Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / El Laberinto De Los Espejos Malditos ( Recopilación De Entes Desconocidos #1 ) - Voces De La Noche
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- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más comenzamos. Nunca me gustó ir al Circo, ni siquiera cuando era niño. No me llamaba la atención ese espectáculo de luces de gente disfrazada y de choz en esos escenarios redondos donde la gente se reúne a ver las proezas físicas de personas que viven de hacer maniobras suicidas. Mi padre era dueño de un solar, una extensión de tierra de seis hectáreas cerca de la avenida principal del pueblo. Para nuestra suerte, este lugar era muy transitado y cuando llegaba a un show como el Circo o algún otro evento que requería de instalarse al aire libre, el lugar era rentado para su utilización con el propósito del arrendatario. En s s s. S r. S. So llegó el circo. No venía todos los años, pero aquel inicio de primavera venía acompañado de este show. Los organizadores de la atracción llamaron a mi padre por teléfono, pues le pedían rentada su propiedad en el tiempo en el que ellos estuvieran en el pueblo. Obviamente, mi padre accedió yo en ese entonces tenía doce años y acompañaba a mi papá a todos lados. Entonces fui con él hacia una oficina donde estaba la persona que llevaba todo ese tipo de trámites a nombre del circo. Desde que entramos al lugar, empecé a tener una sensación peculiar. No sabía bien cómo describirlo, pero en esos momentos era algo que se lo atribuía a esa vieja y descolorida oficina. Era un lugar pequeño, claramente viejo y descuidado, donde nos recibió un hombre con un aspecto muy acorde al del inmueble. El hombre vestía un traje gris, viejo, cubierto de polvo debajo de éste, una camisa amarillenta y de difícil de saber si ésta era realmente de ese color o lo había adquirido con el paso de los años y el constante uso. El hombre se mostraba particularmente amable, incluso explicaba y luego sobreexplicaba las cosas, los puntos que había que tocar para realizar el contrato, lo cual no tenía algo de sospechoso para un niño de mi edad, pero para un hombre como mi padre sí, por lo que en ese momento, la decisión de rentar o no el solar estaba en juego. La actitud del sujeto era incluso nerviosa, algo raro de ver en este tipo de negocios. Según mi papá lo pensó más tiempo de lo común, pero al final de cuentas, ambos terminaron firmando el contrato y el solar estaría dispuesto para el circo por los próximos cuarenta y cinco días. Dos días después, mi padre me recogió de la escuela y me dijo que iríamos al circo para hablar con alguien. No me dio más detalles y aunque no me agradaba la idea o o o o l ono, dijo que sería algo rápido y que pronto estaríamos en casa. Para ese momento yo no le tenía miedo o fobia a los circos. Simplemente no me agradaban. No me llamaba la atención las atracciones que un lugar así tienen. Siempre prefería ir al cine o a cualquier otro lugar, pero el circo ciertamente me era indiferente. Bueno lo era hasta que sucedió lo que me encuentro relatando ahora mismo llegamos al lugar. El circo apenas se estaba montando. Tenían la mayoría de la estructura en el suelo y los ingenieros y trabajadores se empeñaban en ir montando la gran carpa a rayas rojas y blancas. Realmente parecía que sería una atracción bastante grande, o por lo menos es lo que todo el material infraestructural daba a entender. Mi padre entró a hablar con alguien y me pidió que lo esperara ahí, así que eso hice, o por lo menos hasta que mi atención se desvió al ver algo peculiar entre los andamios y partes de la estructura. Era un payaso uno que se asomaba de entre los fierros que los trabajadores movían y levantaban. Me llamó mucho la atención, pues en el lugar únicamente se encontraban personas de la construcción del recinto, pero no alguien de los que da el show, como los payasos mismos. No era muy lógico que un hombre con el vestuario listo, como si fuera a salir a escena, rondara por el lugar, el cual incluso puede llegar a ser peligroso debido al material pesado que se maneja. Caminé entre la obra, la cual apenas se alistaba para ser puesta en pie. Quería encontrar a ese hombre, no porque me hiciera especial ilusión ver a un payaso o a las estrellas principales del circo, sino por mera curiosidad. Me preguntaba si, antes de que la carpa estuviera lista, habría alguna especie de show callejero para llamar la atención de los peatones y de quienes manejan sus coches por la carretera internacional. Caminé hasta detrás de unas carsps PNS y unos campers estacionados, pero no pude ver a nadie. Giré mi cabeza en todas direcciones, pero parecía que el hombre había desaparecido. Quizás había entrado a una carpa o algún camper de lugar en donde yo no me atrevía a ingresar. Pensaba que iba a quedarme con la duda, pero al darme media vuelta y dirigirme hacia la ubicación frontal del solar, donde esperaba a mi papá desde el inicio, vi a la lejanía a ese extraño hombre con atuendo de payaso estaba más allá de la carretera. Los coches solamente pasaban y él, del otro lado del terreno dividido por el camino de asfalto, me clavaba una mirada inquietante. Se veía como un pequeño hombre a la lejanía entre los matorrales y la maleza que había crecido alrededor del solar de mi padre, un enorme camión con un remol que pasó y segundos después perdí de vista a ese extraño payaso el cual, de nueva cuenta, parecía haber desaparecido del lugar, y esta vez sin la posibilidad de haberse metido a una carpa o a un remolque simplemente no estaba. Su vestimenta era muy peculiar, pues no portaba colores brillantes ni llamativos. Tenía prendas blancas a rayas negro y un rojo en tonalidad oscura, casi como el color que adquiere la sangre cuando empieza a oxidarse. Su maquillaje era blanco con ese extraño rojo oscuro o por lo menos era lo que alcanzaba a distinguir a la lejanía, pues en ningún momento logré verlo. Desde cerca cuando el circo comenzó, mi padre recibió algunos boletos de cortesía para él y nosotros su familia eran suficientes para ir dos o tres veces y, como ya lo he dicho, la atracción no llamaba mucho mi atención. Sin embargo, acudimos, pues mi padre insistió en que lo hiciéramos. Mis hermanos se mostraban más entusiasmados que yo y a ellos sí les interesaba ver a los payasos y s principalmente a los animales, esos pobres animales en cautiverio, torturados para obedecer órdenes y hacer trucos cosa que de niño uno ignora, pues un elefante parado en una sola pata sobre un banco de acero con una pelota en su cabeza se ve impresionante, pero el trasfondo de ese chow es mucho más oscuro de lo que realmente se muestra al público. Al llegar vimos a los animales en las jaulas de escasos tres por dos metros de extensión. Algunas eran más grandes, pero la mayoría eran prisiones pequeñas para ocupar el menor espacio posible durante el transporte del circo de una ciudad a otra, pues esta era la forma de vivir de estas personas. Afortunadamente, en la actualidad hay una ley que prohíbe el uso de animales en los circos, por lo cual estos lugares tienen que ingeniárselas para llamar la atención de la localidad. De distintas maneras. El show fue normal, lo más normal que puede transcurrir el o tiempo en un lugar como éste, pero cuando llegó el espectáculo del domador de tigres, empecé a notar algo extraordinario. En el transcurso de éste acto, el domador de tigre salió a escena una ola de aplausos lo animaban a levantar los brazos y a desplazarse enérgicamente por todo el circular escenario. Después de él, un tigre panterino entró al ruedo. El hombre le hacía señalamientos con las manos, con una de ellas desnuda y en la otra un látigo, el cual hacía que el animal obedeciera debido al miedo de una represalia de parte del torturador. El panterino saldaba de un lado a otro, atravesaba aros de acero que se ponían cada vez más altos, se sentaba y daba la pata como un gato inofensivo. Al final, la intensidad de las luces bajó, pues el felino saltó un aro de fuego cruzando de un pequeño templete a otro a tres metros del suelo. Entonces, después de que l las luces vol vi n lan a alumbrar con normalidad, noté algo extraño en el centro del escenario. Era el payaso que vi el otro día el que en dos ocasiones se me perdió de vista en un aparente acto de escapismo. Ahora estaba ahí en el centro del escenario. Solamente estaba de pie viendo directo hacia donde yo estaba. Me impresionó ver cómo ese hombre con disfraz de payaso había sido tan hábil como para posarse en cuestión de segundos de fuera del escenario hasta el punto céntrico de este mismo. A la vez que el payaso, con vestiduras blancas, negras y vino, se quedaba parado, el tigre y su domador caminaban alrededor de la arena, ignorando en todos los sentidos a aquel bufón, lo cual era extraño. La presencia de ese payaso rompía totalmente con el tipo de show que se daba en el momento. Poco o nada tenía que hacer ese hombre en ese lugar y en ese preciso momento, el torturador se despidió de la audiencia que tan cálidamente le aplaudía y junto a su tigre, se retiró de la vista del público. Yo me encontraba extrañado al ver semejante interrupción en el acto del domador y de camino a casa, le pregunté a mi familia por qué el payaso se habría metido en medio del acto, a lo cual ellos extrañados me dijeron que no habían visto payaso alguno en el acto del domador del tigre. Yo me extrañé, pues la presencia del bufón era muy notoria. No estaba a un lado ni oculto a las inmediaciones del escenario principal. Estaba ahí justo en medio debajo de los deslumbrantes reflectores circenses, pero según mi papá, mi mamá y mis tres hermanos, ahí no hubo ningún payaso y todo quedó como una clara confusión mía, pues no era posible que yo estuviera viendo algo que no estaba ahí. La mañana siguiente, mi hermano menor le decía a mi padre si iríamos de nuevo al circo, a lo que éste respondió que no, pues habíamos ido ayer y no no podíamos volver tan pronto ni aunque quisiéramos. Mi madre le preguntó si pasaba algo, pues el hombre veía el periódico con un gesto de preocupación y asombro. Mientras desayunaba sentado en la mesa. Mi padre nos explicó qué era lo que estaba leyendo. Después de una ligera insistencia de mi mamá. Había ocurrido un accidente en el circo. El domador de tigres había muerto mientras intentaba hacer que el tigre del show de la noche anterior volviera a su pequeña jaula. La noticia decía que el tigre se resistió a entrar. Entonces, el hombre que encaminó al animal hacia las puertas de su prisión de metal empezó a darle de latigazos, pues no era la primera vez que el felino se resistía. Pero en esta ocasión el panterino no sucumbió ante la orden del hombre, sino que se abalanzó hacia él, acabando con su vida de unos cuantos zarpazos. Todo esto a la vista de sus compañeros de circo. El animal rasguñó con tal fuerza al cuello del hombre que por poco le arranca la cabeza. Obviamente, mi padre no nos dio ese detalle, pero mi curiosidad me hizo buscar la nota en Internet y ver cuáles fueron los pormenores de la situación. El circo permaneció cerrado una semana en la reapertura. Todo seguía igual excepto algo. El show del domador de tigres no estaba en la cartelera. En cambio, había un espectáculo de trapecistas aéreos, los cuales debutarían haciendo su chow Esa misma noche, mi padre fue discutir los pormenores del contrato con el representante legal del circo, pues se revisarían algunas cláusulas para saber si la semana en la que permaneció cerrado, el circo contaría cómo arrendamiento o si alguna especie de seguro de parte del circo cubriría dicho tiempo debido al incidente con el tigre, el cual fue llevado a que lo sacrificaran. Después de haberse rebelado contra su adiestrador, después de resueltos los asuntos legales o o o sobre la el tiempo del circo, sobre el solar de mi padre y con el afán de que no haya problemas o enojos, el representante nos invitó un palco en lo alto del circo para ver el espectáculo que se encontraba en curso. Accedimos y subimos unas escaleras ocultas a la simple vista, pues en realidad el circo tenía una infraestructura más elaborada que algunos otros os en carpas, pues éstos no suelen contar con un palco superior. El show había empezado. Una mujer jugaba con listones de colores mientras colgaba de un halo de acero en lo alto del escenario principal. Después de esto, el show de los trapecistas empezó por primera vez en ese circo, pues éstos eran los sustitutos del domador de tigres, mientras los adiestrados y esbeltos acróbatas subían unas escaleras que los posicionaban a unos veinte metros del suelo. Volvía a notar esa rara presencia era el payaso este subía junto a uno de los trapecistas por las escaleras a un de n des los laterales del escenario, mientras el otro acróbata continuaba su ascenso solo rápidamente llamé la atención de mi papá indicándole que ese era el Payaso de ayer el que subía las escaleras acompañando a uno de los irqueros. Mi papá me dijo que no veía nada, lo cual me resultaba desesperante. Pero hubo algo más. El representante, el hombre que nos había invitado al palco el mismo que vimos en esa Polvorienta oficina a la que fuimos, se alertó con la mirada e hizo una demanda impresión al escucharme mencionar al Payaso, aparentemente invisible para los demás. Pensé que él sí lo veía, al igual que yo, pero no me animé a preguntárselo y el show continuó como estaba agendado. Los trapecistas empezaron a desplazarse de un punto de la estructura a otro conforme iban dando vueltas en el vaivén acrobático las maniobras que le sumaban paulatinamente un grado de dificultad a su espectáculo iban apareciendolo lo lo que cuál A mí me iba poniendo cada vez más tenso, pues desde uno de los extremos en las alturas de la estructura, el extraño hombre vestido de payaso observaba a los malabaristas, quienes jugaban con el aire y el equilibrio en lo alto del circo para el deleite de los asistentes. La parte final del espectáculo del par de acróbatas había llegado y para este último y breve segmento retiraron la red de abajo, la que amortiguaría la caída si uno o ambos caían desde las estructuras. En segmento final no había protección para los irqueros. Ambos trapecistas tomaron las manijas del objeto que los hacía columpiarse. En lo alto del circo se deslizaban rápidamente por el aire y el público los miraba emocionados. Pero de pronto una de las cuerdas que sostenía a uno de ellos se rompió repentinamente. La tensión hizo que el soporte se venciera, lo que hizo que el trapecista cayera inevitablemente hacia el vacío. El grito de horror de la gente fue estruendoso, pues las cuatrocientas personas que conformaban el público estaban aterrorizadas y no daban crédito a lo que acababan de presenciar. Recuerdo el momento exacto en el que la oleada de gritos de los presentes se iba haciendo más y más intenso. Conforme, el trapecista descendía hacia el suelo y, al impactar contra éste, los gritos en el lugar alcanzaron su pico más alto para desembocar en llantos alaridos y palabras de preocupación poco audibles, las cuales flotaban en una marea de voces aterrorizadas. Mi padre y yo salimos del palco, acompañados del hombre que nos había hecho la invitación hacia este lugar. Mientras salía del lugar, giraba mi cuello para ver esa parte, esa especie de trampolín, donde estaba el trapecista que cayó y murió, y donde también se encontraba el hombre vestido de payaso, el cual había desaparecido nuevamente de manera vida extraña y misteriosa. Como inquietante y tétrica, la gente había empezado a salir del lugar. Las voces a mi alrededor eran de conversaciones enfrascadas en la incredulidad de los testigos. La gente no daba crédito a lo que acababan de presenciar no veían de qué manera había ocurrido tal accidente y rápidamente se empezó a crear un aire de indignación ante el circo, pues decían muchos que la red no debió haber sido removida, pues de haber estado el trapecista no hubiera muerto y su cuerpo hubiera rebotado en esa malla de seguridad. Y todo estaría bien. Pero aparentemente ese circo era más negligente que los demás, pues era el primer día en la reapertura y de nueva cuenta a alguien moría a causa de medidas de seguridad poco efectivas o directamente nulas. Mientras tanto, lo único en lo que yo podía pensar era en ese extraño el hombre que de pronto aparecía y desaparecía del escenario del circo, el cual parecía estar a la vista de todos, pero de alguna rara manera también invisible al público, pues nadie parecía prestarle atención, ni siquiera percatarse de que el payaso yacía ahí. Aunado a esto, empecé a encontrar un extraño patrón en los accidentes ocurridos hacia una semana con el domador de tigres y ese preciso día con uno de los trapecistas, pues en los dos días en los que ocurrieron los accidentes, el payaso de macabras, facciones de colores apagados y extraños se encontraba ahí. Si bien el domador de tigres no murió en el momento de aparecido el payaso lo haría el mismo día en el que éste mismo se presentó en su show. Era acaso ésta una señal de muerte, pues parecía indicar que sí. Aún así, no podía preguntárselo a nadie, pues por más extraño que pareciera nadie excepto yo veía al Payaso. El circo volvió a cerrar ahora por más tiempo. Habían transcur aburrido dos semanas ya desde el fallecimiento del trapesista, y en esta ocasión la atracción presentó una póliza de seguros, la cual quitaba responsabilidades de la organización en cuanto a la paga del lugar en renta el terreno de mi padre como a las familias de los afectados en los accidentes recientes. Un día salí de la escuela y caminaba rumbo a la parada del autobús que me llevaría a mi casa, pues mi papá estaba ocupado con otros asuntos de negocios y me había dicho que en esa ocasión no podría pasar por mí. Esa tarde no había dejado de pensar en ese extraño hombre vestido de Payaso, me comía la duda del por qué los demás no lo veían. Por qué solamente se hacía visible a mis ojos y por qué aparecía de manera repentina en los ojos de los irqueros que tenían un accidente y morían de maneras horrendas. Era tanta la insistencia de estos pensamientos que decidí tomar un desvío e ir al circo a, aun que a esas horas de la tarde pensé que no encontraría a nadie. De todos modos, acudí para ver esa enorme carpa, la cual me hacía pensar en tantas cosas que desconocía, pues por algún motivo, el hombre vestido de Payaso no se sentía como si fuera una persona. De alguna manera, parecía que mi cuerpo resentía que estaba ante algo desconocido, algo con lo que nunca me había encontrado antes. En realidad, creo que al haber ido buscaba encontrarme con ese extraño Payaso de nueva cuenta. Llegué a la carpa. Había remolques y coches estacionados, pero nadie a la vista, o por lo menos no a primera vista, pues a lo lejos rápidamente pude ver a esa silueta extraña. Era el payaso que me observaba desde la lejanía. Parecía estar clavando sus ojos en mí desde el otro lado de la carretera. Me acerqué lente y calmadamente hacia él, pues no quería ni siquiera parpadear para no perderlo de vista. No, no, no quería mirar a otro lado, Solamente quería acercarme a él y poder asegurarme de que era real. Caminé y caminé lentamente. Cada vez tenía a ese extraño ente más cerca de mí, cuando de pronto escuché el estruendoso claxson de un camión a mi izquierda, Giré el cuello alarmado, un enorme tráiler con un remol que avanzaba hacia mí, Me tiré hacia atrás y caí de espaldas sobre la tierra, salvando mi persona de ser atropellado solamente por pocos centímetros en lo que el camión se alejaba haciendo sonar la alarma. Cuando volví a ver en dirección al Payaso, en lugar de encontrármelo con la vista, solamente pude ver una extraña bruma que flotaba en el aire, como si de un vapor oscuro se tratara. Al día siguiente, el circo se fue sin dar aviso y nunca volví a ver a ese extraño y tétrico hombre vestido de Payaso. La feria que llega a la ciudad una vez al año se instala en el centro a inicios de agosto y se van los últimos días de noviembre para seguir su recorrido por diferentes áreas del país. Los principales atractivos son los enormes e intimidantes juegos mecánicos, montañas rusas, ruedas de la fortuna, medusas carros, chocones y una decena de atracciones más sin contar las carpas de juegos de destreza y algunas otras de venta de objetos, recuerdos y alimentos. Cuando era niño, este lugar me llamaba especialmente la atención. Disfrutaba mucho de ir con mi familia a recorrer las atracciones. Hoy en día no me resulta tan emocionante como en mi infancia. Sin embargo, aún me gusta asistir con amigos o familia. Pero fue precisamente de niño cuando viví una peculiar experiencia en una de las atracciones de este lugar, la casa o el laberinto de los espejos. Esta atracción consiste en entrar a un huj de aproximadamente unos treinta metros cuadrados, el cual fue acondicionado con láminas de madera para darle forma de laberinto. Pero, como su nombre lo indica, cada una de las paredes de madera puestas en el lugar está cubierta por un espejo, lo que causa que fácilmente te desorientes y confundas cuando estás en el interior. Un laberinto es de por sí complicado de atravesar ahora con el uso de espejos. Es algo que pocas personas logran hacer, pues no hay como tal alguna referencia que puedas tomar de las paredes o el techo. Todo es reflejante. Solamente ves tu cuerpo en diversidad de ángulos, caminando, girando, volteando a verte a ti mismo. Es una experiencia que para muchas personas puede resultar sumamente desesperante, pero en ese momento a mí me llamaba muchísimo la atención entrar y recorrer con éxito el laberinto. Entré solo pues mi madre y mis hermanos no se animaron a ingresar, argumentando el miedo y la fobia que estar ahí les causaría. Yo era totalmente consciente de que podía perderme ahí, pero no tenía miedo. Quería vivir la aventura por mí mismo y atravesar el laberinto. Además, no hay un peligro real como tal, pues al estar en la feria, te encuentras en un ambiente controlado, un lugar con guardias de seguridad. Fuera del laberinto están las demás atracciones, cientos de personas y los guardias de seguridad y técnicos que cada atracción contemplan. Al sentirte perdido o desesperado, levantas la mano y una persona de la feria encargada del juego va por ti y te lleva hacia la salida de la atracción. En mi desafiante emoción. No pensaba pedir ayuda ni aunque me encontrara totalmente desorientado, pues tenía la convicción de terminar completamente el recorrido por mi propia cuenta, pensando en que fallaría si al final pido ayuda y tengo que ser escoltado hasta el final del juego, entré empecé a caminar los estrechos pasillos a mi izquierda. Veía mi reflejo lo mismo de mi lado derecho. Un efecto de infinito se creaba con el encaramiento de un espejo con otro, lo cual llegaba a marear, por lo que no me detenía a contemplar detenidamente el bucle perpetuo de reflejos sobre reflejos frente a mí otro espejo, el cual sumaba aún más confusión visual. La única referencia que podía llegar a tener era el suelo, pero éste era totalmente gris y no tenía ninguna marca mancha o algo que se pudiera tomar como referencia y saber por qué lugar había venido y que otro faltaba por recorrer, caminando encontrándome con callejones sin salida y teniendo que retornar topando a otras personas de vez en cuando quienes también buscaban la salida del lugar. Pasé los siguientes diez o quince minutos. Tal vez más perdí la noción del tiempo cuando estuve rodeado de todos los espejos. La verdad de principio no me importaba, pero después empecé a cansarme de la ilusión que las paredes daban de verme a mí mismo en tantos lados, en todas las superficies del lugar. Caminé otro rato. Quizás diez minutos más. Entonces me cansé y la valentía que presentaba al inicio se vio adulterada por los primeros indicios de desesperación. Estando en el sitio. Me costaba trabajo, pues perdería la apuesta que hice conmigo mismo, pero pensé seriamente en rendirme y en levantar la mano y que alguien del personal del lugar fuera por mí y me llevara al inicio o quizás el final del juego y por más, que quisiera lograrlo por mí mismo. La desesperación estando en ese angosto mar de reflejos se hacía cada vez mayor, por lo cual decidí rendirme levanté la mano y esperé a que alguien llegara por mí. Pensé que algo no iba bien, pues nadie llegaba. Pasé varios minutos con la mano alzada, pero parecía que en nadie me veía. No sé tampoco de qué manera ubicaban a las personas que querían retirarse del juego, pues no se veían cámaras o alguna especie de sistema de vigilancia, lo cual me pareció extraño. Agité mi mano esperando ser detectado por alguien, pero no ocurría nada y empecé a desesperarme, pues mis ganas de salir de ahí iban en aumento. Con el lento pasar de los minutos. Tampoco me moví pues sí permanecía en movimiento. Lo más probable es que los encargados de extraer a las personas no me pudieran encontrar. O fuera aún más difícil para ellos, por lo que me quedé en la misma posición. Pasó más tiempo y mi desesperación era aún mayor. Empecé a gritar por ayuda, pero aún así nadie iba por mí o no había alguna señal de que fueran a sacarme del lugar, por lo que, cansado y agobiado, me senté a esperar en el suelo. Mi desesperación fue tornándose en preocupación, pues no había rastro de nada ni de nadie. En todos los minutos en los que estuve ahí dentro clamando por ayuda, no volví a ver personas pasar como lo había hecho con anterioridad. Al entrar a la atracción, me harté y decidí ponerme a caminar, pues al fin y al cabo, si nadie iba por mí tendría que encontrar la salida en un momento u otro. No podían simplemente dejarme en ese lugar. Mi madre y mis hermanos ya se estarían preguntando qué pasó conmigo, aunque seguramente no había pasado tanto tiempo. Mi desesperación me hacía sentir los minutos como horas. Caminando me topé con un pasillo bastante largo, el más largo de los que había recorrido de momento, lo cual pensé que sería una buena señal, pues seguramente me acercaba a una salida o, por lo menos a un área que antes no había explorado, lo cual me podría sacar de ahí. Pero más temprano que tarde empecé a notar algo extraño en el espejo. O O O O O que estaba justo enfrente de mí. Al final de ese largo corredor, armado de manera artificial y compuesto de espejos en su totalidad, mi reflejo no parecía ser realmente mío, pues yo me quedé parado inmóvil, sin hacer ruido o el más mínimo movimiento, y mi figura en el espejo parecía estar caminando. Se veía como si viniera hacia mí con un paso firme y decidido. Me quedé sorprendido, pero pensé que podría tratarse de algo así como un efecto óptico, pues no es normal estar viendo tantos reflejos tuyos de manera simultánea. Por tanto tiempo y en una de esas ocasiones tú propiamente te podría jugar una mala pasada y hacer que veas algo que no está ahí. Realmente pensé que ese era el caso, pero mi falsa percepción de lo que ahí ocurría pronto se desvaneció. Mi reflejo empezó a correr hacia mi dirección. Parecía que quería conseguirme por milésimas de segundo llegué a pensar que se trataba de de alguien más que era alguna otra persona perdida en el laberinto, al igual que yo, o quizás alguien del personal encargado de la atracción. Pero ese pensamiento se esfumó antes de que pudiera realmente planteármelo de manera seria, pues la figura era exactamente igual a mí en todos los aspectos físicos. Mi cara era la suya, su ropa idéntica a la mía, el cabello, color de piel, complexión, todo con excepción de solamente una cosa, algo que nos hacía diferentes a mí y a eso eran los ojos. Los ojos de ese ser eran completamente negros. No tenía pupilas o algún rasgo que no fuera la completa oscuridad dentro de las cuencas oculares. Era horrible ver cómo una versión de mí mismo corría hacia mí quien sabe con qué extrañas intenciones me eché a correr en dirección contraria a ese ser. Corrí sin fijarme exactamente hacia donde me dirigía, pues el pavor se apoderó de mí. Al ver a eso, persiguiéndome y escuchando sus pisadas cada vez más cerca de las mías, corrí y corrí topándome con infinidad de espejos hasta que en uno de esos caminos me encontré con un callejón sin salida, un punto muerto. Entonces tendría que regresar, pero parecía ser demasiado tarde, pues segundos antes escuchaba las pisadas de mi reflejo, persiguiéndome y muy cerca de mí. Cuando me detuve observando el pasillo por donde vine y dándole la espalda al espejo que creaba el final de ese camino, poniendo atención al ruido del entorno, me di cuenta de que ya no había pisadas. No escuché nada más que las luces encendidas en el techo, produciendo una especie de vibración. Al estar encendidas un zumbido, que era lo único que podía escuchar en esos inquietantes momentos. Aparte de mi exasperada respiración, caminé con timidez por el pasillo de regreso. Me inquietaban los reflejos que aparecían por todas partes y no me daban margen para pensar que ya había pasado ese extraño encuentro, pues parecía que cualquiera de los reflejos se voltearía hacia mí y saldría de la pared de nueva cuenta, justo como sucedió momentos atrás. Cuando veía los reflejos de reojo, los cuales se proyectaban por todas partes, podía ver cómo desobedecían mis movimientos, como algunos a la lejanía se movían de manera antinatural, de una forma en la que yo no me había movido, y al enfocar la mirada en esos reflejos, todo aparentaba estar normal, como si de cualquier otro espejo se tratara. De momentos pensé o intenté pensar en que todo era parte de la atracción que estaba diseñada de esta manera para causar choque en la persona que entrara, pero no tenía sentido. Era un laberinto de espejos, no una casa de los sustos. Además, no sé de qué manera podrían crear a una réplica de mí mismo la cual se saliera del espejo y me persigue no podía ser parte de la atracción. Era algo demasiado descomunal. Continué caminando por los pasillos y busqué la manera de ubicarme. Intenté ubicarme, pero me resultaba imposible. La desesperación de recorrer el mismo camino una y otra vez sin saber si realmente eran los mismos pasadizos o si eran salas diferentes, pero con la misma apariencia empezaba a desquiciarme, por lo que decidí ir dejando rastros. Había una piedra en mi pantalón, la cual tomé de la calle solamente por su peculiar forma. Era una roca en forma de triángulo con una de las puntas algo filosas cabía en mi mano perfectamente, por lo que al no tener otra manera de dejar un rastro, fui rayando los espejos de los pasillos por donde pasaba, principalmente en las esquinas, pues eran los lugares más visibles. Dejaba una flecha grande haciendo una rayadura en el espejo. La flecha indicaba hacia que dirección no había ido y siguiendo ese patrón tarde o temprano, saldría del lugar. Continué caminando cada vez más rápido, marcando los espejos que pensaba serían reconocibles, pero después de minutos sucedió algo demasiado extraño. Había flechas que estaba seguro de no haber hecho, pues eran más pequeñas y no eran exactamente rayaduras en los espejos, sino que directamente eran grietas. Los vidrios estaban empezando a romperse, pero estoy seguro de que eso no fue causa de mis marcas. Eran señales que yo no había dejado ahí. Llegado a ese punto, no me importara el regaño que pudiera existir debido a estar arruinando los espejos del salón. Solamente quería salir de ahí con suma desesperación. Me daba igual romper los espejos para llamar la atención de la gente de fuera, pero estaba más aterrado que desesperado y temía causar un ruido estruendoso y volver a toparme con ese extraño reflejo mío, el cual minutos atrás había estado persiguiéndome marcar los espejos. No me sirvió de nada. Solamente aumentó mi desesperación, pues empezaba a encontrarme con las mismas flechas que había dejado, haciéndome saber que iba en círculos y lo había estado haciendo durante Quién sabe cuánto tiempo, Además de encontrar esas extrañas marcas que yo no había dejado las grietas en los espejos, las cuales me hacían pensar que tal vez había alguien más que también buscaba desesperadamente una salida, al igual que yo. Después de pasar hacia otro de los aparentemente interminables pasillos, pude ver la figura de una persona que claramente no era yo, pero sólo alcancé a ver cómo iba doblando por una de las esquinas de los corredores, vi un talón que desapareció rápido. Sin darme tiempo a distinguir alguna facción de la ropa que esa persona llevaría puesta o mucho menos, algún raso facial o propio del individuo. Traté de llamar su atención hablándole llamando en voz alta y persiguiéndolo, pero no encontraba nada ni a nadie. De repente veía reflejos a la lejanía, probablemente de esa persona, pues si estaba ahí, era obvio que los vidrios iban a delatarlo anunciando su posición desde otros ángulos. Pero esto tampoco me sirvió de mucho, pues las figuras rápidamente desaparecían dejándome igual que como empezaba la persecución o incluso algo más confundido, todos los intentos que realizaba parecían ser inútiles, pues inevitablemente me quedaba solo y sin saber hacia dónde ir, qué dirección tomaros y los lugares en los que estaba eran nuevos o si ya los había recorrido con anterioridad. Minutos después de esto, las luces empezaban a parpadear, lo cual fue lo que más terror causó en mí, pues sin luz estaría totalmente atrapado. No iba a poder salir del lugar ni por casualidad, no sabía a qué se debía que ya no hubiera nadie y que pareciera estar abandonado en medio de la atracción, me aceleré mi corazón. Latía muy deprisa. Mi miedo iba intensificándose y no quería quedarme a oscuras. Empecé a gritar por ayuda, teniendo la esperanza de que a la lejanía alguien pudiera escucharme. Empecé a correr en todas direcciones y dejé de tener la cautela que antes portaba, pero todo parecía ser inútil. Luego comencé a encontrarme con las flechas en los cristales, las marcas que yo mismo hice para saber por dónde ya había pasado, lo que me indicaba que seguía dando vueltas en círculos sin avanzar, sin acercarme a la salida. Entonces sentí que ya no podía más. Mi desesperación era enorme. De momentos pensaba que estaba teniendo una horrenda pesadilla donde quedaba atrapado para siempre ahí, rodeado de espejos, en pasillos, enrevesados que siempre llevan a los mismos mismos lugares como una especie de infierno o de castigo. Entonces todo se detuvo. Mis pies pararon, hice una pausa para recuperar el aliento que había perdido debido a la desesperación de correr y sobrepensar todo. Segundos después, las luces se apagaron, quedé totalmente a oscuras. No podía distinguir ni siquiera mis manos a escasos centímetros de distancia de mi nariz. Cuando mis ojos se empezaron a acostumbrar a la oscuridad, comencé a ver cómo mis reflejos en los cristales empezaban a moverse independientes a la forma en la que yo me movía. Todos giraron sus cabezas volteando a verme al unísono. Fue entonces cuando sentí de nueva cuenta como el terror escalaba por mi espina dorsal y se detonaba en el impulso de salir corriendo, corrí de nuevo en cualquier dirección. Al ver lo poco que la oscuridad me permitía a mis lados, podía darme cuenta que los espejos cercanos a mí no r ns reflejaban mi figura. Estaban simplemente replicando la forma de los demás espejos y creando el infinito bucle de siempre, pero sin estar yo de por medio. Era como una ilusión óptica de algún tipo, pero no entendía de qué manera esto era posible. Miré hacia atrás mío mientras continuaba corriendo y pude ver a decenas de reflejos de mí mismo, persiguiéndome como mi primer encuentro con este fenómeno, pero en esta ocasión, multiplicado por veinte o treinta, al no ver por dónde iba choqué con el vidrio de enfrente, caí al suelo mientras escuchaba como los cristales rotos caían junto conmigo. Después no recuerdo alguna otra cosa de los momentos posteriores. A esto desperté exaltado en el hospital. Abrí los ojos y la luz del techo del lugar me encandilaba. Todo era demasiado brillante y me encontraba poco lúcido. Mi madre estaba ahí me explicó cómo habían sucedido las cosas. Me me me dijo ur que me desesperé dentro del laberinto de espejos y que empecé a correr en todas direcciones hasta chocar con uno de los cristales rompiéndolo y haciéndome perder la conciencia. Yo no entendía lo que ella me explicaba, pues era como si todo lo que sucedió no hubiera pasado en realidad, como si hubiera imaginado esa extraña y a la vez horrible experiencia, pero se sentía demasiado real y no había manera de que hubiera sido alguna alucinación. O sueño mío me corté una parte de la cara con el vidrio contra el que choqué la herida sanó con el pasar de las semanas, pero quedó como un recordatorio de esa extraña y horrenda experiencia. Después de lo sucedido, no me atreví a contarle a nadie lo que pasó. Solamente a mi madre y mis hermanos, quienes me dijeron que a veces os solemos imaginar esas cosas cuando nos desmayamos. Dijeron que probablemente imaginé todo debido a la desesperación que en esos momentos me invadía, pero yo no sabía de qué manera explicarles o darles a entender que aquello no había sido un sueño que realmente había sucedido, pues era demasiado real como para simplemente haberlo imaginado. Estaba seguro de que me quedé por lo menos una hora en ese lugar en completa soledad viendo cosas que nunca había visto antes, fenómenos siniestros dentro de esos espejos cosas tan difíciles de explicar que la mejor excusa es simplemente decir que fue una atribución de mi mente. Pasó el tiempo y poco a poco me fui convenciendo de que sí. Esa experiencia había sido algo que se produjo dentro de mi imaginación, sin saber de qué otra manera explicarlo, sin tener una base para pensar que me sucedió lo que me había sucedido. Así, me acostumbré a mí mismo a creer que todo fue falso. Un sueño solamente hasta veinte años después, una noche estaba secando mi cabeza con una toalla. Después de salir de bañarme, entonces vi de reojo el empañado espejo del cuarto de baño y descubrí que mi reflejo no estaba obedeciendo a mis movimientos. El yo del otro lado solamente se quedaba parado estático, totalmente desnudo y sin siquiera tener una toalla entre sus manos, como yo lo hacía. En realidad. Al darme cuenta de esto, volteé rápidamente a ver qué era lo que realmente sucedía con el reflejo de ese cristal. Pero al mirarlo fijamente, todo era normal. El reflejo obedecía mis movimientos. Como en cualquier otra ocasión, un día quedé viendo mi propio reflejo durante horas, pues había algo en mí que me decía que lo de hace veinte años no había sido un sueño y que hasta ahora volvía a comenzar a manifestarse. Vi el espejo durante mucho tiempo solamente parpadeaba, no quitaba mis ojos de los de mi contraparte en el cristal. Conforme pasaron los minutos. Fui descornondo. Siéndome figura mi cara, se me figuraba la de otra persona, algo había ahí, lo cual era demasiado extraño para poder explicarlo, para darle un sentido lógico. Después de más de una hora de sentarme a verme a mí mismo en ese espejo y de realizar un parpadeo, mis ojos en su contraparte reflejante se tornaron totalmente negros. Me asusté tanto que di un salto hacia atrás. Pero después de esto todo era igual de nueva cuenta, Pero para mí esa era la prueba de que en realidad pasaba algo del otro lado del reflejo, algo siniestro que despertó después de haberme metido a ese laberinto de espejos, después de haber comprobado esto trato de mirar las superficies reflejantes lo menos posible. Una vez a la semana iba a practicar tiro con un rifle de casa que me heredó mi padre hace muchos años. En realidad no cazaba ni tenía la intención de llegar a hacerlo en un futuro, pero esta actividad me resultaba muy atractiva, pues el disparar el arma tenía cierto efecto. En mí era como algo casi terapéutico, aunque quizás no sea la mejor manera de pensar o reflexionar, pues si bien no estaba lastimando a nada ni a nadie, la actividad puede parecer, algo sospechosa o cuanto menos inusual. Nunca acudía a un lugar en específico. Solamente me alejaba lo más posible de la ciudad esperando que los disparos nunca alertaran a la gente que se desempeñaba en sus labores. Siempre ponía objetivos botellas latas recipientes que llegaba a encontrar, entre otras cosas. Ciertamente es algo que me entretenía y me despejaba durante un largo rato. La compra de las balas no era barata y es principalmente por esta razón por la cual no practicaba muy seguido. A veces, cuando volví a recorrer los lugares por donde estaba seguro que había pasado, me encontraba con cosas que aparentemente no estaban antes. Lo más notorio eran algunas marcas en el tronco de los árboles, cosa que me intrigaba, pero nunca me dio por averiguar que era aquello o quien hacía esos señalamientos o tan siquiera si servían para algo o cumplían con alguna función. En una ocasión fui más tarde de lo que acostumbraba a hacerlo. Eran alrededor de las cinco de la tarde y sabía que el sol iba a bajar pronto, por lo que tenía poco tiempo para practicar. Entonces tomé mi coche y fui hacia las afueras de la ciudad antes de que el sol bajara más. Al llegar y empezar a caminar entre los árboles del bosque, que está más allá de las últimas casas del poblado, pude empezar a notar, como en ocasiones pasadas, esos símbolos inscritos en la madera de los árboles eran una especie de círculo algo parecido a runas. Quedé observando dos. Uno de estos sigilos. Entonces hice algo que debí de haber hecho. Desde la primera vez que vi uno de estos grabados, tomé una fotografía. Después me pondría a investigar qué era lo que esto significaba. De buenas a primeras me imaginaba que eran señalamientos que dejaban campistas para no perderse, pero rápidamente descartaba las teorías que se relacionaban con visitantes turistas o cualquier persona común que simplemente pasara por ahí, pues, los sigilos eran muy elaborados para hacer simplemente un señalamiento guía tenían que representar algo más. Entonces me descubrí ahí parado pensando en qué significan unos cuantos rayones en el tronco de un árbol a las afueras de la ciudad. Me sentí algo estúpido, quizás por darle demasiada importancia a algo que probablemente no tenga un trasfondo interesante. Entonces continué mi camino. Llegué a un claro. Ahí era donde practicaría con mi rifle. Esta vez el lugar de unos doscientos metros de diámetro estaba ligeramente inclinado hacia el sur. Era una zona en la que definitivamente no había estado antes, pues en primera instancia tomé la dirección contraria a la de siempre me fui al sur de la ciudad en lugar de tomar la carretera que te lleva al oeste. En segundo, el claro era demasiado característico. Si lo hubiera visto con anterioridad, hubiera recordado la inclinación que éste tiene. Los árboles que quedan al final de la ligera pendiente que se forma en el claro habían seis árboles en un orden casi artificial. Eran idénticos y estaban a la misma distancia. Unos de otros puse seis botellas en la base de los árboles, esos serían mis blancos. Pero al subir de nueva cuenta la pendiente, me arrepentí. Quizás sea algo tonto y sin sentido, pero no quería arruinar la perfecta forma de los troncos de esos seis árboles, los cuales parecían imágenes copiadas y pegadas de izquierda a derecha, uno enseguida del otro con las mismas ondulaciones en la madera. Y estoy extrañamente seguro de que si me hubiera puesto a contar todas y cada una de las ramas y hojas de esa media docena de robles, altos y gruesos, me hubiera encontrado con el mismo número de hojas. Era extraño, lo sé, pero volví a bajar la pendiente para mover las botellas de tal modo en el que mis balas no impactaran contra los troncos, sino que pasaran entre el espacio que hay entre ellos. Subí de nueva cuenta la pendiente y cuando me di la vuelta y puse uno de mis ojos sobre la mira telescópica del rifle, solamente conté cinco botellas. Me extrañé demasiado, pues de primera instancia pensé que una de las botellas se había caído y no era visible por la hierba, pero ésta no era lo suficientemente alta para cubrir. La botella. Entera entonces una mancha marrón oscuro con el peculiar brillo del vidrio o o o la o la saldría de entre el descuidado sacate que crecía en el suelo. Me quedé buscando la botella por el suelo con la mida telescópica del arma miraba por donde quizás podría estar y también donde era imposible que la botella hubiera llegado por sí misma, pero no apareció. Después de esto de buscar con la mirada desde mi posición y volví a bajar la cuesta. Busqué la botella por todos lados, pero solamente veía ramas maleza más árboles, pero la botella parecía simplemente haber desaparecido. Me asomé por el otro lado de los árboles, desde la otra cara contraria a donde originalmente puse las botellas. Entonces descubrí algo muy peculiar en esos robles grandes y oscuros. En la base de cada uno de éstos había una pequeña puerta o algo muy similar a esto Era un pedazo de madera incrustado sobre el árbol, pero claramente se notaba la división donde terminaba el roble y comenzaba bar a ese pequeño rectángulo de unos cincuenta centímetros de alto. Era demasiado extraño ver esto, pero mi primera reacción no fue de intriga, sino de temor, pues consideré que por el lugar podría haber niños jugando entre esos árboles en los cuales estuve a punto de disparar me acerqué para ver con detenimiento el relieve que tenían esos árboles y ese extraño injerto en la parte baja de cada uno, lo que parecían puertas en un principio, viéndolas con detenimiento, eran una especie de láminas de maderas incrustadas a los árboles. Más raro, aún esas láminas estaban totalmente cubiertas por una especie de relieve. No sé a qué hacían alusión, pero eran totalmente diferentes a las marcas que había encontrado en los demás árboles del bosque. Estos se veían elaborados con detalle, con figuras y grabados simétricos, los cuales seguramente habían tomado bastante tiempo en Hacerse llegué a pensar que eran una clase de artesanías o de arte elaborado con fines culturales. Pero era extraño el hecho de que no había ningún indicio de que un evento se hubiera realizado en el lugar. Tomé las botellas y preferí ir a otro lugar donde no tuviera la sospecha de que alguien pudiera salir de entre los árboles. El hecho de que claramente alguien había estado ahí me ponía algo nervioso y me limitaba a ponerme a disparar, pues esto sería algo demasiado imprudente de mi parte. Cuando ya me iba escuché que la botella faltante se rompía a unos treinta metros de mí a mis espaldas. Parecía que la habían arrojado contra uno de los árboles o una superficie dura, la cual hizo que el objeto se rompiera en decenas de pequeños pedazos. Volteé alarmado, pues quería ver quién era la persona que había cambiado la botella del lugar y que la había aventado, posiblemente para darme a mí. Después de esto, mis sospechas se confirmaron había alguien ahí conmigo. No sabía qué pensar. No creía que fueran niños, pues poco o nada deberían estar haciendo uno o más niños tan alejados de la ciudad. Hablé en voz alta tratando de que alguien más me contestara, pero lo único que escuché fueron los árboles meciéndose por las corrientes de aire, las cuales aumentaban su intensidad con el avance progresivo de la tarde. Volví a bajar la cuesta y me dirigí hacia donde habían quedado tirados los fragmentos de vidrio de la botella rota. Cuando me agaché a recogerlos frente a mí, vi cómo algo corría rápidamente al nivel del suelo. Era un bulto no muy grande. No alcancé a distinguir alguna facción de lo que se desplazaba a unos metros de mí, pero corrí detrás de su rastro llamando su atención, intentando que se detuviera para saber que o quién era, pues no quería quedar con la duda de si había gente en las inmediaciones del lugar. Eso era algo que aumentaba mi ansiedad, pues de ser así ya no podría practicar tiro a las afueras de la ciudad, sino que tendría que alejarme aún más, pues no quería poner en peligro a nadie. Corrí durante unos segundos. Luego troté después caminé. No encontraba a eso que parecía estarse escondiendo de mí, aunque caminara y buscara sus rastros por el bosque la tarde moría y estaba quizás a una hora de seguir teniendo luz solar, por lo que empecé a deshacerme de la idea de disparar el arma esa tarde. Por alguna razón me intrigaba a saber quién o qué era lo que rondaba por ahí por el bosque. No sabía tampoco por qué esconder la botella. Ni siquiera me di cuenta en qué momento llegó a hacerlo. Sólo noté que habían cinco blancos en lugar de seis. Era como si hubiera desaparecido para simplemente aparecer de nuevo minutos después rompiéndose tan cerca de mí, después de seguir caminando durante algunos minutos más en en r desea a escuchar algo, un sonido peculiar, el cual había pensado que era el viento rozando las ramas de los árboles, quizás las hojas secas, corriendo por el suelo, chocando unas entre otras. Pero en un momento de particular silencio me fue audible algo así como un susurro, como si alguien hubiera murmurado algo cerca de mí, como un secreto que alguien estaba intentando contarle a otra persona, pero se escuchan sus murmullos debido a la ausencia de ruido alrededor. Fue en este preciso momento en el que todo pasó de ser intrigante a hacer algo aterrador, pues empezaba a sentirme acechado. Pensé que de alguna manera alguien me estaba casando vigilando en ese lugar. De repente sentí una mirada clavada en mi espalda. No suelo ser muy perceptivo a esto, pero empecé a tener la sensación de que alguien estaba a punto de tocarme un hombro para llamar mi atención, por lo que giré alarmado. Todo pare c do normal. Un bosque de árboles de troncos gruesos y hojas secas, pero a la distancia a unos diez metros. Al ver el paisaje con mayor detenimiento, pude notar algo, algo que no debería de estar en ese lugar, más bien que no debería de estar en ningún lugar conocido. Había un par de ojos brillantes. Viéndome desde una pequeña cabeza que se escondía o por lo menos trataba de esconderse detrás de uno de los troncos del bosque. Era una cabeza oscura totalmente negra como carbonizada. No era un niño, pero por el nivel en relación al suelo en el que se encontraba, parecía tener la altura de uno. El par de pequeños y redondos ojos, los cuales parecían dos luces moribundas, se clavaban en mí no podía tener la certeza, pero mi cuerpo me avisaba que ese ente me estaba observando cuando hice un leve movimiento con los pies, el cual hizo ruido entre las hojas otoñales. Los ojos desaparecieron detrás del tronco que le servía como refugio. Estaba impresionado. No sabía qué hacer, quería irme, pero también sentía una extraña curiosidad ante eso lo desconocido, algo que no sabía qué era. Antes de moverme de nueva cuenta, los ojos de ese ente reaparecieron. Ahora su cabeza se asomaba en mayor medida. Pude ver algunas de sus facciones. Tenía una nariz horriblemente alargada, sus ojos estaban hundidos en sus cuencas. Tenía una frente enorme y desproporcionada al resto de su cabeza y en ese momento un escalofrío recorrió mi piel por completo. De pronto no sentí más curiosidad. No quería saber de qué se trataba a ese pequeño y horrendo ente solamente quería salir corriendo de ese bosque. Al tener ahora más información sobre su cara, estaba seguro de que esa cosa era diabólica. Era un ente maligno que me observaba mientras los últimos rayos de sol desaparecían por encima de nosotros y nos dejaban a solas en medio de la oscuridad. En un bosque inhóspito, yo y ese ente demoníaco, ese ente que seguramente quería hacerme daño, me eché a correr en dirección contraria a este ente. Corrí lo más rápido que en ese momento. Mis piernas me permitían el miedo. Me hacía sentir que iba lento como entumecido, como si pensara que en cada paso esa cosa llegaría por mi espalda y me conseguiría corrí hasta que ya no tuve aliento. A pesar del frío, mis manos sudaban mientras sostenía el rifle estaba atemorizado y no quería tener que recurrir a disparar mi arma. Me daba terror a hacer ruido y que más de esas cosas aparecieran en mi búsqueda. No tenía certeza de que hubieran más de estos seres, pero llegué a pensarlo y una vez que lo consideré, ese pensamiento ya no salió de mi cabeza aún habiendo corrido tanto, estaba seguro de que ese ente no me había perdido todo el rastro, pues escuchaba como las hojas secas se revolvían a mi alrededor. No era el aire, pues sonaba diferente. Se escuchaba como algo pisaba y rompía los secos restos de los árboles a la distancia, poniendo atención a los sonidos de mi entorno. Caí en cuenta de algo que volvió a disparar mis alertas. Estaba desorientado. Me había alejado demasiado del claro en el bosque donde me había situado al inicio. Además, estaba en un área que no conocía, por lo que de por sí ya era fácil perderme corriendo sin alguna dirección. Hizo más fácil que esto. Empecé a escuchar. Leve susurros a mi alrededor, Tomé el rifre con fuerzas y estaba apretándolo demasiado sin darme cuenta. Los sonidos solamente me ponían más nervioso, pues eran un claro indicio de que estaba siendo acechado esa criatura. Me estaba vigilando desde la distancia y seguramente me podía ver, pero yo no tenía esa clara ventaja sobre mí. Pero aparte de eso, yo me había metido a su territorio, al lugar donde seguramente vivía y conocería como si fuera su casa. Creí ver algo moverse entre los árboles frente a mí. Entonces apunté con mi rifle, puse mi ojo derecho en la mida e intentaba distinguir algo a través de ella, pero solamente veía hojas volando y poco más, pues ya estaba oscuro y la visibilidad no es nada buena cuando no hay ninguna luz ambiente alrededor. Retrocedí y traté de ir hacia arriba subir las pendientes que iba encontrando, pues estaba seguro de que de esta manera llegaría a un punto donde vería las luces de la ciudad a la lejanía, aparte de que cuando recién llegué, empecé a bajar por ligeras inclinaciones para llegar hasta el punto donde me encontraba. De pronto recordé algo mi celular. Quizás no se me había ocurrido usarlo debido a los nervios repentinos del momento, pero podía consultar el GPS de mi dispositivo mor móvil o por lo menos eso es lo que creía, pues al intentar acceder al mapa y a mi ubicación desde la aplicación que, por defecto, viene en mi teléfono, algo pasaba. La pantalla se ponía en diferentes colores y actuaba como si alguien más lo estuviera manipulando, como cuando caen gotas de agua sobre la pantalla y ésta parece estar descompuesta. Lo frotaba contra mi ropa para limpiarlo y volvía a intentar, pero el teléfono estaba inutilizable. Ni el mapa, ni la aplicación de mensajes ni la de llamadas servían parecía estar totalmente descompuesto, cosa que no me había pasado con ese celular. Con anterioridad, en medio de mi recorrido por el bosque, me encontré con un árbol enorme. Era quince o veinte veces más grande que cualquier otro árbol. Era rarísimo verlo ahí, pues, parecía un roble de un ecosistema diferente al del bosque. El tronco tenía una coloración verdosa, la cual de principio pensé que era moho, pero después me di cuenta que la madera del enorme objeto era simplemente de ese color. No tenía nada pegado o incrustado, lo cual le estuviera dando esa tonalidad. Miré hacia arriba y vi las enormes ramas repletas de hojas, las cuales llegaban hasta donde mi vista alcanzaba a llegar. Rodeé el tronco y del otro lado del que me encontraba. Desde el principio vi una entrada de unos dos metros de alto. No era como tal una puerta o entrada, sino que era una abertura en la madera, dando lugar a un interior desconocido. Dentro de ese lugar encendí una linterna de bolsillo que llevaba y alumbré hacia adentro. Era extraño ver cómo la oscuridad ahí dentro parecía ser aún más espesa que afuera. Tenía sentido, pues debería de ser un lugar muy poco ventilado y encerrado, el cual bloqueaba cualquier entrada de luz posible. Me asomé un poco más y vi unas escaleras que iban hacia abajo como era posible. Parecía que alguien estuviera viviendo o construyendo una casa en ese lugar. Después recordé a esa cosa ese ente que me acechaba minutos atrás y pensé que probablemente él viviría ahí, lo cual volvió a erizarme la piel, pero no tenía mucho sentido. Eso se veía como un animal salvaje, algo que se esconde en los bosques si no se deja ver para haber tallado esas escaleras. Se necesitaría de instrumentos de carpintería especiales, incluso de maquinaria, pues desde mi posición y con la tenue luz de mi lámpara de bolsillo, no alcanzaba a ver el final de las escaleras. Los peldaños se perdían entre la espesura de la oscuridad, esa oscuridad absoluta que solamente dejaba que mi linterna alumbrara a unos pocos metros más allá, desde donde la sostenía me di la vuelta, pues no quería averiguar qué era lo que se encontraba debajo de ese espeluznante lugar y al girar noventa grados sobre mí mismo con con intern de seguir caminando y encontrar el fin de ese bosque maldito, él estaba ahí parado a unos cuantos metros de mí. Esta vez pude verlo de cuerpo completo. Era como de un metro de altura. Su piel parecía un carbón. Era absolutamente oscura. Sus ojos se clavaban en mí. Su mirada era intensa. No era ni un animal ni mucho menos una persona. Era algo totalmente desconocido. El susto me hizo dar un brinco hacia atrás, pero el suelo detrás de mí acabó y comenzaron los escalones caí rodando por las escaleras de ese árbol en un inevitable descenso hacia el final de los peldaños de madera tallados en el interior de un misterioso árbol verde y gigante en el medio del bosque. No sé si fue por un golpe o por el miedo que la situación y el encuentro me causaron, pero perdí la conciencia, me desmayé al pie de las escaleras. Tengo vagos recuerdos difusos de lo que pasó después, pero no sé si realmente se trata de recuerdos de algo que vi o simplemente de un extraño sueño que tuve después de golpearme y caer tan profundo en el bosque. Recuerdo haber visto todo desde una perspectiva onírica y borrosa, como unos seres igual al que me estuvo acechando me arrastraban por el suelo tirando de mis pies. Recuerdo haber visto fuego alguna especie de antorchas que colgaban desde las paredes. Eran cientos de ellos o por lo menos de cenas, y ese árbol era enorme en lo que debería de ser su interior subterráneo. Era como si esas criaturas hubieran construido ahí una especie de colmenas de las cuales solamente ellos tienen el conocimiento de cómo funcionan. Desperté a la orilla de la carretera al amanecer del día siguiente, un paramédico me revisaba y un coche estaba parado detrás del mío. Me ayudaron a levantarme y me revisaron en la parte trasera de una ambulancia. No sabía qué pasaba. Estaba desorientado. Me dijeron que tuve una fuerte contusión en el cráneo, pues seguramente me había caído y golpeado mi ropa y mi piel estaba cubierta de tierra fresca y de hojas. No dije nada de lo que vi, ni del ser ni del árbol, pero descubrí una marca en mi tobillo izquierdo parecía a la que hay en el tronco de algunos árboles de ese bosque. Esa marca me es la constancia de que todo lo que vi esa noche fue real. Hace ocho meses me mudé de ciudad pues había conseguido trabajo en una televisora importante de la región. El problema es que yo no conocía a la ciudad y después de varias semanas de estar buscando un departamento. Conseguí no exactamente eso, sino un cuarto en una vieja casa que quedaba a unos veinte minutos de las oficinas del trabajo. La renta de la habitación era económica en comparación de los demás más lugares que había visto hace días. Las fotos mostraban una casa bastante antigua. Las paredes parecían haber sido blancas, pero la humedad, suciedad y el paso del tiempo habían hecho que éstas adquirieran una tonalidad amarillenta. El techo, principalmente en la parte de la cocina, estaba bastante colgado, incluso abultado en ciertos puntos. Esto y otros detalles que delataban visualmente al lugar como una vivienda de mínimo cinco décadas de antigüedad. Era lo que yo, en un inicio pensé que justificaba el económico precio de la renta de la habitación disponible, pero hasta después me di cuenta que no era la vetusta apariencia del lugar, lo que ocasionaba que no muchas personas aguantaran quedarse ahí por un largo tiempo. Llegué al lugar a mediados de octubre, época del año en la que se supone que el calor deja de ser tan intenso, pero en el lugar donde empezaba a vivir, a medio día parecía seguir siendo verano. El calor era la extenuante la mayor parte del año, pero esta parte del país tiene la peculiaridad de que, así como el calor, dura más tiempo de lo que se podría considerar normal. El invierno es corto, pero intenso. Las fuentes de la ciudad se congelan en la mañana. El vapor de aire sale de las exhalaciones de las personas que transitan las aceras. Los coches suelen amanecer con una fina escarcha en toda la carrocería, pero es más evidente en los parabrisas, los cuales se vuelven blancos por el frío. Esos días aún no llegaban ni las madrugadas apenas y alcanzaban a ser templadas, pero tenía que prepararme para que dentro de unos treinta o cuarenta días el clima cambiara de manera drástica. Llegué a la casa, la cual sería en parte mía dentro de los próximos seis meses, pues era el mínimo de tiempo que el contrato estipulaba para comenzar con la renta. Sin embargo, tenía la esperanza de que ya adaptado a la ciudad después de mi estado. Ahí consiguiera renta en un lugar un poco más cómodo o quizás en un departamento completamente para mí solo. La señora Milly me dio la bienvenida al ingresar. Era una persona bastante amable, algo elocuente e incluso atenta a los detalles. La casa en sí no era algo desagradable, sino que, por su aspecto viejo, daba la impresión de valer menos que el resto de las casas del área, Pero con algunas remodelaciones, el lugar quedaría bastante bien como para ser vendido, por lo menos en el doble de lo que en ese momento valía, aunque no sabría calcular el precio aproximado de las reparaciones necesarias, pues los desperfectos podrían ser más profundos de lo que parecían y, por ende, más costosos. Me asignaron mi habitación, la cual se encontraba al final de un corto pero ancho pasillo frente a mi cuarto, el de otro inquilino Julián, quien era un estudiante de la universidad estatal, la cual quedaba cercana a la vivienda, a la izquierda de mi habitación, la de la señora Milli, la cual era ligeramente más grande que la mía y la de Julián, pues obviamente ella rentaría los dos cuartos secundarios y dormiría en la recámara principal. La primera noche ocurrió algo a lo cual no le tomé demasiada importancia, pues me encontraba muy cansado después del viaje de hacer algunas compras necesarias, desempacar e instalarme en la habitación. Escuché algunos aruñones por la parte posterior de la puerta de mi habitación. De principio pensé que era la señora o el estudiante tocando para preguntarme algo o quizás intentando entrar, pero al abrir la puerta y verde que o quien se trataba no pude ver a nadie. El pasillo estaba vacío. La puerta se abrió haciendo un rechimido de las bisagras que la sostenían, pero no había alguien que estuviera ocasionando el ruido, ese extraño ruido como de uñas flotándose contra la man de la puerta. Estaba seguro de que no había sido una ilusión mía, pues el acceso que daba a mi habitación y el que daba también al cuarto de Julián y al cuarto de Baño tenían algunas marcas la madera. Parecía que se había desprendido de ciertas partes de la puerta, principalmente en las áreas superiores e inferiores, y esto sólo era visible por la cara del objeto que daba hacia el pasillo, pues por dentro del cuarto no había señal alguna de deterioro. Minutos después me fui a acostar sobre el rígido colchón de la habitación. En medio de la madrugada me despertó el mismo sonido. Los aruñones que volvían a ser presentes por la parte del pasillo no me levanté ni siquiera le presté la atención que posteriormente empezaría a ponerle. Esa noche solamente me dormí, pues el cansancio me impidió levantarme. Esta situación continuó por los siguientes días. Era extraño, pero yo parecía ser la única persona que notaba el sonido, pues al preguntarle a Julián si escuchaba lo mismo que yo por las noches, él se negaba a mí Lli la veía muy de vez en cuando a veces pasaban días completos sin que nos topáramos en alguna parte de la casa. Pero en una ocasión le pregunté a ella lo mismo que a Julián. Sin embargo, la actitud de la señora se tornó un tanto extraña En ese momento me dio la impresión de qué. En efecto, ella sabía que era lo que producía los sonidos de raspones en la puerta de mi cuarto, pero que intentaba no decírmelo. Sin embargo, no fui muy insistente con el tema y permití que la señora no me diera una respuesta clara, pero tampoco iba a quedarme sin saber qué era lo que ocurría. El trabajo en la televisora era relativamente sencillo. Era técnico. Me encargaba de verificar que las conexiones de video y audio fueran correctas al momento de grabar o transmitir los programas. El horario era algo complicado, pues salía a las doce de la madrugada y cuando volvía al departamento solamente llegaba a dormir. A veces llegaba tan cansado que no sabía si los extraños ruidos que escuchaba eran parte de la casa o de mi percepción. Al estarme quedando dormido en una ocasión, salí algo más temprano de lo que acostumbraba. Siempre entraba por una puerta que lleva directo a mi habitación y no por la puerta principal, la cual dirige a la sala de la casa. Me quedé unos segundos parado en la calle frente a la puerta de mi cuarto, pues no encontraba las llaves en mi mochila. Luego empecé a escuchar un rascar muy fuerte, más que el de las ocasiones anteriores. Este parecía estar haciendo que la madera de la puerta desprendiera pequeños pedazos de madera. Me apresuré a encontrar la llave de dentro de la mochila, pues el sonido se intensificaba cada vez más y estaba seguro de que en esta ocasión esto no era una percepción mía por el cansancio o o o el sueño encontré las llaves, pero estaba seguro de que lo que sea que estuviera haciendo el sonido se daría cuenta de mi presencia. Si me metía de golpe y de manera abrupta por la puerta. Cabe de resaltar que la puerta que se escuchaba raspar no era la que daba del cuarto a la calle, pues ésta era de metal, aunque también tenía visibles algunos aruñones por la parte de arriba la que pega al techo. La puerta en la que se escuchaba el constante e insistente ruido era la que daba del cuarto al corto y ancho pasillo del área común de la casa. Quería saber qué era eso, si era alguna clase de plaga de ratas u otra cosa que estuviera rollendo la madera de manera incesante y se escondía al percatarse de la presencia de alguien, al saber que haya un par de ojos que están buscando el motivo de ese extraño sonido, por lo cual tomé lentamente las llaves, siendo especialmente cuidadoso en que éstas no chocaran entre sí y produjeran el típico sonido metálico que hacen estos pequeños objetos. Envolví el pequeño y punzante objeto metálico con mis dedos y poco a poco fui introduciéndolo en la cerradura. Llegaría un momento en el que el picaporte de la puerta haría un sonido cuando quitara el seguro. Pero para eso pensaba estar preparado y abrir rápidamente la puerta para cruzar la habitación y abrir ese otro acceso que da al pasillo y descubrir qué es lo que causaba ese peculiar sonido. Logré hacerlo lo mejor que pude en segundos que seguramente hubieran marcado un tiempo récord Al llegar a la puerta, tomar la perilla y girarla rápidamente de nueva cuenta, no vi nada cuando mis ojos se dirigían al suelo y al ángulo de la puerta que roza con este mismo, pero miré hacia arriba. No estoy muy seguro de lo que vi. Solamente me percaté de algo. Una sombra que se desplazaba por el techo del pasillo y el cual se fue a esconder a algún punto de la cocina era demasiado rápida. No sé de qué manera algo se podría desplazar de esa manera, pero algo era seguro eso no eran ratas. Con un paso precavido y muy calmado, fui hacia la cocina, donde pensé que esa cosa se había ocultado. No estaba seguro de que es lo que me iba a encontrar ahí. Ni siquiera sí quería ver que era eso. Quizás era mejor que esa cosa siguiera rollendo la puerta hasta que se canse. Si eso es lo que hacía todas las noches, tal vez no era tan malo simplemente dejar que eso siguiera rascando la puerta, pero por qué lo hacía, qué es lo que quería conseguir. Quizás son esas las preguntas que me incitaron a caminar por el pasillo y estar dispuesto a encontrarme con lo desconocido. Al terminar el pasillo y dar la vuelta hacia la cocina, no vi nada más que a la señora Milli. Estaba haciendo algo con una tetera que llevaba en la mano. Me dijo que no se dio cuenta. Cuando llegué me miraba de manera extraña como tratando de evadirme como si estuviera incómoda o como si tuviera que atender algún asunto de urgencia en ese preciso momento. Pero en lugar de eso se viera obligada a hablar conmigo. Su mirada era desconcertante. Estaba como desviada. No parecía estarme viendo a mí. Me aterraba y no sabía qué era lo que vi ni a donde había ido. Le pregunté a ella si no escuchó los sonidos del pasillo y me dijo que no parecía estar extrañada de que algo estuviera haciendo ruido en ese momento, pues ella negaba haber visto o escuchado algo. No quise seguir indagando en eso, por lo que volví a mi cuarto y cerré la puerta con seguro. Me acosté en la cama y segundos después el pomo de la misma puerta empezó a girar. Fue solamente un par de veces. Luego hubo silencio absoluto. Me preguntaba en ese momento, si Mill quería decirme algo, si había olvidado comentarme alguna situación y por eso había ido detrás de mí, pero decidí no abrir la puerta, pues estaba asustado y esa señora empezaba a causarme escalofríos. Su mirada me inquietaba y su sentido de negación en todo momento a lo que ocurría y lo que se escuchaba. Era imposible que ella no hubiera escuchado los sonidos de la madera. Siendo rascada. Estaba seguro de que me estaba ocultando algo, además de que vi claramente como un bulto oscuro, se desplazaba por el techo hasta llegar a la cocina. Milly no podía estar ignorando todo eso. Era seguro que en esa casa sucedían cosas que la señora quería ocultar. El sonido era puntual. Empezaba todas las madrugadas y si no le hacía el menor caso seguía durante casi toda la noche. Si me ponía a abrir la puerta buscando que era lo que ocasionaba el ruido, entonces se detenía. Después de unas dos o tres veces de intentar descubrir de qué se trataba. No podía seguir con ese extenuante ritmo de mal sueño. Me empeñó pepezaba a afectar en más de un ámbito de mi vida cotidiana. A veces estaba quedándome dormido en el trabajo, cuando de pronto escuchaba el roído de la madera en mis oídos, como si estuviera dentro de esa habitación. Luego despertaba exaltado y casi aterrorizado, cosa que las personas de mi entorno notaban y cada vez era más difícil crear pretexto sobre mi estado de salud físico y mental. La excusa del mal sueño parecía no ser suficiente, pues mi paranoia aumentaba. Sentía que por las calles la gente me veía al unísono, al estar en un momento de soledad en algún lugar público o cuando el silencio se volvía nítido, volvía a escuchar la madera de la puerta, siendo incesantemente rascada. Volteaba a todos lados para ver de qué se trataba, pero no había motivo del sonido que me era audible. Era todo parte de mi imaginación. No sé si por la falta de sueño o por algún otro factor extranormal. Recuerdo claramente la comparación de esta historia y quizás nunca vaya a olvidarla. Es curioso, como no puedes intentar olvidar algo, pues de esa manera piensas más en ello. Quizás el sonido de la madera rascada nunca se vaya de mi cabeza, pues a veces sigo escuchándola, aunque a día de hoy todo haya terminado, o por lo menos eso es lo que creo. Me dieron tres días de incapacidad laboral, pues estaba empezando a enfermarme. Me quedé en la casa, pero todo estaba muy en silencio. Y después de un rato del primer día en el que no fui al trabajo, caí en cuenta que hace varias semanas que no veía a Julián. Al principio solía encontrarlo en el corto pasillo al que da la puerta de las habitaciones. Pero fue hasta la vez en la que pasé más tiempo en la casa cuando me puse a pensar en su ausencia. Su puerta estaba siempre entreabierta y entre el acceso y la pared Podía ver su cuarto. Ahí estaban sus cosas. No se había ido. Pensé que algo le había pasado, pero pero luego or traté de convencerme de que solamente nuestros horarios no coincidían. Aunque seguía siendo sumamente extraño no tener ni rastro de movimiento suyo de día o de noche. El segundo día noté que la señora mil salía y entraba de la casa de manera apresurada. Luego se ausentó toda la tarde, al igual que lo hizo el día uno de mi incapacidad di por hecho, que esto también sucedería en el tercer día. Entonces creí tener una oportunidad que no se me iba a volver a presentar posteriormente, entrar a su habitación y hurgar en ella su modo de actuar y de hacer como si nada estuviera pasando. Era muy extraño y para este punto estaba seguro que ella escondía algo por algún lugar de la casa. Ese lugar no podía ser otro que aquel en el que solamente ella tiene acceso su habitación. La casa en renta era de acceso libre para los inquilinos, pero en el contrato de arrendamiento, venía específico el no entrar a la vida de la propietaria de la casa, lo cual pareciera de buenas a primeras, una medida de seguridad y privacidad. Pero llegados a este punto y habiendo visto y escuchado las cosas que yo mismo vi y escuché, no solamente resultaba en una medida preventiva, sino que más bien daba la impresión de ser una traba de dudosa finalidad. Estaba pensando mal todo este tiempo de la señora Milly, O es que, en realidad tenía razones para poner en duda sus intenciones con los inquilinos del lugar. No podía decidirme por una respuesta. Entonces me convencí de que solamente lo sabría de una manera entrando en su cuarto después de verla algo alterada e incluso distraída. Aproveché tal estado anímico de la mujer, pues empezaba a descuidar la privacidad de su lugar. Seguro, estuvo dejando el cuarto sin llave. No sé si simplemente por descuido o porque pensaba que en el transcurso del día yo no estaba ahí. Los dos días anteriores, a esto, ella y yo no habíamos cruzado palabra alguna y creo que ni siquiera alcanzamos a vernos en algún punto de la casa. Quizás es esa la razón por la cual ella pensaba que yo no me encontraba ahí. Salí al pasillo corto, ese que une las tres habitaciones y el cuarto de baño con el área común. Las puertas estaban emparejadas y me di cuenta específicamente en ese momento de que la puerta del cuarto de Julián ya no estaba era como si se la hubieran llevado desde las bisagras la puerta del cuarto de baño y la de mil y estaban casi intactas, quizás algo consumidas por el paso del tiempo, pero a diferencia de la puerta de mi habitación, ésta estaba casi consumida por completo. De la parte de arriba parecían faltar unos pocos milímetros para que la madera fuera tan delgada como para asomarse. Por ahí por donde yo estaba seguro de que todas las noches se roía este objeto que me separaba al dormir de los oscuro y aterrador pasillo de paredes amarillentas y techo colgado la puerta emparejada de la habitación de mil y dejaba ver el interior mucha ropa y cosas en su cama, un ropero lleno de algunas otras pertenencias zapatos más de los que parecía poder obtener que usar una persona tenis de todo tipo deportivos, botas, entre otras cosas, todo bañado por una luz rosa que entraba desde la ventana y adquiría este color debido a la cortina que filtraba la luz del día, abrí la puerta del todo el lugar estaba repleto de cosas sábanas, cobijas, maletas, pertenencias que parecían ser de otras personas relojes de muñeca, camisas, corbatas, faldas vestidos y una infinidad de prendas amontonadas en sillas y en casi cualquier superficie donde se pudiera acomodar algo sin caerse al suelo. Abrí el ropero y ese fue el punto de inflexión donde mi vida cambió, donde mis sospechas de la señora mil se hacían realidad. Por unos segundos traté de convencerme de que lo que veían no era algo real, sino simplemente objetos, tal vez de decoración o algún tipo de utilería. Pero la verdad no era esa. La verdad era que el Clósette mill estaba repleto de cráneos humanos, por lo menos una docena de ellos, cráneos más o menos del mismo tamaño, casi intactos en fila uno detrás de otro y a los laterales de estos mismos. Salí corriendo de la casa sin siquiera recoger mis cosas y llamé a la policía. Las autoridades llegaron al lugar. Después se pusieron a buscar a la señora, pero nunca la encontraron. Días después de acordonada el área y de investigar los restos óseos que la señora conservaba en la intimidad de su hogar, los médicos forenses comunicaron que uno de los cráneos que estaban en el armario era de Julián. Algunos de los restos de él y de otras dieciséis a peles personas fueron encontrados ahí más las pertenencias de estos mismos. Todo este tiempo estuve viviendo con una mujer que coleccionaba los huesos de sus inquilinos y la cual nunca fue encontrada por la policía. Su descripción física era muy específica. Era una señora de clase media, no tenía la manera ni los recuersos de desaparecer del país. Es por eso que su ausencia es un enigma tan confuso. Después de que ocurriera todo esto y de conseguir un departamento para mí solo donde no tuviera que compartir el lugar con otros inquilinos, me quedan no solamente la duda de que fue de la señora mill sino también de que era ese extraño ser que rasgaba las puertas de la casa por las noches. Ese ente que parecía caminar por el techo. De ahí la razón de que éste estuviera tan colgado de saber que hubiera pasado. Si esa cosa hubiera terminado de roer mi puerta, quizás hubiera tenido el mismo destino que Julián a manos de ese oscuro ente, el cual parecía ser el ayudante principal de la señora mill Relatos escritos y adaptados por Lis Rayón