Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / Ex Militar: La BRUJA Que Me Hizo Volver Al Monte - Historias De Terror - Voces De La Noche
Transcript
- 0:02Speaker 2: Buenos días queridos suscriptores, para más relatos como este, denle
- 0:06like y comparte. Sin más, comenzamos. Crecí en un pueblo
- 0:15metido en la sierra de Chiapas, en la franja donde
- 0:18el monte corta la neblina cada tarde y el agua
- 0:21baja con fuerza por las veredas. Las calles principales eran
- 0:25de tierra apisonada, oscuras cuando se nublaba temprano. Las casas
- 0:31tenían paredes de tabla y techos de láminas sujetados con piedras.
- 0:35En los patios crecían cafetos viejos que daban sombra a
- 0:39los gallineros y a los lavaderos de cemento. Durante la
- 0:44temporada de lluvias el río se ensanchaba, comía orillas y
- 0:47dejaba troncos atascados en la curva de la capilla. Por
- 0:52las tardes, la neblina bajaba como una sábana espesa y
- 0:56dejaba las lámparas del alumbrado envueltas en halos pequeños. Yo
- 1:01me acostumbré a ese clima desde niño, el olor a leña,
- 1:05el zumbido de los insectos y esa sensación de vivir
- 1:09en un pueblo. La vida seguía un orden sencillo, en
- 1:13la iglesia se hacían rezos cada martes, los domingos se
- 1:17organizaban noterías en el atrio y los niños corríamos alrededor
- 1:21de la campana. Las fiestas patronales juntaban a los de
- 1:25los caceríos cercanos y Las mujeres vendían atole de granillo,
- 1:30tamales de bola y los hombres se quedaban a platicar
- 1:33frente a la cancha. En época de corte, las manos
- 1:37se tenían de rojo del fruto maduro del café y
- 1:40las uñas olían a pulpa fermentada. Los perros dormían bajo
- 1:45los techos y las gallinas rascaban la tierra húmeda. Todo
- 1:49era rutinario y conocido hasta que empezaron los rumores. Primero
- 1:54se habló de gallinas aparecidas sin cabeza detrás de los galpones,
- 1:58unos dijeron que eran coyotes que bajaban hambrientos, otros culparon
- 2:02a un tigrillo. Se revisaron cercas, se reforzaron puertas, se
- 2:08dejaron braceros encendidos cerca del gallinero para espantar animales. A
- 2:14los pocos días varios animales amanecieron enfermos, borregos con las
- 2:18patas flojas, un burro tumbado junto al bebedero, dos perros
- 2:22con mirada perdida que no quisieron probar comida. Las mujeres
- 2:27empezaron a comentar en el lavadero que los niños amanecían
- 2:31con moretones en los brazos y pequeños puntos en la piel,
- 2:35como si una mano hubiera apretado con fuerza durante la noche.
- 2:40Yo escuché esas conversaciones mientras cargaba cubetas de agua, nadie
- 2:44afirmaba nada en firme, pero todos repetían que había visitas
- 2:49en los techos, cuando la neblina bajaba más pesada. En
- 2:53la tercera semana ocurrió lo de la casa de don Anselmo.
- 2:57Él vivía frente a un ceibo enorme, cuyos brazos cruzaban
- 3:01la calle. Esa noche la lluvia pegó contra las láminas
- 3:04y el viento hacía sonar las cuerdas de tender. Al amanecer,
- 3:09contó que se despertó con pasos sobre su techo, primero
- 3:13un trote ligero, luego un arrastre pausado que raspaba. Dijo
- 3:18que agarró la lámpara y salió al patio, miró hacia
- 3:21el seibo y vio una figura de mujer encorvada, pegada
- 3:25a una rama alta. El cabello le colgaba en mechas
- 3:29largas que se movían aunque el aire estuviera quieto y
- 3:33no pudo explicar cómo estaba ahí sin caerse. Al día siguiente,
- 3:38varios fuimos a ver el árbol, la corteza tenía rayones profundos,
- 3:43como de uñas, y un mechón oscuro quedó atorado en
- 3:46una horqueta. Las mujeres mayores dijeron que no tocáramos nada,
- 3:51que era señal de brujas. Un vecino aseguró que por
- 3:55la madrugada escuchó un chillido agudo que bajó desde la
- 3:59copa del árbol y que los perros se metieron debajo
- 4:02del fogón con las patas temblorosas. Ese mismo día comenzaron
- 4:07las precauciones en serio. Mi madre colgó un espejo pequeño
- 4:12detrás de la puerta de entrada y otro en la
- 4:14ventana de la cocina. Dijo que su abuela le enseñó
- 4:18a ponerlos así, para que reflejaran a quien buscara entrar
- 4:22con malas intenciones, mi padre clavó una cruceta de palma
- 4:26bendita encima del marco y aseguró las láminas con más piedras.
- 4:31Nos indicó que cerráramos temprano y que no saliéramos a
- 4:34asomarnos si escuchábamos ruidos. Las vecinas encendieron veladoras blancas frente
- 4:41a los portones y pusieron sal en las esquinas de
- 4:44los patios. Algunos hombres guardaron machetes junto a las camas
- 4:49y otros colgaron listones rojos en los gallineros, tradición vieja
- 4:53que muchos consideraban simple costumbre hasta entonces. Las noches se
- 5:00cargaron de tensión, yo dormía ligero, atento a cada golpe
- 5:04de agua en el techo. Los perros empezaron a ladrar
- 5:08hacia el monte sin ladridos de aviso, un ladrar ronco
- 5:11que duraba minutos enteros. Varias veces escuché carreras sobre la calle,
- 5:17pasos que se detenían frente al portón y continuaban hacia
- 5:21la capilla. Los gallos cantaban a destiempo, el humo de
- 5:25la cocina se quedaba bajo el techo por la humedad
- 5:28y yo reconocía el peso del aire antes de que
- 5:31dieran las once. En esas horas, cuando la neblina llenaba
- 5:36el patio como una bruma espesa, los sonidos del monte
- 5:39llegaban apagados, el croar profundo de los sapos en el arroyo,
- 5:44el aleteo de las gallinas que parecían sobresaltarse en sueños,
- 5:48y un chasquido seco de rama que no tenía explicación.
- 5:53La gente empezó a organizar rondas, mi padre salió dos
- 5:57noches con una lámpara de mano. Volvió con la camisa
- 6:01pegada al cuerpo por la lluvia, dijo que vio sombras
- 6:04pasar de un árbol a otro, con una ligereza que
- 6:08no parecía humana. En la milpa de los morales, encontraron
- 6:13surcos aplastados, como si algo pesado hubiera caído y se
- 6:16hubiera arrastrado hacia el arroyo, pero nadie quiso seguir ese rastro.
- 6:22La capilla permanecía abierta hasta tarde y el sacristán tocaba
- 6:26la campana a medianoche, ese sonido se escuchaba como un aviso,
- 6:31un llamado a mantenernos dentro. Los más viejos contaron historias
- 6:36que llevaban años sin contar, mujeres que se quitaban la
- 6:39piel para volar, bolas de fuego que cruzaban el cielo
- 6:43pactos hechos en el monte con alguien que pedía pagos
- 6:46a cambio de salud o cosecha yo escuché todo con
- 6:50atención y fui registrando cada detalle en mi casa el
- 6:55ambiente cambió mi madre guardó tijeras bajo la almohada de
- 6:59mi hermana menor dijo que el hierro cortaba visitas indeseadas
- 7:04nos hizo dormir con calcetines y un rebozo cubriendo el
- 7:07cuello Yo me encargaba de revisar el candado del gallinero
- 7:11antes de que oscureciera. También recogía la leña para que
- 7:16no quedara nada regado en el patio. Aprendí a reconocer
- 7:20ruidos del techo, el golpe de una rama suelta, el
- 7:24goteo persistente justo encima del dormitorio, el arrastre mínimo de
- 7:29una hoja grande empujada por el agua. Aún así, había
- 7:34sonidos que no entraban en ninguna categoría. La noche que
- 7:38recuerdo con más claridad, comenzó con nubarrones desde las cinco,
- 7:42antes de cenar, una corriente de aire frío cruzó la
- 7:46sala y el mantel de plástico se levantó en una esquina.
- 7:51Cerramos todas las ventanas y el agua empezó a caer,
- 7:54como si alguien volteara cubetas sobre la casa. La lámina
- 7:59vibró y el olor a tierra mojada se mezcló con
- 8:02el café que hervía en la hornilla. A esa hora
- 8:06el pueblo quedaba en penumbra, con pocas luces encendidas detrás
- 8:10de cortinas gruesas. Yo me acosté con la lámpara al
- 8:14alcance y el corazón inquieto. Pasadas las diez, escuché el
- 8:19primer golpe en el techo, un golpe seco que hizo
- 8:22sonar los clavos, me quedé fijo mirando la sombra de
- 8:26la viga, luego llegó otro golpe, más largo, con arrastre.
- 8:31La lámina crujió como cuando alguien camina con cuidado, mi
- 8:35madre se tensó a mi lado, agarró mi brazo, y
- 8:38yo sentí cada latido subirme a la garganta. El arrastre
- 8:43se movió del centro hacia la parte trasera, donde el
- 8:46gallinero pegaba con la pared. Entonces se escuchó un chillido largo, sostenido,
- 8:53que no bajó ni subió de tono y que se
- 8:55metió por debajo de las puertas como una hoja delgada.
- 9:00El gallinero se agitó de golpe y la casa entera
- 9:03pareció vibrar. Me quedé inmóvil, con la lámpara en la
- 9:07mano sin encenderla, y supe que esa era la primera
- 9:11noche de una serie que iba a cambiar la forma
- 9:14en que vivíamos en nuestro pueblo. Al amanecer siguiente, los
- 9:18vecinos llegaron a la casa, con las caras tensas y
- 9:22la ropa pegada por la llovizna, traían linternas de mano,
- 9:26pilas nuevas y machetes envueltos en costales. Mi padre habló
- 9:31con ellos en voz baja y acordaron rondas nocturnas por sectores.
- 9:35la subida al seibo, el callejón de la capilla, la
- 9:39vereda que baja al río y el camino de la
- 9:41milpa de los morales. Yo pedí ir con él, me
- 9:45dejó acompañarlo con la condición de caminar detrás y hacer
- 9:49caso a sus señas. Pasamos la tarde preparando lámparas, un
- 9:54puñado de sal para las entradas y un manojo de
- 9:57ramas de ruda amarradas con listón rojo. Mi madre calentó
- 10:02café fuerte y puso un plato con tortillas para la
- 10:05gente que llegara a coordinarse. A esa hora el cielo
- 10:09ya estaba gris y la neblina empezaba a bajar por
- 10:12los cafetales. La primera ronda la hicimos ocho hombres y yo.
- 10:19Las suelas se hundían en el lodo y cada paso
- 10:22dejaba huellas profundas que se llenaban de agua. Por las
- 10:26ventanas veíamos veladoras encendidas en platos de aluminio, frente a
- 10:30imágenes cubiertas con bolsas, para que la humedad no les
- 10:34comiera el papel. Los perros no descansaron, sus ladridos iban
- 10:39dirigidos al monte con un gruñido grave que sostenían por minutos.
- 10:45En la esquina de la escuela primaria, uno de ellos
- 10:48retrocedió con el lomo erizado y las patas abiertas, no
- 10:52avanzó aunque le hablaron por su nombre y ese comportamiento
- 10:56puso nervioso al grupo. Fuimos casa por casa, Doña Tomasa,
- 11:01la mayor del barrio, nos detuvo en su patio, nos
- 11:04señaló los cafetales detrás de su barda de piedras. Dijo
- 11:09que una madrugada, cuando se levantó a avivar la hornilla,
- 11:13vio pasar una figura desnuda entre las hileras. Aseguró que
- 11:18la lámpara alumbró unas piernas largas y un cuerpo aterrador
- 11:21y encorvado, señaló la altura con la mano y la
- 11:25dirección del paso. Mi padre caminó esa línea con la
- 11:29luz y encontró marcas profundas, separadas por saltos bruscos, como
- 11:34si el cuerpo hubiera avanzado en carreras cortas. Más arriba,
- 11:38en la milpa de los morales, el daño era claro,
- 11:42varias hileras de maíz estaban tumbadas hasta el suelo y
- 11:45las plantas aplastadas mostraban un patrón de arrastre que cruzaba
- 11:49de lado a lado. En medio del terreno, Un círculo
- 11:53de tierra removida despedía olor a humo y tierra quemada,
- 11:57como si hubieran apagado brasas con agua hacía poco. Las
- 12:02huellas al borde del círculo tenían forma alargada y garras
- 12:05marcadas con precisión. Yo me agaché para medir con la
- 12:10palma de mi mano, la marca superaba el tamaño de
- 12:13mi mano por mucho. Los hombres rodearon el sitio con
- 12:17las lámparas levantadas, y se quedaron en silencio unos segundos
- 12:21para escuchar el monte, se oyó un chasquido seco en
- 12:25las copas de los árboles, luego otro más lejos. En eso,
- 12:30la neblina cerró la vista a pocos metros. Las familias
- 12:36más viejas comenzaron a traer recuerdos que mantenían guardados. En
- 12:41la tienda, mientras pesaban frijol y azúcar, los mayores contaron
- 12:45que en la sierra siempre hubo mujeres, que se reunían
- 12:49lejos del pueblo para trabajar cosas que no se decían
- 12:52en voz alta. Mencionaron nombres de parajes, la cuchilla, la
- 12:57cueva seca, el paso del venado. Dijeron que hacía décadas
- 13:02se corrió la voz de un pacto hecho por una
- 13:05mujer y el diablo, que le pidió salud para su
- 13:08hijo y a cambio le entregó ofrendas en noches contadas.
- 13:13Nadie quiso asegurar fechas ni apellidos, pero todos relacionaron el
- 13:17crecimiento del río y las pérdidas de animales. Era la
- 13:22primera vez que yo oía esos lugares encadenados en una
- 13:25misma charla, con esa seguridad en las pausas y en
- 13:29los gestos. La noche más pesada de esa semana nos
- 13:34encontró en el tramo del Ceibo. Éramos seis, con dos
- 13:39lámparas grandes y machetes, la humedad daba en la cara,
- 13:43pero a medianoche... Un chillido agudo cruzó por encima de nosotros,
- 13:47constante y alto. Las lámparas alumbraron ramas que se movían
- 13:52en direcciones distintas sin viento aparente. Vimos una sombra alargada
- 13:57brincar de árbol en árbol con una ligereza imposible. No cayó,
- 14:03no se detuvo a descansar, iba de copa en copa,
- 14:06como si conociera cada cruce. Dejaba una estela de olor
- 14:11a humo, mezclado con la tierra mojada, Mi padre ordenó
- 14:14rodear por el callejón de la capilla. Corrimos con cuidado,
- 14:19las suelas hundidas hasta el tobillo, y salimos al patio
- 14:23del gallinero de los García y ahí la encontramos. El
- 14:28gallinero estaba abierto de par en par, la puerta colgaba
- 14:32de un clavo arrancado y el alambre se veía cortado
- 14:35en tiras, no roto por mordida. Las tablas de la
- 14:39pared tenían marcas oblicuas y a la vista quedaban plumas
- 14:43negras pegadas con manchas rojas en el marco, como si
- 14:47las hubieran colocado con intención. El olor a sangre mezclado
- 14:52con la humedad llenaba la boca. Las gallinas quedaban dispersas
- 14:56en el suelo con el cuerpo rígido y sin cabeza,
- 14:59un gallo aquí y otro más allá, con las patas
- 15:02estiradas y abiertos por la mitad. Uno de los hombres
- 15:07apartó con el machete los restos para contar, y las
- 15:10lámparas alumbraron huellas que entraban y salían del corral con
- 15:14dirección al monte. La forma de las marcas era la
- 15:18misma que en la milpa, pero más profundas. Mi padre
- 15:23dijo que no siguiéramos ese rastro en ese momento, colocó
- 15:26sal en la entrada y clavó dos tablas para cerrar
- 15:29la puerta. A la mañana siguiente, la noticia de la
- 15:35niña corrió por todo el pueblo, la familia vive junto
- 15:38al arroyo, detrás del taller. La madre nos dejó pasar,
- 15:43la niña estaba en la cama con un trapo húmedo
- 15:46en la frente, tenía marcas moradas en el cuello, cinco
- 15:50puntos que se ajustaban al tamaño de una mano. Tenía
- 15:54sueño todo el tiempo, como si hubiera corrido mucho, el
- 15:58padre decidió llevarla con don Mateo, curandero conocido en los
- 16:02caceríos de arriba. Yo pedí permiso para ir, me dijeron
- 16:07que sí, caminamos por la vereda con el cielo bajo
- 16:10y un frío que entraba por el pecho. Don Mateo
- 16:14los recibió en un cuarto de paredes de tabla con
- 16:17un altar sencillo y frascos de vidrio en una repisa.
- 16:21Abrió un morral y sacó ramas de albahaca ruda, romero
- 16:25y hojas de guayabo. Puso a hervir agua en una
- 16:29olla ennegrecida y echó las hierbas con un puño de
- 16:32sal gruesa, el olor llenó el cuarto y la ayudó
- 16:35a respirar. El curandero preparó también un trago amargo en
- 16:41una botella pequeña, dijo que la niña debía tomar tres
- 16:45sorbos y dormir, tomó un huevo fresco y lo pasó
- 16:48por el cuello y por los brazos, mientras murmuraba rezos
- 16:52en tzotzil con un ritmo que levantaba la piel. Encendió
- 16:56copal en una cazuela y movió el humo alrededor de
- 16:59la cama con un movimiento firme de mano. Depositó sobre
- 17:04la mesa la cáscara del huevo roto en un vaso
- 17:06de vidrio y mostró una mancha oscura en el fondo, compacta,
- 17:11que parecía cuajar. Habló sin adornos, aseguró que el pueblo
- 17:16había quedado marcado, dijo que las brujas se movían con permiso,
- 17:20porque alguien rompió un pacto antiguo. Pidió barrer entradas con sal,
- 17:26poner tijeras abiertas bajo las camas y no dejar ropa
- 17:29de niños tendida durante la noche, ordenó campanas a medianoche
- 17:34durante nueve días y velas blancas en las puertas. A
- 17:39partir de ese día nadie durmió por completo, las campanas
- 17:43de la iglesia sonaron al filo de las doce y
- 17:46un tañido parejo que marcaba el inicio de la vigilia.
- 17:49Las rondas se reforzaron con más hombres y las lámparas
- 17:53se repartieron por sectores. En las ventanas aparecieron más veladoras
- 17:58y espejos, las cocinas se quedaron con braceros vivos hasta
- 18:02la madrugada. Las conversaciones ya no se quedaban en rumores,
- 18:07eran listas de sitios, horas y señales, cada familia tomó
- 18:11su medida. En mi casa, mi madre cambió el agua
- 18:16bendita de un vaso que mantuvo en el marco de
- 18:19la puerta y cosió listones rojos en las bolsas donde
- 18:22dormían los niños. Yo volví a salir con mi padre
- 18:26y sentí que la vereda, el ceibo y el gallinero
- 18:29formaban un mismo dibujo que alguien había trazado sobre el
- 18:33pueblo con una intención clara. Esa noche caminamos más despacio.
- 18:39atentos a cualquier crujido y entendí que el miedo ya
- 18:43no estaba en la cabeza de la gente estaba en
- 18:45los pasos en las manos en la forma de agarrar
- 18:49la lámpara y de medir la distancia hasta la puerta
- 18:52más cercana la decisión se tomó al atardecer cuando la
- 18:57campana marcó las seis y el cielo quedó de un
- 19:00glis parejo los hombres se reunieron en la cancha y
- 19:03trazaron el plan con el mapa de siempre y la
- 19:06subida al seibo, la vereda del río, el callejón de
- 19:10la capilla y la salida hacia las milpas. Se juntó
- 19:14leña seca en carretillas y se apilaron troncos en las
- 19:17entradas del pueblo. Encendimos fogatas con ocote para que el
- 19:22humo se mantuviera vivo y alumbrara los cruces, sobre la
- 19:26tierra esparcimos sal gruesa en líneas rectas, de cerca a cerca,
- 19:30y colocamos puñados en los portones. Repartimos machetes. lámparas de
- 19:36mano y cuerdas. Unos llevaron costales para cubrirse si la
- 19:41neblina bajaba más. Mi madre me amarró en la muñeca
- 19:45un listón rojo y me dio una bolsa con ruda.
- 19:49Me pidió que guardara la lámpara contra el pecho cuando
- 19:52oyera los chillidos, yo asentí y me coloqué detrás de
- 19:56mi padre. A medianoche el viento cambió, la neblina se
- 20:01metió por la calle principal y las fogatas levantaron chispas.
- 20:06Desde el lado del río nos llegó el primer chillido,
- 20:09era largo y sostenido, sin quiebres, como un hilo tensado
- 20:13que atravesaba los techos. Los perros se metieron bajo las
- 20:18mesas y se quedaron temblando, con los ojos fijos en
- 20:21las puertas. La campana de la capilla sonó con golpes parejos,
- 20:26uno tras otro, y a cada tañido otra respuesta se
- 20:30escuchó desde los árboles. Las sombras empezaron a moverse entre
- 20:35los cafetales, Se miraban de reojo con la luz de
- 20:38las lámparas, pasaban altas, inclinadas, con una velocidad que no
- 20:43correspondía a un cuerpo cansado. Nos repartimos por sectores y
- 20:48caminamos en cuña, con un hombre al frente y dos
- 20:51a los lados. Las suelas se hundían en el lodo
- 20:55y cada paso dejaba un dibujo claro de la dirección.
- 20:59Los chillidos provenían ahora de dos sitios, luego de tres,
- 21:03como si rodearan el pueblo. Al llegar al seibo escuché
- 21:09golpes sobre las láminas cercanas, un correteo que cambiaba de
- 21:13casa en casa, la luz de una lámpara dio en
- 21:15un cuerpo encorvado sobre una rama. El cabello caía en
- 21:20nudos densos, brillantes por la humedad, la figura avanzó por
- 21:24el árbol con manos y pies como si conocer la
- 21:27corteza fuera cosa aprendida. Dejó caer algo oscuro que pasó
- 21:32rozando la fogata y cayó junto a un tronco, eran
- 21:35plumas negras pegadas con sangre. Cuando nos acercamos, la sombra
- 21:40saltó a la calle con una facilidad que no correspondía
- 21:44a esa altura. Mi padre gritó la orden de cerrar
- 21:48el paso por el callejón, corrimos y la neblina que
- 21:51no nos dejaba ver, y dos hombres abrieron los brazos
- 21:55para encajonar el movimiento, la verdad yo moría de miedo,
- 21:59me coloqué detrás, con la lámpara alta. La vimos de
- 22:04frente en el claro de tierra entre la capilla y
- 22:07la escuela, era una mujer encorvada, huesuda, con los hombros
- 22:11filosos bajo un vestido hecho jirones, la piel se veía
- 22:15manchada en zonas, como si se hubiera raspado contra troncos.
- 22:20Los ojos reflejaron la luz de las lámparas con un
- 22:23brillo intenso, sin parpadeo. Alzó la cabeza y lanzó un
- 22:28grito agudo que vibró en la boca del estómago, el
- 22:31sonido hizo que los perros en toda la calle contestaran
- 22:34con aullidos. Los hombres cerraron el círculo, uno intentó arrojar
- 22:40la cuerda desde un lado y otro avanzó con el
- 22:42machete a la altura de la cadera. La mujer saltó
- 22:46con un impulso y pasó por encima de una cerca
- 22:49con púas. Las púas se doblaron y varias se quedaron
- 22:53con hilos de tela y mechones pegados, cayó del otro lado,
- 22:57avanzó a cuatro puntos por un tramo, se levantó y
- 23:01se perdió entre cafetos con zancadas cortas y rápidas. Corrimos
- 23:06en su dirección y nos frenó el borde del barranco
- 23:09que da al arroyo. Revisamos la cerca, en la punta
- 23:14de alambre quedaban pelos oscuros pegados con sangre, la lámina
- 23:18de la barda inmediata tenía marcas que cruzaban de arriba abajo.
- 23:23La neblina se aclaró un segundo y dejó ver el
- 23:26camino en diagonales de lodo. Ahí se marcaban las huellas
- 23:30profundas que ya conocíamos, alternadas con otros pasos más pequeños
- 23:35que parecían de alguien descalzo. La mezcla confundía el rastro,
- 23:40pero aún así, lo seguimos hasta el borde del monte.
- 23:44Ahí el olor cambió, llegó una bocanada de humo húmedo
- 23:48y tierra recién removida. Las lámparas tomaron el color del
- 23:53copal que flotaba bajo los árboles. Un hombre señaló un
- 23:57tronco bajo con rastros frescos de sangre, otro recogió un
- 24:01trozo de uña clavado en una corteza, lo guardó en
- 24:04un pañuelo y mi padre dijo que no entraríamos al
- 24:07barranco en esa oscuridad. Trazó sal en el suelo formando
- 24:12un semicírculo frente a los árboles y dejó clavada una
- 24:15estaca con un listón blanco. Regresamos a la calle principal,
- 24:21pasamos frente a la casa de los García y notamos
- 24:24el gallinero en silencio, con la puerta reforzada por dentro.
- 24:29Más adelante, en la esquina de la tienda, dos fogatas
- 24:33seguían encendidas y un grupo vigilaba en silencio con los
- 24:37ojos rojos por el humo. A las cuatro se calmó
- 24:41el aire. El último chillido se escuchó desde la dirección
- 24:45del río, ya más lejano, como si se internara en
- 24:49el monte. Entonces la campana dejó de sonar, la noche
- 24:53se quedó quieta por primera vez en horas. Sólo el
- 24:57goteo en las láminas y el chasquido de las brasas
- 25:00se oían cerca. A esa hora el cansancio cayó sobre todos.
- 25:06Mi padre nos llevó a casa y, Dormimos con los
- 25:09machetes apoyados junto a la cama y la lámpara entre
- 25:12las cobijas. Al amanecer salimos a revisar y el camino
- 25:18a la vereda mostró manchas de sangre intermitentes, pequeñas y espesas,
- 25:23que se secaron sobre charcos de lodo, en los arbustos,
- 25:27a la altura de la cadera. Aparecieron varios mechones de
- 25:31cabello pegados a las espinas. En una horqueta del seibo
- 25:35quedó atrapada una tira de tela húmeda. con consistencia de
- 25:39piel vieja. En la puerta de un gallinero que no
- 25:43estaba en el mapa de rondas, encontramos plumas pegadas con
- 25:47un patrón en cruz, como una marca. La gente fue
- 25:51llegando y mirando en silencio, nadie discutió las pruebas y
- 25:55un grupo llevó lo encontrado con don Mateo. Dijo que
- 25:59las señales confirmaban que las visitas no se iban a
- 26:02detener con una sola noche de fogatas, Recomendó repetir el
- 26:07toque de campanas y mantener la sal en los límites.
- 26:10Nos aconsejó no dejar solos a los niños ni para
- 26:13ir a traer agua. Pasaron dos días y en la
- 26:18noche volvieron los ruidos en los techos, pero ahora más salteados.
- 26:24Las sombras siguieron cruzando por los cafetales. Una familia de
- 26:27la parte alta bajó con sus cosas amarradas en costales.
- 26:33Dijeron que dormirían con parientes en otro caserío y al
- 26:36tercer día se fueron dos familias más. Dejaron puertas encajonadas
- 26:42con tablas y gallineros abiertos para no perder tiempo. La
- 26:47calle de la escuela quedó con casas cerradas, sin humo
- 26:50en los techos y sin perros echados en las entradas.
- 26:54A la semana, el pueblo se sintió hueco, las fogatas
- 26:58se encendían con menos gente y la tienda atendía a ratos,
- 27:02La capilla se quedó con velas consumidas pegadas en platos
- 27:06negros por el hollín. Mi padre habló con nosotros a
- 27:11la luz del mediodía, dijo que ya no había quien
- 27:14hiciera rondas en el sector del río y que no
- 27:17era seguro quedarse, decidimos irnos antes de la siguiente lluvia grande.
- 27:23Cargamos ropa, documentos, una imagen pequeña de la patrona y
- 27:27las tijeras que mi madre guardaba bajo la almohada. soltamos
- 27:32a las gallinas que quedaban para que buscaran refugio en
- 27:35el monte el último en salir fue mi padre cerró
- 27:40el portón con alambre dejó la casa con los espejos
- 27:43colgados y un vaso de agua bendita sobre el marco
- 27:47caminamos hasta la salida donde la sal marcaba la línea
- 27:50de protección volteé la vista hacia la calle vacía vi
- 27:55el seibo inmóvil y escuché un aleteo corto sobre los
- 27:59cafetales pero no regresamos Con los meses supimos que casi
- 28:05nadie volvió, las casas se quedaron con puertas abiertas, techos
- 28:09enmohecidos y patios cubiertos de maleza. Los caminos se llenaron
- 28:14de lodo duro con las marcas viejas grabadas. Los gallineros
- 28:19quedaron vacíos y las tablas cruzadas se aflojaron con las
- 28:22primeras tormentas. A veces, cuando paso por la carretera, miro
- 28:28hacia el recodo donde estaba nuestra calle, no se ve
- 28:31el pueblo. solo la mancha verde. La gente de los
- 28:35caceríos cercanos evita esa zona al anochecer. Dicen que en
- 28:40noches de luna alta se escuchan chillidos largos encima de
- 28:44los árboles y que se miran sombras cruzando por las copas,
- 28:48rápidas y seguras, como si siguieran su ruta de siempre
- 28:52sobre los cafetales. Yo llevo conmigo esa última campanada de
- 28:57la capilla y el brillo demoníaco de los ojos que
- 29:00nos miraron en el claro. Con eso entiendo por qué
- 29:04las casas se quedaron sin gente y por qué a
- 29:06ese lugar ya nadie se atreve a llamarlo pueblo. Crecí
- 29:16dentro del uniforme, pasé años con la espalda endurecida por
- 29:20el peso del chaleco, el fusil rozando el antebrazo, la
- 29:24lengua siempre con gusto a metal por el polvo de
- 29:26los caminos. Me destacaron en una región de montaña, donde
- 29:32los pinos cubren las laderas y el viento baja cargado
- 29:35de resina. Los caceríos se reparten en pendientes irregulares, casas
- 29:40de lámina o madera, gallineros cercados con malla, perros flacos
- 29:45que reconocen pasos antes que rostros. Llegamos a ese lugar
- 29:50a mitad de un año seco, el aire se partía
- 29:53al mediodía, pero al atardecer el frío bajaba con prisa
- 29:56y los cerros se cerraban como una mordida. En el
- 30:00pueblo se repetía una historia sobre una mujer que subía
- 30:04y bajaba por las veredas cuando el sol se escondía
- 30:07detrás de los pinos. Le decían bruja con una seriedad
- 30:11que me llamó la atención desde el primer día. Aprendí
- 30:16a reconocer la forma en que la gente evita un tema.
- 30:20En la tienda, el tendero contaba monedas con calma exagerada
- 30:24cuando alguien mencionaba animales perdidos en los linderos. La señora
- 30:29que vendía pan movía la charola a otro lado y
- 30:32decía que el maíz venía flojo ese año. Los hombres
- 30:36que bebían al fondo de la cantina hablaban de cosechas
- 30:40o de caminos derrumbados, pero la conversación se cortaba cuando
- 30:44un viento corto hacía vibrar las láminas. Nadie decía su nombre.
- 30:49Repetían que ahí arriba vivía una mujer con dedos muy largos,
- 30:54uñas que podían rasgar tu piel y dientes enormes, como
- 30:57si fueran colmillos. Escuché esas frases en distintas bocas y
- 31:02con el mismo tono, no lo tomé como chisme, pues
- 31:06había cansancio en esas voces, como si el relato cargara
- 31:09con años. Durante los primeros días, hicimos recorridos por veredas
- 31:16con tierra suelta, pasábamos junto a troncos ennegrecidos por fogatas
- 31:20viejas y cercas mal reparadas con alambre oxidado. En el cañón,
- 31:25el viento se estrellaba contra una pared de roca y
- 31:29regresaba con olor a agua estancada. Yo iba atento al terreno,
- 31:34a marcas de llanta, a huellas frescas de bota, aún así,
- 31:39me llegaban frases sueltas cuando cruzábamos por el centro del pueblo.
- 31:43que una mujer arrancó un guajolote del patio y lo
- 31:46cargó del cuello sin prisa, que un niño la vio
- 31:49en cuquillas comiendo hojas brillosas en la orilla del arroyo,
- 31:53que su sombra se estiraba de forma rara cuando la
- 31:55luna subía limpia. Empecé a guardar esas frases como marcas
- 32:00en el mapa. El primer avistamiento fue en la ladera
- 32:06que todos llaman la silla, por la forma de dos
- 32:09lomos que se unen en un hueco, Subía con la
- 32:11respiración controlada, botas clavadas en tierra suelta, y me detuve
- 32:16a limpiar el sudor con la manga. A mi derecha
- 32:20se abría un barranco, donde el eco de los insectos
- 32:23se mezclaba con el chasquido de ramas secas. La vi
- 32:27parada al filo, encorvada, con el rebozo pegado al cuerpo
- 32:31por una racha de viento que levantó polvo, los dedos
- 32:35asomaban del tejido como ramas, eran demasiado largos, no era
- 32:39una idea. Se veían largos y duros, con uñas curvas, gruesas,
- 32:45de un color entre amarillo y tierra. Las piernas se
- 32:49le marcaban bajo la tela como maderos flacos, la piel
- 32:53tenía manchas oscuras en los extremos, sobre todo en las espinillas,
- 32:57y un brillo opaco en las rodillas que recordaba cuero reseco.
- 33:02El viento me trajo un olor a hojas molidas y
- 33:05a piedra húmeda. Ella giró apenas el rostro, era algo
- 33:10horrible y alcancé a distinguir una mirada sin brillo, amarilla
- 33:14en el borde, como si el ojo tuviera una luz
- 33:17ajena atrapada en el iris. Me escondí detrás de un pino,
- 33:23con el corazón sobre el esternón, no por miedo sino
- 33:26por una atención que me creció de golpe, medí la distancia,
- 33:30evalué rutas de salida y repasé el peso de mi equipo.
- 33:35Luego regresé la vista a la ladera, Caminaba con pasos cortos,
- 33:40metiendo la punta del pie en la tierra antes de
- 33:42apoyar el talón. Las manos no colgaban sueltas, se mantenían adelantadas,
- 33:49dedos separados, uñas listas para abrirse camino entre las ramas.
- 33:54Una bandada de chanates se levantó y cruzó sobre ella,
- 33:58pero ella no reaccionó y siguió con el mismo ritmo.
- 34:02Al llegar a un tramo de piedras sueltas, se agachó
- 34:05y tomó un pedazo de madera húmeda. La levantó solo
- 34:09con la mano derecha, la pieza estaba saturada de agua
- 34:13y pesaba, pero aún así la movió como si fuera corcho.
- 34:18Esto bastó para activar una curiosidad que en campaña suele
- 34:22salir cara, recorrí la cornisa desde arriba, calculé su ruta
- 34:26y busqué un punto desde el cual mantenerla a la
- 34:29vista sin exponerme. En la bajada mis botas soltaron grava
- 34:34y escuché como rebotaba contra piedras más grandes. Ella se
- 34:38detuvo un segundo, levantó la cabeza y olfateó, como una
- 34:43cabra que mide el aire. No volteó hacia mí, sólo siguió,
- 34:47y el rebozo se movía en ondas, y a cada
- 34:50ráfaga las uñas asomaban un poco más, casi del largo
- 34:54de dedos enteros. Pensé en historias de animales cazados sin arma,
- 34:59de puercos con el cuello abierto, en un corral sin
- 35:02huellas de cuchillo, emparejé esa idea con la fuerza que
- 35:06le vi en la mano, y todo comenzó a ajustar piezas.
- 35:12Esa tarde el cielo cambió de azul quemado a un
- 35:15gris pálido en pocos minutos. Una nube se asentó sobre
- 35:20la punta del cerro, y la sombra bajó por la
- 35:23ladera como una cortina, la perdí de vista al cruzar
- 35:26un pliegue del terreno, apuré la marcha, y en el
- 35:29siguiente claro la vi de nuevo, parada junto a una
- 35:32enebrina que crece torcida. Tenía la espalda más recta, El
- 35:37rebozo caía hasta el barro y dejaba ver pies muy delgados,
- 35:41dedos separados, uñas oscuras que superaban el borde del dedo,
- 35:46como si hubieran crecido sin freno. Respiraba con la boca entreabierta,
- 35:51ahora se le notaban dientes cortos, gastados en las puntas,
- 35:55con un tono pardusco. Me quedó la impresión de masticación constante,
- 36:01de raíz dura de corteza, dio un paso hacia la
- 36:04maleza y se escurrió entre troncos, como si el cuerpo
- 36:08se adelgazara para pasar. Regresé al destacamento con la vista
- 36:14llena de esa figura, la memoria trabaja con olores y texturas.
- 36:19Me quedó el olor a resina tibia mezclada con tierra
- 36:22húmeda y ese amarillo quieto en el ojo. En la
- 36:26noche escuché a los perros del pueblo ladrar hacia el
- 36:29cerro en orden, como si un punto caminara y fuera
- 36:32encendiendo respuestas a su paso. Uno arrancaba en el borde norte,
- 36:37luego otro en la casa de la maestra, luego dos
- 36:41más en el corral del señor que vende leña. Dibujé
- 36:45ese avance sobre el mapa mental de la ladera y
- 36:47ubiqué un eje entre la silla y un arroyo que
- 36:50cruzamos a menudo. Me vi al día siguiente siguiendo ese eje.
- 36:57Las voces del pueblo se hicieron más precisas, un hombre
- 37:01me aseguró que la vio con un chivo colgando de
- 37:03un brazo, que las patas le pegaban en la cadera
- 37:06y ella caminaba sin prisa, una niña me dijo que
- 37:10su abuela la había mirado desde la ventana y que
- 37:13se le secó la leche a la vaca esa misma semana.
- 37:17Un pastor juró que encontró huellas con marcas de uñas
- 37:21abiertas en el barro, nadie daba detalles de su cara
- 37:24más allá de los ojos y de un gesto de
- 37:26la boca que dejaba ver dientes afilados. Se repetía la
- 37:31idea de los dedos alargados. Un viejo describió las manos
- 37:36con un movimiento de pinza, índice y medio por delante,
- 37:40anular y meñique como ganchos que rematan, no eran palabras sueltas,
- 37:44eran dibujos mentales. La obsesión llegó sin anuncio, me descubrí
- 37:51haciendo rutas que pasaban por la silla, aunque el destino
- 37:54no lo exigiera, afiné el oído a los pájaros que
- 37:58se callan de golpe cuando una presencia cruza su zona.
- 38:02Observé madrigueras cerradas con terrones recientes. Al rozar ramas, me
- 38:08quedaba con pedacitos de corteza en los nudillos y pensaba
- 38:12en esas uñas. El cuerpo guarda las medidas de lo
- 38:16que representa peligro o atracción. A mí se me grabó
- 38:20la forma de su paso y el amarillo del ojo,
- 38:23cada tarde pensaba en la ladera y en el filo
- 38:25del barranco. Me repetía que esa mujer no era una
- 38:29vieja perdida ni una sombra contada en la tienda. Vivía
- 38:34en esos cerros con dominio del terreno y una fuerza
- 38:37que no encajaba en su delgadez. Me propuse verla de cerca,
- 38:42medir su respiración, conocer el lugar donde se oculta cuando
- 38:46la noche cae y el viento baja con olor a
- 38:49agua y madera. Ahí empezó todo. El recuerdo de esa
- 38:55primera vez me hizo trazar rutas con precisión, revisé el
- 38:59mapa mental que había formado con cada recorrido y marqué
- 39:03puntos donde los perros se callaban, donde el aire traía
- 39:07olor a hojas secas y donde el suelo mostraba ramas quebradas.
- 39:12Empecé a salir solo bajo cualquier pretexto, llevando el fusil
- 39:16cruzado en la espalda y una cantimplora atada al cinturón.
- 39:20Caminaba sin hacer ruido. poniendo la bota en la orilla
- 39:24de las piedras y apartando ramas con cuidado de no quebrarlas.
- 39:29Había escuchado que ella vivía en una cueva en una
- 39:32cañada poco transitada, pregunté disimuladamente a un carbonero que bajaba leña,
- 39:37solo dijo que en esa zona los animales se ponían nerviosos,
- 39:41y que las sombras no coincidían con las horas del día.
- 39:45No insistí, pero tomé su advertencia como señal. La primera
- 39:51vez que seguí esa pista, el monte estaba más cerrado
- 39:55que en otras partes, los árboles eran más altos y
- 39:58las ramas formaban una red sobre mi cabeza que apenas
- 40:02dejaba pasar el sol. El piso estaba cubierto de hojas
- 40:05húmedas y troncos podridos. El aire olía a agua estancada
- 40:10y a tierra recién removida. Encontré huellas pequeñas de venado,
- 40:16pero también marcas de algo más pesado. con los dedos
- 40:19abiertos y las uñas hundidas en el barro. Me incliné
- 40:23para medirlas, eran más largas que mi mano abierta, seguí avanzando,
- 40:28escuchando cada crujido, sintiendo que el ambiente se volvía más
- 40:33frío a cada paso. En algunos tramos, las ramas estaban
- 40:38arrancadas de raíz, como si algo hubiera pasado a la fuerza.
- 40:44Al llegar a una bajada pronunciada, vi como el arroyo
- 40:47cruzaba el monte, El agua corría lenta entre piedras negras
- 40:51con manchas brillantes como carbón mojado, bajé con cautela, cuidando
- 40:56de no resbalar. El sonido del agua se mezclaba con
- 40:59el zumbido de insectos. Crucé el arroyo y vi un claro,
- 41:04ahí estaba ella, sentada sobre una piedra plana, con el
- 41:08rebozo caído hasta la cintura, desenredando su cabello enmarañado con
- 41:13los dedos. Sus uñas eran gruesas, marrones y largas como
- 41:18cuchillas curvas. Sus brazos flacos se movían despacio, sin esfuerzo,
- 41:24el cabello le cubría casi todo el torso, pero se
- 41:27podía ver la piel grisácea de su cuello, marcada con
- 41:31manchas oscuras, su rostro parecía hundido. Los pómulos sobresalían y
- 41:36la boca estaba cerrada, dejando ver sólo el borde de
- 41:39unos dientes afilados, sus ojos eran lo que más impresionaba.
- 41:44reflejaban la luz tenue del bosque brillaban como si guardaran
- 41:47un fuego apagado en el fondo me quedé quieto entre
- 41:52los arbustos conteniendo la respiración su presencia no se sentía
- 41:57pesada como contaban los hombres del pueblo era lo contrario
- 42:02todo a su alrededor parecía calmarse las aves no huían
- 42:07un conejo pasó a pocos metros sin mirarla el aire
- 42:10dejó de mover las hojas Era como si el bosque
- 42:14entero reconociera que ella estaba ahí. Sentí una atracción que
- 42:19no tenía sentido, sabía que debía regresar, pero mis pies
- 42:23no obedecían, de pronto ella levantó la cabeza y giró
- 42:27lentamente hacia donde estaba yo. Sus ojos brillaron al atraparme
- 42:32entre los arbustos. Dijo mi nombre en voz baja, sin alzarla,
- 42:37lo pronunció perfecto, con la cadencia de alguien que me
- 42:41conocía desde antes, pero nadie en ese pueblo sabía cómo
- 42:45me llamaba, así que me quedé helado, incapaz de moverme.
- 42:51Ella no se levantó ni se mostró agresiva, volvió a peinarse,
- 42:55como si esperara que yo hiciera el primer movimiento, el
- 42:59miedo no me paralizó, fue otra cosa, una especie de respeto,
- 43:03una certeza de que estaba frente a alguien que no
- 43:06pertenecía a las reglas del mundo que conocía. Retrocedí lentamente
- 43:11y cuidando de no romper ramas... caminé de regreso con
- 43:15el pulso acelerado... esa noche no pude dormir... pues cada
- 43:20vez que cerraba los ojos... veía a los suyos reflejando
- 43:23la luz... y escuchaba su voz suave diciendo mi nombre...
- 43:29regresé dos días después... sin avisar a nadie... fingiendo que
- 43:33iba a revisar una vereda... seguí el mismo camino... atento
- 43:37a las marcas del suelo... llegué al claro y la
- 43:40vi otra vez... esta vez de pie recogiendo ramas secas
- 43:45caminaba sin hacer ruido como si flotara sobre las piedras
- 43:49se agachaba y sus dedos parecían garras que cortaban ramas
- 43:53sin esfuerzo la observé durante una hora escondido entre el
- 43:57follaje cuando se agachó a beber del arroyo vi que
- 44:01sus pies eran largos con uñas igual de gruesas que
- 44:04las de sus manos su silueta era delgada los hombros
- 44:08huesudos pero se movía con una fuerza tranquila. Comencé a
- 44:14ir seguido, no siempre la encontraba, pero cuando lo hacía
- 44:18me quedaba escondido viéndola por horas, nunca parecía notar mi presencia,
- 44:22o quizá lo sabía y simplemente no le importaba, y
- 44:26empecé a notar detalles que nadie había mencionado. Los animales
- 44:31no huían cuando ella estaba cerca, vi un venado cruzar
- 44:35el arroyo a menos de dos metros de ella, Una
- 44:38ardilla se subió a una rama que tocaba su hombro,
- 44:41el aire alrededor parecía más fresco, y el silencio del
- 44:45bosque se sentía natural, no tenso. Con el tiempo, dejé
- 44:51de preocuparme por cumplir todas las órdenes en el cuartel,
- 44:55salía solo cuando debía estar patrullando con el grupo, con
- 44:59la excusa de revisar las rutas. Cada visita al claro
- 45:02me hacía sentir una calma que nunca había experimentado. Sabía
- 45:08que estaba jugando con fuego, que si alguien descubría mis
- 45:11movimientos habría consecuencias, pero aún así no podía dejar de buscarla.
- 45:18Un día llegué más temprano y ella estaba sentada en
- 45:22la misma piedra, pero sin reboso, su cabello caía hasta
- 45:26la cintura, grueso y enredado, sus brazos estaban cubiertos de
- 45:30cicatrices largas y manchas, y sus uñas estaban teñidas de tierra.
- 45:36Tenía los ojos fijos en el agua, me atrevía a
- 45:39dar un paso fuera de los arbustos. No dijo nada,
- 45:44pero giró lentamente la cabeza hacia mí, así que me
- 45:47quedé quieto, esperando una reacción, pero ella alzó una ceja,
- 45:52como si ya me hubiera visto antes de que yo llegara,
- 45:55y luego volvió a mirar el arroyo. Di otro paso
- 45:59y sentí que el corazón me latía en la garganta,
- 46:02me acerqué unos metros más hasta que pude escuchar su respiración. lenta, profunda,
- 46:08con un silbido leve al final de cada exhalación. Me
- 46:13senté en una roca a pocos pasos, sin dejar de mirarla,
- 46:17no levantó la vista, se peinaba otra vez, separando mechones gruesos,
- 46:22sentí que debía decir algo, pero las palabras no salieron.
- 46:27Me quedé viéndola, fascinado por cada movimiento, por la tranquilidad
- 46:32que transmitía a pesar de su aspecto. Sus dedos parecían
- 46:36herramientas hechas para desgarrar, pero los usaba con suavidad, esa
- 46:41contradicción me atrapó. Pasé así lo que parecieron horas, hasta
- 46:46que el sol comenzó a bajar, cuando me levanté para irme,
- 46:50escuché que volvió a pronunciar mi nombre, en el mismo
- 46:53tono que aquel día. No miré atrás y caminé con
- 46:57la certeza de que mi vida había cambiado, aunque no
- 47:00sabía por qué. Me tomó semanas reunir el valor para
- 47:05acercarme de verdad. Al principio sólo me sentaba en la
- 47:09roca frente al arroyo, mientras ella seguía con su rutina,
- 47:13peinando su cabello o recogiendo plantas. Cuando me miraba, sus
- 47:18ojos amarillos me dejaban clavado en el suelo. No parecía molesta,
- 47:24pero tampoco mostraba interés. Una tarde, mientras el cielo se nublaba,
- 47:30Escuché su voz por primera vez dirigida a mí, me
- 47:33preguntó si iba a quedarme ahí mucho tiempo, con un
- 47:36tono seco, como si hablara con alguien que conocía desde siempre.
- 47:42Contesté que sólo estaba descansando, y no dijo más. Pasaron
- 47:47días así, intercambiando frases cortas, hasta que una noche en
- 47:51la que el viento bajaba frío me hizo una seña
- 47:54para que la siguiera, y caminé tras ella sin pensarlo.
- 48:00Subimos por una vereda estrecha que parecía sólo conocida por ella,
- 48:04las ramas estaban cortadas a la altura exacta para su
- 48:07paso y las piedras acomodadas de forma que no hacían
- 48:11ruido bajo nuestros pies. Caminamos entre pinos y arbustos hasta
- 48:16llegar a una abertura en la roca, camuflada por raíces secas,
- 48:21se agachó para entrar y yo la seguí. La cueva
- 48:24estaba iluminada por velas en recipientes de barro que lanzaban
- 48:28sombras largas, Las paredes tenían símbolos tallados, espirales, cruces torcidas,
- 48:35figuras de animales con formas que no reconocí. Había frascos
- 48:40de vidrio llenos de raíces flotando en líquidos amarillos, huesos
- 48:44de aves colgados con cordones de fibra, pieles secas tensadas
- 48:48en marcos de madera. En el fondo, sobre una piedra plana,
- 48:53descansaba un cráneo humano pequeño, como de un niño, rodeado
- 48:58de flores secas. El aire tenía un olor fuerte a
- 49:03hierbas amargas y humo viejo, sentí que debía estar alerta,
- 49:07que cualquier soldado en mi lugar habría puesto la mano
- 49:10en el fusil. Pero la sensación no era de peligro,
- 49:14era de calma. Ella se movía como si cada objeto
- 49:18tuviera un significado importante, se sentó en un tapete hecho
- 49:22con piel de coyote y me indicó con la mano
- 49:25que me acercara, Me quedé de pie unos segundos, hasta
- 49:28que ella sonrió apenas. Una mueca que dejó ver sus
- 49:32dientes largos y afilados, me senté frente a ella, con
- 49:36la espalda contra una roca fría. No hablamos mucho esa
- 49:40primera noche, pero su presencia me tranquilizaba. Con el tiempo,
- 49:46empecé a visitarla seguido, a veces llegaba en plena madrugada,
- 49:51me esperaba sentada en la entrada de la cueva, con
- 49:54los ojos brillando en la penumbra. me ofrecía una infusión
- 49:58amarga que tenía sabor a tierra y a humo. Mientras bebía,
- 50:04ella me hablaba de la montaña como si respirara, como
- 50:07si fuera un ser vivo que conocía nuestros pasos, sabía
- 50:10que vereda se derrumbaría antes de que pasara. Podía decir
- 50:15cuando llovería con solo oler el viento, me contó que
- 50:18conocía las enfermedades de la gente sin verlos, que los
- 50:22dolores se le presentaban en sueños y que muchas veces
- 50:25había curado niños a escondidas, porque los padres no querían
- 50:29que la vieran entrar a sus casas. Sus palabras eran pausadas,
- 50:35cargadas de seguridad, yo solo la escuchaba fascinado. Su aspecto
- 50:41nunca dejó de impactarme, sus uñas eran tan largas que
- 50:45parecía imposible que pudiera preparar infusiones o trabajar con las
- 50:49plantas que recolectaba. pero la vi partir ramas finas con
- 50:53delicadeza y amarrar pequeños paquetes de hierbas con una precisión
- 50:58que ningún cirujano lograría. Su cabello cubría gran parte de
- 51:03su cuerpo y lo usaba como abrigo, tenía venas rojas
- 51:07alrededor de los ojos y piel gris en las manos,
- 51:10con cicatrices que parecían mordidas. A pesar de todo, nunca
- 51:15sentí repulsión, había belleza en la forma en que se movía,
- 51:19en como su mirada parecía atravesarme y leer cosas que
- 51:23no había contado a nadie. Las conversaciones se volvieron más largas,
- 51:29me hablaba de los animales del bosque, de las madrigueras
- 51:32que había visitado cuando era niña, de los lobos que
- 51:36aún rondaban las cumbres más altas y de los pueblos viejos,
- 51:40que habían desaparecido cuando llegó la carretera. Nunca me preguntó
- 51:45por qué estaba ahí ni qué hacía en el ejército.
- 51:48Era como si lo supiera todo sin que yo dijera nada.
- 51:52Comencé a dejar pasar órdenes simples. Inventaba excusas para no
- 51:56salir con mi pelotón o para patrullar rutas distintas. Mis
- 52:01ausencias empezaron a notarse, pero me importaba poco. Los vecinos
- 52:07comenzaron a hacer comentarios. Decían que me habían visto salir
- 52:12al monte de noche y regresar al amanecer con la
- 52:15ropa húmeda, algunos insinuaban que tenía una mujer escondida. Los
- 52:20soldados de mi unidad se burlaban, decían que seguro había
- 52:24encontrado una ranchera bonita y que por eso desaparecía en
- 52:28las madrugadas, pero nunca respondí. Guardaba mi secreto como un arma,
- 52:34me sentía protegido por ella de una forma que no
- 52:37podía explicar. Sabía que si alguien descubría dónde estaba mi atención,
- 52:42la historia de esa mujer sería usada en su contra.
- 52:47Recuerdo una noche de luna llena, en la que me
- 52:50senté a su lado mientras ella trituraba hojas en un
- 52:53cuenco de barro, su cabello me rozaba el brazo y
- 52:56sentí que el olor a humo y tierra ya era
- 52:59parte de mí. Me habló de una tormenta que llegaría
- 53:02en tres días. Describió el sonido que harían los árboles
- 53:06al caer, antes de que el viento soplara, cuando la
- 53:09tormenta llegó exactamente como dijo, comprendí que su conocimiento iba
- 53:14más allá, de lo que podía aprenderse con experiencia, había
- 53:18algo en ella que no podía explicarse con lógica. Me
- 53:24di cuenta de que estaba enamorado, una madrugada en que
- 53:27me quedé dormido sobre la piel de coyote, desperté con
- 53:31ella sentada junto a mí, mirándome en silencio. Sus dedos
- 53:35largos acariciaban una rama seca, no a mí, pero sentí
- 53:40que ese gesto contenía una ternura que nunca había recibido.
- 53:45No lo dije en voz alta, no hizo falta, y
- 53:48desde esa noche, cada vez que me adentraba en el monte,
- 53:51sentía que el bosque se abría para mí, que los
- 53:54animales guardaban silencio porque sabían quién me esperaba. Mis compañeros
- 54:01siguieron burlándose, Decían que algún día me descubrirían con la
- 54:05novia oculta y me harían una fiesta de bromas, nunca
- 54:08sospecharon que la mujer que me tenía atrapado era la
- 54:12misma que todos temían. El pueblo la veía como una amenaza,
- 54:17pero para mí se había convertido en el único refugio verdadero.
- 54:22Mientras los demás bebían en la cantina o jugaban cartas
- 54:25en el cuartel, yo buscaba el camino oculto entre raíces
- 54:29que me llevaba a su cueva. No me importaban las consecuencias.
- 54:35En esas montañas, bajo la mirada amarilla de esa mujer
- 54:38que todos llamaban bruja, encontré una calma que no conocía
- 54:43desde antes de portar el uniforme. Las habladurías del pueblo
- 54:48comenzaron a crecer con fuerza. Decían que las gallinas desaparecían
- 54:53de los corrales y que algunos borregos amanecían degollados en
- 54:57los linderos. Los vecinos aseguraban que habían visto a una
- 55:02mujer delgada, caminando por los caminos de terracería, con manchas
- 55:07oscuras en la ropa, que brillaban como sangre seca bajo
- 55:10el sol. Pronto las miradas se dirigieron hacia el monte,
- 55:15todos sabían quién vivía allá arriba, aunque nunca la habían nombrado.
- 55:20Las pláticas en la tienda cambiaron de tono, los hombres
- 55:23llevaban machetes cuando subían a cortar leña, y las mujeres
- 55:28ya no dejaban a sus hijos jugar en los arroyos.
- 55:32Yo escuchaba todo en silencio, pero mi cabeza ya cargaba
- 55:36imágenes que los demás desconocían. Una noche, mientras regresaba de
- 55:42la cueva, vi huesos frescos amontonados cerca de una roca,
- 55:46aún húmedos, eran de cabra, reconocí las pezuñas. Alrededor había
- 55:52ramas quebradas y marcas de garra sobre la tierra húmeda.
- 55:56Me quedé inmóvil, repasando cada detalle, sabía que esas pruebas
- 56:01no ayudaban a su reputación. Otro día, cuando el sol
- 56:06apenas se asomaba, la vi cargar un tronco tan grueso
- 56:09que a cualquiera le habrían hecho falta dos hombres para moverlo.
- 56:14Ella lo levantó con una sola mano, apoyándolo en el hombro,
- 56:18caminaba sin esfuerzo, como si no pesara nada, la verdad
- 56:22esa imagen me acompañó semanas enteras. Había también cosas que
- 56:28no podía explicar, al caer la tarde, cuando las sombras
- 56:32de los pinos se alargaban, noté movimientos extraños en el
- 56:36claro donde nos encontrábamos. Las ramas se agitaban en direcciones
- 56:40contrarias al viento, y de reojo veía figuras bajas cruzar
- 56:44entre los arbustos. Si volteaba, no había nada, y ella
- 56:49no parecía sorprenderse, seguía preparando infusiones o recogiendo hierbas, ajena
- 56:55a lo que me erizaba la piel. A pesar de eso,
- 56:59nunca sentí peligro viniendo de ella, pero aún así me
- 57:02mantenía alerta, pero no por miedo a ella, sino por
- 57:06el ambiente que se formaba a su alrededor. Nuestra relación
- 57:12dejó de ser curiosidad y se convirtió en confianza. Aprendí
- 57:16a diferenciar plantas para detener hemorragias y aliviar fiebre. Ella
- 57:20me mostró cómo colocar vendajes con tiras de corteza y
- 57:24hojas frescas. como reconocer venenos naturales y contrarrestarlos. Una vez
- 57:30me llevó a una cueva más profunda, donde guardaba raíces
- 57:33secas y frascos con líquidos oscuros. Me enseñó a preparar
- 57:38una pomada que sanó una herida en mi brazo, en
- 57:41la mitad del tiempo que habría tomado en el hospital
- 57:44del cuartel. Esa noche, mientras untaba la mezcla sobre mi piel,
- 57:50sentí que sus dedos huesudos eran tan precisos como pinzas.
- 57:56La primera vez que me salvó la vida, fue en
- 57:58una patrulla, íbamos por un sendero estrecho cuando recordé sus palabras,
- 58:03me había dicho que no cruzara ese paso antes de
- 58:06la luna nueva, así que convencí a mis compañeros de
- 58:10tomar otro camino, con la excusa de que había visto
- 58:13huellas sospechosas. Esa noche nos enteramos de que un grupo
- 58:17armado había colocado una emboscada, justo en el sendero que evitamos,
- 58:22nadie supo cómo lo supe, pero yo tenía clara la razón,
- 58:26y desde entonces, mis visitas nocturnas se hicieron más constantes.
- 58:33Mientras el pueblo reforzaba sus prejuicios, mi apego hacia ella crecía,
- 58:38comencé a comprender que no era sólo una mujer temida,
- 58:42sino alguien con un conocimiento que superaba cualquier lógica. Sabía
- 58:47leer el monte como si fuera un libro abierto, anticipaba
- 58:51movimientos humanos y naturales con precisión. A su lado aprendí
- 58:56más sobre sobrevivir en esas montañas que en todo mi
- 58:59entrenamiento militar. Los rumores sobre los animales muertos y las
- 59:04manchas de sangre aumentaban, pero yo veía a una persona
- 59:08que cuidaba su territorio y lo defendía con las mismas
- 59:11reglas que la naturaleza imponía. Recuerdo una noche lluviosa en
- 59:18la que ella me llevó al centro de un claro
- 59:20para enseñarme a escuchar la montaña Cerré los ojos y
- 59:24percibí el crujido de ramas lejanas, el goteo constante del
- 59:28agua en una roca hueca, y el ulular de un
- 59:31ave nocturna. Me dijo que el monte siempre hablaba, pero
- 59:36que la mayoría estaba sorda a su lenguaje, sus palabras
- 59:39tenían un peso que me hizo comprender que no estaba
- 59:42frente a alguien común. Sus ojos amarillos brillaban más que
- 59:47nunca bajo la luz de los relámpagos, me acerqué y
- 59:50por primera vez sentí su mano sobre mi rostro. Su
- 59:55piel era fría, áspera, pero ese toque me transmitió una
- 59:59calma que no había sentido ni siquiera en los momentos
- 1:00:03más seguros de mi vida. El ambiente en el pueblo
- 1:00:07se volvió hostil, se organizaban grupos para vigilar el monte
- 1:00:11y algunos hablaban de prender fuego a ciertas zonas para
- 1:00:15ahuyentar lo que vivía ahí, yo sabía que se referían
- 1:00:18a ella. Hice lo posible por desviar las sospechas, pero
- 1:00:23cada día era más difícil. Los vecinos me miraban raro,
- 1:00:27pues ya sabían que salía mucho al bosque, aunque no
- 1:00:30sabían exactamente a dónde. Mientras tanto, ella nunca mostró miedo,
- 1:00:36decía que había vivido demasiado para preocuparse por el odio
- 1:00:40de quienes no entienden, y esa serenidad me hacía sentir protegido.
- 1:00:46Pasaron meses así. Hasta que recibí la orden de trasladarme
- 1:00:50a otra región, la noticia me golpeó más que cualquier combate.
- 1:00:56Fui a buscarla para despedirme, la encontré en la entrada
- 1:00:59de su cueva, sentada sobre una piedra, descalza, con el
- 1:01:03cabello cayéndole como un manto oscuro. No hizo preguntas, sólo
- 1:01:09me miró fijo, con esos ojos que parecían tener siglos
- 1:01:13de historias guardadas, me acerqué y ella extendió su mano.
- 1:01:18La tomé, y sentí que el frío de su piel
- 1:01:20se quedaba pegado a la mía, no hubo palabras, pasamos
- 1:01:24la noche sentados, escuchando los sonidos del bosque. La madrugada siguiente,
- 1:01:31antes de partir, la vi por última vez, estaba en
- 1:01:35el mismo lugar, erguida, con la mirada clavada en mí,
- 1:01:39mientras bajaba por el sendero, sus pies desnudos parecían no
- 1:01:43hundirse en el barro. Esa imagen quedó grabada en mi memoria,
- 1:01:48con más fuerza que cualquier batalla. Nunca volví a verla,
- 1:01:54terminé mi servicio, me mudé a otra ciudad y traté
- 1:01:57de llevar una vida normal. Me casé, tuve hijos, pero
- 1:02:02nada llenó el vacío que dejó esa despedida, cada noche
- 1:02:06sueño con sus ojos amarillos mirándome desde la oscuridad. A veces,
- 1:02:11al caminar solo por calles desiertas, siento una presencia detrás
- 1:02:16de mí. No es miedo, es la certeza de que
- 1:02:20ella sigue ahí, observándome desde el borde de cualquier sombra,
- 1:02:24protegiéndome en silencio, como lo hizo desde aquel primer día,
- 1:02:28en que me llamó por mi nombre, sin que yo
- 1:02:31hubiera pronunciado palabra alguna. Relatos anónimos