Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / Mi Ex novia Es Una Bruja Y Me Hizo Un Hechizo - Muñecos Que Albergan Almas - Voces De La Noche
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- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más comenzamos. Habían pasado cinco años desde aquella experiencia que cambió mi vida de manera irrevocable. A los veinticinco años, la muerte de mi novia, mi amor eterno, dejó una marca indeleble en mi alma y alteró mi percepción de la realidad. A lo largo de estos años he intentado poner en palabras la complejidad de aquellos momentos oscuros que me llevaron al borde del abismo emocional. Nací y crecí en la bulliciosa ciudad de México, y es en donde transcurre esta historia. Fue durante la preparatoria cuando conocí a aquella que, en mi corazón, será el amor de mi vida. Por siempre era una persona excepcional, una combinación única de amar habilidad, inteligencia y una disposición siempre presente para ayudar a los demás. Desde el momento en que la vi quedé profundamente enamorado y afortunadamente, ese sentimiento fue mutuo, comenzamos una relación que trascendió los años sobreviviendo, incluso a la transición a la Universidad. A pesar de que temíamos que la distancia y las responsabilidades académicas pudieran separarnos, nuestra conexión se fortaleció. Tenía la firme creencia de que nuestra historia de amor perduraría hasta la vejez, pero el destino tenía otros planes para nosotros. Dos años antes de terminar la Universidad, mi amada comenzó a experimentar problemas de salud aparentemente insignificantes. Fatiga constante y moretones inexplicables llevaron a una visita al médico y ahí se desencadenaron nuestros peores temores, leucemia. El diagnóstico fue devastador y aunque luchamos con todas nuestras fuerzas, la enfermedad avanzó con una beldad implacable. Me aferré a la esperanza mientras ella enfrentaba tratamientos agotadores y descansaba en busca de alivio. Sin embargo, la realidad cruel no tardó en manifestarse y su luz se apagó de manera inesperada. La muerte de mi novia me sumió en una tristeza profunda, amenazando incluso con arrebatar mi carrera universitaria. Recuerdo claramente esos días oscuros, en los que la simple idea de salir o hablar con alguien parecía una tarea titánica. Sentía que nadie en el mundo podía comprender la magnitud de mi dolor. Afortunadamente, mi familia intervino guiando mi vida hacia grupos de apoyo diseñados para enfrentar pérdidas tan abrumadoras. Un año de terapia fue mis salvavidas, permitiéndome sanar heridas emocionales que parecían incurables. Aunque aún sentía su ausencia y sabía que mi camino de recuperación era largo, comencé a encontrar destellos de luz en mi vida. Una vez más, surgieron nuevas a miss y redescubrí la importancia de compartir risas y experiencias con aquellos que me rodeaban. Pese a las recomendaciones bien intencionadas de encontrar un nuevo amor, la idea de otra relación romántica me aterraba Sentía como si traicionaría la memoria de mi amada Novia, como si encontrar la felicidad con otra persona fuera un acto de deslealtad. Su muerte se mantenía fresca en mi mente y cualquier intento de avanzar. Me parecía un acto irrespetuoso hacia lo que compartimos. Sin embargo, pronto me sentí ligeramente presionado a hacerlo, ya que la mayoría de mis amigos tenían parejas y cuando salíamos a menudo me encontraba como el único sin compañía. Sentía que quizás podría darme otra oportunidad, aunque honestamente, en aquel tiempo no me sentía del todo preparado para hacerlo. Mi madre también alentaba la idea, sugiriendo que era demasiado joven como para estar soltero el resto de mi vida. Tratando de hacer el mínimo esfuerzo, creé un perfil en una aplicación de citas y pronto estuve en línea. Aunque no estaba completamente seguro de mí mismo. La verdad era que en ese momento no estaba tan interesado en casi ninguna chica que le diera me gusta a mi perfil en esa aplicación podían pasar días sin que abriera la aplicación, hasta que un día, mientras revisaba los perfiles de las chicas que me habían dado me gusta, por accidente, deslicé hacia el otro lado y hice match con una de ellas. No era mi intención y hasta ese momento, después de dos meses, no le había dado me gusta a ninguna persona. No sabía cómo quitar ese me gusta, pero después pensé que daba igual que lo más probable es que no pasara absolutamente nada. Pocos minutos después recibí un mensaje en privado de la chica a la que le había dado me gusta por accidente. Estaba a punto de explicarle mi error, pero algo dentro de mí me dijo que quizás debía de dar dejar de ser tan cerrado y tratar de entablar una relación, así que respondía al mensaje y comenzamos a hablar. Resultó que no era para nada malo. De hecho, la conversación fluyó demasiado bien. Parecíamos tener el mismo tipo de gustos en películas series y también en cómo nos gustaba tener una cita. Además, vivíamos relativamente cerca, por lo que, después de pasar algunas horas conversando la chica, propuso ir a tomar algo al día siguiente. Al principio quería negarme, pero pensé que realmente necesitaba salir de mi zona de confort así que accedí al día siguiente, cuando faltaban sólo un par de horas para la cita. Estaba realmente nervioso, tan nervioso que estuve a punto de cancelar. Sin embargo, como ya se lo había contado a mi mejor amiga, esta no me dejó hacerlo y trató de animarme diciéndome que, en el peor de los casos, simplemente esa sería la única cita que tenía vendría. Así que finalmente me dirigí hacia la cafetería, donde nos habíamos quedado de ver. Llegué unos cinco minutos antes. Sin embargo, cuando crucé la puerta de la cafetería, noté que la chica ya estaba ahí. Estaba vestida tal y como me dijo que lo estaría, y también la reconocí por sus fotos de perfil en la aplicación. Me acerqué y me senté en la mesa junto a ella. Sin embargo, al sentarme noté que la chica estaba un poco seria. Le pregunté el motivo y ella respondió que había llegado tarde. Sin embargo, al mirar mi reloj, le dije que eso no era cierto, que de hecho había llegado a tiempo. La chica explicó que, según los mensajes que me había enviado el día anterior, ella siempre prefería llegar quince minutos antes. Fue extraño, ya que recordaba la conversación, pero supuse que era un hábito personal suyo, no una regla estricta para llegar siempre quince minutos antes de la hora, para que decidí no darle mucha importancia, especialmente porque la chica me sonrió y dijo que ya había llegado, lo cual era lo único importante en ese momento. La cita comenzó y, tal como habíamos experimentado a través de mensajes de texto, teníamos una química natural. Me agradó su compañía, tenía buenos temas de conversación y siempre estaba dispuesta a escuchar. No hubo nada negativo en esa cita, así que al finalizar, nos despedimos acordando una segunda cita, un par de días después, realmente disfrutaba pasar tiempo con ella. Era una persona agradable, o al menos eso parecía. Al regresar a casa después de la segunda cita acordada, decidí revisar nuevamente su perfil en la aplicación de citas. Hasta ese momento recordé que le había dado me gusta por accidente y debido a eso no me había tomado el tiempo de leer la descripción de su perfil. Al principio todo parecía normal. Su color favorito era el negro. Le gustaba la comida japonesa y buscaba una relación seria. Sin embargo, algo en su descripción me desconcertó un poco. Le gustaba practicar brujería. Honestamente, yo no creía en nada relacionado con la brujería, los astros o los cristales mágicos. Durante la enfermedad de mi ex novia, su familia había intentado métodos alternativos, incluida la medicina herbaria y consultas con brujos, pero nada había funcionado y había llegado a la conclusión de que eran prácticas sin fundamento. Aunque me consideraba ateo, pensé que la creencia en cosas como la brujería no debería ser un gran problema. Después de todo, cada persona era libre de creer en lo que quisiera. Sin embargo, un par de horas después recibí una solicitud de amistad de la chica en Facebook. Al ingresar a su perfil, me di cuenta rápidamente de de que la afición por la brujería era mucho más que un simple hobby. Básicamente, todo su perfil giraba en torno a eso. Subía nuevas adquisiciones de cristales que parecían realizar limpias, compartía publicaciones acerca de magia y, en general, mostraba un interés profundo en el mundo esotérico. Aunque no había nada extraño o indicativo de inestabilidad en su perfil, parecía evidente que realmente disfrutaba de esos elementos. A pesar de no haber encontrado nada que sugiriera problemas, sentía que podría no funcionar una relación con alguien tan involucrado en lo espiritual. En aquel momento de mi vida estaba bastante desapegado de todo lo relacionado con lo espiritual y estaba seguro de que esta diferencia podría afectar nuestra conexión. Primero consideré enviarle un mensaje explicándole mis pensamientos, pero luego pensé que eso podría ser un tanto impersonal. Luego la la idea de la de llamarla cruzó mi mente, pero rápidamente rechacé la posibilidad de ser percibido como grosero. Finalmente decidí abordar el tema cara a cara en nuestra próxima cita, ya que me pareció lo más adecuado. Durante los días previos a la cita, yo me comportaba un poco distante por mensaje, no quería dar falsas esperanzas de una relación que probablemente no llegaría a culminar. Así, llegó el día pactado para nuestra segunda cita y honestamente no entiendo muy bien qué sucedió. Al llegar al restaurante. Estaba completamente convencido de expresarle mis preocupaciones, pero cuando la chica llegó me abrazó con fuerza. Al principio me sentí un poco incómodo, pero rápidamente experimenté una sensación de calidez que no podía ignorar. Era como si en los brazos de esta chica estuviera en el mejor lugar del mundo y no quisiera volver a despegarme de ella. Jamás cuando el abrazo terminó, me quedé sin palabras. Nos sentamos en la mesa y esperamos a que el camarero nos atendiera. Durante esa cita, recuerdo que fue una de las mejores experiencias de mi vida. Fue mucho mejor que la primera cita y todas esas horas que habíamos pasado hablando por teléfono. En ese momento la veía como la mujer más hermosa del mundo. No podía pensar en ninguna otra persona que no fuera ella. La conexión era tan fuerte que antes de que la cita terminara, le pedía a la chica que fuera mi novia, a lo que ella accedió de inmediato. Desde ese día formalizamos nuestra relación y todo parecía ser de color rosa. Al menos para mí sentía que había vuelto a encontrar el amor, pero a medida que pasaban las semanas, las cosas comenzaron a torcerse un poco. Al principio, todo parecía ir bien, aunque empecé a notar que me estaba sumergiendo demasiado en la realidad de mi nueva Novia. Aunque nunca unca me había interesado el tema de la brujería o los astros, me encontraba siguiendo sus deseos y permitiéndole tomar todas las decisiones. Me regaló un collar con un cristal transparente que contenía un líquido rojizo en su interior. Me pidió que prometiera usarlo siempre y que nunca me lo quitaría, a pesar de no tener ningún interés en ese tipo de accesorios. Cumplí con mi palabra y llevaba el collar todo el tiempo, incluso cuando me duchaba. Con el tiempo. Comencé a notar ciertos comportamientos de mi nueva Novia que no me agradaban en absoluto dado que nos conocíamos hace poco, Ella empezó a revelar defectos que no había tenido la oportunidad de reconocer anteriormente. Uno de ellos era su tendencia a hablar exclusivamente sobre ella misma. Cualquier conversación apenas podía durar más de cinco minutos antes de que el tema se centrara en ella, y esto empezó a cansarme un poco. Además, demostró ser muy exigente en cuanto a la programación de horarios si quedábamos en encontrarnos a cierta hora. Ella esperaba que llegara quince minutos antes y si no lo hacía, se molestaba. Hubo una ocasión en la que me retrasé dos minutos debido al tráfico y su reacción fue una escena que llamó la atención de todos en el lugar. Con el tiempo noté que también era una persona posesiva y celosa. Se incomodaba si hablaba con mis amigas o salía con alguien que no fuera ella. Las llamadas durante las horas de trabajo se volvieron frecuentes y, si no respondía, desencadenaba grandes peleas al llegar a casa. Además, se mudó conmigo extremadamente rápido, como si no pudiera decirle que no a ninguna de sus peticiones quería saber dónde estaba. En todo momento tenía la contraseña de mi teléfono y acceso a todas mis cuentas de redes sociales. Estos comportamientos preocuparon a mis amigos y amigas, quienes al con o durante mucho tiempo temían por mi bienestar. En innumerables ocasiones me recomendaron terminar la relación. Pero a pesar de mi propio cansancio y del constante estrés que la relación me estaba causando, era algo que no podía hacer estaba totalmente encaprichado con ella, incapaz de entender porque no podía liberarme, a pesar de que la relación se había convertido en un estrés constante que estaba afectando negativamente mi estabilidad mental. En una ocasión, después de la jornada laboral, un grupo de compañeros, incluida mi mejor amiga, me propuso ir a un bar para tomar algo, aunque al principio vacilé y mostré resistencia. Finalmente cedí, después de que me convencieran para evitar problemas con mi novia. Le envié un mensaje para informarle de mis planes. Sorprendentemente, no obtuve respuesta, pero decidí no darle demasiada importancia, considerando do las frecuentes discusiones telefónicas que solíamos tener. Así, me dirigí al bar con mis compañeros y todos pasamos un buen rato. Sin embargo, la situación tomó un giro inesperado. Cuando mi mejor amiga me invitó a bailar y acepté mientras disfrutábamos de la música, noté la entrada de mi novia al establecimiento, desencadenando una escena de celos descontrolada que llamó la atención de todos, incluso llevando a la intervención de seguridad en el estacionamiento. Los celos persistieron y mi novia no lograba calmarse y en un momento de desesperación, me abofeteó en la cara. Este impactante momento sirvió como despertar de aquel trance en el que había estado sumergido durante meses aturdido. Pude finalmente exigir que se marchara y le pedí que nunca más me buscara. Aquel día me refugié en casa de mi mejor amiga, donde me di cuenta de que durante la confrontación había perdido el collar que mi ex novia me había dado en ese instante. No le di demasiada importancia, ya que no quería tener nada que me recordara la horrible relación que acababa de dejar atrás. Al día siguiente, junto con mi amiga, regresé al departamento que compartía con mi ex novia para recoger mis pertenencias, asegurándonos de que mi ex no estuviera presente, pude empacar sin complicaciones, sintiéndome liberado de un peso profundo. La sensación de liberación me llevó a celebrar con un grupo de amigos esa misma tarde. Sin embargo, al regresar a casa de mi amiga, noté que mi teléfono tenía más de doscientos llamadas perdidas y numerosos mensajes en todas mis redes sociales provenientes de mi ex novia. Este descubrimiento planteó interrogantes sobre la intensidad y la obsesión de mi expareja, dejándome con una mezcla de confusión y preocupación. Las inquietantes amenazas y mensajes de mi o mi ex novia se volvieron cada vez más perturbadores. A pesar de que en sus primeros mensajes ofrecía disculpas y prometía que la violencia no se repetiría, sus comunicados adquirían un tono amenazante y obsesivo A cada mensaje que me enviaba. Insistía en que me arrepentiría y que sin ella no sería nadie. Las promesas de que nunca encontraría a alguien como ella se convirtieron en una especie de mantre tenebroso que, aunque desconcertante, opté por atribuir a la rabia de haber sido dejada. Pocos días después logré mudarme a un nuevo departamento, recuperando así mi privacidad y alejándome de cualquier forma de acoso sentía alivio al pensar que mi ex novia no tenía manera de conocer mi nueva ubicación. Sin embargo, la tranquilidad se desvaneció en la primera noche en mi nuevo hogar, mientras me sumía en un sueño profundo. Un crujido entre las bolsas de mudanza interrumpió la paz. Al alumbrar con la luz de mi teléfono, no encontré nada fuera de lo común, atribuyéndolo a los sonidos normales de un lugar desconocido. La segunda señal de que algo estaba mal ocurrió cuando, entre sueños, experimenté la sensación de una mano acariciando mi rostro sobresaltado, salté de la cama y al abrir los ojos, vislumbré una sombra oscura deslizándose debajo de la cama. La ansiedad se apoderó de mí y traté de convencerme de que sólo era una pesadilla. No obstante, mi teléfono sonó revelando un mensaje de un número desconocido que decía mi amigo piensa que te ves hermoso. Mientras duermes aterrorizado, iluminé cada rincón de mi nueva casa, descubriendo que la sombra no podía moverse en la luz. Desde ese día me vi obligado a mantener las luces encendidas constantemente. Este episodio se volvía más insoportable y no sabía a quién recurrir Sin embargo, lo peor aún estaba por suceder después de meses de vivir con las luces encendidas constantemente, tratando inútilmente de liberarme de la entidad perturbadora que parecía perseguirme a toda hora mi vida tomó un giro inesperado. A pesar de haber buscado ayuda en diversas limpias y charlatanes que sólo buscaban aprovecharse de mi desesperación. La presencia indeseada persistía y una noche, mientras dormía en mi habitación iluminada artificialmente, tuve un sueño extraño y revelador. En el sueño. Mi ex novia no era un ser amenazante, sino algo que anhelaba y necesitaba. Su aroma se convirtió en la única cosa que podía brindarme consuelo y su presencia parecía ser lo único que mi corazón anhelaba. Al despertar, experimenté una visión completamente diferente de ella, una que me llevó de nuevo a la obsesión. Un impulso irracional me llevó a intentar reconciliarme, a rogarle que volviera a mi lado. Cada llamada no contestó y cada rechazo sólo profundizaban mi sensación de vacío desesperado. Llegué incluso a su trabajo arrodillado y suplicando que regresara mi ex novia disfrutaba de mi sufrimiento, Negándose a volver conmigo. Sentí que mi vida carecía de sentido sin ella, dispuesto a humillarme con tal de tenerla de nuevo. Afortunadamente, mi mejor amiga intervino llevándome a Veracruz para encontrarme con un chamán que prometía liberarme de cualquier maleficio. Al llegar, el chamán, sin necesidad de explicaciones, identificó un fuerte amarre y endulzamiento, así como la presencia de una entidad oscura que me perseguía. Comenzaron limpias y rituales bebiendo brebajes que prometían purificación. El chamán explicó que todo esto era producto de magia negra, un poder sobrenatural que requería devolver a quien lo había desatado. Acepté la propuesta y tras varias sesiones, me sentí liberado durante mucho tiempo, mi ex novia dejó de acosarme y la paz volvió a mi vida. Sin embargo, hace unos meses la volví a ver ella estaba visiblemente afectada, envejecida prematuramente y aunque no sé si fue el resultado de la magia negra, devolviéndole sus acciones o simplemente las consecuencias de su propio oscuro camino, eso ya no me importa. Mi prioridad de seguir adelante aprendiendo de las lecciones que esta experiencia me dejó y dejando atrás las sombras del pasado. En aquellos días de mi adolescencia, cuando apenas contaba con doce años, experimenté un suceso que hasta hoy me persigue como una sombra eterna. A medida que avanzo hacia mis treinta, La necesidad de liberar este peso de mi pasado me lleva a narrar la historia que, en su tiempo sembró en mí un misterio impenetrable y una inquietud persistente. Mis días a la edad de doce no se diferenciaban demasiado de los demás chicos de mi edad. Dejaba atrás la niñez, aunque resistía a abandonar la seguridad que proporcionaba aquel estado. La vida cotidiana transcurría sin grandes cambios hasta que un día mi abuela enfermó. Ya tenía un rato estando mal, pero en esta ocasión tuvo que ser internada de gravedad en el hospital y mi madre rápidamente se vio sumida en la obligación de cuidar a mi abuela gravemente enferma y, por ende, se vio forzada a abandonar temporalmente nuestro hogar. Sus labores como ilustradora de cuentos infantiles le conferían flexibilidad para continuar trabajando desde el hospital. Esto la llevó a ofrecerse como principal cuidadora, dejándome solo en nuestra casa. Inicialmente intentó equilibrar la situación yendo y viniendo, pero la fatiga de los viajes y la exigencia de brindar cuidados completos a mi abuela la llevaron a tomar una decisión que tras formaría mi vida temporalmente. Después de una semana de reflexión y debates, se determinó que lo más sensato sería que yo me trasladara a la casa de algún pariente durante el tiempo que durara la convalescencia de mi abuela. Aunque inicialmente me resistí al considerarme capaz de cuidar de mí mismo, la realidad se impuso y acepté mi destino mi madre. Con la premura que la situación demandaba, comenzó la búsqueda de un lugar adecuado. Rápidamente di la sugerencia de quedarme con mis tíos Francisco y Daniel, con quienes compartía una relación cercana y amigable. Inicialmente resonó en mi mente como la opción más apetecible. Sin embargo, el hecho de que ambos vivieran en una casa cinco horas de distancia jugaron en mi contra, ya que mi madre insistía en que permaneciera en la misma ciudad donde estaba el hospital de mi abuela, la bulliciosa ciudad de México. Fue entonces cuando, sin previo aviso, mi destino se inclinó hacia la casa de mi tía Holga. Su nombre resonaba en los rincones más remotos de mi memoria. Apenas recordaba alguna interacción con ella desde mi más tierna infancia. La noticia de mi mudanza a su hogar me tomó desprevenido y la incertidumbre sobre quien era realmente mi tía olga comenzó a inquietarme por lo poco que recordaba en aquel entonces mi tía solía ser parte activa de nuestra familia. Cuando yo tenía alrededor de cinco años como miembro, junto a su esposo e hijos mayores, participaban siempre en las festividades y reuniones familiares. Sin embargo, esta conexión se desvaneció repentinamente más o menos a la par de mis últimos recuerdos de ella. No hubo explicación clara en ese momento y mi corta edad limitaba mi comprensión sobre los motivos detrás de este quiebre. El solo pensar que iría a vivir a una casa con personas que prácticamente no conocía de nada me hacía sentir mucho rechazo, ya que pensé que me quedé sin nadie con quien hablar, puesto que a los cinco años mis primos ya eran adolescentes, lo que me llevó a asumir que para ese momento ya eran demasiado grandes como para interactuar con alguien de mi edad. Mi madre me informó que mi tía había aceptado que me quedara en su casa mientras cuidaba a mi abuela en el hospital, aunque mi opción era limitada, ya que viviría sólo en casa si no aceptaba en paa que algunas pertenencias y me dirigí con mi madre a la Ciudad de México. Esa fue mi primera vez en la ciudad. Aunque había visitado parques de diversiones en excursiones escolares, nunca antes había explorado la ciudad por mi cuenta, A pesar de las historias negativas que había escuchado sobre la aglomeración y la delincuencia, no sentía miedo. En cambio, estaba emocionado por la posibilidad de descubrir nuevos lugares. Además, la promesa de mi madre de llevarme a MacDonalds, un lugar que sólo conocía por televisión aumentaba mi entusiasmos. Bajamos el autobús y tomamos un taxi que nos dejó frente a un imponente edificio muy diferente de lo que estaba acostumbrado a ver. Mi madre llamó a mi tía, quien respondió rápidamente para abrirnos con su llave. El edificio reservado sólo para residentes, añadía un aire de exclusividad que intensificó mi sensación de estar en un mundo desconocido. Mi madre, con la urgencia de regresar al hospital, se despidió rápidamente recordando comportarme y ser amable con mi tía. Asentí con sinceridad. Aunque era la primera vez que veía a esa mujer que era mi tía holga, no la reconocí de inmediato, ya que la última vez que la vi era demasiado pequeño para retener cada rasgo de su rostro en mi memoria. Para mí simplemente era una extraña con la que compartiría unos días. Aunque desconcertado, traté de ser lo más amable posible, sin saber aún qué revelarían los días venideros en la casa de mi tía Holga. Mientras observaba con detenimiento a mi tía que parecía tener una expresión algo seria, se cruzó por mi mente la posibilidad de que su aceptación no fuera del todo genuina, sino más bien un gesto por compromiso. Pese a esta sospecha, decidí no dejar que esta idea nublara mis expectativas. Me consolé pensando que, en el peor de los casos, podría pasar la mayor parte del día en el hospital junto a mi madre o aventurarme a explorar la ciudad. Por mi cuenta, el tercer piso del imponente edificio albergaba el hogar de mi tía. Aunque su departamento era modesto, me pareció bastante aceptable, especialmente considerando las historias que había escuchado acerca de la limitada amplitud de algunos lugares en la ciudad. Mi tía me informó que contaba con dos habitaciones mientras subíamos en el ascensor, sembrando en mí la esperanza de tener una para mí solo. Sin embargo, al ingresar mi mi tía olga reveló que compartiría la habitación con mi prima. Esta revelación me desconcertó un poco, aunque mi memoria no lograba reconstruir completamente la imagen de mi tía olga y su familia recordaba claramente que tenía dos hijos varones, ambos adolescentes. No obstante, decidí no expresar mi sorpresa y simplemente asentí con la cabeza al entrar. Fue entonces cuando vi a mi prima en ese momento de unos ocho años, y fue ahí que se despertó en mi mente una chispa de reconocimiento. Mi cerebro hizo kick al reconocerla como la bebé que recordaba antes de la separación de mi tía olga de la familia, pensé que no habría problema en compartir la habitación con ella y ocupé la litera inferior sin mayores objeciones. A pesar de mi impresión inicial de que mi prima no estaría interesada en establecer una amistad, su entusiasmo al verme y su amabilidad me sorprendieron gratamente y me di cuenta de que, a diferencia de otros niños que podían resultar molestos, ella era completamente diferente. Durante los primeros tres días, todo transcurrió con sorprendente normalidad. Pasaba algunas horas en el hospital para visitar a mi madre y regresaba por las tardes a la casa de mi tía para disfrutar de momentos de juego con mi prima, me sentía optimista, creyendo que estábamos construyendo una amistad sólida. Sin embargo, después de esos tres días, algo extraño comenzó a manifestarse. La curiosidad comenzó a invadirme, alimentada por el hecho de que mi memoria no fallaba y recordaba que mi tía Holga estaba casada y que había dos hijos más en su familia. Sin embargo, no lograba encontrar rastro alguno de ellos en ninguna parte del departamento, ni fotos ni señales de su existencia. Parecía como si hubieran desaparecido de la faz de la tierra. Intrigado, mientras compartíamos momentos de ocio armando un rompecabezas, decidí abordar el tema con mi prima. Quería ser cuidadoso para no herir sus sentimientos, así que opté por preguntar acerca de su padre, explorando primero el terreno con una pregunta sobre su trabajo. Sin embargo, la respuesta que obtuve me dejó perplejo. Mi prima me miró durante unos segundos y finalmente dijo que su padre no trabajaba en nada. Aunque la respuesta de mi prima sobre la situación de su padre me pareció extraña, decidí no profundizar demasiado en el tema en ese momento. Sin embargo, la curiosidad seguía latente en mí, especialmente porque recordaba a ese tío como alguien extremadamente divertido y agradable. Movido por esa curiosidad, volví a preguntar esta vez de manera más específica acerca del paradero de su padre. Le pregunté sobre dónde vivía actualmente. Mi prima me miró durante unos minutos antes de responder con tranquilidad aquí en la casa. Mis dudas crecieron ni una risa burlesca escapó de mis labios. Cómo podía su padre vivir en esa casa sin que yo lo hubiera visto. En los últimos tres días. Creí que mi prima estaba bromeando, pero su expresión seria indicaba lo contrario. Repitió con firmeza en serio viven aquí en la casa. Desconfiado, Le dije que no fuera mentirosa, que no había visto a su padre en ningún momento y que, si fuera así, lo hubiera visto a la hora de la comida o algo así. Su respuesta sólo intensificó mi desconcierto. Ellos ya no necesitan comer y prefieren salir por la noche. La extrañeza se apoderó de mí, pero seguía pensando que era parte de una broma elaborada por mi prima. Para asustarme insistí en que me mostrara a su padre y hermanos en ese momento, desafiándola a demostrar su afirmación sin perder tiempo. Mi prima se levantó del suelo y afirmó que lo haría y que estaban todos en la habitación de su mamá. A medida que nos hace rrar acercábamos a la habitación de su madre, traté de prepararme para la supuesta revelación. Sin embargo, al intentar girar la perilla de la puerta, descubrimos que estaba cerrada con seguro. Esto desconcertó a ambos y mi prima dijo que su madre no solía cerrar la puerta con seguro, que le gustaba dejarla abierta por si su esposo e hijos querían salir. Pensé que todo era demasiado conveniente para sostener la historia de mi prima y con sarcasmo, le dije que su mentira era evidente y volvía a la habitación que compartíamos para armar un rompecabezas. Estaba en eso. Cuando mi prima entró al cuarto saltando, insistió en que había encontrado las llaves en la cocina y que podríamos entrar ahora. A pesar de mis dudas, la seguí de nuevo hacia la habitación. La tensión en el aire era palpable. Mientras agitaba las llaves. Al principio, ella parecía frustrada. Se esforzó por encontrar las llaves correctas. El pro proceso se prolongó más de lo esperado y creí que estaba prolongando deliberadamente la broma. Finalmente, tras probar varias llaves, una de ellas giró y la puerta se abrió. Al abrir la puerta, un escalofrío recorrió mi cuerpo y la habitación pareció absorber la temperatura a su alrededor. Era como si hubiéramos ingresado a un espacio completamente diferente dentro de la misma casa. Simplemente la diferencia era palpable, pero traté de no darle demasiada importancia. Al entrar, noté que la habitación estaba sumida en la oscuridad. Una gruesa cortina bloqueaba por completo la luz del día. Mi prima encendió la luz y lo que vi frente a mí me llenó de asombro y perturbación. Tres muñecos cada uno sentado en una silla, capturaron mi atención de inmediato. No eran muñecos realistas. Al contrario, parecían hechos a mano con una tela de piel barata. Sus ojos eran simples botones y sus narices y bocas estaban cosidos con estambre. La inquietud creció cuando noté que los muñecos llevaban ropas que parecían ser las mismas que solían vestir Mis primos adolescentes y mi extío lo más inquietante fue descubrir que cada muñeco tenía un mechón de cabello correspondiente a cada uno de ellos. Este detalle era tan perturbador que me llenó de miedo. Congelándome en la entrada de la habitación, observé con horror mientras mi prima, sin mostrar ninguna incomodidad, interactuaba felizmente con los muñecos, los llamó por sus nombres y después comenzó a presentarme a cada uno de ellos como si fueran seres vivos. La escena ante mis ojos era surrealista y aterradora, pero por alguna razón no podía apartar la mirada. Un aire oscuro y pesado llenaba la habitación y la extraña conexión entre mi prima y esos muñecos sugería algo más allá de la comprensión. Estaba atrapado entre la incredulidad y el temor, sin saber qué hacer ni con mor reaccionar. En el momento en que recuperé la capacidad de hablar, expresé mi incomodidad a mi prima y le rogué que abandonáramos la habitación de inmediato para hacer cualquier otra cosa. No quería involucrarme en problemas con mi tía por haber entrado a su cuarto sin permiso. Sin embargo, la respuesta de mi prima sólo intensificó mi desconcierto y terror. Ella afirmó que esos muñecos eran sus familiares fallecidos. Me dijo que no debía temer porque ellos eran su padre y hermanos convertidos en muñecos para permanecer con quienes más amaban por toda la eternidad. La explicación me resultó inverosímil y perturbadora. No podía aceptar lo que mi prima decía y le exigí que dejara de inventar historias macabras. Le advertí sobre las consecuencias de meternos en problemas por ingresar a la habitación de su madre. Sin permiso, a pesar de mis súplicas, ella insistió en que estaba diciendo la verdad y que aquellos muñecos eran su familia. En un intento desesperado por demostrar la autenticidad de sus afirmaciones. Mi prima miró directamente al muñeco que representaba a su padre y le pidió que me demostrara que era real. Por un momento, los muñecos permanecieron inmóviles, alimentando mi escepticismo. Estaba a punto de rechazar todas las historias como una broma de mal gusto. Cuando, para mi horror, la cabeza del muñeco que se suponía era su padre comenzó a girar sin que nadie lo tocara. La cabeza se volteó completamente hacia mí, como si el muñeco quisiera mirarme directamente a los ojos fui invadido por una sensación de pavor y antes de que pudiera contenerme, solté un grito y corrí fuera de la habitación. Me refugié en el cuarto que compartía con mi prima. Cerré la puerta tras de mí y temblé con el corazón acelerado. Mi prima llegó unos minutos después tratando de consolarme y explicando que su intención no era asustarme. Según ella, sólo quería mostrarme a su familia, ya que nunca los conoció debido a que fallecieron. Antes de que ella pudiera recordar su relato, adquiría tonos más extraños. Aseguraba que su mamá había hablado con Dios, quien le había instruido fabricar muñecos para que los espíritus de su padre y hermanos pudieran vivir de nuevo a través de ellos. Aterrado, sólo quería salir de esa casa. Cuanto antes la atmósfera en ese lugar había adquirido una dimensión sobrenatural y la historia de mi prima me dejó más confundido y asustado de lo que estaba dispuesto a admitir. Sumido en el terror y la confusión, me sentía tan perturbado que incluso agarré unas afiladas tijeras del buró de la sala, una especie de primitiva defensa ante lo que pudiera acontecer. Desde que mi prima me mostró esos inquietantes muñecos, la sensación de estar siendo observado se volvió omnipresente cuando llegó la hora de dormir con lo que lns las tijeras bajo mi almohada, tardando casi una hora en conciliar el sueño. Sin embargo, mi descanso fue efímero, ya que me despertó el sonido claro de la puerta de la habitación que compartía con mi prima abriéndose lentamente con horror vi a uno de esos muñecos ingresando a la habitación, moviéndose de manera extraña, como si un muñeco de trapo intentara emular el andar humano. La visión de ese ser de tela y algodón me aterró y me cubrí por completo con las cobijas, esperando que simplemente se fuera para mi horror. Las sábanas no hicieron más que dejar al descubierto mi vulnerabilidad y el muñeco se acercó directamente a mi cama. Sentí claramente sus intentos de quitarme las sábanas del rostro y entré en pánico profundo sin pensarlo. Tomé las tijeras que yacían debajo de mi cama y con un único y tembloroso movimiento, las hundí en el estómago del muñeco, desgarrando la tela en el proceso sin mirar atrás salí corriendo de la habitación, abriendo la puerta del departamento y descendiendo cada piso a la carrera. Estaba en pijama y descalzo, pero eso no me importaba en absoluto. Sólo quería salir de esa casa, escapar de aquello que me había aterrado tan profundamente. Los recuerdos se vuelven nubosos Después de ese momento. No recuerdo exactamente cómo llegué al hospital donde mi abuela estaba internada. Al verme, mi madre corrió a auxiliarme preocupada y confundida. Estuve cerca de una hora junto a ella hasta que recibió una llamada de mi tía, quien estaba visiblemente molesta. No supe en ese instante los detalles de la llamada, pero para traer toda la información, al redactar esto, fui a hablar con mi madre al respecto y resultó que mi tía holga furiosa le había dicho que yo había matado a su esposo y que no quería volver a verme en su casa. La razón detrás de esta tex ono ña acusación se remontaba a la tragedia que había llevado a la separación de mi tía del resto de la familia. Sus dos hijos mayores y su esposo habían fallecido en un trágico accidente en la carretera. Sin embargo, mi tía insistía en que seguían vivos, una creencia que la llevó a aislarse cada vez más. Los intentos de la familia por buscar ayuda psiquiátrica para ella resultaron fallidos y eventualmente perdió casi todo contacto con el mundo exterior. En ese momento, mi madre se disculpó por haberme dejado con mi tía pensando que la situación había mejorado. Le relaté sobre los muñecos y mis acciones esa noche, pero mi madre no hizo muchas preguntas y sospecho que no creyó completamente mi historia. A pesar de eso, yo sabía lo que había vivido esa noche, una experiencia que quedaría marcada en mi memoria para siempre.