Latest / Qué mi mamá no se entere / E14. Ve y tráeme| El arte perdido del mandado
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- Marco: para ser techinos. Gina: Yo ya soy china, no necesito tu voz para hacerme... Caro: Te olvidó. Marco: Así señor, se le olvidó quitarse el tubo. Gina: A ver... que sí puede pasar. Ok, ya vamos a grabar. Ya estamos grabando. Hoy vamos a hablar de algo que marcó profundamente a toda una generación mexicana, el mandado. Caro: Es el momento donde tu mamá te daba dinero pero demasiada responsabilidad para tu edad. Marco: Porque si amigos, los niños de los 80 y los 90 no tenían chatjpt ni google maps para salir de apuros, esto era la jungla. Caro: era o nosotros el Uber Eats, versión infantil y análoga. Impensable hoy en día. Gina: Y bueno, bienvenidos a Esto que es que mi mamá nos entere. Caro: Aunque ya toda la colonia sabía. Marco: y el señor de la tienda también Yo soy Marco Gina: Yo soy Gina. Caro: Y yo soy Caro. Gina: Y vamos a empezar con esta pregunta. ¿Por qué nuestras mamás confiaban tanto en mandarnos solos? Aunque yo creo más bien que les daba flojera y que más bien les valía. Marco: Yo tengo ahí como una duda, no sé si era un acto como de independencia y responsabilidad o de irresponsabilidad, porque bueno, pues México en la década de los 80 y los 90 era como otro planeta, todo el mundo confiaba en todo mundo, la colonia era como tu extensión de tu territorio, era este, ahí se aplicaba la de mi barrio me respala porque se conocían todos y pues al final generabas estos vínculos de conocer al señor de la carnicería, al señor de la tortilla, el señor que arregla los zapatos, la señora de la tintorería, entonces era como, pues yo quiero creer que para las mamás era muy confiable así como de, ⁓ pues es doña chonita la de las tortillas, ve y tráeme. Caro: Pues sí, pero aunque a veces sí te cuidaban esos conocidos vecinos, te cuidaban, ¿no? O te observaban, yo creo que también porque... o sea, lo único que hacer, ¿no? No había nada que hacer, entonces, era como su entretenimiento gratuito. Lo peor era que a veces, cuando haces algo mal, o que no debías, te acusaban. Gina: Yo me acuerdo perfecto. sea, cuando vivíamos en la Ciudad de México, la verdad es que ni me acuerdo. Me acuerdo muy vagamente de la tiendita de la esquina y mira que sí teníamos, no en la esquina, esquina, pero cerca. Pero cuando íbamos a visitar a mi abuela materna en Veracruz, ahí sí había una tiendita de la esquina, la típica, sí, la típica, y el señor se llamaba Mayolo, don Mayolo. Entonces nos encantaba. Él sí sabía la vida de absolutamente todos. Caro: Mm-hmm. Gina: Y sabía cuando íbamos de vacaciones y una cosa que nos encantaba que él hacía eran unas tortas, sea eran bolillos tal cual, ni siquiera tortas, eran bolillos con queso fresco adentro. Y creo que unas gotitas de vinagre. Porque ya sabes que en México lo mismo. Caro: Te preguntaba, ¿picosa o sin pico? ¿Con chile sin chile? Marco: y defendemos. Gina: Y ese era uno clásico, ir a la tienda de la esquina de Don Mayolo por nuestros teleras con queso. Caro: Siempre platicamos que lo mejor, lo más rico de esa torta eran sus manos sucias porque pues, obviamente, nunca se lavaba las manos, decir, cobraba y hacía la torta con las manos sin lavárselas. Entonces, sabían deliciosas esas tortas con manos sucias de Mayolo. Marco: Todavía no había COVID. Gina: Sí, a nadie le importaba eso, yo creo que todo mundo lo hacía. Marco: jejeje Caro: Pues sí, por eso somos tan resistentes, ¿no? Gina: Y por eso los extranjeros se enferman cuando viven. Caro: Sí, tiene todo el sentido. ¿Quieren que les cuente mi chiste? Espera, ¿dónde? ⁓ ya. Es que ya no sabe qué pasamos al segundo bloque. Gina: Es que el uno está muy chiquito. Marco: Así es esto de veloz. Caro: Pues es que como empezaba a leer se dan cuenta de que no, ya no. Gina: ⁓ porque mejor preferí meterlo de Don Mayolo. Caro: Ok Marco: O sea, Dormayolo tiene nombre de, este, de frijol. Ya llegó el hombre. Pauza, haga pausa, ya llegó el hombre, sí. Caro: Si igual y pregunta, ¿y usted? Gina: ¿Qué? Entonces pregunto ¿qué? Caro: Así que abre el bloque. Es que yo no me di cuenta que ya cambiamos de bloque. pues abrir como... ¿Y ustedes qué? O preguntarnos. ustedes? Gina: ¿Te dan cuenta que no es básicamente... ⁓ sí, sí, sí, tienes razón. Ok, ahora que llegue Marco. Pero voy a dejar grabando para que no nos pase lo del otro a la vez. Marco: coro. Caro: Sí. Gina: Y antes de que venga Marco, tengo una pregunta. ¿A ti te serviría, ejemplo, que no lees o no te gusta leer tanto, que incluya audio? O sea, porque yo sé que hay gente que pone su artículo y dice, por si prefieres escucharlo. Caro: Sí, sí, porque yo me levanto, o sea, la noche también checo mis correos. La noche y la mañana son cuando checo mi teléfono, pero siempre la noche, realmente busco tontas tonterías, Así de nada que tenga que pensar mucho, así como más bien para relajarme, según. Y la mañana es cuando, sí, checo mis correos, pero también estoy como que haciendo dos cosas al mismo tiempo, veces preparando el café, viendo a los niños que ya se van a la escuela o así. Entonces, eso nada más así medio rápido. Porque sé que te ayuda. Bueno, no sé si te ayuda en ese sentido, No es como views de Instagram, pero abro el correo. Como para, no sé, no sé si en qué afecte a ese, si te ayuda. Gina: Sí, sí me ayuda. sea, sí me ayuda porque marca que lo recibieron y lo abrieron, ¿no? Porque no, no, es que lo reciban, es que lo abren. Caro: Pues sí, yo los abro. Yo los abro todos, pero no siempre te leo todo. No siempre. Y te digo, como no sabía, sea, cuál es, confundida. Supongo que mucha gente es como yo, ¿no? De que les gusta tener como un anticipar, ⁓ los viernes es. Gina: según yo lo expliqué tal vez no así tan claro pero justamente para que no recibieran tantos dije de trigo interior va a ser una vez al mes casi casi con el resumen con lo que pequeñas dosis de todo lo que publique y pues Caro: Gracias por ver. Pero el otro sí siento que es como esporádico, Gina: El otro no es cada semana. Caro: Siento que me ha llegado más en una semana, ¿seguro? Gina: ⁓ bueno, porque esto por lo que te digo que los notes los toma como si fuera Caro: Entonces, de repente, si tengo mucho que leer, ya me... No sé, igual y por eso. porque no entendí. Pero cómo puedo hacer la diferencia, es cuál, cuáles son los notes en cuáles es el que tú mandas los tomes. Gina: O sea, lees, dice notes. Cuando dice notes, Gina publicó unos notes. Caro: Mm-hmm. Ok. Igual y, no sé, igual y te convendría publicar todos los días algo chiquito en lugar de una vez a la semana. Igual y de lunes a viernes. No sé. Gina: pero justamente es lo que no quiero como a tosigar, también cuando reciés todos los días a mí me estresa. Yo prefiero que... Y por eso me gusta Sobsack, porque la mayoría de la gente que escribe en Sobsack escribe cosas y todavía más largas que las mías. Es para leer como era antes, para que vuelvas a tener ese hábito de leer. Caro: Sí. Gina: Claro que cambié el formato, no sé cuál fue el último que leíste porque ahora este que mandé, que que estoy haciendo el vídeo es más como un... les cuento algo, entonces siento que es como más entretenido, como una historia. Caro: Porque los dos newsletters que me llegan y que si leo, no siempre, a veces también no los leo, generalmente es el de New York Times, digo es comparación, son secciones, entonces yo ya veo a ver cuál me interesa y ya hago clic, no, leo lo medio, a veces nada más, así rápido, sea voy, porque es la habitud de ver qué te enganchan, qué artículo me interesa, qué nota o así. por eso decía que sí, pudiera ser secciones. No sé. Gina: En lo que yo mando, no, pero tal vez, no sé cómo se haría, mandaras de cuenta una vez al mes, en el mes vimos esto y seccionarlo, y ya si te interesa algo, ya te metes a leer ahora sí el artículo, como un pequeño resumen de qué se trató y qué vimos y ya. Como que dices, ah, ok, me perdí este, pero ya sé que al fin de mes voy a tener como el resumen de todo. porque si no, no me funciona, es lo que yo quiero con Substax. Con Substax yo sí realmente quiero que la gente se toma el tiempo. Caro: Ok. Gina: pero sí me sirve hacer como pequeñas cápsulas. Caro: Y así, si hay manera de que me lo lean, porque pueda ser auditivo. Que hubo uno incluso en que mandaste un video, Gina: A veces sí, al principio sí. Y eso es lo que estaba pensando, hacer grabarlo en audio. sea, lo mismo que escribo, pero grabarlo en audio para la gente que prefiera escucharlo. Porque veo que eso sí lo hacen mucho también algunos. Caro: Pues sí, por sobre todo por el tipo de contenido que es. Que requiere. Sí. requiere la atención. Gina: Y que mira que lo divido, sea lo hago, no lo hago en párrafos grandes, ¿no? Lo hago como muy chiquitos los párrafos y como en líneas, como para que sea muy fácil de leer. Caro: y las imágenes de dónde las sacas cuando pones. Gina: Algunas son mías y algunas son de gamba. Caro: son generadas por la inteligencia artificial. Gina: No. No, no. ¿Tienen un banco de fotos? Yo prefiero, no me gustan las inteligencias oficiales todavía, tengo tantas fotos que más bien también uso muchas mías. Y se ve, se ve cuando son mías y cuando no, según yo. Caro: ⁓ bueno, que ve. Sí incluiste fotos, es sí eso me gustó. ejemplo, cuando hablaste de tu, cuando te mudaste y te vendiste cosas y todo y pusiste fotos. que yo soy muy, igual soy yo nada más que soy muy visual. Como que acompaña la historia. Gina: Pero siempre pongo fotos, una, pero pongo. Y siempre trato de... Digo, divígue. Leé este último para que vea. O sea, siempre tiene una foto. Caro: Este último de cuándo Gina: el domingo. Marco: Fui una tontera, por correr me subí por las escaleras y me puse a querer abrir el departamento de abajo y yo maldita sea dejé cerrado y ahora como entro y hasta que me pude cerrar era el de abajo Gina: que Caro: De todas formas, sí. Gina: No había alguien ahí de qué le pasa a este. Caro: ⁓ Bueno, no en pistola, no en Estados Unidos, pero sí. Marco: Y decidi, me falta un piso, maldita re. Ya colgué. Caro: o no Gina: Si le pasaba a uno de mis gatos, pobrecito, cuando se salía, siempre íbamos hallar al piso de abajo. O el mismo departamento, pero el de piso de abajo. Siempre, siempre, siempre. Nunca captaba que era un piso más arriba y siempre tenía que yo salir tofu. Muesaka. Marco: No de su picao Caro: No. Yo no sé qué pasa con los gatos que a veces no entienden la geolocalización. Los mios estamos ahí en la sala y están maullando en la puerta así de... Les abrimos y no quieren salir, así como nos quieren llamar a nosotros pero se van hacia la puerta y... ¡Miau, maiau, maiau! Estamos acá en la cocina. Marco: Sí. Gina: Repetir son ciegos, yo siento. Caro: Yo no sé. Marco: Listo. Ya respire. Entonces, ¿qué vamos a hacer? ¿Va a contar claro su anécdota o este? Gina: A ver, pues retomemos para que esto no se haga muy... No, no, voy a ir al Alpen. Caro: Sí, sí, voy a contar mi anécdota, Gina: Voy a pasar la pregunta a ver, ok. Bueno, y se dan cuenta de que éramos básicamente asistentes personales. sea, nuestras mamás no tenían Alexa o WhatsApp ni otras aplicaciones. Más bien nos usaban, o Uber Eats, como ustedes dijeron al principio, más bien nos usaban a nosotros. Caro: Bueno, yo, por ejemplo, mi experiencia es de... Como ya les he platicado, siempre he sido súper ñoña, ¿no? Y el inglés no fue la materia de excepción, o sea, yo me aplicaba mucho con el inglés, ni sabía tanto hasta que me mudé a Estados Unidos vi que mi nivel no era tan así, pero bueno, supongo que para los estándares de mi mamá era así un inglés de Harvard. Entonces, cuando vivimos en la frontera, íbamos mucho al otro lado, ¿no? Y tipo que mi mamá, pues, como no habla inglés, o sea... a mí no hacía de quién a ver ustedes no y me chocaba así donde estuviéramos en el súper gasolinería farmacia siempre así de tú y yo tenía niña chiquita de que ocho o nueve años tenía que hablar con los adultos y a veces ni tampoco entendía lo que me decían y lo horrible porque te decís de mi mamá y a un lado diciendo me quedé decirles y ellos explicando a mí yo no entendiendo nada super traumante entonces siempre me tocaban a hacer la mensajera resignada Gina: La traductora más bien. Caro: Sí, la traductora y el intérprete y todo horrible. Yo no sé qué pensaría. Para mí era como muy... Y ahora te digo qué ternura, ¿no? Pero para mí era como muy marcante y me da mucha pena. ¿De qué pensarán? ¿De esta niña ahí? No sé. Como a cargo de una situación era impensable. Entonces ahora yo, con mis hijos, ejemplo, los empujo un poquito a que vayan a pedir cosas porque ellos también son niños y un poco tímidos. Pero yo igual no porque quiera que pidan por mí. Yo más bien para enseñarles. Y la diferencia, que siempre hablo de las diferencias, es que ellos me dicen, mamá, ¿pero puedes acompañarme? O sea, estar a un lado. Y yo, claro, yo te acompaño, si eso lo que te limita. Y ya, los acompaño y ya, nada más estoy ahí. Entonces ya, poco a poco mi hijo, sobre todo, ha desenvuelto. Y dice, yo voy a a preguntar. A veces no quiero ni preguntar nada en la tienda. No, ¿quieres que yo pregunte, mamá? ¿Quieres que yo pregunte? sea, como que ya se le activó el chip. Entonces yo súper orgullosa de eso. Pero sí, para mí en mi caso, mi experiencia sí fue horrible, horrible. Tuve que pasar mucho tiempo para poder superar eso de... Bueno, digo, hasta la fecha me choca preguntar. las preguntas, en las tiendas me choca mi esposa así de ¿qué? importa? Y yo así, pero me choca preguntar. Gina: todo el trauma. Marco: es que nos pasa a los tres, es esa situación de vergüenza, nunca queremos pasar por la vergüenza o como vernos expuestos, y por eso decía al principio que tal vez era esta situación de, pues no tanto de que nos encargaran algo, sino más bien esta como responsabilidad de hacernos, la idea de que pues teníamos que resolver, al final está Caro: Mm-hm. Marco: porque somos una generación que al final de cuentas ha de resolver. Ahora con mis alumnos y mis sobrinos pues me doy cuenta que todo es así como de pues pídelo, seguro llega o yo no sé llegar a algún lado si el Google Maps no me dice. yo sí, pero pues investiga qué hay alrededor de tu colonia, ¿no? ¿qué existe en la calle de atrás? hay una tienda, una papelería, entonces ellos todos lo resuelven con el teléfono y al final pues sí, sea, era más bien verte expuesto Y pues esta como... sí que te obligaban a convivir. Yo me estoy acordando ahorita de justo que a me mandaban siempre a la tienda y la señora en la tienda era súper chismosa. Entonces a mí me molestaba mucho que me mandaran a la tienda porque era como ir al confesionario de Big Brother a que me preguntara de todo y mi mamá siempre di, no cuentes nada. Y yo siempre decía de lengua fácil. Entonces me hacía la plática y la señora me envolvía en su chisme y terminaba contándole todo lo que no tenía que contar. y entonces después mi mamá se enteraba porque justo ahí cuando ella iba o una de mis tías que ya les conté que viven en la misma calle y así ya se hacía el chisme pero porque la fuente dijo todo Gina: Ya me dijo Marquito ¿Qué? y tú... Todo. Marco: y ya maldita sea, no tiene que contar Gina: Quizás ese, como dicen, O sea, el lado B. Porque sí, a mí también me chocaba y mi mamá también lo hacía conmigo, lo del inglés, obviamente yo ni hablaba también, por eso le decían a Caro. Pero bueno, cuando no estaba Carolina era a todos, hacía, no importa quién. Entonces, y hasta la fecha igual que tú, me choca, me choca, me choca. Pero lo mismo que dices, Marco, creo que sí sirvió porque de alguna forma, el método no era lo mismo que tú decías con tus hijos. Pero el resultado es el mismo. gracias a eso, ya sabemos, nos puede chocar, pero cuando lo tenemos que hacer, lo tenemos que hacer. O sea, no hay de otra. Entonces, sobrevivimos ese tipo de infancias que hoy como adultos decimos, OK, me choca hablar por teléfono, me choca preguntar, me choca todo eso, pero no hay de otra, ¿no? Lo hacemos. Marco: Claro, lo tienes que resolver. Caro: Pues sí, digo yo por ejemplo antes que decías que tus sobrinos y eso en México y en Estados Unidos muy parecido, La ciudad donde vivíamos en Estados Unidos, mis hijos no iban a la tienda solos, mis hijos no, o sea no, tenían esa necesidad de ir a preguntar o de pagar o demás y esa es una de las cosas por las que yo me le hacía mucha ilusión venirnos aquí a Francia y sobre todo al lugar donde estamos viviendo que es un pueblito chiquito, ¿no? Entonces mis hijos ya ahora se van a comprar pan, se van a la escuela todos los días solos, caminando, sea... van a a tener un amiguito ahí, van a ir a tocar en la puerta, o cosas que yo hacía de niña y que habían perdido muchos años en Estados Unidos porque vivíamos en una ciudad donde los únicos que caminaban eran los homles y todo el andaba en carro, nadie interactuaba. para mí es como que wow, aquí es como regresar, regresar al tiempo, regresar al pasado, o sea, un poquito y enseñar esa parte con la que justamente nosotros crecimos y que creemos y nos damos cuenta hoy que es muy benéfica. Gina: y que afortunadamente en Francia todavía es bastante seguro, En México, que podría prestarse, pero la verdad es que la situación, ¿quién va mandar a su hijo solo a ningún lado? No, no te arriesgues, no lo mandes solo. Marco: Sí, como a menos que tengas una ciudad controlada, por ejemplo mi hermana que vive en un fraccionamiento, entonces para entrar pues necesitas pasar la caseta y dejar tu identificación, entonces ya dentro es como una ciudad chiquita dentro de la ciudad. Caro: Igual en provincia, Marco: y pues ahí está como controlado, pero justo es eso, como que nosotros nunca tuvimos este impedimento, a ti te mandaban algo y salías y cruzabas calles y ya te sentías como que llegaste a otro estado, ya era tu aventura y todo tranquilo y a veces, bueno a mí sí me tocaba a veces ir pues más lejos, de ir por un mandado de distancia de 10 minutos y regresar, entonces... Al parecer era seguro, no pasaba nada. Yo creo que va cayendo en el otro. Pues el que te manden y que traigas dinero y que regreses ese dinero con bien. Por lo menos el cambio. que también era como este sentido de responsabilidad de tengo que regresar con el cambio que a me... bueno a mí siempre las matemáticas nunca me han gustado y entonces el hacer ecuaciones rápidas cuando un señor pues obviamente te da la vuelta porque todo el tiempo está haciendo sumas restas y el cambio pues era así como de... Entonces a mí me generaba angustia el que regresara a la casa y así de ojalá que traiga bien el cambio ojalá que no se me caiga el dinero porque luego se me iba el avión y perdí ahí una monedita porque si era como muy muy exigente mi mamá de trae bien el cambio o luego me llevaba al mercado la compañera del mercado y me comparaba y me decía ve ahí ese niño tiene tu edad y está haciendo las sumas y las restas bien cuando vas al mercado y pides un kilo de manzana y te las cuentas ahí bien marcianas de 24 a 32 a ah si son 280 y tú que hizo como como como Gina: Yo creo que sí, ¿no? A mí también me chocaba. sea, yo igual que tú. Creo que por eso estoy dando comunicación, aunque es un cliché, espero. Pero... las cuentas nunca se me daban y bajo presión menos. Entonces, a mí, me mandaban por las tortillas o por la leche o por lo que sea. Y también mi mamá era como muy del cambio, ¿no? Entonces, cuando yo veía que me tienen que regresar tanto, según yo... y entonces me daban todas las monedas y me daba vergüenza con contarlo delante del señor, no sé por qué, o de la señora que estuviera ahí. Y entonces lo contaba súper mal y yo decía, sí, sí, sí, pero yo ya veía, o yo no veía las monedas la cantidad, yo ya veía una masa ahí de cosas que tenía en la mano y para mí todo era así, sí, sí, sí, está bien. Y ya me iba y obviamente llegaba a mi casa y de repente, no, no está bien, te vieron la cara, regrésate, ni siquiera es como tú, caro, te acompaño. O sea, vamos, te acompaño y soy tu figura de poder o de seguridad. De respaldo, no, es de ve y que te lo devuelvan. Entonces, vergüenza. O sea, ya de por sí me había dado vergüenza de que... ¿Pero cómo? Porque a veces si harán bien gandallas de... No, tú lo contaste. O sea, tú lo contaste, yo te lo di bien. Marco: Ya reespa. Gina: o sea, muy pocas veces me regresaron al cambio, entonces ya acababa súper regañada de, mío, ya no me manden por favor, esto se me va a ir, ¿no? Me va a dar un infarto de tanto estrés. Marco: Yo no sé si les aplicaron a ustedes, por mi casa había una papelería que siempre era de, te puedo este, no tengo cambio, te puedo dar un chicleo, te puedo dar un dulce y entonces ya vas de regreso con la mitad en monedas y la mitad en especie y entonces mi mamá se dice, ¿qué? Te mandé por algo, no por dulce, y yo sí, ay pero es que no tenía un cambio, no, no, no, no, dile que no quieres eso. Caro: No Marco: Y entonces fue una situación de regresar al mismo lugar donde acabas de salir, ir con tu cara de mensos y de dice mi mamá que no quiere que me den chicles. Eso me generaba mucha angustia y así como no, no, no lo supero. Caro: Yo creo que por eso, en mi caso soy super desconfiada, siempre que voy a comprar algo, siempre tengo que checar el recibo, ver que todo cuadre, de siento que, por default, alguien me va a querer trancear o se van a equivocar o no sé, siempre estoy así de checando, así de ver. Y si no, voy a alegar que sí pasa a veces, que es error humano, pero sí, siempre estoy así estresada. Tengo que checar el recibo, después, facultativamente, o no, obligatoriamente, después de hacer una compra. Gina: Esto es todo. Marco: Pero... justo que te han hecho los traumas que te van quedando me estoy acordando que una vez te acompañé a ti a la papelería cuando venían de visita pero por ejemplo tú tienes una forma de razonamiento así súper loca de a ver si compro 10 hojas es tanto y esta bolsita trae 12 y entonces esta yo no puedo es como matemáticas de emprendedor nivel level slim o no sé por qué Caro: que hacer tan desconfiado. Alumen. No, Gina: de alto nivel. Caro: Mira... Marco: Yo así de cómo? Para mí pues lógica, este está más barato y está más caro porque tiene una, tiene más y otra tiene más. Y tú hacías ch ch ch ch ch ch ch ch ch ch Caro: Mira, entre que estudié administración de empresas, yo lo contrario de ustedes, yo quería que nadie me transara y estudié administración de empresas y que soy mamá, ¿no? Es como la canción esa de, te dejo tus dos pesos, ¿de acuerdo? Con lo que ahora y así de así. Yo siempre siento como que mis cuentas y tratando de que me rinde el dinero porque sí, la economía familiar es súper importante. Marco: jajaja Gina: Pero desde niñera fuiste así, ¿no? Eras así como... Caro: Cuidadosa, así, cuidadosa y desconfiada. Desconfiada con los extraños, no con la familia así, pero con los extraños sí, lo que le digo. Gina: No, pero a mí sí me han trazado tantas veces que yo también soy super desconfiada. sea, es que en México está cañón. O no sé si yo soy demasiado... como... bruta para darme cuenta. Pero no, sí me han trazado muchas veces. Marco: pero están de acuerdo que entonces es el trauma que viene desde la infancia, o sea, al final, ya son otras operaciones y ya no estás siguiendo por un mandado, pero si es esta situación como de chin, o sea, me tienen que dar bien el cambio o tengo que ponerme abusado porque es momento de pensar, de, no me distraigan, es momento de hacer bien las cuentas o de, pues sí, de poner atención. Caro: Mm-hmm. Gina: Yo digo, tan traumada me quedé que mi cabeza, sea mi cuerpo y todo se quedó en esa edad mental que cada vez que tengo me confronto a eso. O yo trabajé el año pasado y el antepasado en una tienda, pequeña tienda en un camping. sea eran cosas muy básicas. un camping así súper que no había nada, O sea había una caja registradora pero no de las modernas que ya le pasas tic, tic y ya te hace toda la suma. No, tú lo tenías que anotar casi casi ahí. Marco: ¡Ve! Gina: Y tú tenías que hacer como que la suma y la resta y todo. Entonces dije, ching. Y obviamente pues ni había calculadora ni nada y no podía estar con mi teléfono todo el tiempo. Espérame, porque a veces eran cosas muy tontas así de una baguette que cuesta, no sé, un euro diez y te dan 50 euros porque luego también los extranjeros te daban así billetes enormes y tú, ¿qué? Ahora cómo voy a, bueno, ese todavía está fácil, pero que le empiecen a sumar cositas y ya de repente era de mi edad, o sea, me... me traumaba porque me quedaba así como pasmada de ¿cuánto le tengo que dar? ¿cuánto era? Y si alguien más me preguntaba otra cosa, ya me distraía y entonces me ponía súper nerviosa y era ¡me choca, choca! ¡ya no puedo con esto! Esto es demasiado para mí. Caro: Aparte que en Francia el país es de las monedas, aquí las monedas, monedas. En Estados Unidos las monedas es casi un crimen, ¿no? O pagar con monedas. Yo me acuerdo de cuando recién llegué a Estados Unidos, yo hacía mis montoncitos de dinero y así iba a pagar. A veces les daba lástima la tiendita y decía, no ya, o sea, no me des monedas. le daba. Sí, casi, casi, ¿no? Porque yo con mis moneditas les chocan las monedas allá. Y aquí ya sí hasta la de... ves que ya hasta eliminaron el penny, ¿no? Que es la divisa más pequeña. y aquí que tienen así todavía los éntimos y así cinco y si es de estar contando monedas y es más estresante digo que está bien pero Marco: Creo que vivimos lo mismo, así de repente ir con un billete grande y que sepas que te tienen que devolver mucho cambio a mí me genera todavía hasta la fecha de estrés y ahora lo veo pues que es muy fácil porque las nuevas generaciones y también pues todo se ha digitalizado entonces todo es así de plástico, plástico, plástico, no voy a acercar el teléfono ahora que también ya todo es de contacto Y entonces pues ya te evitas como el trauma de cuánto es y cuánto me regresaron. Ya cobraron y nada me tienen que regresar cambio. Ya cobraron lo exacto. Pero pues sí, y al final pues me van quedando como estos traumas y como es bonito en este siempre apreciable podcast, hacemos una especie de top ten. Pues para que usted de audiencia sepa si se identifica o si somos los únicos traumados en la vida. Gina: ¡Bendita modernidad! Los únicos que no saben de matemática. Marco: Entonces pues no es si exactamente un top ten pero si son cosas que a todos en los 80 y los 90 seguramente les pasó alguna vez y uno de ellos es cuando se te cae el cambio y eso este pues creo que a todos nos ha pasado a mí sí tal cual se cayó la moneda a la coladera y entonces pues ya de la coladera que hacemos no se puede rescatar nada y también muchas veces me cayó ahora que empieza la temporada de lluvias que se te caiga el dinero al charco y entonces mete la mano al charco entonces aparte del mandado y aparte de tener bien ubicado el cambio tiene grado de dificultad como si fuera la guerra Gina: ¿No traías bolsas? ¿No tenías Marco: A mí siempre, y eso le pasa a mi sobrino, al grande, a mí siempre me gustaba traer el dinero en la mano, o sea siempre, eso era justo lo que acabas de decir, era el regaño de mi mamá, ¿por qué no te metes el dinero en la bolsa? ¡Trae el bolso! Y de chiquito traía esos pantalones como tipo cargo, o traía bolsas de más. Caro: Sí, la mano, o sea que... Marco: y no había forma entonces yo sí con el dinero en la mano porque sentía que si no se me iba perder o que no iba a llegar con el mandado bien y pues algo pasaba se me caía la moneda pues traía mi mano chiquita pues tampoco he de decir de todo hecho bolas el billete o sea mal todo mal Gina: A mí nunca me pasó eso. Porque yo sí lo ponía en las bolsas. Marco: La otra que también me pasó una vez, la tienda con un perro. Entonces yo venía en el cerebro así de dos jitomates, unas tortillas y entonces llego y doy vuelta y el perro... Entonces me borre el casete y venía comprar... Se me bloqueaba el cerebro así. El perro ganó y entonces ya me distraje. Gina: Era súper común eso, es cierto, que hubiera perros ahí, obviamente era de nadie, de la calle, y que se ponían a ladrar. Igual no te hacía nada, pero pues es súper impresionante cuando un perro te ladra. Marco: que se para, no? entonces está acostado y tú entras y se para y tú así como ⁓ ¿qué pasó? Caro: Y olviden si compras jamón o algo así de horrero. Marco: ⁓ bueno, sí, que también te están oliendo a mí. Bueno, yo también no sé si he contado en otros podcast que aquí todos sacamos nuestros traumas. Yo tengo alergia al cebo y al pelo del perro. sí, él siempre tenía como ese rechazo. Entonces se me acercan y ya sé que me van a llorar los ojos o que se me va a tapar la nariz. Entonces siempre era así como que no se me acerque el perro o de esos perros grandotes que babean y que te ensucian. Entonces no, siempre me pasa algo horrible. Y a la siguiente, es justo ligada a la tontera que ya dije, la lista mental. Que mi mamá también ya en un tiempo dijo, no, así apúntalo. Entonces iba con mi hojita, pero casi siempre era de... Y entonces iba en la calle repitiendo lo que me habían encargado así de un kilo de tortillas, dos tomates, una cebolla. Y ya cuando llegaba, decía, ¿qué me pidieron? dos cebollas, una cebolla o dos y tomas y así todo perdido y regresaba y obviamente esa no fue lo que te pedí, te pedí otra cosa o yo no sé si ustedes, yo sigo peleándome contra el cilantro y el perejil o sea yo puedo agarrar y pienso que es lo mismo, no hay forma de distinguirlos Gina: Yo apenas hasta ahora he entendido la diferencia. Yo igual tampoco sabía si de que para mí es lo mismo cilantro y perejil. Se nota que no cocino. Sí, ahora que ya cocino un poco más y sobre todo cosas mexicanas porque aquí no hay tanto. Ahora sí sé que mi favorito es el cilantro. El perejil es más duro y la hoja es diferente. Ahora sí que lo manejo. Caro: ¿Sacrilégio? Marco: y Caro: El sabor es diferente. El perejil es el que te ponen en el restaurante en el VIPS, así como una decoración ahí, ¿no? Así de... digestivo. Gina: Así es que te podamos enseñar, Marco. Ya lo sabemos. Marco: muy bien, a un curso va a tomar un curso de cilantro y perejil, como en la película bueno, otro es el chantaje de, ya habíamos dicho este, de que te van a dar el cambio con especie, no con moneda entonces el regresar a tu casa justo con dulces o con cosas que no te sirven de nada Caro: Bueno, yo sí lo supe siempre. Marco: me acuerdo en los 80 que había, no sé si ustedes probaron, estas casualitas que adentro traían como chilito, tamarindo, no sé. Entonces la de la tienda siempre me agarraba y decía, ah, este güey ya nunca, nunca sabe cuánto es de cambio. Entonces era, te regreso unas moneditas y una casualita. Y entonces, como ya sabía que iban a regañar, dije, pues ya, me como la casualita antes de llegar. Ya llegaba así, toda la lengua llena de chile y decidía, me dio una casualita. Y ya mi mamá se de, no, este niño no. Gina: Sí. No, Marco: No sirve para los encargos. Gina: Pero era una estrategia también, así que no te mandaban, lo malo es que los papás siempre te mandaban aunque no les saliera bien. Marco: otro que ya está fuera de contexto y que en los 80 y 90 era muy común es que te mandara tu papá por alcohol, yo me acuerdo que me mandaba con una bolsa de mercado con cascos de vidrio que podían ser de refresco pero igual ahí de repente iba una que otra cerveza Caro: Tomaban el riesgo. Marco: Entonces obviamente ese mandado a mi me generó todavía más angustia porque era de responsabilidad nivel 10, de regresar bien, de no romper cascos, de no perder el cambio, entonces era como muy traumático y aparte pues la señora se me quedaba viendo, me sentía juzgado porque le decía vengo por una cerveza y así de tú de ocho años niño. Gina: ¿Pero a poco era legal en esa época? Marco: Yo me acuerdo que me las vendían. Digo, al final, volviendo al punto del inicio del podcast, pues tu territorio. Entonces la señora te conoce y dice, ⁓ bueno, se lo encargó su papá, no es para consumir. Gina: A nosotros nunca nos encargaron alcohol, según yo. Marco: Y más porque en la misma calle vivía mi abuelo y mi abuelo si era de... me mandaba con un costalito de cervezas. Entonces ahí venían también con toda mi sonaja de cervezas y yo ojalá que no las tiro. Mi abuelo si era de... y no las vengas agitando porque pues obvio, llegaba y labría y... Caro: Oye, Ismozner y con garrote tu abuelito. Marco: entonces era para mi era como mucha responsabilidad así de cuando me pedían refresco o cerveza así de no manches tengo que ir casi que venía caminando así de tim tirin tirin tirin porque porque pues si no me iban a regañar de o el cambio o que venían agitados este las botellas y ya se hizo un cagadero o este si me tropecé y me caí pues ya se rompió una botella nada nada si era horrible Gina: Como es mi pila en la espalda ahí. Caro: Oye, ¿tu hermana nunca la mandaron? O sea, nada más a ti. Marco: Sí, pero ya, obviamente yo estaba más grande, la mandaban, pero mi papá, al final siempre, De lo que hemos hablado, la educación como de doble moral, entonces me decía, tu hermana ya se quiere ir sola a hacer mandados, porque mi hermana si era así de ahí, mándame a mí, mándame a mí. Y entonces, pobrecita, no le va a pasar algo, entonces tú vas a ir atrás de ella, pero que no te vea. entonces mandaban a mi hermana y entonces yo ahí así de operación este encubierta así escondiéndome entre los árboles y las calles Caro: ninja Gina: A ti que te pase no importa lo que sea, a tu hermana no. Marco: Y a mí es como de, ti te puede enviar un perro y que te atropellen, pero tu hermana que regrese bien. yo sé. Chale. Caro: mmm Marco: Ya sabes, esta educación de doble moral. Y el siguiente que creo que nos pasó a todos es el ya voy, que te piden algo y tu si de ⁓ ya voy y entonces tu tu idea de tiempo y espacio es completamente diferente a la de tu mamá y entonces tu mamá cuando te dice ve es porque ya estás en la esquina. Y tú dices. Caro: De favoritismo también. Gina: Era para ayer. Marco: Entonces dices, ya voy, y pues ya tu mamá se dice, no, ya, déjalo, yo voy, no puedes hacer nada, nada más estás ahí viendo la tele. No sé si a usted les pasó eso. Gina: Sí, era de ahorita es ahorita, ahorita, ya voy. Porque obviamente, quién tiene ganas de dejar de hacer lo que está haciendo para ir a hacer un mandado. Pero mi mamá ya se la sabía desde ahorita es ahorita. Entonces no teníamos opción. Marco: No, Caro: A ver. Sí. Marco: Y yo ya tengo una versión del ya voy porque luego yo iba y pues me quedaba como ya dije el chisme entonces de repente mi mamá me iba dar el encuentro así de te pedí una cosa hace media hora ¿dónde estás? Yo ya sentado en la tienda así, no fíjese desde agarró y dijo le voy a decir. Yo estoy como un cazuelito de decir no y el otro día viven. Gina: No, Caro: Con el cafecito... Gina: ¡Jajaja! Marco: Y cuando veía a mi mamá de lejos cruzársela que allí yo así de, madre ya me tardé un chorro, ya me voy señor. Yo mal, este podcast yo voy a sacar todos mis traumas. Caro: Oye, si te mandaban a un chorro de cosas. Yo creo que como tú dices que eres el mayor hijo, sobrino, nieto, o sea, te tocó... Para mí no me acuerdo de que me hayan mandado a tantas. Marco: No, porque eran los mandados de mi mamá más los de mi abuela porque mi abuela pues ya también en la década de los 90 ya no podía salir mucho porque usaba una andadera, un bastón entonces era el mandado de la abuelita y el mandado de la mamá y lo mismo, o me quedaba yo así en el chisme me gustaba asociar Gina: Pero es que nuestro caso éramos tantos que estaba un poco más repartido. En tu caso, pues no, Marco: y ahí ya era, se agarraron del más menso así de ⁓ ahí está Marco Caro: Me recordaste el chiste de Pepito cuando su mamá le encargó ir a comprar chicharos. Ya sabes que hay un chorro de chistes de Pepito, Y entonces Pepito se gastó el dinero o no sé qué hizo con el dinero y al final pues no tenía chicharos con los cuales regresar a la casa, ¿no? Entonces por alguna razón encontró unas balas y las pintó de verde. Aparte las balas, ¿no? Unas balas de pistola. Y ya se las llevó su mamá. Y aquí están los chicharos, ¿no? Entonces ya cinco minutos, diez minutos, media hora después, ¿no? Así de ¡Pepito! ¿Qué tenían los chicharos que tu papá de un pedo mató al gato? Gina: No me acordaba ese chiste, más viejo que Matusalva. Caro: Entonces, ¡tú! Marco: es Caro: Entonces ya ahora ya no va a ser Pepito, a ser Marquito, aunque te choque que te digan así. Marco: maldito, pero ves porque va teniendo una lógica de maldito hace puras tonteras. Aparte, bueno, ustedes ya me conocen que mí todo lo irreal me pasa y entonces ya después queda como anécdota para reírse un rato. Entonces, bueno, pues este podcast es de puras anécdotas tontas de mí. Caro: La realidad supera la ficción. Marco: Y bueno, que ya habíamos hablado del chisme vecinal, yo no creo que valga la pena que lo refuerce, que a mí me gustaba pues conversar, ¿verdad? Con la colonia entera. Y la otra que casi no me pasó, pedir fiado, pero era de repente más bien que mi mamá o no tenía cambio. o no quería, justo como sabía que luego me apendejaba entonces era de para que lo mando con un billete grande mejor que le pida este y luego paso yo y lo pago Entonces eso a mí me generaba todavía más angustia porque como que me sentía muy vulnerable de tengo que pedir prestado y qué tal que no me quieren dar las cosas como gratis, ¿no? O van a pensar que soy pobre, así mi cerebro bien tanto, así como entonces me juzgaba todos, me armaba todas mis historias para llegar a hacer el mandado sin dinero, ¿no? Entonces me daba mucha pena, me daba mucha angustia. Gina: Pero sí, sí es manchado porque muchas, ¿sabes? En las tienditas luego tenían sus anuncios de no fiamos, aquí no fiamos. Entonces ellos no fiaban, pero luego sí te daban en lugar de dinero casuelitas. sea, sí están bien manchados. Marco: ⁓ sí. Caro: Sí, clase así. Así. Gina: A mí no me acuerdo que nos tocara. sea, tal vez sí, también me hubiera dado muchísima pena si me tocó. ¡Qué horror! Y si no, me hubiera dado demasiada pena pedir fíado. Yo también. Marco: ¿A lo que le pasó? Que ese es el siguiente, ¿eh? Cambiar el producto. Que de repente ustedes les daban un encargo de, no sé, traigan queso. Y ahí llegabas a la tienda y así de, me da, no sé, 200 gramos de queso. Y la señora, queso canasto, queso panela, queso Oaxaca. Y entonces era así de, eso no me lo dijeron. Gina: Yo lo sé que queso. Marco: Y tu rasocinio era así como el primero que me dijo y decís, esa no te pedí, no, regrésate, es el otro. Caro: Y había regresado la tienda, así como si pudiera regresar el queso. Qué horror. Marco: Ajá, y aparte la vergüenza de decir, y pues sí, justo, de, ya lo corté, pues ya, no, ese ya no se cambia. ¿Qué voy a hacer? Gina: Ya lo echó, fue el diablo. Caro: No Bueno, nuestro caso hay una historia, no es en cargo tal cual, pero estábamos de vacaciones y te vas a acordar Liz. Y no sé, en un hotel y enfrente del hotel había un restaurante, Y entonces mi mamá era en la mañana y por alguna razón, no por alguna razón, mi mamá nunca se levantaba temprano, como ya le hemos dicho. Entonces nos mandó, teníamos hambre, éramos cuatro, no, éramos los cuatro. Los chicos todavía no estaban. Teníamos hambre, entonces yo me decía, pues vayan al restaurante enfrente a desayunar ahí, que les sirvan. Entonces ya, yo creo que yo tenía como 7 o 8 años, tu del Oncelis o no sé y Fernando 13, algo así, niños. Nos cuatro niños ahí vamos al restaurante al otro lado, estamos en Estados Unidos. Y entonces ya, pedimos así, las meseras viéndonos todos muy raros, ¿no? Así de, ¿estos qué? Y así de, antes de traer la comida, nos cobraron, así de, ahora paguen antes de que les... Entonces así, todos así sentiéndonos súper apenadísimos, así de, no que horror, yo me sentí súper... Marco: No. Gina: No traíamos dinero, si me acuerdo perfecto, no traíamos dinero porque no sabíamos... Pero era mi papá y mi mamá. Estábamos en un hotel y ya sabes que hay un restaurante siempre a lo de los hoteles, no sé a dónde iban. Entonces nos dijeron porque seguramente estábamos ya. Nosotros ya, ya, ya, ya. Y ellos no estaban listos. Vayan ustedes, no queríamos, no va pasar nada. Vayan ustedes y ahorita los alcanzamos. Y ese ahorita les alcanzamos, nos dio tiempo de ver la carta, pedir y de repente sí llegaron con la... con la cuenta y obviamente nosotros no traíamos dinero, sea, ninguno. así, súper muertos de pena. Ahora de adulta digo, ay, qué exageradas. Pero como niñas es de, no, qué horror, nos van a matar a la cárcel, qué horror, no traemos dinero. Y sí, yo también sentí que todo el igual nadie nos estaba pelando, pero yo sentí que todo el mundo nos estaba viendo. O sea, como estos niños, porque aparte, sí, que no tienen dónde comer, vinieron aquí, como se atreven a comer aquí. Caro: No fue horrible. Marco: 11. Caro: de la calle. Homeless. Gina: Entonces uno de nosotros, no me acuerdo quién, fue por mis papás. Y ya mis papás llegaron, pero súper enojados, Porque eso no se hacía, de decirle a los niños que paguen antes. Y nosotros les habíamos dicho, mis papás van a llegar. Y obviamente no nos creyeron. Entonces ya mi papá, era el que hablaba inglés, porque mi mamá no hablaba, aunque mi mamá cuando se enoja, sea, mamá no habla inglés, pero cuando se enoja, hasta ruso habla. sea, eso no tiene barrera. Ella no pide permiso ni ayuda, tradúceme. Ella ya... Caro: Le salió el inglés ahí. Marco: No, Gracias. Gina: eso es racismo, no puede ser, los niños, el chiste es que casi casi nos dieron lo que pedimos gratis de que el escándalo hizo sobre todo en mi mamá porque Marco: ¿A ver dónde salió? Caro: Ya ni lo disfruté, qué horror. Tan horrible. Gina: No sé, es súper traumático. Marco: Y ya imagina a tu mamá y ahora se lo comen porque nos están viendo. Gina: Pues no, más bien ella feliz de que lo hubiera conseguido gratis. Nosotros ya super traumadísimos, supongo unos menos que otros, pero mi mamá así como de, ⁓ muy bien, lo logré. Caro: Se fue horrible. Pero bueno. Marco: Ya veo de dónde te sale lo aguerrida. Me acordé del año pasado donde te peleaste por mí, por una monedita. Ya vi. Todo se hereda y todo se va... Y bueno, la última del top ten, ya para dejar el top ten en paz, es justo que traías tanta prisa o tu cerebro estaba en otra cosa y dejabas el cambio en el mostrador. Entonces así de niño, tu cambio. Gina: Todo se aprende, más bien todo se aprende. cuando te decían porque vuelvo a lo mismo hay gente bien transa que no te decía porque a mí sí me pasó. Marco: Pero justo vas aprendiendo, Porque dices, hay todos con su cara bonita de, ay, no, ¿qué vas a querer, chiquito? A ver, ¿qué te sirvo? Y entonces te das cuenta que hay gente de doble cara y entonces vas aprendiendo así de, ⁓ esta es gandalla y si no me pongo trucha, se queda con mi cambio o me va a dar una cazuelita y me van a regañar. Entonces ya te pones firme. Gina: que obviamente si hay gente super buena onda que si super honrada gracias al cielo que todavía hay gente así pero si hay gente super manchada también y sobre todo con los niños yo siento que es super manchado no que un niño evidentemente pues no conoce y no tiene esta maldad de decir ay él me va a ver la cara pues el niño confía Marco: pues si, pero así aprendes, justo, prueba y error, no? tú vas con toda tu bondad a la tienda y te enfrentas a la maldad y dices, no, ya... Caro: Y si el que no transa no avanza, no, tampoco. Gina: al mundo real. Esa era la educación de los 80 y los 90. Marco: La primera me lo haces, la segunda, pero es parte también de la cultura latina, ¿no? Y más la mexicana. Me da risa, me acuerdo de un meme de unos mexicanos así de nos robaron en el tren de Europa y tú les pones una chava abajo. ¡Qué vergüenza! Ustedes son mexicanos, ustedes deberían de estar robándole a los europeos. Así como de ya traen el chip de que no te deben de transar, ¿por qué te dejas transar? Gina: Pero es real, bueno no voy a decir que estamos exentos por ser mexicanos, pero yo al venir de, y sobre todo de la ciudad de México, yo siento que nadie va tan traumado como yo en el metro, donde sea, así con mi bolsa super pegada, sea, alguien se acerca y estoy volteando, yo ya traigo todo el entrenamiento México style, porque no, a mí no me lo hacen. Marco: Yo tenía una maestra de psicología en la prepa que siempre nos decía, el mexicano en base a la Ciudad de México ya tienen el chip la psicosis, así de alguien me está viendo feo, alguien me va saltar, alguien me va a quitar. Y ese lo identificas en todos lados. Y me pasó justo cuando me fui estudiar a Madrid, en la universidad, viví en un dormitorio y el que cuidaba el dormitorio me decía, tú eres mexicano, ¿verdad? Y yo así, ¿cómo? ¿por qué? ¿cómo sabes? Y ni ha hablado ni nada. Si yo me doy cuenta, todos los mexicanos salen de su habitación y le cierran con llave aunque vayan al baño y cuando este veo de otro país así deja la puerta abierta la llave pegada así como todo me vale gorro pero justo pues vas aprendiendo Gina: Oye, igual esto es rápido porque no tiene mucho que ver con esto, pero hablando de estos traumas, mi marido se ríe tanto de mí porque yo tengo el chip, No se habla de dinero en público, sea, uno lo grita, el dinero no lo estás en la mano, Marco, eso te lo guardas. Y uno de los viajes que fuimos a México, fuimos a un ATM para sacar dinero y él, entonces, ¿cuánto vamos a sacar? Dijiste que 2 mil y yo, así súper histérica, no. Y sacamos el dinero y yo, Marco: No, Gina: ¡Guárdalo! ¡Escóndelo! ¡Escóndelo! ¡Hazme casita de que nadie vea! Y se ríen tanto y dice... No manches... Entonces ya siempre que hablamos de dinero siempre dice... Ya ves, siento horrible, super traumadísima. Marco: No, pero al final aprendes y justo si desde chico te están enseñando que te fijes en el cambio, que no lo tienes, que te fijes desde donde lo guardas, que nadie te vea, que no te vayan a saltar, pues obvio es el chip que traes en la cabeza. Gina: Eso explica todos nuestros traumas, ven? Todo tiene una explicación. Marco: ahorita necesito recordar que tampoco tiene mucho que ver pero un poquito así mi papá nos daba un billete de 5 mil pesos que ahora son 5 pesos para las emergencias. Y entonces yo tenía que cuidar ese billete, ¿no? Era así, intocable. Y una vez saliendo de la escuela, un señor así bien abusado, ay, hay un niño golpeado atrás y dice que ustedes lo golpearon. Nosotros así, no, no fuimos. Bueno, entonces, denme su dinero para ir por él, para que él se regrese y que él los identifique, pero para que ustedes no se vayan. Pues bien mensos así de, ah, sí señor, toma nuestro dinero. Caro: Gracias. Marco: y entonces obviamente dos horas después así de creo que no va a regresar y pues el trauma del mandado no pues regresé a mi casa sin el billete sagrado y así de y otra vez te vieron Gina: que horror Pero es que ahí es donde entra la contradicción. un lado te dicen que, y ese era un problema también, que los adultos siempre tienen la razón, ¿no? Que los adultos son, wow. Entonces de niño, pues no los cuestionas, ¿no? Dices, un adulto me está pidiendo mi dinero, pues se lo doy. Caro: No Mm-hmm. Marco: si, hacia el final es eso, que vas a... y tiene el contexto de lo que contabas antes, o sea pues vas a ir aprendiendo que no toda la gente te va a regresar el cambio, vas aprendiendo que hay gente que es mala y pues obviamente te vas haciendo de estos momentos que te hacen entender que la vida tienes que defender tú solo y entonces si tú quieres regresar a tu casa con el mandado y el cambio o regresar a tu casa con tu bolsa pues tú tienes que poner bien trucha porque si no pues te van a dar baje. y ya vienes con ese chip entonces tú vas a otro país o con otra cultura y de así de ese wey me quiere quitar mis cosas y nada más te voltea a ver, ¿no? pero pues así, tontísimo Caro: Oigan, para ya no quemar tanto a México también pasa. Las transas pasan en todos lados, en Estados Unidos, aquí en Francia o a otros niveles, pero sí hay transas también, ¿eh? O sea, y mi esposo es de los que todavía más tiene más paranoia cerrar todo con seguro. sea, yo muchos años en Estados Unidos, que era estudiante, mi dormitorio dejaba la puerta sin seguro. O sea, me dormía y ahorita pienso qué tonto también, pero ni le ponía llave a mi puerta, o sea, cualquiera podía entrar así. Y como que me al... No sé, viniendo de México me aliviané allá. Pero también depende de la personalidad porque él si de tienes que cerrar todo, todas las noches antes de dormir no puedes irse a dormir sin verificar que todo esté cerrado, que no haya la estufa prendida, sea tiene que ser su chequeo, su rutina, ¿no? su chequeo de todo. Pero sí, no, hay transas en todos lados, sea, también. Pobre México, no somos tan... Gina: Está bien, está bien, pero es que somos mexicanos y tenemos que quemar a nuestro país. Marco: Y tenemos que sacar el trama, ya sé que Europa está en el big pocket, pero pues... Caro: Sí, sí, sí, sí, sí, sí, Gina: En Barcelona, Yo he escuchado tanta gente en Barcelona, sobre todo. sea, ni siquiera en toda España, solo en Barcelona. ¿Cuánta gente? Marco: pero me da risa que de repente pues vas y los hoteles así tengan mucho cuidado estas zonas peligrosas de ay señora por favor yo vengo vengo de la ciudad de méxico a mí nadie nadie me va ver la cara y bueno pues eso también Gina: Vengan. Soy latina. No, pero más vale precaver. Prevenir. Caro: ¿Hay una historia así de alguien que le iban a robar en Bronx o no sé qué en Estados Unidos? Marco: No sé... Caro: o yo no sé, según yo me acuerdo que era un latino que estaba en Nueva York pero en el Harlem unos vecindarios todos horribles y llegaron así chicos a carar lo robar y después vieron que era latino así y empezaron a hablar ⁓ no, sí es mexicano, ⁓ entonces a ti no entonces ya no le robaron ¿no te acuerdas? si no eres de los nuestros no entonces ya no lo robaron Marco: Mi barrio me despalda. pero yo creo que era tan común en esa década, justo este show de los favores, de los mandados, de todo este contexto que hemos estado hablando, de que alguien le ve en la cara con el cambio. y lo retrataba justo toda la cultura pop, incluso en series gringas que también era como el común denominador, a lo mejor lo que decías, Karo, yo creo que en la década de los 70 y los 80, ¿se acuerdan de esta serie de los años maravillosos que está desarrollada en la década de los 60, 70? Creo que ahí sí esa sociedad era justo del mandado, de que los hijos o los niños fueran a hacer cosas. No a la mejor tanto a la tienda, pero sí con los vecinos o cositas así. Ahorita me estoy acordando también de Stranger Things que está en los 80 y también, no sé, como que los niños tienen su independencia y van y hacen cosas que les encargan. Pero al fin... Gina: Pero bueno, como ya se está largando mucho este episodio, vamos a la última. Marco: Y de caíz. Caro: Pero bueno, también está el break de que Marco se fue. Gina: Sí, pero ya vamos en 52. Y si le quitamos el break, yo conté, fueron 15 minutos menos, 10 minutos. Marco: Tu vas y de bueno que se calle Marco Valle Gina: Sí, ya es mucho chorón nada más. Sí, vamos a cerrarlo. Bueno, sí. Bueno, hoy vamos con la última pregunta. ¿En qué momento desapareció el niño de los mandados o la niña de los mandados? Marco: Ya corta eso de la cultura pop. Pues creo que sí hubo un cambio fuerte y yo creo que fue a partir de la tecnología, ¿no? sea, el que haya llegado el celular a nuestras vidas cambió todo el contexto. Caro: Si uno encuentra donde está eso, lo siento. Marco: es el bloque 6. Gina: En el bloque 6. Caro: El 6, o que en todo es el final, final. Y también falta la anécdota de la pantorrilla. Gina: ⁓ entonces me voy a saltar esa para el bloque 6 porque si no no nos va a dar tiempo. Me voy al bloque 7 para que cuentes. Marco: y luego ya concluimos tantán porque está cortito Gina: ¿Pero no quieres ser tu anécdota de la carnicería? Pantorrilla de un amigo. Marco: es una nota que encontré pero está boba y ahora nos reímos demasiado, está mejor toda nuestra anécdotas Gina: ⁓ ok. Ok, entonces vamos a estar en bloque 6, Caro. Caro: Ok. Gina: Ah, bueno, ¿quién iba a decir ahí? Marco: pues tu igual otra vez en que momento desapareció el ni**a de un... Gina: Ok, Y bueno, como esto ya se está alargando un poco, vamos con la última pregunta. ¿En qué momento desapareció la niña o el niño de los mandados? Marco: Creo que justo hubo un cambio, se acabó la generación de los 80 y empezaron los 90 con la tecnología, celular y bueno más en los 2000 ya con las aplicaciones y pues ahí se acabó esta necesidad de pues mandar a alguien, Ya tu solita mamá lo puede resolver. Gina: Y también... Y también creo que fue en las noticias, pero evidentemente porque pasaba la inseguridad que empezó a aumentar. Caro: Y aún así ahora más con las redes sociales, que todo lo que vemos ahí, de lo que pasa, lo que puede pasar, lo que hay que poner atención y esa cultura del miedo. lo que yo les había platicado en otro episodio de que tenemos más miedo de las afueras que el peligro real que es el internet y todo eso. queremos sobre proteger. Marco: Yo creo que se acentuó con la pandemia del COVID, ¿no? Incluso todos hicimos ya así de todo por aplicación, todo que me lo traigan a la puerta de mi casa, cero con... Caro: Ya sin contacto. Gina: que ya se hacía, pero efectivamente se intensificó. Y bueno, los mandados eran mucho más que comprar cosas. Marco: ¿Lo haces? Gina: El ciencierre caro. Caro: eran pequeñas pruebas de independencia. Gina: Voy a volverlo a decir y así más y... Bueno, los mandados eran mucho más que comprar cosas. Caro: Eran las pruebas de la independencia... No, espera. Perdón. Otra vez. Marco: Sin llorar. Gina: los mandados eran mucho más que comprar cosas. Caro: eran pequeñas pruebas de independencia. Marco: y como habíamos dicho, confianza. Gina: y de supervivencia. Marco: jajaja Así es, Gina: Hoy los niños tienen apps, rastreo, rastreo, rastreo, rastreo, rastreo, ⁓ Marco: pero nunca van a Caro: el miedo real de perder el cambio que Marco vivió. Marco: Exactamente y por eso este podcast fue y será que tu mamá nos entere y que tu mamá nos entere de que el dinero no se te cayó sino que te compraste un pingüino o en mi caso una casualita de tomar. Gina: Bye! Caro: Bye. Marco: adiós Gina: Ay dios ⁓