11:23escuchaba el golpeteo del viento contra las láminas del techo,
- 11:27caminé hacia la cocina y al pasar junto a la
- 11:30ventana quedaba al patio. Me detuve en seco. Ahí estaba ella.
- 11:36La anciana ya no tenía el aspecto de la vecina
- 11:38amable que saludaba en la calle. Bajo la luz tenue
- 11:42de la luna, se revelaba otra cosa. Estaba encorvada, con
- 11:46la espalda arqueada como si los huesos no pudieran sostenerla.
- 11:50Su cabello caía enmarañado sobre los hombros, largo y grasiento,
- 11:55pegado en mechones que brillaban como si estuvieran húmedos. Sus dientes,
- 11:59amarillos y puntiagudos, sobresalían al mover los labios en un
- 12:03murmullo que no entendía. Lo que más meló la sangre
- 12:08fueron sus uñas, largas, gruesas, curvadas como garras, que golpeaba
- 12:13suavemente contra el marco de madera del patio. En ese instante,
- 12:20comprendí que lo que teníamos frente a nosotros, no era
- 12:23una viejita bondadosa, sino una criatura hambrienta, la piel de
- 12:27su cara se le pegaba a los pómulos, y en
- 12:30sus ojos no había humanidad alguna. Brillaban como carbones encendidos,
- 12:35fijos en nuestra casa, como si calcularan el momento exacto
- 12:39de entrar. El estómago se me encogió de terror, apenas respiraba,
- 12:45pero aún así no podía apartar la vista de esa
- 12:48figura deformada, que hasta ese momento había logrado ocultarse, tras
- 12:52una máscara de cordialidad. De pronto, un grito me sacudió
- 12:58por dentro, era la voz de mi padre que provenía
- 13:01de su cuarto, corrí con todas mis fuerzas y lo
- 13:04encontré forcejeando en sueños, estaba tendido en la cama, arqueando
- 13:09la espalda como si algo lo empujara hacia abajo, su
- 13:13pecho se hundía y se levantaba de forma violenta, como
- 13:16si lo succionaran desde dentro. Su rostro estaba rojo, la
- 13:21boca abierta en un intento desesperado por tomar aire, gritaba
- 13:25palabras incoherentes, mientras agitaba los brazos, como si peleara contra
- 13:30alguien que lo sujetaba con fuerza. El corazón me latía
- 13:36tan fuerte que apenas escuchaba, volteé hacia la ventana de
- 13:39su cuarto y ahí estaba la anciana, en el patio,
- 13:43observándome con una calma perturbadora. Sus labios se movían rápido,
- 13:49murmurando palabras que parecían un rezo oscuro, no entendía lo
- 13:53que decía, pero cada sílaba retumbaba en mi cabeza, como
- 13:57si la pronunciara dentro de mi propio oído. Sentí un
- 14:02frío recorrerme desde la nuca hasta los pies, esa mujer,
- 14:05esa criatura, estaba robándole la vida a mi padre en
- 14:09ese mismo instante, y lo hacía con la misma serenidad,
- 14:13con la que días atrás nos había regalado pan en
- 14:16la puerta. Mi madre entró de golpe y al ver
- 14:20a mi padre en ese estado, comenzó a rezar con
- 14:23el rosario en la mano, su voz temblaba, pero repetía
- 14:27las oraciones con una fe desesperada, yo, incapaz de contenerme,
- 14:32empecé a llorar a gritos. Entre los rezos de mi
- 14:36madre y mis sollozos, algo cambió en el ambiente, la
- 14:40presión que parecía aplastar la habitación se aflojó un poco,
- 14:44como si algo retrocediera. Volvimos la vista hacia el patio
- 14:48y vimos como la anciana se replegaba lentamente hacia la oscuridad,
- 14:52sus ojos seguían brillando, pero su figura se difuminaba entre
- 14:56las sombras hasta que ya no quedó rastro de ella.
- 15:01Mi padre recuperó el aire de golpe, abrió los ojos, jadeando,
- 15:06con la piel cubierta de sudor frío, no pudo explicar
- 15:09lo que había soñado, pero en su mirada se leía
- 15:12el terror, de alguien que había estado al borde de
- 15:15la muerte, y desde esa noche ya no volvió a
- 15:18ser el mismo. Los días siguientes fueron una agonía lenta,
- 15:24mi padre comenzó a adelgazar de forma alarmante, sus hombros
- 15:28se hundían, las venas se marcaban en sus brazos, y
- 15:31sus ojos se hundieron en las cuencas como si llevara
- 15:34semanas sin dormir. Apenas comía, y cuando lo intentaba todo
- 15:39le caía mal, la tos que lo había atacado antes
- 15:42se intensificó, seca y persistente, hasta dejarlo exhausto, su voz,
- 15:48antes firme, se volvió apenas un murmullo. Yo sabía lo
- 15:54que ocurría, aquella vieja nos había mostrado su verdadero rostro,
- 15:58ya no era solo sospecha ni rumor, lo había visto
- 16:02con mis propios ojos, la anciana nos hacía brujería y
- 16:05quería el alma de mi padre. Por más rezos que
- 16:09intentara mi madre, el ambiente en la casa se volvía
- 16:12más pesado cada día, como si lo invisible se hubiera
- 16:16instalado con nosotros, el aire olía a humedad, a ceniza,
- 16:20y en las noches las paredes parecían crujir como si
- 16:23algo caminara dentro de ellas. A partir de entonces, cada
- 16:29vez que pasaba frente a la casa de Doña Rosa
- 16:32me invadía un escalofrío, su fachada seguía siendo la misma,
- 16:36con la sonrisa amable y el saludo pausado, pero yo
- 16:40ya había visto lo que ocultaba cuando la noche la
- 16:43desnudaba de su máscara. Esa imagen quedó grabada en mi memoria, encorvada,
- 16:49con el cabello enmarañado, los dientes podridos y las uñas
- 16:53como garras, murmurando en la penumbra, mientras le arrancaba pedazos
- 16:57de vida a mi padre. Lo peor fue aceptar que
- 17:02no había forma de demostrarlo a nadie más, para el
- 17:05resto del barrio seguía siendo la vecina ejemplar, la que
- 17:08compartía remedios y frutas, pero en mi casa, cada día
- 17:13que mi padre se debilitaba, teníamos la certeza de que
- 17:16estábamos siendo devorados poco a poco, bajo la mirada satisfecha
- 17:20de la vieja, que esperaba su momento para reclamar lo
- 17:24que tanto anhelaba. Después de aquella madrugada en que vimos
- 17:29a la anciana revelarse en su verdadero rostro, ya no
- 17:32hubo manera de ocultar la verdad, en casa dejamos de
- 17:36fingir que eran simples casualidades, pues ya todos sabíamos que
- 17:40ella estaba detrás de lo que sufría mi padre. Al
- 17:44principio intentamos callarlo, como si el silencio pudiera protegernos, pero
- 17:49con el paso de los días, la evidencia se volvió insoportable,
- 17:53la salud de mi padre se deterioraba sin que nadie
- 17:56pudiera detenerlo. Dejó de comer, mi madre le preparaba sus
- 18:02platillos preferidos, pero apenas probaba un par de bocados antes
- 18:06de apartar el plato con un gesto cansado, la carne
- 18:10se le hacía pesada, la leche le sabía amarga y
- 18:13hasta el agua parecía repelerlo. Se volvió un cuerpo sostenido
- 18:18apenas por huesos, con la piel tornándose amarilla y los
- 18:22ojos hundidos, rodeados de sombras oscuras, lo llevamos al médico
- 18:26del pueblo y luego a un hospital en la ciudad,
- 18:29le hicieron análisis, estudios, revisiones interminables, pero los doctores sólo
- 18:35repetían lo mismo, no encontraban diagnóstico. No había infección, ni cáncer,
- 18:42ni enfermedad reconocible, lo mandaban de vuelta a casa con
- 18:46vitaminas que nunca le devolvieron la fuerza. Mientras tanto, los
- 18:52rumores en el barrio crecían, algunos vecinos juraban haberla visto
- 18:56al amanecer, cargando costales pesados que arrastraba hacia los cerros,
- 19:01decían que al abrirse uno de esos bultos se alcanzaron
- 19:04a ver huesos, largos y delgados, como de criaturas que
- 19:08no eran animales comunes. Otros aseguraban que se quedaba parada
- 19:13en la banqueta durante la noche, hablando sola, con los
- 19:17labios moviéndose a toda velocidad. Lo perturbador era que de
- 19:22pronto se escuchaba otra voz, más grave, más lejana, que
- 19:26parecía responderle desde ningún lado. Quienes lo presenciaban preferían callar,
- 19:32porque en el barrio todos aprendimos que señalarla directamente era
- 19:36ponerse en riesgo. En esos días fue algo más aterrador,
- 19:42pues comencé a notar señales extrañas en la casa, una tarde,
- 19:46al barrer el patio, sentí que la tierra estaba más
- 19:50blanda en un rincón junto al árbol de guayaba, cabé
- 19:53con la escoba y descubrí que el suelo había sido
- 19:56removido recientemente. Mi madre y yo desenterramos con cuidado, y
- 20:01lo que apareció nos dejó sin palabras. Era un frasco
- 20:06de vidrio envuelto en trapos húmedos, dentro había cabellos de
- 20:09mi padre, uñas cortadas y un papel doblado con su
- 20:13nombre escrito en letras torcidas como garabatos hechos por una
- 20:17mano temblorosa. El olor que desprendía era nauseabundo, una mezcla
- 20:22de humedad y podredumbre, entonces mi madre gritó, tiró el
- 20:26frasco contra la pared y comenzó a rezar con desesperación,
- 20:30yo solo me quedé inmóvil, con la certeza de que
- 20:33aquel era el lazo que la anciana había enterrado para
- 20:37mantener atado el cuerpo y el espíritu de mi padre.
- 20:42Desde ese día ya no hubo dudas, aquella mujer nunca
- 20:45fue la vecina amable que todos querían creer. Los panes,
- 20:49las frutas y las sonrisas eran sólo la máscara que
- 20:52usaba para engañar al barrio. Detrás estaba lo que siempre
- 20:56intuí desde niño, una bruja que se alimentaba del sufrimiento
- 21:00ajeno y que había fijado su mirada en lo más
- 21:03valioso que teníamos, el alma de mi padre. Su deterioro
- 21:09fue rápido, cada mañana parecía más débil, como si una
- 21:13parte de él se hubiera quedado atrapada en manos de
- 21:16esa vieja, ya no podía levantarse de la cama sin
- 21:19ayuda y el aire en la casa era pesado, como
- 21:23si los muros mismos se hubieran impregnado de enfermedad. A veces,
- 21:27mientras lo cuidaba, sentía que alguien nos observaba desde la ventana.
- 21:33Al voltear no había nada, pero en el fondo sabía
- 21:36que ella estaba cerca, vigilando que el trabajo siguiera cumpliéndose.
- 21:42El barrio, que antes la alababa por ser una vecina ejemplar,
- 21:47comenzó a mirarla con miedo, nadie se atrevía a enfrentarla,
- 21:51pero todos evitaban pasar frente a su casa después del anochecer.
- 21:55La veían sentada en una mecedora, murmurando, rodeada de sus gatos.
- 22:01Si alguien se atrevía a sostenerle la mirada, ella sonreía
- 22:05mostrando los dientes amarillentos, como si disfrutara del terror que inspiraba.
- 22:12Mi padre nunca se recuperó del todo, aunque no murió
- 22:15de manera inmediata, quedó marcado para siempre, era un hombre distinto,
- 22:21más callado, consumido, como si hubiera perdido parte de su esencia.
- 22:26Mi madre y yo entendimos que había sobrevivido, solo porque
- 22:31esa noche logramos interrumpir el ataque con rezos y llanto,
- 22:35pero ella había alcanzado a quedarse con algo, una parte
- 22:38de él que jamás regresó. Hoy, al mirar atrás, me
- 22:44doy cuenta de que sobrevivimos al precio de un silencio obligado,
- 22:48nadie en la familia volvió a hablar abiertamente de lo
- 22:51que vivimos, el barrio, aunque comentaba en susurros lo que
- 22:55había visto, nunca se atrevió a nombrarla por lo que era.
- 23:00Oficialmente siguió siendo la vecina anciana hasta el día en
- 23:03que desapareció sin dejar rastro. Unos dicen que murió en
- 23:08su casa y que alguien se llevó el cuerpo en secreto,
- 23:11otros creen que simplemente se internó en los cerros, donde
- 23:15esas mujeres se esconden para volver cuando quieren. Lo que
- 23:20sí persiste es la certeza de que las brujas nunca
- 23:24se van del todo, no importa si sus casas quedan
- 23:27vacías o si el tiempo borra sus nombres de la memoria,
- 23:30esperan y se mantienen en la oscuridad, observando, listas para
- 23:35reclamar lo que dejaron pendiente. En mi barrio aún se
- 23:39dice que de madrugada se ven luces extrañas entre los
- 23:42cerros y que los perros ladran hacia la casa abandonada,
- 23:46como si alguien todavía viviera ahí. Yo sé que no
- 23:50son rumores sin fundamento, pues lo viví en carne propia,
- 23:54la bruja de la esquina quiso el alma de mi padre,
- 23:57y aunque ya no está entre nosotros, su sombra sigue rondando,
- 24:01esperando el momento justo para volver. Hola, me llamo Juan
- 24:18y crecí en un pueblo pequeño del norte del país,
- 24:21rodeado de cerros secos y caminos de tierra que se
- 24:25alargaban entre arbustos espinosos. Era un lugar olvidado, con menos
- 24:31de cien casas levantadas con adobe y techos de lámina
- 24:34que rechinaban con el viento. Ahí aprendí desde niño que
- 24:38las noches no eran tranquilas como en otros lugares, podías
- 24:42escuchar a los grillos y a los perros ladrando, pero
- 24:46detrás de esos ruidos había otra cosa, un ambiente extraño
- 24:50que pesaba sobre las calles oscuras donde nunca hubo alumbrado público.
- 24:57Los mayores hablaban en voz baja de mujeres que aparecían
- 25:00en la madrugada, decían que eran las brujas que bajaban
- 25:03de los cerros para caminar entre las casas. Algunos aseguraban
- 25:08que eran ancianas huesudas, con manos torcidas y dientes podridos
- 25:12que brillaban a la luz de la luna. Otros decían
- 25:16que eran mujeres jóvenes, con ojos que ardían como brasas
- 25:20y cabellos largos y enmarañados, que se agitaban como si
- 25:24tuvieran vida propia. Cada quien las describía distinto, pero todos
- 25:29coincidían en algo, esas apariciones eran reales y había que
- 25:33tenerles miedo. Los rumores no tardaban en confirmarse con sucesos
- 25:39que sacudían al pueblo. Una mañana, los caballos del corral
- 25:43de Don Tomás aparecieron sin crímenes, arrancadas de raíz, como
- 25:48si alguien hubiera pasado la noche jalándolas una por una.
- 25:53En otra ocasión, las gallinas de la comadre Marta amanecieron degolladas,
- 25:57acomodadas en fila junto al gallinero. Lo peor era cuando
- 26:02los niños pequeños se despertaban con moretones en los brazos,
- 26:06llorando como si hubieran sido sujetados a la fuerza. Nadie
- 26:11podía dar una explicación convincente, pero las madres repetían lo mismo,
- 26:16eran ellas, las brujas, que venían por los más débiles.
- 26:22Recuerdo bien como mi madre siempre me decía que no
- 26:25me asomara por la ventana después de la medianoche, según ella,
- 26:30a esas horas las brujas bajaban en fila desde el
- 26:32cerro más alto. Iban envueltas en telas oscuras que les
- 26:36colgaban del cuerpo como trapos húmedos, arrastrando los pies sobre
- 26:40la tierra y dejando tras de sí un olor penetrante
- 26:43a azufre. Las describían riéndose entre dientes, con voces que
- 26:48no parecían humanas, como un chillido ahogado, que se escuchaba
- 26:53de lejos y se iba acercando poco a poco, hasta
- 26:56retumbar en las calles vacías. Una vez me atreví a mirar,
- 27:02era todavía niño y tenía la curiosidad más fuerte que
- 27:05el miedo, desde la rendija de la ventana vi algo
- 27:09que nunca olvidé. Tres figuras avanzaban por el camino de
- 27:13tierra frente a la casa, caminaban encorvadas, como si cargaran
- 27:18peso en la espalda, y se cubrían con mantas negras
- 27:21que rozaban el suelo. Sus pasos eran lentos, arrastrados, y
- 27:27lo único que interrumpía el silencio era ese sonido, junto
- 27:31con las risas bajas que parecían salidas de un pozo,
- 27:34el aire olía raro, como a leña quemada mezclada con
- 27:38carne podrida, y los perros que solían ladrar a cualquier extraño,
- 27:42esta vez se escondieron bajo los corrales, gimiendo sin atreverse
- 27:46a salir. En el pueblo todos tenían una historia, don Aurelio,
- 27:53el viejo que vivía junto al arroyo, juraba que una
- 27:56madrugada vio a una de esas mujeres parada en su techo, descalza,
- 28:01con los pies negros de tierra y uñas tan largas
- 28:04que parecían garras. Doña Petra contaba que escuchó golpes en
- 28:09la puerta, y al abrir, encontró un costal tirado en
- 28:12el umbral, dentro había huesos pequeños, como de gallinas o
- 28:16quizá de niños, mezclados con hierbas secas. Nadie dudaba de
- 28:22esas versiones porque, aunque cada relato cambiaba en detalles, siempre
- 28:26coincidían en la esencia, las brujas rondaban el pueblo y
- 28:30se llevaban lo que querían. El miedo se volvió costumbre,
- 28:35y en las noches sin luna, los padres reforzaban las
- 28:39puertas con tablas y ponían tijeras abiertas bajo las camas,
- 28:43para proteger a los bebés, las mujeres rezaban en voz baja,
- 28:47mientras los hombres vigilaban con machetes al alcance de la mano.
- 28:52Nadie salía después de las 11, y si alguien lo hacía,
- 28:56al día siguiente era motivo de plática en toda la comunidad,
- 29:00no se trataba sólo de superstición, los animales muertos, los
- 29:04niños lastimados y los olores extraños. Eran pruebas suficientes de
- 29:09que algo bajaba de los cerros cada noche. Yo fui
- 29:14creciendo con esas imágenes grabadas en la memoria, aprendí a
- 29:18reconocer los momentos en que el ambiente cambiaba, el aire
- 29:22se volvía pesado, los grillos dejaban de cantar y los
- 29:25perros se acurrucaban bajo los tejados. En esos instantes, todos
- 29:31sabíamos que ellas estaban cerca, algunos decían que venían volando
- 29:35como bolas de fuego, que descendían en espiral hasta convertirse
- 29:39en mujeres demoníacas. Otros insistían en que caminaban lentas pero seguras,
- 29:45dejando huellas profundas en la tierra húmeda. Sea como fuera,
- 29:51lo cierto es que nadie se atrevía a desafiarlas, y
- 29:54aunque algunos intentaban convencerse de que eran simples cuentos para
- 29:58asustar a los niños, bastaba con recordar los sucesos de
- 30:02cada madrugada, para entender que el pueblo estaba marcado, desde
- 30:06las primeras generaciones ya se hablaba de su presencia, y
- 30:10todo indicaba que no pensaban marcharse. Esa fue la infancia
- 30:15que me tocó vivir, entre calles de tierra, casas de adobe,
- 30:20noches oscuras y la certeza de que en cualquier momento
- 30:23podían aparecer esas figuras encorvadas, arrastrando los pies y riendo
- 30:28como si se burlaran de todos nosotros. Hoy, con los
- 30:32años encima, todavía puedo cerrar los ojos y verlas en fila,
- 30:37bajando del cerro con sus telas oscuras, dejando en el
- 30:40aire el olor a azufre que anunciaba su llegada. Con
- 30:45el paso del tiempo, entendí que en el pueblo cada
- 30:49familia tenía su manera de defenderse de lo que rondaba
- 30:52en las madrugadas. No se trataba sólo de rezos improvisados,
- 30:58eran rituales prácticos que pasaban de generación en generación, como
- 31:02si fueran recetas de cocina pero con el único fin
- 31:05de mantener alejadas a las brujas. En la mayoría de
- 31:09las casas se colocaban tijeras abiertas bajo las camas porque
- 31:14decían que el hierro cruzado impedía que ellas se acercaran
- 31:17a los niños dormidos. En otras puertas se veían cruces
- 31:22hechas con ramas de pirul atadas con mecate y en
- 31:25las repisas nunca faltaban las botellas llenas de agua bendita
- 31:29que se destapaban en la noche para que el olor
- 31:33protegiera a los que dormían adentro. Aún con todas esas medidas,
- 31:39los sucesos inquietantes no paraban, un niño de la calle
- 31:43de en medio, amaneció con las plantas de los pies
- 31:46enrojecidas y llenas de ampollas, como si lo hubieran acercado
- 31:50a una hoguera. Su madre juraba que lo acostó sano,
- 31:54arropado con cobijas gruesas, pero al día siguiente gritaba de
- 31:58dolor al intentar pararse. Nadie encontró explicación lógica, no había
- 32:04brazas en la habitación ni accidentes posibles, y las quemaduras
- 32:08tenían la forma perfecta de las palmas de unas manos.
- 32:13Entre las vecinas se repitió la misma frase, lo habían
- 32:17intentado llevar, pero las tijeras debajo del colchón habían servido
- 32:21para que no se lo robaran del todo. Otra madrugada,
- 32:27una mujer mayor apareció desorientada en el patio de su casa,
- 32:31con el cabello arrancado en mechones y la espalda marcada
- 32:34por arañazos profundos. Sus hijos pensaron primero en un ataque
- 32:38de algún animal, pero las heridas no correspondían a las
- 32:42de un perro ni a las de un gato. Eran
- 32:45como rasguños de uñas humanas, largos y hundidos en la carne.
- 32:50La anciana, temblando, repetía que había sentido un peso en
- 32:54el pecho mientras dormía, como si alguien se sentara sobre ella,
- 32:58lo que más asustó a la familia. Fue el detalle
- 33:02de que la mujer había despertado con la ventana abierta
- 33:05de par en par, cuando recordaban haberla cerrado con tranca
- 33:09antes de dormir. Los animales también eran testigos de lo
- 33:14que pasaba, y a ellos no se les podía engañar,
- 33:18los perros eran los primeros en sentir la presencia de
- 33:21las brujas. De pronto huyaban mirando hacia los techos, como
- 33:26si algo se moviera sobre las láminas, a veces ladraban
- 33:29al aire con furia, sin que nadie pudiera ver nada,
- 33:33y en otras ocasiones, se encogían bajo las mesas, gimiendo
- 33:37con las orejas pegadas al cuerpo. Era como si el
- 33:41instinto les avisara antes que a cualquiera de nosotros, y
- 33:45muchas familias aprendieron a interpretar sus reacciones como señales de alarma.
- 33:52Uno de los relatos más recordados fue el de Don Hilario,
- 33:56un vecino que aseguraba haber visto una bola de fuego
- 33:59descender sobre su casa. Contaba que estaba asomado a la ventana,
- 34:04cuidando a sus animales, cuando vio la luz avanzar lentamente
- 34:08desde el cerro. Al principio creyó que era un cometa
- 34:13o una bengala perdida, pero cuando bajó sobre su techo,
- 34:17se dio cuenta de que era otra cosa, la bola
- 34:19de fuego se apagó de golpe, y en su lugar
- 34:22apareció una mujer flaca, desnuda, con la piel colgante y
- 34:26las costillas marcadas como cuchillas bajo la carne. Sus uñas
- 34:31largas parecían garras que rasgaban la lámina al caminar. Don Hilario,
- 34:37paralizado del miedo, apenas alcanzó a hacer la señal de
- 34:41la cruz. La figura lo miró con ojos brillantes y
- 34:44luego se perdió en la oscuridad. Desde entonces, cada vez
- 34:48que alguien veía luces en el cielo, las casas se
- 34:51llenaban de rezos. En mi familia, el temor se hizo
- 34:57más grande cuando nació mi hermano menor. Era un bebé frágil,
- 35:02y todos decían que los niños pequeños eran el blanco
- 35:06principal de esas mujeres. La abuela repetía que las brujas
- 35:10se alimentaban de su sangre, que las succionaban con la
- 35:13boca o con una lengua larga y áspera, y que
- 35:16por eso los bebés amanecían con moretones o con fiebre inexplicable.
- 35:21Desde el primer día, mi madre colocó tijeras bajo la cuna,
- 35:25agua bendita en la mesa y un rosario colgado sobre
- 35:28la cabecera, no bastaba con la fe, había que tener
- 35:32herramientas contra lo que rondaba afuera. Yo empecé a temer dormir,
- 35:38y las noches se volvían eternas, cada crujido de la madera,
- 35:42cada ladrido lejano o cada sopro de viento parecía anunciar
- 35:46su llegada, podía sentir la tensión en el cuerpo de
- 35:50mis padres. Mi madre rezaba en voz baja, con las
- 35:54manos entrelazadas sobre el pecho, mientras mi padre se quedaba
- 35:58despierto con un machete en la mano, sentado en una
- 36:01silla junto a la puerta. A su lado ardían veladoras
- 36:04blancas que proyectaban sombras en las paredes de adobe, no
- 36:08hablaban mucho, pero yo sabía que esperaban lo peor. A
- 36:14veces escuchábamos pasos afuera, como si alguien caminara arrastrando los
- 36:19pies en el patio, en otras ocasiones, golpes secos en
- 36:23el techo, seguidos por el ruido de uñas raspando la lámina.
- 36:28La abuela nos pedía no mirar por las ventanas, porque
- 36:31si ellas sabían que las habíamos visto, podían marcar a
- 36:35la familia. Yo me tapaba la cabeza con la cobija,
- 36:39intentando no escuchar, aunque era imposible, pues los perros del
- 36:43vecino ladraban furiosos, después gemían, y entonces el silencio volvía
- 36:48a cubrirlo todo. Las señales estaban por todas partes. Un
- 36:55día amanecimos con un montículo de tierra recién removida en
- 36:59el patio, y al cavar un poco se encontraron restos
- 37:02de plumas y cera derretida. En otra ocasión, la ropa
- 37:06tendida apareció arrancada de los lazos, cubierta de manchas oscuras
- 37:11que olían a humo. Cada uno de esos hechos confirmaba
- 37:15que ellas seguían rondando, buscando la oportunidad de entrar. Para nosotros,
- 37:22esas marcas eran advertencias, y aunque oficialmente nadie podía probar nada,
- 37:27cada familia aprendió a reconocer que las brujas dejaban huellas
- 37:31invisibles en la piel de los vivos y rastros claros
- 37:34en los objetos. Las tijeras, el pirul y el agua
- 37:39bendita no siempre lograban detenerlas, pero al menos daban la
- 37:43esperanza de pasar otra noche, sin que alguien resultara marcado. Yo,
- 37:49siendo apenas un niño, entendí que las brujas no eran
- 37:52una leyenda para asustar, sino una amenaza constante que caminaba
- 37:57frente a nuestras casas cada madrugada. En 1985 yo era un
- 38:04adolescente curioso y temerario, como la mayoría de los muchachos
- 38:08del pueblo. Habíamos crecido escuchando los mismos rumores de las brujas,
- 38:14viendo las mismas señales en las casas y sintiendo el
- 38:17mismo miedo en las noches, pero llegamos a un punto
- 38:20en el que quisimos comprobarlo por nosotros mismos. Una tarde,
- 38:26mientras nos reuníamos en la cancha de tierra, alguien propuso
- 38:30seguir las huellas que aparecían en los caminos después de
- 38:34las madrugadas. Decían que eran huellas de pies descalzos, marcadas
- 38:39en el lodo, y que no correspondían a nadie del pueblo,
- 38:43nadie confesaba haber sido el autor, y lo más extraño,
- 38:47era que eran más largas y más anchas de lo normal,
- 38:50como si pertenecieran a cuerpos desproporcionados. Esa noche nos juntamos cinco,
- 38:57mis primos Julián y Ernesto, y dos vecinos, Pedro y Lázaro.
- 39:03Armados con linternas, machetes y la imprudencia de la juventud,
- 39:07salimos hacia el monte siguiendo el rastro. El camino se
- 39:12sentía distinto a esas horas, los árboles parecían torcidos a propósito,
- 39:17como si sus ramas quisieran cerrarnos el paso. El aire
- 39:22estaba húmedo, cargado con un olor a tierra mojada, mezclado
- 39:26con algo más agrio, parecido al azufre, el silencio era
- 39:30casi absoluto, salvo por el crujir de nuestras botas hundiéndose
- 39:34en el lodo. Avanzamos durante casi una hora, hasta llegar
- 39:40a un claro oculto entre los cerros, ahí encontramos algo
- 39:44que nos heló la sangre. Había un círculo de piedras grandes,
- 39:49puestas con cuidado. Dentro de él se veían restos de animales,
- 39:54gallinas sin cabeza, con el plumaje aún pegado al cuerpo,
- 39:58huesos de cabras blanqueados por el sol y muñecos de
- 40:01trapo cubiertos de cera negra derretida. Algunos estaban amarrados con
- 40:07cordeles y tenían alfileres clavados en el torso y en
- 40:10la cara. El suelo alrededor estaba ennegrecido, como si hubieran
- 40:15encendido hogueras repetidas veces. En ese instante nos dimos cuenta
- 40:21de que habíamos encontrado algo prohibido, un espacio donde ellas
- 40:25hacían sus reuniones. Mientras observábamos en silencio, escuchamos un murmullo
- 40:32que venía de entre los árboles. Era un sonido bajo,
- 40:37como voces rezando en un idioma que no entendíamos, las
- 40:41linternas empezaron a fallar, parpadeando como si la pila se
- 40:44agotara de golpe. Al levantar la vista, vimos movimiento. Figuras
- 40:51se deslizaban entre las sombras, acercándose poco a poco al claro.
- 40:57Lo que apareció frente a nosotros se grabó en mi
- 41:00memoria para siempre. Eran mujeres flacas, demasiado flacas, con brazos
- 41:06alargados y desproporcionados, que parecían doblarse más de lo normal.
- 41:12Sus ojos brillaban como brasas encendidas en la oscuridad, reflejando
- 41:16la luz débil de las linternas. Tenían lenguas largas que
- 41:21sacaban de la boca, había quienes mostraban la piel llena
- 41:24de llagas abiertas, resumando líquidos oscuros, y otras parecían niñas
- 41:30en tamaño, pero con rostros arrugados de ancianas, arrastrando el
- 41:34cuerpo como si fueran muñecos rotos. Las vimos moverse alrededor
- 41:40del círculo, tocando los muñecos de trapo, oliendo los huesos,
- 41:44acariciando las gallinas muertas como si fueran tesoros, el murmullo
- 41:49se transformó en carcajadas, primero tenues y luego estruendosas, rebotando
- 41:55entre los árboles, como si el monte entero se riera
- 41:58de nosotros. De pronto, los troncos comenzaron a crujir, no
- 42:03por el viento, sino como si algo pesado trepara sobre ellos.
- 42:09El miedo nos paralizó un instante, hasta que alguien gritó
- 42:13que corriéramos, emprendimos la huida con todas nuestras fuerzas, tropezando
- 42:18con ramas, cayendo en el lodo y levantándonos sin mirar atrás.
- 42:24Las linternas cayeron y se apagaron, así que corríamos a oscuras,
- 42:28guiándonos por los gritos de los demás y por la
- 42:31esperanza de que el camino de regreso nos llevara al pueblo.
- 42:37En la carrera, me di cuenta de que Lázaro no
- 42:39estaba detrás de mí, volteé apenas un segundo y vi
- 42:43que se había rezagado, atrapado entre ramas o quizá paralizado
- 42:47por el miedo. Quise detenerme, pero Julián me empujó y
- 42:52seguimos corriendo, escuché un alarido que no parecía humano, y
- 42:56luego el silencio absoluto, nadie se atrevió a detenerse. Cuando
- 43:02por fin llegamos al pueblo, jadeando y cubiertos de lodo,
- 43:06las luces de las casas nos dieron un respiro, las
- 43:09familias nos miraban sorprendidas, pero ninguno de nosotros pudo hablar
- 43:14con claridad. Pasamos la noche encerrados, temblando y repitiendo que
- 43:20no íbamos a volver. A la mañana siguiente, Lázaro apareció
- 43:26en su casa, estaba vivo, pero algo en él había cambiado.
- 43:31Tenía marcas profundas en el pecho, como si unas uñas
- 43:35largas le hubieran rasgado la piel, y lo más aterrador
- 43:38era que su cabello, que hasta entonces era negro y espeso,
- 43:42había encanecido casi por completo. Apenas hablaba y evitaba mirar
- 43:47a cualquiera de nosotros. Su madre decía que lo habían agarrado,
- 43:52que lo habían tocado para marcarlo, y que desde entonces
- 43:56quedaría señalado de por vida. Ese suceso se convirtió en
- 44:02un secreto entre nosotros, nunca lo comentamos abiertamente con otros vecinos,
- 44:07aunque estoy seguro de que se dieron cuenta de lo ocurrido.
- 44:11El pueblo siempre supo leer las señales, y el estado
- 44:15de Lázaro era prueba suficiente de que habíamos cometido un
- 44:19error al seguir esas huellas. Yo, por mi parte, entendí
- 44:24que lo que rondaba en los cerros no era sólo
- 44:26parte de los rumores, eran seres reales, con un poder
- 44:30que podía quebrar la mente y el cuerpo de cualquiera
- 44:33que se atreviera a acercarse demasiado. Desde esa noche, el
- 44:39monte dejó de ser un lugar de juegos o de
- 44:42travesuras juveniles, pasó a ser el territorio de ellas, y
- 44:46nadie volvió a dudar de su presencia, las huellas en
- 44:49el lodo, los animales muertos y las bolas de fuego
- 44:52en el cielo, ya no eran simples señales, eran advertencias
- 44:57de un poder que nos sobrepasaba, un poder que nos
- 45:00había mostrado el rostro de lo prohibido, y nos había
- 45:03dejado marcados para siempre. Después de aquella noche en el monte,
- 45:09nada volvió a ser igual en el pueblo. Aunque tratábamos
- 45:13de llevar la vida con normalidad, todos sabíamos que habíamos
- 45:17cruzado una línea de la que no se podía regresar. Lázaro,
- 45:23con su cabello encanecido y las marcas de uñas en
- 45:25el pecho, era la prueba viva de lo que habíamos visto,
- 45:29no hizo falta que lo contáramos en voz alta, la
- 45:32sola apariencia del muchacho, cambiado de un día para otro,
- 45:37confirmó a los demás, que las historias que tanto se
- 45:40susurraban eran ciertas. Varias familias no esperaron más, y en
- 45:46cuestión de semanas empacaron lo poco que tenían y se
- 45:50marcharon a comunidades cercanas, decían que preferían empezar de cero
- 45:55en otro lado, que criar a sus hijos bajo la
- 45:57sombra de esas mujeres. Las casas vacías quedaron como heridas
- 46:02abiertas en las calles, recordatorios de que el miedo había
- 46:06echado raíces profundas. Las familias que decidieron quedarse reforzaron sus protecciones,
- 46:13desde entonces fue común ver cruces de pirul más grandes
- 46:17en las puertas, tijeras abiertas no sólo bajo las camas,
- 46:21sino también colgadas en las ventanas, y botellas de agua
- 46:25bendita alineadas en las repisas. El pueblo se convirtió en
- 46:29una fortaleza improvisada, como si cada hogar fuera un pequeño
- 46:33bastión contra lo que rondaba afuera. Los rumores crecieron hasta
- 46:39volverse más oscuros, se decía que las brujas no sólo
- 46:43se conformaban con llevarse animales o marcar a los niños,
- 46:47sino que había casos en los que llegaban a arrancar
- 46:50a los pequeños de los brazos de sus madres. Historias
- 46:54de cunas vacías y llantos que se apagaban de golpe
- 46:57comenzaron a correr entre vecinos. Algunos aseguraban que los huesos
- 47:02que a veces aparecían bajo los patios no eran de
- 47:06gallinas ni de cabras, sino de criaturas humanas, nadie podía comprobarlo,
- 47:11pero el simple hecho de que se hablara de ello,
- 47:14bastaba para infundir terror. También comenzaron las sospechas de pactos
- 47:21entre los hombres del pueblo se señalaba a algunos que
- 47:24curiosamente prosperaban de manera repentina, campesinos que de la nada
- 47:29tenían mejores cosechas, comerciantes que multiplicaban sus ventas sin razón
- 47:34aparente o individuos que se mantenían a salvo de enfermedades
- 47:38y desgracias mientras los demás sufrían pérdidas constantes. La versión
- 47:44que se repetía era que habían hecho tratos con ellas,
- 47:47entregando algo a cambio, un animal, un vecino o incluso
- 47:52la salud de alguien de su propia sangre. Se decía
- 47:56que esos pactos eran la razón por la que ciertas
- 47:59familias parecían intocables, mientras otras se hundían sin remedio. Con
- 48:06el tiempo, hablar de ellas se volvió un tabú más
- 48:09fuerte que nunca, la gente comenzó a evitar mencionarlas en público,
- 48:13porque se decía que nombrarlas demasiado era atraerlas, los ancianos
- 48:18decían que sus oídos eran finos, y que al escuchar
- 48:21su nombre, se presentaban para reclamar al que las había invocado.
- 48:27Esa costumbre de callar se volvió ley en el pueblo,
- 48:30las pláticas en la plaza se hacían sobre cosechas, precios
- 48:33y fiestas patronales, pero nunca sobre lo que todos sabíamos
- 48:37que estaba ahí, rondando entre los cerros. Sólo en la intimidad,
- 48:43cuando la confianza era plena y las puertas estaban cerradas,
- 48:47alguien se atrevía a recordar lo que había visto. Yo
- 48:52guardé silencio como los demás, pero nunca olvidé lo que
- 48:55presenciamos aquella noche, las imágenes de esas mujeres del monte,
- 49:00no se borraron de mi memoria, los brazos largos como
- 49:04ramas secas, los ojos brillando como brasas, y las lenguas
- 49:08húmedas que se movían como serpientes, los cuerpos cubiertos de
- 49:12llagas o la contradicción de niñas con rostros de ancianas.
- 49:17Era imposible reducirlo a un cuento, no eran invenciones de viejos,
- 49:21ni leyendas para asustar a los niños, eran reales, y
- 49:25yo las vi con mis propios ojos. Con los años,
- 49:30comprendí que lo que transmiten las historias apenas rosa la verdad,
- 49:34los relatos que circulan entre la gente se quedan cortos,
- 49:38endulzados o distorsionados, porque nadie quiere aceptar la magnitud de
- 49:43lo que realmente son. Decir que bajan como bolas de
- 49:47fuego o que se alimentan de niños, es sólo la
- 49:50superficie de un horror mucho más complejo. Lo que habita
- 49:54en esos cerros es una fuerza antigua, viva, que no
- 49:58depende de la creencia de las personas, porque existe más
- 50:02allá del miedo o la fe. El pueblo cambió, pero
- 50:07ellas no, las casas reforzadas, las protecciones, los rezos y
- 50:12las vigilias apenas sirven para retrasar lo inevitable. Lo supe
- 50:17entonces y lo confirmo ahora, esas mujeres siguen ahí, esperando
- 50:21la noche adecuada para volver a caminar entre las casas,
- 50:25lo suyo nunca se acaba, porque mientras haya familias temerosas
- 50:29y niños frágiles, tendrán de dónde alimentarse. Hoy, después de
- 50:36tantos años, sigo convencido de que no nos abandonaron nunca,
- 50:40quizá ya no las vemos con la misma frecuencia, quizá
- 50:44aprendimos a callar lo suficiente para que no se presenten
- 50:47tan seguido, pero los cerros siguen siendo suyos. Basta con
- 50:52escuchar a los perros aullar de madrugada o sentir el
- 50:56olor a azufre en el aire para recordar que no
- 50:59se han ido. Los que estuvimos ahí sabemos la verdad,
- 51:03el silencio fue el precio para sobrevivir, pero la deuda
- 51:07nunca se paga del todo. Y tarde o temprano, cuando
- 51:11el pueblo vuelva a bajar la guardia, ellas volverán a
- 51:15reclamar lo que consideran suyo. En un antiguo barrio del
- 51:32estado de Oaxaca, donde el día de hoy se encuentra
- 51:35un famoso restaurante, existió una casa ya abandonada, su saguán oxidado,
- 51:41llamaba la atención cuando uno pasaba por ahí. Ahí vivió
- 51:46una anciana de aspecto terrible y de un carácter espantoso.
- 51:50Los niños de la colonia casi nunca jugaban ahí por
- 51:54temor a la mujer, y cuando la pelota se les
- 51:57iba del otro lado hacia donde estaba aquella casa, sabían
- 52:00que jamás la recuperarían, porque cuando tocaban su puerta para
- 52:04pedirle el favor de entrar por ella, la señora se
- 52:08ponía a gritarles con una mirada llena de rencor y
- 52:11les decía que se largaran de ahí, porque odia escuchar
- 52:14sus voces y risas cerca. Muchas personas tenían sus ideas
- 52:20acerca de ella. Estaba sola, ya que su esposo había
- 52:25fallecido en extrañas circunstancias, y a pesar de que algunos
- 52:29vecinos iban a verla de vez en cuando, en el
- 52:32momento en que los rumores crecieron, dejaron de frecuentarla. Decían
- 52:38que era una bruja, porque muchos que habían pasado cerca
- 52:42de su casa veían un fuego resplandeciente, como si todo
- 52:45se estuviera quemando, y cuando preocupados se detenían a ver
- 52:49si todo estaba bien, este de la nada se esfumaba.
- 52:55Un día dos amigos que pasaban por ahí, percibieron un
- 52:58olor nauseabundo y decidieron indagar por si había pasado algo,
- 53:03tocaron la puerta varias veces, y como no obtuvieron respuesta,
- 53:07decidieron llamar a la policía. Cuando llegaron, abrieron la puerta
- 53:13a la fuerza y se encontraron con la anciana muerta
- 53:16en su cama, su rostro estaba lleno de furia y
- 53:19de dolor, sus ojos abiertos de par en par, como
- 53:23si hubiera padecido un largo sufrimiento. Pronto aquel lugar se
- 53:28llenó de vecinos curiosos que querían saber y ver qué
- 53:32había pasado, probablemente jamás olvidaron los ojos abiertos de la bruja,
- 53:37como le llamaban. Una tarde mis amigos y yo, estábamos
- 53:42jugando frente a aquella casa, a pesar de las advertencias
- 53:46de nuestros padres de no estar por ahí. Ya que
- 53:49algunas personas que pasaban cerca de las once de la
- 53:52noche y se asomaban al patio, decían que veían una
- 53:56sombra flotando en el césped. Jugábamos fútbol, nos estábamos divirtiendo demasiado,
- 54:03y en eso, logré burlar a varios de mis amigos
- 54:07y al estar cerca de la portería, no me di
- 54:10mi fuerza y la golpeé muy fuerte, que ésta cruzó
- 54:13la barda de aquella casa, estaba muy alta, que resultaba
- 54:17difícil subir en ella. pero necesitaba recuperar la pelota para
- 54:23seguir jugando, mis amigos me dijeron que lo mejor sería
- 54:27ir a casa, pero no los escuché y trepé con
- 54:30dificultad un gran árbol que estaba cerca de la barda.
- 54:35Cuando llegué, uno de mis amigos me espantó y estuve
- 54:38a punto de caer al patio, ellos insistían en que
- 54:42bajara y que fuéramos a casa o que buscáramos otra pelota, sinceramente.
- 54:47Me empezó a dar miedo y por un momento pensé
- 54:49en bajarme, pero quería quedar como valiente con mis amigos,
- 54:53así que continué. Les dije que iría por la pelota
- 54:59y buscaría algo de valor, pues nadie había entrado después
- 55:03de su muerte. Salté hacia el patio, y cerca de
- 55:08la oxidada puerta, vi la pelota, entre otras de otros niños,
- 55:12que seguramente habían ido a dar ahí durante años, y
- 55:16nunca habían sido devueltas a sus dueños, caminé hacia ella,
- 55:21con algo de miedo de encontrarme con algún fantasma, o
- 55:24algo aterrador. Cuando recogí la pelota y caminé de nuevo
- 55:30hacia la barda, de reojo vi la puerta entreabierta y
- 55:33la verdad la curiosidad me ganó, pues quería ver si
- 55:36encontraba algo valioso para mostrarle a mis amigos, pero... Cuando entré,
- 55:43sentí un frío pesado que me pegaba en el rostro
- 55:46y tuve el instinto de salir corriendo, porque sentí que
- 55:50no estaba solo, podría jurar haber escuchado los resuellos de alguien.
- 55:57Primero pasé por la sala, que estaba ya polvosa por
- 56:00el paso del tiempo, y todos los artilugios eran muy feos.
- 56:05Seguí caminando hacia uno de los cuartos, y al fondo
- 56:09vi una cama de aluminio aún con las cobijas puestas,
- 56:12lo raro era que había un bulto, parecía ser el
- 56:15cuerpo de una persona. Mi corazón se agitó y mi
- 56:20cuerpo se tensó, pero mi curiosidad era mayor. Pregunté si
- 56:26había alguien ahí, pero nadie respondió, solo escuchaba algo parecido
- 56:31a los ronquidos de alguien profundamente dormido, así que traté
- 56:35de ver si las cobijas bajaban y subían como cuando
- 56:38alguien respira. Pero algo no era natural, mientras más me
- 56:44acercaba a la cama, más intenso se hacía el frío.
- 56:49Me puse cada vez más nervioso, pero observé un hermoso
- 56:53collar dorado sobre el buró y lo guardé en la
- 56:55bolsa de mi pantalón y justo en ese momento crujió
- 56:59el colchón, me acerqué a la cama, haciéndome el fuerte,
- 57:03aunque por dentro me estaba muriendo de terror. Comencé a
- 57:09decir que quien me estuviera asustado se arrepentiría y de
- 57:12pronto las cobijas se alzaron y una cabeza con cabello
- 57:16blanco apareció ante mi vista. Era la anciana, la bruja,
- 57:21quien se sentó al borde de la cama y abrió
- 57:23sus arrugados ojos, donde no había globos oculares y tenía
- 57:28su rostro deformado, del cual esbozaba una sonrisa demoníaca con
- 57:32unos colmillos enormes. Mis amigos cuentan que escucharon mi grito
- 57:39de terror desde afuera y que decidieron salir corriendo, porque
- 57:43sabían que si no lo hacían, la bruja seguramente saldría
- 57:47por ellos también. Fueron a avisarle a mis padres para
- 57:52que fueran por mí, la luz ya se había ido
- 57:55de las calles, solo quedaba la de la luna. Escuché
- 58:00la voz de mi padre que gritaba mi nombre desde afuera,
- 58:03me empezó a llamar y de repente escuché como empezaba
- 58:07a empujar la puerta tratando de tirarla, logró tirarla y
- 58:11me vio salir corriendo como si hubiera visto al mismo
- 58:14diablo y la verdad podría decir que eso fue. Dice
- 58:18que detrás de mí pudo ver la silueta de un
- 58:21ser espantoso en la cortina, me tomó en sus brazos
- 58:24y se dio cuenta de que mi cara estaba llena
- 58:27de rasguños y mi ropa estaba rasgada. Me preguntó muy
- 58:32preocupado qué había pasado, pero mi voz se había apagado,
- 58:36pero yo estaba completamente en shock y mi mente de
- 58:40niño no soportaba lo que había visto, incluso me dio
- 58:43fiebre y vomité varias veces. Toda la noche mi madre
- 58:49me cuidó y trató de controlar mi fiebre con toallas
- 58:52mojadas y medicina, no dejaba de pensar en el rostro
- 58:55de aquella anciana y en sus uñas desgarrando mi piel.
- 58:59Me quedé dormido un par de horas y soñé con
- 59:02que esa bruja venía por mí. Al llegar la medianoche
- 59:07algo helado me despertó, era la respiración de alguien justo
- 59:11sobre mi cara. Mi cuerpo comenzó a temblar, y en
- 59:16mi mente recé el Padre Nuestro. No quería abrir los ojos,
- 59:20porque sabía que lo que vería sería algo aterrador, así
- 59:24que comencé a pensar que quizá era mi madre que
- 59:26había ido a verme. Pero la respiración era rápida, como
- 59:30de alguien enojado, y me di cuenta de que estaba
- 59:33a merced de un ente diabólico. No pude resistir la
- 59:38experiencia en plena oscuridad, así que abrí los ojos aún
- 59:42con miedo, y la vi, era la misma anciana que
- 59:45había visto en esa casa, con la misma expresión en
- 59:49su rostro. Mi miedo fue llegando a cada centímetro de
- 59:52mi cuerpo, y me fue imposible gritar. Después de unos
- 59:58segundos que sentí como horas, un grito desgarrador salió de
- 1:00:01mi pecho y vi a mi madre intentando abrir la puerta,
- 1:00:05pero cada que se abría un poco, algo la cerraba
- 1:00:08desde adentro. Le rogaba a Dios que mi madre pudiera
- 1:00:13entrar a salvarme, porque sentía que la vida se me iba.
- 1:00:19La bruja seguía frente a mí, respirando agitadamente, cuando de
- 1:00:23repente mi madre y mi padre lograron abrir la puerta,
- 1:00:27cuentan que la manija estaba helada y que la habitación
- 1:00:31estaba llena de un olor asqueroso. Me vieron inmóvil en
- 1:00:36mi cama y preocupados comenzaron a moverme, me llevaron a
- 1:00:40la sala y me hicieron oler alcohol. Reaccioné, pero todo
- 1:00:46mi miedo lo saqué por medio de lágrimas, me costó
- 1:00:49dormir durante las siguientes noches, pero mis padres nunca me
- 1:00:53dejaron solo. Actualmente he ido a ese restaurante, que está
- 1:00:58ubicado donde estaba la casa de aquella bruja, y los
- 1:01:02meseros me han dicho que han visto a una anciana
- 1:01:04levitar cerca de los baños a la hora de la salida,
- 1:01:08y que incluso han visto bolas de fuego en el
- 1:01:11techo que desaparecen. Muchos empleados han salido huyendo de ahí,
- 1:01:28pues esa presencia no los deja tranquilos.