Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / Me Hospedé En Un Hotel Fantasma (2 Historias De Carretera) Historias De Terror - Voces De La Noche
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- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más comenzamos. Era una noche oscura y solitaria, como tantas otras que había pasado en la carretera. Manejaba mi camión de carga por un camino sinuoso en medio de las montañas. Había estado manejando por horas y empezaba a cansarme, pero sabía que aún tenía un largo camino por delante. Trataba de mantenerme despierto escuchando música y bebiendo café. Fue entonces cuando escuché algo extraño y al principio pensé que era sólo mi imaginación, pero después de unos minutos las risas se hicieron más fuertes, risas diabólicas y escalofriantes. Miré por el espejo retrovisor, pero no vi nada. Continué manejando, tratando de ignorar las risas, pero no pude Parecían estar en todas partes alrededor de mí, dentro de mi cabeza. De repente vi algo en medio de la carretera. Frené el camión en seco, pero era demasiado tarde. Había golpeado a una cabra. Me bajé del camión para ver si podía ayudarla, pero cuando me acerqué vi algo extraño. La cabra tenía unos ojos rojos, brillantes y parecía sonreír de una manera siniestra. Empecé a sentir miedo, pero intenté ignorarlo y la cabra se levantó y se alejó, desapareciendo en la oscuridad. En ese momento seguí manejando con la esperanza de encontrar un hotel, pero las risas no paraban. Se volvían cada vez más intensas, más aterradoras. Intenté encender la radio para distraerme, pero la música sonaba distorsionada, como si alguien estuviera manipulando el sonido. Fue entonces cuando lo vi en persona, o al menos eso parecía aquel ser Se encontraba parado en medio de la carretera con una sonrisa diabólica en su rostro era alto y delgado, vestido con un traje oscuro y llevaba un sombrero. Por un momento pensé que eran mis alucinaciones, pues el cansancio y las ganas de llegar al hotel más cercano me hacían imaginar cosas. Sabía que no podía ser real, pero ahí estaba aquel ser del que muchos hablan, pero pocos creen. Traté de girar dentro del camión y alejarme, pero no podía. Me sentía en un momento paralizado como si mi cuerpo se encontrara en un estado vegetal. Él se acercaba a mí y podía sentir su aliento caliente en mi rostro. Me di cuenta de que había perdido el control del camión y que estaba atrapado. Cerré los ojos y esperé lo peor, pero de repente todo se detuvo las risas, la música distorsionada, la presencia de aquel ser se desvaneció. Abrí los ojos y vi que estaba ya ubicado en un hotel al pie de la carretera. A pesar de ser un lugar donde muchas personas se hospedan en ese momento, me encontraba prácticamente solo, pues aquella noche yo era el único huésped confundido. Al platicar a fondo con el encargado del hotel, le conté lo sucedido, aunque al principio pensé que me tacharía como un loco. Al escucharme con atención, asentía con la cabeza, pues mi caso no era el único parecido de ese lugar, pues en la mayoría de las ocasiones las personas veían aquel hotel como un refugio, ya que ya no se atrevían a acampar en el exterior, ni mucho menos manejar de noche, pues independientemente de la aparición frecuente de ese ser sabían que era un riesgo manejar a esas altas horas de la noche. No sé si fue real o sólo mi imaginación, pero esa noche me cambió para siempre. A partir de entonces, siempre he tenido cuidado al manejar en la noche y trato de no dejar que mi imaginación se apodere de de mí, al igual que seguir las recomendaciones que me dio aquel hombre del hotel, pues me recomendó portar alguna pulsera roja, pues uno de los amuletos más sencillos con los que puedes impedir que las malas vibras te afecten es una pulsera roja. Este talismán es uno de los más comunes y ya sea que la compres o la fabriques con hilo rojo será igual de efectivo. Mencionó aquel sujeto. Así mismo, al seguir con esa guía de protección, el hombre mencionó que el lado izquierdo es el receptor del cuerpo y el alma, es decir, donde absorbemos todas las energías positivas y negativas. Es por este motivo que el amuleto debe ir colocado de ese lado para inmunizar la entrada de las malas vibras. Nunca olvidaré esa noche oscura y solitaria en la carretera. Traté de descansar en aquella habitación. Sin embargo, los ruidos de la carretera me impedían tener un correcto descanso. Aquel hotel de paso era tan antiguo que sus muebles ya no se encontraban en las condiciones adecuadas. Al igual que aquellos objetos tan antiguos, el simple hecho de verlos permitía sentirse escaso de energía. Desde esa noche he tenido problemas para dormir. Las risas diabólicas y la imagen de él me perseguían incluso en mis sueños. Me costó mucho tiempo superar ese miedo, pero poco a poco aprendí a controlarlo. No obstante, había pensado que mi martirio había terminado. Sin embargo, al estar acostado sólo en aquellas cuatro paredes pude sentir la presencia de algo y aunque trataba de mirar por todos lados, sabía que debajo de la cama había algo que buscar, así que me armé de valor, Me di la vuelta, agaché la cabeza y fue ahí cuando volví a ver aquellos ojos tan terroríficos que nunca más borraré de mi ser nuevamente aquel demonio se encontraba aquí y ahora aún más cerca de mí, Sin embargo, nunca olvidé lo que pasó. Comencé a investigar sobre la historia de esa carretera. Descubrí que muchos conductores habían experimentado cosas extrañas y se decía que esa carretera estaba maldita y que las personas que la transitaban corrían el riesgo de encontrarse con el mismísimo demonio. No sabía si creer en esas historias, pero después de lo que viví esa noche, no podía evitar sentir que había algo oscuro y peligroso en ese camino. En aquel momento, al salir del hotel ya casi amanecía, tomé mis pertenencias y proseguí mi camino mismo, que aún faltaba por recorrer. Al pararme en una gasolinera, comencé a platicar con el despachador de la bomba y le comenté que me había alojado en un hotel a unos cinco kilómetros atrás, a lo que el hombre me vio fijamente y preocupado, pues él afirmaba que aquel lugar no existía y el hotel más cercano estaba a unos veinticinco kilómetros, lo cual aún era un gran tramo de diferencia. Riéndome de forma nerviosa, le comenté que quizá estaba equivocado, a lo que al ver su mirada tan seria, supe que ese hombre decía la verdad y en ese momento caí en cuenta de que me había hospedado en un lugar fantasma. Aquel suceso marcó mi vida por completo, pues esa clase de cosas no le pasan a cualquiera. Sabía que el riesgo de trabajar de noche era muy difícil y alto, pero nunca esperé vivir una situación similar a esa. Años después volví a pasar por esa misma carretera, pero esta vez estaba más preparado y no estaba tan asustado como la primera vez, pero cuando llegué al lugar donde golpeé a la cabra, algo extraño volvió a ocurrir. La misma cabra estaba ahí mirándome fijamente con sus ojos rojos, brillantes y sonriendo de manera siniestra. Era como si hubiera retrocedido en el tiempo. Mis manos estaban heladas y mi ser se encontraba en chock, pues, algo que por mucho tiempo me hice a la idea de que era falso. Resultó totalmente verídico y, peor aún era una situación que no sabía realmente cómo manejar. Comencé a sentir el miedo a apoderarse de mí nueva mente, pero esta vez decidí enfrentarlo y me acerqué a la cabra y le hablé en voz alta, tratando de convencerme a mí mismo de que no era real. Después de unos minutos, la cabra desapareció de nuevo y continué mi camino. No sabía si aquel ser era real, malo o bueno. Estaba tan confundido que mi mente sólo pensaba en avanzar y que el día llegara lo más pronto posible, pues al caer la noche no me agradaba encontrarme solo y menos en un lugar tan poco concurrido como ese. Realmente no sabía cuál era el contexto principal de aquella situación, pues al unir las piezas del rompecabezas, sabía que algo raro estaba. Por ahí investigué en la web y la poca información que pude recaudar en aquel entonces fue el testimonio de una mujer, la cual también aseguraba haberse instalado en ese lugar junto con su madre. En su relato cuenta que al caer la noche, cuando decidieron acostarse a dormir, su mamá fue la que sentía que alguien los observaba una silueta que las miraba mientras dormían en medio de ambas camas. Casualmente, después de aquella narración comenzó a salir información interesante, pues se cuenta que muchas personas van con la esperanza de poder encontrar algo en el hotel. Muchos de ellos aprovechan ese poder que tienen en el momento para realizar rituales, pedir deseos a cambio de la muerte o prácticas que les beneficien. Mientras más investigaba más información encontraba en la web. Otra de las teorías más sonadas de esa ubicación era que el hotel antes era un monasterio y se constató se asegura que mientras estaba en el patio se han visto pasar a dos monjas que iban flotando así leyendo acerca de estas leyendas, ya sin saber us ni detectar cuál era verdad y cuál mentira. Se decía que aquel sitio había sido creado como un refugio para las esposas de los españoles. Sin embargo, en mil seiscientos nueve, Úrsula de la Vega lo convirtió en un reformatorio de las conductas femeninas, donde las mujeres permanecían encerradas de forma voluntaria o a veces obligadas, y se les infringía sufrimiento como modo de sacrificio y amor hacia Dios. Área controversial, pues los aspectos espirituales son distintos a los que se viven hoy en día. Desde entonces nunca he vuelto a esa carretera y aprendí que a veces es mejor no investigar demasiado y dejar que algunos misterios permanezcan sin resolver. Pero nunca olvidaré la noche en la que él apareció ante mí en esa oscuridad. Después de esa experiencia, empecé a interesarme más por los fenómenos paranormales y sobrenaturales. Me di cuenta de que había muchas historias similares a la mía de personas que habían expondo eperimentado cosas extrañas en lugares específicos. Descubrí que hay muchas teorías y explicaciones diferentes sobre estos fenómenos, pero nadie puede decir con certeza que es lo que realmente sucede. Esta historia me pasó durante un viaje a Mazatlán. Mi nombre es Ana. En casa sólo vivimos mi hermana Brenda, mi hermano José y mi madre. Mi papá murió hace dos años. Él dejó un hueco en la familia que no nos permitía salir de un estado de depresión muy fuerte. Por fortuna, mi padre alcanzó a estar presente en mi acto de graduación. Cuando me titulé como abogada, siendo la mayor de mis hermanos sobre mi cayó la responsabilidad de las obligaciones en la casa, aunque mi madre también trabajaba. Creo que de manera implícita, acepté el hecho de que debía apoyarla, porque, si bien contábamos con familia en la ciudad, cada hermano de mi madre estaba inmerso en sus propias obligaciones. Les mentiría si les dijera que ha sido fácil, porque aunque egresé de la Universidad hace como tres años, entrar al mundo laboral no ha sido nada sencillo. En un principio pedían experiencia con la que no contaba en el despacho en el que entré a trabajar. No ganaba un salario muy bueno. En realidad era poco el dinero que podía ahorrar, pero aún así pude hacerlo para llevar unos días a pasear a mi madre al mar. Por el día de su cumpleaños, mi padre nos había dejado un automóvil suru no era precisamente un auto del año, pero él se había encargado de mantenerlo en buen estado y después de su muerte, lo dejé olvidado hasta que un amigo me dijo que si no lo iba a usar, era mejor que lo vendiera, porque también los autos que no se utilizaban se echaban a perder. Así fue como decidí conservar el automóvil como un recuerdo de mi papá, ya que él lo cuidaba mucho y lo había comprado con mucho esfuerzo. Ya teníamos más de cuatro años que no íbamos a la playa porque con la enfermedad de mi padre, que fue larga y lenta, no había tenido ni el tiempo ni el dinero para salir de vacaciones. Se aproximaba el cumpleaños de mi madre y quise darle, junto con mis hermanos, un viaje a Mazatlán. Mi hermana brenda estaba a punto de concluir la universidad y ya estaba trabajando. Mi hermano José acababa de terminar la preparatoria y él hizo trámites para la carrera de medicina, así que se puso a trabajar en una tienda de conveniencia y entre los tres queríamos darle la sorpresa a mi mamá. El cumpleaños de ella era en abril y en febrero comencé a buscar aparte del lugar en el que nos hospedaríamos, busqué cuidadosamente un espacio en el que pudiéramos descansar que estuviera cerca del mar. Pero a la vez que no fuera tan caro, obtuvimos uno a muy buen precio y cuando lo conseguí se lo dije a mi madre para que ella también avisara en su trabajo y le dieran sus vacaciones, Así que cuando le conté la sorpresa que le teníamos, ella se puso muy contenta. Conforme se acercaba el día destinado. Nos emocionábamos cada vez más. Salimos de Guadalajara un veinticinco de abril, muy temprano a las cinco de la mañana para irnos con la frescura del día y la verdad me sentía muy nerviosa porque era la primera vez que viajábamos sin mi padre y que yo iba al frente del volante, pero me decidí a relajarme. Al fin y al cabo, iríamos a un paso tranquilo, aunque durara más tiempo. En llegar cuando salimos de la ciudad fue muy fácil, porque las calles a esa hora todavía estaban solas. En poco tiempo estuve en la carretera de cuota que me llevaría primero a Tepic. El viaje fue tranquilo. Un poco más de seis horas de viaje y ya estábamos en el puerto de Mazatlán. Fue importante haber llevado el auto porque pudimos desplazarnos a diferentes puntos. De ahí. El día en que nos regresamos, teníamos que desocupar el lugar en el que nos habíamos hospedado a las once de la mañana. Por fortuna, teníamos la ventaja de que en esa zona geográfica era una hora menos que en Guadalajara y como estábamos acostumbrados a otro horario, sentíamos que el tiempo nos rendía mucho. Después de que sacamos nuestras maletas, nos quedamos más tiempo para visitar algunos lugares que nos faltaban. También quisimos comer antes de partir, así que salimos de Mazatlán como a las cinco de la tarde. Les cuento todos los detalles de mi viaje porque fueron relevantes para lo que nos sucedió. Desde que salimos de Mazatlán hasta llegar a Tepic. Todo estuvo tranquilo, sin ningún contratiempo. El detalle fue que por salir más tarde de lo esperado, se nos hizo de noche en el camino y a mí no me agradó la idea de que nos oscureciera, porque mi visión no era muy buena, pero no tuve opción. Íbamos en el kilómetro noventa y uno cuando nos pasó un hecho lamentable, ya desde unos metros atrás había un auto que venía a mucha velocidad, aunque la carretera era de cuota y sólo tenía un carril de ira y otro de vuelta. Si bien no contaba con más carriles, tenía un acotamiento grande a través del retrovisor. Pude ver cómo un auto de modelo reciente de color rojo venía a gran velocidad. Me hice hacia el lado del acotamiento para permitirle el paso. Me rebasó sin ningún problema. Lo malo fue que adelante iba un tráiler de doble remol que muy despacio. Del lado contrario venía otro trailer y justo en el momento en que el auto rojo que me había rebasado se cargó mucho hacia el lado del tráiler, éste lo tocó por la parte trasera y el auto rojo perdió el control, lo que hizo que se volcara e impactara en un árbol. Fue tan aparatoso el impacto que el copiloto salió por él lado de la ventana y se golpeó en una roca grande. En el instante en que vi que estaban ocurriendo los hechos, fui disminuyendo la velocidad hasta quedar detenida en el acotamiento. Con las intermitentes encendidas. Los trailers que circulaban en ambos sentidos se marcharon. Mi mamá, así como mis hermanos, estábamos muy asustados. Nunca habíamos presenciado un accidente de tal magnitud en la ciudad. A veces ocurrían lo que les llaman choques lamineros, en los que sólo el auto se daña y los conductores y los pasajeros salen ilesos. Pero esto que vimos fue un gran accidente. No sé si fue cierto lo que vi porque estaba muy nerviosa y quizás mi mente me jugó una mala pasada, pero pude ver el momento en que la persona que fue lanzada del auto rojo era una mujer. Falleció instantáneamente porque pude observar cómo salió de ella su espíritu o su alma o cómo se le pueda nombrar, ya que una bruma blanca salió de su cuer cuerpo y se quedó flotando durante unos minutos como si estuviera mirando lo que acababa de ocurrir. Así se quedó durante un tiempo vagando de un lado hacia el otro. Le dije a mi madre si ella también estaba viendo lo mismo. Ella sintió sin despegar la mirada de ese espíritu. El que reaccionó fue mi hermano. Me dijo que fuéramos a ver si había alguien con vida. Fue cuando salí de mi sorpresa y corrimos hacia el auto al interior había un hombre de mediana edad cuyo rostro había quedado destrozado por el impacto. No les quiero dar detalle del estado del hombre, porque mi impresión, la de mi madre y mis hermanos fue tanta que mi hermana brenda comenzó a marearse. Mi madre palideció. Fue entonces cuando supe que debía alejarlas. Mi hermano y yo fuimos hacia el auto y les dijimos que se quedaran allí para que recuperaran el aliento. José y yo intentamos entre los dos sacar al conductor, pero estaba atorado entre el volan y l l o o o. Ya no quisimos esforzarnos por sacarlo y nos daba una sensación extraña saber que ya estaba muerto. Ya no podíamos hacer nada por él y no había más personas. Cuando me calmé un poco, pensé que era necesario llamar a los servicios de emergencia. Por lo general, en las carreteras de cuota hay un servicio que apoya en casos de siniestro. Intenté marcar con mi teléfono, pero me di cuenta de que no tenía señal. Me había cambiado a una compañía de servicios telefónicos que no tenía la misma cobertura y mi teléfono estaba muerto. Le dije a mis hermanos que intentaran hablar por teléfono, pero tampoco pudieron y griega, no sé si fue por la zona en la que nos encontrábamos o por otra razón. La cuestión fue que no pudimos llamar a ningún servicio de emergencias. Con todo lo acontecido, habíamos perdido la noción del tiempo. Le dije a José que estuviera atento en cuanto pasara un auto que lo detuviera para que nos permitiera usar su teléfono y también para que avisara en la siguiente caseta lo que había ocurrido. Mi hermano se fue detrás de nuestro coche con un trapo para hacer señales algún auto para que disminuyera su velocidad, pero no pasaba ninguno. En ese momento fui un poco más consciente y comencé a darme cuenta de varios detalles, como que ningún auto había pasado la carretera. La veía diferente. Ya no notaba las barreras de contención que había visto en las zonas de curva. No podía pedir ayuda ni apoyo a nadie excepto a mi hermano, que estaba al pendiente de lo que necesitara. No les puedo mentir. En un momento me sentí desesperada, me puse a llorar sin saber qué iba a hacer. Después de que me calmé, supe que era necesario partir ya no había nada que hacer por esas personas, pues ya habían fallecido y si no lograba comunicarme con nadie, ni mucho menos pedir ayuda, lo mejor era avanzar y pedir ayuda más adelante para que vinieran a levantar los cuerpos. Me sentí más reconfortada cuando estuve más tranquila y pude pensar un poco más, le dije a mi hermano que lo mejor era irnos del lugar. Él me preguntó cómo nos íbamos a alejar de esas personas. Le dije que ya no podíamos hacer nada por ellas. Era triste, pero habían fallecido. Lo mejor era irnos de ahí para pedir auxilio más adelante. Estuvo de acuerdo y subimos al coche. Mi hermana y mi mamá comenzaban a restablecerse el color volvía a sus rostros. Sólo notaba a mi madre que se sobaba su brazo izquierdo. Le pregunté si se sentía bien y ella me respondió que sí, y en ese instante pensé que era necesario partir, así como llevar a mi familia a un lugar seguro. Estábamos ya acomodados en el auto listos para continuar nuestro viaje. Cuando intenté encender el motor y nada sucedió, ni siquiera el intento de arranque la batería parecía estar completamente descargada y eso me resultaba extraño, ya que antes de partir habíamos llevado el auto al mecánico para evitar precisamente este tipo de problemas. El mecánico nos aseguró que todo estaba en buenas condiciones, aunque el auto no era de los más recientes. Estaba bien cuidado. Mi madre, que se estaba recuperando del susto, sugirió revisar la batería, pensando que quizás estaba afectada por un poco de corrosión. Recordó haber visto a mi padre limpiar y arreglar la batería de esa manera, pero al revisar la batería estaba en buen estado. No entendía la razón de esta falla. Era alrededor de las nueve de la noche. La oscuridad se cernía sobre nosotros y la situación era difícil. Estábamos solos en un lugar desolado, sin señal de celular y sin forma de comunicarnos. Decidí sentarme en una piedra junto a la carretera para tranquilizarme y pensar en qué hacer. A continuación, fue entonces cuando no te auras algo extraño. Las piedras en las que me había sentado eran inusuales, no eran comunes en una autopista y me hacían preguntarme qué significado podían tener. Mientras pensaba en esto, divisé a lo lejos a un hombre que parecía estar montado en un burro, aunque desde donde me encontraban no podía ver con claridad. Escuché el rebuznar del burro y a un hombre gritándole algo. Hice una señal a José para que me acompañara. Mientras nos acercábamos al lugar de donde provenía la voz y cuando llegamos nos dimos cuenta de que era un señor de edad avanzada con un sombrero visiblemente molesto, con su burro que se negaba a caminar. El pobre animal estaba cargado y le sugerí que dejara descansar al burro un rato y quizás le hacía falta un poco de agua. El señor respondió que por eso iban hacia el pueblo que estaba cerca. Pasarían la noche ahí y continuarían su camino al día siguiente. Muchas preguntas vinieron a mi mente no me había dado cuenta de que había un pueblo tan cerca. Le pregunté cómo se llamaba el poblado, aunque no recuerdo su nombre, y el hombre me indicó con su mano hacia el lado derecho. A ciertos kilómetros de distancia. Se veían luces que indicaban la presencia de un lugar habitado en el que podrían ayudarnos. Le hablé a José para irnos con el señor hacia el pueblo. Cuando me volteé el hombre ya se había ido sólo alcancé a escuchar su voz regañando a su burro. Le comenté a José que quizás nuestra única opción era dirigirnos hacia ese lugar y ahí podríamos encontrar ayuda. Incluso pensé que lo mejor era dejar el auto y marcharnos los cuatro. Me acerqué a mi madre para compartir la idea, pero no estuvo de acuerdo. Dijo que sería exponernos demasiado caminar por la noche entre la vegetación hacia un lugar que no conocíamos. Le expliqué que no teníamos muchas opciones. Ella pensó que en cualquier momento alguien pasaría y nos daría auxilio. Le expliqué que ya había pasado algo de tiempo y nadie se había presentado. Además, ni siquiera tenía señal en el teléfono En ese momento. Recordé que en la carretera siempre hay un teléfono de emergencia. Sólo era necesario caminar hasta encontrarlo. Dejé a brenda y a mi madre en el coche. Mientras José y yo emprendíamos la búsqueda de un teléfono mientras avanzábamos, cada vez me parecía menos familiar el lugar. No les puedo negar que sentía mucho miedo al caminar a la orilla de una carretera solitaria y completamente oscura. Trataba de disimularlo para que mi hermano no lo notara conforme avanzábamos, comencé a ver árboles retorcidos y secos que parecían manos huesudas moviéndose con el viento. Además, crujían en el momento en que pasábamos a su lado. Mi hermano me preguntó si creía en los fantasmas y las brujas, si tenía miedo de que en ese momento se nos apareciera uno. No sabía que inclus puso los árboles y los arbustos. Me generaban miedo porque escuchaba cómo emitían sonidos extraños, como si alguien estuviera entre ellos todo el tiempo esperando el instante oportuno para saltar hacia nosotros. También creía que podía ser el espíritu de los que acababan de fallecer en el accidente y que en cualquier momento se nos aparecerían. Pero no le dije eso. Sólo me limité a decirle que no tenía miedo. Ya habíamos recorrido un kilómetro sin encontrar ningún teléfono. Cuando escuchamos el tren que pasaba muy cerca, José sugirió que podríamos pedir ayuda a alguien del ferrocarril. Le dije que no había manera. La vía del tren pasaba cerca de la carretera, pero no tanto como para que nos vieran. Además, era sólo un tren de carga con muy pocas personas. Apenas le había dicho eso a José cuando el tren pasó muy cerca de nosotros, situación que me resultó muy extraña, y especialmente cuando uno de los pasajeros nos vio y nos saludó, Me quedé sorprendida al ver que el tren llevaba mucha gente. José, en un acto desesperado, levantó las manos y comenzó a gritar que necesitábamos ayuda y que se detuvieran, pero los pasajeros pensaron que les estábamos respondiendo al saludo, el hombre movió su mano alegremente y el tren continuó su camino. En ese momento no me detuve a reflexionar sobre todas las situaciones extrañas que habían sucedido después de un rato. Me detuve para pensar en lo que debíamos hacer. José venía detrás de mí y de pronto comenzó a gritarme con terror en su rostro. Le pregunté qué le pasaba, pero no pudo decirme y sólo señaló hacia atrás. Por el mismo acotamiento, venía un joven de unos veinte años caminando hacia nosotros vestido de una forma peculiar. Pensé que era de acuerdo a la usanza del pueblo cercano, pero admito que también pensé que pudiera querernos hacer daño. Sin embargo, no or, el joven pasó de largo, sin siquiera voltearnos a ver ni decirnos nada. No intenté hablarle porque al pasar cerca de mí sentí un escalofrío y al mirarle a la cara, noté que estaba sumamente pálido y con la mirada perdida, el joven siguió su camino como si no nos hubiera visto. Después de unos segundos le dije a José que era mejor regresarnos, ya que no encontrábamos nada y ese muchacho se dirigía hacia donde estaban mi hermana y mi mamá y no sabíamos cuáles eran sus intenciones. En ese instante, los dos corrimos hacia el auto. Sentí que todo el tiempo que habíamos caminado había sido en vano. Me sentí sofocada por correr de esa manera y le pedí a José que me esperara mientras me agachaba para recuperar el aliento. Fue entonces cuando vi una cruz con el nombre Ernesto y una fecha inscrita veintinueve de abril de mil novecientos noventa y uno, el día en que había fallecido. Después de recuperarme s real desnudamos la carrera hacia el coche. Al llegar con Brenda y mi madre también estaban muy asustadas. Nos contaron que un joven muy extraño había pasado cerca de ellas y que sentían las almas de los que habían fallecido en el accidente, muy cerca de sus cuerpos. Todos estábamos aterrados por lo que estaba sucediendo y el tiempo parecía haberse detenido, ya que a excepción del hombre en el burro, el hombre en el ferrocarril y el joven extraño no habíamos visto a nadie más. Me sentía desesperada sin saber qué hacer. Sólo por no dejar a mi hermana. Intenté encender el auto de nuevo y, para mi sorpresa, el auto arrancó. Me sentí aliviada y les dije que subieran al auto para marcharnos. De ahí, a medida que avanzábamos por la carretera, comencé a verla como era antes, con señalética y reflejantes que parecían luces encendidas. Empezamos a ver autos y trailerse en el camino, pero no pude encontrar la vía que llevaba al pueblo. Además, más me di cuenta de que era de noche y había poca visibilidad. Lo que sí me pareció extraño fue que ya no veía las luces del poblado. Le pedí a mis hermanos que buscaran las luces del pueblo, pero me dijeron que no veían nada. Todo estaba especialmente oscuro y no lograba entender lo que había sucedido. Incluso ya ni siquiera recuerdo si pude ver el auto chocado. Tal era mi alivio al ver que mi coche encendió Durante el trayecto de regreso, nadie dijo nada y cuando llegamos a la caseta de Tepic, informé a la persona que nos cobró sobre el accidente en el kilómetro noventa y uno donde les dije que los dos ocupantes habían fallecido. Nos bajamos para ir al baño y comprar algo de comida. Mientras mi madre platicaba con una señora que vendía el OTEs y tamales, le contó de los contratiempos que tuvimos. La vendedora le mencionó que eso que vimos sólo sucedía una vez al año, cuando el tiempo regresa y el accidente de la paz la pareja joven vuelve a ocurrir, a pesar de que murieron hace más de diez años. Mientras tanto, me llamaron de la caseta para que les diera más detalles sobre lo sucedido. Después de relatarlo, me explicaron que no había ningún accidente. Insistí en que era verdad lo habíamos visto mis hermanos, mi madre y yo. Sin embargo, el hombre que me preguntó inicialmente se retiró sin darme explicaciones. En cambio, a mi mamá, si le contó la señora que vendía elotes y tamales, ella le dijo que llevaba más de cinco años vendiendo sus productos, y cada año llegaban personas como nosotros diciendo que había ocurrido un accidente en un coche rojo. Al parecer era un bucle en el tiempo que replicaba año tras año el mismo evento. Estaba casi segura de que las personas que vimos en la carretera durante el accidente todas habían muerto hacía tiempo y que el pueblo no existía. Relato escrito y adaptado por Ramiro contreras