Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / La Caja Maldita Del Alux Historias De Terror - Voces De La Noche
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- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más. Comenzamos cuando tenía diez años, solía pasar mis veranos en el Pintoresco, pueblo donde vivía mi abuela materna. Mi lugar favorito en el mundo entero era aquel rincón mágico donde compartía momentos inolvidables con mi amiga Liliana. Juntas explorábamos los bosques, nadábamos en el río y buscábamos lombrices en el jardín de mi abuela. Pero un verano, cuando llegué al pueblo, todo cambió. Me encontré con una desagradable sorpresa. Mi mejor amiga, Liliana, se había mudado con su familia a otro lugar y no volvería al pueblo. La tristeza de perder a mi amiga era abrumadora y no parecía encontrar a nadie con quien pudiera llenar ese vacío. Mi abuela me sugirió que hiciera nuevos amigos, pero mis intentos no tuvieron éxito. Me sentía sola y fuera de lugar, en un lugar que solía ser tan acogedor y lleno de alegría. Los lugares que solía visitar con Liliana parecían ahora sombríos y desolados. Un día decidí visitar la orilla del río, mi lugar favorito, donde Liliana y yo solíamos nadar y explorar. Sentada en una roca, miré el río y me lamenté por la ausencia de mi amiga. Estaba a punto de irme Cuando un brillo inusual atrajo mi atención. El brillo venía de algo que estaba medio enterrado en la tierra. Intrigada, caminé hacia la fuente de luz y comencé a desenterrarla con mis manos. Finalmente desenterré una pequeña caja de plata con grabados inusuales en su superficie. La caja brillaba cuando la luz del sol la alcanzaba como si estuviera esperando ser descubierta. Abrí la caja sin pensarlo mucho reveló su contenido. Una caja musical única y, en lugar de la bailarina típica que solía aparecer en cajas musicales, esta caja tenía en su interior una pequeña figura dorada de un duende. La figura estaba intrincadamente detallada y parecía estar hecha de oro. Quedé cautivada por la belleza y singularidad de la figura. Sin poder resistirme, le di cuerda a la caja y, de repente, una melodía peculiar comenzó a llenar el aire. La melodía no se parecía a ninguna que hubiera escuchado antes. Era hermosa y, al mismo tiempo inquietante. Enviando escalofríos por mi espalda. Estaba a punto de cerrar la caja. Cuando escuché un suave crujido entre los arbustos cercanos al río, mi corazón comenzó a latir con fuerza mientras me giraba hacia el sonido. En ese momento no sabía si era un animal, un pájaro o algo completamente distinto, así que permanecí quieta y mis ojos se fijaron en el arbusto que se movía. Pero después de un rato, el arbusto dejó de moverse, por lo que pensé que debía haber sido un conejo o cualquier animal pequeño, puesto que en el pueblo eran muy comunes de ver, por lo cual decidí no darle mayor importancia. Sólo cerré la caja y volví a casa de mi abuela. Al llegar a la casa de mi abuela, no pude evitar mostrarle la caja musical con la figura dorada del duende. Aunque estaba un poco cansada, mi abuela fingió interés en mi historia durante unos minutos antes de decir que se retiraría a dormir. Yo me quedé en la sala mirando la televisión por un par de horas. Antes de irme a dormir, estaba sentada en el suelo de la sala con la caja musical aún a mi lado, cuando de repente escuché algunos sonidos extraños que parecían provenir de la cocina. Eran como si alguien estuviera revisando todos los cajones y estantes. Al principio pensé que podría ser mi abuela, pero al voltear me di cuenta de que todas las gavetas y cajones estaban abiertos, no había nadie en la cocina y de inmediato caí en cuenta de que mi abuela no solía hacer ese tipo de cosas por su avanzada edad. Las gavetas más altas habían estado vacías durante mucho tiempo, ya que no podía alcanzarlas. Intrigada, me levanté y caminé hacia la cocina para averiguar qué estaba ocurriendo, pero, por más que lo intenté, no pude encontrar una explicación para lo que acababa de suceder. Estaba a punto de llamar a mi abuela para contarle lo que había ocurrido. Cuando de repente escuché algo. La tonada particular que había escuchado horas atrás era la melodía de la caja musical extrañada, corrí hacia la sala donde había dejado la caja y, para mi sorpresa, la caja musical ya no estaba en el piso, sino encima de uno de los sillones de la sala abierta y funcionando reproduciendo aquella tonada una y otra vez. Esto era muy extraño. No sólo recordaba haber dejado la caja en el piso, sino que la caja no reproducía la música. A menos que le dieras cuerda. Mis pensamientos se llenaron de confusión y miedo que estaba sucediendo cómo era posible que la caja funcionara sola. De repente me vino a la mente la idea de que mi tío, conocido por su sentido del humor, pudiera estar detrás de esta broma. Él era el único que tenía las llaves de la casa, de mi abuela y la estatura para alcanzar las estanterías. Su carácter bromista lo hacía querido por todos en el pueblo. Así que no sería extraño que hubiera planeado esta broma sólo por diversión. Cerré la caja y dije en voz alta como si estuviera cerca que gracioso, pero no me asustaste inténtalo de nuevo. Después de eso me dirigí a mi cuarto con mi caja musical en mano la coloqué sobre el ropero y agotada por los eventos inusuales de ns la noche, me quedé dormida. Poco después esa madrugada, mientras dormía, empecé a sentir como si alguien me jalara las cobijas en mi estado somnoliento. Pensé que era una simple cuestión de las cobijas deslizándose de mi cama, así que me limité a jalarlas de nuevo para cubrirme. Sin embargo, pronto me di cuenta de que no era un simple sueño algo o alguien estaba tirando de las cobijas desde el costado de la cama. La realidad se apoderó de mí cuando aquella melodía de la caja musical comenzó a resonar en toda la habitación. En ese momento estaba a punto de gritar para llamar a mi abuela, pero antes de que pudiera hacerlo, me di cuenta de que no estaba sola en la habitación. Mi abuela estaba ahí, pero su presencia era inquietante. Me dijo que tenía miedo y que quería dormir en mi habitación. Esa noche, mi abuela siempre había sido una mujer valiente que no retrocedía ante la adversidad, por lo que esta súbita muestra de temor me pareció extraña. Sentí su fría y helada mano acariciando mi mejilla y estaba a punto de asegurarle que todo estaba bien y que podía dormir conmigo. Pero entonces la mano que me tocaba empezó a sentirse mucho más pequeña y las palabras que salían de su boca no eran las de mi abuela y en su lugar, escuché risas siniestras que se mezclaban con la inquietante tonada de la caja musical. El miedo me invadió por completo. Me levanté de un salto y encendí la luz de la habitación. Mis ojos se abrieron de par en par y mis latidos resonaron en mis oídos. La caja musical estaba abierta y funcionando en una repisa alta, pero no había absolutamente nadie más en la habitación y la puerta estaba cerrada. Me quedé paralizada sin saber qué pensar o hacer. La caja musical, que en teoría debía estar cerrada y sin cuerda, seguía reproduciendo esa tonada inquietante. Mi mente de prada se llenó de preguntas y miedos. Qué estaba ocurriendo en la casa de mi abuela, por qué mi abuela estaba actuando de manera tan extraña o siquiera si esa cosa había sido mi abuela y lo más inquietante de todo, quién había activado la caja musical. La habitación estaba en un silencio escalofriante, interrumpido sólo por la persistente melodía de la caja musical que seguía resonando. La caja estaba abierta y funcionando en lo alto de la repisa y mi mirada se aferraba a ella como si esperara que ésta revelara el misterio. Detrás de los acontecimientos inexplicables que habían ocurrido, me quedé mirando la caja, tratando de entender lo que había sucedido. La puerta de la habitación seguía cerrada y no había nadie más en la habitación. La presencia de mi abuela había desaparecido. Mi mente estaba llena de preguntas y miedos y la melodía, en lugar de calmarme, sólo aumentaba mi ansiedad. Finalmente decidí cerrar la caja musical, como si eso pudiera detener la extraña música y poner fin a la inquietud que se apoderaba de mí. Cuando la tapa de la caja se cerró. La melodía cesó abruptamente, dejando un silencio aún más inquietante. Me senté en la cama tratando de tranquilizarme, pero mi mente estaba llena de pensamientos confusos y no sabía qué hacer. A continuación, había algo inusual en la caja, algo que trascendía lo que yo podía comprender. Las noches siguientes estuvieron marcadas por episodios similares. La caja musical se activaba de forma misteriosa, siempre en medio de la noche y una presencia desconocida parecía visitarme. La sensación de no estar sola en mi propia habitación me llenaba de inquietud. Las noches sin sueño y la persistente melodía me tenían agotada, pero también había algo en esto que me atraía, algo que me impulsaba a descubrir la verdad detrás de esta extraña caja y las mis s sns visitas nocturnas. Siempre he adjudicado esto a la inocencia infantil que tenía en ese tiempo. Una noche, mientras se hacía despierta en la oscuridad, decidí enfrentar mi temor. Esperé en silencio, observando la caja musical como si respondiera a mi desafío. La caja se abrió por sí sola y la melodía llenó la habitación una vez más, pero esta vez decidí no huir y me quedé quieta y observé. Fue entonces cuando algo increíble sucedió. Una pequeña figura no más alta que un niño, apareció en la repisa al lado de la caja. Tenía una apariencia traviesa y una sonrisa juguetona en su rostro. No había duda de que era una lux una criatura mágica de la mitología mechica. Lo sabía porque mi abuela paterna, la cual era muy creyente de esas cosas. Me había contado de ellos muchas veces a lo largo de mi joven vida. El Alux se acercó a la caja musical y comenzó a moverse al ndo ritmo de la melodía. Parecía encantado por la música. Me sentí abrumada por la sorpresa y la curiosidad. Sin dejar de mirar a la lux le pregunté quién eres y por qué estás aquí. El Alux se detuvo y me miró con sus ojos entelleantes habló en un susurro melodioso, como si la música misma fuera su voz soy una lux me respondió sin dejar de mover los pies. No sé por qué lo hice. Tal vez es la cierta superioridad con la que nos educan a los humanos. Ya saben como si fuéramos los protagonistas y las criaturas a nuestro alrededor fueran sólo instrumentos, pero recuerdo bien que acerqué mi mano para acariciarle las orejas, pues se veían muy grandes y extrañas. Sin embargo, antes de que pudiera hacerlo, este pequeño ser me mordió tan fuerte que me sacó sangre. Aún en la oscuridad pude ver cómo esa cosa. Tenía mi sangre en sus labios y después me negó con la cabeza, dándome a entender que no lo volviera a intentar. La habitación estaba sumida en la oscuridad con sólo la inquietante melodía de la caja musical llenándola con su sonrisa Juguetona seguía danzando alrededor de la repisa y sus ojos negros centellaban con malicia. Mientras me observaba, a pesar de mi miedo, no pude apartar la mirada de la lux Me sentía atrapada por él y su presencia mágica. El ser se acercó a la cama y habló en un susurro melodioso. Has perturbado un equilibrio antiguo al abrir mi caja humana. Ahora debes enfrentar las consecuencias. Mi corazón latía con fuerza mientras trataba de comprender lo que estaba sucediendo, qué había liberado al abrir la caja y qué tipo de consecuencias tendría que enfrentar. El Alux se detuvo frente a mí y, de repente, sus risas se volvieron más siniestras. La melodía de la caja ha invocado a los guardianes de la naturaleza, pero no todos somos a mis rueda. Algunos de nosotros somos protectores feroces de la tierra y tu intrusión nos ha enfurecido. La habitación parecía llenarse de sombras. Mientras en la lux hablaba pude ver movimientos inquietantes en las esquinas de la habitación como si otras criaturas mágicas estuvieran acechando en la oscuridad. Casi por instinto y también porque no sabía qué otra cosa hacer. Baté la caja. Tengo un recuerdo borroso de mí diciéndole a ese Alux que se llevara a su caja porque yo no la quería. Pero a día de hoy no estoy segura de que siquiera fuera capaz de hablar en ese momento. Sólo sé que eso no sirvió, pues esas presencias, que parecían salir de todos lados de mi habitación seguían ahí y ahora que podía verlos, me daba cuenta de que eran auxes. La habitación estaba llena de tensión y al Ux continuaba mirándome con sus ojos malignos, Sus risas siniestras llenaban el aire y las sombras en las esquinas parecían moverse con una amenaza palpable. La melodía de la caja musical resonaba incesantemente. En un momento pensé que quizás si cerraba la caja, ellos se irían, puesto que realmente parecía que les gustaba. Así que rápidamente la recogí del suelo. Mis manos temblaban mientras buscaba desesperadamente una solución. La presión en la habitación era asfixiante y sabía que no podía darme el lujo de fallar. Pero, por más que luchaba, la caja musical seguía reproduciendo su tonada inquietante. Parecía que algo o alguien no me permitía cerrarla en algún punto. Por la desesperación, la puse al revés para que de esa manera pudiera cerrarla, usando todo mi peso sobre ella, lo cual, para mi alivio, pareció funcionar. Después de cerrar la caja musical y detener la melodía, la habitación quedó en silencio y las sombras en las esquinas parecían retroceder ligeramente. En la lux, aunque seguía mirándome con desprecio, pareció menos amenazante. El Alux habló de nuevo, pero su voz ya no era tan tenebrosa como antes. Has evitado que la melodía continúe llamando a los guardianes de la naturaleza, pero aún debes enfrentar las consecuencias de tu imprudencia. Los aluxes no perdonan a quienes perturban su equilibrio. Las sombras en las esquinas de la habitación parecían agitarse como si estuvieran inquietas, pero no tan amenazadoras como antes. Sabía que mi acción sólo había detenido temporalmente su furia y que tendría que enfrentar las consecuencias de mi atrevimiento. El Alux continuó deberás pagar por lo que has hecho, aunque aún no sabes cuál será el precio de tu imprudencia. El tiempo dirá cuál será tu destino. Mis pensamientos se llenaron de incertidumbre. Mientras la Lux me miraba con sus ojos oscuros. No sabía cuál sería el castigo por mi imprudencia, ni cuándo o cómo se manifestaría, pero al menos no se trataba de daño físico. Las sombras en las esquinas de la habitación seguían presentes, pero ya no parecían estar tan decididas a avanzar hacia mí. El Alux se mantuvo cerca. Su sonrisa malévola. Nunca desapareció por completo, pero su mirada era menos intensa. El tiempo pasó y la habitación seguía cargada de tensión, pero al menos ya no me sentía en peligro físico. Sabía que mi destino estaba en manos de estos seres malvados y que tendría que enfrentar las consecuencias de mi acto sin saber cuándo ni cómo se manifestarían. Para los que se preguntan él por qué nunca me deshice de ella. Lo intenté un sin número de veces y de todas las formas imaginables, pero sin importar lo que yo hiciera. Siempre volvía a aparecer en mi cuarto, intacta y perfecta, como si nada hubiera pasado. El tiempo pasó y las sombras en la habitación continuaron. Su danza inquietante en la lux per amaneció cerca y su sonrisa malévola nunca desapareció por completo, aunque seguía siendo una presencia amenazante. Poco a poco notaba que ya no se acercaba mucho, o incluso había días enteros en los que no los veía. Días se convirtieron en semanas y finalmente, las sombras en las esquinas de la habitación comenzaron a desvanecerse. La tensión en el aire se disipó gradualmente y la melodía de la caja musical nunca volvió a sonar por sí misma. La vida volvió a la normalidad, pero nunca pude olvidar la experiencia aterradora que viví en la casa de mi abuela. Los aluxes me habían asustado recordando la importancia de respetar la naturaleza y sus misterios, si bien nunca supe cuál fue el castigo que me esperaba. La lección sobre el equilibrio de la naturaleza quedó grabada en mi mente el verano llegó a su fin y regresé a casa con una nueva apreciación por el mundo natural que me rodeaba y nunca volví a abrir la caja musical y en su lugar la guardé en un lugar de la habitación, aunque mi historia no termina ahí, puesto que cuando tuve la oportunidad, le conté a mi abuela Paterna todo lo que me había ocurrido, y no sólo si me creyó, sino que también llegó a una conclusión la cual les quiero compartir. Ellos jamás planearon hacerme nada, y es que esas criaturas les encanta hacer sufrir a los humanos, les juegan bromas y les esconden sus cosas. Por ende, mi abuela me dijo que lo más probable era que ellos dejaran la caja musical ahí para que alguien la encontrara y después molestarlo un poquito. Era por eso que, aunque iban a asustarme, jamás me hicieron daño real, salvo cuando cometí el error de ofenderlo al tratar de acariciarlo como si fuera un cachorro el verano siguiente. Se podría decir que lo comprobé, puesto que al llegar a la casa de mi otra abuela, me di cuenta que la caja musical ya no estaba ahí. Pregunté por ella, ya que, aunque no planeaba abrirla, si quería llevársela a mi abuela paterna, pero mi abuela me dijo que no recordaba ver algo así, por lo que asumo que se la llevaron y quizás hoy en día ésta está enterrada en alguna parte del pueblo. Relato escrito y adaptado por Lisa Hernández