Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / No Debí Jugar A La Ouija Para Hablar Con Mi Madre Historias De Terror - Voces De La Noche
Transcript
- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más comenzamos. Tengo muy buenos recuerdos de mi infancia. Crecí en un pequeño pueblo de apenas unos pocos habitantes, crecí rodeado de primos y familiares, los cuales me amaban mucho. Sin embargo, a los catorce años todo cambió cuando a mi padre le surgió una oportunidad de trabajo en la ciudad, el cual prometía un futuro más Próspero la mudanza a la ciudad fue como un cambio brusco de escenario en una obra teatral. Sólo que mi vida era la obra y la ciudad el nuevo escenario donde me vería obligado a actuar. Aunque yo no estaba de acuerdo con dejar atrás el pequeño pueblo que había sido mi hogar desde que tenía memoria. No tuve voz ni voto en la decisión urno familiar. Mi vida ya era bastante complicada. Antes de la mudanza nunca conocí a mi madre. Mi único recuerdo de ella era su fotografía enmarcada en el pasillo. Mi padre, taciturno y reservado, apenas hablaba de ella y cada vez que intentaba obtener más detalles sobre mi madre, desviaba la conversación con evasivas y miradas melancólicas. Supongo que no puedo culparlo. Después de todo, ella había sido y siempre fue el amor de su vida. La primera vez que puse un pie en la ciudad, sentí que el bullicio de las calles y la multitud desconocida conspiraban para devorarme. Las paredes de los edificios parecían cerrarse sobre mí y la sensación de ser un extraño en un mundo nuevo me envolvía como una manta pesada. Mis primeros días en la nueva escuela fueron aún peores. Sin amigos ni conocidos. Me convertí en el blanco fácil de los matones que disfrutaban haciendo mi vida miserable. Me llamaban de todo el el o forastero, él solitario y otras palabras más crueles que no merecía. Las noches eran el único respiro. Caminaba solo hacia casa, sorteando las sombras de los callejones y sintiendo el viento helado en mi rostro. En una de esas noches, cuando la soledad era mi única compañía un chico, se me acercó. Su nombre era Juan. Yo lo conocía ya que estaba en mi clase y si bien él nunca me había hecho nada, tampoco jamás lo había impedido. A pesar de su aspecto amigable, no me sentía cómodo con su presencia, por lo que me comporté bastante evasivo. Sin embargo, éste parecía realmente querer hacer las paces conmigo, por lo que, luego de hablar un poco, me invitó a una fiesta. A pesar de mis dudas y desconcierto, la perspectiva de escapar de mi rutina de soledad fue demasiado tentadora. La dirección que me dio me llevó a un rincón de la ciudad que no conocía, una zona oscura y descuidada. La música distante y las luces parpadeantes revelaban la ubicación de la fiesta y al entrar me encontré con un ambiente caótico. La música retumbaba en las paredes, las luces estroboscópicas creaban sombras fugaces y la risa estridente de los adolescentes llenaba el aire. El ambiente de la fiesta cambió cuando las botellas de alcohol comenzaron a circular. Aunque me había comprometido con mi padre a no beber, La presión social y la necesidad de encajar me llevaron a sucumbir ante la tentación. El alcohol ardiente en mi garganta me envolvió en una sensación de euforia y despreocupación. La música retumbaba en mis oídos y la luz parpadeante de las luces creaba un mundo distorsionado a mi alrededor. La noche avanzaba y mis inhibiciones disminuían, a medida que la diversión se intensificaba. Sin embargo, pronto empecé a sentir los efectos del alcohol de manera más intensa de lo que había anticipado. Mi cabeza daba vueltas y una sensación de malestar se apoderó de mí. Decidí que lo mejor sería retirarme y regresar a casa antes de que la situación empeorara. Justo cuando me disponía a salir. El bullicio de la fiesta se intensificó la música y las risas se mezclaron con el bullicio de los adolescentes, por lo que al acercarme para ver por qué tanto alboroto pude ver una tabla hija, mi corazón latió con fuerza cuando vi la antigua herramienta sobre una mesa. La tabla, tallada de manera artesanal y desgastada por el tiempo, tenía una aura ominosa que se destacaba en medio del bullicio festivo. Recordé las historias que mi abuela solía contarme sobre las tablas. Hija decía que eran por tales a dimensiones oscuras y peligrosas que no debían ser jugadas a la ligera. El miedo se apoderó de mí, pero no quería mostrar debilidad frente a los demás, así que decidí unirme a la falsa diversión que parecía envolver a todos entre risas nerviosas. Alguien admitió haber robado la tabla de la casa de su abuelo. Un adorador de la Santa muerte. A pesar de la advertencia en mi mente, la curiosidad se apoderó de mí. Podía una tabla oija ser tan peligrosa como decían las historias. Con el halcón nublando mi juicio, decidí quedarme a ver cómo éstos jugaban la tabla ouija. Las manos temblorosas se posaron sobre el puntero y las risas nerviosas resonaron en la habitación. Juan, el anfitrión de la fiesta, tomó la iniciativa y formuló la clásica pregunta haya alguien ahí. Para mi sorpresa, el puntero comenzó a moverse deslizándose de una letra a otra para deletrear la palabra marta. Un escalofrío recorrió mi espina dorsal al escuchar ese nombre, ya que era el mismo nombre de mi madre. Las risas nerviosas se transformaron en susurros y una tensión invisible llenó la habitación. Juan, intrigado y emocionado, continuó preguntando cosas a leer a la tabla hija, la cual respondía a cada pregunta de forma bastante ambigua. Lo peor estaba por venir la tabla como si tuviera una mente propia dejó de responder a las preguntas de Juan para deletrear una y otra vez un nombre que me era demasiado familiar el mío. El pánico se apoderó de mí mientras veía como el puntero. Se movía con determinación, como si un ente invisible me estuviera señalando como su próximo objetivo. La atmósfera en la habitación se volvió asfixiante. Las risas desaparecieron reemplazadas por un silencio tenso. La tabla hija continuaba deletreando mi nombre como un eco macabro de mi propia existencia. Miradas nerviosas y susurros preocupados se dirigieron hacia mí, pero decidí ocultar mi verdadero temor fingiendo no importarme. Aquello fue un grave error, pues uno de los presentes sugirió que la tabla hija pasara a mis manos. Sentí un escalofrío recorrer mi espina dorsal mi mente se nubló con un miedo paralizante y ni siquiera fui capaz de articular una palabra. Cuando colocaron la antigua herramienta sobre mi regazo, los demás chicos alentaron la idea animándome a sujetar el puntero. Aunque no tenía intención de participar en aquella sesión sobrenatural. Algo inexplicable comenzó a suceder. El puntero se movió teletreando la palabra hijo. Una mezcla de emociones contradictorias se apoderó de mí confusión. Tristeza, curiosidad y miedo se entrelazaron en mi interior. No podía creer que mi madre, aunque fuera a través de una tabla hija, se estuviera comunicando conmigo. La indecisión se reflejaba en mi rostro, pero antes de que pudiera tomar una decisión, el puntero volvió a responder a mi presencia, moviéndose nuevamente sin que nadie lo tocara. La palabra hijo se deletreaba una y otra vez frente a los ojos atónitos de todos. La tensión en la hábitat alcanzó su punto máximo cuando, contra mi voluntad, finalmente sujeté el puntero. Quería estar seguro de que aquella comunicación provenía realmente de mi madre. Sin embargo, en el momento en que mis dedos entraron en contacto con el puntero, todos los focos de la casa estallaron simultáneamente, sumiendo la habitación en completa oscuridad, gritos de sorpresa y temor resonaron en el silencio repentino. La fiesta se disolvió en medio del caos. La oscuridad se convirtió en un velo que envolvía el desconcierto y el miedo de los presentes. Tropezando en la penumbra, abandoné la casa, dejando atrás la incertidumbre que se había apoderado de la reunión. Caminé por las calles vacías, sintiendo aún el peso de lo sobrenatural sobre mis hombros. Mi hogar parecía un refugio lejano en medio de la oscuridad de la noche. Al llegar aún consternado por lo ocurrido, olvidé la borrachera que había intentado mitigar con el vino tiempo pasado fuera. La casa estaba en silencio, pero el recuerdo del evento sobrenatural aún resonaba en mi mente. Decidí tomar un baño para despejar mi mente. Mientras el agua caliente caía sobre mi cuerpo, intenté lavar la sensación de lo paranormal de mi piel. Fue entonces cuando escuché claramente la voz de mi padre. Llamándome desde la sala, cerré la llave del agua y respondí que iría en un momento. Sin embargo, las llamadas de mi padre persistieron y su tono se volvió cada vez más urgente con el pelo mojado por la prisa. Salí del baño y me dirigí a la sala sólo para descubrir que estaba completamente vacía. No había señales de mi padre ni rastro de vida en la casa. La realidad se torció en un giro surrealista y el miedo volvió a apoderarse de mí. Llamé a mi padre, pero el eco de mi voz fue la única respuesta que obtuve. Las luces parpadearon ni una sensación de frío inexplicable se instaló en el ambiente. Mis pasos resonaron en la casa vacía mientras buscaba a mi padre en cada habitación. Sin embargo, la verdad se reveló cuando me di cuenta de que mi padre aún no había regresado del trabajo. La inquietud creció en mi interior y la conexión entre los eventos sobrenaturales de la fiesta. El miedo se mezcló con la confusión. Mientras intentaba comprender la relación entre lo sucedido en la fiesta y aquel acontecimiento. Sin poder encontrar una respuesta, decidí achacar todo a mi ingesta de alcohol por primera vez buscando consuelo. Después de los eventos desconcertantes, decidí ver la televisión para alejar la inquietud que se había apoderado de mi ser dada la fecha Hallowin. Los canales estaban llenos de programas y películas relacionados con lo paranormal y lo espeluznante. Sin remedio, seleccioné una película al azar deseando al menos romper el silencio opresivo de mi casa, el resplandor de la pantalla y n laminaba mi habitación mientras me sumía en la trama de la película, intentando distraerme de los misterios sin resolver a mi alrededor. En un momento, el cansancio se apoderó de mí y me dejé llevar por el sueño que me invitaba a cerrar los ojos. No tengo idea de cuánto tiempo dormí, pero fui despertado bruscamente por un grito espantoso que resonaba desde la televisión. Mis ojos se abrieron de golpe y la escena que se desarrollaba en la pantalla me llenó de horror. Una mujer con un vestido rosa intenso sostenía su propia cabeza entre las manos, mirando directo a la Cámara, con ojos vacíos y una sonrisa grotesca en el rostro. La imagen era perturbadora, más allá de cualquier cosa que hubiera visto antes. En un instante, el temor se apoderó de mí y me apresuré a encontrar el control remoto para apagar la televisión. El silencio regresó a la sala, pero mi mente estaba lejos de encontrar paz. La imagen de la mujer con el vestido do rosa se grabó en mi memoria. Persiguiéndome como una sombra oscura. Traté de volver a dormir, pero como si no bastara con la imagen de aquella mujer en mi mente, cada que cerraba los ojos. Mi cuerpo tenía otras necesidades a regañadientes. Me levanté de la cama y fui al baño. La casa envuelta en la penumbra parecía más siniestra que nunca, y cada rincón se volvía una posible fuente de sorpresas desagradables. Cumplí con mi necesidad fisiológica rápidamente, pero cuando estaba a punto de regresar a mi cama, volví a escuchar una voz proveniente de la cocina. Era la voz de mi padre, preguntándome si estaba bien un rayo de esperanza. Se encendió en mi interior y buscando consuelo, me dirigí a la cocina. Sin embargo, lo que encontré ahí fue mucho más allá de lo que podría haber imaginado. Lo que se hallaba en la cocina. En definitiva, no era mi padre. Más bien se trataba de una mujer, pero no cualquier ora mujer. Sus rasgos estaban distorsionados y llevaba un vestido rosa brillante. Esta despedía un olor nauseabundo. Era exactamente igual a la mujer de la película. Con su cabeza entre las manos me miraba con una sonrisa inhumana. El miedo se apoderó de mí. Me paraliza en el umbral de la cocina. La criatura frente a mí dejó de sonreír para comenzar a hablar, utilizando la voz de mi padre para preguntarme si estaba bien. Era una pesadilla viva, una fusión de lo sobrenatural y lo real que me dejó sin aliento. Mis pasos retrocedieron y el pánico se apoderó de mi ser No podía aceptar lo que veían mis ojos y mi mente luchaba por procesar la realidad distorsionada frente a mí. La criatura avanzó hacia mí con movimientos antinaturales. Su sonrisa era inmutable. Mientras continuaba hablando con la voz de mi padre aterrado salí corriendo de la cocina y corrí sin mirar atrás hasta estar a salvo en mi habitación, cerrando la puerta detrás de mí, como si eso pudiera protegerme de la aberración que acababa de presenciar. Mi corazón latía con fuerza y mi mente se debatía entre la incredulidad y el miedo. La casa. Una vez familiar se volvía un laberinto de terrores y yo me sentía atrapado en medio de un mal sueño del que no podía despertar. Cada rincón de la casa se volvió una amenaza y cada sombra oculta parecía albergar la posibilidad de otro encuentro. Con la entidad deformada, me refugié en mi habitación, cerrando la puerta con llave como último intento de encontrar seguridad en un lugar que se había convertido en un escenario de pesadillas. La noche continuó con el eco de la voz distorsionada de mi padre. Resonando en mi mente. La imagen de la mujer con el vestido rosa y su cabeza entre las manos persistió en mis pensamientos un recordatorio perturbador de la realidad retorcida que se había desplegado ante mí mientras esperaba en mi habitación. Me pregunté si alguna vez encontraría una explicación lógica para los eventos sobrenaturales que habían marcado esa noche o si viviría para siempre atormentado por la sombra de lo inexplicable. Después de la espeluznante experiencia en la cocina, decidí no salir de mi habitación hasta el día siguiente. La imagen deformada de la mujer con el vestido rosa y la sonrisa inhumana me perseguía y cada rincón de la casa parecía albergar el recuerdo de la aberración que había presenciado. Apenas me atreví a abrir la puerta al día siguiente, cuando mi padre me llamó para desayunar, dudando por un momento si se trataba realmente de él. Sin embargo, la rutina cotidiana continuó y aunque la normalidad parecía haber regresado, la sombra de lo inexplicable aún se cernía sobre mí, pues muchas noches aún tenía pesadillas. Pasaron un par de días en los que traté de convencerme de que todo había sido una pesadilla. O o o o de la oración nocturna alimentada por el estrés y el miedo. Pensé incluso en algún momento contarle mis miedos a mi padre. Sin embargo, opté por el silencio temeroso de las represalias que podrían desencadenarse si compartía mis experiencias sobrenaturales. Fue en la tercera noche, cuando mi padre tuvo que cubrir otro turno nocturno, que la realidad distorsionada volvió a manifestarse. Me quedé solo en casa tratando de ignorar las sombras que acechaban en cada esquina. Casi a la medianoche, el ladrido inusualmente agresivo de mi perro rompió el silencio de la casa haciendo que me asomara por la ventana. Noté a lo lejos a una mujer solitaria en la calle. Era extraño, ya que no había nadie más en ese momento. Intenté restar la importancia diciéndome a mí mismo que era sólo una mujer regresando a su hogar. Sin embargo, al dirigirme a la cama, pasé frente a la fotografía de mi madre. La imagen desencadenó un torrente de recuerdos perturbadores, rememorando la fiesta de Halloween y las inexplicables apariciones que habían ocurrido. Traté de despejar mi mente, de olvidar los eventos sobrenaturales que me perseguían. Mientras intentaba dormir, el perturbador ladrido continuo de mi perro resonaba en la casa. Estuve a punto de salir para investigar cuando, de repente, los chillidos del animal tomaron un tono agonizante y de un momento a otro, todo quedó en silencio. Alarmado, salí corriendo hacia el patio para ver que le había sucedido a mi perro. Cuando abrí la puerta la escena que se desarrolló ante mí me dejó en total Chok, donde antes estaba mi fiel compañero. Ahora se encontraba de pie una figura femenina, pero ésta no era una mujer común. Era mi madre, exactamente igual a la fotografía que guardaba con tanto cuidado. La sorpresa me paralizó, impidiéndome muy vir verme mientras observaba a la figura familiar. Entonces, de manera escalofriante, la boca de la mujer se abrió sin gesticular y empezó a emitir los ladridos de mi perro, seguidos por los mismos chillidos agonizantes que escuché. Antes de que el silencio se apoderara del patio aterrorizado, cerré la puerta con violencia y me escondí en mi armario. El miedo me envolvía y no me atreví a salir hasta que la luz del día disipó las sombras de la noche. Fue entonces cuando mi padre, al regresar del trabajo, me encontró en estado de choc dentro del armario. Mis relatos de las experiencias sobrenaturales fueron acogidos con escepticismo. Mi padre, preocupado por mi bienestar mental, sugirió que quizás necesitaba ayuda profesional. Sin embargo, la realidad distorsionada que había presenciado la conexión entre mi madre y las entidades sobrenaturales persistía en mi mente como una pesadilla sin fin. Los días siguientes l l l a nern con una rutina de aparente normalidad, pero el temor latente no me abandonaba. Cada sombra, cada rincón oscuro eran recordatorios de la noche en que mi madre o algo que se hacía pasar por ella, había invadido mi hogar de una manera aterradora. Después de aquello me acerqué mucho a la iglesia y aquello ayudó mucho. En verdad, a medida que el tiempo avanzaba, las experiencias sobrenaturales se volvían más difusas, pero la cicatriz emocional que dejaron perduraba. Me preguntaba si algún día encontraría respuestas a los misterios que habían marcado mi vida o si seguiría atormentado por la presencia de entidades inexplicables. La normalidad se volvió un lujo y mi realidad estaba marcada por sombras y secretos que nunca se desvanecerán por completo relato escrito y adaptado por Aurora. Escalante