Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / La Última Despedida De Mis Abuelos Historias De Terror - Voces De La Noche
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- Familia También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más comenzamos. Creo que ha llegado el momento de compartir mi relato. El tiempo suficiente ha transcurrido y siento que mi familia ha logrado superar lo ocurrido a nivel personal, considero que es hora de liberarme de este peso que he llevado durante tanto tiempo. Es importante destacar que, por la sensibilidad del tema, no mencionaré los nombres de las personas involucradas, aunque lo que les relataré podría haberles sucedido a más de uno. No estoy buscando que me crean. Simplemente deseo que me escuchen para comprender completamente los eventos que marcaron mi vida. Es necesario situarnos en el pasado más específicamente hace más de dos años. Soy miembro de una familia pequeña, padre madre, mi hermana mayor y yo durante muchos años éramos sólo nosotros cuatro. Mi hermana, con una década de diferencia a mí, siempre había sido un poco distante conmigo, así que no tuve mucha relación con ella. Mi llegada al mundo fue inesperada. En cierto modo, puedo considerarme como un casi un accidente, ya que mis padres creían que ya no podrían tener más hijos. Así que durante gran parte de mi infancia me encontré técnicamente solo con mi hermana asumida en sus amistades y estudios. Mientras mis padres se dedicaban incansablemente al trabajo. La mayor parte de mi infancia estuve a cargo de mis abuelos. La verdad me acostumbré a ellos más que nada que a mi propia familia me agradaba más convivir con el abuelo y la abuela. Mis abuelos maternos se convirtieron en una presencia significativa en mi vida. Mi abuela siempre me manda un suave aroma a rosas, mientras que el olor peculiar de medicamentos impregnaba a mi abuelo. Todas las tardes eran iguales y no me quejo. Me llevaban al parque, me compraban globos con helio y entre risas y juegos me hacían sentir amado y cuidado. Siempre recordaré aquellos días que se convirtieron en pequeños fragmentos de recuerdos que he atesorado en mi memoria. Mis abuelos tenían la costumbre cariñosa de llamarme cachorro, un apodo que me pusieron con mucha ternura y amor. Aunque mi infancia con mis padres fue muy ausente, mis abuelos llenaron ese hueco que tanto, me hacía falta a tal grado que siento que llegamos a tener una gran conexión con el transcurso de los años. Mi abuela nos dejó ya. Era una mujer de edad avanzada y su corazón dejó de latir en una noche silenciosa. Al día siguiente, simplemente me informaron que la abuela no despertó en ese entonces, el concepto de la muerte no tenía para mí un significado especial. Sólo me explicaban que la persona se quedaba dormida para siempre y no despertaría más. Sin embargo, con el tiempo fui comprendiendo la magnitud de esa pérdida, especialmente cuando pasaba las noches en casa de mi abuelo en la oscuridad, cuando él pensaba que yo ya estaba dormido, podía escuchar su llanto en la sala. A pesar de la ausencia de la abuela. Mi abuelo se esforzó por mantener la normalidad en nuestras vidas. Continuó llevándome al parque y siempre elegía un globo rojo, grande y brillante, como si quisiera conservar la tradición que compartíamos con mi abuela. Se sentaba en una banca mientras yo jugaba observándome con una mirada amorosa. Cuando llegaba la hora de irnos, su agudo acento resonaba al gritarme cachorro. Ya vámonos. Aunque la tristeza estaba presente, mi abuelo persistió en darme momentos de alegría, manteniendo viva la conexión espada que habíamos compartido con la abuela. Apenas unos meses después del fallecimiento de mi abuela, mi abuelo cayó enfermo. La enfermedad avanzó rápidamente, consumiéndolo por completo hasta que un día murió en silencio, mientras yo estaba en la escuela. Su partida fue un golpe inesperado y devastador. Me resultaba difícil asimilar la idea de que ya no estaría ahí cada tarde como de costumbre, y la noticia de su muerte conmocionó Mi mundo No podía creerlo. Estaba tan acostumbrado a verlo cada día que la idea de enfrentar la vida sin él resultaba inimaginable. Su funeral se convirtió en uno de los episodios más tristes que he experimentado. Mis padres, que eran conscientes de mi apego a la tradición de que mi abuelo me comprara un globo, buscaron consolarme Durante ese difícil día. Mi padre me obsequió un globo como gesto de cariño, pero mi ánimo estaba tan sombrío que apenas le presté atención. La pérdida de ra mi abuelo dejó un vacío doloroso en mi vida. Y la simple rutina de recibir un globo ya no era suficiente para consolarme o hacerme sentir mejor. Estaba sentado en una de las sillas de la funeraria observando a todos aquellos que se despedían de mis padres y de mi hermana. La noche ya estaba avanzada y yo me sentía agotado con un deseo profundo de descansar, pero antes quería tener un último vistazo a mi abuelo. Su ataúd estaba apartado sin compañía, así que me acerqué y coloqué un banco para tener una visión más cercana. Parecía estar en un sueño profundo y decidí mantener esa imagen como mi último recuerdo de él. Sin embargo, en ese momento percibí algo detrás de mí. Giré la cabeza y noté que el globo rojo estaba justo a un lado mío. La verdad es que no lo recordaba Cuando mi padre me lo entregó, simplemente lo dejé a un lado y vi cómo se alejaba flotando, pero ahí estaba como si hubiera regresado para brindarme un consuelo En ese momento tan difícil. Pensé que sería un bonito gesto amarrarlo al ataúd y dejarlo ahí con mi abuelo como si simbolizara la conexión entre nosotros. Fue una acción impulsiva, pero sentí que de alguna manera le daba un toque especial y personal a su despedida. Ya exhausto, decidí preparar un lugar para descansar. Acomodé un par de sillas, utilicé el saco de mi padre como almohada y me tumbé para tener un sueño lo más profundo posible. En medio de mi agotamiento, percibí una mano suave acariciando mi cabeza. Supuse que se trataba de algún familiar. Quizás mi hermana o mis padres, por lo que no reaccioné, aunque un peculiar aroma a rosas flotaba en el aire. Después de un tiempo que la verdad no puedo recordar cuánto fue sentí que alguien me levantaba en brazos abrí los ojos y me di cuenta de que era mi padre quien colocaba mi cabeza sobre sus hombros y me di cuenta de que ya éramos los últimos en abandonar el lugar. Fue entonces cuando noté algo que hasta hoy recuerdo como un sueño muy real. Sentada a un lado de donde yo estaba acostado, se encontraba una anciana, la cual inmediatamente reconocí como mi abuela, observaba cómo todos salían de la sala y en su mano estaba sosteniendo el hilo del globo rojo que yo había atado. Fue un instante fugaz como lo mencioné anteriormente. Lo recuerdo como un sueño, pero uno increíblemente real. La imagen de mi abuela quedó grabada en mi memoria. Al principio me costó bastante tiempo asimilarlo entender que no era posible que mi abuela estuviera ahí. Justo cuando estuvimos por salir, ella se me quedó mirando, se apagaron las luces y se perdió en la oscuridad. Esto que me sucedió no se lo platiqué a nadie. Pensé que no me tomarían en serio, así que lo guardé para mí. Sin la presencia reconfortante de mis abuelos, las tardes se volvieron solitarias y desorientadoras. Mi madre se vio obligada a solicitar permiso en su trabajo para quedarse en casa conmigo, intentando llenar el vacío que la ausencia de mi abuela y abuelo habían dejado. Sin embargo, en el ambiente familiar me sentía desubicado y sin rumbo, sin saber realmente qué hacer en ese nuevo estilo de vida. El único respiro en mi día era cuando los cuatro coincidíamos en las noches. Era una pequeña distracción al día, pero todo estaba a punto de volver a cambiar. Cuando al siguiente mes mi hermana anunció que se casaría. La noticia marcó el comienzo de un cambio significativo en la dinámica familiar. El compromiso de mi hermana con su novio era algo que mi madre ya esperaba que pasara, comentando que era sólo cuestión de tiempo antes de que decidieran casarse. Efectivamente, es es o s o s o. Mismo año llevaron a cabo la boda y apenas dos meses después nos sorprendieron con la noticia de que mis padres serían abuelos y yo me convertiría en tío al principio la idea me pareció extraña, a pesar de que durante mucho tiempo había expresado mi deseo de tener un hermano. Sin embargo, la llegada de mi sobrino resultó ser un regalo inesperado y bienvenido. A pesar de la edad. Encontré una conexión especial con mi sobrino. Pasamos bastante tiempo el uno con el otro y me sentía increíblemente cómodo a su lado, Aunque la diferencia de edad era evidente, tenía cierto sentimiento de nostalgia. A su lado parecía que esta conexión era mutua, ya que mi sobrino disfrutaba de mi compañía tanto como yo de la suya. Mis padres y mi hermana notaron esta conexión especial entre nosotros, al punto de que en ocasiones me confiaban de su cuidado e incluso me convertí en el encargado de tranquilizarlo cuando lloraba. Pero mi sobrino tenía algo en particular. Apenas comenzó a hablarlo llegué a escuchar que por las noches decía cosas y no es que hablara dormido, sino que parecía tener conversaciones con él mismo. Esto me llegó a desconcertar las primeras veces y con el paso del tiempo no le di mucha importancia. No me estaba dando cuenta de que algo misterioso para mí estaba comenzando a ocurrir, a medida que el tiempo avanzó. Su comportamiento por las noches siguió aumentando y en una de esas ocasiones le escuché decir un globo rojo. Esto hizo que se me ocurriera la idea de llevarlo al parque. Me di cuenta que, al igual que a mí, le gustaban los globos, así que me pidió que le comprara aún por alguna razón. En esos momentos tuve una sensación extraña como si estuviera reviviendo una experiencia pasada. Era como un dela buen motivo que me recordaba a los días en que compartía la misma tradición con mis abuelos y entonces me lo dijo. Quiero ir a ver a tu abuela. Desde el nacimiento de mi sobrino, pocas ocasiones se había tocado el tema de los abuelos fallecidos y cuando mi sobrino me dijo esto fue inevitable pensar en mi abuela y recordar su aroma. El tono de su voz había cambiado a más grave, muy similar a la del abuelo. Fue tan clara que incluso llegué a pensar que se trataba de mi abuelo. Entonces, ya lleno de curiosidad, decidí llevarlo al cementerio más cercano, sólo para quitarme esa sensación de lo que había visto y escuchado. Ambos nos encontrábamos de pie frente a las tumbas, yo le relataba a mi sobrino la historia de nuestros abuelos y como habían partido de este mundo y en medio de mis explicaciones, mi sobrino decidió arrodillarse frente a la tumba de la abuela y pronunció unas palabras que me desconcertaron por completo. Ella olía a rosas aún no recuerdo. Al principio creí que no había escuchado correctamente, pero cuando le pedí que lo repitiera, sentí como mi corazón casi se detenía. Fue entonces cuando mi sobrino compartió conmigo que en sus sueños podía ver a la abuela. El mismo la tomaba de la mano y la llamaba por su nombre. Además, tenía recuerdos vívidos de comprar globos en un parque y sentarse en una banca para observarme jugar a mí. La revelación me dejó perplejo, ya que, aunque habíamos hablado en varias ocasiones sobre mis abuelos, mi sobrino nunca había detallado esos recuerdos con tanta precisión y que sólo yo conservaba. Me decía las cosas con varios detalles lo que había en su casa antigua y de cómo me llamaba Cachorro. Su voz cambió drásticamente y su comportamiento estaba experimentando un cambio repentino y en eso se fijó en una mariposa y empezó a jugar con ella tratando de pincharla con un pequeño palo. Fue un momento fugaz pero impactante que me dejó sintiéndome fuera de lugar. A medida que pasaron los días, mi sobrino empezó a tener más eventos extraños. Continuó con sus relatos sobre mis abuelos, particularmente sucedían sólo cuando estábamos los dos presentes y relataba las cosas como si mi sobrino fuera mi abuelo. La sensación de incomodidad creció en mí Cómo podía tener recuerdos tan detallados de eventos que sólo compartí con mis abuelos y ellos conmigo, o quizás era posible que mi abuela y abuelo estuvieran de alguna manera conectados con mi sobrino. Esto me llegó a perturbar profundamente. Decidí indagar más en los sueños de mi sobrino y en sus conversaciones nocturnas no sabía si estaba lidiando con algo sobrenatural o con la imaginación de un niño. En una de esas noches, mientras intentaba descubrir la verdad, pude escuchar ruidos que provenían de su habitación. Mi sobrino estaba en la cama hablando en voz baja y parecía estar teniendo una especie de diálogo interno o n o n o mismo se respondía a las preguntas que se hacía. Entonces me atreví a molestarlo y preguntarle algo que tenía tiempo queriendo decirle Eres mi abuelo me miró tal cual no hacía mi abuelo y en eso me dijo con una voz grave como la de mi abuelo. Sí, pero ya no estaré más aquí. Rompí una regla y debo irme después de este comentario, mi sobrino volvió a ser el mismo niño de siempre. El ambiente se volvió más denso y sentí que algo trascendental estaba ocurriendo. Mi sobrino me pidió dormir y que no me fuera de su lado, y luego me miró a mí con ojos que parecían contener una antigua sabiduría. Ellos están felices, pero también preocupados. Dijo en un tono que no correspondía a su corta edad. Quieren que sepas que siempre estarán contigo, pero también quieren que dejes ir el dolor y encuentres la paz. Pasaron los días y todo parecía normal como antes, pero de pronto, sin aviso alguno, nos notificaron que mi sobrino se encontraba muy enfermo. Lo vieron varios doctores y su enfermedad sólo lo estaba acabando más y más hasta que un día ya no despertó. Fue una enfermedad misteriosa que acaba rápidamente. A quien llega a enfermar. La tarde de su funeral le había traído flores, arreglos y, sobre todo, globos, pero hubo uno que me llamó mucho la atención. Se trataba de un globo rojo. En el funeral me fui un momento a recostar en el sillón. Ya estaba cansado y aún quedaba poca gente en el lugar. Justo cuando me recosté, sentí una presencia a un lado mío. Al girar mi cabeza la sorpresa que me llevé que hasta grité un poco del susto. Frente a mí estaba el globo de color rojo que había visto horas atrás. Lo amarré a un arreglo floral y me dirigí a dormir. Aún así no podía dormir, pero mientras estaba despierto, pude sentir como una mano. Me acariciaba el rostro. Pensé que podrían ser mis padres, pero al girar ahí estaba nuevamente ese globo era como si me estuviera siguiendo. No entendí cómo fue que se desató del lugar donde lo dejé. Así que decidí dejar de prestarle atención y me dediqué a darle el último adiós a mi sobrino. Recé un par de padre nuestros y le pedí a mi padre que me llevara a casa. Quería estar Solo después de que mi padre me dejara en casa, regresó a la funeraria y yo, sin ganas de dormir, decidí prepararme un café, Me senté en la sala y encendí la televisión para distraerme. En ese momento, una helada ventisca atravesó mi cuerpo, provocando un escalofrío que me estremeció y hasta me hizo estornudar. No lograba identificar su origen. Miré a las ventanas, pero todas estaban cerradas. Aunque inicialmente decidí no prestarle demasiada atención a esa extraña sensación. Otro escalofrío me sobresaltó de nuevo. Fue entonces cuando percibí la presencia de alguien, moviéndose de forma encorvada por el pasillo en dirección a la cocina. Su manera de andarme resultaba familiar. Era igual a la forma en que mi difunta abuela solía caminar con prisa. Me dirigí a la cocina para verificar si había sido real o sólo producto de mi imaginación, pero no encontré a nadie ahí. Por tercera vez experimenté otro escalofrío que me estremeció, pero esta vez se acompañó de aroma a ungüento la fragancia característica de mi abuelo. Entonces lo vi un hombre mayor vestido con un traje estaba de pie en la escalera, observándome detenidamente. En una mano sostenía un bastón y en la otra un globo rojo. Era mi abuelo. Su presencia era tan clara y tangible que resultaba difícil pensar que fuera un simple espíritu. Se dio media vuelta y comenzó a subir las escaleras, pero antes de que pudiera decir algo se desvaneció, pero el globo rojo se elevó hasta el techo como si quisiera dejarme una última señal de su presencia. Después de esos eventos, la atmósfera en casa retomó su curso normal, Aunque yo aún no comprendía completamente lo que había sucedido. Lo interpretaba como un último adiós por parte de mis abuelos y por extraño que pareciera. Al mismo tiempo, sentí que era un último adiós con mi sobrino. Fue una despedida que trascendía cualquier realidad desde aquel entonces. Mi perspectiva sobre la vida después de la muerte y la existencia de un mundo más allá de nuestra comprensión. Dio un giro radical relato escrito y adaptado por lengua de brujo