Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / Caí En La Trampa De Un Espíritu Maldito Historias De Terror - Voces De La Noche
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- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más. Comenzamos por la madrugada con el sol a punto de salir. Me encontraba rumbo a la estación del metrobús entre una multitud de gente que, al igual que yo íbamos rumbo a nuestros respectivos trabajos. Como todas las mañanas. A mi corta edad de veintiséis años, mi cara ya reflejaba una mezcla de cansancio y resignación. Para mí ya todo era lo mismo caminar a la estación adentrarme entre la multitud para poder subir a un metrobús que la mayor parte estaba lleno y en algunas ocasiones mi cuerpo quedaba pegado a las puertas, pero era necesario tomar este transporte. Era el único medio para llegar hasta el otro lado de la ciudad, en donde se encontraba mi trabajo. Mi rutina había caído en una especie de monotonía, como si estuviera atrapado en un buque interminable del cual no podía salir mi vida. Giraba en torno solamente a tomar el transporte, trabajar, volver a tomar el transporte y llegar a casa de vez en cuando. Mientras me encontraba camino a la oficina, me gustaba imaginarme en otros lugares, disfrutando de la vida, en alguna playa, una casa lujosa, una cabaña con árboles frondosos y una fogata que calentaba mi cuerpo y alma. Para imaginar todos estos escenarios. Me gustaba escuchar música con mis audífonos puestos. Me ayudaba a desconectarme de los molestos ruidos del mundo real y poder estar en mi mundo perfecto. Todas las mañanas, mientras esperaba solía observar a las personas a mi alrededor. Había uno que otro rostro familiar, personas que también habían caído en la rutina del metrobús y con algunos llegaba a cruzar miradas. De alguna manera, ya conocía a todos los pasajes que subirían al transporte. Siempre eran los mismos. Sin embargo, nunca entablé una conversación con alguno de ellos. Esa era la naturaleza de la vida que llevaba en la gran ciudad, estar rodeado de gente, pero al mismo tiempo sentirse completamente solo en la estación. El frío de la mañana comenzaba a sentirse dentro de mí, a pesar de que estaba lo suficiente cubierto con un abrigo desgastado que había heredado de un familiar y una bufanda, el metrobús no llegaba revisaba mi reloj y se estaba haciendo tarde para la hora de entrada. Comenzaba a caminar en la estación revisando para ver si el metrobús se acercaba dentro de esas caminatas. Mi mente comenzaba a pensar en verdad necesito esto e inmediatamente venía el mismo pensamiento de siempre anhelar un cambio, pero nunca sabía por dónde empezar. Me encontraba en un punto donde vivía, pero no estaba presente. Me volvía a surmar. Finalmente pude ver las luces del metrobús aproximarse. No fui el único en notar eso. Toda la gente se acercó. La multitud se amontonaba alrededor de la puerta del vehículo para poder subir en cuanto se detuviera el transporte. Los empujones de toda la gente hicieron que quedara entre la marea de pasajeros. El metrobús se detuvo y abrió las puertas. Todos subimos como de costumbre. Nadie iba cómodo, pero ya estaba adentro. Sólo era cuestión de esperar a llegar a tiempo al trabajo. Bajé del transporte y llegué justo a tiempo. Llequé mi entrada y subí hacia donde estaba mi lugar de trabajo. El día laboral comenzó. Tenía muchos pendientes de días anteriores y nuevos pendientes que había mandado el jefe. Pasé varias horas frente a la computadora tratando de terminar todo. Me concentré tanto que cuando me di cuenta ya había trabajado horas extras miré a mi alrededor. Ya no había casi nadie. Mis compañeros dijeron que me vieron muy concentrado, que no quisieron distraerme había perdido la noción del tiempo. Mi reloj marcaba mucho más tarde de lo habitual. Inmediatamente pensé en que ya no encontraría transporte de vuelta a casa. Rápidamente corría hacia la estación del metrobús y tuve demasiada suerte, ya que sorprendentemente, la estación se encontraba sola en comparación con la aglomeración de la mañana y a esa hora había poca gente. Me senté a esperar el aire frío. Comenzaba a soplar en la estación un silencio total que era interrumpido por el ruido del tráfico, la autopista y pequeños ruidos que se escuchaban alrededor. Me sentía algo incómodo con ese silencio, así que saqué mi teléfono, puse mis audífonos y comencé a escuchar algo de música mientras esperaba el metrobús. Justo como en las mañanas, el transporte llegó a la estación. El ruido que hizo la máquina al abrir las puertas se escuchó profundo y largo. Subí al transporte y la mayor teoría de los asientos estaban vacíos. Solamente un par de pasajeros ocupaban algunos lugares. Elegí un asiento junto a la ventana. Al igual que en las mañanas, me hundí en mis pensamientos con la música como fiel acompañante. El camino comenzó con normalidad, pero mi mente no dejaba de dar vueltas a la rutina que todos los días me consumía cuatro estaciones. Antes de llegar al lugar a la estación donde yo bajaba, una figura inusual llamó mi atención, una mujer alta y pálida con un vestido largo y oscuro. Subió llevaba un velo que cubría su rostro y su presencia en medio de la soledad del autobús me resultó inquietante. A pesar de haber muchos asientos vacíos. La mujer se quedó de pie cerca de la puerta. Yo volteaba hacia la ventana, pero por momentos rápidamente regresaba la mirada hacia aquella mujer, pero al final decidí ignorarla y continuar observando la ciudad cubierta por todas las luces de los edificios. El trasero transporte llegó a mi estación. Me puse de pie y caminé hacia la puerta de salida. La mujer seguía ahí parada obligatoriamente tenía que pasar a su lado para poder bajar. Cuando pasé a su lado, sentí un aire helado atravesar sobre mí rápido. Bajé y las puertas cerraron, pero el metrobús no avanzaba di unos cuantos pasos y volteé hacia el interior del transporte y para mi sorpresa. La mujer ya no estaba ahí. Traté de buscarla, pero el camión continuó con su camino. Me alejé de la estación rumbo a casa, pero aún tenía ese pensamiento acerca de la mujer de velo negro y en donde se había podido ocultar. Pero nuevamente decidí olvidarlo. Mientras caminaba de regreso a casa. Entre las oscuras calles desoladas, encontré cierta tranquilidad en la soledad de la noche. Los focos de las lámparas parpadeaban con frecuencia y mis sombras se reflejaba en el suelo. Encontré una piedra en el camino para distraerme en el transcurso. Comencé a patearla como en mi niñez. Mientras jugaba con aquella piedra, recordé por un momento a la extraña mujer del metrobús, pero pensé en que no valía la pena obsesionarse con esa inquietante aparición. Al final de todo, en esa gran ciudad uno podía encontrarse con cualquier tipo de personas. Llegué a una parte de la calle que estaba totalmente deshabitada. Únicamente habían terrenos con hierba de los dos lados. En ese momento paté tan fuerte la piedra que se perdió entre el terreno. Algo triste por haber perdido mi única distracción en el camino. Continué caminando y de repente escuché cómo la piedra volvió a caer detrás de mí e inmediatamente volteé, pero no había nadie cerca. Solamente me encontraba yo en medio de la calle y la oscuridad. Un miedo entró a mí y, aunque no pensé en algo paranormal o algo así, pensé que alguien me estaba siguiendo y quería saltarme o hacerme daño, comencé a caminar más rápido hasta llegar a cal casa. Entré y cerré la puerta con llave. La noche pasó con normalidad, excepto por el extraño suceso de la piedra en el camino. Mi mente empezó a pensar en la imagen de la mujer con el velo oscuro y si de alguna manera ella tuvo que ver con la piedra en el camino, tomé un baño, cené algo y me dirigí a dormir para estar listo para un día más en la rutina. Me acosté y justo cuando estaba a punto de conciliar el sueño se escuchó como algo golpeaba la ventana. Desperté y fui a la ventana para asomarme y verde que se trataba unos pasos antes de llegar vi como una piedra chocó con la ventana, lo cual me extrañó mucho y me hizo recordar lo que había pasado antes de llegar a casa. Me apuré a llegar a la ventana, pero cuando me asomé sólo pude ver a una sombra correr a Esconderse pensé que se trataba de alguien que quería molestar. Regresé a la cama a dormir y dejar todo eso atrás. Al día siguiente repetí la misma ruta de siempre tomar el metrobus totalmente lleno y apretado. Llegué a la oficina y subí al lugar de trabajo. En mi escritorio había una nota que había dejado el jefe en donde me decía que en estos días necesitaba que me quedara un poco más de tiempo, pues había demasiado trabajo y él necesitaba que en esta semana quedara hecho ese trabajo. A cambio, me daría un aumento. No tenía otra opción más que aceptar, y así fue volví a salir tarde del trabajo, corría a la estación y abordé el metrobús. Esperaba no encontrar nuevamente a aquella mujer, pero no fue así, pues ella volvió a aparecer, pero esta vez se subió una estación antes que la estación anterior y aún más extraño. La mujer se quedó parada un poco más cerca de mí. Se me hizo algo raro, pero me tranquilizó que a mi lado y asientos delante de mí había más personas y repetí el mismo proceso que la noche anterior, ignorarla, poner música y ver la ciudad Mientras esperaba mi llegada bajé del transporte. Nuevamente pasé al lado de la mujer. Volví a sentir ese frío helado pasar sobre mí. Esta vez intenté no voltear para revisar si la mujer aún se encontraba dentro del metrobús. Caminé a casa, pero esta vez traté de caminar más rápido e incluso correr. Pensaba si de nuevo ocurriría algo extraño, como la noche anterior. Afortunadamente, no había sucedido nada raro. Esta vez quedé totalmente dormido. Si algo sucedió durante la noche no me había dado cuenta. En la mañana desperté, estiré todo el cuerpo y me percaté que la ventana estaba abierta y el aire frío entraba. Según yo, había dejado la ventana cerrada y el aire no pudo abrirla. Traté de recordar si se había quedado abierta o durante la noche me levanté y la abrí pero no recordaba nada de esa noche. Mi último recuerdo era de mí entrando en la cama. Olvidé ese tema y me dirigí al trabajo. Como el buen día. Dicho que decía otro día a otra moneda. Llegué al trabajo, a una jornada laboral más, ya sabía que tendría que salir tarde. Al salir, tenía la sensación de que esa mujer de nuevo estaría ahí en el metrobús subí para mi mala suerte. Así fue lo extraño fue que esa noche la mujer se subió a una estación anterior que la anterior y la anterior y para empeorar, se quedó parada aún más cerca de mí. Pareciera que con el pasar de las noches la mujer se acercaría más hacia mí hasta llegar a estar a mi lado, justo como lo pensé. Así comenzó a suceder ese extraño patrón. Cada noche la mujer se acercaba más a mí. La siguiente noche faltaría sólo una estación para que estuviéramos frente a frente, bajé del metrobús. Ignorando la presencia de aquella mujer. Corrí a casa. Recordé que alguna vez mi madre me había dicho que cuando sintiera una extraña presencia o mala energía, encendiera una vela y la colocara cerca de mí. Al momento de ir a dormir de gra la veladora al lado de la cama, entré en un sueño profundo por la mañana desperté. Al momento de abrir los ojos, me di cuenta que en el techo había una gran mancha negra que coincidía con la dirección de la llama de la vela que había dejado cerca de mí, la cual estaba apagada. Volté a ver la ventana y de nuevo se encontraba abierta vi la hora y se me hacía tarde para llegar al trabajo. Mientras hacía los pendientes. Pensaba en que al salir me encontraría con aquella mujer y esta vez estaría aún más cerca de mí. Comencé a pensar en varias maneras de evitarlo. Pensé en pedir un viaje particular mediante una aplicación, pero recientemente había escuchado la noticia de una persona que había fallecido en un accidente con su misterioso chofer. No quería arriesgarme a encontrarme en otra extraña situación, por lo que mi solución más viable fue esperar a que el metrobús que había tomado durante las últimas noches afuera y esperara que otro pasara, si es que había otro. Después de ese salí del trabajo, me senté con la esperanza de que el plan diera resultado. Pasó el metrobús, las pocas personas subieron, se cerraron las puertas y el camión se fue el guardia. Me preguntó por qué no había subido si ese había sido el último de la noche comenzó a cerrar las cortinas de acceso a la estación. Me empecé a preocupar porque tendría que encontrar la manera de llegar a casa y el guardia me pidió salir de la estación. Estaba a punto de salir cuando, a lo lejos otro metrobús se escuchó llegar, se detuvo y abrió las puertas. Me asomé y esta vez iba completamente solo pensé en si subir o no, pero ya no tenía otra opción. Abordé el camión, tomé asiento. Observé a mi alrededor esperando ver, aunque sea a una sola persona, pero no había absolutamente nadie. Aún así. Me sentí tranquilo, pues esa mujer probablemente ya habría subido al camión que había dejado pasar. Hace unos momentos. Me puse mis audífonos y comencé a escuchar música como de costumbre. El camino transcurrió con normalidad. Ni un alma de una persona ni el de la extraña mujer subió llegando a la estación antes de la que yo debía de bajar el metrobús se detuvo, abrió las puertas y sentí una vibra muy extraña. Las luces del transporte parpadeaban. La mujer del velo negro subió y la piel se me puso helada. Al verla nuevamente me quedé quieto, ignorando su presencia para que ella no notara la mía. Ella se quedó parada y por un momento miró a su alrededor y comenzó a caminar lentamente hacia mí. Cada paso lo podía escuchar con una gran profundidad. Rogaba porque no se sentara al lado de mí. Sin embargo, no fue así. La mujer se detuvo justo en el asiento en que yo estaba. Ella tomó asiento y con una voz profunda, pero suave. Me dio las buenas noches por miedo. La ignoré me negaba a voltear a ver lo que escondía detrás de ella ese velo oscuro. Finalmente llegamos a la estación, donde yo bajaba rápidamente. Me levanté y bajé del metrobús. El guardia de esa estación no entendía cómo había pasado otro camión. Mientras me cuestionaba eso gritó cuidado, señora Volté, y vi cómo una sombra pasaba enfrente del metrobús. El guardia dijo que vio como una mujer de negro. Se atravesó enfrente del metrobús cuando éste iba a avanzar, pero la perdió de vista por completo. Salí de la estación tratando de mantener la calma, caminando entre las oscuras calles. Las lámparas parpadeaban con gran intensidad. Continué caminando, cruzando la calle con hierbas en las orillas. Una piedra cayó en el camino. Giré un poco la cabeza y pude ver una sombra. Rápidamente cruzar a mi lado mientras emitía una risa un tanto macabra. Corrí hacia casa. Entré Cerré las puertas y ventanas. Dentro de mi cuarto prendí la vela la llama empezó a moverse hacia la ventana como si me estuviera dando alguna señal. Caminé hacia allá, me asomé y en la calle pude ver a la mujer del velo negro parada viendo fijamente hacia mi cuarto. Me escondí detrás de la cortina e inmediatamente golpearon la puerta de la entrada. Sabía que se trataba de ese extraño ente, por lo que me negué a abrir, pero no dejaba de golpear la puerta cada vez con más fuerza. De repente dejó de hacerlo, y eso me calmó por un momento. Salí del cuarto a mirar por el pequeño agujero de la puerta. No había nadie en eso escuché cómo ahora golpeaban la ventana del cuarto. Fui a revisar qué estaba pasando. Sin embargo, la cortina seguía cerrada, pero seguían golpeando la ventana como si estuvieran arrojando piedras. Miré la vela y continuaba moviéndose. Volví la mirada a la cortina y pude ver la sombra de la mujer del velo oscuro Con desesperación. Abrí la cortina para mi sorpresa no había nadie me asomé, pero sólo veía la casa allí solitaria. Cerré la ventana, me senté en la orilla de la cama, froté mi cara y tallé mis ojos tan fuerte que, al momento de dejar de hacerlo, mi vista quedó un poco borrosa. Miré a mi alrededor y lo que vi me dejó helado. La mujer del velo negro estaba parada en la puerta de mi habitación. La luz de la vela comenzaba a subir de manera intensa. Me cubrí con la sábana y deseaba que todo terminara. La sábana blanca reflejaba las sombras de lo que había en mi cuarto. La mujer tomó la vela y comenzó a recorrer toda la habitación. La luz de alguna manera guardaba el recorrido como si la mujer me hubiera encerrado en un círculo de fuego. De repente, la mujer desapareció y la vela cayó al suelo, pero por alguna extraña razón continuaba prendida y con más intensidad. Me negaba a salir de la sábana. Creía que la presencia de la mujer se había ido, pero no fue así. Comenzó a lanzarme piedras, por lo que tuve que salir de la cama. Al momento de destapar mi cuerpo me encontraba totalmente solo. No había ni luz ni la mujer y mucho menos las piedras. Solamente estaba yo en completa obscuridad. Volvía a acostarme. Mi mirada quedó hacia el techo y quedé totalmente paralizado. Arriba había quedado impregnada una mancha negra que daba la forma de la cabeza de la mujer del velo oscuro. Al ver eso salí de la habitación, tomé mis almohadas y decidí pasar la noche en la sala. Al siguiente día iría a primera hora a buscar un profesional que me ayudara a sacar esa mala energía de mi casa. Al momento de caminar hacia la sala, sentí mi cuerpo muy pesado y cada vez me costaba más caminar, pues parecía como si algo me estuviera tomando de las piernas para que no saliera del cuarto. Con todas mis fuerzas logré llegar al sillón y me quedé sentado con la mirada hacia la habitación. En eso algo azotó la puerta mi corazón se aceleró. Sabía que la mujer seguía dentro de la casa. Me acosté y tratar de ignorar todo eso. Cuando volteé y cerré los ojos, escuché cómo la mujer se acercaba con pasos lentos por más que apretaba los ojos. Ella no se iba. Finalmente quedó a mi lado con su mano helada. Tomó mi hombro En ese momento perdí el conocimiento. Cuando desperté, ya no me encontraba en casa. En cambio, estaba en el metrobús sentado tomado de la mano de aquella mujer del velo oscuro en medio de toda la gente y su rutina. Relato escrito y adaptado por Andrea Lezama