Latest / Reflexiones cristianas con José Ordóñez / 319 | Cuando el egoísmo y la envidia destruyen a las familias.
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- A mí me encantan las historias cuando empiezan con había una vez bueno, mis hijos también desde que eran niños, yo los llevaba a la cama y de pronto, cuando estábamos acostados con los más pequeñitos, por ejemplo, uno en cada brazo, mientras yo no paraba de acariciarlos, ponía mi voz de narrador de historias. Había una vez y solía contarles historias de toda índole. Buscaba las preferidas de la palabra de Dios, de la Biblia. Sé que esto a algunos les parece un tanto religioso. De hecho, en el taller que estamos haciendo de cómo educar y disciplinar hijos, estamos hablando en el taller de estos días, estamos hablando acerca de la importancia de contarle historias a los niños ayer en la pero yo siempre empezaba así. Había una vez y empezaba a narrar la historia. Bueno para todos ustedes había una vez dos hermanas, Clara y Elena. A simple vista parecían llevar una vida muy cómoda, feliz. Pero detrás de esas sonrisas se escondía una rivalidad silenciosa que había persistido durante muchos años. Ambas compartían un mismo techo, pero los corazones los de ambas estaban tan divididos por el egoísmo y la envidia. No sé desde muy pequeñas la mamá notó esa capacidad que tenían para ser egoístas y para mantener la envidia entre ellas. Desde su juventud, Clara y Elena habían competido en todo, ya fuera en la escuela, en sus carreras profesionales o incluso en sus relaciones personales. Siempre se veían como rivales. En lugar de apoyarse mutuamente. Se comparaban constantemente, buscando cualquier oportunidad para destacarse la una sobre la otra. Clara, la hermana mayor siempre se esforzaba por demostrar que era la más exitosa. Había alcanzado una destacada posición en su carrera y tenía una hermosísima casa. Pero, a pesar de tener todo eso su éxito, no la llenaba de alegría por qué razón sencilla, porque en su corazón sólo existía el deseo de superar a su hermana menor, Helena y de hacérselo saber Elena. Por otro lado, anhelaba la aprobación de Clara y ansiaba superarla en todos los aspectos, aunque también tenía logros en su vida que eran importantes, Se sentía eclipsada por su hermana mayor y estaba llena de envidia. Envidia la había llevado inclusive a una vida de amargura y resentimiento. La rivalidad entre estas dos hermanitas no sólo afectaba sus propias vidas, sino también de todas las personas que les rodeaban, sus amigos, sus familiares. Imagínense cómo se sentían sus padres, se sentían mal incómodos ante la atención que siempre era constante entre las dos hermanitas y muchos inclusive habían optado por mantenerse a distancia. Pero un día clara asistiendo a la iglesia. No era muy asidua ni a asistir a la Iglesia ni a escuchar los sermones del pastor. Pero aquel día estaba sentada allí y de pronto el Ministro dice vamos a hablar de filipenses. Capítulo número dos, versículo número tres, y de pronto fue como una descarga al corazón de clara. No hagan nada por egoísmo o vanidad, más bien con humildad. Consideren a los demás como superiores a ustedes. El pastor se jaló una predicación tan emotiva que, cuando hizo el llamado Clara, no dudó en pasar adelante y en medio de lágrimas, pedirle a Dios que le perdonara por todos esos años en que había tratado de esa manera clara. Ojo la historia estaba a punto de dar un giro impresionante, porque mientras ella estaba ahí, de pronto descubrió que algunos metros detrás estaba su hermana Helena. Le reconocía por los llantos esos jimoteos que muchas veces ella misma los había provocado en la casa. Así que se volteó y vio que su hermana, por casualidad, había asistido aquel día también a la iglesia, y ese mensaje era para las dos no lo dudaron. Tanto Clara como Elena. Se dirigieron la una a la otra y parece como si se hubieran fundido en un abrazo, ese abrazo que como nunca se lo habían dado en la vida, ahora disfrutaban. La historia tiene que terminar feliz. Yo siempre contaba historias a mis hijos, pero que tuvieran un final heroico o feliz. Y esta tiene un final feliz. Pero te pregunto acerca de la tuya, acerca de la relación que tú tienes con tus hermanos. El miércoles estaba hablando en la predicación acerca de las personas que siempre viven pendientes de lo que tienen los demás. Sin disfrutar lo que Dios les ha dado, les carcome la envidia. Parece que su vida constantemente solo es una competencia para ver quién tiene más, quién logra más éxito, quién tiene los mejores hijos, quién fue a las mejores vacaciones. Lo notas inclusive en las reuniones familiares cuando se sientan a jugar un simple juego de mesa. Ni siquiera ahí, en las cosas cotidianas, en las cosas sencillas que comparten una familia, son capaces de dejar sus distancias, su continuo deseo, de superar a la otra al otro o de envidiar lo que el otro tiene. Qué hay de ti y de tus hermanos, qué hay de tu corazón, Qué se anida en el fondo de tu corazón con aquellos con los que te criaste. Yo espero que este podcast, el número trescientos dieciocho en donde cuento la historia de Clara y Elena, te haya puesto a reflexionar, porque quizás has gastado mucha energía en competencias que no valen la pena, así como el pastor de nuestra historia. Yo quiero terminar este podcast. Filipenses. Capítulo número dos, versículo número tres. No hagan nada por ello, egoísmo o vanidad, más bien con humildad, consideren a los demás como superiores a ustedes desde el fondo de mi corazón, que tengas un lindo día y que siempre siempre mejores tus relaciones con todos tus hermanos, que Dios te bendiga