Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / Fui Velador Y Un Demonio Me Atormentó Historias De Terror - Voces De La Noche
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- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más comenzamos. Muchas veces la vida nos tiene preparadas sorpresas, algunas buenas, pero otras pueden ser en extremo perturbadoras, como la que me pasó a mí. Soy Jorge Ramírez. Si tengo cincuenta y tres años, soy de Nogales, Veracruz, un lugar muy tranquilo y especialmente bonito. Justamente hace un año me quedé sin trabajo, así que me dispuse a buscar uno nuevo. La verdad ya tenía mucho tiempo buscando trabajo, pero a los cincuenta años casi nadie está dispuesto a emplearte. Durante toda mi vida me desempeñé como albañil. El trabajo era estable, pero recientemente dejaron de requerir mis servicios, a pesar de que trataba de que la gente supiera y me contratara. Fue inútil, así que emprendí la larga tarea de hallar un nuevo puesto laboral. Realmente no tenía la necesidad de trabajar, pero odiaba estar así. Me aburría mucho y la verdad me gusta el dinero, así que estaba desesperado por encontrar un buen trabajo hasta que un día mi esposa, quien ya estaba cansada de que me estuviera quejando por no tener trabajo, recibió noticias sobre la apertura de una recién fundada institución educativa en la Vecindad, solicitando personal para diversas áreas, entre ellas una posición vacante para vigilancia. Durante el turno nocturno, sin demora, agarré mi bicicleta y me dirigí hacia la escuela y al llegar me pidieron mis papeles, los cuales llevé completos y después me hicieron una entrevista laboral concisa. Simplemente me preguntaron si podía empezar ese mismo día sin objeciones asentí y luego solici cité permiso para informar a mi esposa y buscar algo para cenar. Tras ello, mi turno comenzaría a las seis de la tarde y concluiría a las ocho de la mañana, cuando otro vigilante me relevaría. Estaba bastante contento porque por fin me habían contratado. Además, el empleo parecía muy fácil sólo estar ahí toda la noche. Incluso me dijeron que podía descansar media hora y volver a mis labores. Así que estaba muy feliz, aunque para ser sincero, me sorprendió que me contrataran tan rápido, pero mi esposa me dijo que seguramente era porque de verdad le surgía un vigilante y bueno supuse que tenía razón. En esa primera noche me di cuenta de algo importante. Después de las nueve de la noche, la escuela quedaba completamente desierta, excepto por mi presencia. Al momento de la contratación me dejaron en claro que mi función era sólo la de vigilante, no la de guardia, por lo que si notaba algo sospechoso, debía llamar a la policía y resguardarme. También me proporcionaron números de contacto de la directora y otros individuos relevantes de la institución. En fin, aproveché la primera noche para familiarizarme con el lugar, los pasillos principales, la distribución de los salones y demás detalles. Siendo mi primer empleo en vigilancia, Sólo tenía una vaga idea sobre este trabajo. Gracias a algunos amigos que se desempeñaban en ello y me habían comentado algo al respecto, pero recorrer toda la escuela no sería sencillo. De hecho, resultó bastante complicado. Alrededor de las diez de la noche me instalé en una pequeña garita junto a la entrada de la escuela, pero era hora de iniciar mi patrullaje. El frío era intenso, así que me abrigué con mi chaqueta, cogí mi linterna y empecé a caminar. La escuela Se asemejaba a un gran rectángulo con un pasillo que la rodeaba por completo y más allá de los muros perimetrales no había viviendas, sólo terrenos baldíos. La casa más cercana se encontraba a unos cien metros y el vecindario parecía sumamente apacible, salvo por algunos perros que ladraban con insistencia, pero nada más. A medida que me alejaba de mi puesto, noté que algunos tramos del corredor se estrechaban. Eran los sectores donde se ubicaban las aulas. Estas tenían numerosas ventanas a la altura aproximada de la cintura y de vez en cuando dirigía mi linterna hacia el interior con el fin de iluminar, sólo podía vislumbrar los pupitres y los pizarrones, así como reflejos de las ventanas provocados por mi linterna, ya que gran parte de la escuela estaba en penumbras para economizar energía. No era una persona temerosa. Había laborado en lugares solitarios con anterioridad, pero algo en esa escuela me generaba nerviosismo. Era como si sintiera que de repente algo saltaría de la oscuridad para asustarme con las s Continué caminando hasta alcanzar la primera esquina, doblé a la derecha y tras un tiempo llegué a un área con canchas de baloncesto. Desde ahí se veía un patio que se encontraba más hacia el centro, aunque apenas se distinguía por la oscuridad. Utilicé mi linterna sólo para asegurarme de que todo estuviera en orden. Luego seguí avanzando, pero de repente empecé a oír un sonido similar al rebote de un balón. Volví a iluminar con mi linterna la cancha de baloncesto y vi un balón que rebotaba lentamente hasta llegar a mis pies, algo que claramente no era normal, pues no había nadie en la escuela, sólo yo. En ese instante experimenté un escalofrío y un temor que me hizo temblar, lo que me impulsó a caminar rápidamente en dirección a mi caseta en la entrada de la escuela. Al llegar me encerré y me senté un momento en mi silla. Estaba muy agitado. Sabía que quizás aquel balón había sido movido o por algún gato, el viento o alguna otra causa lógica, pero sentía miedo y no deseaba salir de mi caseta. Tenía un miedo irracional, muy feo que jamás había sentido y en el fondo sentí que no había sido algo normal, así que ya en la caseta me sentía más tranquilo. La verdad no parecía que alguien estuviera vigilando o interesado en mi trabajo, así que permanecía y un momento encendí una pequeña televisión que reposaba en una repisa. No había mucho que ver, pero al menos generaba ruido. No sé exactamente cuándo, pero en algún momento de la noche me quedé dormido. Aunque hubiera sido mejor, no hacerlo, ya que tuve una pesadilla en la que alguien se encontraba parado afuera de mi caseta, observándome por una ventana. Era una persona con gorra y un bat de béisbol. Me veía con unos ojos llenos de maldad, como si estuviera a punto de golpear la ventana con el bat para entrar. Por mí no se le veía bien la cara, sólo los ojos. Sin embargo, lo más aterrador fue cuando esa figura se reflejó en la ventana, lo que me despertó. No estaba seguro si el sonido del golpe lo escuché en mi sueño o en la realidad. Las cosas no parecían ir bien, pero apenas eran las tres de la madrugada y aún no había recorrido todo el pasillo que rodeaba la escuela. La verdad no quería hacerlo si por mi hubiera sido me hubiera quedado ahí encerrado toda la noche pero sabía que era mi trabajo justamente ver que todo estuviera tranquilo en la escuela y, a pesar de mi miedo, podría ser que alguien vivo estuviera en las instalaciones y de ser así, debía averiguarlo y avisar a las autoridades. Me sentía un cobarde porque no estaba actuando con la mente fría y de manera objetiva, sino con miedo. Eran las tres de la mañana. Acababa de despertar. Estaba algo confundido, ya que entre sueños escuché un fuerte gol y en ese momento no sabía si lo había percibido fuera o dentro de mi caseta. Pero bueno, mi labor de vigilante no terminaría hasta las ocho de la mañana, así que aún me quedaba bastante tiempo. Decidí ser valiente y continuar con la linterna en mano. Emprendí de nuevo el camino por el pasillo que rodeaba la escuela. Esta vez aceleré el paso hasta llegar a la cancha de baloncesto, pero no me detuve y seguí avanzando. No quería volver a escuchar esos ruidos extraños, so ver algo que me hiciera pensar que estaba viviendo algo paranormal. Así que proseguí, pero el viento cada vez más fuerte amortiguaba mis oídos. Si me hacía creer que detrás de mí se susurraban cosas e incluso llegué a pensar que me llamaban por mi nombre. Aunque no volteaba, intenté convencerme de que todo era producto de mi imaginación. Era mi primera ronda por la escuela, así que prefería apresurarme. El pasillo conducía por zonas donde había tres pisos de altura y donde las paredes eran más altas y sólo había un reducido espacio de paso resultaba inquietante. Mientras transitaba por ahí se oían ruidos como si algo o alguien golpeara las paredes. Mi respiración se agitaba una humedad fría recorría a mi frente, pero tenía que continuar más adelante. Se extendía en jardines bastante amplios, hacia los cuales apunté con mi linterna, estaban llenos de flores y bien cuidados, pero también había varios árboles que, debido al viento, se movían de forma perturbadora, produciendo un silbido que a veces se asemejaba a voces. Sin embargo, todo parecía tranquilo a mi parecer, y eso me hizo sentir bien. Me puse a pensar que quizá todo había sido producto de mi imaginación y era normal, porque jamás había tenido un trabajo así. A lo mejor era simple sugestión y ya no tenía sentido que en mi primer día sucediera algo paranormal o algo que me pusiera en per peligro. Además, en la escuela no había algo muy interesante que alguien quisiera o pudiera robar. Normalmente, los ladrones se fijan más en casas o tiendas, así que tenía que ser un sitio seguro. Debía tener muy mala suerte para que justamente esa noche me sucediera algo, así que seguí avanzando. Tras un tiempo, dejé atrás esos jardines y experimenté algo que no había sucedido antes en mi recorrido. Me encontré con un obstáculo específico, una puerta y una pared muy alta que parecía rodear algo por pura curiosidad. Intenté abrir esa puerta utilizando las múltiples llaves que me habían entregado los directivos de la escuela. Probé una tras otra sin mucha esperanza. Había considerado simplemente rodear esa barrera, pero mi suerte no estuvo de mi lado esa noche y de repente, una de las llaves abrió esa puerta. La marqué para reconocerla y proseguí mi camino de manera curiosa. Tras aquella puerta, el pasillo continuaba y la barda perimetral también, pero todo era completamente distinto. En lugar de aulas, ahora se extendían unas ruinas y mientras luchaba con mi linterna para ver, distinguí unas pequeñas estructuras eran extrañas. No obstante, a medida que avanzaba descubrí algo que me llenó de pavor. Aquellas no eran simples construcciones, sino tumbas. Algunas se asemejaban a capillas de pequeñas dimensiones. Además, había cruces dispersas por doquier y una gran cantidad de vegetación que brotaba en todas direcciones, no podía entender qué significaba. Todo eso era como estar en otro lugar. Bueno, realmente estaba en él mismo. Eran las mismas medidas de la escuela y todo, pero estaba lleno de tumbas. El temor me invadió y empecé a correr hasta alcanzar la esquina del terreno. Al dar la vuelta para continuar por el pasillo y evitar las tumbas, vi a mi derecha alguien sentado sobre una lápida. Me sobresalté y retrocedí. Mi linterna. Cayó a un lado y el viento sopló con mayor fuerza. Me erguí rápidamente y recogí mi linterna para examinar a esa persona, sólo para percatarme de que se trataba del mismo hombre con gorra y un bat que había visto en mi sueño. Me dio mucho miedo y comencé a correr. Lo peor era que escuchaba los pasos de aquel hombre corriendo atrás de mí. Sabía que me estaba persiguiendo. Estaba claro que si me alcanzaba de un solo batazo, me podría llevar al inframundo. Con temor, continué avanzando rápidamente hasta toparme con otra puerta. Con prisa, intenté abrir con todas las llaves que poseía hasta lograrlo y, por mera curiosidad, iluminé con mi linterna hacia atrás sólo para descubrir que el hombre de Gorra ya no estaba. Cerré la puerta y regresé al área de la escuela. Nada reconfortante, debo decir, pero al menos ya no me encontraba entre esas sepulturas. Sin embargo, no podía apartar de mi mente el cuestionamiento sobre por qué existía un cementerio o parte de uno en un sitio que era una escuela. Consulté mi reloj eran las cuatro y media de la madrugada, decidí que era hora de finalizar el recorrido, así que empecé a caminar sin prestar mucha atención. Sólo recuerdo haber pasado un par de aseos y más aulas hasta llegar a la esquina, que conducía a la calle donde se hallaba la entrada junto a un pequeño patio. Desde ahí divisé mi caseta de vigilancia y, aunque no quería admitirlo, sentía miedo, pues un pensamiento persistente rondaba mi cabeza cómo era posible que ese hombre me estuviera persiguiendo así sin más y no lograba comprender esa inquietante sensación de que algo aterrador me seguía. Entonces reanudé mi marcha, a pesar de divisar mi caseta, que aún se encontraba distante. No sé por qué, pero como pencé a correr lo más rápido posible, pues una sensación de desesperación crecía en mí como si algo terrible estuviera por ocurrir. Después de terminar el recorrido, fui hacia la caseta y al entrar me di cuenta de algo horrible. El hombre que me había perseguido estaba ahí sentado mirando la tele. No se le veía la cara, pero en cuanto supo de mi presencia, volteo y vi su rostro iluminado por la luz de la televisión, tenía llagas por toda la cara. Su nariz era casi invisible y la piel de su cuello parecía a punto de caerse. Ni siquiera lo pensé y comencé a correr a toda velocidad y me escondí en uno de los baños. Estaba rezando para que aquel hombre no me encontrara. Tenía muchísimo miedo, quería llamar a la policía, pero sabía que me creería loco y era obvio porque no estaba huyendo de alguien real, sino de un fantasma o demonio. No entendía quién era o qué era. Sabía que no era algo de este mundo y que probablemente provenía del cementerio que había visto antes, pero de verdad deseaba que me dejara en paz. Temía no poder regresar a mi casa jamás mientras pensaba todo eso, algo me interrumpió, pues escucharon unos pasos entrando al baño y también se escuchó un artefacto arrastrándose en el piso lo que intuyera el bate de béisbol de aquel hombre. Le grité desde dentro del baño que se fuera, que me dejara en paz y que se fuera le dije algunas groserías, pero los pasos no desistían, así que comencé a suplicar entre lágrimas que no me hiciera daño mientras permanecía dentro del baño sintiendo el corazón latir a mí por hora escuché los pasos a acercarse lentamente a la puerta con cautela. Abrí la puerta y para mi alivio no había nadie saliendo del baño. Decidí regresar a mi caseta con extrema precaución. Mis pasos eran rápidos, n r ero riosos, observando a mi alrededor con la linterna en mano. Cuando llegué a la caseta, cerré la puerta con llave y me senté intentando comprender lo que acababa de suceder. Tenía mucho miedo. Temía que aquel hombre me hiciera daño. Sabía que quería acabar conmigo, pues me había perseguido primero en mis sueños y luego en la vida real. Parecía sacado de una película de miedo. Entonces, en ese momento, escuché como si alguien estuviera metiendo unas llaves a la puerta de la caseta intentando abrir. Por un momento pensé que seguramente se trataba del otro guardia que había llegado temprano, pero cuando me asomé, me di cuenta de que era aquel hombre desfigurado intentando abrir la puerta. Siendo sincero, lo único que pude hacer fue empujar uno de los muebles que contenían archivos a donde estaba la puerta y quedarme en posición fetal en una de las esquinas de la cabina. Seguía escuchando las llaves intentando abrir la puerta, a la a la a la RN hasta que el sonido cesó. Mi corazón latió normalmente pensando que ese hombre había desistido y se había ido, pero el miedo se alojó en mi mente y cuerpo. Cuando me di cuenta de que el hombre ya estaba adentro, grité con todas mis fuerzas y el hombre sonrió la sangre brotaba de su boca e incluso un pedazo de piel cayó al suelo, Se acercó a mí y tomó su bata apuntando en mi dirección. Lo único que pude hacer fue tapar mi cabeza con las manos, como si eso fuera a amortiguar el golpe. Me sentí tonto, pero entonces comencé a rezar en voz alta y el hombre empezó a retorcerse y su bat cayó al piso con fuerza y de un momento a otro desapareció. Eran alrededor de las cinco de la mañana y a pesar del miedo que sentía, decidí que debía llamar a la policía. Necesitaba que alguien viniera a la escuela para corroborar que no hubiera ningún vivo queriendo robar o hacer daño. Tomé mi teléfono, marqué el número de emergencia, pero la línea se cortó repentinamente. El silencio que siguió me llenó de más temor. Decidí intentar nuevamente, pero mi teléfono no tenía señal. Aquello me pareció extraño, pues siempre había tenido buena cobertura en esa zona. Entonces tomé una decisión abandonar la caseta y dirigirme a la entrada principal de la escuela. Quizás desde ahí podría conseguir señal telefónica. Con cuidado. Salí de la caseta y comencé a caminar hacia la entrada. El viento soplaba con fuerza y el ambiente estaba más frío que nunca. Cada ruido, cada sombra me ponía más nervioso, pero seguí adelante. Cuando por fin llegué a la entrada, vi algo que me enchinó la piel. Era un niño pequeño también desfigurado del rostro con una gorra de béisbol que estaba frente a la puerta Bloqueando mi salida me quedé inmóvil y congelado por el terror, pues sus ojos parecían estar fijos en mí, a pesar de no tener un rostro reconocible. Sin poder moverme sin aliento, me di cuenta de que aquella figura no estaba ahí para hacerme daño, sino para advertirme. El viento cesó de repente y el ambiente cambió. Escuché una voz tenue casi como un susurro en mi mente que me decía que me fuera que jamás volviera antes de que el hombre malo me encontrara con un estremecimiento en todo el cuerpo. Di media vuelta y corrí hacia la salida y sin mirar atrás, me adentré en la oscuridad de la madrugada, corriendo como si mi vida dependiera de ello. Incluso olvidé mi bicicleta y finalmente llegué a mi casa. No sé si fue el agotamiento, el miedo o la confusión, pero me desplomé en la cama con la mente llena de preguntas sin respuesta. La escuela, el hombre desfigurado, el niño, el cementerio, todo eso quedaba atrás mientras el sol entraba por mi ventana. Pasaron los días y nunca volví a saber nada de la escuela o de aquel extraño suceso. Traté de encontrar explicaciones racionales, pero todo seguía siendo un enigma para mí. A veces en mis pesadillas aún veo aquel rostro desfigurado y siento el frío de aquella noche. No entiendo quiénes eran esas personas, pero al final agradezco al niño por salvarme de aquel hombre con el bath. Lo único que se con certeza es que escapé de algo que jamás podré comprender por completo y desde entonces he evitado trabajar en lugares solitarios durante la noche, siempre recordando esa escalofriante experiencia que viví en aquella misteriosa escuela. Relato escrito y adaptado por Lis Rayón