
La herencias mortal de la Segunda Guerra Mundial
Las bombas atómicas en las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki fueron el punto y final de la Segunda Guerra Mundial con la rendición del Imperio del Japón. Causaron la muerte inmediata o por culpa de la radiación posterior entre 210.000 a 246.000 víctimas, la mayoría civiles, y la radiación continuó causando estragos entre los supervivientes con enfermedades a largo plazo, como cataratas, leucemia y cáncer de tiroides, mama o pulmón. Además de las consecuencias de las dos bombas nucleares, aquel conflicto, que duró seis años, dejó una herencia toxica y mortal que perdura incluso 80…
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