Latest / Reflexiones cristianas con José Ordóñez / 374 El rey que tenía pereza de vivir.
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- Odcast número trescientos setenta y cuatro. Los niños de mi generación nos criamos con un compendio de reglas que nos teníamos que aprender Muy bien. Si las aprendíamos y las poníamos en práctica, se nos podía clasificar como niños bien educados. Cuando saludas a una dama te tienes que poner de pie, mirarla a los ojos, extender la mano y decir mucho gusto. Me llamó Bernardo a los hombres. No es necesario ponérseles de pie. Las niñas se deben sentar con la pierna cruzada cuidando, no levantar la falda, pero los niños no No se puede llorar en público. Si se ríen. Hay que hacerlo mesuradamente sin explosiones que excedan los deciveles adecuados, no interrumpir la conversación de los adultos. Se debe levantar la mano para pedir la palabra y esperar si el adulto quiere darla. De lo contrario, tu necesidad o tu pregunta no podrás ser formulada. Si vas al baño, no puedes decir así. Tienes que decirle a mamá que quieres ir a cortar una flor. Los niños no deben llevar ropa rosada, sino azul. Las niñas, si llevan azul, debe ser tenue más o menos como un celeste. En la corte de Luis XIV, dentro del Palacio de Versalles, existían reglas, protocolos y trabajos que excedían las ridícules imagínate había encargados de despertarlo, había otro encargado de vestirlo. Había un orden establecido para saludar al rey, había una persona encargada de abrir las cortinas y otra de cerrarlas. Cada dos días, Luis se afeitaba y durante ese momento los cortesanos debían hablar únicamente de temas relacionados con la jardinería o la casa. Uno de ellos tenía el honor de sostener un espejo para que el rey mirara al barbero a la hora del desayuno. Diferentes familiares, sirvientes y nobles debían acercarle al rey elementos específicos de su vestimenta. Así, por ejemplo, el corbatero de la corte debía ser el nudo de la corbata, pero el maestro del guardarropa era quien tenía el encargo de colocarla. Así continuaba el día del rey Sol y sus puntillosos cortesanos. Estos ejemplos ponen en evidencia que tanto la abundancia exagerada de códigos como su carencia dificulta en la comunicación muchos procesos que nos servían absolutamente para nada y se y inclusive al rey mismo, le causaban pereza de vivir. Se cuenta de sus muchos bostezos al verse inmerso en normas y procederes que lo terminaban por aburrir. Imagínate el calificativo que algunos le pusieron el rey que tenía pereza de vivir. Y es que la verdad, el ser humano tiene la tendencia de alejar a los que le parecen distintos. Exaltamos la normalidad y todo lo que se mantenga dentro de ella y nos incomodamos cuando el espíritu Santo utiliza nuevas formas para manifestar su obra. Dímelo a mí, que es hoy continuo blanco de las críticas de aquellos que creen que para ser pastor primero debería abandonar mi labor como comediante. Le ponen una norma a la hora de predicar el evangelio. Y claro que las normas y las formas son importantes. Ellas mantienen el orden y el equilibrio. Pero Jesús siempre defendió el amor y la libertad por encima de las costumbres y de las formas. Eso fue lo que criticó de los fariseos, quienes se fijaban en las normas pero descuidaban el amar al prójimo en romanos. Capítulo número catorce. El apóstol Pablo nos llama a mantener ciertos procedimientos, porque hay cristianos débiles en la fe a, los que les seríamos piedra de tropiezo si nos ven comiendo esto o aquello. Los llama débiles. Los llama débiles en la fe a. Esas personas que creen que tenemos problemas con Dios por lo que comemos o por lo que bebemos, o realizamos una labor en un día en que no se debe hacer o lo hacemos de la manera indebida, sin cumplir los códigos morales para hacerlo. Para ellos todo tiene una regla, un protocolo y un encargado. He encontrado y he estado en iglesias y ministerios en donde todo está hecho para para que nada se haga. La iglesia se divide en tantos departamentos que sus respectivos encargados. Al final se parecen más a empleados de una entidad del Gobierno que fieles y humildes sirvientes de una casa de servicio al prójimo. Y es que hay gente que para todo en la vida tiene una regla o, como algunos decimos, hay gente que para cada solución tienen un problema. Te leo romanos. Capítulo número catorce versículos del trece al veintidós. Por lo tanto, dejemos de juzgarnos unos a otros más bien propónganse no poner tropiezos ni obstáculos al hermano. Yo, de mi parte, estoy plenamente convencido el señor Jesús de que no hay nada impuro en sí mismo si algo es impuro, lo es solamente para quien así lo considera. Ahora bien, si tu hermano se angustia por causa de lo que comes, ya no te comportas con amor, no destruyas por causa de la comida al hermano porque en Cristo murió en una palabra. No den lugar a que se hable mal del bien que ustedes practican, porque el reino de Dios no es cuestión de comidas o bebidas, sino de justicia, paz y alegría en el espíritu Santo, el que de esta manera silvia a Cristo, agrada a Dios y es aprobado por sus semejantes. Por lo tanto, esforcémonos por promover todo lo que conduzca a la paz y a la mutua edificación. No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. Todo alimento es puro. Lo malo es hacer tropezar a otros por lo que uno come más, vale, no comer carne ni beber vino ni hacer nada que haga caer a tu hermano. Así que con la convicción que tengas tú al respecto, manténla como algo entre Dios y tú dichoso aquel a quien su conciencia no lo acusa por lo que hace, pero el que tiene dudas en cuanto a lo que come se condena porque no lo hace por convicción. Y todo lo que no se hace por convicción es pecado o sea, según Pablo que por amor a los demás, debemos a veces cumplir normas que nos parecen ridículas, con tal de amar al débil que tiene su confianza depositada en ellas. Los cristianos no vivimos con el lema de John. No vivo en mi vida para los demás. Me resbalan lo que los demás piensen de mí. No eso no es bíblico. Los cristianos sí debemos vivir para los demás porque debemos ser luz y ejemplo para ellos. La única manera en que yo no le cumplo a los estándares que me quieren implantar las demás personas es cuando me incitan a ir en franca rebeldía a los principios de Jesús. Pero por amor a él a su ley ando pendiente en la medida en que pueda satisfacer ser los estándares que los demás impongan sobre mí, a pesar de que a veces me parecen reglas ridículas. Mira lo que Pablo dice en primera de corintios. Capítulo número diez, versículo treinta y tres. Hagan como yo que procuro agradar a todos en todo no busco mis propios intereses, sino los de los demás para que sean salvos. Eso se llama defiendan el testimonio ante los demás, porque es importante. Entonces, este podcast es un amable llamado al equilibrio. No atiborremos de reglas absurdas el hermoso Evangelio de Jesús, pero tampoco dependamos de que no existan para no continuar avanzando, a pesar de las cortapizas que algunos hermanos quieran implantar. Vivamos con libertad a esa que nos ha llamado el señor que Dios te bendiga