Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / Cometí Un Error Que Casi Me Cuesta La Vida Historias De Terror - Voces De La Noche
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- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más comenzamos. Soy Natalia, una persona de veinticinco años a la que le gustaría compartir su historia. Todo comienza en el lugar donde vivo. Me encuentro en las faldas de un famoso cerro en la Ciudad de México. Aquí es muy común todo tipo de leyendas que se cuentan entre las personas que vivimos Aquí. Me ha tocado presenciar muchas cosas. Puedo asegurar que los cerros son lugares que esconden demasiadas cosas. En ellos pasan su vida todo tipo de personas y las anécdotas que te cuentan las personas mayores son maravillosas. Todo comienza a mis quince años, cuando me encontraba a punto de salir de la secundaria, mi escuela quedaba bastante lejos de mi casa. Debido a esto. Conocía personas de distintos puntos de la ciudad que nos trasladábamos para estudiar. Ahí. Conocí buenas y malas personas, entre tantas. Conocía a dos amigos, uno se llamaba Hugo y el otro Mauricio. Ellos fueron grandes amigos míos durante toda la secundaria. Sin embargo, normalmente se saltaban las clases o tenían malas calificaciones. Hugo, que era el más aventurero, tenía un padre escritor. Él ya había escrito algunos libros y casi siempre se la pasaba peleando con él por qué quería que pusiera mayor atención en clase y se hiciera de un buen futuro. Hugo nos platicaba que en casa tenía muchos libros que su padre había leído a lo largo de su vida. Entre ellos tenía uno bastante especial que a él le interesaba bastante. Aquel libro hablaba acerca de cómo hablar con los muertos. Era un libro de invocaciones que te ayudaba a poder contactar con las entidades que ya no se encuentran en este mundo. Como siempre hablaba de ese libro y como algún día se lo quitaría a su padre y junto con Mauricio y yo, haríamos todo lo que viene escrito en él. Sin embargo, nunca lo creímos capaz de eso hasta que un día, a la hora de la entrada hubo nos enseñaría el libro. Parece que finalmente lo había obtenido y quería hacer lo que venía ahí lo más pronto posible, simplemente por el morbo o la curiosidad de que era lo que pasaba por aquellas fechas en casa. Fue una etapa bastante difícil, ya que falleció una tía que vivía con nosotros en casa. Éramos mi papá, mi mamá, mi tía, mi abuela y yo éramos muy unidos y no había pasado mucho desde que aquella tía se había ido. Así que el tema de los muertos era algo que me inquietaba un poco para ser honesta. En mi inocencia. Pensaba que quizá podría contactar a mi tía y le daría el mensaje de que en casa la queríamos mucho y que la extrañábamos con todo el corazón. Nada más A r alejado de las intenciones de aquel libro Maldito hubo nos convenció a Mauricio y a mí de ir a un parque que se encontraba cerca de la secundaria a probar lo que venía en aquel libro. Fuimos y estuvimos un buen rato intentando descifrar cómo se manejaba aquello. Finalmente nos dimos cuenta de que en él venían algunas oraciones o plegarias en un idioma bastante raro, apenas si podíamos entender qué era lo que venía ahí. Sin embargo, a nuestra manera tratamos de recitar las cosas que en él venían. Algunas partes venían en español y nos pedían cosas específicas para hacer el ritual de contacto, como lo eran velas, tierra de panteón, un listón negro, espejos agua, etc. Había muchas cosas que no teníamos a la mano. Pensamos que el hecho de leer el libro no nos traería consecuencias, pues al final simplemente era leer un libro. Nos equivocamos bastante. Aquel día, después de todo eso, fuimos a casa al terminar las clases. Nos habíamos quitado aquella curiosidad y ahora no quedaba más que seguir con nuestras vidas. Esa noche fue horrible Para mí y al parecer, también para mis amigos, le habíamos dado lectura a cosas muy delicadas. Pensamos que no tendría consecuencias el simple hecho de leerlo, pero no fue así. Por la noche justo al irme a dormir, recuerdo bien que había luna llena. Mi cuarto está en la parte trasera de la casa. Da a un árbol muy grande y espeso. Al lado de aquel árbol se puede ver la ciudad. Me gustaba pasar mucho tiempo viendo a través de la ventana. Sin embargo, aquella noche, mientras me encontraba apreciando la luna, pude observar una especie de ojos enormes que me miraban a través de aquel árbol. Era como si alguien estuviera escondido en él. Me percaté enseguida de esa presencia, ya que podía sentir la incomodidad de aquella mirada al voltear a ver aquel árbol me di cuenta de que algo o alguien me estaba viendo fijamente. Sin embargo, no parecían ser los ojos de una persona. Estaban brillando excesivamente y tenían un color muy amarillo. Eran grandes y también parecían estar muy lejos del suelo, como si de una persona extremadamente alta. Se tratara. Este primer contacto en la primera noche fue sólo el aviso de las cosas que vendrían posteriormente. En la recámara de mis padres había muchísimas figuras religiosas. Ellos adoraban a varios santos y les gustaba tener su casa llena de ellos. Su cuarto no era la excepción. En las repisas colocaban santos de distintos tamaños y de distintos colores. Esto no era por miedo o para proteger la casa. Simplemente los tenían para adornar y hacer ver, según ellos, más bonita la casa y como cualquier figura la tienes viendo hacia al frente. En la mañana siguiente, después de lo que pasó en mi ventana, estos santos estarían de espaldas, es decir, totalmente volteados a como mis padres lo sabían dejado. Ellos son personas muy valientes. Sobre todo mi papá no le gusta tocar temas de fantasmas o espíritus, porque, según él, le aburre. Pero esta vez realmente estaban muy impresionados de lo sucedido. El ser humano siempre trata de buscar explicación a los sucesos más increíbles, y ellos pensaron que la noche anterior había temblado o algo así y por eso habían amanecido así. Pero estaba lejos de la realidad, pues se acaba de despertar algo muy malo y debíamos pagar las consecuencias. A partir de ese día, en mi casa sucedieron toda clase de fenómenos partiendo claro a consecuencia de aquel libro. Supuestamente, Hugo lo había tomado por simple curiosidad, pero lo que él no sabía es que el libro era realmente para contactar con los muertos y realizar trabajos de brujería. Si bien nosotros no habíamos contado con todo lo necesario para poder llevar a cabo los rituales, si logramos despertar algún mal, una entidad que nos perseguiría en casa tenía una gata y ella ya tenía algunos años ahí, Sin embargo, tenía muy desarrollado su oído y podía escuchar ruidos bastante lejanos en aquel árbol que daba a mi ventana semanas posteriores a la manifestación que conté anteriormente se verían y escucharían cosas aterradoras. Aquella noche yo me encontraba a punto de dormir, ya estaba casi lista para perderme entre los sueños cuando escuché que alguien tocó a través de mi ventana. Eso era imposible, ya que mi ventana está a varios metros del suelo. Pero era muy tarde y evidentemente, no había nadie ahí. Para mi sorpresa, los golpes serían cada vez más fuertes e insistentes y entre cada golpe se escuchaban pasos que recorrían mi techo de un lado a otro. Mi casa está construida de una manera muy curiosa, en la que mi cuarto es la parte más alta de la casa, es decir, sobre mi techo o no ryo y absolutamente nada, y tampoco hay un acceso desde otro lugar para poder subir. Traté de buscar alguna explicación de aquello, pero no había y no me atrevía a mirar por la ventana por qué sabía que probablemente no habría nadie peor. Podría encontrar algo muy aterrador. Traté de ignorarlo, pero antes de que pudiera pensar otra cosa, algo ojalaba rápidamente mi cobija, mi gata saltó y huyó de la recámara. En cuanto la cobija se movió. Las personas entenderán el terror que se siente cuando algo en tu cama se mueve y no haya absolutamente nadie. Creo que en mi vida había estado tan fría como en aquel momento. Cerré los ojos y me puse a orar. Siempre he sido muy creyente de la Virgen María y sabía que ella podía parar todo eso. Me encontraba temblando y en un impulso salté de la cama y me dirigí a mi puerta me sentía más a salvo con mi gata. Ahí, sin embargo, no quiso entrar. Se escuchaba su cascabel alejarse por el pasillo abandonando al voltear de nuevo a mi cama, Casi me infarto, pues pude ver una señora muy mayor sentada a un lado de mi almohada, viendo hacia el suelo, con su cabello gris, muy despeinado y una blusa color negro que se iluminaba con la luz de la ventana. Se encontraba con las manos en los ojos, cubriendo su rostro, llorando y sollozando, preguntándome por qué había hecho eso, para que si no había ninguna necesidad, yo no podía creer el encuentro que estaba teniendo. Mis manos temblaban y mis piernas se sentían débiles. Salí corriendo de mi cuarto tratando de buscar a mi abuela, que era la persona que dormía muy cerca de mí, rápido. Entré a su cuarto y me metí a su cama llorando. La abracé y le conté acerca de lo que había visto. Decidí contarle acerca del libro y de lo que habíamos leído entre lágrimas. Me regañó, pero me perdonó por haber hecho eso y me dijo que ahora tendría que ir a la Iglesia a pedir perdón por haberme metido con los muertos. Y así fue. Al otro día. Mi abuela me acompañó a la Iglesia para que yo pudiera pedir perdón por lo que había hecho. Me prometió que no le diría a mis padres y que todo acabaría ahí, que no tendría de qué Preocuparme entré a confesarme con el padre y él me otorgó los rezos que tenía que hacer para ser perdonada. Regresamos a casa y unos días transcurrieron con normalidad hasta que una noche soñé con mi tía la persona que había fallecido en mi sueño, ella se veía bastante mal y su cara se encontraba deformada y tenía lumbre en su cuerpo. Me gritaba y me reprochaba del por qué leía aquel libro. Me decía que la había condenado para la eternidad Y ahora no podría descansar en paz, que yo sería la culpable de su castigo Y ahora no podría ver la luz en mi sueño y en mi cama. Yo me encontraba llorando atormentada por aquellas palabras y pensando que un simple libro había traído todo eso a mi vida. De pronto, aquel terrible sueño, que más bien era una pesadilla, culminó con un grito desde afuera de mi ventana. Un lamento desgarrador y muy fuerte se hacía presente. Busqué por todos lados a mi gata, pero no estaba. Se había ido. La puerta permanecía abierta lo suficiente para escuchar cómo una persona iba corriendo directamente hacia mi cuarto. Se detuvo aquel ruido justo antes de cruzar la puerta y ésta se cerró fuertemente. Una sombra cruzó el centro de mi ventana y al voltear ahí estaba aquella señora de la primera vez, pero en esta ocasión podía ver su cara era igual a la de mi tía, pero algo no estaba bien. Tenía un aspecto triste y aterrador. Su piel parecía extremadamente pálida y sus ojos no tenía vida y eran de un color negro profundo. Sus manos eran huesos, con uñas largas y repentinamente cayó de espaldas. Pude escuchar en mi habitación un grito como si estuviera sucediendo a un lado de mí. Lloré lloré tan fuerte y tan desesperadamente que mis padres y mi abuela entraron a mi cuarto. Estaba totalmente perdida. No podía escuchar lo que decían, pero parecía que me gritaban y me sacudían. Dice mi abuela que parecía poseída con la mirada perdida y los ojos dirigidos a cualquier parte. Ellos se asustaron mucho, ya que pensaron que se trataba de un infarto o de algún ataque de epilepsia y cuando pude regresar otra vez solamente pude decir perdón una y otra vez pidiéndole perdón a mi tía, rogándole a Dios que me perdonara. Después de varios minutos en los que me encontraba bastante mal, platiqué con mis padres al respecto, les dije lo que estaba tramando Hugo desde hace un tiempo. Ellos lo conocían también a Mauricio y jamás pensaron que pudiéramos tomarnos tan a la ligera. Todo eso. Hablé con ellos y les expliqué que ya les había platicado a mis amigos lo que estaba pasando en mi cuarto, pero al parecer, a ellos no les estaba pasando nada similar. Quizá era el hecho de que yo acabo de sufrir una pérdida y todo esto fue más fácil. No lo sé. Yo sólo quería que todo acabara de una vez por todas. La mejor idea que tuvieron mis padres era llevar agua bendita a la casa. Según ellos, la rociarían en mi cuarto y dejarían algunos santos en mi cuarto para que pudieran resguardarme. Ellos confiaban mucho su devoción en los santos y estaban seguros de que podían ayudarme. Los días en la escuela fueron bastante extraños. No tenía ganas de hablar con mis amigos. Al parecer había condenado el descanso de mi tía por un tonto juego de niños que no entendían el poder de un libro. Quisiera poder haber regresado el tiempo y no haber hecho eso. Me hubiera ahorrado muchos traumas y cosas terribles que vi aquellas noches entre mi familia y yo. Decidimos que lo más sano era ausentarme de la escuela un tiempo algunas semanas para poder descansar en mi cama. También comencé con cansancio y sueño excesivo. Quizá todo eso se estaba apoderando de mis energías y me encontraba muy débil debido a que ya no me quedaba más fuerza. Me sentía muy mal, con mucho frío y también muy insegura, como si estuviera a punto de pasar algo sumamente malo. Así fue como en una de esas tardes ni siquiera había caído la noche. Mis padres salieron a comprar las cosas de la comida. Mi abuela estaba en la sala, pero al pendiente de mí por si algo malo pasaba y yo estaba escuchando un poco de música, cerré mis ojos un momento y sentí como si algo me soplara la cara, yo podía sentir la presencia de alguien sobre mí. Viéndome de muy cerca. No quise ver que era subí el volumen de mi aparato como pude y me aferré a no perder mis audífonos. Apreté los ojos con todas mis fuerzas para no abrirlos. Sentía un miedo terrible, pero tampoco podía gritar ni hablar como aquella vez parecía que mi voz no se escuchaba. Estaba experimentando algo similar a las parálisis del sueño. Esos episodios donde dicen que se te sube el muerto. Comencé a sentir cómo se me dormían las extremidades y algo seguía sobre mí, soplando mi cara y mi cuello con un frío helado. Sentí unas manos que literalmente parecían de hielo rozar mi cuello. Y justamente cuando pensé que perdería y abriría los ojos, me empezó a faltar el aire. No podía respirar y ahora tampoco podía abrir los ojos. Pensé por un momento que me había quedado ciega, no me movía, no hablaba y ahora no veía. Fue la peor experiencia de mi vida. En aquellos instantes juro que quería morir a seguir sintiendo todo eso, y lo único que pude hacer fue imaginarme a Dios. Traté de pensar cómo sería entrar al paraíso y de la nada pude abrir los ojos y ver me encontraba temblando. Los santos a un lado mío se encontraban nuevamente de espalda a mí y el reloj de mi cuarto se había detenido. Me zumbaban los oídos y mi gata se escuchaba maullando al fondo del pasillo. No tenía fuerzas para ponerme de pie. Con el poco aliento que había recuperado, pude llamar a mi abuela, pero parecía que ella no me escuchaba repentinamente. Los santos que estaban volteados Dándome la espalda, giraban muy lentamente y volteaban a su posición de siempre apenas y podía abrir los ojos. Me sentía muy débil y en mi mente sonaba una y otra vez la voz de mi tía, preguntándome por qué una y otra vez sin parar pidiéndome una explicación de lo sucedido, pero yo no sabía qué responder de la nada me quedé dormida o me desmayé. No sabría explicarlo. Cuando desperté, no tenía ganas ni de comer. Aquel día hicieron mi comida favorita para darme ánimos. Mis papás sabían que estaba en una pésima situación. Los veía muy tristes y sobre todo, decepcionados de mí, ya que ellos habían hablado durante mucho tiempo conmigo acerca de todo lo malo que hay en este mundo, que siempre hay que tenerle un respeto a los muertos y nunca debemos meternos en su plano. He tenido siempre la creencia de que las almas que aquí se encuentran penando es porque aún no saben que han muerto. Ellos piensan que aún pertenecen a nuestro mundo, que siguen entre nosotros y no se dan cuenta de que ya no que se han ido. Sobre todo la gente que muere sin saberlo. Es decir, todas esas personas que han muerto en accidentes espontáneamente o por una caída no sabrán nunca el momento exacto de su muerte. No están resignados como las personas que se encuentran en un hospital. Lamentablemente, nosotros no dejamos que esas almas descansen por morbo o por inocencia. Buscamos despertar de su sueño eterno a aquellas almas y sufrimos las consecuencias de todo eso. Mi tía falleció muy joven. No entendía por qué Yo la veía muy diferente o si r renolmente era mi tía, quizá era algo más que había tomado su forma y estaba tratando de burlarse de mí. No lo sé, pero mi tía se miraba triste y muy distinta. Ella murió en un accidente. Había sido atropellada por un camión una tarde en la que salió de casa aquella noche apenas y pude dormir en la madrugada recostada en mi cama, viendo directamente a la ventana, esperando que algo pudiera aparecer nuevamente, sentí una mano esta vez un poco más cálida. Esta mano me recorría de pies a cabeza y se sentía tan real que yo podría jurar que era alguien de carne y hueso, pero no era así. Esta mano con dedos muy delgados y uñas alargadas, era muy tétrica y siempre he pensado que quizás se trataba de la muerte que estaba pensando en llevarme cerré de nueva cuenta mis ojos esperando algo mucho peor, pero no fue así. Simplemente escuché los mismos pasos de la primera noche, caminar de un lado a otro del techo yendo tranquilamente de una dirección a otra. Quizá divirtiéndose con mi miedo o jugando incluso conmigo y de un momento a otro yo me encontraba soñando. Me perdí en un sueño muy oscuro, en el cual algo me hablaba en un idioma que yo no comprendía. Me susurraba al oído, pero no había nada, ni siquiera sabía en dónde estaba. Parecía ser una bodega muy grande y fría estaba encerrada y cada vez todo a mi alrededor se hacía más pequeño. Sentí un golpe en el hombro y era mi abuela con un rostro un tanto preocupado y me decía llorando que despertara por qué. Me movía muy raro y decía cosas muy extrañas. Me solté a llorar y la abracé. Yo solamente quería que eso parara definitivamente con ayuda de mi familia y la fe pude salir de ese problema. Fuera lo que fuera. Aquello era más poderoso de lo que podíamos suponer. Me tomó varios meses y muchas terapias psicológicas el dejar todo eso atrás. Fueron experiencias muy fueras para mi edad y es algo que me marcó literalmente para siempre. No tuve intenciones de volver a hablar con Hugo el acercarme con personas que pensaba eran buenas. Me trajo malas experiencias. No estaba dispuesta a repetir aquellos errores. Con el paso del tiempo supe elegir mejor a mis amistades y también entendí el valor de la vida después de la muerte. Historia escrita y adaptada por Hugo de Gante