Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / Ese Ser No Era Mi Abuelo Historias De Terror - Voces De La Noche
Transcript
- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más comenzamos. Mi nombre es Carlos. Vivo en Sinaloa, México y me gustaría contar mi historia, mejor dicho la de mi abuela. Estos últimos días he estado en casa de mi abuela cuidándola. Ha tenido una situación difícil y requiere que alguien esté presente casi las veinticuatro horas para estar al pendiente de ella. Por cualquier situación presenta un tipo de enfermedad que está afectando su hígado. Me he encargado de ayudarla en sus necesidades cotidianas, como acompañarla al baño y trasladarla de una habitación a otra durante las últimas tres semanas y la verdad no me quejo de eso, aunque para algunos podría parecer monótono. Lo hago con gusto. Siempre he mantenido una estrecha relación con mi abuela. Prácticamente fue quien me crió, ya que mi madre rara vez estaba en casa por su trabajo, así que definitivamente era hora de retribuirle por lo mucho que hizo por mí en el pasado. Desde que yo estaba en la escuela secundaria, Ella ha estado sola y a pesar de eso, estos últimos diez años han sido los más felices que la he visto. A pesar de haber estado casada con mi abuelo durante más de cincuenta años antes de su fallecimiento, nunca parecieron llevarse bien. Cuando era joven, mi abuela solía venir a quedarse en lugar de invitarme a su casa. Mi abuelo nunca visitaba el nuestro en su mayoría permanecía cerca de su hogar o se ausentaba por trabajo, pero las pocas veces que interaccioné con él mostraba una gran distancia. Incluso cuando era niño, su aspecto no me generaba confianza con el tiempo. Se volvió más pálido y menos coherente. Murmuraba palabras incomprensión mientras miraba la televisión. Mi abuela solía mantenerlo en la oscuridad del dormitorio con la televisión encendida. Su desaparición repentina cuando yo cursaba noveno grado fue un alivio tanto para mí como para mi abuela. La semana pasada, mientras la preparaba para dormir y le mencionaba que al día siguiente íbamos de compras, sugiriendo que descansara, ella negó con la cabeza y desvió la mirada. Su rostro se tornó triste y el ambiente. También ella me dijo que esa noche podría ser su final. Me agradeció diciendo que había sido muy amable con ella y que quería que yo estuviera con ella en el final de sus días. La verdad me quedé sorprendido con sus palabras y, siendo sincero, me dolió escuchar eso, pues yo no quería que se fuera, quería que estuviera más tiempo conmigo. Vi le dije que no dijera esas cosas, que seguramente se recuperaría muy pronto, pero ella me dijo que sabía que no sería así y que, además, necesitaba, como morfesar sus pecados. Me quedé pensando y le sugerí llamar al padre, pero me dijo que no, que era un asunto familiar y que alguien debía saberlo. Le dije que podía contarme con gusto y yo no la juzgaría, aunque sinceramente estaba consciente de que quizás no quería conocer ese secreto. Mientras observaba el rostro de mi abuela, recordé la bella sonrisa que solía tener muchos años antes, pero la expresión que mostraba en ese momento evocaba algo que nunca había visto en su rostro. Antes. Recordé cómo solía estar nerviosa cada vez que se quedaba en nuestra casa revisando puertas y ventanas repetidamente, como si temiera la presencia de alguien más. Su mirada sugería que un extraño intentaba entrar para llevarme, pero siempre creímos que era algo relacionado a su enfermedad o a algo psicológico por la vida que había llevado en su niñez y con el abuelo, así que realmente nunca pusimos especial atención a eso, pero cuando supe la verdad, resultó ser en extremo inquietante me quedé sentado en la cama viéndola fijamente, esperando a que se decidiera a contarme su secreto. Estaba preparado para escuchar algo que no deseaba. Le dije que estaba para escucharla nuevamente y que podía confiar en mí. Mi abuela sintió observando por la ventana oscura de su dormitorio, como si hubiera alguien ahí, y entonces comenzó diciendo algo totalmente impactante. Dijo que mi abuelo había desaparecido, que ella personalmente se había encargado de eso. La confesión me dejó impactado, algo que seguramente se reflejó en mi rostro. Ella sonrió, pero no había alegría en esa sonrisa. Me dijo que seguramente estaba impresionado, pues no podía ser que una anciana eliminara a una persona de esta tierra, pero mencionó que lo había sido apenas sino hace quince años. Me dijo que, de hecho, esa fue la última vez, pues lo había hecho anteriormente diez años antes. O o o r o abuela confirmó la historia completa, revelando detalles que nos llevaron casi hasta el amanecer. Mientras relataba la historia, no dejaba de mirar por la ventana buscando al abuelo y griega. Ahora comprendo que ella lo esperaba. Me contó que ambos estaban muy felices por el próximo nacimiento de su hija. Mi madre. Mi abuelo había evitado el servicio militar gracias a su educación universitaria y un trabajo en el gobierno. Trabajaba como ingeniero, encargándose de puentes y sistemas de alcantarillado y esperaba regresar a casa con la abuela con ansias y conocer a su primera hija. Mis abuelos se habían ilusionado con la llegada de su hija y durante sus conversaciones telefónicas, las lágrimas asomaban cada vez que proyectaban su futuro juntos en casa. Sin embargo, una llamada marcó el final de aquel sueño, pues le informaron sobre la muerte del abuelo en un accidente automovilístico. Murió en el lugar de trabajo cuando otro conductor pasó un semáforo en rojo y y colisionó contra su lado del coche. Le aseguraron que fue instantáneo que no sufrió. Mi abuela decidió que lo enterraran cerca de su casa para que su hija estuviera cerca de su padre. Estaba claro que mi abuela estaba muy triste por el fallecimiento del abuelo. No podía creerlo. Todos sus planes se habían ido a la basura. Una semana después de su fallecimiento. Antes de que su cuerpo llegara a casa, la abuela escuchó ruidos en la cocina por la noche. Mientras contaba eso, el tono de voz de mi abuela se volvió más bajo, poniéndome la piel de gallina. Siguió con su relato diciendo que bajó con un bate de béisbol y entonces vio a un hombre en uniforme militar, comiendo en la cocina de la abuela como si fuera suya era de noche y vislumbró con dificultad una bolsa junto a él y un vaso de leche en la mesa sin confrontarlo. Lo golpeó de forma fulminante y el hombre cayó inmediatamente. Pero en ese momento la abuela se dio cuenta de quién era y sintió que el alma salía de su cuerpo de la impresión, pues era mi abuelo quien yacía en el suelo sangrando con su uniforme manchado. Entonces mi abuela recogió las medallas que colgaban de su cuello por el ejército. La abuela vio que había un sobre en la mesa lleno de documentos que indicaban que estaba por nacer su hijo, Pero lo raro era que el abuelo jamás había sido militar, así que mi abuela estaba totalmente confundida, así que sintió si aún tenía signos vitales y cómo se dio cuenta de que ya no decidió enterrarlo en el patio trasero. No llamó a la policía ni nada. Sólo lo enterró tres días más tarde, mientras doblaba la ropa en la sala tratando de seguir adelante. Escuchó unas llaves en la puerta. Alguien entró dejando su bolso y pronunciando. La última voz que esperaba era la voz del abuelo, quien la saludaba como si nada. Impecablemente vestido, intentó abrazarla, pero mi abuela no pudo moverse. Ella sabía que lo había había matado. Hace tres noches se apartó de sus brazos mientras la expresión confundida del abuelo le provocó un dolor en el corazón. Mi abuelo le dijo que, porque estaba tan rara que parecía que había visto un fantasma, estaba asombrado y confundido. Temblando. La abuela se acurrucó protegiendo su vientre. Él se acercó y ella se encogió anticipando un ataque, pero en lugar de eso, sólo la abrazó con fuerza y su voz sonaba igual a la de él. Y cuando la abuela lo rodeó con sus brazos, se dio cuenta de que también se sentía igual que él el olor de su loción. Para después del afeitado el roce de su nariz en su mejilla la forma en que su cabello olía fueron todas las cosas que le hicieron saber qué era él. La abuela revisó la parte posterior de su cabeza más tarde esa noche, mientras dormía, pero no había una marca ni nada que le hiciera creer que había sido él a quien había golpeado. Unas noches antes pasó el tiempo y l la abuela vivió con esa versión de mi abuelo durante cuatro meses. Trabajaba como gerente en una empresa de papel, tenía un título en administración de empresas en lugar de ingeniería y se ganaba la vida cómodamente. Sin embargo, si la abuela necesitaba un recordatorio de los viejos tiempos, sólo tenía que mirar la foto de graduación colgada en el pasillo. La foto muestra al abuelo y a la abuela, él con su toga y birrete y ella con su mejor vestido, sonriendo mientras la madre del abuelo les tomaba la foto. A veces lo sorprendía mirando la foto, tratando de racionalizar antes de finalmente alejarse para hacer lo que se había propuesto hacer. Él estuvo presente en el nacimiento de mi madre. Mi abuelo era más o menos el mismo de siempre, intercambiando charlas sobre puentes por charlas sobre acciones y ventas de papel, pero seguía siendo el mismo hombre de siempre. Amaba muchísimo a su familia. Nunca les faltó nada, pero después de un tiempo o la abuela sospechó que algo andaba mal en él. Empezó cuando comenzó a hablar mientras dormía. Murmuraba sin cesar desde que cerraba los ojos hasta que los abría. Mi abuelo siempre había sido un roncador prolífico, incluso desde pequeño, pero en esos momentos parecía que nunca respiraba. Cuando dormía. Murmuraba una y otra vez sobre las alcantarillas, la guerra, las acciones, el papel, la crianza de perros, la cría de caballos y un millón de cosas más. La abuela no podía dormir con todos esos gritos y no importaba donde dormía. Siempre parecía encontrarla. Ella toleró esa situación hasta que una noche escuchó algo familiar, se despertó con el sonido de alguien masticando y murmurando. Había estado durmiendo en el sofá tratando de dormir un poco lejos de los murmullos y mientras avanzaba sigilosamente por el pasillo, lo escuchó murmurar. Ni siquiera el chirrido de la puerta, lo despertó de su pesadilla o ni seno siquiera podía molestarse. Entonces, mi abuela escuchó que mi abuelo decía, entre líneas, que iba a matar a la abuela y a su hija al Amanecer, tal y como lo había planeado hace meses. Además, dijo que sabía del crimen que la abuela había cometido hace unos meses, cuando golpeó al otro con un bate y lo mató. Así que la abuela estaba completamente asustada, pues sabía que él la delataría. Se despertaría y se lo diría a la policía. Encontrarían el cuerpo, la detendrían y él se quedaría ahí con la bebé y sabía qué pasaría. Incluso peor, podría matarlas al amanecer y de pronto pensó y se dio cuenta de que entonces él no era su esposo. No podía ser y eso implicaba que podría lastimarla o matarla. Así que la abuela decidió acabar con él. De nuevo le puso la almohada en la cara y la verdad es que el abuelo no puso mucha resistencia y tras unos segundos dejó de respirar y luego la abuela lo enterró. Lo raro es que ella dice que los dos cuerpos del abuelo no pesaban nada. Era como si cargara un pequeño gato. En fin, mientras ella me contaba todo eso, la piel se me erizaba, aunque a decir verdad llegué a creer que estaba completamente loca y siguió contando. Me dijo que el abuelo regresó y esa vez era un vendedor de autos, pero ése se parecía menos a mi abuelo que el anterior. Era como si fotocopiaras una fotocopia. La calidad se degrada hasta que es casi irreconocible. Así fue eso. El siguiente se parecía menos a mi abuelo estaba más pálido que él y a veces parecía Perderse dice que vivió con ese durante dos años hasta que, de repente, un coche lo atropelló afuera de su casa. Ella le dijo a la policía que aquel hombre era primo de su difunto esposo y que por eso se parecía tanto. El abuelo volvió y ahora criaba caballos. Y se fue cuando uno lo tiró al suelo y murió. La abuela no llamó a la policía y lo enterró al borde del campo. Para ese punto, la abuela ya se estaba volviendo una experta perdiendo maridos y cuando apareció el siguiente, lo golpeó con un sartén y lo dejó en el patio trasero con los demás. Una vez cuando mi madre llegó a casa de la escuela. Había uno nuevo en la sala leyendo el periódico. La abuela me dijo que a lo largo de los años había experimentado con su durabilidad. Empujó a uno del techo. Después de pedirle que la ayudara a arreglar algo. Se rompió el cuello y lo agregó al patio. Al siguiente lo hizo caer desde lo alto de una montaña durante una caminata, sólo para regresar a su casa y encontrarse con otro esperándola. Las réplicas se volvieron más tenues y menos coherentes con el tiempo. Sus voces se debilitaron y perdieron sustancia. Alcanzaron un punto en el que ya no podían mantener un empleo. Sus mentes parecían desvanecerse como las de aquellos con demencia. En ocasiones alzaban la mirada para observarla desde fuera a través de cualquier ventana disponible. Mi madre ya había dejado la casa cuando recibieron un cheque de jubilación de una empresa dedicada a la fabricación de pipas. El dinero era un Salvavidas económico, pero la abuela tenía miedo de encontrarse con ese fantasma descolorido. Era como si el abuelo hubiera estado trabajando en fabricación de pipas durante mucho tiempo, pero esa réplica jamás se apareció en la vida de la abuela. La abuela continuó cobrando esos cheques hasta que dejaron de llegar hace aproximadamente un año, y ahora sabía que el abuelo podría regresar una vez más, pero tenía miedo, porque si ella se iba y regresaba a otra réplica, nadie sabría que no era real. Me dijo que ya era mi secreto también y que los cuerpos anteriores seguían ahí. Ella dice que de vez en cuando escarba y ahí están. Aunque se desintegran, los huesos permanecen. Me dijo que no sabía si esa versión de mi abuelo lo volvería, pero que ahora debía estar alerta. Me dijo que me dejaba todo la casa, las cuentas, todo era mío. Entonces se recostó y parecía que su vida se desvanecía. Poco antes de la medianoche había fallecido y cuando eso sucedió, alguien tocó la puerta. Fui a abrir pensando que era mi madre, pero no era mi abuelo más pálido de lo que recordaba, pero en esencia igual me saludó y retrocedió por donde había venido. Fui al jardín trasero y escarbé, pero no había rastro ni señales de alguien ahí enterramos a la abuela. Cerca del terreno del abuelo original, descansaban en paz juntos. El cuidador del cementerio me comentó que alguien dejaba una única flor silvestre en su tumba antes de marcharse. Mientras tanto, informé a la policía sobre los cuerpos enterrados en el jardín. El crif los exhumó y realizó preguntas que parecían difíciles de creer. Realizaron pruebas y sorprendes. Todos coincidían con mi abuelo, registros dentales, adn cabello, todo encajaba y nadie podía creerlo. Realmente. No pudieron culpar a mi abuela ya muerta y quedó como un misterio sin resolver. De todos modos, fue un alivio que retiraran los cuerpos del jardín y que mi abuela partiera en paz. Mi madre estaba en choc cuando le conté todo la verdad. No podía dejar las cosas así y tenía miedo de que el abuelo apareciera de nuevo. Me sentía con una carga horrible. Por esa razón extrañaba a la abuela y por un momento deseé que no me hubiera contado nada de eso. Antes de que sacaran los cuerpos del jardín, pensé que la abuela estaba delirando al contarme eso, pero resultó que los cuerpos si estaban ahí. Y bueno, nadie entiende a que se debe que haya más de mi abuelo. Quizá es alguna falla en el universo. Quizás son abuelos de universos paralelos o a lo mejor es algún fantasma que extraña su vida e incluso algún extraterrestre buscando encontrar respuestas. No lo sé, pero es algo muy raro y no sé si alguien ha pasado por algo así. Nos mudamos muy lejos de esa ciudad. Por eso ahora vivimos en Querétaro. Pero cuento esta historia porque justamente hace poco nos sucedió algo realmente extraño. Una noche, mientras veía videos en YouTube, me llegó un mensaje de texto de un número desconocido y cuando lo abrí me di cuenta de algo horrible. El mensaje decía que me saludaba con mucho gusto y que quería saber de la familia, pues hace mucho no sabía nada, que nos extrañaba mucho y que si quería, podría quedarme en su casa en Veracruz el próximo fin de semana. Decía que se dedicaba a fabricar pipas, que era mi abuelo, que, por favor, me comunicara con él y estaba claro que el miedo me había dejado pasmado aquel ser que no era mi abuelo. En realidad nos había encontrado y seguramente irían por nosotros. Después de recibir el inquietante mensaje que parecía provenir de mi abuelo, me sentí abrumado por la confusión y la incertidumbre que rodeaba a mi familia. A pesar de mi deseo de dejar atrás todo lo relacionado con los extraños eventos de mi abuelo, sentía una atracción magnética hacia la curiosidad. Decidí investigar por mi cuenta, buscando cualquier pista o explicación lógica. Detrás de este misterioso mensaje, encontré un antiguo diario de mi abuela escondido entre sus pertenencias, el cual guardaba secretos que nunca había compartido conmigo. Entre las páginas descubrí descripciones detalladas de extraños sucesos que mi abuela había experimentado a lo largo de los años. Hablaba de encuentros con figuras que se parecían a mi abuelo, pero no lo eran de voces susurrantes en las noches y de fenómenos inexplicables que desafiaban toda lógica. Entonces me di cuenta de que realmente nada tenía sentido. Era verdad que la abuela no sabía por qué habían sucedido esas cosas y yo tampoco entendía nada. El abuelo podría ir por nosotros matarnos o algo parecido. Yo sabía que ese ser era conocedor de que la abuela me había contado lo que había pasado. Estábamos en peligro y obviamente les dije a mi madre, quien fue algo escéptica conmigo, y me dijo que quizá era una broma pesada. Yo ya no sabía qué hacer. Tenía miedo y además, la partida de mi abuela me había afectado mucho, así que decidí rezar mucho todos los días, pero en esos días. Me llegó un mensaje de mí mismo número saludando y diciéndome que el domingo iría a saludarnos. Faltaban tres días para el domingo y yo no quería que el anciano llegara. Mi abuelo había muerto hace muchos años y esa cosa no era nada mío. Lo único que pude hacer desesperar y eso hice. Pero el domingo no pasó nada y hasta hoy no ha pasado nada. Pero o, pero yo s s ns. El abuelo volverá algún día, pero lo hará por Li