Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / Un Espíritu Maligno Se Apoderó De Mi En El Metro Historias De Terror - Voces De La Noche
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- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más, comenzamos hola mi nombre es raúl soy un comerciante de treinta y ocho años que utiliza recurrentemente el transporte público. Desgraciadamente, debo ir a trabajar muy lejos de mi casa, pues trabajo en el centro de la ciudad. Todas las mañanas. Me despierto muy temprano, preparo mis cosas y salgo de mi casa. Lo que utilizo para moverme es un camión que pasa fuera de mi casa. Este me lleva al metro más cercano y de ahí me voy toda la línea transbordo, es decir, me cambio a otra línea y recorro otras estaciones para finalmente bajarme y caminar unos cinco minutos. Normalmente en este recorrido suelo hacerme una hora y media, así que salgo de mi casa aproximadamente a las diez de la mañana y regreso cerca de las once de la noche. Las experiencias que voy a compartir han cambiado mucho mi estilo de vida, pues yo llevo a cabo la religión católica y he ido mucho a la iglesia, pero esto me ha servido de muy poco, ya que por más protecciones que he usado, no he podido evitar estos acontecimientos. Y aquí les comparto el primero. En el camino de regreso a casa, suelo ir dormido. Normalmente me duermo en la línea que es más larga, y esta es la que me lleva hasta el camión que posteriormente me llevaría a mi casa. El problema es que, cuando voy al trabajo, uso este camión, ya que es muy temprano, pero de regreso es muy tarde y, evidentemente ya no están en servicio, así que solamente me queda caminar o tomar un taxi. La gran mayoría de las veces decido caminar, pues estoy a unos diez o quince minutos caminando. No nunca me había sucedido nada de camino a casa, pero una noche recuerdo haber estado caminando y ya a punto de llegar a mi casa. Cuando de pronto atrás de mí escuché algunos pasos. No le di mucha importancia, pues es algo tarde y es arriesgado, ya que, como se sabe, es peligroso e inseguro. Yo podía jurar que se trataba de un hombre, pues los pasos parecían ser muy fuertes y cada vez se escuchaban más cercanos. A mí decidí voltear rápidamente para sorprender a quien estuviera siguiéndome, pero para mi enorme sorpresa. No había nadie atrás de mí. Estaba yo solo solamente pude soltar una risa nerviosa, pero traté de no darle demasiada importancia a los pocos metros escuché como alguien me llamó. Simplemente fue un ruido, como cuando alguien quiere llamar tu atención. No llegó a ser como tal una palabra. Simplemente fue como un sonido que se hace con la boca cuando quieres que alguien voltee. Pero éste se repitió un par de veces y y claro empecé a sentirme un poco incómodo. Yo miraba a todas partes desesperadamente, pero no se encontraba nadie ahí estaba yo solo decidí apretar el paso y me dispuse a prácticamente correr camino a casa. Aquella noche ya no aconteció nada fuera de lo común, pero fue como comenzó este acecho a mi persona lo más fuerte. Comenzó una noche en la que yo me encontraba dormido. Era el último tramo de la línea y estaba cerca de la estación que me deja por mi casa. A esas horas suelen estar ya muy vacíos los vagones, así que suelo confiarme e irme dormido, pero esa vez me percaté que no iba yo solo al fondo. En uno de los asientos individuales se encontraba una persona agachada cubriendo su cabeza con una especie de capucha. No podía observar su rostro y parecía estar totalmente quieta. No parecía moverse Al principio. No me resulto tan extraño, ya que la mayoría de la gente suele ir dor como yo. Lo impactante ocurrió cuando decidí voltear a la ventana y mirar el tramo que estábamos recorriendo y al volver la vista a la persona ya no estaba y eso era absolutamente imposible que esta persona se bajara del vagón, pues se encontraba aún en camino a la siguiente estación. Al momento me impactó demasiado, me paré rápidamente y miré a todos lados, pero no se encontraba nadie ahí. Al llegar a la siguiente estación, me bajé por un momento a tratar de tranquilizarme. Esa figura parecía vestir de negro y, como dije, en ningún momento pude observar su cara. En días posteriores a esta experiencia comencé a sentirme muy mal, Me dolía la cabeza y tenía dolores en todo el cuerpo. Hubo personas que me dijeron que estaba cargando con energías muy negativas y que era por ello que estaba experimentando mis malestares. La siguiente experiencia ocurrió muchos meses después. De hecho, l or había olvidado de las primeras dos. Lo que ocurrió posteriormente fue que empecé a ver una persona en el metro. Esta persona parecía seguirme de camino a casa, pues en las diferentes estaciones en que yo pasaba lograba ver a la misma persona una y otra vez y era algo imposible, como iba a ser posible que estuviera cerca de esta persona en el vagón y al mirar a otro lado u observar mi celular y regresar la mirada ya no estuviera. Pero también comencé a observar la fuera del vagón, es decir, cuando yo miraba por la ventana y llegábamos a una estación, podía observarle en una posición. Era una mujer como de unos cuarenta años aproximadamente. Tenía el cabello bastante negro y una tez muy pálida. Se cubría la cabeza con un paliacate de color azul marino y vestía con una falta y una blusa de color blanco. Esta presencia parecía de carne y hueso. De hecho, las primeras veces que la veía, llegué a pensar que era una persona real, ya que tenía mucho detalle, es decir, no lucía como el típico fantasma de las películas. Lucía muy real, pero lo que me hizo darme cuenta de que se trataba de algo paranormal fue el hecho de que se moviera de estación en estación. El metro se detenía y por inercia, al ver a los andenes, la encontraba una y otra vez. Ahí Lucía muy tranquila y siempre me sonreía. Me veía directamente a los ojos. Yo me asustaba demasiado. Cerraba mis ojos con mucha fuerza, lo sabría muy poco y volvía a ver a dónde estaba y había desaparecido, pero sabía que en la siguiente estación pasaría exactamente lo mismo. Incluso como dije, yo solía dormir en ese tramo, pero me generaba tanto miedo e inquietud, todo eso que ya no me daban ganas de dormir. Prefería ir despierto y estar en alerta, ya que no sabía que podía suceder. Estos sucesos estuvieron pasando durante un tiempo, aproximadamente dos meses. No era todos los días. De hecho, era muy extraño, ya que sucedía en días en los que solía irme algo mal en el trabajo. Era como si este espíritu tratara de aprovecharse de la vulnerabilidad del momento y decidiera manifestarse. No se parecía a nadie que yo hubiera conocido antes. Al platicar estos sucesos con mi esposa, ella me decía que probablemente era un familiar que había perdido la vida y estaba regresando para poder despedirse de mí. Pero no. Yo no conocía a esa mujer, Nunca la había visto en mi vida. Me acostumbré tanto a esto que solía llevarme un libro o unos audífonos para poder distraerme aún más. Mi madre me había dado unas protecciones, pulseras y collares que, según ella, me protegerían de esta alma. En pena. También solía decirme que rezo tenía que hacer cuando esta presencia se hacía presente en el metro, pero aún así no había resultados. Yo seguía viendo a la misma persona ya se había convertido en algo muy común en mi vida cotidiana. Una noche de tantas en las que me faltaban como cinco estaciones para poderme bajar. Me dispuse a ponerme mis audífonos y escuchar música. En lo último que quedaba del tramo. Aquella vez no había visto a la mujer en todo mi recorrido y yo ya sabía que si no la veía desde el inicio de la línea, no la vería aquella noche, pero no fue así. Al llegar a la estación en la que me bajaba, me fui poniendo de pie para salir, así que me acerqué a la puerta. Normalmente me gustaba irme en los asientos individuales al final del vagón, ya que me acomodaba más ahí y también tenía la puerta más cerca para poder salir. Cuando el tren bajó la velocidad para poder detenerse pude observar cómo aquella mujer se encontraba ahí, para mi enorme sorpresa en los andenes, pero esta vez se encontraba muy cerca, como si quisiera subir caí en un momento de pánico, no sabía qué hacer si bajar o quedarme ahí. Fueron segundos que me parecieron bastante eternos. Cuando se estaba deteniendo el tren, yo pedía que éste no abriera las puertas. El metro se detuvo y las puertas se abrieron. Pude observar cómo al final del vagón entraba por una de las puertas y se sentaba en uno de los asientos. En aquella ocasión se encontraba un par de personas conmigo, es decir, no iba solo en aquel vagón y comencé a preguntarles desesperadamente si ellos también podían observar a aquella mujer que se encontraba sentada. Me miraron muy extrañados, voltearon atrás y dijeron que no, que no había nadie más ahí por el miedo o la incomodidad que les hice pasar a estas personas decidieron bajarse y fue entonces que me quedé yo solo con esa mujer. El metro había detenido su marcha y estaba parado. Como mucha gente comprenderá, en ocasiones, el metro se detiene en una estación y se queda un tiempo muy largo detenido sin cerrar las puertas. En esta ocasión sucedió exactamente así. Era bastante coincidencia que cuando esa mujer había entrado, éste se encontraba detenido, pero yo decidí enfrentar mi miedo de una vez por todas, así que me fui dirigiendo muy lentamente hasta donde ella se encontraba sin hacer ningún tipo de sonidos. Las puertas se cerraron y me encontraba ahí atrapado a solas con ella. Comencé a temblar de mis manos y mis piernas, pero no podía arrepentirme de lo que estaba a punto de hacer. Por fin iba a enfrentar a ese espíritu. La mujer no miraba su vista, estaba dirigida algo frente a ella. No se movía en absoluto y tampoco hacía algún sonido. De pronto comenzó a llorar. El tren avanzó rápidamente y por un momento casi me caigo. Su llanto iba en aumento. Cada vez era más fuerte y penetrante en mis oídos. Se llevó las manos al rostro y se cubrió sus ojos. Dejó de llorar por un momento y empezó a decir algo, pero como tenía las manos cubriéndose su rostro, no se le entendía muy bien lo que decía. Se escuchaba como una especie de rezo o susurro. Soltó unas cuantas risas y se puso de pie, pero no quitaba las manos de su cara. Le pedí, entre lágrimas que me dejara en paz, que ya no me molestara. Yo no había hecho nada para merecer esto. Incluso le pregunté dónde había muerto, si había pasado algo muy malo con ella o por qué es que estaba ahí y no podía descansar en paz. Ella, evidentemente, no me respondía. Se quedó en completo silencio, no se movía, seguía con las manos en el rostro e incluso pudiera jurar que se observaban sus lágrimas corriendo por sus dedos. El recorrido a la siguiente estación se me hizo muy eterno, y es que el estar frente a una Presencia que no sabía de dónde provenía me hizo perder totalmente el sentido del tiempo. Se supone que el tramo era demasiado corto. Si acaso podíamos hacer un par de ons minutos, pero el tiempo pasó demasiado lento. No quise sacarme mucho más. Simplemente cuando llegamos esta persona se retiró y bajó del vagón, pero sin quitar sus manos de su rostro. Ya era muy tarde y claro que no había demasiadas personas, pero cuando vi que salieron algunas personas, decidí salir y preguntarles si ellos conocían a aquella mujer, ya que ella seguía caminando muy lentamente hacia las escaleras que daban a la salida. Pero las personas simplemente me ignoraban o me decían que no, aunque no estaba muy seguro si ellos también podían observarla. Poco a poco, las personas se fueron dispersando y comencé a quedarme solo en aquel andén, así que decidí cruzarme hacia el otro sentido y regresar a la estación de mi casa. Tenía mucho miedo, lágrimas en los ojos y aún me encontraba temblando, pues no podía creer la experiencia que acababa de tener crucé lo más rápido que pude para alcanzar el metro y regresar, pero aún tenía un poco de miedo del camino de la estación a casa, pues, como lo dije, solía regresar caminando, pero en esta ocasión ni de broma iba a regresar. Así, pensaba que podía encontrármela otra vez en el camino, así que aquella noche decidí esperar un taxia fuera del metro que pudiera llevarme más tranquilo a casa. Al llegar a casa, decidí platicar todo lo acontecido. Evidentemente, al principio nadie me creía y sobre todo mi esposa me veía bastante preocupado desde que comenzaron todas estas apariciones. Ella siempre había sido mi apoyo, así que era la única persona a la que le contaba todo lo que estaba pasando con lujo de detalles aquella noche. Recuerdo muy bien que lloré frente a ella, como muy pocas veces he llorado en mi vida. Esta experiencia me trajo muchas cosas negativas. Como ya lo dije, me encontraba en una etapa muy triste y devastadora, pero no solamente esto, sino que tan también empecé a tener muchas pesadillas. Recuerdo que también comencé a sufrir pérdida de memoria y en ocasiones me olvidaba incluso de que tenía que ir a trabajar. Era como si todos estos fenómenos afectaran mi vida de una manera muy drástica. Incluso en la noche sufría en mis sueños. Algunas veces me despertaba por las madrugadas llorando y comencé a tener pesadillas muy fuertes, en las que también me encontraba a esta mujer no decía nada, Simplemente la seguía hacia un cuarto oscuro. Ella me daba la espalda y caminaba muy lento, como en aquella ocasión que me la había encontrado en el metro y sin cruzar ninguna palabra, trataba de alcanzarla y al momento de tomarle con mi mano, su hombro me despertaba bastante agitado y nervioso. En casa comenzaron a suceder algunas situaciones paranormales. Por las noches, alguien recorría la sala. Evidentemente, no había nadie más en casa solamente éramos mi esposa y yo, pero siempre se escuchaban pasos que recorrían de un lugar a otro y sin detenerse. Nosotros nos despertábamos por los ruidos, nos tomábamos de las manos y nos poníamos a rezar por mi trabajo. Era muy difícil que pudiéramos encontrar el tiempo de buscar un experto. Me recomendaron que fuera con un espiritista, esta persona nos daría la solución a todo esto, o por lo menos nos diría de dónde provenía este espíritu. Y así fue. Tiempo después ya no veía esta presencia. Simplemente se habían quedado las experiencias paranormales en casa, los pasos, los ruidos o incluso desaparecían las cosas o se cambiaban de lugar. Acudimos con una señora que le recomendaron a mi esposa. Ella nos dijo que, efectivamente, se me había pegado una especie de espíritu que aún no podía descansar en paz. Lo más probable era que este espíritu hubiera fallecido en el metro. En alguna de las estaciones en las que yo me movía, nos explicó que en ocasiones los espíritus o las personas que fallecen y no pueden descansar se adhieren a una persona normalmente suelen ser personas vulnerables que tienen la facilidad de verlas, pero que debemos tener mucho cuidado, porque muchas veces estos seres invitan a las personas que los ven a que se quiten la vida de la misma forma en la que ellas lo hicieron. Era por ello que muchas veces la gente hace locuras o cosas inesperadas que no se espera a la familia, y esto es el resultado de que algunos espíritus molestan a las personas al punto de orillarlas a hacer cosas que no quieren hacer. Un día, este espiritista nos citó en lo que parecía ser su consultorio. Nos dijo que haríamos una especie de invocación, pero que debíamos estar ambos, ya que, a pesar de que a mi esposa nunca se le manifestó, esta mujer podría pasar ahora a molestarla. A ella nos citó bastante noche. Nos dijo que era más fácil contactar a este tipo de espíritus en horas en las que frecuentemente teníamos manifestaciones, comenzamos la sesión. Ella tenía una tabla ouija sobre la mesa. Éste iba a ser el medio por el cual íbamos a tener contacto. Al principio estaba un poco escéptico. A veces este tipo de personas suelen mentir con tal de sacar dinero a la gente, pero, después de todo que más podía perder o mejor dicho a quien más podría recurrir Para dejar de experimentar todas estas cosas, ella comenzó dando unas palabras de apertura. Cuando se utiliza la tabla ohija, se debe de hacer un ritual previo. Al menos eso fue lo que nos explicó por nuestra seguridad y para poder obtener respuestas, ella utilizó un espejo y unas veladoras sobre la mesa. Al igual que un vaso con agua. Todo empezó con normalidad. Nunca había experimentado el contactar a un muerto por medio de esta tabla, pero fue algo sorprendente. Ella hacía pregun juntas y este ser parecía Responderle comenzó preguntándole cómo había perdido la vida, y éste le respondió que había sido atropellada, había tenido un accidente. También nos mencionó que parecía ser que este espíritu estaba demasiado preocupado, ya que había dejado un par de hijos en este mundo, un par de niños pequeños. Ella nos comentó que podía ver a través del espejo como esta mujer sufría, pero de alguna forma se encontraba muy unida a mí en mi camino. Al parecer, yo le había hecho caso a esta persona prácticamente le había abierto las puertas y cada manifestación que estaba teniendo con ella iba en ascenso y era cada vez más frecuente. Sin embargo, esta persona le pedía, a través de este contacto, que nos dejara en paz y que siguiera su camino hacia la luz, que se fuera y descansara por fin. Pero el espíritu se portaba un tanto agresivo y en negación de lo que se le pedía, ya que comenzó a manifestarse ahí donde no se ría encontrábamos. Se empezaba a sentir el cambio de temperatura, se comenzaba a comportar muy extraña la luz que daba la veladora e incluso podía escucharse un llanto a lo lejos a la par que, unos cuantos golpes en algún sitio. Al parecer, el espíritu se negaba a irse y desprenderse de este plano por el miedo y la preocupación de lo que le pasaría a sus pequeños y es que muchas veces familiares, amigos o conocidos se van de una forma inesperada y de cierta manera de jan tareas o misiones pendientes en este mundo. El regresar y manifestarse es una forma de indicar que aún no era su tiempo, o simplemente es la desesperación y el agobio de no haber podido resolver lo que fuera que tenían que hacer para estar en paz. Estuvimos alrededor de una hora sentados frente a esa mesa con la tabla, las velas y las manifestaciones. El espíritu se resistía a soltar su vida, no podía aceptar el hecho de que ya no pertene a este lugar. Pero finalmente, después de un rato, la persona que se encontraba haciendo todo esto nos dijo que ya había terminado, que la persona había decidido tomar la luz y el descanso que se le ofrecía y que no volvería a manifestarse, dio unas palabras para poder cerrar el ritual y nos explicó que simplemente teníamos que regresar a casa y prender una veladora y así podía darse por concluido todo esto. Así lo hicimos. Durante los últimos años. Hemos estado colocando en nuestra ofrenda de Día de muertos una veladora en relación a esta persona. Cuando nos enteramos de las causas de su fallecimiento y supimos que una de las causas de estas presencias era por sus hijos, sentimos una tristeza muy grande, pues nunca sabemos qué es lo que hay detrás de un alma que aún no logra descansar. Relato escrito y adaptado por Hugo de Gante