Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / Mi Madre Murío Y La Creé En Forma De Tulpa ( Recopilación De Tulpas #1 ) - Voces De La Noche
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- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más comenzamos. La vida siempre busca la manera de prosperar, de salir adelante ante la adversidad y encontrar la luz a través del ojo de la aguja. La reproducción es el instrumento que la naturaleza y la vida misma han encontrado para prolongar su existencia más allá del final que todo ser tendrá que enfrentar en algún punto de su vida. Millones de años antes de que el humano ascendiera a ocupar el puesto de la criatura dominante, existieron otras especies que reinaron en determinados períodos donde las condiciones les favorecieron. Sin embargo, la naturaleza opera más allá del bien y del mal. Se encuentra en otra dimensión que escapa del amor humana, así como en ocasiones beneficia a algunos seres dotándolos de características y aptitudes que les garantiza auto preservarse y reproducirse. También les impone ciertas restricciones, les elimina algunos rasgos que, a la larga sólo causa su extinción. Cuando hablamos de nuestra propia especie y reflexionamos sobre nuestra condición humana, nos damos cuenta de lo frágiles que somos en realidad, ya que no contamos con una piel sumamente resistente ni una fuerza sobresaliente. La verdad es que incluso los seres más diminutos al ojo humano podrían aniquilarnos en cualquier momento. Pero, a pesar de todo, continuamos siendo la cúspide gracias a nuestro intelecto. Aunque existan fenómenos que escapan a nuestro propio entendimiento del entorno en el que nos desarrollamos. Desde las lejanas y místicas tierras del Tibet existe una antigua creencia que sostiene que los poderes mentales o espirituales de un individuo o de un colectivo, si se canalizan de cierta manera, pueden generar manifestaciones físicas que desafían a toda lógica y leyes de la física. Se teme que en algún punto estas manifestaciones dejen estar subordinadas a los poderes de quienes las convocan y se pierda todo control sobre las mismas. Hace algunos años, lo acontecido con el hijo más joven de una encantadora familia generó mucho revuelo entre la opinión pública, los investigadores paranormales y las autoridades. Todo comenzó a inicios del siglo XXI en una granja típica del sur de los Estados Unidos, en el Estado de Luisiana, más precisamente en Plaquemines, donde al terminar los estudios secundarios, un joven y una jovencita decidieron contraer matrimonio y empezar una vida en conjunto. El joven con ascendencia africana y la joven de origen español se conocían desde muy jóvenes. Asistieron al mismo jardín de niños y solían jugar juntos y conforme fueron que creciendo. La relación de amistad que se había forjado durante años se fue tornando cada vez más romántica y amorosa. En cuanto tuvieron la edad y la conciencia suficiente, tomaron la decisión de casarse. El joven por aquel entonces tenía un futuro prometedor. Siempre había sido muy hábil para los números y las finanzas, por lo que logró ingresar como cajero a un banco del condado en el cual al poco tiempo fue ascendiendo gracias a sus habilidades. La joven, por su parte, era una hábil cocinera, capaz de preparar infinidad de platillos deliciosos. Gracias a las tradiciones de su familia de origen español, muchas recetas que solía cocinar eran herencia de su familia y ella tenía grandes habilidades culinarias. Al poco tiempo de haberse casado, decidieron invertir sus ahorros en un restaurante que operaría a la señora Jones, quien había optado por tomar el apellido de su esposo. La decisión les resultó bastante acertada, pues el pequeño negocio que había comenzado la señora y el señor Jones, con ayuda de un par de empleados más, se volvió sumamente popular entre los lugareños y los turistas la comida que ofrecían en el menú del negocio provenía directamente de las recetas que la familia de la señora Jones le habían transmitido y eran en parte la razón del éxito del emprendimiento. También solían destacar la atención y amabilidad con la que el personal y la misma propietaria atendían a los comensales. La señora john siempre se encontraba sonriendo y de buen humor, incluso cuando se suscitaban algunos imprevistos en el negocio. Siempre trataba de mantener el ánimo entre sus colaboradores y, de esta forma, hacer más amén a la adversidad. Mientras el negocio prosperaba, el señor Jones continuaba cosechando un gran éxito en su trabajo como banquero, pero comenzaba a sentirse insatisfecho, si bien el dinero que llevaba a casa bastaba y sobraba y el negocio comenzaba a bar a ir viento en Popa. Aún sentía que le hacía falta algo a su vida para ser plena, pero no lograba encontrar cuál era esa pieza que le hacía falta. Recordó que siempre quiso viajar por todo el mundo y conocer todo lo que éste tuviera para ofrecer, De modo que le recordó a su esposa aquel sueño jovial y ambos comenzaron a platicar lo increíble que sería viajar a España, conocer Francia o incluso caminar sobre la muralla China. Aquellas conversaciones llenas de ilusiones y fantasías comenzaron a volverse más serias. Eran jóvenes, tenían una vida envidiable por cualquiera. El dinero no representaba un problema, pero el restaurante, a pesar de que le solía ir bastante bien, apenas llevaba unos cuantos meses alimentando a aquellos hambrientos estómagos que buscaban saciarse con una buena comida. Si bien los empleados del restaurante eran muy responsables y entusiastas, aún no conocían todos los secretos tos de la cocina de la señora Jones. Ella era quien realizaba el noventa por ciento de los platillos de principio a fin y se encontraba involucrada en la preparación de todos y cada uno de los productos de la carta, por lo que dejar el negocio o cerrarlo de manera temporal no era una gran idea. Después de conversarlo por algunos días, llegaron a la conclusión de que tendrían que aplazar aquel ansiado viaje por lo menos hasta que encontraran a alguien capaz de hacerse cargo del negocio. Pero ambos acordaron ahorrar lo más que pudieran para costar el viaje y de esta forma no tener que viajar con limitaciones ni temporales ni económicas. La señora john se dedicó a buscar al candidato o candidata perfecta para ocupar su lugar, mientras ésta se encontraba vacacionando fuera del país. Pero no tuvo suerte, aunque sus empleados se esforzaban, pero los comensales lograban apreciar cuando algún platillo no había sido preparado por ella misma y solían comentar lo. El perfeccionismo de la señora Jones no le permitía dejar pasar detalles como éste, de modo que la búsqueda de un sustituto se aplazó más tiempo del que habrían previsto. Continuamente dedicaba bastante tiempo y esfuerzo por enseñarle a sus colaboradores. Pero estos, a pesar de seguir al pie de la letra, las recetas y pasos eran incapaces de replicar un platillo como los de la señora Jones. Parecía que aquellas habilidades eran algo místico. Mientras la señora Jones se esforzaba por encontrar al candidato perfecto, el señor Jones aceptaba puestos cada vez más demandantes en el Banco. Conforme las oportunidades se le ofrecían. Este dedicaba más tiempo al trabajo, habiendo días donde éste pasaba, días entero en la oficina, resolviendo problemas, realizando operaciones y, en general, llevando una vida que giraba casi al cien por ciento al trabajo. Tanto la señora como el señor John sabían en encontrado en sus respectivos trabajos la anestesia a sus ganas de querer conocer el mundo. Pero este ritmo de vida no podría prolongarse más tiempo cada vez la pareja se encontraba más distanciada. Conversaban muy poco, sólo durante el desayuno y cruzaban algunas palabras en las noches cuando ambos volvían a casa agotados, el negocio prosperaba y la reputación del señor Jones en el banco era cada vez mejor. Conforme pasaba el tiempo, los parientes y amigos cercanos de la pareja comenzaban a cuestionarlos por separados si no había planes de tener hijos. Les comentaban que quizá la presencia de un pequeño en casa les haría volver a recuperar la alegría en casa. Ambos respondían que llevaban vidas muy felices y plenas, aunque internamente sabían que algo les hacía falta. Conforme pasaba el tiempo, el asunto de volverse padres comenzaba a resonar con más agudeza en sus cabezas. Los trabajadores y comensales de la señora John solían conversar de lo lindo, lo divertido y lo tan bueno de ser padres. Las reuniones escolares, las fiestas infantiles y, en general, tener a un pequeño en casa. Para muchos era lo mejor que les podría haber pasado en la vida. Los compañeros de la oficina del señor John solían presumir los logros de sus hijos, desde haber aprendido a caminar hasta haber ganado algún partido de Beisbol o socker. Hasta ese momento no se habían planteado realmente la posibilidad de volverse padres. Ambos se habían concentrado en sus respectivos oficios, los cuales hacían día tras día con gran entusiasmo, a pesar de lo cansado que en ocasiones les resultaba. Después de darles muchas vueltas. El señor Jones le comentó a su esposa lo interesante que sería ser padres. Le comentó que si ambos tuvieran un hijo, los obligaría a trabajar menos y pasar más tiempo juntos. Su esposa, por su parte, también pensaba que tener a un pequeño por la casa les traería mucha alegría y ganas de querer volver temprano todos los días, así como la energía para realizar diversas actividades. Ambos compartían las ganas de volverse padres, pero coincidían en qué sería después de realizar aquel anhelado viaje. La señora Jones había contratado a una mujer que tenía un hijo pequeño, del cual se hacía cargo, ya que su esposo había fallecido en un accidente mientras se encontraba trabajando en un aserradero. Pero como su esposo era inmigrante, sin documentos. El Estado la había desamparado, motivo por el cual tuvo que mudarse a una zona donde si pudiera pagar el alquiler de un pequeño departamento y tuvo la fortuna de haber llegado al restaurante de la señora Jones, a quien le preguntó si sabía de algún empleo, y ésta, al notar lo joven y preocupada que se encontraba, decidió contratarla como aprendiz de cocina. Aquella joven madre soltera había aprendido muy rápido todo lo que la señora Jones le había enseñado. En ocasiones, cuando la niñera no podía hacerse cargo del pequeño tadeo, la señora Jones le permitía llevar al niño al restaurante y ella misma se hacía cargo de él mientras su madre terminaba su turno. Este contacto con el infante había despertado algo dentro de ella que la motivó a volverse madre. Tras considerarlo un poco, la señora Jones designó a la joven aprendiz como la encargada del restaurante. El puesto sería temporal mientras ella realizaba su ansiado viaje con su marido. En un inicio, la joven no aceptó el puesto, ya que se consideraba una novata y llevaba poco tiempo en comparación al resto del personal. Pero después de que la misma señora Jones habló con ella y le comentó que confiaba plenamente en sus habilidades y dotes para hacerse cargo del negocio, ésta aceptó. El señor John solicitó vacaciones a su jefe, quien al inicio le expresó sus preocupaciones de no poder contar con él en la empresa durante un tiempo, pero también sabía lo duro que había trabajado y tenía que compensarle de alguna forma. Y qué mejor que unas vacaciones. Así que aprobó la solicitud del señor Jones y, después de dejar todo en orden, los Jones salieron de Estados Unidos por primera vez en sus vidas. El primer destino fue España, en donde visitaron a la familia de la señora Jones. Estuvieron algunas semanas y visitaron ciudades como Barcelona, Madrid, Córdoba y Sevilla. Continuaron su viaje por Portugal, Francia, Italia, Grecia y Turquía. Conforme fueron conociendo todas aquellas antiguas naciones ricas en historia, cultura y gastronomía. Ambos tuvieron más tiempo para conversar respecto a sus intenciones de volverse padres. En aquel viaje, donde el trabajo no imperaba en sus vidas, los dos se encontraron el ambiente para reconectar tal y como era antes de que sus trabajos ocuparan la mayor parte de sus vidas lejos de casa y de toda preocupación. Dejaron que los instintos más básicos reinaran en la intimidad. No les preocupaba especialmente que la señora Jones resultara embarazada, pues estaban más enfocados en disfrutar de lo que aquellos países tenían para ofrecer y si, por azares del destino, recibieran la noticia de que serían padres, no podría ser el momento más oportuno. Después de algunos meses, los Jones volvieron a Luisiana. Sus caras, que comenzaban a envejecer previo a sus vacaciones, habían vuelto más rejuvenecidas. Su energía y ánimos también habían vuelto y traían consigo muchas historias e ideas que pensaban implementar en sus vidas y entre ellas la inquietud de saber si la señora Jones finalmente se encontraba embarazada, ya que su período se había ausentado el último mes que habían pasado en Turquía. En cuanto volvieron a casa de inmediato, la señora Jones acudió con su médico de confian a realizarse la prueba de embarazo, pero este resultó negativo. Esa misma noche le contó a su esposo y ambos se decepcionaron un poco. También pensaron que no era tan problemático, ya que ahora se encontraban en casa, podrían volver a intentarlo y podrían prever todos los cuidados necesarios para recibir a su hijo. Después de varios intentos y pruebas, los resultados continuaban siendo poco alentadores para la pareja, de modo que decidieron realizarse distintos estudios y análisis para saber si algo andaba mal. Tras esto, los médicos especialistas de cada uno les informaron que eran infértiles. Les propusieron algunos tratamientos, a los que ambos accedieron sin rechistar, pero la situación no cambiaba y, al parecer, no podrían concebir un hijo. La noticia no les sentó especialmente a ninguno de los dos. Aunque la señora John se vio más afectada a escondidas de su esposo, consultó a otros médicos, pero o pero éstos solos confirmaron lo que los test ya mostraban. La pareja se hundió en una profunda tristeza que se vio reflejada en la cocina de la señora Jones. La comida cada vez resultaba peor y parecía no importarle mucho. La joven aprendiz hacía lo que podía para mantener la calidad de los platillos, pero la señora John se había vuelto desinteresada y había días donde ni siquiera acudía a su negocio. Con el paso del tiempo, la situación no mejoró mucho. Su ausencia comenzó a notarse más, ya que la joven era quien trataba de coordinar al resto de sus compañeros y éstos le habían depositado su confianza por su desempeño durante el tiempo que quedó a cargo. Sin embargo, cada día le resultaba más difícil cumplir con su rol de madre y encargada no oficial de un restaurante. Todo empeoró cuando cierto día algunos empleados pidieron permiso para retirarse temprano y quedó sólo la joven a cargo de cerrar y limpiar. Lo que no contaba es que había una fuga de gas en una de las tuberías que alimentaba las parrillas y después de haber fregado los pisos, levantar las mesas y lavar los platos. La joven, cansada prendió un cigarrillo mientras recogía la basura, a lo que le siguió una gran explosión que calcinó por completo al cuerpo de la joven trabajadora. Al lugar acudieron los bomberos, pero nada pudo hacerse por la vida de la joven. Ahora sólo había quedado un niño huérfano. Cuando se enteraron los jones del accidente, acudieron de inmediato. El fuego había consumido gran parte del inmueble y consigo. Se había llevado la vida de una madre que buscaba mantener y cuidar a su hijo. La culpa invadió la conciencia de la señora Jones, ya que si ésta no se hubiera ausentado, se habría podido prever aquel incidente. Su negocio seguiría en pie y sus empleados tendrían una fuente de ingresos estables. Pero ahora sólo quedaban ruinas. El infante fue recogido por servicios infantiles de Lisiana. El seguro se hizo cargo, parcialmente por los daños ocasionados por la fuga de gas y a los pocos meses el negocio volvió a operar. Sin embargo, la conciencia de la señora Jones no le permitía seguir adelante. La depresión causada por su infertilidad, la muerte de una excelente trabajadora y hasta cierto punto, amiga y el destino del niño le impedían pasar página. Así que pensó en hacerse cargo del huérfano, ya que sería lo mínimo que podría hacer. En memoria de su madre. Le planteó la idea a su marido, quien, consciente de que aquella idea no era lo más óptimo para la devastada mente de su esposa, se opuso inicialmente, pero después de varias charlas al respecto, pensó que quizás sería buena idea. Después de todo, tendrían la oportunidad de criar a un infante como si fuera suyo y a la vez sería una forma de mostrar gratitud y respeto a su difunta madre. Tras diversas reuniones y negociaciones con la oficina de servicio sino infantiles, lograron que su solicitud de adopción pasara los primeros filtros, de modo que los jones realizaban algunas visitas al internado, donde se encontraba el pequeño tadeo. En aquellas visitas conversaban con el niño, jugaban con él y se mantenían al tanto respecto a su estado de salud. Al parecer, todo iba bien. Inicialmente le había costado adaptarse al ambiente y convivir con más niños, ya que prefería sentarse a dibujar en un rincón donde nadie lo molestara. Pero con el paso de los meses se había logrado integrar al ambiente del orfanato. Los Jones se sometieron a una serie de pruebas psicométricas para valorizar su estado de salud. El señor Jones logró aprobar la mayoría con la calificación mínima necesaria, pero la señora Jones no pudo. Habían encontrado algunos problemas y eran conscientes de su historial clínico, por lo que rechazaron su solicitud de adoptar a TADEO. Esta decisión de los servicios infantiles no le sentó nada bien. A la señora Jones lloró y suplicó una revalorización o someterse a los tratamientos que éstos consideraran necesarios, pero la decisión no cambió. Ante esta situación, el señor Jones se reunió a escondidas de su esposa con la directora del orfanato y le explicó la situación que habían atravesado tras la devastadora noticia de la infertilidad de ambos, y le ofreció dinero a cambio de su cooperación, argumentando que la vida que le esperaba a Tadeo cuando tuviera edad suficiente para dejar de depender del Estado, sería una llena de carencias y problemas. Después de negociar por algunos minutos, la directora accedió a las peticiones del señor Jones y acordaron que notificarían a la señora Jones de que realizarían una revalorización de su solicitud para que ésta no sospechara, y así fue. Después de la firma de la documentación requerida, entregaron a Tadeo con los Jones, quienes, a partir de ese momento serían sus s padres adoptivos. La señora Johns organizó una gran celebración en casa para presentarles a Tadeo al resto de la familia. La celebración estuvo llena de tensiones, ya algunos asistentes no consideraban correcto que adoptarán al hijo de un inmigrante y una difunta que había trabajado para ellos. Otros se alegraron y felicitaron a la pareja por su decisión. La integración no les resultó muy difícil, ya que Tadeo estaba acostumbrado a que distintas personas cuidaran de él y los jones estaban fascinados por la presencia de un niño en la casa. Le adecuaron su habitación, le compraron todo lo necesario y trataban de pasar tiempo con él siempre que les fuera posible, pero las cosas al poco tiempo comenzaron a ir mal. Tadeo solía dibujar a una mujer En ocasiones hablaba sólo como si estuviera en presencia de su amigo imaginario. Al inicio no le dieron mayor importancia, pero su comportamiento comenzaba a temor rizar al matrimonio. La señora John solía tener pesadillas con la madre de Tadeo, quien se aparecía en sus sueños pidiéndole que le devolviera a su hijo. Con el paso de los días, la paranoia comenzó a agudizarse la señora Jones y no dejaba de decir que la madre de Tadeo la acechaba a donde quiera que fuera, pues ya no sólo en sus sueños tenía visiones de la mujer, sino incluso estando despierta, observaba cómo jugaba con Tadeo o cómo lo acompañaba. A lo largo de su día, la presencia de aquella mujer se reforzaba, ya que Tadeo solía decir que su mami siempre estaba con él y que no se preocuparan si jugaba en el patio solo, ya que siempre estaba en compañía de su madre. Las conversaciones sólo y los juegos donde parecía que jugaba con alguien más, se volvieron muy recurrentes. El señor John se negaba a creer lo que estaba sucediendo con su esposa y su hijo. Cierta noche, Tadeo salió de su habitación mientras corría alegremente, como si sujetara la mano de alguien más. Atravesó la puerta principal y los jones salieron detrás de él. Después de buscar por algunas horas, llegaron hasta un lago donde se encontraron a Tadeo de pie, despidiéndose con una mano y con la otra levantada como si sujetara a alguien más alto que él. Cuando se acercaron lograron ver que se trataba de la madre de Tadeo, quien agradecía haberse hecho cargo de su hijo, pero que ahora se encargaría a ella de manera personal. Ambas figuras dieron la vuelta y caminaron hasta perderse entre la obscuridad. Las autoridades comenzaron búsquedas e investigaciones de inmediato para dar con el paradero de Tadeo, pero no tuvieron suerte. No encontraron ninguna evidencia y los medios de comunicación comenzaron a señalar a los jones de haber causado la muerte de su madre y su desaparición. Los jones dieron algunas entrevistas y comentaban que la madre de Tadeo había vuelto a la vida de alguna manera que escapaba de la lógica y se había ido con el niño, por lo que no encontrarían ninguna prueba de que ellos se habían encargado de la desaparición. La desaparición de Tadeo continúa siendo un archivo inconcluso que llena de fascinación a todas las personas que leen o releen los testimonios de los jones. Algunos investigadores sostienen que los jones dicen la verdad y que el lente con el que se fue tadeo en realidad se trata de una tulpa creada por el propio niño y los jones. Otros, en cambio, argumentan que es un caso de encubrimiento. Los poderes mentales se suelen considerar ideas descabelladas que desafían toda racionalidad, si bien en contadas eras. Estos fueron estudiados con todo el rigor científico, donde intervinieron grandes investigadores para tratar de demostrar su existencia o falsear todas aquellas historias donde éstos han sido alcanzados por la por la RS algunos personajes increíbles. Hay un caso muy particular sobre una niña llamada Julia, cuyas habilidades desafían a toda lógica lo que se conoce sobre la vida de Julia se debe principalmente a los testimonios que personas cercanas a ella y a su familia contaron. Cuando la historia llegó a oídos de una periodista que incrédula pero interesada por lo que se contaba, decidió investigar por sí misma. La joven periodista había ingresado al mundo de los reportajes y noticieros, había estudiado comunicación y posteriormente había realizado una especialización en periodismo, pero por su falta de experiencia en ningún medio consolidado, la habían considerado candidata para ocupar un lugar. Sólo algunas firmas le pagaban por sus reportajes que realizaba sobre algunos temas de interés, aunque las notas sensacionalistas, rojas y amarillistas eran las más redituables, pues, de acuerdo con las métricas de distintos noticiarios, este tipo de información imprenta y en televisión era la que la mayoría de las personas consumía. Las imágenes explícitas, apenas censuradas llamaban fuertemente la atención del público en general. Esther así era como se llamaba. La periodista pensaba que para que las personas tuvieran información de calidad habría que generar este tipo de reportajes e investigaciones. Si bien realizar todo este trabajo implicaba un gran esfuerzo tanto físico como económico, los tiempos con los que los distintos medios se manejaban dificultaba que muchos periodistas pudieran entregar trabajos de calidad. Ella no estaba contratada por ningún medio, pero solía vender algunas de sus investigaciones que documentaba, las cuales le tomaban bastante tiempo concretar, por lo que, si bien su pasión era informar, esto no pagaba el alquiler de un pequeño departamento ubicado a las afueras de las ciudades, donde los precios eran considerablemente más accesibles, pero tenía algunas carencias, pues el ono transporte público era escaso por aquella zona, así que tenía que caminar algunos kilómetros si quería desplazarse rápido para poder cubrir sus gastos mensuales. Esther trabajaba como barista en una cafetería donde la paga no era muy buena, pero las propinas le ayudaban a llegar a fin de mes. Fue precisamente en aquella cafetería donde escuchó que algunos comensales a los que estaba atendiendo hablaban sobre un extraño hombre que deambulaba por las calles de la ciudad, vestido de pies a cabeza, con un mono completamente blanco. Incluso la cara la llevaba cubierta con una máscara de la misma tela que su traje con algunos agujeros para los ojos, la nariz y la boca. Los comensales discutían que podía tratarse de algún enfermo mental que había escapado del hospital psiquiátrico, o quizá era un bromista que pretendía asustar a las personas. Esther escuchó la historia de la que hablaban aquellas personas y le llamó la atención de ur por la descripción de la persona que deambulaba por las calles. Pero en aquel momento se encontraba trabajando en la escritura de un reportaje sobre un feminicida que recientemente había sido encarcelado por las autoridades después de haber quitado la vida y enterrado los restos de sus víctimas en el patio de su propia casa por más de veinticinco años. El caso ya había sido explotado por todos los medios de comunicación grandes, imponiendo su ideología y agenda en sus reportajes, los cuales a Esther no le terminaban de agradar, ya que consideraba que éstos eran sumamente tendenciosos. Por supuesto que era consciente de la magnitud del caso. Pero el enfoque de Ester era conocer más sobre el comportamiento de aquel sujeto, el cual era sumamente conocido en el barrio donde vivió, que nunca había levantado sospechas. Mientras Esther trabajaba en su reportaje, cada vez eran más frecuentes las historias sobre el hombre de blanco. Algunas personas comentaban que lo habían visto correr entre los autos en distintas zonas de la ciudad. Otros contaban que lo habían visto frente a frente mientras cruzaban los puentes y habían visto que la máscara blanca estaba manchada de alguna sustancia que parecía sangre. Otras personas hablaban de lo loco e incongruente que resultaba que muchas personas juraban haberlo visto, pero que no existía ninguna prueba, como una fotografía o video sobre aquella persona. Los más escépticos creían que podría tratarse de una campaña publicitaria o algún estudio, pues les parecían muy fantasiosas aquellas historias cuyo origen era difícil o imposible de rastrear. Después de que Esther terminó su reportaje, lo presentó a diversos medios para que lo publicaran, pero como el caso del asesino en serie, ya había dejado de generar tráfico o comenzaba a perder relevancia. No se mostraron interesados. Sólo un medio independiente de reciente creación aceptó comprar y publicar su reportaje. Ya que algunos de sus principios con los que se regía coincidían con los de éster. La historia del hombre de blanco sería su siguiente trabajo, ya que buscaba desvelar lo que se ocultaba detrás de aquel personaje que comenzaba a causar miedo, intriga e interés creciente entre las personas, pero que hasta ese momento ningún medio había mostrado interés en investigar, puesto que las campañas electorales se encontraban próximas y mucho tiempo en pantalla, portadas y columnas estaban siendo dedicadas enteramente a los candidatos que habían pagado sumas de dinero inmensas por ocupar un lugar dentro de la programación y publicación de los medios más populares. Comenzó su investigación preguntándole a las personas que acudían a la cafetería de donde provenían aquellas historias que habían escuchado. Algunos le respondían que eran historias que habían escuchado de amigos o que otras personas también comentaban. Consiguió algunos nombres y comenzó a intentar contactarlos para averiguar la veracidad de los rumores sobre el hombre de blanco. Inicialmente, muchas personas aceptaron entrevistarse con ella, pero cuando se les cuestionaba si ellos habían sido los testigos directos, éstos respondían que no. Al parecer, la historia de aquel misterioso hombre parecía ser sólo un cuento, un mito o un rumor que se había esparcido entre los ciudadanos. Pero a pesar de ello, Esther estaba dispuesta a llegar al fondo del asunto y conocer el motivo por el cual se había hecho real o mentira. Esther estaba comprometida con develar la verdad. Así que continuó consiguiendo números nombres, correos electrónicos y direcciones de supuestos testigos oculares del hombre de blanco con los que sostuvo charlas y conversaciones hasta que cierta persona aseguraba haber visto a aquel hombre. La joven periodista agendó una reunión con aquella testigo, quien aseguraba ser vecina de donde el hombre de blanco vivía. Al parecer, este ran la había dado con la persona correcta que le ayudaría a de velar el misterio de una vez por todas. Le parecía importante todo lo que aquella mujer pudiera darle, ya que algunas historias hablaban de que aquel hombre a veces se encontraba durmiendo bajo los puentes o a las orillas de las carreteras, pero, por supuesto que debía tener un lugar al cual regresar porque su mono blanco era algo que todas las historias compartían y si éste se encontraba en la indigencia, muy seguramente sería imposible que su ropa estuviera completamente blanca. El día de la reunión con la vecina del hombre de blanco, esther listó sus herramientas para grabar la, charla o escribir, si es que la testigo lo prefería. De aquella manera. Llegó al punto de reunión, que había sido un parque público y en la banca se encontraba sentada una mujer como de unos cuarenta y cinco años, de complexión robusta y un semblante amable. Ambas se presentaron, se saludaron y comenzaron a discutir sobre l a l on hombre. La vecina le comentó que había visto la ropa del hombre tendida en el patio de la casa de al lado donde vivía una mujer de alrededor de unos treinta años. Inicialmente pensaba que se trataba de una persona mayor, ya que no había visto a nadie salir al patio o hacer sus actividades cotidianas, ya que prácticamente todos los vecinos de la zona se conocían. Pero cierto día aquella casa amaneció con cortinas oscuras en sus ventanas, por lo que intuyeron que alguien estaba ocupando el inmueble. Los vecinos, inquietos y preocupados por la posible ocupación de algunos pandilleros o drogadictos que habían ocupado la casa sin permiso, comenzaron a fisconear con la intención de averiguar quiénes ocupaban la casa, hasta que cierto día, uno de sus vecinos vio cómo de aquella casa salió una mujer bastante joven que caminaba deprisa y volteaba por todos lados como si estuviera buscando a algo o alguien le saludó y ésta le regresó el hijo. Esto a lo que el vecino preguntó si buscaba algo, pero la joven negó con la cabeza, a lo que nuevamente, el vecino le cuestionó si era nueva en el vecindario y la mujer le respondió que sí. Se despidió sin agregar nada más. A partir de ahí, el resto de los vecinos se mostraron más tranquilos, ya que, al parecer, una oficinista era quien ocupaba aquella casa y al parecer no era de por ahí, ya que nadie la conocía ni reconocía la casa que ocupaba le había pertenecido a una anciana que había fallecido algunos años atrás y desde entonces el inmueble había permanecido deshabitado. Esther le preguntó a la vecina que si ella había visto salir o entrar a alguien más aparte de la joven, Ésta le respondió que esporádicamente había visto a la joven y hasta el momento no se había cruzado con alguien vestido completamente de blanco, ya que de haber sido así, no lo habría olvidado, e incluso a alguien más del barrio ya lo habría notado, pero que podía asegurar que la ropa que había visto tendida en el patio de la casa de la joven le pertenecían a aquel controvertido personaje, pues las historias también le habían llegado a ella, aunque ella proponía la posibilidad de que no fuera un hombre el que lo vestía, sino la misma joven. Hasta ese punto ester había conseguido más que nadie. Ya tenía un testigo, una hipótesis y una dirección exacta del posible paradero de tan pintoresco personaje. Mientras ella escribía y reflexionaba sobre lo hallado. Los avistamientos comenzaban a resurgir y ahora había personas que aseguraban que se trataba de un hombre por la complexión física y que llevaba consigo una bolsa de plástico ensangrentada. También comenzaban a reportarse supuestos avistamientos en diferentes puntos de la ciudad, por lo que surgió la teoría de que no se trataba sólo de una persona, sino de varias. A la par surgió el rumor de que la ropa del hombre de blanco se debía a que habría sufrido un fuerte accidente y toda su piel había sudo sido quemada y no podía exponerse directamente. Esther estaba dispuesta a ir a la fuente de todo el asunto, reunirse con la joven de la que le habían hablado y acabar de una vez por todas con las historias que se contaban y desfiguraban por su paso de boca en boca, donde se les añadían o restaban detalles con tal de ser interesantes, de escuchar y contar. Decidida a dar con la verdad, agendó una visita al domicilio de la joven, tomó sus herramientas de trabajo y emprendió el camino hasta la dirección que la vecina le había proporcionado durante la entrevista que había sostenido con ella hace algunos días. Arribó al lugar, llamó a la puerta, pero nadie abrió. Esperó unos minutos y volvió a intentar, pero no tuvo suerte, por lo que se marchó y volvió algunas horas más tarde, pero el resultado fue él mismo. Inquieta fisconeó entre el portón que daba a la calle, tal y como la vecina le había comentado. Había algunos trajes blancos tendidos sobre un sendero de cuerda, por lo que sí o sí, tenía de entablar contacto con la persona que vivía en aquella casa. Llamó a la vecina, con quien había contactado y preguntó si aquel día había visto a la joven, y ésta le respondió que había salido de casa desde muy temprano, pero que quizá volvería antes de que atardeciera y le ofreció esperar en su casa hasta esa hora y esther aceptó la propuesta de la señora. Conversó con la vecina, quien vivía sola en compañía de más de una docena de gatos. Le contó que todos sus hijos ya se habían marchado desde hace tiempo y que su esposo había fallecido años atrás, que se mantenía gracias al dinero que sus hijos le enviaban de forma mensual. Y pasaba su tiempo tejiendo, leyendo y viendo televisión. Algunas veces se reunía con sus amigas del barrio y así era como se mantenía al tanto de lo que ocurría en la ciudad. Así fue como comenzó a escuchar los rumores sobre el hombre de blanco y luego hizo la conexión con la ropa que había visto tendida en la en la casa de al lado. Antes de que cayera la noche, la joven vecina volvió a casa. Escucharon como abrió y atravesó el portón de hierro, por lo que esther salió de inmediato y volvió a tocar la puerta con la esperanza de que la mujer que acababa de entrar le diera la cara y ayudara a zanjar la leyenda urbana del hombre de blanco. Mientras ésta tocaba la puerta, la mujer abrió y preguntó qué quería y qué hacía ahí. Éste respondió que sólo quería resolver un misterio y la joven le dijo que no sabía de qué hablaba y que mejor se marchara. Esther le dijo que había visto la ropa en el tendedero y que sólo quería aclarar el asunto del hombre de blanco. La joven sorprendida le dijo que bajara la voz y que si quería hablar lo haría. La invitó a pasar al patio de la casa, pero no le permitió entrar. La joven se presentó. Le dijo que se llamaba Julia y que trabaja como asistente administrativo en una empresa. Le dijo que vivía sola. Ester les explico el motivo de su visita. Le preguntó si había escuchado todo lo que se contaba sobre el hombre de blanco, a lo que inicialmente Julia negó, pero Esther cuestionó la ropa tendida a lo que Julia respondió que si le contara la verdad sobre ese asunto, muy posiblemente la tomaría a loca y no le creería. Esther respondió que parte de su trabajo consistía en escuchar muchas declaraciones descabelladas y escribir en su reportaje los hallazgos tal y como habían sido comunicados y presenciados. No buscaba adornar ni hacer más atractivo lo que solía investigar. Julia permaneció en silencio algunos minutos pensativa y contemplativa en su expresión. Respondió que le contaría, pero que aún así muy seguramente nunca le creería. A la periodista pactaron una reunión en la cafetería donde laboraba Esther, con el fin de que ésta pudiera escribir su reportaje. El día de la reunión, Julia entró a la cafetería y se encontraba bastante nerviosa y si se notaba en su andar y en los movimientos casi espasmódicos que realizaba de forma involuntaria, Esther le invitó a un café y se unió con ella. Al fin de su turno, sacó una libreta para tomar apuntes y le dijo a Julia que escucharía atentamente todo lo que ella quisiera contarle. Julia comenzó su relato remontándose hasta su infancia. Le contó que, debido al carácter de sus padres, se le dificultó socializar e integrarse con el resto de los niños del lugar donde nació y creció. Tuvo una infancia dura, ya que su familia no tenía una posición económica muy solvente. Su padre trabajaba como obrero en las diferentes construcciones y su madre solía salir a recoger plástico metal y cartón para revender a quienes reciclaban estos materiales. Ella solía quedarse sola en la casa, con puertas y ventanas cerradas para evitar que se saliera mientras sus padres estaban fuera. No tenía en televisión, radio ni ningún otro aparato que le leía ayudará a pasar el tiempo. Mucho menos tenían libros. Sólo se encontraba a ella sola viendo por la ventana a las personas y animales que deambulaban por las calles de su vecindario. Algunas veces observaba cómo los niños jugaban en la calle, pero ella no podía unírsele sólo podía contemplarlos desde su casa. Se moría de ganas de salir a jugar o, al menos interactuar con alguien más, pero la mayor parte del tiempo se la pasaba en soledad debido a que no podía salir. Sus habilidades sociales eran muy malas. Solía tartamudear cuando intentaba comunicarse y con sus padres se comunicaba a través de distintos sonidos que emitía con la boca y la garganta. Pensaban que había nacido con algún retraso o problema mental de aprendizaje, por lo que en las escuelas a la que la enlistaron también tuvo dificultades para integrarse. Su incapacidad para hablar como el resto de compañeros y la nula capacidad de sus maestros para encontrar las estrategias para que ésta lograra desarrollarse llevó a que la echaran de las escuelas, argumentando que tenían que llevarla a una escuela especial, pero estas instituciones eran sumamente costosas y a sus padres les resultaba imposible de pagar y atender sus necesidades correctamente. La condición de Julia generó que sus propios padres la marginarían y aislaran del resto ellos podían entender los diferentes sonidos que emitía cuando ésta quería comunicarles algo. Pero el resto de las personas, no sus padres, Se volvieron sobre protectores de la pequeña Julia, pues consideraban que el mundo no estaba hecho para coexistir con Julia, por lo que ella habría de pasar toda su vida bajo el cuidado de sus padres. Julia era capaz de entender perfectamente a sus padres y al resto de personas sólo le costaba comunicarse con ellos, por lo que en este ambiente de suma soledad, Julia sólo podía fantasear con un amigo que le hiciera compañía. Solía jugar como como si estuviera con alguien más organizaba la mesa con comida que dejaban sus padres en casa, como si le sirviera a alguien más. Imaginar a un niño de su misma edad con el que podía pasar el día era su forma de afrontar su condición de marginalidad. Sus padres regresaban agotados y a veces de malas, debido a que el dinero no alcanzaba para cubrir sus gastos mínimos. Pero la situación empeoró cuando el padre de Julia sufrió un accidente mientras se encontraba sobre los andamios, ya que por una falla esto se vinieron abajo y cayó de una altura de alrededor de unos veinte metros. El golpe fue fatal y su cuerpo inerte se estrelló contra el suelo. Mientras se movía compulsivamente por el golpe, sus compañeros intentaron reanimarlo, pero cuando éstos se acercaron al cuerpo, éste había fallecido. El encargado de la obra ofreció dinero a las autoridades para hacer de la vista gorda. Debido a que el papá de Julia se se n o n s N la trabajando de forma ilegal para la constructora y amenazó al resto de obreros de despedirlos si éstos mencionaban algo a las autoridades o alguien más, por lo que éstos mantuvieron la boca cerrada. Sólo se hicieron cargo de los gastos funerarios y ni siquiera ofrecieron alguna indemnización a la familia de Julia por el incidente. Consideraban que pagar el ataudera suficiente para apoyar a la viuda y la pequeña, que dependían económicamente de la hora difunto. Con el fallecimiento del padre, la situación familiar de Julia empeoró. Su madre cada vez afrontaba más estrés y molestia para conseguir dinero. Buscó empleo en distintos lugares, pero no tenía suerte, por lo que descargaba parte de su frustración sobre Julia, a quien le propinaba fuertes golpizas. Ya ni en su hogar Julia encontraba tranquilidad. El único momento de paz era cuando su madre salía de casa y volvía hasta la madrugada. En aquellos momentos ella volvía a invocar a su amigo I I. R. S r. Rio, que llamaba Pedro, el cual, según describía Julia, era un niño como ella, incapaz de comunicarse como las demás personas, pero que la comprendía a la perfección y jugaban juntos todo el día hasta que la madre de Julia volvía a casa. En estas condiciones, se desarrolló la infancia de Julia, llena de precariedad, marginalidad, soledad y violencia, cuyo único momento de paz y alegría era cuando su amigo imaginario le hacía compañía. Así pasaron algunos años hasta que la madre de Julia había empezado a consumir diversas sustancias nocivas para poder seguir trabajando y poder conseguir dinero que gastaba principalmente en conseguir más sustancias. Cuando la presencia de Pedro dejó de ser captada únicamente por Julia y también su madre había comenzado a ver, pensaba que era un vecino con el que su hija había entablado amistad y no le prestaba mayor atención, pues el niño tampoco emitía ningún sonido. Otras veces llegó a creer que todo eso era fruto de las sustancias que consumía. Julia se sorprendió cuando su madre también fue consciente de la existencia de Pedro. Su imaginación y necesidad de crear un vínculo con otro ser se había manifestado en Pedro, pero ahora ya no sólo era producto de su imaginación era un ser real tangible que otras personas podían ver la madre de Julia. Al poco tiempo falleció y Julia quedó completamente sola viviendo en aquella vieja y sucia casa. Nadie quería hacerse cargo de ella, ni mucho menos. Cuando se percataron que eran dos infantes, sólo una monja se apiadó de aquellas criaturas y las llevó consigo a un convento donde se encargó de cuidar y educar a ambos. Y aunque Julia logró comenzar a desarrollar sus habilidades lingüísticas, Pedro era incapaz de comunicarse, como el resto de las monjas y personas de la iglesia. Así pasaron los años. Julia se volvió a alguien educada, inteligente y bien portada. Pedro también creció, pero mantenía un aspecto muy infantil y no hubo mejor en su habla Se comportaba de forma errante. Y cuando Julia se volvió una señorita y Pedro también, este no cambió sus rasgos físicos. Seguía teniendo un rostro de un niño de cuatro años con el cuerpo de un adulto. Ahí fue cuando adoptó su característico traje blanco y pronto se cubrió también el rostro. Julia le contó a Esther que la apariencia infantil de Pedro se debía a que ésta, con el tiempo, había perdido la capacidad de imaginar cómo sería el crecimiento de Pedro. Se había vuelto un cuerpo tangible, pero estancado en la imagen que había creado ella cuando era una niña. Había creado un tulpa sin querer por las circunstancias en la que había crecido. Las monjas fueron quienes le ayudaron a conseguir empleo a Julia y a conseguir la casa donde vivía en compañía de su amigo imaginario del que se hacía cargo, ya que había sido su responsabilidad, su creación. Pero pero de vez en cuando éste comenzaba a mostrar un comportamiento, pensamientos y acciones como si quisiera independizarse de lo impuesto por Julia. Por eso lo habían visto de ambular y correr por diversas partes de la ciudad. Esther escuchó toda la historia de Julia y no supo qué responder. Escribió su historia y el reportaje que tenía planeado Inicialmente lo ofreció a los distintos medios, pero ninguno quiso publicar lo debido a que consideraban que era una historia fantasiosa de una reportera mediocre, que se había inventado una historia increíble que involucraba poderes mentales sólo para llamar la atención. Su reportaje fue encontrado en un bote de la basura de la ciudad, que unos pepenadores se encontraron mientras buscaban algo que comer y entregado a un periódico que decidió publicarlo, pero que pocos leyeron. La historia de la conquista y posterior colonización de lo que antiguamente fue el Imperio Mechica es probablemente una de las más conocidas, no sólo porque a raíz de aquel acontecimiento, el mundo entero sufrió una transformación entera, pues es bien sabido que la expansión del Imperio Español en el nuevo mundo supuso una fuente de riqueza y poderío con la que pocos reinos de la época podían rivalizar. Sin embargo, el proceso del sometimiento de los aztecas consistió en una serie de enfrentamientos entre el ejército mechica y los españoles que ya habían establecido relaciones con algunos grupos originarios que, al encontrarse bajo el dominio de los mechicas, estaban bastante inconformes y que posteriormente verían la posibilidad de revelarse ante Moctezuma dos. Precisamente uno de los sucesos documentados sobre los enfrentamientos que tuvieron lugar en las ciudades y territorios de los aztecas es la mal llamada noche triste lucha entre mechicas y conquistadores y aliados, que culminó con la derrota y repliegue de la alianza de los conquistadores, quienes perdieron un número importante de hombres y la muerte de miles de nativos. El enfrentamiento que puso en apuros a los conquistadores no se trató de algo espontáneo, sino más bien fue el resultado de una interacción y diplomacia fallida. Cuando el grupo de cortés llegó a lo que actualmente es México. Iba acompañado de otros nativos, quienes fungían de intérpretes y traductores, los cuales fueron bienvenidos en las tierras mechicas por Moctezuma, dos con quien establecieron comunicación y les ofrecieron pasar a la gran ciudad. Al poco tiempo, los conquistadores notaron la riqueza con la que contaban los mechicas y también de la fuerza y poderío que ostentaban. Sin embargo, tenían a su favor armas de fuego y estrategias militares, ya que la mayoría de los hombres de cortés sabían combatir y eran diestros guerreros, al igual que el ejército real de s Motezuma. En cuestiones numéricas, había una gran diferencia, pero los mechicas, aparte de sus guerreros, contaban con una serie de rituales que los sacerdotes habían adquirido de sus antepasados, cuyos conocimientos fueron aparentemente borrados debido al peligro que representaban la tensión entre los extranjeros y los nativos. Se hizo notar desde que las embarcaciones dirigidas por Cortés tocaron tierras mechicas y es que durante la expedición por río Grijalva, los españoles lucharon y salieron victoriosos gracias a su superioridad armamentística sobre los nativos del lugar y se asentaron por la región después de haberse llevado lo que los habitantes tenían joyas, mujeres y alimentos. Ante la noticia de la llegada de un grupo de extranjeros, Moctezuma dos envió una serie de regalos para el grupo comandado por Cortés, ya que algunos consideraban que su demoledor poder se debía a que los acompañaba quetzalcoatl. Aquel ser que contaban las leyendas sacerdotisas volvería desde el Oriente. Sin embargo, los conquistadores, al recibir los obsequios que se componían de oro y otros metales preciosos, optaron por viajar hasta Tenochtitlán, en búsqueda de más regalos como los que habían recibido con anterioridad. Por su parte, Moctezuma solicitó que se retiraran de sus tierras y lo mismo ordenó Diego Velázquez, el gobernador de Cuba, quien era el superior de Cortés, Pero éste no hizo caso a ninguna de las dos peticiones hambrientos por más oro. Las tropas de Cortés marcharon hasta la ciudad más importante de los mechicas. Convivieron con los nativos del lugar, pero existía cierta desconfianza por parte de ambos bandos cortés. Tras haber desacatado las órdenes de Velázquez. Se enteró de que Narváez había zarpado de Cuba con dirección a Yucatán para capturarlo y llevarlo de vuelta a la isla como prisionero por haber desobedecido las órdenes de su superior, por lo que reunió algunas tropas españolas y se dirigió al Golfo de México para repeler la aprensión de Velázquez, de modo que en Tenochtitlán se había quedado Pedro Alvarado, al mando de los hombres, por lo menos hasta que Cortés volviera. Durante la ausencia de Cortés, los hombres de Alvarado conocieron las tradiciones y parte de la cultura de los mechicas, quienes les habían provisto algunas casas para ocupar mientras permanecían en la ciudad. Ahí algunos se empaparon de ciertas creencias y prácticas de los mechicas, las cuales no les resultaban moralmente aceptables, pues recordemos que la religión oficial de España era la católica e incluso habían elevado una cruz en uno de los templos de Tenoptitlán con el permiso del emperador mechica. Debido a las barreras lingüísticas que existían entre ambas culturas, el entendimiento era un poco escaso alvarado. Se mostraba especialmente incómodo respecto a algunas prácticas que realizaban los mensch con fines ceremoniales. Solía preguntar a sus intérpretes que le acompañaran la mayor parte del tiempo para que se mantuviera al tanto sobre lo que decían o planeaban los mechicas. En alguna ocasión se cuenta que se coló a los recintos donde se reunían los sacerdotes y mientras éstos conversaban sobre la celebración del Toscap, una celebración dedicada a Tezcatlipoca y witzilopochtliy con motivos del fin e inicio de un nuevo mes en el calendario. A Alvarado le pareció sumamente sospechoso, ya que durante su estadía con los mechicas había entrado en un estado de paranoia y creía que en cualquier momento éstos le traicionarían. Ante su preocupación, comenzó a hablar con el resto de sus hombres para organizar una ofensiva ante un inminente ataque mechica. Durante la celebración del Toscat algunos se mostraron un tanto incrédulos, pero Alvarado los convenció, ya que pensaba que tanta hospitalidad por parte de los mechicas seguramente parte de un plan para aniquilarlos. Mientras Alvarado se coordinaba con sus hombres, los sacerdotes también planeaban una forma de responder ante la eventual traición de sus huéspedes. Los antecedentes de erradicar y doblegar a cualquier asentamiento con el que se encontraran. Los llenaban de dudas respecto a su naturaleza, pero sabían que las armas con las que contaban serían insuficientes para hacerles frente a los rifles de Pólvora y difícilmente sus armas los alcanzarían si éstos montaban sus caballos y vestían sus armaduras. Los días previos a la celebración comenzaron a volverse más tensos para ambos bandos. Moctezuma trató de apaciguar los ánimos de guerra que los sacerdotes comenzaban a discutir entre ellos, pues él intentaba creer en que sus invitados habrían de comportarse a la altura. Su pensamiento se respaldaba por sus ejércitos donde había fieros guerreros capaces de rivalizar cuerpo a cuerpo con cualquier soldado español y salir victoriano. Las hazañas de muchos miembros del ejército real generaban confianza en el emperador. Los sacerdotes, por su parte, a pesar de haber escuchado la perspectiva del emperador, se mostraban bastante incrédulos y pensaban que no estaba de más tener un plan b en caso de que sus sospechas se volvieran reales. Así que recurrieron a las antiguas artes que sus ancestros habían adquirido. La invocación de witzy lo Pothley, el dios de la guerra, cuya presencia en algunas guerras antiguas, que había librado el pueblo mechica, les había dado la victoria sobre sus enemigos. Para los conquistadores, las historias que habían escuchado sobre la existencia de los dioses mechicas y de otras culturas les parecían una completa herejía, ya que su religión monoteísta no permitía la existencia de todos los dioses, que los mechicas adoraban en sus templos y a quienes rendían tributo en determinadas fechas, con la finalidad de mantener una buena relación y que estos otros gasgan su poder y gracia en beneficio del pueblo mechica. Los españoles consideraban que eran mitos y leyendas de un grupo salvaje que no entendía la grandeza de su único dios. Los preparativos del toscat comenzaron y todo el pueblo, las castas bajas y altas, comenzaron a realizar distintas actividades. Puesto que la celebración se acercaba a la cual habían sido invitados por el emperador, se recolectaba maíz y hacía explotar en forma de palomita, con las que hacían unos collares que las personas que danzarían debían utilizar. Los artesanos utilizaban miel de abeja y amaranto para crear unas figuras que representaban las deidades a las que se les dedicaba dicho ritual. Por su parte, los sacerdotes se encerraban en un templo donde pasaban todo el día sentados meditando y haciendo sonidos con la boca y garganta que los españoles se encontraban de mal gusto. Lo que realmente ocurría es que los sacerdotes habían empezado a r un ritual con el que pretendían invocar a Witzil lo Potchiley, pero para que éste cobrara vida en el mismo plano que ellos, todos los sacerdotes debían unir sus mentes en una sola con la cual imaginaban y daban forma a su invocación. Entraban en una especie de trance mientras recitaban algunas palabras en una lengua antigua desconocida, de la cual no se tiene mayor registro, ya que los españoles se encargaron de borrar, pues les causaría una gran pérdida. Mientras todo esto sucedía Alvarado, estaba cada vez más seguro de que si no hacían algo ante la ausencia de cortés, muy probablemente terminarían muriendo a manos de los mechicas como tributo a whitzy lo Potchili. Llegó el día y los mechicas cargaban la figura de Whitzi Lopotchily en sus hombros mientras danzaban y el pueblo caminaba detrás de ellos, como si de una procesión se tratara. Cuando terminaban el recorrido por las calles y templos más importantes de la ciudad, se posaban frente al templo mayor y repartían el la amaranto con miel a todo el pueblo. Mientras los mechicas realizaban su celebración, los hombres de Alvarado tomaron sus armas, montaron sus caballos e iniciaron una masacre, aprovechando que todo el pueblo se encontraba desarmado celebrando el toscan. Algunos mechicas respondieron al ataque de los españoles, pero el ataque por sorpresa que había orquestado Alvarado y sus hombres les imposibilitó actuar de manera rápida y organizada. No se sabe cuántas muertes se cobró aquel ataque a traición. Los sacerdotes aún no habían logrado traer a whitzy lo Potchley para que les ayudará, ya que ante el ataque de los conquistadores algunos habían sido perseguidos y brutalmente asesinados, por lo que el ritual se interrumpió durante aquel asedio, Los españoles capturaron al emperador, lo volvieron su prisionero y con su captura lograron permanecer en territorio enemigo, buscando refugio en las mismas casas que los mechicas habían ofrecido para hospedarlos. La situación no era muy alentadora para los mechicas, pues habían perdido a su líder y los guerreros se encontraban desanimados y las pugnas comenzaban a dividirlos. Al retorno de cortés Aptenochtitlán se encontró con un ambiente sumamente hostil. La sed de sangre por parte de los mechicas era palpable, pues sus hombres ya habían derramado mucha sangre y ambos bandos estaban esperando a que uno u otro realizara un movimiento para responder. Pero los españoles sabían que el contraataque de los mechicas sería devastador y muy probablemente sería el fin de sus ambiciones para cuando Cortés había vuelto a la ciudad, los mechicas ya se habían reagrupado bajo el mando del nuevo emperador Kitlahuac, el hermano de Moctezuma, quien había asumido el mando tras el asesinato del anterior rey mechica Cuitlawa, que había sido el general del ejército mechica, por lo que sabía cómo dirigir a sus fuerzas y cómo atacar al enemigo. Mientras el nuevo emperador preparaba su contraataque, los sacerdotes que habían sobrevivido al ataque español se encontraban nuevamente realizando los preparativos para invocar al Dios de la guerra mechica, para que éste diera una mano al nuevo Tlatoani, tal y como lo había hecho anteriormente en el resto de las batallas difíciles que los mechicas habían enfrentado. Cortés, inicialmente temeroso por la respuesta de los mechicas ante el ataque orquestado por su subordinado, intentó resolver el problema por la vía diplomática. Les propuso retomar las charlas comerciales e incitar a los mechicas a que mercadearan con ellos. Pero las vidas que habían tomado sus hombres, alguien las tenía que pagar, de modo que la diplomacia no sirvió de nada para apaciguar el ambiente cada vez más desalentador para los extranjeros. La situación para los conquistadores no era la mejor. Si bien Cortés había derrotado a Narváez, esto también hecho que perdiera la apollo de Cuba, la región más cercana con la que contaban y con la que ahora se encontraba enemistado por sus grandes ambiciones de conquista, gloria y riqueza que habían florecido con mayor intensidad cuando llegó a territorio mechica al notar la riqueza de aquellas tierras y la ventaja de la que habían gozado, pero al parecer, su suerte comenzaba a agotarse. Habían estirado la liga demasiado y lo que le seguiría sería recibir el golpe. Kitlawak organizó a su ejército y dio una ofensiva en contra de los extranjeros y buscó apoyo y alianzas con los pueblos cercanos con la finalidad de exterminar a los invasores y sacarlos de su territorio. La estrategia era simple erradicar a los extranjeros, derrotarlos en combate, capturarlos y sacrificarlos durante el ritual de coronación, el cual no se había podido realizar debido a los problemas que se habían suscitado tras la traición de los españoles. Finalmente, a finales de junio de mil quinientos veinte, los preparativos para la guerra habían terminado y el ejército mechica, liderado por el nuevo emperador, cargó sus armas y ánimos contra los conquistadores, quienes preparaban una huida tras su patético intento de establecer un ambiente diplomático fundado en las relaciones comerciales y económicas con las que inicialmente habían engañado a Moctezuma para que éste los acogiera en su ciudad. Se cuenta que los sacerdotes mechicas lograron invocar al dios de la guerra y éste les habría concedido la sabiduría para organizar y efectuar el ataque que lideró el nuevo Tlatoani. De igual forma, se dice que prestó su fuerza al ejército para que éste barriera el piso con cualquier español que se les cruzara, pero que el precio por haberse manifestado y haber ayudado nuevamente a los mechicas resultaría bastante alto para ellos mismos. Cuando los sacerdotes entablaron contacto con Whitz y lo pochli, éste les explicó que el costo que todo el Imperio habría de pagar por su intervención sería prácticamente el exterminio de los mechicas y décadas llenas de batallas, guerras y enfrentamientos que derramarían sangre de sus descendientes y de sus enemigos, con la cual nutriría la tierra y, en algún punto, volvería a florecer la vida en un interminable ciclo de muerte, destrucción, resurrección y creación. El precio que exigía el dios de la guerra era sumamente alto. Y es que no sólo condenarían a sus futuros descendientes a una vida llena de dolor y sufrimiento, que es lo que realmente significan las guerras, pero también declinar su ayuda en aquellos momentos de desesperación rabia y búsqueda de venganza significaba aceptar su exterminio en ese preciso momento, con lo que también toda esperanza de ir contra la causalidad desaparecería. Algunos sacerdotes dudaron de continuar con la invocación de Whitzilopotchley. Otros tantos espres estaban dispuestos a seguir adelante y buscar una forma de evitar aquel futuro tan aterrador, oscuro y desesperanzador. El hecho es que existía un pequeño detalle que sería decisorio en el desenlace de aquella historia. Después de discutirlo entre ellos, los sacerdotes acudieron con kitlawac para conocer su punto de vista y explicarle parcialmente lo que su venerado. Dios exigía a cambio, de brindar su ayuda nuevamente al pueblo mechica. Omitieron algunos detalles y precisaron que, de no aceptar la intervención divina de Witzi lo Potchley, el pueblo mechica caería ante aquel pequeño grupo de invasores que habían insultado a su imperio con su cobarde ataque en tan importante festividad precisamente dedicada a su dios de la guerra. Sin mayor reflexión y objeción, el nuevo Emperador ordenó seguir adelante con el ritual de invocación a los sacerdotes. Estos le comunicaron que les tomaría algunos días volver a convocar a su dios, de modo que tenía que asegurarse de que los españoles no atacaran ningún recinto donde ellos se encontrarían ni mucho menos permitir que sus cabecillas huyeran, ya que esto les daría la oportunidad de reunificarse y establecer alianzas para organizar un contraataque cuando ellos menos se lo esperaran, pues basados en la matanza del templo mayores, te parecía ser su módus operandi, y así fue. Después de un par de días, los sacerdotes lograron volver a invocar a su dios de la guerra, con quien pactaron aquel acuerdo, con la esperanza de poder desecharlo en cuanto lograran su cometido de exterminar a los españoles. Whitzilopochli les brindó su sabiduría con la que lograron organizar el ataque contra los conquistadores, quienes preparaban su huida de las tierras mechicas por órdenes de cortés. También les brindó su fuerza a algunos guerreros que habían mostrado ser dignos y capaces de ejercerla. Finalmente, en finales de junio, el ejército mechica, encabezado por j t La aquí precedido por Whitz y lo Potchili, dio inicio a su venganza contra los españoles. El objetivo era simple destruir al enemigo y para alcanzar tal meta era necesario destruir sus armas y herramientas que les habían causado problemas en el anterior combate. El enfrentamiento fue feroz. Los guerreros mechicas, que habían sido elegidos por el mismo Dios de la guerra, remetieron brutalmente contra los españoles. La fuerza de estos hombres era enorme, pues se cuenta que un solo golpe con el macoahuit propiciado por ellos era capaz de romper las armaduras, cortar rascar y moler la carne de los conquistadores. Con el kuaologi omazo reventaban los cráneos de sus adversarios, mientras que los soldados que utilizaban el atlab, una especie de lanzadardos capaz alcanzar distancias de ciento veinte metros, podían atravesar las cotas de malla de acero que vestían las lanzas perforaban los cuerpos y órganos internos que la us usando dolores muy fuertes. En general, la brutalidad y fuerza del ejército mechica, aunando a ellos su gran número significó una superioridad y dominio increíble sobre las armas de Pólvora, las armaduras y la formación militar con la que contaba el ejército. Enemigo, Los hombres de Cortés construyeron un puente portátil de madera con el que se disponían a huir, pues la ciudad prácticamente era una isla y la única forma de salir de ahí era a través de los canales que controlaban los mechicas, y pronto los mechicas destruyeron el puente portátil con el que pretendían escapar de la masacre, de modo que las fuerzas españolas fueron diezmadas. Algunos hombres de cortés tuvieron la fortuna de haber muerto durante el combate, puesto que aquellos que fueron capturados después de haber sido vencidos, fueron sacrificados. Durante la coronación de Quiitlahuack se les perforó el pecho y extrajo el corazón, el cual chorreaba sangre y aún palpitaba en las manos de su ejecutor. La supremacía del pueblo mechica se hizo notar en aquel enfrentamiento nocturno. Los españoles sólo escuchaban entre la penumbra y la niebla, las caracolas, los gritos llantos y alaridos de genuino terror de sus compañeros que caían y morían ante las manos de los mechicas. Los españoles se encomendaban y rezaban a su dios católico, mientras se emitían desgarradores hoyosos y gritaban pidiendo clemencia y piedad, pero los mechicas parecían ser implacables. Aquella noche hubo un gran número de muertes, tanto de parte de los conquistadores como de los mechicas y aliados. Si bien no se tiene certeza del número de bajas totales, es bien sabido que la tierra y agua fueron teñidas nuevamente de sangre. El pueblo mechicas celebró su victoria sobre el enemigo, pero un grupo de españoles logró escapar entre lágrimas desesperación, pavor, miedo y terror que no habían experimentado durante ons su estadía y conquista de algunos otros pueblos. Entre ellos se encontró el propio cortés. Tras la victoria del pueblo mechica y aliados, gracias a la ayuda de Witzilopochli, se realizó la coronación formal de Quiitlahuac, pero su mandato, así como la vida de muchos de sus soldados, no duró mucho, pues el nuevo emperador había contraído la viruela que los españoles habían llevado consigo, por lo que, después de reinar por alrededor de ochenta días, este murió por la enfermedad desconocida para ellos. Algunos soldados y pobladores también fallecieron a causa del mismo padecimiento. Con la muerte de Kitlau Aquila de sus sacerdotes, se perdió el ritual para invocar a Whitzilopochli y con ello la oportunidad de evitar pagar el costo impuesto por el Dios por brindarle su ayuda, lo que sería la sentencia de los mexicanos originarios y motivo por el cual México continúa pagando su tributo de sangre con su propia gente y continuará haciéndolo hasta que él, el ciclo, se reinicie aquella mañana. El investigador privado se despertó como de costumbre, con un dolor de cabeza horrible, sensibilidad a las luces y un sabor abómito en su paladar producto de una resaca con la memoria aún borrosa y difusa. Trató de ponerse de pie, pero los mareos y náuseas no le permitieron mantenerse erguido, así que optó por sentarse sobre el sofá donde había pasado la noche, mientras se restregaba los ojos con los puños e intenta alivianar el dolor de cabeza frotándose las sienes con las yemas de su otra mano. Observó el archivo que se encontraba sobre su mesa de trabajo, el cual estaba cubierto por un poco de ceniza y un trago de whisky a medio tomar, y recordó que tenía un caso en que trabajar sobre una desaparición misteriosa. Se estiró desde el sofá hasta la mesa para alcanzar la carpeta manchada de tabaco y alcohol. La abrió y comenzó a hojear los documentos que contenía. El caso era importante, ya que la desaparición de la jovencita que aparecía en las fotografías que le había entregado la familia de la hora desaparecida era la hija de su hermano menor, al cual no había visto en muchos años por algunas diferencias que habían tenido en algún punto de su vida, pero que habían ocurrido hace bastantes años que ya ni siquiera recordaba porque no se hablaban. Mientras leía los informes y el dolor de cabeza continuaba agudizando. Se buscó el vaso de whisky y se lo tomó de un sorbo. Después de esto, el detective se levantó aún algo aturdido y mareado camino, sosteniéndose de los muebles de su pequeña oficina que le servía como departamento, y se dirigió hasta el baño para asearse y comenzar a trabajar. No tenía idea de qué hora era, pero a juzgar por la luz que se colaba al despacho entre las persianas, ya debía estar cerca del mediodía. De todas formas, su sus horarios de trabajo y descanso eran un desastre, ya que solía trabajar de noche y tomar trabajos de día. El resto del tiempo lo pasaba bebiendo en un bar en el que acudía desde hace años por la amistad que tenía con el barista y dueño del lugar. Miller no recordaba mucho sobre su infancia. Sabía que en algún momento había servido al ejército y, después de eso, al intentar conseguir un empleo más normal y fracasar en el intento, puso a disposición sus servicios de investigación para ayudar a la policía a resolver casos donde éstos parecían toparse con pared Al ser un investigador privado, solía tomar casos de toda índole. Lo único importante era dar una conclusión, ya fuera positiva o negativa, a sus clientes sobre cualquier cosa que éstos quisieran saber. A veces tomaba casos donde tocaba vigilar a los maridos de algunas mujeres angustiadas que pensaban que éstos les eran infieles con alguna otra mujer y la mayoría de las veces resultaba que sí. En sn s o s o sons buscaba personas desaparecidas o seguía durante días, semanas o meses a ciertos sujetos para identificar patrones que algunos civiles solicitaban melor. Sabía que eran agentes infiltrados que preferían pagarle a un tercero por realizar su trabajo, pero eso no le importaba. Mientras pagaran y lo hicieran bien, no tenía problemas morales o éticos a los que responder por su trabajo. Si se hubiera vuelto detective de la policía, tendría que rendir cuentas a sus superiores, al Gobierno y la ciudadanía. Pero como trabajaba al borde de la ley en la zona Gris, nadie realmente le prestaba demasiada atención al oficio que desempeñaba. Tampoco tenía una justificación grandilocuente para hacer lo que hacía como por una esposa o un hijo que mantener y proteger. En realidad era una persona muy solitaria. El único contacto que sostenía era con sus clientes, a los cuales les daba igual su vida privada, su su si tua n o n sno sentimental. Le pagaban por vigilar y espiar a ciertas personas y eso era todo lo que bastaba. Pero con el caso de su sobrina era diferente. Era la primera vez en años que un familiar o ser cercano lo contactaba y aunque no era para preguntar por cómo le iba o si necesitaba algo, le resultaba interesante saber un poco más sobre su familia. Su hermano lo había contactado hace dos noches atrás, mientras se encontraba tomando unos tragos en el lugar de siempre. Inicialmente pensó que era un cliente más hasta que este le dio su apellido. Ahí fue cuando recordó que tenía un hermano y también que una sobrina que no conocía y ahora debía investigar su paradero internamente. Sabía que la búsqueda podía resultar muy bien con la jovencita yéndose de casa por diferencias con sus padres, o muy mal y nunca encontrar ningún rastro y su archivo pasaría al almacén de la policía de caso sin resolver. Si su sobrina ya no estaba viva, lo mejor que pría podría pasar era encontrar su cadáver y entregárselo a su hermano para que éstos le dieran un descanso digno. Intentaba mantenerse concentrado, pero su memoria estaba muy nublada, más de lo habitual, apenas si recordaba que había pasado después de que su hermano lo contactara. A pesar de eso, tenía que ponerse a trabajar y resolver el asunto lo antes posible. Después de todo, si su sobrina estuviera secuestrada. El tiempo es sumamente importante, pero hasta el momento no habían recibido ninguna llamada carta ni nada. Pidiendo rescate por la jovencita lleno de preguntas, terminó de ducharse con agua helada porque hacía meses que no pagaba el gas para calentar el agua y la oficina para él estaba bien, ya que así le ayudaba a despertar y a subir sus defensas. Se cepilló los dientes y tomó un par de analgésicos para alivianar el dolor de cabeza, el cual no había cesado. Con un viejo rastrillo, se afeitó su rostro, ya que su barra parecía haber crecido por al menos unos tres días. Terminó de secarse. Se vistió con la ropa que olía menos mal y se veía menos sucia, lo que le recordó que tenía que ir a la lavandería lo antes posible. Cuando se acercó a la cocina, se dio cuenta de que no tenía nada de despensa, sólo algunas latas de cerveza y algunas botellas de whisky. Sólo había vasos de vidrio en su casa y no le prestó mucha atención, Así que buscó su abrigo, puso sus llaves en la bolsa y colocó el letrero de que se encontraba ausente. Salió de la habitación y bajó las escaleras. El quima pintaba mal, estaba muy nublado y brisaba, lo que significaba que llovería el resto del día, pero para Mellor era sólo otro día más. En realidad, no podía recordar un día donde el sol brillara y no hiciese mal quima. Cubrió la carpeta amarilla con su abrigo y caminó hasta su auto lo prendió y notó que tenía poca gasolina, lo cual le parecía extraño, porque supuestamente la última vez que lo había utilizado tenía en tanque lleno, pero ya no podía fiarse por completo de su endeble memoria. Así que, antes de ir a la escuela donde estudiaba su sobrina tendría que hacer una parada en una estación de recarga. Condujo hasta la más cercana, apretando los dedos para que el auto no se le detuviera a medio camino, y justo cuando iba a girar para entrar a la estación, el auto se apagó y la aguja marcaba cero combustibles, maldiciendo a su auto su vida y a sí mismo por haber dejado el auto sin gas. Quitó el freno de mano, abrió la puerta y salió para empujarlo los siete metros que le habían faltado para llegar a la zona de recarga, aprovechando que en la estación había una tienda de conveniencia, se acercó a pagar por la gasolina, comprarse un paquete de cigarrillos y en cuanto se postró frente a la caja a un señor mayor como de unos setenta y cinco años, lo saludó y se disculpó por no haberle echado una mano cuando cuando se quedó parado, pero su espalda y piernas ya no eran tan fuertes como antaño, y también le dijo que si era nuevo en la ciudad o estaba de paso melor. Se sorprendió por la pregunta del anciano, pues llevaba viviendo gran parte de su vida en aquella ciudad y muy seguramente en más de una ocasión habría pasado a aquella estación de gasolina. Inquieto por la pregunta del viejo, sacó el dinero de su billetera y le respondió que se encontraba trabajando por el lugar. El anciano tomó el dinero, lo guardó en la caja registradora y le dijo que tuviera cuidado y le deseó buena suerte. Miller tomó su cambio sus cigarrillos y le deseó un buen día al anciano y salió del establecimiento. Se montó a su vehículo y se puso en marcha a la escuela de su sobrina. Cuando llegó a la escuela, la directora del instituto le pidió que se presentara primero en su oficina para rellenar algunos formatos y que le contara el motivo de su visita. Mellor no tuvo opción. Si quería hablar con la maestra de su sobrina y con suerte con algunas de sus amigas, tendría que hacer todo el engorroso proceso burocrático. Se estacionó y caminó directo a la oficina de la directora se presentó y le comunicó el motivo de su visita. La directora le respondió que algunos policías ya habían ido a entrevistar a los maestros de la jovencita y Medor respondió que él era un investigador privado y que, si bien algunas veces se la ayudaba a resolver casos a la policía, no compartían información ni trabajaban juntos. Después de unos minutos terminó de rellenar los documentos solicitados y la directora llamó a la maestra de su sobrina para que le respondiera las preguntas que tenía para ella. Mai le pidió realizar su trabajo en privado y salieron al pasillo de la dirección, donde le preguntó sobre el comportamiento de la jovencita y le pidió que le comentara si había visto conductas sospechosas o extrañas. La maestra les reno respondió que hasta antes de que desapareciera no había notado nada inusual en ella o en sus compañeros. Míller aprovechó para sacarle el nombre de las compañeras y compañeros más cercanos a su sobrina y después de haber entrevistado a la maestra, se despidió y comenzó a realizar apuntes, en lo que perdía la atención del personal de la escuela para poder escabullirse y buscar a las amigas de su sobrina. Al poco tiempo tuvo suerte, ya que se encontraban almorzando y un joven le indicó quiénes eran. A cambio de un poco de dinero. Mellor se acercó a las jovencitas les comentó que estaba investigando la desaparición de María, así se llamaba su sobrina. Las chicas se mostraban algo desconfiadas, pero después de un rato accedieron a contarle sobre María. Ellas habían estado con ella el día que había desaparecido, pero no había notado nada particular. Sólo les había comentado que próximamente acompañaría a su padre a una fiesta que organizaba la la empresa donde trabajaba con motivo de su aniversario, y ésto se los había dicho, ya que habían quedado de ir al cine. El fin de semana, Mellol tomó nota, se despidió de las jovencitas y se marchó antes de que lo echaran de la escuela por andar husmeando y haciendo preguntas a los estudiantes sin una orden especial. Caminó hasta el estacionamiento, se subió a su vehículo y salió de ese lugar. Investigó a la empresa donde trabajaba su hermano y resultó ser un brocker. Ya saben ese tipo de empresas que se encargan de asesorar y asistir la compra y venta de acciones. Encontró algunas publicaciones sobre el aniversario, pero en ninguna salía su sobrina. Pero si su hermano sentado en una mesa con otros hombres trajeados que tenían pinta de ser altos directivos, la presencia de su hermano en el aniversario de la empresa le pareció cuestionable, puesto que éste se había celebrado unos días después de la supuesta de sonda aparición de su sobrina y su presencia en aquella reunión no coincidía con lo preocupado y mal que le había sentado perder a su hija, que se había mostrado durante la llamada que habían tenido. Si quería profundizar más en el caso, tendría que cuestionar a su hermano. Tenía la impresión de que había omitido algunos detalles y que algo en su historia no terminaba de cuajar algo andaba mal, pero no estaba seguro de que y no quería desconfiar de su hermano. Entonces para que lo había contactado y pedido que buscara a su hija conforme avanzaba la investigación. Sólo había más preguntas que respuestas. Ya eran más de las cuatro de la tarde y el sol en aquella región empezaba a ocultarse a esa hora y con ello muchos negocios e instituciones cierran sus puertas. Hasta el día siguiente no había mucho que pudiera hacer, así que llamó a su hermano para preguntarle sobre su asistencia al aniversario de su trabajo. Marcó al número que tenía registrado en su buzón de llamadas, pero nadie atendió el teléfono. Intentó varias veces hasta que se fastidió y optó por intentarlo más tarde. Sólo le dejó un mensaje de voz pidiéndole que se pusiera en contacto en cuanto pudiera, ya que necesitaba más información para continuar. Como su hermano no había respondido a sus llamadas, se fue directo al bar donde era acostumbraba a beber. Buscó donde aparcar y caminó de prisa al establecimiento, ya que la lluvia había empeorado. Abrió la puerta y caminó hasta la barra, donde un hombre rapado se encontraba limpiando unos vasos con un pañuelo blanco. Miller buscó un asiento y esperó a que el barista se acercara para recibir su orden y en cuando éste le preguntó qué quería. Mellor, le respondió que lo de siempre. El barista le preguntó qué es lo de siempre, y menor le replicó que se dejara de bromas, que se conocían hacía tiempo. El varista levantó la ceja e insistió en que no lo conocía y que más le valía de o de comportarse muy amistoso con él. La expresión de Mellor cambió drásticamente la sonrisa que se dibujaba en su rostro y pasó a ser una cara de sorpresa y decepción. No insistió más y pidió un whisky. El varista le sirvió su bebida y le comentó que no se le hacía conocido, pero que tal vez lo estaba confundiendo. Melor sólo respondió que se le había hecho conocido, pero en su mente, la duda comenzaba a hacerse más grande. Él sabía que había vivido muchos años en aquella ciudad, conocía las calles, sabía ubicarse a la perfección, pero el anciano de la estación de gasolina y ahora el barista parecían no conocerlo en absoluto. Quizá estaban jugándole una broma o actuaban así por algo que hizo el día que su mente se esforzaba en olvidar. No insistió más en que se conocían y eran amigos. Pagó el trago y salió del bar con muchas hipótesis y dudas sobre todo lo que había ocurrido. Se montó a su vehículo y pr condujo en dirección a su oficina hasta que un oficial de tránsito le indicó que se detuviera. Un oficial se acercó a él y le pidió sus documentos. Menor buscó su licencia en la guantera y en su ropa, pero no la encontraba. El oficial comenzó a pedirle que le entregara sus papeles, pero Menor le decía que seguramente la había olvidado. El oficial le pidió que se identificara, pero tampoco llevaba su tarjeta de identificación consigo. El oficial le dijo que se dejara de bromas, que muy seguro era un inmigrante que intentaba pasarse de listo. Mellor insistió en que llevaba toda su vida viviendo en aquel lugar y que incluso trabajaba como investigador independiente. Le dio la dirección de su oficina y le dijo su nombre completo. El policía, fastidiado de aquella situación, le levantó una infracción inmulta con los datos que le había proporcionado y le recalcó que tenía que cubrirla lo antes posible o, de lo contrario, le quitarían la unidad que conducía. El oficial se fue mientras las dudas comenzaban a incrementarse en la cabeza de mell Si le estaban jugando una broma. Estaba siendo de muy mal gusto, ya que incluso la policía estaba confabulada con quien sea que le estuviera fastidiando, encendió su auto y condujo hasta su apartamento. El dolor de cabeza se había agudizado, por lo que optó por tomar una siesta en aquel viejo sofá que era parte de la zona de espera de su monoespacio. Mientras dormía, tuvo un extraño sueño donde un grupo de hombres encapuchados con trajes de seda púrpuras lo miraban con sorpresa, mientras él se encontraba postrado sobre una especie de cama monolítica de piedra y una multitud de personas igual en capuchadas lo observaban con interés y curiosidad. Tras esta pesadilla, despertó de repente, ya que el teléfono de su oficina sonó. Se trataba de su hermano, que había recibido su mensaje e intentaba ponerse en contacto con él. Tomó la llamada mientras intentaba ser aquel sueño que más que eso parecía un recuerdo. Su hermano le preguntó sobre las novedades del caso de su hija, a lo que menor respondió que no había tenido mucha suerte, pero que quería saber por qué había asistido a la reunión de su trabajo si se encontraba preocupado y desesperado por la desaparición de su hija. Su hermano respondió que tenía que hacerlo, ya que le habían ofrecido un ascenso y tenía que ir con los directivos para que le hicieran una oferta y que, debido a la desaparición de María, tenía muchos gastos que cubrir, incluyéndolos de su servicio de investigación privada. Tras decir esto, colgó y mellor permaneció en silencio, tratando de procesar la reacción y respuesta de su hermano. La mañana siguiente transcurrió como de costumbre con malestares, memorias mezcladas, sueños extraños y más preguntas sin resolver. Nadie se acercó a su oficina ni tampoco llamó al teléfono. Mientras permaneció ahí aún no sabía que estaba pasando. Nadie parecía conocerlo o recordarlo por más que él sabía que sí. Nadie excepto su hermano, con quien había tenido una llamada que no había terminado bien. Fuera Como fuera, tenía que resolver el caso de su sobrina, pero antes tenía que pagar la multa pendiente. Buscó sus documentos por todos lados, pero no había nada. Sólo había una fotografía de él y su hermano cuando eran jóvenes o al menos eso pensaba porque ya no estaba seguro de lo que era real y lo que no puso. Su oficina patas arriba y no tuvo suerte. No había ningún documento que acreditar su existencia ni quien era. Todos con quien había tenido contacto parecían sorprendidos al conocerlo, como si nunca lo hubieran visto. Aquella situación estaba volviéndolo loco. De repente tenía memorias fugaces sobre sus sueños y pesadillas, pero cada vez pensaba que no eran sueños, sino que recuerdos de situaciones que realmente habían existido. Cansado de aquella situación, pensó que la única persona capaz de darle respuesta era a su hermano, ya que la fotografía y las llamadas que habían tenido significaban algo. Salió de su apartamento y condujo hasta la casa de su hermano. Tocó la puerta fervientemente, pero nadie la abría. Sabía que había alguien dentro, porque se habían visto algunas siluetas a través de los cristales esmerilados que tenía la puerta y ventanas. Molesto Ante aquella situación, comenzó a gritarle a su hermano que diera la cara. Caminó por el pasillo de servicio hasta la puerta trasera e intentó abrirla. Se echó para atrás para patear la puerta y romper la cerradura. Cuando una jovencita temerosa y casi llorando abrió la puerta. Era la jovencita de las fotos María, la mujer que había estado buscando, se encontraba frente a él y tenía buen aspecto. Sorprendido y anonadado por aquella revelación. Se quedó inmóvil mirándola fijamente a los a Los ojos son s s s son la que aquellos ojos se le hacían conocidos. Los había visto en aquel sueño, donde una multitud de personas encapuchadas lo miraban a él sorprendidos y aterrados, no pudo hacer ni decir nada hasta que su hermano se apareció detrás de María con una mirada desafiante, le pidió que se calmara y que entrara a su casa para resolver sus diferencias. Mail entró y se sentó en la mesa, a la cual se encontraba servida. Se mantuvo en una especie de trance, mientras su hermano le explicaba que él era la creación de un culto llamado Cosmopitas, el cual buscaba crear un ser gracias al poder de la imaginación y devoción. Él era uno de los tantos miembros que habían unido sus mentes para darle forma y vida a un ser carente de espíritu creado por el poder infinito de la imaginación humana y que todos los recuerdos que tenía habían sido implantados para que éste tuviera una historia de vida y no se siente. Era extraño conviviendo con humanos que si tienen un espíritu, pues él era un hombre hueco que había sido convocado por el capricho de un grupo de humanos que buscaban el siguiente paso evolutivo, el cual, según creían, se encontraba más allá del bien y del mal y del espíritu mismo. La mayoría de las personas de la ciudad pertenecían al culto y lo habían vigilado continuamente para conocer su comportamiento y respuesta a ciertos estímulos. Sus sueños eran recuerdos en realidad y no tenía infancia ni pasado, ya que había sido creado como un hombre de mediana edad. No envejecería nunca y permanecería atado a la voluntad del culto, pero, al parecer conforme, Mellor había interactuado con otros humanos que no eran del culto, éste había comenzado a crear su individualidad, lo cual el culto no podía permitir. Después de escuchar la verdad sobre él, su hermano Falso tomó una daga de la cocina y atravesó su pecho mientras Melor Moría escuchaba que tendrían que volver a intentarlo, ya que algo habían hecho mal esta vez. Relatos escritos y adaptados por lis ra John