Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / El Emisario De La Muerte Historias De Terror - Voces De La Noche
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- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más, comenzamos compartir esta experiencia con ustedes. Me será de gran ayuda para procesar lo que he estado viviendo durante tanto tiempo. Además, agradecería mucho si alguno de ustedes pudiera ofrecerme su opinión al respecto. Hace años que vengo experimentando la presencia de alguien que me ha dejado profundamente inquieto cada vez que lo percibo. Se trata de alguien a quien nadie ha logrado ver y, a pesar de mis intentos de describirlo, nadie ha logrado identificarlo. Todo comenzó cuando asistí a mi primer funeral. Una tía había fallecido en un accidente carretero. La noticia conmocionó a toda la familia y a mí en partida. En ese entonces apenas tenía ocho años y mi tía era la hija menor de mis abuelos, Contaba con apenas quince años de edad. La tragedia dejó una marca imborrable en mi memoria y desde entonces, la presencia de este misterioso ser ha sido una constante en mi vida. Vivíamos en aquel entonces en Capilla de Guadalupe, un municipio cercano a Tepatitlán de Morelos. Para aquellos que no estén familiarizados, es un pueblo relativamente pequeño, donde la mayoría de la gente se conoce entre sí en eventos, fiestas o reuniones. Es común coincidir con conocidos y el funeral de mi tía no fue la excepción. Todo el pueblo acudió para expresar sus condolencias a la familia. En su mayoría reconocí a las personas, aunque había uno que otro rostro que no me resultaba familiar, pero ninguno llamó particularmente mi atención. Entonces lo vi en la esquina más oscura del recinto oculto de transs de una de las decoraciones que alguien había traído. Estaba una figura misteriosa. Me quedé mirándolo porque su presencia me intrigó profundamente. Vestía un saco oscuro y llevaba un sombrero del mismo color. Lo que más me inquietaba era que carecía de bello facial y mantenía sus ojos siempre cerrados. Aunque la gente pasaba cerca de él y casi lo rozaba, permanecía inmóvil en su lugar. No podía apartar la mirada porque sentía de alguna manera extraña que él me estaba llamando. No sé cuánto tiempo estuvo ahí parado, pero desde que llegamos hasta altas horas de la madrugada seguía en el mismo lugar. La curiosidad me llevó a comentarle a mi padre sobre la presencia de ese hombre, pero me aseguró que no había nadie donde yo señalaba. No entendía cómo no podía verlo, ya que estaba a sólo unos metros de nosotros. No quise insistir ni señalar más al sujeto, así que desistí en mi intento de averiguar quién era. Después de distraer a or por unos minutos mientras rezábamos un rosario, el misterioso hombre ya no estaba ahí Se había ido sin que yo notara su partida. Nunca supe quién era aquel hombre, pero su presencia se quedó grabada en mi memoria durante años y no podía quitármelo de la cabeza. Fue extraño, pero algo en mi interior me decía que no sería la única vez que lo vería, y su figura enigmática y su aspecto peculiar eran muy inquietantes. Años más tarde, precisamente seis años y unos meses después, mi abuelo falleció. Había estado luchando contra un problema cardíaco durante mucho tiempo, realizando viajes constantes a Guadalajara para sus revisiones periódicas, pero el cansancio acumulado lo llevó a dejar de someterse a estos controles y, como consecuencia, la enfermedad finalmente lo venció hasta que un día no despertó por la mañana. Como yo ya tenía catorce años, me habían dejado a cargo de varias cosas para preparar en el recinto. Lo más curioso es que era el mismo lugar donde velamos a Mi tía. Estaba junto con mi hermano, acomodando unas sillas cuando de pronto en la esquina más alejada del salón. Ahí estaba nuevamente ese sujeto parado con los ojos cerrados se le veía más pálido que la vez pasada. Entonces caí en cuenta de que quizás se trataba de algún trabajador del recinto y que estaba ahí por si se ofrecía algo. Le comenté a mi hermano en un tono burlón que el hombre de traje de la esquina asustaba mucho. Le señalé el lugar y mi hermano extrañado me dijo que él no podía ver nada. Esto ya me estaba desconcertando. No era posible que no lo viera, pero la verdad es que mi hermano suele ser muy bromista, así que tomé como broma el hecho de que me dijera que no lo veía aún así. Ver ahí a ese hombre inmóvil me causaba mucha intriga. El funeral de mi abuelo transcurrió de manera convencional, dado que ya era mayor podía reconocer era más personas que en el pasado hubo algunos amigos presentes, a quienes les pregunté si también podían ver al hombre de la esquina, pero todos coincidieron en lo mismo. No veían a nadie ahí. La respuesta uniforme de mis amigos sólo aumentó mi confusión y preocupación. Aunque había intentado convencerme a mí mismo de que podría tratarse de una coincidencia o una ilusión, la persistente presencia de esta figura misteriosa desafiaba cualquier explicación lógica que le buscaba. Tomé la decisión de que esto no debía afectarme. Después de todo, esa presencia no estaba causando daño a nadie. Simplemente estaba ahí. Pero, a pesar de mis intentos de racionalizar la situación, la sensación persistente de que algo irreal estaba sucediendo no desaparecía seguía sin encontrar una explicación lógica de por qué sólo yo era el único que podía verlo hasta que alguien se acercó a mí. Era uno de mis primos, un año mayor que yo, pero se acercó a mí y en voz baja me preguntó tú también lo puedes ver. Me sorprendió realmente, ya que nadie había notado al misterioso personaje antes. Le pregunté si sabía quién era y me contó que también lo había visto desde el funeral de la tía, pero le causó tanto miedo que prefirió quedarse afuera. Esta vez notó que yo no apartaba la vista de esa esquina, lo que lo llevó a atreverse a preguntarme. Las horas pasaron y ya casi era el momento de despedirnos de mi abuelo, ya que pronto lo cremarían. El misterioso sujeto seguía inmóvil con los ojos cerrados. Mi primo sugirió que era mejor no darle importancia y al mirarlo. Por última vez, el hombre abrió los ojos, unos ojos completamente blancos, sin pupila. Ambos nos quedamos inmóviles y justo cuando estaba a punto de mencionar algo, el hombre se desvaneció ante nuestros ojos. El evento dejó en nosotros una extraña mezcla de asombro desconcierto y algo de miedo. Ya me estaba planteando mas preguntas que respuestas sobre este ser Sabíamos que nadie nos creería, así que le pedía a mi primo que guardáramos el secreto, pero al mismo tiempo le sugerí que buscáramos una oportunidad para hablar al respecto. La presencia de aquel hombre me intrigaba profundamente que necesitaba saber más sobre él no pasó mucho tiempo antes de que tuviera un tercer encuentro con él. Uno de mis maestros de la secundaria se trasladaba de Capilla de Guadalupe a otro municipio donde aún circula el tren. Mi maestro intentó ganarle al tren, pero no tuvo éxito y falleció al instante. Su funeral se llevó a cabo en otro recinto, sólo un poco más pequeño que el anterior, pero lo suficientemente grande. La escuela entera se organizó para despedirlo y, como parte opcional, cada uno de sus alumnos tendría la oportunidad de pasar a verlo en el ataúd. Nos formamos uno al lado del otro a un costado del ataúd y uno por uno pasábamos para darle nuestro adiós al maestro. Cuando casi era mi turno, noté que alguien estaba parado al lado del ataúd ya había tenido la sensación de su presencia desde hacía un rato. Llegué a pensar que se trataba de alguien cuidando el lugar o algún familiar cuidando el ataúd, pero al acercarme lo suficiente, me di cuenta de que era aquel hombre misterioso. Sería la primera vez que estaría tan cerca de él, ya que la fila continuaba avanzando. Mantenía el mismo porte de pie, sin cejas ni cabello facial, con ambos ojos cerrados. Llegó mi turno y estaba a sólo un metro de él. De hecho, no había visto a mi maestro. No podía apartar la mirada del hombre. De repente, algo en mí me impulsó a preguntarle en voz baja qué es lo que quieres. No esperaba una respuesta o alguna reacción, ya que la única vez que lo vi reaccionar fue cuando abrió los ojos en el funeral de mi abuelo, pero para mi sorpresa, inclinó la cabeza y sin abrir los ojos. Pero sí, la boca no había dientes ni lengua, son oscuridad y un putrefacto olor. A descomposición llegó a mis fosas nasales, lo que provocó que me alejara rápidamente. El hombre se reincorporó y se quedó inmóvil. Nuevamente. Varios de mis compañeros empezaron a quejarse de un olor desagradable y muchos lo atribuyeron a la posibilidad de que se hubiera abierto una alcantarilla. Sin embargo, yo conocía la verdad ese ser me alejó de él. Sin duda sabía que podía verlo. En esa ocasión no pude quedarme hasta tarde, así que no supe si el hombre misterioso se desvaneció o si permaneció ahí hasta el final. Ya había acordado con mi primo que nos comunicaríamos si llegábamos a tener encuentros con ese hombre. Le compartí lo que me sucedió y mi primo intrigado me dijo que hablaría con otra persona que también afirmaba haberlo visto. Me aseguró que pronto tendría una respuesta Para mí. Pasaron sólo algunos días y como si se tratara de una maldición o una irónica broma del destino. Mi abuela falleció. No padecía ninguna enfermedad grave. De hecho, se le veía más fuerte que mi abuelo. La familia comenzó a especular que su fallecimiento se debía a la tristeza, ya que su salud y estado anímico habían disminuido considerablemente desde la partida de mi abuelo. La pérdida de ambos en tan poco tiempo sumió a la familia en un duelo y depresión fuerte para no perder la tradición, se rentó el mismo recinto que se utilizó para el velorio de mi tía y mi abuelo como si fuera un invitado más de la familia. Ahí ya estaba el sujeto en una esquina. Ni siquiera el cuerpo de mi abuela había llegado y aquel ser ya ocupaba su lugar habitual, inmóvil, sin pronunciar palabra alguna y con los ojos cerrados sentía cierta molestia de alguna manera. No le tenía miedo, ya que ese individuo nunca había hecho algo para asustarme. Dado que prácticamente estaba solo en el recinto, decidí confrontarlo de una vez por todas s s r s y acerqué con determinación en busca de respuestas y estando a sólo un par de metros de él, comencé a hacerle preguntas. Quién era qué quería ahí, por qué me seguía o qué necesitaba, pero no obtuve respuesta alguna. Al no recibir respuesta y sin ninguna reacción, se me ocurrió la tonta idea de amenazarlo, diciéndole que si no se iba a otro lado, encontraría la manera de dañarlo. Justo. Cuando estaba a punto de decirle algo más, sentí que alguien me tomó del brazo y me jaloneó hacia atrás. Era mi primo gui. Me pidió que dejara de decirle algo al ser de la esquina que lo ignorara y preferiblemente que no lo buscara más. Me explicó que su contacto le había mencionado la posibilidad de que se tratara de un emisario de la misma muerte. Estos individuos estarían condenados a desempeñar el trabajo de la muerte en su ausencia y lo más prudente era no llamar su atención a traer su interés podría significar atraer la muerte a nuestras vidas de alguna manera. Según mi primo, lo que aquel ser me hizo en el funeral de mi maestro fue una advertencia para que me alejara. Aunque pensé en disculparme, mi primo insistía en que lo dejara así, pero no le hice caso y fui en busca del individuo. Para mi sorpresa y después de tantos funerales, el hombre de la gabardina oscura ya se había ido. No sabía cómo interpretar esto. Nunca nos había pasado que se fuera a mitad de un funeral. De hecho, éste ni siquiera había comenzado y ya se había marchado la forma de trabajar de este emisario de la muerte seguía siendo un enigma para mí. Durante todo el funeral, nunca vimos que regresar a este ser De hecho, su presencia era inexistente en cualquier lugar, esto me mantenía en constante tensión sin saber si me había propasado o no. Pero esa noche, después del funeral de la abuela, aprendí la lección de no enfrentarme directamente a la muerte. Me acosté poco después de la las dos de la mañana, ya que tenía mucho sueño. Mi familia se quedó para darle el último adiós a la abuela, pero como yo estaba agotado, regresé a casa. Estaba jugando con un videojuego portátil en la oscuridad de mi habitación para que me ganara el sueño, cuando, de repente, un horrible olor alcantarilla invadió todo a mi alrededor. Me dio tanto asco que corría a cerrar las ventanas. Y fue entonces cuando me di cuenta de que no estaba solo de reojo alcancé a ver la figura de una persona parada en la esquina de mi cuarto no podía verle el rostro, pero si su silueta, sin duda se trataba de aquel hombre misterioso. Regresé a la cama rápidamente, sintiendo tanto miedo que noté que mis piernas y manos temblaban incontrolablemente. El sujeto parecía enfocarse sólo en mí, sin moverse del lugar de penumbras en el que estaba, no sabía qué hacer, así que lo único que se me ocurrió fue orar y pedir disculpas por mi comportamiento. No sé u p o r haber dicho, pero en cuanto abrí los ojos, la silueta se había ido el resto de la noche. No pude pegar un ojo. Estaba sumido en la inquietud y el desconcierto de ese encuentro. Al día siguiente, durante la cremación de la abuela, mi primo se acercó y me comentó que él, si se había quedado más tiempo en el funeral y después de las tres de la mañana, aquel hombre misterioso había regresado. Quise mantener en secreto lo que ocurrió para que mi primo no se hiciera una idea negativa de mí. Desde ese entonces, cada vez que asisto a un funeral, lo sigo viendo ahí inmóvil, sin hacer nada. Nunca comprenderé cómo se manejan las cosas en el más allá ni cuál es la intención que tiene la muerte con estos emisarios. Lo único que sé es que esos seres están entre nosotros. Alguna vez alguien de ustedes ha visto a alguien así en los funerales. Sus comentarios me serían de gran ayuda. Relato escrito y adaptado por lengua de brujo