Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / Jamás Debí Jugar A La Ouija Historias De Terror - Voces De La Noche
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- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más. Comenzamos buenas noches. Me llamo José Luis. Actualmente tengo la edad de treinta y seis años. Comenzaré a compartir la siguiente historia de cuando cometí el error de jugar la hija como un acto de adolescentes inconscientes y todos los desenlaces terribles que traería a mi vida. Todo comenzó cuando me encontraba en tercero de secundaria. Desde niño. Siempre fui una persona bastante inquieta para poder corregir esto. Mis padres me metían a diferentes actividades. Desde muy chico. Practiqué natación, fútboll y también empecé a aprender a tocar el teclado cuando crecí y estaba en la secundaria, Lo único que practicaba era fútbol. Ahí conocí a grandes amigos que me acompañarían a lo largo de ella los lunes, miércoles y viernes. Al salir de la secundaria por la tarde me iba a mi entrenamiento de fútbol. No era muy bueno para la escuela sufrir regaños constantes de parte de mis padres, ya que prefería estar jugando o haciendo cualquier otra cosa. Todas las tardes. En los entrenamientos me encontraba a dos amigos, Pablo y Joaquín. Pablo era muy parecido a mí se atrevía a hacer muchas cosas peligrosas. Era un poco malo para la escuela y la verdad es que no prestaba demasiada atención. Digamos que con él me entendía perfecto, además de que los dos le íbamos al mismo equipo de fútbol, y eso hacía que la amistad fuera aún más fuerte. Por otro lado, Joaquín era muy diferente a nosotros. Era una persona muy miedosa y constantemente nos impedía que hiciéramos alguna que otra tontería. Por esto mismo es que muchas veces no lo invitamos a variar de las cosas que hacíamos. Pablo y yo nos daba miedo que nos acusara con nuestros padres y después tuviéramos problemas casi siempre. Pablo y yo nos separábamos de Joaquín al terminar los entrenamientos, pues nos íbamos por ahí a jugar o simplemente a perder el tiempo, y muchas veces él nos acusaba con nuestros padres, les decía dónde nos encontrábamos y lo que estábamos haciendo. No le tenemos miedo a nada. Éramos muy jóvenes y pensamos que nada nos podía pasar. Solíamos quedarnos hasta muy tarde en lugares muy solos. Incluso en alguna ocasión entramos a un panteón en la noche, así como no mediamos los peligros de estar hasta tarde fuera de casa. Tampoco le teníamos miedo a cosas paranormales como fantasmas o ese tipo de cosas. De hecho, constantemente le mentíamos a Joaquín acerca de que habíamos visto espíritus o cosas así, y él se creía todo, porque era un poco más inocente que nosotros. Pablo tenía muchos amigos por todas las ondas. Conocía a compañeros de muchos salones y se hablaba muy bien con ellos. Entre esos amigos tenía uno de otro salón, llamado Esteban. Él era el típico estudiante que se burlaba de los demás. Trataba de hacer menos a las personas y también se hacía el gracioso en las clases. A mí me caía muy mal, pero tenía que soportarlo alguna que otra ocasión por Pablo, los padres de Esteban eran muy diferentes a los de nosotros. Los dejaban ir a cualquier lado y hacer cualquier cosa. Prácticamente no nos regañaban, incluso a pesar de que reprobaba constantemente las materias. Es por esto que en alguna ocasión, al salir de la escuela, Esteban nos invitaría a Pablo y a mí a ir a su casa. Nos dijo que nos tenía una sorpresa, pero que no podíamos decirle a nadie. A nosotros nos pareció interesante. Nos atrevíamos a muchas cosas, así que no pensamos que fuera algo tan malo. Salimos de la escuela y nos fuimos a la casa de Esteban. Estaba bastante cerca de la escuela. Quizá a unos quince minutos caminando estuvimos jugando fútbol un poco afuera de su casa. Después nos invitó algo de comer y por fin entramos. Cuando entramos, nos percatamos que no había nadie. Sus padres, al parecer, habían salido a comprar algunas cosas y no regresarían hasta más tarde. Así que había una casa sola con tres adolescentes, que era lo peor que podía pasar. Al poco rato nos llevó hasta su cuarto. Nos sentamos en un par de sillas que tenía y él se sentó en el piso. Nos comentaba que no estábamos preparados para lo que estábamos a punto de ver y cosas por el estilo. La verdad no esperábamos demasiado de todas esas promesas, pues solía ser bastante charlatán y constantemente nos jugaba bromas o nos mentía sobre algunas cuestiones. De pronto para nuestra sorpresa, se dirigió hacia su cama, levantó un poco su colchón y sacó algo l debajo de él. Era una especie de tablero, algo rectangular de un tamaño mediano. Nos decepcionamos un poco porque pensamos que habíamos confirmado lo que habíamos pensado y nos había mentido o nos había estafado. Pensamos que era un juego de mesa o algo así. Yo ya había escuchado hablar acerca de la hija. Sólo sabía que era un tablero que se movía por sí solo al parecer, por alguna fuerza fantasmal o algo así. No tenía demasiada información. Tampoco sabía cómo se activaba o cómo se usaba, y mi amigo Pablo, al parecer tampoco, pero Esteban al parecer sabía lo que hacía o eso creímos. Él nos platicó que la había encontrado entre las cosas de su padre. Al parecer, había estado averiguando qué cosas tenía cuando era joven y se encontró con eso. Había escuchado que era una tabla para comunicarse con los muertos y eso le parecía bastante interesante, pero no podía compartir con muchas personas aquel descubrimiento y ons como dije, por su comportamiento no tenía demasiados amigos, así que decidió decirnos a Pablo y a mí de eso. Cuando platicaba con su papá éste le contaba muchas de las aventuras que hacía de joven y una vez le habló de cómo había jugado con la hija, con sus amigos, pero que no había sucedido nada. Solamente había sido una pérdida de tiempo. Aún así, a Esteban le entró la curiosidad y es por eso que buscaría en las cosas de su padre hasta dar con el tablero. Le había hablado incluso acerca de algunas palabras que utilizaron sus amigos y él para tratar de conseguir algo, ya que para el señor era una anécdota un tanto graciosa y no pensó que su hijo fuera a realizar lo mismo. En fin, nos sentamos en la mesa y decidimos seguirle el juego a Esteban y tratar de comunicarnos con personas del más allá. Comenzó a decir algunas palabras claves. Al parecer sabía muy bien lo que hacía, o eso parecía nosotros comenzamos a burlarnos, ya que se nos hacía bastante graciosa. La escena se molestó con nosotros y nos pidió que tuviéramos un poco más de respeto por las personas que habían muerto. Al parecer, se estaba tomando muy en serio todo eso. Bueno, dijo las supuestas palabras de apertura que más bien parecía cualquier tontería Antes de comenzar, él se había encargado de apagar la luz y poner una que otra vela alrededor de la mesa. Para este punto Pensamos que nos estaba jugando una broma o algo así que no pasaría nada y al otro día le diría a toda la escuela que nos asustó porque así era él. Al finalizar su supuesto ritual, vimos que no había pasado nada, así que decidimos soltar algunas risas y le hicimos saber que no podría jugarnos ninguna broma. Estaba muy molesto. Realmente creía que todo eso era serio y nos lo debíamos tomar de mejor manera. Extrañamente, entre todas esas risas y burlas que el ambiente se empezó a comportar de una manera más extraña. Sentimos como una corriente de aire se movía alrededor de nosotros. Quizá era su gestión o simplemente que sus padres ya habían regresado. Eso pensamos, comenzamos a sentir un poco más de frío. Era una casa bastante grande, así que supongo que era normal que hiciera frío, pero no demasiado. Las cosas fueron empeorando cuando de pronto se fue la luz. Había recorrido las cortinas del comedor y, como ya era, un poco más tarde lucía un poco obscuro donde nos encontrábamos. Pablo y yo sentimos que se trataba de una simple coincidencia, pero Esteban estaba convencido de que eran los espíritus que se estaban haciendo presentes un tanto más molestos y nerviosos. Le reclamamos acerca de todo eso. Seguíamos pensando que se trataba de una broma, pero era más nuestro miedo el que ya estaba comenzando a salir, ya que literalmente no habíamos mando era en la que él estuviera provocando todo eso. Era muy extraño. Compartíamos la misma edad, pero parecía que Esteban no tenía miedo. Es más, era como si le gustara el que estuviera pasando todo eso. Así que nos asustamos un poco más al ver su reacción y decidimos que era hora de irnos en los días posteriores a lo sucedido. Pablo y yo decidimos no hablar mucho al respecto, pero Esteban ya lo había divulgado a toda la escuela. Exageró mucho la historia y dio muchos detalles que no ocurrieron, como que se había parecido un fantasma o que yo había sufrido un desmayo. Gran parte de la escuela le creyó y comenzó el rumor de que yo era un miedoso y que él era la persona más valiente. Todo esto llegaría hasta los oídos de nuestro otro amigo, Joaquín, que hizo como si no supiera nada. Ni siquiera nos preguntó o comentó algo al respecto. Pablo y yo teníamos miedo de que otra vez fuera a acusarnos con nuestros papás y hubiera problemas, ya que, como la gran mayoría de los padres, los míos eran bastante creyentes de la religión católica y para ellos sería imperdonable que su hijo estuviera metido en todas esas cosas del tablero hija. Tanto fueron las burlas hacia mí en los días siguientes por ser el chico miedoso que se desmayó que decidí retar a Esteban a que lo intentáramos una vez más. Quería que en esta ocasión hubiera más testigos de que él era el miedoso o que simplemente no pasaba nada con su supuesto juego, Así que lo confronté y le exigí que probáramos una vez más a ver qué pasaba. Pero esta vez no sólo Pablo Iría con nosotros, sino también Joaquín. Fue muy complicado convencer a este último acerca de que nos acompañara a casa de Esteban. Realmente no se llevaban muy bien y lo tenía en un pésimo concepto. Así que tratamos de buscar la manera de que, en base de engaños, convenciéramos a Joaquín de de de que nos acompañara a la casa de Esteban y lo conseguimos. Una tarde de esas en las que teníamos entrenamiento de fútbol antes de llegar dije que me sentía un poco mal y que quería irme a casa, pero que no habría nadie que pudiera llevarme al médico. Tenía que ir a la casa de alguna tía. Pablo ya sabía acerca de toda esta mentira, pero Joaquín no tenía ni la más mínima idea de que era realmente lo que sucedía. Nos desviamos un poco y tratamos de llegar a la casa de Esteban. Él ya nos esperaba ahí. Como Joaquín no conocía a su casa, fue fácil engañarlo hasta llegar ahí. Cuando llegamos, tocamos y nos abrió la puerta rápidamente, sujetamos a Joaquín de las manos y lo metimos a la fuerza a la casa. Comenzó a llorar, ya que realmente se sentía traicionado por nosotros, pero para mí era más importante que él estuviera presente y así poder recuperarme de todos los chismes y las cosas que había dicho Esteban. De mí pasamos al comedor y comenzamos a platicarle a Joaquín lo que había sucedido. La primera vez. Con mucho miedo trató de irse unas cuantas veces, incluso amenazó con que le diría a nuestros padres, pero al final pensamos que de todo lo que se hablaba en la escuela algún día tendrían que enterarse, así que no le dimos demasiada importancia de nueva cuenta. Esteban fue por el tablero y comenzó a decir las mismas palabras que aquel día cerró las cortinas, prendió las veladoras y puso el tablero justo en el centro de la mesa. Esta vez apagó las luces. Dijo que así se manifestarían aún más los espíritus y de cierta forma, esto me dio más tranquilidad, ya que así no sucedería lo del otro día. Esta vez no sucedería absolutamente nada en todo el rato que nos encontramos ahí. Lo único que pudimos observar y notar en el ambiente era como Joaquín tenía mucho miedo. Pablo se encontraba muy a la expectativa de nueva cuenta, se lo estaba tomando muy en serio y yo estaba muy molesto porque quería que algo sucediera y tener alguna prueba de que Esteban mentía o simplemente nos estaba jugando una broma. Pero al menos ya tenía de testigo a alguien más que era Joaquín y a pesar de que no sucedió nada con eso me bastaba, ya que él, al igual que Pablo, podría desmentir lo que había dicho de mí y así no quedaría como un miedoso. Después de un rato en el que no pasó nada dimos por finalizado todo eso y nos fuimos a casa semanas después y al finalizar todo esto que habíamos pensado había terminado. Fue que empecé a sentirme mal por las noches. Dormía muy poco, ya que regularmente tenía muchas pesadillas. Recuerdo que solía soñar mucho con una figura muy alta de aspecto negro, con ojos verdes, pero era más como si tuviera focos o luces en lugar de ojos. Esto me seguía en mi sueño a lo largo de mi casa y no e mi tía ningún sonido. Simplemente iba tras de mí como si quisiera hacerme daño. En casi todas las noches que tenía ese sueño despertaba repentinamente agitado en mitad de la noche, sudando y con lágrimas en los ojos. Realmente era algo que me afectaba bastante en ocasiones. Ni siquiera quería que llegara la noche y tener que irme a dormir, porque sabía que otra vez se repetiría aquella pesadilla. Pero no sólo era eso. Comencé a notar que en mi cuarto muchas de mis cosas cambiaban constantemente de lugar. Yo solía dejar un cuaderno o algo así. Por ahí, sorpresivamente por la noche o en la mañana se encontraba en otro sitio. Esta vez comenzaba a tener miedo, ya que en mi cabeza rondaba la idea de que todo sería consecuencia de aquel día, pero no algo dentro de mí. Aún se negaba a creer en ello hasta que llegó el trágico día en que todo cambiaría. Un día yo me encontraba más nervioso de lob ritual. No sabía realmente por qué, pero algo había raro en mi casa. Se dio un día en el que no tuve clases todo el día me encontré en casa y me dediqué a jugar y a hacer mis tareas, pero al caer la noche yo me encontraba un poco extraño. Comencé a sudar de la nada y pensé que me había dado fiebre. Tenía mucho frío y también comencé a ver un poco borroso, así que asumí que quizá me estaba dando gripe o algo por el estilo. Me fui a la cama y traté de dormir un rato, pero fue muy complicado, ya que me sentí un poco incómodo. Era como si sintiera que alguien estuviera en la recámara conmigo. Yo estaba acostado en mi cama un poco encogido y podría jurar que al fondo, entre la oscuridad observaba una figura negra como la de mis sueños. Quería tratar de no pensar mucho en eso, pero era inevitable. Hasta este punto ya estaba muy sugestionado y asumí que todo eran delirios de mi fiebre. Todo comenzó a tornarse mucho más extraño cuando empecé a escuchar pisadas en mi cuarto, pero me encontraba solo, pero de cierta forma a alguien rodeaba mi cama y no podía verlo. Era como si alguien me estuviera vigilando muy de cerca, pero no se encontraba únicamente se escuchaban sus zapatos sobre el suelo. Para este punto ya no sabía qué hacer si salir corriendo, quedarme en mi cama, llorar, gritar o pedir ayuda, no sabía qué hacer. Tratando de tranquilizarme y pensando que todo era producto de mi imaginación, decidí cerrar los ojos, calmarme y me relajé, tanto que hasta cierto punto empecé a quedarme dormido casi sin darme cuenta. Ahí me encontraba otra vez en el sueño, ese que tenía regularmente con la figura oscura. Esta vez no me perseguía. En mi casa Estábamos en una especie de habitación totalmente oscura, en la que una luz emanaba a lo largo de su cuerpo o lo que parecía ser su cuerpo. Yo me encontraba en el suelo de rodillas llorando y la figura para do no quitarme la mirada de encima. De repente empezó a desaparecer. Cerré mis ojos y empecé a asfixiarme. Tuve la sensación como si alguien me tomara del cuello y me apretara fuertemente Por algún motivo, no podía abrir los ojos, por más que sentía mis movimientos fuera del sueño. No lograba despertarme. Me encontraba en una situación sumamente horrible, en la cual estaba siendo víctima en mis propios sueños Nunca antes un sueño se había sentido tan real como aquella noche entre una bocanada de aire. Fue como me desperté agitado llorando como una de tantas esas noches que tenía con frecuencia, pero esta vez había ido más allá. Me quedé unos minutos acostado, sollozando, mirando el techo, pero todo lucía más obscuro como si mi cuarto se estuviera convirtiendo en el escenario de mi sueño. Me sentía sumamente pesado. Apenas si podía moverme me sentía débil y aún sentía un poco poco de mareo tenía una sensación rara en el cuello como si tuviera cortadas y al voltear hacia otro lado, sentía como si abriera más esas heridas. Así que decidí ir corriendo al baño a percatarme, que era eso que sentía para mi gran sorpresa. Al mirarme al espejo me di cuenta de que tenía dos manos marcadas como si algo o alguien hubiera tratado de ahorcarme con mucha fuerza. No tenía cortadas como sentía, pero si dolor y un susto enorme, no sabía qué estaba sucediendo, que había sido todo eso, por qué me estaba sucediendo a mí. Si yo solamente estuve presente aquel día, habría sido por las burlas. En fin, muchas cosas estaban dando vueltas en mi cabeza y ahora esto parecía ser aún más fuerte de lo que esperaba. Evidentemente, aquella noche ya no pude volver a dormir, pero en mi habitación se percibía un frío que no estaba en ningún otro lugar de la casa. Al día siguiente, como obra del cielo, mis padres decidieron hablar conmigo. Fue bastante la coincidencia que incluso pensé que había sido una especie de ayuda divina, pero no fue así. Lo que sucedió fue que Joaquín y gracias a Dios, le había contado a sus papás todo lo que sucedió. Aquella tarde en que lo habíamos obligado a ir a la casa de Esteban, básicamente les comentó que no había sucedido nada extraño, pero aún así, él pensaba que lo que habíamos hecho estaba mal y sobre todo a espaldas de nuestros padres. Así que los padres de Joaquín decidieron ir a hablar con los míos cuando todos nos encontramos en la escuela, y fue así que decidieron hablar conmigo y preguntarme si todo había estado bien. Tuve que contarles la verdad desde lo que pasó una noche anterior hasta lo que pasó en la primera ocasión que jugamos con la huija como se habían estado perdiendo las cosas. En mi cuarto y como esto me fue dañando físicamente, sentí enorme tranquilidad l r R. Que mis padres se preocupan por mí y por primera vez estuve bastante agradecido con Joaquín de haber ido a contarle todo a mis padres. La situación fue mejorando a partir de que mis padres llevaron un sacerdote a la casa y él le echó agua bendita en todos los cuartos. Hizo algunas oraciones y nos dio protecciones claro sin antes mencionar que no volviéramos a hacer algo así. Este tipo de situaciones suelen ser muy delicadas. Muchos adolescentes las toman a la ligera creen que no les pasará nada por ser valientes o intrépidos. Las realidades que todos estamos expuestos a este fenómeno hay que tratar con el debido respeto a todos estos objetos que pueden llevarnos a experimentar sucesos paranormales bastante fuertes y siempre observar que es lo que están haciendo sus hijos en su casa o en casa de sus amigos. Relato escrito y adaptado por Hugo de Gante