
Orar con insistencia, hasta que la promesa florezca.
Como Ananías, que obedeció y oró aun cuando no entendía todo lo que Dios estaba haciendo, y como la mujer que siguió clamando hasta ver cumplida la promesa, así también nuestra fe crece en los momentos de silencio.
Hay oraciones que no reciben respuesta inmediata, pero cada día de espera fortalece el corazón que decide confiar. Dios nunca ignora una oración perseverante; Él trabaja aun cuando no vemos nada. La insistencia en la oración no es repetir por miedo, sino permanecer creyendo hasta que la promesa florezca en el tiempo perfecto.
The skinny
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