Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / Mi Vecina De Cuarto Estaba Poseída Historias De Terror - Voces De La Noche
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- Familia También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más. Comenzamos Hace un año. Tuve un accidente de automóvil. Era cerca de fin de año y había decidido salir a visitar a los familiares que tengo en el Estado de Hidalgo, pues a principio de año había recuperado la comunicación con una prima que quería mucho y no había podido ver porque nuestras mamás comenzaron a tener problemas. Entre ellas me acompañaba a mi pareja Raúl, que hoy es mi esposo. Aquel día decidimos salir un lunes por la madrugada. Queríamos evitar el tráfico, así que nos fuimos a las cuatro de la mañana. En punto, Raúl me había recogido en la casa de mis papás la noche anterior ellos nos habían dicho que no iban porque sentían que mi mamá no iba a aguantar el frío del pueblo. Sinceramente sé que ella no quería ir por lo de mi tía. Ahora le doy gracias a Dios que no fuera con nosotros, porque hubieran pasado por el accidente, donde probablemente no hubieran tenido tanta suerte como nosotros. Todo iba bien. El carro de Raúl estaba en buenas condiciones. Le checamos todo llantas anticongelantes y además le había comprado unas luces nuevas a los faros. No supe que pasó porque iba dormitando a causa de que había dormido poco, pero sentí un dolor horrible cuando desperté iba en una ambulancia y después vi todo negro. Al final de muchos días pude recobrar bien el sentido. Así que supe que estaba hospitalizada por el accidente. Raúl estaba menos grave que yo sólo había recibido golpes. Tenía collarín por el choque y aunque se movía con dificultad en el momento que desperté por completo, él fue el primero que entró a verme al r r o r r R o rras. Aún había alcanzado a reaccionar y dio un volantazo hacia la izquierda, pero no había sido suficientemente rápido, porque alcanzamos a impactarnos en diagonal contra un camión golpeando justo del lado donde yo iba dormida en el asiento del copiloto. Afortunadamente me salvé, aunque tuve que pasar por varias cirugías. Si quisiera decir que lo peor de estar en el hospital era el dolor o la atención, pero no fue así. Jamás pensé que ahí podría ver algo tan increíble y terrible que no me quedarían más dudas de la existencia del mal. No vi nada al momento de accidentarme. Tampoco sentí alguna presencia, como dicen las personas que casi mueren. Yo en mi cuarto vi que el demonio estaba a mi lado cuando estaba recuperándome en la cama del hospital. Nunca he sido una persona de esas que se la pasan en la iglesia. O que sigue todo lo que aprendió en el catecismo, pero hubo unos días en mi estancia en el hospital que hubiera querido salir corriendo del cuarto donde estaba, porque sé que lo que vimos mi hermana y yo no era algo de Dios. Aquello era muestra de que el demonio siempre está entre nosotros. Lo peor es que estar cerca del mal no sólo es mirarlo. El mal también temida. En aquellos momentos cuando llegó aquella mujer con una extraña enfermedad, habían pasado las cirugías de mi pierna para dejarla funcional y estaba en recuperación. Tenía dos meses en el hospital, uno en terapia intensiva, el otro en un piso en donde podía estar mi familia, mi mamá, mi hermana, mi papá y hasta raúl se turnaban para cuidarme. Hacia finales del segundo mes había podido moverme un poco más. El dolor era menos, por lo que pasaba más tiempo. Sentada poco a poco, sentía que me iba recuperando. Los doctores me decían que me estaba yendo muy bien. Yo esperaba que se cumplieran quince días más para ver si ya podía irme a mi casa. Estaba cansada da de la cama, de la comida y de la gente. Era pesado estar escuchando los problemas de las personas que se quedaban a cuidar a sus familiares en las otras camas que había en el cuarto. También era soportar las quejas sin sentido o los problemas que tenían en el iste donde estuve internada. Son cuartos pequeños para tres personas apenas caben las camas y si tienen suerte los familiares, hay una silla disponible para que pasen el tiempo cuidando al paciente, sin tener que estar parados todo el tiempo. Ya me había cansado de la señora que estaba al lado mío. Cada persona que venía a verla era un problema. Afortunadamente, de alguna forma había mejorado su salud, así que la habían dado de alta y sentí el gran alivio de mi vida. Me arrepiento de estar pidiéndole al cielo que esa señora se fuera pronto. Pasé unas cuantas horas de tranquilidad y silencio tras su alta hospitalaria. Era un viernes por la noche. No pasó un muys mucho tiempo antes de que se ocupara esa cama. Cuando llegó la señora con su hija, vi que parecían personas tranquilas. La hija hablaba en voz baja a su mamá, quien parecía que iba medicada con algo fuerte, porque tenía los ojos entreabiertos muy raros. No hablaba, sólo hacía gestos para expresarse al acomodarla en la cama. Mi hermana estaba en ese momento y también se portó amable intentando ayudar, pero sentimos que ponía como una barrera, como que no quería involucrarse con nosotras. La muchacha muy seria me dijo amablemente que era la hija de Lourdes. Nos dio las buenas tardes y luego cerró la cortina que nos separaba para darnos algo de intimidad dentro del cuarto. Después de eso jamás volvió a hablar conmigo o alguien más. Además, procuraban mantener sus cortinas cerradas supe hasta después. Por qué razón, aquella noche para amanecer un sábado de febrero, Raúl se había quedado a cuidarme y, como yo me oía, sentía mucho mejor. Nos habíamos puesto a platicar de la escuela donde trabajábamos, también de los pendientes y las cosas que habían pasado durante los meses que llevaba en el hospital. Raúl me decía que todo estaba bien en nuestra escuela de trabajo. Yo creo que para no preocuparme, pero sabía que nuestra directora estaba como loca a causa de haber perdido a dos maestros durante las vacaciones. También comenzamos a hablar acerca de la madrugada del accidente. Mientras estábamos en ese momento tan importante, porque no habíamos querido tocar el tema del momento del accidente, escuchamos unos ruidos extraños por el sonido. Pensé que estaba temblando, pero al mirar a todos lados no se movía nada. Aún así. Escuchaba como que algo vibraba, pero también como si crujiera, como si se torcieran algo o se tronara un metal, y sentí un miedo muy profundo, como era imposible que me moviera por completo. Volteé a ver con terror a todas partes. Sentía la urgencia de moverme y escapar de ahí. Raúl fue el que se dio cuenta que pasaba. Se acercó a mí con expresión de apuro y muy bajo. Me dijo que la señora de al lado tenía algo raro. Me dijo que de repente se habían comenzado a mover sus piernas como si estuviera temblando. Me quedé en silencio. Lo miraba esperando que los ruidos pararan. Terminó aquello en unos minutos, pero sentí que fue un tiempo muy largo. Raúl se quedó callado conmigo, acomodó su silla más cerca de mí para no alcanzar a ver nada desde la posición en la que estaba. Ambos nos tomamos de las manos sintiéndonos incómodos. Escuchamos cómo la hija de la señora la atendía. Luego la escuchamos salir hacia el pasillo para pedir que un médico fuera a revisar a su mamá. A los pocos minutos. El espacio estaba lleno de personas. El médico había llegado acompañado de otros jóvenes y el enfermero que nos atendía en ese turno nocturno. La señora, al parecer, tenía una enfermedad rara que le provocaba desmayos, algo que le ocasionaba que de repente perdía el conocimiento en cualquier lugar. También presentaba temblores, extremos cambios de humor muy drásticos y parecía que tenía tiempo sin poder caminar, sin explicación médica alguna. Tampoco tenía fuerza en la voz. Casi no hablaba. Ella tomaba muchos medicamentos para calmar todo lo que le pasaba. Su hija sabía todo de forma muy detallada y ella era la que informaba siempre lo que pasaba. Nos sorprendió escucharla como hablaba con el doctor, casi como un doctor con otro. No vimos nada por la cortina, pero escuchamos que aquello era algo nuevo lo que le pasaba a la señora, porque su hija parecía estar angustiada. El doctor se tomaba a su tiempo revisándola. Las luces fueron encendidas para verla bien y ella comenzó a llorar gemía de dolor. Se quejaba pero pero yo claramente escuchaba como si la voz se le hiciera alta y baja, como si fuera su voz primero y luego otra voz. Eso me mortificaba porque no podía ver nada, así que me imaginaba que la estaban moviendo ojalando muy fuerte. Pensé que la lastimaban. Los doctores le hablaban con tranquilidad para intentar relajarla. Ella sólo se agitaba más y más. Su voz se escuchaba como cuando haces mucho esfuerzo. La hija le decía que no le estaba pasando nada, que se calmara. El enfermero entró a inmovilizar a la señora Prendieron la luz de todo el cuarto. Ella se movió muy brusco o algo así. La sombra de la cortina medio dejaba ver que ella se contorsionaba como una serpiente. Los dos chicos estudiantes de medicina así como el enfermero, se movían de un lado a otro haciendo que la cortina y los objetos alrededor sonaran. Ella no paraba por más que se lo pedían. También se escuchaba como la cama rechinando, pero esos rechinidos eran inexplicablemente fuertes, agudos y lastimosos para los oídos. A pesar de lo raro de aquella situación, hasta ese momento me pareció normal. Todo otra persona más sufriendo una enfermedad mientras la hija hablaba con el doctor. De nuevo escuché esos rechimidos raros de cuando ella comenzó a temblar y los chicos doctores le dijeron al doctor que ella se estaba lastimando los dientes rechinándolos. Tras decir eso comenzó a descontrolarse la situación de la señora comenzó a quejarse. El temblor se apoderó de ella tan intensamente que podíamos escuchar cómo vibraba toda la cama. La hija sacó su teléfono y comenzó a grabar lo que pasaba desde el lado donde estaba mi cama, desde la esquina cerca de mi cama. Apuntaba con su celular a la cama de su mamá mientras los médicos y el enfermero se hacían cargo de ella agarrándola. Sentí que el enojo se apoderaba de mí cómo se le ocurría a la hija grabar a su madre. En ese momento me intenté mover por instinto. Me aferré a Raúl y él a mí por el miedo. Yo quería decirle que estaba loca la hija por estar grabando aquello, pero no podía hablar. Sentía que estaba mal moverme Me sentía tensa de cada parte del cuerpo como si sintiera algo que me inmovilizaba. Era como si estuviera esperando a que algo malo pasara. No sentí el dolor hasta rato después, incluso no sentí cuando di un pequeño salto hacia los brazos de raúl en el momento que dos o tres episodios de temblores seguidos parecieron despertar las cuerdas vocales a la pobre mujer quien decía bajito, que tenía miedo, que tenía mucho miedo. Al escuchar aquella voz quebrada, se me erizaron todos los vellos del cuerpo. Luego un grito ahogado de miedo se escuchó de varias personas en el cuarto ella, tras terminar un temblor más dijo llorando ahogada. Ahí viene el de De nuevo. Esa fue la primera noche que no podía dormir desde que me habían quitado los medicamentos para que pudiera descansar por la noche. Comencé a sentirme intranquila tras escuchar todo aquello. Las sensaciones del cuarto me dejaban sofocada en alerta y mi novio estaba como si nada se había quedado dormido recargándose en el barandal, A pesar de que en el hospital siempre hay luces apagadas en la noche para dejar dormir a los pacientes. Ese fue el primer momento en que sentí que la oscuridad del Cuarto me daba miedo. Comencé a tener emociones desastrosas. Imaginaba que me iba a morir y nadie se iba a dar cuenta. Pensaba que la pierna se me estaba pudriendo y que nadie se iba a dar cuenta raúl dormía en la silla, recargado en el barandal de la cama, pero aún teniéndolo tan cerca, sentí que estaba sola. Comencé a abrumarme por un miedo terrible, que no entendía de dónde venía en la oscuridad del cuarto. Recuerdo que él escuché una mosca volar, pero eso era imposible. Cómo se iba a meter una mosca al hospital. Intentaba tranquilizarme porque pensé que ya estaba escuchando cosas por la histeria. Cuando me pasaron el medicamento de la noche, le dije al enfermero que estaba muy nerviosa por lo que le pasó a la señora muy comprensivo. Me dijo que me entendía que iba a ver si podía pasarme algo para que pudiera descansar rato. Después llegó con un medicamento. Tras eso tuve un sueño profundo e intranquilo. Recordaba fragmentos del accidente que tuve y sentí que de nuevo me dolía la pierna, pero en mi sueño había perdido la pierna. Incluso me vi sin una mano. Aún así me dolía. Soñé que estaba en aquel cuarto de hospital. Todo se veía igual como si estuviera despierta, pero al mirarme no estaba mi mano derecha ni mi pierna derecha. Me buscaba con terror, pero no había nada y era horrible. Llenando de oscuridad la cortina que me separaba de la mujer que temblaba alrededor. Parecían haber un zumbido de moscas por todos lados, pero no lograba ver ninguna mosca. Desperté con calor. A pesar de ser muy temprano por la mañana, el cuarto se sentía caliente y sofocado. Raúl estaba despierto mirando a la nada. Cuando me miró agitada, me preguntó cómo estaba En ese momento. Escuchamos al urdes hablar de nuevo con voz quebrada y dijo lento está viniendo. Tras eso, su hija salió corriendo del cuarto. En segundos comenzó un temblor de la cama, seguido de golpes. El colchón sonaba fuerte. También vimos cuando le dio un golpe a la cortina estaba convulsionando. Un médico distinto al de la noche llegó ella sacó su celular. Luego le contó todo lo que había pasado por la noche mientras le mostraba el vídeo. Pero en medio de la explicación, ambos se lanzaron hacia la cama. Dejé de verlo si sólo escuché que comenzó a r llamar a las enfermeras. Yo me arrepentí de estar molesta por pensar que la hija se quería hacer famosa por los videos de su madre enferma. Tras decir muchas indicaciones, el personal del hospital se movía con rapidez, lourdes empeoraba y de la nada un grito desgarrador salió de su boca. Era irreconocible esa voz en ella no parecía la temblorosa voz femenina que había escuchado cuando decía que algo venía justo después de aquel grito llegó corriendo una mujer que era parte de los servicios sociales. Pero también escuché tras el grito que alguien por los pasillos robó a Dios diciendo en voz alta que aquel grito no parecía normal. Raúl se había parado de su silla. Se dirigió hacia mí y me abrazó con fuerza tapando mis oídos. Me dijo que no escuchara, que no volteara a ver, pero en el pequeño intento que hice por saber por qué merecía eso alcancé a ver que había un charco de sangre en el suelo. Goteaba sangre de la cortina. Me regresé al pecho de Raúl buscando refugio, mientras un aroma podrido llenó por completo el cuarto. El miedo me hizo temblar y tuvimos que llamar a la enfermera para que me pusiera algo. El dolor comenzó a ser insoportable en mi pierna, pero también el aroma ha podrido era peor y vomité La enfermera me dijo que esperara, pues comenzó a hacer algunas maniobras en la cama de la señora. Al parecer, algo estaba mal en sus desechos. Olía a sangre con algo descompuesto. Un sinfín de médicos comenzó a llegar la mañana. Se volvió un caos la hija de la señora se salió a llorar, Escuché sus súplicas y aguantando el dolor, escuché cómo raúl comenzaba a rezar en ese momento lo supe acompañada de la certeza de la presencia aterradora del mal absoluto en ese cuarto, con una risa burlona de Lourdes, me confirmaba que el demonio estaba con ella y, por ende, al lado mío era como estar en una película de terror como a las tres de la tarde. El sol se colaba muy fuerte por la cortina en mal estado del cuarto. Desgraciadamente, yo estaba justo al lado de esa cortina dormitada sin poder despertar bien a causa de los medicamentos para el dolor. Mi mamá estaba conmigo a esa hora del día. Había relevado a mi novio y estaba tratando de acomodar unas sábanas para combatir la entrada del sol al cuarto, cuando terminó por romperse por completo la vieja cortina. Al caer el sol nos dio de lleno a todas las pacientes, a pesar de las cortinas que nos separaban. Y fue entonces cuando la señora de Allado comenzó a gritar. Después una serie de temblores le dieron en el cuerpo. De nuevo, mi mamá se persignó porque ella jamás había visto a alguien así de enfermo. Yo le intentaba explicar que todo iba a estar bien para que no se asustara. Tras pasar la crisis, su marido se puso como el con mi mamá Le dijo que por qué había tocado la cortina. Su esposa estaba teniendo sensibilidad al sol, pero eso era imposible que lo supiéramos. Tras varios comentarios groseros, entró una enfermera a calmar al esposo de la señora Lourdes, quien comenzó a gritar y pude ver cuando él movió por completo la cortina, entrando a tocar a su esposa agarrándola de los hombros. Vi que Lourdes tenía las venas muy vistosas en su piel, casi transparente. Se veía amarillenta de la cara, Los ojos se veían amoratados, se volteaban quedando blancos exponiendo sus hojas venas. El temblor comenzaba a subir por sus piernas. Ella bajito decía ahí vienen. Primero comenzaron a brincar sus pies. Poco a poco se extendió a sus piernas y al llegar al torso, ella se arqueaba un poco hacia arriba, exponiendo su estómago, dejando ver cómo se mojaban las sábanas. Cuando se orinaba las manos se ponían rígidas te n n n ns menos violento que el resto del cuerpo y su marido evitaba que se moviera mucho de su cabeza, sosteniéndola de los hombros. Mi mamá se persignó varias veces del espanto. Yo no podía apartar la vista, pero al mismo tiempo no quería ver y de pronto bajo los ojos mientras temblaba, volteó el rostro y nos miró. Era como si sus ojos brillaran de maldad. Algo había en ella que nos miraba desde sus pupilas brevemente parecía cambiar su pupila mientras la atacaba violentamente el temblor. El esposo comenzó a gritar para pedir ayuda. Aquel episodio estaba durando mucho más de lo que habían durado antes. Lourdes nos miraba temblando, moviéndose sin control, pero con la vista clavada en nosotras. Al fijarse en mi pierna sonrió, sé que sonrió de maldad y aunque mi mamá diga que estaba yo muy alterada, sé que ella maldijo mi curación porque no he podido recuperar totalmente el movimiento en mi pierna. Supe que él mismo de mor me miraba a través de sus ojos y creo que es algo que no debí ver. Por eso me maldijo En ese momento, los escalofríos me recorrieron todo el cuerpo, haciendo que mi pierna y mi cuello comenzaran a moverse en espasmos provocando mucho dolor. Era como un calambre, pero creo que tiritaba de miedo. El cuarto había pasado de estar con una sensación sofocante a estar helado como yo. Tenía más de un mes en ese cuarto sabía que al bajar el sol se sentía mejor el ambiente menos caliente y no me explicaba como ahora de pronto era un frío el que nos congelaba. El dolor insoportable se apoderó de nuevo de mi pierna. Era tanto que las lágrimas se me salían, a pesar de que intentaba aguantarlo hasta que llegara mi madre, quien había salido a toda velocidad a buscar a alguien que me ayudara. Volvieron a cerrar la cortina que me separaba de Lourdes y yo caí en un sueño profundo por el medicamento para el dolor y me y mediodiatamente después de que los aplicaran de nuevo. Tuve sueños intranquilos. Soñaba con el accidente en el carro, pero ahora veía que el hombre descarnado de rojo sangre iba de piloto. Me llevaba a estrellarme directo con la parte trasera del camión de carga. Una risa iba y venía así como mi angustia, aunque no recuerdo que más soñé la angustia me consumía desperté cuando mi mamá me dio un beso en la frente. Había caído la noche y le tocaba dejar subir a mi hermana para que me cuidara. El cuarto se sentía frío. Yo tenía una cobija más sobre mí. Mi hermana llegó y entró con cara de miedo. Me dijo que no sentía bien el ambiente del cuarto. Ella cree mucho en las vibras de los lugares. Yo no podía bailar bien las ideas. Estaba comenzando a sentirme realmente mal. De nuevo, la temperatura del cuarto comenzó a aumentar y con ella una nueva crisis de la paciente. A mi lado. Esta vez la intensidad era menor, pero los gritos de su garganta eran incontrolables. Gritaba que venían. Luego lloraba mientras el temblor la invadía, haciendo vibrar su cama, dejando que sus fluidos salieran por todos lados, haciendo que el cuarto tuviera aroma fétido. El esposo de la señora se había quedado en la noche. También él le decía que se tranquilizara y que dejara de sobreactuar lo. Escuché regañarla mientras ella gritaba, mientras temblaba. Mi hermana se levantó de su silla y se fue directo. A mi lado me abrazó, diciéndome si tenían mucho rato. Así, le dije que desde que ella se había ido, habían pasado cosas muy raras. Poco a poco le conté lo que había visto y oído. Intentaba resumir todo en pequeñas frases. El cansancio me ganaba, pero también no quería sonar chismosa ante los oídos del señor. Mientras mi hermana y yo platicábamos en secreto, escuchábamos que los episodios se descontrolaban, iban o venían ar enfermeras. El enfermero de la noche anterior se volvió el blanco de una ira inexplicable de la señora comenzó a acusarlo de querer matarla. Le decía que ella lo iba a matar primero porque sabía que era un sucio enfermo, que ella sabía lo que él hacía con los pacientes. El doctor intentaba calmarla. Le pedía a su esposo que la sostuviera. La estaban amarrando a la cama. Lo supe porque escuchábamos claro todo, pero absolutamente todo lo que iba indicando el doctor. Cuando entró de nuevo el enfermero con la dosis que había solicitado el doctor, la señora comenzó a escupirle. También se vomitó. El doctor salió y llamó a unas personas para sostener a la señora en lo que comenzaba a hacerle el medicamento que le había puesto. El enfermero, mientras le gritaba lourdes enloquecida afuera, comenzaron a hablar el esposo. El médico y el enfermero atacado. Apenas entendimos algo de lo que hablaban, pero era evidente que todo estaba mal. Parecía que le solicitaban un consentimiento al esposo para cambiarla. De lugar. También escuchamos al enfermero alterado con el esposo por lo que había pasado. Mi hermana y yo ya estábamos abrazadas por el terror e intentábamos rezar porque era insoportable el aroma también los gritos y las actitudes de la mujer nos comenzó a suceder algo muy raro. Por más que intentábamos hilar una oración, se nos olvidaba. Fueron momentos de sentir sólo un pánico extremo cuando escuchamos que estaba calmado adentro. Aunque la plática del médico seguía con el esposo, Mi hermana tuvo que salir al baño, a pesar de que le dije que quizás no era buen momento. Ella no podía esperar. Tras salir pasó un buen rato y no regresaba. Pensé que había quedado muy impresionada, o quizás estaba escuchando más de cerca la situación con las indicaciones del doctor para enterarse bien de lo que estaba pasando, pues es algo que le encanta conocer los detalles de las cosas. Mientras me preguntaba dónde se había metido mi hermana, la señora de la cama, al lado de la entrada había comenzado a toser de nuevo, primero despacio, luego de forma incontrolable. En segundo césato se había convertido en un sonido agonizante. Un hombre mayor que quizás era su esposo había salido llamando con urgencia por ayuda. Como dije en segundos latos se había convertido en otra cosa. La señora estaba teniendo problemas para respirar y se ahogaba de nuevo. Escuché todo casi muere esa paciente. Habían sacado a todos el cuarto no dejaron entrar a mi hermana ni al esposo de la señora Lourdes, quien parecía molesto mientras revivían a la señora en crisis. Eso ha sido lo peor que he escuchado en mi vida. La risa de una mujer que estaba poseída es la cosa más horrible que he escuchado. Mi n mi hermana rr llorando al cuarto cuando al fin pudieron salvar a la señora que se ahogaba. Esa señora fue sacada del cuarto donde estábamos y fue llevada a otra zona para cuidarla. A la señora Lourdes, la que estaba en la cama de al lado, se le informó que iba a ser trasladada lo antes posible a la clínica para tratamientos especiales con personas en crisis nerviosas. Los resultados de sus exámenes indicaban que no tenía más males físicos que su rara enfermedad. Así que cada cosa que había experimentado, como los temblores, parecían ser sólo respuestas de su mente intranquila y enferma. Mi hermana intentaba no llorar mientras escuchábamos todo. Le afectó mirar a la agonizante mujer de la tos vi su pánico. Cada vez que pasaba por el pasillo de salida. Ella podía ver a la señora Lourdes me dijo que parecía sonreír de forma diabólica. Cuando ella pasaba, mi pobre hermana estaba muy afectada. J n l j ra que uar que había visto una mosca pegada a los ojos en blanco de la señora Lourdes y que eso no era normal para ella. Fue ver la escena de una película de terror, verla reír sonreír torciendo las manos o cuando la miraba llorar mientras se movía en temblores agresivos. Por mi parte, no quise decir más cualquier cosa que le confirmara a ella podría ser que entrara en pánico, ya que siempre ha sido más creyente que yo de las cosas paranormales pero sé que esas noches, desde que llegó la paciente Lourdes al cuarto hasta que se la llevaron el lunes por la mañana al psiquiátrico, el diablo nos rondó cerca todo el tiempo, impregnándonos de su maldad, pues el aroma ha podrido nunca se fue y la siguiente persona en ocupar la cama de ella falleció al poco tiempo de ser instalada. Relato escrito y adaptado por lengua de brujo