Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / El Espectro De La Curva ( Recopilación De Carreteras #2 ) Historias De Terror - Voces De La Noche
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- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más. Comenzamos una vez faltaban escasos días para el Día de muertos. Me tocó llevar un camión grande, un tortón con toneladas de cemento al Estado de Oaxaca. Decidí salir un día antes de lo esperado por la madrugada, para así volver justo el día dos de noviembre y poder pasarlo con mi mujer y mis padres, disfrutando de los tradicionales tamales chocolate y pan de muerto muy ricos. Por cierto, esa madrugada tomé mis cosas y salí de casa sin decir nada a mi mujer y a nadie más. Me dirigí hacia la bodega de materiales. Al llegar me topé con el velador que extrañado me miró y vi cómo tomaba su libreta de notas donde tiene anotadas las horas de entrada y salida de cada camión y cargamento. Éste me miró y dijo y ahora a ti qué te pasa que haces aquí a media madrugada. Te tengo registrado en la libreta, pero tu salida es hasta mañana, a las cinco de la tarde. Le dije que sí, efectivamente, pero que quería ahorrarme unas horas para tener libre el día de todos los santos. Contestó está bien. Si te sientes bien, por mí, no hay problema modificaré tu día y hora de salida. Fui a tomar las llaves del camión y lo saqué de la bodega. Este ya estaba cargado y me despedí del velador, el cual era un buen amigo de todos los choferes y salí rumbo a oaxaca. Al encender el radio, puse una estación muy conocida aquí en el estado de Veracruz, la máquina tropical. Dicha estación siempre me gustó escuchar mientras manejaba en el estado, ya que al entrar a otro se perdía la emisión. Todo estaba tranquilo y recuerdo que, pese a hacer una madrugada de noviembre, era algo fresca, pero no fría. Pasaba por una comunidad llamada las vigas frente de la Iglesia. En el centro hay un mercado. Yo siempre había pasado tanto de día como de noche y jamás vi nada raro ni fuera del lugar. Como buen católico, recuerdo que volteé me persigne y cuando lo hice, volteé hacia arriba de la iglesia, en la parte más alta extraña y claramente pude observar lo que parecía ser un niño pequeño. Éste me saludaba con su mano y, lejos de sentir miedo, lo que sentí fue extrañeza y algo de preocupación, pues, como dije, estaba en la parte más alta para el camión por completo y lo dejé en neutro de la nada. Al pasar unos segundos, el camión se empezó a tironear como si se quisiera parar algo también extraño, ya que sentía como si tuviera velocidad puesta. Me distraje por unos segundos al mirar la palanca, quizá tal vez si le había movido, pero no y la inquietud u que crecía mientras observaba al niño en lo alto de la iglesia y en ese instante una sensación de frialdad recorrió mi espina dorsal. Realmente estaba en neutro y al voltear la vista de nuevo a la parte superior de la Iglesia, aquel niño ya no estaba ahí. Ahora estaba justo en la entrada de la Iglesia. Este me volteó a ver y pude ver cómo tenía una sonrisa burlona, aparte de que me apuntaba con su dedo índice. Cuando hizo esto, el camión se apagó completamente, el motor, el radio las luces. Bajé del camión y este niño me seguía mirando, pero cuando vio que yo bajaba del camión, se metió a la iglesia. La verdad. Esto me tranquilizó un poco. Dándole aquello algo de explicación, pensé que quizá habría gente dentro de la iglesia y por eso el niño andaba jugando. Por ahí me olvidé por completo que el camión se había apagado y me dirigía a la entrada de la Iglesia. Al esta en frente de la puerta. Noté algo inusual. Las dos grandes puertas estaban cerradas con dos grandes candados. Me parecía imposible aquello, pues segundos antes vi cómo el niño entraba por esas puertas y en ese momento empecé a comprender que todo aquello no era algo normal del interior de la Iglesia. Comencé a escuchar una risa burlona y fuerte. Era de un niño que parecía estar ronco, una risa que sinceramente, no deseo volver a escuchar jamás en mi vida. Por unos segundos me quedé inmóvil, Me recorrió un frío que me calaba hasta los huesos y cuando pude moverme corrí sin pensarlo hasta el camión. Me subía e intenté darle marcha, pero el carro seguía muerto más grande. Se hizo el miedo cuando volteó a la iglesia, pues pude ver nuevamente a ese niño que se asomaba desde dentro de la iglesia y éste se seguía riendo de una manera siniestra y macabra. No le daba explicación ya que para mí era y ilógico que r algo para normal se manifestara dentro de una iglesia, lugar que se supone es sagrado y puro de Dios. Lo único que pude hacer fue tomar mi rosario, que hallé del espejo retrovisor, lo tomé, me, lo envolví en la mano y le empecé a dar marcha al camión diciendo en el nombre de Dios puro y bendito y de la Santísima Virgen. Al tercer intento, el camión encendió y el niño me persigue aún con mi rosario en la mano. Aceleré y me alejé de ahí estaba alterado y mis piernas me temblaban como si me fuera a dar un calambre. Mis manos igualmente me temblaban. Me detuve a la orilla del camino para tranquilizarme miré el reloj y eran apenas las tres veinticinco de la mañana. Pero para mí ya habían pasado muchas horas. Debido a todo lo que me había sucedido en esos momentos anteriores, se me había hecho eterno todo el tiempo. Me sentía angustiado y lo único que quería era ver los primeros rayos del sol. Pero la realidad era que faltaba aún mucho. Para eso tomé un termo de café que llevaba y me tomé unos tragos. Algo raro que empecé a notar fue que no veía ningún carro pasar. Se sentía una soledad extraña. De un momento a otro noté cómo comenzó a bajar la neblina, cosa más que normal para esa zona de las vigas y la joya, pues es una zona que todo el año se nubla y más en noviembre comencé a sentir mucho frío. Pese a llevar una gruesa chamarra, opté por subir el camión y seguir mi camino un poco más tranquilo. No había avanzado más de un kilómetro cuando de repente, en la orilla de la carretera había una persona haciéndola parada. Parecía una señora cargando un rollo de leña. No me pareció raro, ya que en esa zona mucha gente lleva consigo utensilios para cocinar con leña. Decidí no parar, ya que podría tratarse de una emboscada y correr el riesgo de un asalto con la mirada al frente del camino. Pero de nuevo empecé a sentir miedo y hasta sinceramente me entraron ganas de hacer mis necesidades. Era algo inexplicable lo que sentía y algo me hizo voltear a ver al lado derecho de mi ventana. Realmente no creía lo que mis ojos estaban viendo ahí a la par mía. Venía esa señora que había dejado metros atrás, venía saltando como si se tratara de un conejo dando grandes saltos con sus dos piernas. Con ese rollo de leña en la espalda sujeto por sus manos, yo llevaba los vidrios arriba, pero aún así, la cabina se empezó a congelar literalmente. Mi aliento salía en grandes bocanadas, como si estuviera expuesto a una temperatura muy baja. El parabrisa se empañó completamente en unos cuantos segundos y no podía ver nada. Cuando intenté frenar y dar un volantazo hacia esa cosa, esta volteó lanzando una carcajada macabra. Sólo se veía su cara toda nera negra. Sus ojos eran blancos completamente, sus dientes eran puntiagudos y de ella emanaba una lengua muy larga que le llegaba hasta el pecho. Sentí tanto miedo que quise tomar mi rosario nuevamente, pero mis manos no me respondían, pues estaba completamente paralizado y no hice más que encomendarme a Dios y rezar unos padres, nuestros en mi Mente fue así como comencé a recuperar un poco la movilidad, volteé mi ventana y esa cosa seguía, pese a que volvía a acelerar e iba a unos noventa kilómetros por hora seguía a la par mía, pero ahora se escuchaba como si un caballo fuera corriendo al lado del camión. A lo lejos, comencé a ver lo que parecía ser una capilla, pero se me hacía imposible llegar hasta ella. Seguí rezando y esta mujer seguía corriendo junto al camión. Ya había perdido las esperanzas de salir. De esto me volví a encomendar a Dios cuando vi claramente como esa cosa horrible se me atravesó en el camino. Sentí el golpe al atropellarla. Esto hizo que perdiera el control y el carro se saliera del camino, pero intenté controlarlo dirigiéndolo hacia una pequeña zanja donde quedé estampado. En el momento del impacto, me tiré al suelo y cubrí la cabeza para evitar un golpe mayor. Por fortuna, no pasó a mayores, pese a ir a una velocidad considerable y prácticamente sin vista al frente. Sólo fue un fuerte golpe, pero estaba muy adolorido, especialmente en el cuello. Intenté bajarme del camión, pero no pude. Tenía una pierna lastimada y la oscuridad era total. No tenía idea de la hora, pero el ambiente estaba sumido en la penumbra. Empecé a sentir náuseas. Si fuera se escuchaban los pasos de un caballo como si éste estuviera pastando un miedo terrible. Se apoderó de mí cuando percibí el olor penetrante de azufre que despedía a la mujer que me seguía en el camino a lo lejos, inexplicablemente, escuché claramente el grito de la llorona, un sonido inconfundible que había oído en repetidas ocasiones cuando resonó ese lamento. El caballo que se escuchaba afuera huyó a gran velocidad. Pasaron unos minutos y, como pude, me bajé del camión rengueando y con mucho dolor con mi rosario en la mano, intenté buscar el camino a la carretera en completa oscuridad, temiendo que esa presencia volviera a aparecer. Trataba de avanzar, pero me resultaba difícil. La pierna me dolía mucho detrás de un maizal vi a lo lejos la silueta de un hombre con un machete en la mano en mi mente rogué diciendo Dios mío ayúdame en tus manos. Vuelvo a poner mi vida la silueta se acercaba y noté que llevaba un candil. Afortunadamente, no era una aparición, sino un hombre mayor con vestimenta que parecía de la época de la Revolución Guadaches, sombrero y un cordón amarrado a la cinura. Se acercó y me preguntó qué me pasaba y qué hacía por ahí, a esas horas le conté todo lo sucedido y él me tranquilizó diciendo no te preocupes, hijo mío. Ahora te saco del camino, ya casi va a amanecer. Yo voy para mi huerta. Por ahí te encamino me tomó del brazo y al notar mi pierna lastimada, sacó de su morral hierbas y un ungüento. Después de aplicarlo, el dolor desapareció por completo en cuestión de minutos y me dijo que me levantara que eso aliviaría el dolor, pero que debía ir al médico para que me revisaran. Empezamos a caminar y unos metros más adelante nos encontramos con un crucero donde se dividían dos caminos. Se detuvo y me dijo tú tienes que ir. Por ahí escuches lo que escuches, no vuelvas para nada. Así, escuches tu nombre. No hagas caso y tú sigue yo ya me tengo que ir. Me entregó su candil y se fue por el otro camino, desapareciendo en medio de la oscuridad, algo desconcertado. Hice lo que me dijo y seguí el otro camino. Caminé unos veinte metros, tal vez cuando comencé a escuchar el paso de ese maldito caballo de nuevo, pero seguí el consejo de aquel señor y me encomendé a Dios, aunque sentía como si me soplaran en el oído. Continué mirando hacia adelante, intentando llegar a la carretera. Empecé a escuchar carros, pasar a lo lejos sintiendo algo de alivio, pero no dejaba de escuchar ruidos extraños desde los árboles. Escuchaba mi nombre, pero hice caso omiso y seguí caminando lo más rápido posible. El candil que me había dado empezó a perder intensidad, así que apreté el paso para no quedarme a oscuras. Finalmente llegué a la orilla del camino y vi la carretera a lo lejos. Dejé de escuchar esos ruidos. Cuando los primeros gallos cantaron, me senté en una piedra y esperé a algún compañero camionero para pedir auxilio. Con los primeros rayos del sol en la cara, volví a sentir ese terrible dolor en mi pierna, como si se hubiera pasado el efecto de aquellas hierbas que me puso el anciano. Intenté levantarme, pero no podía. Tenía mucho dolor al mirar el candil que traía vi con incredulidad, que estaba totalmente oxidado, viejo, lleno de tierra e inservible como si fuera una antigüedad. Esto fue inexplicable, ya que minutos antes estaba encendido y lo traía en la mano. Fue entonces que comprendí que el viejito tal vez fue una aparición que llegó a ayudarme desde ese día. Comprendí que, así como hay energías negativas que provocan accidentes y cosas malas, también existen energías y apariciones buenas que te pueden salvar la vida. Esto ha sido lo más significativo que me ha sucedido en mi largo recorrido en el mundo de las carreteras. Estuve meses en cama por mi pierna, pero después de eso volví a trabar bajar sin problemas y con un gran agradecimiento a mi Dios y aquel señor desconocido que ojalá se encuentre descansando en paz. Vivo en el valle de Texas y soy trailero de profesión. Durante un traslado de macal en Texas a la ciudad de Nueva York. Me ocurrió algo extraño. En marzo de dos mil diecisiete. Apenas atravesaba el estado de mi sisipí por las cincuenta y nueve, cuando me percaté de que ya no traía combustible y por ello me detuve en una estación de gas y servicio para reabastecer. Mientras cargaban los tanques, noté un calor inusual que irradiaba de la parte baja del camión. Al revisar, vi con pesar que una parte del mueble se había desprendido, dejando salir el calor Luego de llenar los tanques, decidí irme así y buscar algún taller en el camino para reparar el desperfecto. Continué la travesía o runs. Recorrí unos treinta kilómetros a marcha lenta cuando se reventaron las mangueras del aire de los cambios, haciendo un fuerte ruido. Por suerte alcancé a meterme a la salida sesenta y dos que conduce a un pueblo llamado Purbis. Era un largo camino boscoso en medio de la nada donde me quedé parado. El camión ya no daba más como había caído la noche. El cielo estrellado y las luces del camión eran lo único que alumbraba aquel extraño camino empedrado sin nada más que hacer. Reporté el problema con la compañía y me ordenaron esperar a una camioneta de servicio. Al día siguiente me alisté para pernoctar en ese lugar. Eran las once y media de la noche. Cuando decidí irme a dormir en el camarote, apagué todo quedándome sin aire acondicionado, pero era preferible a que se colara el gas que salía del mueble partido. Al hacerlo, la oscuridad que me rodeó era impresionante, angustiosa e interminable. Solamente las estrellas ora en el cielo nocturno brillaban Dándome un poco de quietud. Nunca me he considerado un hombre temeroso y mucho menos de las cosas inexplicables o la oscuridad en breves instantes fui quedándome dormido casi a punto de caer en el sueño profundo. Fue entonces que unos golpeteos en la puerta del camarote me alertaron. Al despertar escuché golpes fuertes como si quisieran romper la puerta. Me incorporé, pensando que era algún oficial de la policía que me había visto parqueado en medio del camino de inmediato. Me pasé a la cabina para buscar alguna lámpara y al asomarme por la ventanilla. Se me hizo extraño no ver a nadie todo estaba oscuro y pensando que debería al menos ver las farolas de una patrulla. Abrí la puerta para mirar mejor. Sólo escuchaba cigarras y algunos sonidos lejanos de los vehículos que pasaban por la interés tatal a unos metros de donde estaba. Sin prestarle mucha atención, regresé a dormir, asegurando bien las puertas y todo lo atribuía al cansancio, por lo que me volvía a acostar. Sin embargo, la quietud de la noche. Pronto fue interrumpida por un sonido persistente, golpes que no provenían de la puerta, sino del techo del camión. Además de eso percibí con claridad que alguien subía el estribo metálico lateral y esta vez no tenía ninguna duda de que alguien estaba fuera del camión, por lo que volteé para mirar la cabina. Una sensación de electricidad recorrió mi espina dorsal mezclándose con un frío bajón de sangre de la cabeza a los pies, al sentir que alguien se asomaba a través del parabrisas estaba con el rostro pegado al vidrio y haciendo un movimiento con las manos para mirar mejor al interior. Lo más extraño era que, a pesar de tener una pequeña lámpara encendida, no pude distinguir el rostro facciones o alguna señal para identificar de quién. No se que sonó. Se trataba en completo chocante lo inexplicable. Tan sólo me volví a acostar sin hacer el intento de salir a ver quién era. Sabía que era algo malo y tenía el presentimiento de que sí me asomaba. Eso sería todo para mí. Me puse a rezar y al comenzar sentí como aquella presencia se bajaba de la unidad y al poco rato, me quedé dormido. Al llegar la mañana me despertaron nuevamente los golpeteos y me levanté de inmediato recordando los eventos de la noche anterior, pero respiré hondo al ver que eran los mecánicos que la compañía había mandado. Luego de arreglar el camión, continué con mi camino. Al llegar al Estado de Virginia. En una estación de servicio, me encontré con un colega camionero que, al verme me reconoció, comenzó a platicar notando mi semblante de espanto pálido y con preocupación, aún sin poder entender que había sido lo que vi la noche anterior. A pesar de que conocía bien a mi colega nunca quise contarle lo que había acontecido por el temor de que me tildaran de loco. Una vez completada la travesía en Nueva York de regreso, lo hice con mucha inquietud. Incluso tomé otra ruta para no pasar por ese mismo lugar. Al llegar a Texas, aún sentía el espanto que no me dejaba estar en paz todo el tiempo. Sentía algo sobre mis hombros, especialmente cuando manejaba. Tenía una extraña sensación de ser observado y, por supuesto, no le comenté a mi esposa sobre mi experiencia para no preocuparla. Días después sucedió que mi esposa durmió al niño por la tarde para después salir posteriormente a cenar. Aprovechamos la tarde para dormir un poco al rato. Mi mujer entrar a nuestra habitación después de dormir al niño diciéndome que tenía un presentimiento extraño, pero no sabía qué era antes de que pudiera confesarle mi experiencia previa. Con lo desconocido aparece el niño en la habitación con un semblante raro, diciéndonos que no podía dormir y que deseaba dormirse con nosotros porque tenía miedo. Aunque intentamos calmarlo y explicarle que todo estaba bien, el niño seguía inquieto. Era algo extraño para ambos, ya que nunca le inculcamos temores al niño y menos a dormir solo. En fin, le dijimos que él se quedaría a dormir con su mamá en nuestra recámara y yo me iría a dormir en el cuarto del niño. No sé cuánto tiempo pasó, pero el grito de mi mujer me despertó de inmediato para Incorporarme vi que ya era de noche y mi mujer dormía junto con el niño. Busqué por la casa y me asomé para mirar si alguien me había gritado, pero no había nadie. Entré al baño y mientras me resonaban las luces parpadeantes del espejo, sentí algo de nervios. La sensación de un extraño silencio que me rodeaba se mezcló con otra de mucho calor un uno uno en u s NS, que me llevó a pensar que no estaba solo y que algo saldría asomándose por el quicio de la puerta. En ese punto, decidí mejor levantar a mi esposa para que se arreglara. Los nervios mezclados con un pensamiento de extrañeza por mi comportamiento, me llevaron al momento de sentir el miedo en aquel camino de purvis al entrar en mi habitación, encendí la luz y sentí una corriente eléctrica recorrer mi espalda, al mirar a mi mujer sentada en nuestra cama con los ojos bien abiertos, casi saliéndose de sus cuencas y la boca abierta como si quisiera decir algo. Al verla así me desconcertó por lo que, casi corriendo fui a moverla y ella no respondía a mis agitaciones y preguntas. En el instante en que veo que le salen lágrimas de inmediato, la cargué para meterla a bañar y ese movimiento la hizo reaccionar. Al hacerlo, su respiración estaba muy agitada. Rompiendo en llanto. Comenzó a decirme que alguien le quería extrañar mientras dormía yo sin poder creer lo que decía, me contó que tuvo un extraño sueño o al menos eso creía. Se levantó de la cama y se asustó al verse a sí misma dormida con el niño junto a ella. Al querer salir de la habitación, me vio restando importancia en el baño. Cuando intentó llamarme vio cómo lentamente una sombra surgía de los rincones de la casa y comenzaba a inundar el ambiente con llamas, saliendo del piso y las paredes. Ella empezó a gritar desesperada y yo continuaba en lo mío sin hacerle caso. En sus intentos por llamar. Me vio con horror con unas llamas que me envolvían y la sombra negra reptaba queriendo llevarme desesperada. Regresó a la habitación para leer un versículo de la Biblia, que tenemos siempre abierta por un lado de la cama. Quizá fue la desesperación a leer la Biblia o alguna otra razón, pero la sombra empezó a maldecir y hablar en un idioma incomprensible chillante, abalanzándose para estrangular a mi mujer para que dejara de hacerlo. Ella vio con claridad que yo entraba en la habitación, Encendía la luz y la llamaba, pero estaba entre el sueño y la realidad, siendo atacada e intentando desesperadamente despertar. En el momento que la cargué, las sombras simplemente se arrastraron debajo de la cama para desaparecer y ella despertó en Chock luego de un rato de estar en el rincón forzando. Nos pusimos a orar los salmos de la Biblia y arrojé agua bendita por toda la casa y remediablemente le conté sobre la experiencia en la carretera y de algún modo, los eventos estaban relacionados. La cosa negra que había visto era la misma que atacó a mi mujer durante el sueño. Los ambientes pesados en las habitaciones, la ansiedad de ser observados todo el tiempo y el miedo a lo desconocido nos descolocaron por varios días sin poder entender cómo superar esas cosas. No tengo una explicación sobre lo que nos acontece en nuestras vidas y cómo es que la negatividad que encontré en esa noche en aquel camino simplemente se instaló en nuestra casa para no dejarnos en paz por mucho tiempo. Luego de muchas oraciones, el buscar ayuda y consejos de nuestros conocidos, así como aquella pestilencia, se apareció en nuestra casa. Así se fue lo supe porque el ambiente dentro de nuestro hogar mejor. Hoy, mis andares por las carreteras se hicieron menos tensos. Ahora no he tenido que quedarme parado en la carretera, pero estoy seguro de que si lo vuelvo a padecer, no me meteré en caminos oscuros y olvidados. Se me había encomendado llevar un cargamento hermosillo. Sonora, el viaje de Ida fue bastante tranquilo, nada fuera de lo común. El problema fue al momento de regresar. Debo decirles que, por cuestiones de logística, me asignaron una nueva carga, de tal modo que en mi regreso tendría que hacer una escala en los mochis Sinaloa. Ya estando ahí, me cargarían nuevamente y tendría que entregar en Guadalajara. Venía por la carretera que conectan a Bohoa con los mochis. Eran alrededor de las once de la noche, ya dentro del territorio correspondiente a Sinaloa. Acababa de dejar atrás un pequeño pueblo conocido como el carrizo hacía bastante frío y circulaba con las ventanas cerradas. Todo estaba muy oscuro. Ni siquiera había alumbrado público en esa sección. Desde hacía un buen tiempo. No me cruzaba con otros vehículos y la sensación de soledad se intensificaba al no haber ningún rastro de urbanización en los alrededores. Estaba en medio de la nada con la radio y las luces altas del tráiler como única compañía. La sensación de soledad se esfumó cuando observé a unos cien metros a una joven corriendo al lado del camino en la misma dirección que yo iba. Cuando finalmente te la iluminé, se giró hacia mí. Parecía tener entre diecisiete y veinte años. Lucía agitada y miraba en todas direcciones abrazándose posiblemente para resguardarse del frío inmediatamente. Pensé que podría necesitar ayuda, pero también consideré la posibilidad de que fuera una trampa para un asalto algo común en estas carreteras. Estuve a punto de pasar de largo por mi seguridad, pero recordé a mi hija de una edad y complexión similar. Me puse en la situación de los padres de la muchacha y decidí disminuir la velocidad esperando que todo saliera bien. Honestamente, tomé el arma que siempre llevo conmigo en cada viaje y la coloqué sobre mis piernas, esperando no tener que usarla. Cuando la chica se acercó mostrándose tímida, detuve el trailer a un costado sin apagarlo. Ella se acercó cautelosamente y preguntó si faltaba mucho para llegar a los mochis. Luego de asegurarme de que que realmente iba sola. Decidí guardar mi arma para no asustarla. Le ofrecí llevarla explicándole que también me dirigía a los mochis y que no tenía malas intenciones. Después de un breve intercambio de palabras, aceptó la oferta. Ella dio una rápida mirada al tráiler. Me percaté de que no lo pensó mucho y decidió abordar le. Comenté que mi nombre es Alberto y ella respondió que se llama Jacqueline. Entonces subió al trailer y nos dirigimos a los mochis en unos cuarenta minutos o tal vez menos llegaríamos. Me intrigaba saber por qué iba caminando sola a esas horas. En medio de la nada. Le pregunté sobre la fiesta en la que estuvo, pero dudó en contestarme y al final explicó que se fue porque sus amigos estaban borrachos y peleando con otros muchachos. Para mayor seguridad, decidí llevarla hasta su casa. Sólo llevábamos unos minutos conversando, pero fue suficiente para inspirar confianza y su domicilio no quedaba lejos del lugar en el que debía entregar mi carga. Noté que se tocaba el estómago, supuse que tendría hambre. No faltaba mucho para llegar a una gasolinera en las afueras de Chihuahuita y propuse bajar por algo para cenar al oxo y Jacquelina aceptó. Cuando bajaba del trailer, me preguntó si podía entrar al baño. Acepté y le pedí que subiera al frailer y me esperara si regresaba antes que ella. Cuando volví con comida, Jacqueline todavía no había regresado del baño. Me preocupé y pregunté al empleado de la gasolinera si la había visto, explicó que salió hace rato con varios muchachos en un carro plateado y se fueron hacia los mochis. Agradecí al empleado y me puse en marcha. Sintiendo que la situación no pintaba bien. Continué conduciendo en dirección a los mochis. La carretera continuaba oscura y solitaria. No dejaba de pensar en la seguridad de esa muchacha Tras haber conversado con ella y me o o o o la cuenta de que era una persona muy agradable y no quería que nada malo le sucediera. Pasaron unos cuarenta minutos y por fin llegué a mi destino. Como se me indicó, me dijeron que esperara mientras mezclaban una nueva carga para llevarla a Guadalajara. Mientras lo hacían, pensé en dirigirme al área de descanso y dormir un poco. Sin embargo, decidí despejar mis dudas. Me serví un café muy cargado y salí para tomar un taxi. Solicité que me llevaran a la dirección que Jacqueline me había dado y cuando por fin di con su vivienda, se me cruzó por la mente irme. Después de todo, ya era casi la una de la mañana, pero pensé que en su casa verían bien que me preocupara por ella, así que tal vez no habría mucho problema. Toque la puerta y tras unos instantes, un hombre de unos cincuenta años se asomó por la ventana que necesita preguntó. Le expliqué que mi nombre es Alberto y soy el chofer del trailer, ya que Line me había dicho mucho que vivía ahí. Me di cuenta de que en su rostro se dibujó una ligera mueca, pero me invitó a pasar su nombre era Alfonso, el padre de Jacquelini. Le expliqué que la recogí en la carretera y que quería asegurarme de que llegara bien a casa. Al entrar, noté una fotografía en la pared y confirmé que era la misma chica a la que recogí. El señor Alfonso me agradeció por preocuparme por su hija y luego, con pesar me comunicó que Jacqueline ya había fallecido. La noticia me impactó y sentí que estaba a punto de entrar en una conversación incómoda y aterradora, como si estuviera viviendo una clásica historia de terror. Me sentí nervioso mientras él continuaba hablándome sobre los detalles del fallecimiento de su hija, a pesar de que eso ya me lo estaba esperando. Me causó mucha impresión, tanto que el estómago hasta me pulsó. El señor Alfonso me llevó al sitio donde tenía una pequeña mesa y en ella estaba otra fotografía de Jaquelini unas cuantas veladoras. Ella falleció hace tres años en un accidente en la carretera. Ese día se fue de fiesta con unos amigos en un pueblo llamado El Carrizo. Venían todos en estado de ebriedad y el coche se volcó. Nadie sobrevivió. Señor lo siento y no sé qué decirle. Mi amigo. No hay nada que decir y muchas gracias por preocuparse por ella. Pero por favor, no vuelva a recogerla slave de nuevo. Usted corrió con mucha suerte. Sabe me he enterado de que ella causa accidentes. Unas cuantas personas la han recogido, pero al poco tiempo sufren un accidente similar en la carretera hasta donde sé cuatro personas han muerto. Las demás han resultado heridas. Todas ellas han venido más tarde hacia Acá asegurando que Jacqueline iba con ellos, pero para cuando llegaron los servicios de emergencia, ella no se encontraba por ningún lado. Literalmente, me quedé sin par llano y no supe qué responder. Puedo preguntarle algo me dijo el señor Dígame. Le conteste mi hija cómo se veía. Estaba asustada al principio, pero luego la miré tranquila para no hacerles más largo este relato. En resumidas cuentas, le platiqué como estuvo todo. Él no dejó de agradecerme mientras me encaminaba a la puerta. Una vez más me hizo énfasis en que nunca la recogiera si me la volvía a encontrar en la carretera, y sólo me pidió un favor rezar por el alma de su hija a ver si así lograba descansar en paz. Desde luego accedí y me retiré deseándole las buenas noches. Por mi parte, regresé a la base y me di cuenta de que mi cargamento ya estaba listo. Finalmente partí con rumbo a Guadalajara. Debo mencionarles que he pasado varias veces por esta carretera y nunca me he vuelto a encontrar con el espíritu de Jacquelin, quien sabe tal vez logró encontrar su luz. Empecé a trabajar para una línea cañera que transportaba azúcar. Tripulaba un trailer con el remolque lleno de productos provenientes de tanto yuca Veracruz con rumbo a la laguna de Mante. El camino estuvo tranquilo y sin ninguna novedad. Ya casi llegando al punto de descarga había un retén militar donde una larga fila de camioneros esperaba ser revisada. Era inevitable, así que me relajé para esperar mi turno y afortunadamente, pasamos rápido. Cuando estuve en el retén, un soldado me pidió bajar mientras otros revisaban la cabina. Al preguntarme hacia dónde me dirigía, le dije que a la laguna a descargar azúcar. Revisó mis documentos y el manifiesto y continué mis avances unos seis kilómetros. Fue entonces cuando vi algo a las orillas de la carretera. Era de noche a, así que le da levanté las luces altas y me di cuenta de que era una mujer con un extraño cabello rojo, un vestido blanco floreado y una chamarra de mezclilla. Al iluminarla pude ver que sus zapatillas tipo flans brillaban de manera peculiar. Lo más extraño es que parecía estar de pie a la orilla de la carretera sin moverse y mirando al frente. Sentí algo de temor pues cuando veías gente así existía el riesgo de que se aventaran a las llantas del camión. Empecé a hacer cambios de luces varias veces como señal de advertencia y reduje la velocidad para prevenir. Cuando pasé a su lado, estaba de espaldas, lo cual me pareció extraño, porque antes la vi mirando al frente, sólo pude ver su cabello rojo y el vestido. Ondeando con el viento, pensando que quizá necesitaría ayuda, hice lo que se supone no debería, pero me ganó la curiosidad y me detuve metros más adelante. No había mucho tráfico, así que no hubo problema en parar. Me bajé de la unidad y corrí hacia la muchacha. Al verla, noté que estaba con la cabeza agachada en señal de tristeza o alguna tribulación. Al acercarme le pregunté si estaba bien y si la podía llevar. Al decir esto último, la muchacha volteó de una manera muy extraña y rápida, como si la realidad se detuviera cuadro a cuadro. Un instante, lo que debía ser el rostro de una joven bonita resultó ser nada. Un enorme hueco se podía ver en medio de aquella cabeza oscuro e inquietante. Al ver esto, el terror me invadió de una manera tal que retrocedí intentando alejarme de esa horrible visión y caía al pavimento. Mientras veía esa cosa con su rostro apuntando fijamente hacia mí, me arrastré sin dejar de ver eso y al incorporarme corrí más rápido de lo que pude y el corazón se me estaba saliendo del pecho. Me subí a la unidad y la puse en marcha. No quise voltear, pero en el retrovisor sentía que de pronto aparecería la joven sin rostro me concentré, aceleré al máximo para imprimir velocidad y alejarme. Era imposible. Era algo que no podía creer, pero lo había visto y sentí tanto frío que comencé a temblar y a sentir malestar en la panza. Cuando por fin llegué a la laguna, ya estaban varios camioneros esperando la descarga. Estacioné el vehículo y bajé vomitando de la unidad. Me sentía terriblemente mal y temblaba copiosamente. Algunos choferes que estaban cerca se acercaron para ver mi estado y me preguntaron qué me pasaba sin poder hablar, me senté y tomé un poco de agua que me ofrecieron. Luego de que me calmé, empecé a relatar lo que había visto en la carretera antes de llegar. Esperaba que me miraran extraño o me tildaran de loco, pero en vez de eso me miraron con descendientes y uno de ellos, el de más edad, dijo que, efectivamente, siempre se aparecía en este tramo, según se sabía por dichos de la gente que afirmaba que a esa muchachita la habían atropellado dejándola con la cabeza hecha pedazos. Sin embargo, otros tenían una versión más creíble. Esa joven la habían abandonado, ya muerta y el trailero que la mató utilizó un marro para aplastarle la cabeza. Quizás por eso su apariencia. La verdad es que nadie me dio una razón convincente para que pudiera aparecer. Eso No quise saber más del asunto y después de entregar la mercancía, tuve que regresar a la compañía. Durante muchas noches no pude dormir, tenía pesadillas e incluso sentía que la muchacha se subía a mi cabina de reojo podía verla ahí a un lado mío. Esto me tenía bastante tenso y mi familia tuvo que curarme de espanto. Aparentemente me tranquilicé un poco, pero después me volvieron a mandar al ingenio para llevar azúcar a la laguna del mante. Esto me puso nervioso, pero no quería entrar en pánico, así que me calmé y manejé sin más problemas serían como las diez de la noche. Cuando de nueva cuenta me paré en el retén. Un soldado que me fue a revisar me hizo la misma pregunta que el anterior y le respondí lo mismo, pero al decirle mi destino me miró sorprendido y dibujó una sonrisa que me incomodó más aún cuando me dijo que sí me había pasado algo antes de salir para la laguna. Le contesté que sí, pero sentía que temblaba. Le comenté que siempre lo hacía, porque sabía que había muchos problemas de delincuencia en el área. La respuesta del soldado fue escalofriante. Sí, delincuentes. Pero además de eso, varios camioneros y autobuseros nos han reportado ver a la joven muerta que se aparece en el tramo más adelante ya se mandó una patrulla, pero que se hace en esos casos. En eso, sin decirle más, él se quedó riendo. Mientras yo comencé a sudar de las manos. No quería ver de nuevo aquello. Arranqué el trailer y me fui manejando muy rápido cuando apenas iba a cruzar el tramo donde había visto el alma vi con alivio que no había nada. Ahí pasé sin voltear ya. Agradecía a Dios por haberme evitado ver eso. En eso pensaba cuando por el retrovisor. Vi que se asomaba en la parte trasera del remol que la cabeza agujerada de la joven. Al verla y dar un leve volantazo, casi me sacaba del camino. Volví a ver y ya no estaba. Al llegar a la laguna de nueva cuenta. Estaba muy mal. El terror menudeaba en mi mente y no podía siquiera maniobrar la unidad. Unos compañeros tuvieron que ayudarme y después de esa noche no quise regresar de inmediato. Esperé al alba para poder retornar y, en cuanto lo hice, renuncié de la compañía. Jamás volví a manejar por esos rumbos, por el temor de que algo más se me apareciera en el camino transporte de pasajeros o mejor conocido como microbuses. Mi papá trabajaba en uno y pues por la emoción y compañía, yo era su ayudante ochalán. Como les dicen aquí, en la Ciudad de México todas las tardes saliendo de la secundaria que, por cierto viene siendo la base de la ruta. Yo esperaba a que mi papá llegara y así comenzara a limpiar el microbús para salir a hacer el recorrido. Todos los días. Al llegar la noche, se seleccionan diez unidades de la misma ruta para cumplir con la guardia un recorrido que se realiza después de las ocho de la noche, desde la base hasta un poblado en las orillas de Morelos. Perdónenme que no les ponga el nombre. Dicho recorrido de ida durante la noche se hace en poco más de dos horas, por lo que el regreso se realiza pasando de las diez de la noche. Como es carretera federal, el camino está rodeado de una extensa área de bosque por ambos lados. Muchos de los compañeros que también cumplen con la Guardia, prefieren regresarse sin pasaje para así evitar sufrir algún percance con delincuentes. Una noche nos tocó a nosotros cumplir con la Guardia. El recorrido de ída lo hicimos sin ningún problema y al llegar a aquel poblado, cansados por el trayecto, decidimos pararnos unos minutos para descansar. Era una noche tranquila y el tiempo se nos pasó rápido conversando. Ya pasaban de las once treinta de la noche. Cuando nos dispusimos a emprender el regreso. Por la hora y por nuestra seguridad, decidimos no levantar pasaje. Durante el trayecto, todo estaba muy tranquilo, más aún al pasar en medio de la zona boscosa, donde la penumbra y la soledad del camino se vuelven intensas encontrar a alguien caminando a la orilla de la carretera es muy inusual y arriesgado para el caminante. Pero esa noche los faros del micro robús iluminaron a lo lejos a un viejecillo con facha de campesino, con camisa costal blanco y pantalón lleno de tierra, y caminaba por la orilla de la carretera. Al verlo, comenzamos a debatir si era una buena idea ofrecerle ayuda. Quizás estaba perdido Mi padre, siempre siendo un hombre de gran corazón. En contra de nuestros instintos de precaución, encendió las luces intermitentes y comenzó a disminuir la velocidad hasta igualarla con la del evidente cansado viejecillo. Buenas noches, jefe lo saludó mi papá todo bien quiere que lo llevemos a algún lado. Volteó, nos miró y con el habla un poco trabada. Nos dijo gracias. Voy al siguiente poblado sólo que me agarró la noche. Si me pueden llevárselos, agradecería mucho El viaje siguió. Se subió en microbús y al pasar cerca de nosotros pudimos percibir un aroma particular. Mi papá y yo nos miramos sonreímos y así entendí que a esas horas y sólo por la carretera se puso cómodo en uno de los asientos y sin dar tiempo a hacerle plática, cerró los ojos como si quisiera descansar el poblado siguiente donde supusimos que bajaría el viejecillo. Estaba no más de veinte minutos en la plática entre mi papá y yo casi nos olvidamos de aquel cansado. Señor pasando por la entrada al poblado donde bajaría el señor me levanté del asiento y al voltear la mirada hacia donde el viejecillo supuestamente dormía, me doy cuenta de que ya no había nadie. Desconcertado. Le avisé a mi papá, quien, con tono de incredulidad, se detuvo, prendió las luces internas de la unidad y caminamos revisando asiento por asiento, cayendo en cuenta de que no había nadie. Era totalmente imposible que se bajara del microbús sin que nos diéramos cuenta. Así, Sorprendidos y aterrados, continuamos con nuestro trayecto hasta llegar a la base. Pon preguntando cándonos quién o que era lo que habíamos visto. Tiempo después de aquel suceso, mi papá contrató a un chofer para que trabajara el microbús. Sin embargo, ese chofer y varios más que también manejaron dicha unidad decidían renunciar al poco tiempo, asegurando ver a un señor con la descripción de aquel viejecillo. Con el paso de los años, mi papá decidió vender esa unidad por cuestiones personales. El día que se hizo la entrega a los nuevos dueños, pedimos que se nos tomara una foto del recuerdo. Como todo y después de todo, lo vivido en ese microbús teníamos muchos buenos recuerdos y anécdotas a bordo de él. Nuestra sorpresa fue que, al revelar la foto, nos dimos cuenta de que no estábamos solos. En la foto. Al volante se encuentra mi padre parado a un costado de él. Estoy yo y unos asientos más atrás se puede percibir una silueta oscura que coincide con aquel lugar donde aquel viejecillo se puso cómodo aquella noche y de donde debía desapareció. Poco tiempo después, mi padre y yo nos encontramos con los nuevos dueños en una convención de camiones para concesiones. Les preguntamos cómo les iba con la unidad que mi papá les vendió y nos dijeron que todo estaba bien, pero que el microbús trabajaba con sucesos un tanto extraños. El chofer también aseguraba haber visto la sombra de aquel cansado. Señor comentaron que llevaron el microbús, que un sacerdote lo bendijera y que sólo de esta forma pararon aquellas manifestaciones. Nos preguntaron si nosotros sabíamos algo al respecto y sobre las posibles causas. En ese momento, mi padre y yo nos miramos cayendo en cuenta de que ya estaba resuelto el asunto y que ya no les ocurriría nada más, Así que decidimos decir que no sabíamos nada para evitar alguna reclamación de su parte. Mi padre me encomión llevar la camioneta a cargar combustible. La verdad no estaba muy entusiasmado, porque ya era bastante tarde. Recuerdo que casi daban la una de la mañana. Era evidente que tendría que reprenderlo por no haberlo hecho durante el día de mala gana. Acepté ya que él estaba ocupado con otras labores y realmente era necesario en ese momento, ya que al día siguiente teníamos que salir muy temprano y complicaba las cosas encontrar una gasolinera en la dirección que íbamos, ya que estaba bastante retirada. Para llegar a la gasolinera más cercana, tuvimos que conducir unos veinte minutos por un camino rodeado de árboles para finalmente llegar a la carretera y dirigirnos a la estación de servicio. El primer camino que tomamos era muy estrecho y siempre estaba algo desolado. En realidad, se trataba de una pendiente que conectaba una elevación montañosa con la carretera sin alumbrado público. Se pueden imaginar lo aterrador que se veía durante la noche, siendo esa la razón principal por la cual no quería bajar hasta la carretera. Sin embargo, era una orden de mi padre. Le pedí a mi prima daniela que me acompañara y afortunadamente, aceptó De inmediato. Nos pusimos en marcha, yo conduciendo a baja velocidad, ya que el camino era muy estrecho y temía chocar con otro vehículo Si nos cruzábamos. La única iluminación provenía de la tenue luz de la luna, decidí encender las luces altas, ya que mirar hacia los lados o hacia atrás apenas revelaba algo como es de esperar en caminos así, durante la noche, la necesidad de orinar se hizo presente a mitad del trayecto. Habíamos bebido demasiado esa tarde y me di cuenta de que fue ineficaz ida al baño antes de salir de casa. Al principio pensé que lo mejor era esperar hasta llegar a la gasolinera y usar los baños públicos. Sin embargo, a los pocos minutos me vi en la necesidad de orillar. La camioneta vuelvo enseguida, le dije a Daniela antes de aventurarme hacia la oscura soledad. Era una noche despejada y sólo se escuchaba el sonido de los insectos. La verdad es que me incomodaba bastante la idea de estar solo en medio de la nada. Cuando me disponía a regresar a la camioneta, escuché claramente el sonido de pasos aproximándose hacia mí. Éstos provenían de la maleza y sentí una sensación horrible, como si la sangre me hubiera bajado de golpe hasta los pies. Al girarme me encontré con una figura sombría apenas visible bajo la luz. Tenue de la luna el corazón me latía con fuerza y una sensación de pánico se apoderó de mí. Intenté distinguir los rasgos de la figura, pero estaba demasiado oscuro. Fue en ese momento que noté sus ojos brillando con una intensidad inhumana. Corrí de vuelta a la camioneta, donde Daniela esperaba ansiosa. Qué tienes, qué te pasa, me preguntó Daniela y yo le respondí te Juro que escuché pasos. Estás loco, Carlos, no deberías andar caminando por estas zonas. Bueno, sí, tienes razón, pero en serio los escuché. Recuerdo que intenté encender la camioneta mientras Daniela miraba en todas las direcciones. No prendía y la verdad dudaba mucho en bajarla y revisar el motor. Seguía algo nervioso por el sonido de los pasos, pero no tenía otra opción. Después de todo, tengo algunos conocimientos en mecánica, aunque era bastante raro que la camioneta fallara. Era una Mercedes modelo dos mil catorce y nunca nos había dado algún problema. Abrí el cofre de la camioneta y me dispuse a revisar los puntos clave del mecanismo. Fue entonces cuando me di cuenta de que faltaba algo. Los cables que conectan a la batería. Sé que esos cables no pueden desconectarse tan fácilmente apenas estaba tratando de asimilarlas. Si cuando escuché de nuevo los pasos acercándose, sólo sé que esta vez sonaban de forma diferente. Ahora resonaban sobre el asfalto del camino, Pero lo que me dio más miedo fue que sonaban cada vez más y más cerca totalmente aterrorizado. Miré a todos lados, pero no logré ver a nadie sin dudarlo ni un minuto. Corrí hasta el interior de la camioneta y casi de inmediato los escuchamos como si estuvieran corriendo alrededor de nosotros. Ambos miramos en todas direcciones, pero no se movía nada fuera de lo común. Rápidamente nos cercioramos de que las puertas estuvieran bien cerradas y luego agarré mi teléfono celular y marqué el número de mi padre pero fue inútil. No contestaba e intenté varias veces, pero siempre fue lo mismo. Daniela sugirió la idea de ir corriendo hacia la casa estás loca. Le respondí. Quizá es alguien que nos quiere asustar para que dejemos la camioneta. Solo nuevamente escuchamos pasos a nuestro alrededor. No me estremecí de miedo porque por más que nos esforzáramos, no lográbamos ver a nadie. De repente, todo parecía haberse calmado, pero por seguridad esperamos otros diez o quince minutos antes de decidir no salir a revisar a detalle. Pensábamos que tal vez los cables sólo se habían desconectado de un extremo o algo similar. No sé que tampoco creíble vaya a sonar esto, pero cuando los dos revisamos vimos que los cables estaban ahí como si nunca se hubieran movido en la vida la verdad. Ni siquiera nos detuvimos a pensar las cosas y decidimos quedarnos en la camioneta, encenderla y salir rápidamente De ahí. En cuanto la camioneta arrancó, nos dirigimos hacia la gasolinera a toda velocidad sin mirar atrás. La atmósfera dentro del vehículo era detención y nerviosismo. No dijimos palabra. Durante el trayecto, cada uno sumido en sus pensamientos sobre lo inexplicable de ons que acabábamos de vivir. Al llegar a la gasolinera, respiramos aliviados y decidimos no contarle a nadie sobre lo sucedido. Sonaba tan extraño y surrealista que temíamos que nos tacharan de locos estando ahí como si todo fuera una maldita jugada del destino. Mi padre me llamó por teléfono. Sonaba algo preocupado, pues quien sabe cuántas llamadas perdidas tenía no le quise decir completamente lo que pasó. Sólo le expliqué que la camioneta había dado fallas y que por eso le llamé. En resumidas cuentas, me dijo que estaría pendiente en caso de otra llamada y me pidió que regresáramos con mucho cuidado. La sola idea de tener que volver por el mismo camino nos puso bastante tensos a mi prima y a mí, así que, en medida de lo posible, revisé el estado de la camioneta a nivel general y me di cuenta de que todo estaba en orden. Estaba tan nervioso que, de hecho, entré al baño dos veces en la segunda ya ni siquiera tenía ganas de orinar, pero por nada del mundo quería verme en la necesidad de detenernos subimos a la camioneta de nuevo y nos dispusimos a volver a casa. Al menos yo sentí una sensación bastante desagradable cuando vi que a unos metros de nosotros estaba el lugar donde nos habíamos detenido. Fue bastante horrible saber que no podía incrementar la velocidad, pues más adelante estaba la curva que habíamos visto y era muy peligroso hacerlo. Pasamos por el mismo lugar en silencio, pero sé que ambos suprimíamos el miedo. Tomamos la curva y justo cuando estábamos por salir de ella, vimos una silueta parada al lado del camino. La vimos claramente. Y toda esta visión duró sólo unos segundos, porque una vez que ese cuerpo salió del alcance de las luces frontales, la perdimos de vista. Insisto en que afuera estaba muy obscuro. Todo lo que iba quedando a espaldas nuestras era prácticamente imposible de ver, ya que nos encontrábamos en nuestro camino recto. Decidí pisar a fondo el acelerador. Cuando llegamos a casa, todos salieron muy preocupados a recibirnos decidimos contarles la verdad, temiendo que se burlaran de nosotros, y así fue hasta que mi padre interrumpió a todos diciendo que en una ocasión escuchó los rumores acerca de ese camino. Pues se dice que en esta curva, si aparece una persona y que cuando los carros pasan por ahí, estos se apagan de repente e incluso muchos de ellos son capaces de arrancar hasta que amanece. Doy gracias a Dios que ese no fue en nuestro caso. No sé cómo hubiéramos soportado pasar una noche completa en ese sitio. Esta es la única explicación que me queda por aceptar ante todo lo que nos pasó. Aunque no encuentro forma lógica de justificar la desaparición de los cables, mi prima insiste en que tal vez siempre estuvieron ahí, pero que por culpa del nerviosismo, fue incapaz de de verlos y es probable que así haya sido sobre el sonido de pasos. No me discuten nada, pues ella también nos escuchó y realmente podríamos decir que lo que se dice en esa curva es cierto, sobre todo por la persona que vimos cuando veníamos de regreso. Nos reconforta saber que no se nos apagó la camioneta de nuevo. De cualquier modo, nos quedó bastante claro que jamás debemos cruzar ese camino por la noche para no volvernos a encontrar al muerto de la curva. Relatos anónimos