Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / El Extraño Ser Que Vive En Mi Granja Historias De Terror - Voces De La Noche
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- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más comenzamos la tranquilidad de la Granja donde crecí. Siempre me pareció normal. Mis padres no eran demasiado dados a la socialización y la casa estaba ubicada en un lugar remoto. Lejos de cualquier civilización. Pasé mi infancia tomando clases particulares en casa y acompañando a mi padre en raras ocasiones al pueblo para comprar suministros. Aunque este estilo de vida podría parecer extraño para algunos, para mí era simplemente la forma en que siempre había sido. Mi padre. Solía comprar muchas cosas en esos viajes al pueblo y en una de esas ocasiones me sorprendió gratamente al comprarme una VHS con una película que sería convertiría en mi favorita. La película trataba sobre un chico que conocía a un extraterrestre amistoso con el que lograba establecer un vínculo especial. Esta historia me fascinó y a partir de ese momento me obsesioné con todo lo relacionado con omnis y seres extraterrestres. Mis padres alentaban esta nueva pasión. Considerando que era saludable que tuviera un pasatiempo. Una noche, decidí pedir permiso para acampar afuera. Mis padres no veían ningún problema, ya que era algo común en nuestro hogar. Como de costumbre, me instalé con mi linterna y mi cuaderno especial para anotar cualquier movimiento inusual en el cielo. La mayoría de las noches, todo lo que veía eran estrellas brillantes, pero esa noche sería diferente Al principio pensé que era sólo una estrella fugaz, pero a medida que lo observaba, noté que descendía con un estruendo a pocos metros de la granja. La curiosidad me impulsó a querer investigar de inmediato, pero mis padres me habían prohibido salir del perímetro designado al acampar y aún así me acerqué lo máximo posible y apunté mi linterna hacia el lugar del impacto. Sin embargo, estaba demasiado lejos para ver algo con claridad, así que decidí esperar hasta el día siguiente. La mañana siguiente, la granja estaba envuelta en un silencio inusual. Mis padres parecían no notar nada fuera de lo común, pero yo no podía quitarme de la cabeza lo que había sucedido la noche anterior. Después de desayunar, me aventuré hacia el lugar donde había visto descender el objeto misterioso. A medida que me acercaba, la atmósfera se volvía más tensa. Al llegar al sitio del aterrizaje, no encontré nada fuera de lo común. A primera vista. Sin embargo, al inspeccionar más de cerca, descubrí marcas extrañas en el suelo y algunas ramas rotas. Estaba claro que algo había sucedido ahí. Después de descubrir las sosa extrañas marcas en el suelo y las ramas rotas, sentí una urgencia irresistible de seguir las huellas. Sin embargo, justo cuando estaba a punto de adentrarme en el bosque, mi padre me llamó desde la granja para que comenzara con las tareas diarias a regañadientes. Dejé de lado mi búsqueda y me dirigí de vuelta a casa. El día pasó rápidamente entre labores agrícolas y las clases particulares, que seguían siendo una parte importante de mi rutina. No fue hasta ya entrada la tarde que tuve la oportunidad de retomar mi búsqueda en el bosque. Al llegar al lugar del aterrizaje, me di cuenta de que las huellas que tanto me habían intrigado ya no eran visibles. El viento y otros animales que habían pasado por ahí las habían borrado. No quería rendirme tan fácilmente. Recordaba claramente hacia donde se dirigían las huellas, así que decidí adentrarme en el bosque, confiando en mi intuición para guiarme. Al principio. El bosque era tan familiar como siempre lleno de los sonidos, de la naturaleza y la luz que se filtraba entre las hojas. No sentía miedo, ya que solía aventurarme ahí para recolectar frutas silvestres. Sin embargo, a medida que caminaba más profundo, el ambiente cambió. La atmósfera se volvía asfixiante como si el mismo bosque estuviera observándome con ojos invisibles. A pesar de la incomodidad creciente, seguí adelante, impulsado por la curiosidad y el deseo de encontrar respuestas. Caminé por un largo rato. Sin embargo, llegó un momento en el que el ambiente se volvió casi insoportable. La densidad del bosque parecía cerrarse a mi alrededor y comencé a dudar de mi decisión de adentrarme aún más. Cada paso se volvía más difícil como si algo intentara frenarme. Fue entonces, cuando la sensación de ser observado se intensificó y un escalofrío recorrió mi espina dorsal. Decidí que lo mejor era dar marcha atrás y regresar a casa. Pero mientras lo hacía, el sentimiento de ser vigilado no disminuyó. Al contrario, parecía aumentar con cada paso que daba. En un momento escuché el sonido nítido de una rama romperse tras de mí. Instintivamente me giré para ver qué era lo que vi Me dejó sin aliento. Se trataba de una silueta extraña, como la de un hombre adulto, la cual se destacaba entre los árboles. Sin embargo, algo estaba terriblemente mal. Su cabeza parecía deformada y extraña, como si no perteneciera a un ser humano, y en ese momento el miedo se apoderó de mí sin esperar a ver más. Comencé a correr de vuelta a casa. El sonido de pisadas resonaba detrás de mí. La sensación de que algo me perseguía aumentaba mi velocidad. No me atreví a mirar atrás y sólo corrí lo más rápido posible. Cuando finalmente llegué a la seguridad de mi hogar, miré hacia atrás, pero no vi nada. El bosque estaba tranquilo como si nada hubiera sucedido. Esa noche me acurruqué en mi cama tratando de encontrar una explicación lógica para lo que acababa de experimentar. Mi encuentro. Con ese ser se había convertido en una experiencia aterradora y desconcertante. Me cuestioné que si lo que bien verdad era un extraterrestre o había sido simplemente un monstruo. La dualidad de mis experiencias con lo desconocido dejó una inquietud persistente en mi mente y mientras intentaba dormir esa noche, mis pensamientos se perdían en las sombras que se extendían por la habitación y el crujir de la madera vieja se mezclaba con el susurro del viento. Fue entonces cuando entre los susurros nocturnos percibí unos sonidos extraños provenientes fuera de mi habitación. Mis sentidos se agudizaron y me asomé cautelosamente, pero la oscuridad reinante me impedía ver más allá del umbral. La granja, que normalmente estaba sumida en un silencio absoluto por la noche parecía cobrar vida con cada crujido y susurro. Mis ojos se es su rules forzaban por captar cualquier indicio de movimiento, pero la negrura fuera de mi habitación era impenetrable. De repente, el sonido del ladrido de un perro cortó el aire. Rompiendo la quietud nocturna, reconocí el ladrido inconfundible de nuestro perro, que en realidad pertenecía a mi padre y pasaba la mayor parte del tiempo. A su lado, la sorpresa y la preocupación se apoderaron de mí, ya que este perro raramente ladraba sin motivo aparente. Mi curiosidad me impulsó a salir de la habitación y dirigirme hacia el origen de los ladridos. Descendí las escaleras en silencio, intentando no hacer ruido para no alertar a quien quiera que estuviera afuera. Al llegar al patio, vi al perro plantado frente a unas pacas de alfalfa, con sus orejas alerta y su mirada fija en algo que escapaba a mi visión. Fue entonces cuando la quietud de la granja se vio interrumpida por un suceso extraño sin previo aviso. Las pacas de alfarfa, perfectamente apiladas se derrumbaron con un estruendo, rompiendo la paz de la noche como si algo invisible hubiera decidido desencadenar el caos en medio de la tranquilidad nocturna. El sonido reverberó en la oscuridad y mi corazón latía con fuerza en mi pecho. El perro, ahora en guardia, seguía mirando fijamente el lugar donde antes se encontraban las pacas de alfalfa. Un escalofrío recorrió mi espalda mientras intentaba entender lo que acababa de presenciar era acaso el mismo ser extraterrestre que había encontrado en el bosque. O era algo más, algo completamente incomprensible. Después del estruendo, la granja quedó sumida en un silencio. Sepulcral y el perro seguía alerta, pero no emitía ningún sonido. Mis ojos escudriñaban la penumbra, pero no había nada que pudiera ver. Decidí regresar a la casa después de que el perro se tranquilizara. A pesar de la inquietud que se aferraba a mi mente, no podía evitar sentir una extraña conexión. Entre todos los eventos de las últimas noches había algo más en juego de lo que podía comprender. O eran simplemente coincidencias extrañas que desafiaban cualquier explicación lógica. A medida que regresaba a mi habitación, la incertidumbre me acompañaba. Cerré la puerta con cuidado, pero la sensación de que algo estaba observando me persistía. Me sumergí en la oscuridad de la noche preguntándome que otros misterios ocultos aguardaban en las sombras de la Granja y si alguna vez podría descubrir la verdad. Detrás de estas experiencias inquietantes pasaron tres días desde la última serie de eventos misteriosos y durante ese tiempo la Granja parecía haber vuelto a la normalidad. Todo transcurría con la calma rutinaria que solía caracterizar nuestra vida y empecé a cuestionar si todo lo que había experimentado había sido simplemente producto de mi imaginación y ansias de lo extraor. Sin embargo, una sensación persistente de inquietud seguía agazapada en mi interior, como si el universo estuviera a punto de revelar algo más. Decidí dejar atrás mis dudas y, en un intento de reconciliación con mi propia curiosidad, opté por acampar afuera. Una vez más, el campamento transcurrió sin incidentes notables y comencé a creer que había exagerado todo en mi mente hasta que, de repente, los ladridos frenéticos de nuestro perro volvieron a cortar la tranquilidad de la noche. Mis sentidos se agudizaron de inmediato y me dirigí hacia donde provenía el ruido. El perro estaba frente a uno de los corrales vacíos, ladrando con una intensidad que indicaba algo más que una simple alerta. Parecía querer atacar, pero su cadena se lo impedía. Avancé en esa dirección con mi linterna en mano, temblando por la anticipación de lo que podría encontrar, comencé a lanzar pequeñas piedras en un intento de la de llamar la atención del perro. El sonido de las piedras golpeando el suelo se mezclaba con el eco de los ladridos y, de repente, una de las piedras que arrojé fue de vuelta hacia mí. La sorpresa me congeló en el lugar mientras mi mente intentaba procesar lo que acababa de suceder con el corazón, latiendo con fuerza me acerqué más, iluminando el interior del corral con mi linterna. Fue entonces cuando mis ojos se encontraron con otro par de ojos profundos y oscuros como aceitunas que me miraban fijamente desde la penumbra. La figura apenas visible, se mantenía inmóvil, pero la intensidad de su mirada me hizo retroceder un paso. El miedo se apoderó de mí y retrocedí rápidamente hasta llegar a mi casa. Cerré la puerta con fuerza detrás de mí, sintiendo la tensión en el aire. Mis pensamientos se agitaron en una mezcla de confusión y temor, y pasé la noche sin poder conciliar el sueño, preguntándome qué ser extraño habría estado en el corrales a noche. Al día siguiente, mi padre notó mi incomodidad y cuestionó por qué había dejado todas mis pertenencias de acampar afuera. Si finalmente había dormido dentro de la casa, me quedé en silencio incapaz de articular lo que realmente había sucedido. No podía enfrentar la posibilidad de que mi familia creyera que mi obsesión por los extraterrestres me estaba volviendo loco y opté por ocultar la verdad, alegando que simplemente había cambiado de opinión sobre acampar afuera. A pesar de mis esfuerzos por volver a la normalidad, la presencia de esos ojos oscuros en el corral seguía atormentando. Mi vida. Me encontraba en una encrucijada entre la curiosidad y el miedo, preguntándome si debía aventurarme a descubrir la verdad detrás de estos eventos inexplicables o si era más seguro dejar que el velo de lo desconocido permaneciera intacto. Las noches siguientes estuvieron marcadas por una mezcla de duda y curiosidad. Me n en rn la encontraba en una encrucijada emocional, debatiéndome entre el miedo y la fascinación por lo desconocido. Recordando los encuentros pasados, me di cuenta de que aquel ser extraterrestre no había intentado lastimarme en ninguna ocasión. En lugar de eso, parecía haber buscado algún tipo de conexión, alguna forma de comunicación que escapaba a mi comprensión. Inspirado por la película que tanto me había gustado, decidí acercarme con más valentía a lo inexplicable una noche en la que volvía a acampar afuera dispuesto a enfrentar lo desconocido y encontrar respuestas que mi mente ansiosa tanto deseaba. Mientras esperaba pacientemente a que el perro alertara con sus ladridos. Sentí la quietud de la noche envolviéndome estaba a punto de caer en un sueño inquieto cuando de repente, los ladridos del perro rompieron la tranquilidad nocturna. Salí de mi tienda apresuradamente y esta vez, con la determinación de enfrentar lo que sea que estuviera causando tanto alboroto, el perro estaba nuevamente frente a las pacas de alfalfa. Sus ladridos llenaban el aire. Me acerqué con cautela. Recordando los ojos oscuros que me habían mirado fijamente desde el corral, esta vez decidí probar una aproximación diferente y con voz suave. Comencé a decirle a lo que fuera que estaba ahí, que no debía tener miedo, que yo era bueno. Mientras hablaba, dejaba algunos caramelos en el suelo, esperando que la oferta de dulces pudiera calmar los ánimos. Sin embargo, éste no parecía responder a mis palabras ni a los caramelos. Continué intentando establecer una conexión, explicándole que no era una amenaza, sino alguien que buscaba entender. Pero el silencio persistió y eventualmente me vi obligado a retirarme a mi tienda con la incertidumbre todavía colgando en el aire. Al despertar al día siguiente, algo en el aire parecía diferente mi mientras tras salía de la tienda, noté que los caramelos que había dejado la noche anterior ya no estaban donde los había colocado. Una mezcla de alivio y emoción se apoderó de mí. La ausencia de los dulces indicaba que algo alguien o alguna presencia había respondido a mi intento de comunicación. Aquella mañana, mientras inspeccionaba el área donde dejé los caramelos, no podía evitar sentir una extraña conexión con lo desconocido. Mi mente divagaba entre teorías sobre quién o que podría estar detrás de estos misterios. Pero una cosa era segura. Algo en la granja había cambiado con renovada determinación. Decidí continuar explorando esta nueva relación, sabiendo que las respuestas podrían llevarme a comprender el verdadero alcance de lo inexplicable que se escondía entre las sombras de la granja. Una noche, mientras me sumía en la quietud del campamento, los ladridos del perro resonaron en la oscuridad. Salí de mi tío con la linterna en mano preparado para enfrentar lo desconocido. El perro fiel a su deber, señalaba hacia el mismo corral de las pacas de alfalfa. Entonces en la penumbra pude distinguir la forma de la criatura. Esta vez la visión era más clara, aunque aún envuelta en una especie de neblina etérea. La criatura no parecía tener una parte trasera definida. Era como si careciera de dimensión en esa dirección. Mis ojos se entrecerraron incrédulos. Ante lo que veían, parecía una criatura sin dimensiones, algo que desafiaba la lógica y las leyes conocidas de la realidad. La parte que sí tenía era muy similar a un ser humano común. Sin embargo, su cabeza era un poco irregular y sus ojos carecían por completo de otro color que no fuera negro. Su piel, aunque no podía verlo bien por la oscuridad, parecía ser de un tono gris. Me quedé allí parado a una distancia segura intentando procesar la visión ante mí. La criatura, si es que se le podía llamar así, parecía moverse de una manera que desafiaba toda comprensión. Cada vez que intentaba enfocarla completamente se desvanecía sutilmente en la oscuridad como si su forma estuviera siempre en un estado de cambio constante. Mi mente se debatía entre el temor y la fascinación, pues la criatura no parecía representar una amenaza, al menos hasta ahora. Inspirado por la idea de que quizás, al igual que en la película que tanto amaba, esta entidad buscaba algún tipo de conexión, así que decidí dar un paso adelante. Comencé a decirle que no debía temer, ya que no le haría daño. A medida que hablaba. Dejé algunos caramelos en el suelo, recordando la respuesta positiva que obtuve la última vez. Sin embargo, la criatura no reaccionó. Mis palabras se perdieron en el silencio de la noche y los dulces permanecieron intactos ns en el suelo confundido. Me retiré a mi tienda, preguntándome si lo que acababa de presenciar era real o simplemente una manifestación de mi propia imaginación. Al día siguiente, mientras revisaba el área donde había visto a la criatura, encontré los caramelos exactamente donde los había dejado. La incertidumbre persistía, pero también lo hacía mi determinación de descubrir la verdad detrás de aquellos misterios. Dos noches después de mi último encuentro con la criatura sin dimensiones, decidí volver a intentar hacer contacto. Esta vez me coloqué estratégicamente a un lado del perro, esperando pacientemente a que la criatura se hiciera presente. La espera dio sus frutos, ya que el perro comenzó a ladrar señalando la presencia de la entidad que parecía acercarse a nosotros. La tensión en el aire era palpable. Mientras observaba cómo la figura se movía en la oscuridad. A pesar de mis intentos anteriores de comunicación, no sabía cómo actuar ni qué decir antes de que pudiera formular una estrategia. Un presentimiento oscuro se apoderó de mí dio un par de pasos hacia atrás, mientras el perro continuaba ladrando frenéticamente. Fue entonces cuando algo horrible sucedió. La criatura se abalanzó contra el perro, cubriéndolo casi como si fuera un cobertor. La escena me dejó paralizado, incapaz de comprender la brutalidad de lo que estaba presenciando. El perro emitía chillidos, desgarradores y el sonido de la criatura devorándolo resonaba en la oscuridad de la noche la forma en que la criatura consumía al perro era grotesca recordando la manera en que una estrella de mar se alimenta, emitía ruidos extraños y desconcertantes mientras llevaba a cabo su acto. Macabro mi mente en un estado de choque tardó un momento en procesar lo que estaba sucediendo. Finalmente logré liberarme de mi escondite y corría as a la casa para despertar a mis padres. Mis palabras salieron apresuradas tratando de explicar la horrenda escena que acababa de presenciar. Pero cuando finalmente lograron salir de la casa y llegaron al lugar, ni la criatura ni el perro estaban a la vista. Desde ese día, la granja quedó sumida en un silencio inquietante. Mis padres, al principio incrédulos, aceptaron la desaparición del perro como un misterio sin resolver. Sin embargo, yo sabía la verdad y aunque era una verdad que desafiaba toda lógica y explicación racional. Aquella criatura sin dimensiones había mostrado su verdadera naturaleza esa noche, dejándome con cicatrices imborrables en la memoria. A pesar de mis esfuerzos por comprender lo que había sucedido, la criatura nunca volvió a mostrar su presencia. De la misma manera. Sin embargo, cualquier intento de tener otro perro en la granja terminaba en desapariciones inexplicables. Los caninos llegaban a la familia con alegría, pero desaparecían misteriosamente. Pocos días después, a medida que crecí, llevé conmigo la inquietante certeza de que aquella criatura sin dimensiones aún acechaba la granja y sus encuentros pasados se convirtieron en recuerdos oscuros y perturbadores que nunca pudieron ser borrados por el paso del tiempo. La Granja, una vez llena de secretos misteriosos, se volvió un lugar sombrío, marcado por la ausencia de los perros, que se convirtieron en víctimas de lo inexplicable. Hasta la fecha no he vuelto a ver a la criatura, pero la sombra de su presencia persiste en la granja, recordando que algunos misterios no pueden ser resueltos y que hay criaturas que desafían las leyes conocidas de la realidad. La historia de la criatura sin dimensiones se convirtió en un relato transmitido entre generaciones, un recordatorio de que en los rincones más oscuros de lo desconocido aguardan secretos que desafían la comprensión humana. Relato escrito y adaptado por Aurora escalante