Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / Cuidado Con Lo Que Deseas Historias De Terror - Voces De La Noche
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- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más. Comenzamos cuando tenía siete años, vivía en una casa en el campo, un lugar alejado de otras viviendas. Aunque tenía mucho espacio para jugar, pasaba la mayor parte del tiempo sola. No muchos niños podían llegar tan lejos y hacer amigos. Era difícil. En casa sólo tenía la compañía de un perro ya anciano que prefería descansar bajo la sombra de los árboles en lugar de jugar. Esta vida solitaria no me gustaba, pero todo cambió. Un verano, mis padres trabajaban en la milpa, una parcela de tierra en el mismo terreno, pero alejada de la casa, y pasaba mis días en soledad durante las vacaciones de verano. Una mañana, mientras veía dibujos animados en la televisión, vi algo que llamó mi atención. Los personajes en la caricatura arrojaron monedas a un pozo y pidieron un deseo. Mi mente infantil se iluminó con la idea de hacer lo mismo en un viejo pozo que se encontraba casi al final de la propiedad. Mis padres me habían prohibido ir a ese lugar, diciéndome que el pozo estaba clausurado desde hacía mucho tiempo y que incluso se había secado. Temían que pudiera caer y quedar atrapada para siempre, a pesar de sus advertencias. La idea de pedir un deseo y mi inocencia infantil me llevaron a desafiar sus órdenes. Tomé una moneda y me dirigí al pozo. Al llegar ahí descubrí que mi padre ya había tapado la abertura del pozo con tablas para evitar cualquier accidente. Esto me decepcionó, pero noté que las tablas se habían debilitado con el tiempo y algunas se podían quitar tras un esfuerzo considerable, lo que retirar dos de ellas. Sin embargo, eso fue lo más lejos que pude llegar, puesto que las demás tablas estaban demasiado fijas como para que yo, a mis siete años, pudiera quitarlas sin ningún tipo de herramientas. Pero pensé que quizás no hacía falta que quitara todas, puesto que el hueco ya era lo suficientemente grande como para que pudiera tirar la moneda. Por ahí cerré los ojos y, con la inocencia propia de un niño de siete años, arrojé la moneda al pozo y en voz alta dije mi deseo, el cual, por obvias razones fue tener un amigo con quien jugar en mi solitaria casa. Abrí los ojos, pero no vi absolutamente a nadie. No esperaba que mi deseo se cumpliera de inmediato, por lo que no me decepcioné. De hecho, en mi mente infantil imaginaba que cuando volviera a la escuela, un nuevo amigo o amiga se integraría a mi salón de clases y que a este niño o niña la dejarían ir a jugar a mi casa. Tal vez incluso quedarse a dormir. Me pregunté si mi deseo se haría realidado, si el pozo era realmente uno de esos pozos de los deseos. Me conforté a mí misma pensando que sí debía serlo, ya que mi padre me había contado que el pozo había estado ahí muchos años, incluso antes de que mi familia comprara la propiedad, y si algo había existido durante tanto tiempo debía ser mágico verdad. Mientras reflexionaba sobre esto y me sentía feliz por mi nueva conclusión, me di media vuelta para regresar a casa antes de que mis padres se dieran cuenta de que había ido al pozo. Sin embargo, justo cuando estaba a punto de dar el primer paso, escuché algo extraño. Un maullido. No era un maullido común. Se escuchaba con eco lo que era extraño para un simple maullido de gato. El sonido del maullido como tal no era tan ajeno a mí, puesto que en las cercanías había muchos gatos que vivían en el campo, pero eran huraños y nunca se acercaban a las personas y sólo podías verlos buscando en la basura o cazando alguna desprevenida ave. Pero este maullido tenía un matiz inusual. Mis pensamientos se enfocaron en la posibilidad de que un gato hubiera caído al pozo, lo cual parecía improbable, ya que el pozo había estado tapado hasta que yo retiré las tablas y no había visto ningún dato cerca antes de darme la vuelta. Así que pensé que quizás pudo haber sido el graznido de un ave o algo por el estilo, pero cuando estaba a punto de avanzar de nuevo volví a escucharlo. Siguiendo el sonido, me acerqué al pozo con precaución, tratando de ver si el gato necesitaba ayuda. No quería que el animal sufriera por mi culpa, ya que me sentía responsable por abrir el pozo. Sin embargo, cuando miré hacia abajo sólo vi oscuridad. El pozo parecía absorber cualquier rastro de luz, lo lo que me impedía a bar ver cualquier cosa en su interior. Intenté llamar al gato, incitándolo a hacer cualquier ruido que pudiera alertar su presencia. Sin embargo, no obtuve respuesta. Pensé que tal vez había imaginado el sonido del maullido, pero justo cuando estaba a punto de retirarme vi algo que me heló la sangre. Dos grandes ojos amarillos parecían brillar en medio de la oscuridad del pozo. Por el miedo, lancé un grito y retrocedí, aunque no pude mantener el equilibrio y caí de centón sobre el pasto que rodeaba el pozo. Sin embargo, ni siquiera me dio tiempo de quejarme por el dolor, puesto que realmente comenzó a salir del pozo a un gato. Pero éste no salió de un salto o de una manera en la que un gato lo haría, pues éste salió de una forma a falta de un mejor término. Diré humana. Se apoyó en sus patas delanteras como si fueran manos y escaló hasta salir. Por si eso fue un poco. El gato estaba parado de una manera muy erguida en dos patas. No era como cualquier gato parado en sus patas traseras. Este animal parecía querer imitar la postura humana. Ambos nos miramos fijamente por un par de minutos y lo más desconcertante ocurrió cuando el gato pronunció mi nombre. Me levanté rápidamente y mis ojos se enfocaron en la criatura que había salido del pozo. Era un gato de eso no cabía duda, pero no era un gato común y corriente. Este gato estaba de pie sobre dos patas, sosteniéndose con un bastón antiguo de lo que parecía ser madera vieja, con la pintura descarapelada y con una gema roja. En la punta también lucía un sombrero de copa negro desgastado y un moño en su cuello que, al igual que el resto de su conjunto, parecía que los había tenido por un largo tiempo, aunque al mismo tiempo parecía elegante y a la vez extraño, como si hubiera salido de un cuento de hadas. Mis ojos se abrieron con asombro al ver al gato ligeramente más grande que un gato promedio, pero completamente real, y su pelaje era suave y brillante y sus grandes ojos amarillos parecían observarme con una inteligencia fuera de lo común, aunque cualquier adulto probablemente habría sentido miedo y huido de la extraña escena. Durante unos minutos, el gato y yo nos quedamos mirándonos mutuamente en silencio. No sabía cómo reaccionar ante esta situación incomprensible. Finalmente, fue el gato quien volvió a hablar. Me llamaste pequeña Lidia dijo con una voz peculiar que parecía mezclar la seriedad con un suspiro. Mi sorpresa fue evidente y me pregunté cómo este gato sabía mi nombre. Era como si hubiera estado esperando mi llegada con una mezcla de asombro y desconfianza. Le pregunté cómo sabes mi nombre. El gato esbosó una sonrisa que me dio escalofríos puesto que, como dije antes, era un gato. No era como esos programas de televisión donde son antropomorfos y parecen una extraña mezcla entre humanos y animales. Lucía como cualquier gato. Si se pusiera a cuatro patas, nadie creería que puede sostenerse en dos y, por ende, el que sonriera no iba de acorde a lo que un gato hacía, así que se veía extraño y esto añadía un toque inquietante a su apariencia. Yo no sé todo pequeña. Respondió enigmáticamente. A pesar de mi desconcierto y desconfianza. Recordé que había arrojado la moneda al pozo y había deseado a un amigo. Este gato debía ser la respuesta a mi deseo, aunque no fuera lo que había imaginado. Sin embargo, algo dentro de mí me decía que esta situación era demasiado extraña. Para ser verdad. El gato dio un salto y cayó en el pasto, conservándose aún en dos patas. Se acercó a mí como todavía desconfiaba de él. Retrocedí un par de pasos. Noté que el gato hizo una mueca extraña en su rostro felino, algo que parecía más propio de un humano que de un gato. Sus características faciales se retorcieron de una manera que desafiaba toda lógica. A pesar de mis reservas, no pude evitar sentirme intrigada por este misterioso gato. Me preguntó si quería jugar con él y a pesar de que sentía que algo no estaba bien y que debía irme algo en mí, no quería herir sus sentimientos, pues creí que se pondría triste si le decía que, en realidad yo había pedido a un niño humano y no a él, así que le dije que tenía que volver a casa o mis padres se preocuparían por mi ausencia. Esta parecía una razón lo suficientemente válida para despedirme del gato y regresar a casa sin lastimar sus sentimientos. Me di la vuelta y comencé a alejarme rápidamente. Sin embargo, antes de que pudiera dar unos pocos pasos, el gato me detuvo con un firme ey espera voltear pr y cada vez que Recuerdo esto. No puedo evitar darme cuenta que el gato parecía estar agazapándose como si estuviera a punto de perseguir a una presa, pero en cuanto me volteé, el gato volvió a erguirse, Me sonrió y me dijo mira lo que puedo hacer. Acto seguido, el gato comenzó a bailar de una manera que me dejó boquiabierta. Utilizaba su bastón y ocasionalmente lanzaba su sombrero en el aire, haciendo que el baile fuera aún más espectacular. Me reía ante su actuación como si estuviera viendo un acto en un circo, era, como si este gato hubiera salido de un cuento de hadas y su baile me llenó de asombro y alegría. Cuando finalmente terminó su danza quitándose el sombrero y haciendo una pequeña reverencia. No pude evitar aplaudir y reír. Le dije que era muy bueno y que bailaba muy bien. El gato me sonrió de nuevo y me dijo que podría enseñarme a bailar como él. Sí me quedaba un poco más estaba a punto de aceptar su oferta. Cuando escuché la voz de mi madre, llamándome claramente enfadada por haberme alejado de la casa y haberme acercado al pozo. Asustada por el regaño que se avecinaba, comencé a correr en dirección a mi madre, sin siquiera despedirme del gato con sombrero. Cuando finalmente llegué a donde estaba mi madre, ella me reprendió por haber desobedecido sus instrucciones de no acercarme al pozo. Me hizo prometer que nunca más me acercaría. Ahí me dijo que ella y papá trabajaban mucho y que no podían vigilarme todo el rato y me dijo que le prometiera que nunca me volvería a acercar al pozo. Sin embargo, yo traté de explicarle que había visto a un gato con sombrero. Le conté que bailaba y que él quería ser mi amigo. Además, le dije que dicho gato vivía en el pozo y que sí me dejaba ir a verlo de nuevo. Tendría mucho cuidado, pero ella no me creyó y me dijo que si el gato quería venir a la casa, estaba bien, pero yo no podía volver al pozo. Obviamente, sólo quería asegurarse de que no regresara, por lo que no tuve mayor remedio que prometerlo. A La mañana siguiente, mientras estaba en mi casa jugando con mis muñecas, volví a escuchar aquellos maullidos que provenían de mi ventana. Aquello me hizo sonreír pues pensé que quizás el gato se había molestado conmigo por irme tan rápido sin despedirme. La última vez que estuvimos juntos de alguna manera quería demostrarle que quería ser su amiga, y esos maullidos eran la oportunidad perfecta llena de emoción, me acerqué a la ventana y la abrí de par en par esperando ver al gato con sombrero fuera. Sin embargo, para mi sorpresa no vi a nadie y miré hacia el campo que rodeaba mi casa, pero no había señales del gato. Me sentí un poco desilusionada preguntándome si aquel gato peculiar había decidido no volver y que lo que había escuchado era algún gato salvaje que rondaba por ahí. Así que desilusionada, decidí volver a mi juego con las muñecas, pero apenas me arrodillé en el suelo escuché un peculiar maullido que provenía de la puerta de mi cuarto. Volteé de inmediato y asomándose en una esquina de la puerta estaba el gato con sombrero. Entró a mi cuarto aún de pie en dos patas, apoyándose ocasionalmente en su bastón, lo que me hizo pensar que quizás no estaba diseñado para andar erguido todo el tiempo y por eso necesitaba dicho bastón de madera. El gato me preguntó qué estaba haciendo y le respondí con entusiasmo que estaba jugando con mis muñecas. Le presenté a todas mis muñecas y le dije cuál era mi favorita. Como cualquier niña pequeña haría, el gato escuchó atentamente durante varios minutos y luego decidió unirse al juego. Jugar con él era diferente y emocionante y pronto olvidé por completo mis dudas sobre quién que era este gato, aunque ahora que lo analizo, recuerdo que en cada oportunidad me decía que después de jugar con las muñecas, deberíamos ir al pozo después de jugar un rato. La curiosidad volvió a mí y le pregunté al gato que era. En realidad me respondió que era el amigo que había pedido, pero eso no me satisfacó por completo. Quería entender por qué se comportaba de manera tan diferente a cualquier gato que había conocido. Insistí en mi pregunta y fastidiado y un poco agobiado por mis preguntas, me dijo que él era un gato. Yo le respondí que ya lo sabía, pero que no actuaba como otros gatos, a lo que me respondió que todos los gatos podían actuar de esa manera si lo deseaban. Sin embargo, habían dejado de hacerlo y después me dijo que si no dejaba de preguntar, se iría y nunca volvería a jugar conmigo. Me quedé en silencio procesando sus palabras y, aunque su respuesta me dejó con más precis juntas, decidí no presionar más. Después de todo, era mi amigo y no quería que se enojara o se fuera Cuando terminamos de jugar con las muñecas. El gato propuso un juego aún más emocionante, volver al pozo, donde tenía guardados varios juguetes que podría darme. Sin embargo, recordé la promesa que le había hecho a mis padres de no acercarme al pozo de nuevo y le expliqué que no podía ir ahí, ya que podrían castigarme si se enteraban. El gato insistió y mencionó que en el pozo tenía muchas palomitas de maíz y dulces, algo que realmente me tentó, ya que mis padres rara vez me permitían comer golosinas. Mi deseo de disfrutar de esas delicias me hizo titubear. Le dije que no estaba segura y él me dijo que jugáramos a las escondidas con la condición de que sí ganaba. Iríamos al pozo. Así sería una competencia y, por alguna razón, eso tuvo mucha lógica en mi joven mente, así que le dije que estaba bien. Estaba a punto de levantarme del suelo. Cuando de repente escuchamos la puerta de mi casa a abrirse, reconocí inmediatamente los pasos de mis padres Entrando a la casa. El gato pareció asustarse un poco por su llegada, pero pensé que sólo era porque no los conocía. Le dije al gato que eran mis padres y que podría presentárselos, pero él insistió en que no quería conocer a nadie más. Añadió que nuestra amistad debía mantenerse en secreto y que no debía contarle a nadie sobre él. Cuando le pregunté por qué no podía decirlo, me explicó que los demás no lo entendería ni que, además, si alguien más llegara a descubrirlo, desaparecería debido a la magia que lo envolvía. A pesar de mi curiosidad, asentí sin entender del todos sus razones, el gato propuso que al día siguiente pudiéramos ir juntos al pozo cuando mis padres no estuvieran cerca y que guardaría todos los dulces que me había prometido. Acepté su propuesta, pero en ese momento escuchamos la voz de mi padre, que se acercaba preguntando con quién hablaba. Mi padre se asomó a mi habitación y al ver al gato lanzó un grito de horror. Rápidamente me ordenó alejarme de la criatura. El gato, que en un principio parecía pacífico, gruñó vice agazapó preparado para atacar. Si es que nos acercábamos demasiado. Mi padre, confundido y asustado, intentó cerrar la puerta de mi habitación para que el gato quedara atrapado adentro. Sin embargo, el gato entendió sus intenciones y se abalanzó hacia la puerta, mordiendo el brazo de mi padre y provocándole una herida grave. Actuando por instinto, el gato corrió en dirección a la puerta de la casa, mientras mi padre, herido y enfurecido, lo persiguió con un azadón en la mano. El gato llegó al antiguo pozo y saltó adentro desapareciendo nuevamente en la oscuridad. Mientras mi padre sellaba el pozo, pude escuchar una tétrica risa triunfal que salía de las profundidades. Por años creí que estos eventos habían sido sólo un sueño de la niñez, una fantasía que mi mente de niña había inventado. Nunca se lo conté a nadie. Sin embargo, hace unos días, visitando a mis padres, mi padre compartió una inquietante historia. Los hijos de mi hermano menor habían estado jugando en el campo. Cuando corrieron hacia la casa aterrorizados, contaron que habían escuchado una voz que parecía venir desde el pozo, una voz que les pedía que lo dejaran salir. Y después de eso hablamos de lo que había ocurrido años atrás. Me dijo que intentó investigar, pero nunca encontró nada de ese pozo y sólo reza para que cuando él muera, nadie intente abrirlo de nuevo. Ahí fue cuando supe que mi experiencia no fue un sueño, sino una extraña y misteriosa realidad que había vivido de Niña. Relato escrito y adaptado por Lisa Hernández