Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / No Mires Por La Ventana Después De Medianoche Historias De Terror - Voces De La Noche
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- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más, comenzamos hola. Mi historia se desarrolla hace mucho tiempo. Las experiencias que uno puede llegar a tener desde muy pequeño pueden llegar a marcarte para siempre y tenerlo bastante presente. Esto me pasó aproximadamente a mis doce años en un pueblo ubicado en Cuernavaca, Morelos en una casa algo grande. Según mis recuerdos, vivíamos mi mamá, mi papá, mis hermanos y yo éramos una bonita familia bastante numerosa que nunca había tenido ningún inconveniente, al menos no del tema sobrenatural. Los años transcurrían de manera muy tranquila y yo siempre me llevé muy bien con mis hermanos, yo o el mayor de ellos, y por eso siempre tenía muy buena comunicación con mis papás. Mi mamá desde muy pequeños, nos había inculcado a mí y a mis cinco hermanos que nunca debíamos asomarnos por la ventana. Después de medianoche no entendíamos muy bien el por qué. Yo en ocasiones le llegaba a preguntar por qué no debíamos hacerlo si a mí me gustaba mucho el paisaje que se midaba por las ventanas, pero ella siempre me decía que era por nuestro bien, ya que podíamos llegar a ver cosas. Yo no sabía a qué cosa se refería. Simplemente me respondía siempre lo mismo. A esa edad es normal tener mucha curiosidad y evidentemente, iba a romper esa regla. Lo había estado pensando durante mucho tiempo, ya que no quería defraudar a mis papás y desobedecerlos. Pero en mi mente algo muy bueno. Me estaba esperando a la medianoche tras la ventana. Un día esperé a que mi mamá y mis hermanos se quedaran dormidos, ya que la habitación donde dormía era compartir con dos de mis hermanos más pequeños. Mi mamá me los dejaba encargados, por así decirlo, para que no pasara nada malo. Según ella, yo era el protector de mis hermanos. Nuestro cuarto quedaba al lado del patio y si mirabas a través de esa ventana podías mirar incluso la entrada principal, la cama quedaba un poco lejos de la ventana, así que traté de ir con sumo cuidado sin que nadie me escuchara. Esperé ansioso en la ventana hasta que fueran más de las doce, tal como me habían prohibido y me asomé por aquellas cortinas viejas señal evidente de que no estaba permitido mirar. Por ahí no vi nada y todo lucía con total normalidad. Estaba oscuro. En el patio había muchas plantas y dormían cuatro perros. Los quería demasiado, pero nunca entendí por qué teníamos tantos perros para cuidar la casa. En ese momento, una descarga de adrenalina recorrió todo mi cuerpo. Sentí una mirada, pero no sabía muy bien de donde venía. Sentí un frío muy fuerte que recorría mis tobillos y en eso logré oír un gruñido que no provenía de ninguno de mis perros volte y se trataba de un perro color negro, un color negro bastante penetrante, casi perdiéndose en la oscura noche y unas garras enormes. Este perro enorme parecía estar muy cerca de mí. Tenía unos enormes ojos rojos que lucían furiosos, tenía una respiración bastante agitada y parecía estar buscando algo o a alguien. Yo me quedé paralizado, pues no sabía qué hacer ni siquiera podría decir que esa cosa era un perro, porque sus uñas, pelaje y tamaño eran más grandes de lo normal. Era mucho más grande que cualquiera de los perros que teníamos en el patio, supuestamente para cuidar ante cualquier cosa. Me pareció algo bastante irreal y yo me quedé inmóvil sin saber qué hacer. De repente, atrás de mí pude sentir una corriente de aire que parecía tar tratar de Tirarme parecía una advertencia de que yo no debía estar ahí debido a la hora que era y que no podía despertar a mis hermanos. Tuve que contenerme las ganas tan grandes que tenía de gritar. Ya me encontraba con los ojos llorosos. Me estaba repitiendo una y mil veces más en mi cabeza por qué tenía que haber hecho eso y si ahora ponía en riesgo a mi familia por un descuido. En fin, traté de sentarme muy lentamente en el suelo y por un momento podría jurar como algo tiraba de uno de mis pies. Fue entonces que decidí romper toda regla y salí corriendo entre lágrimas y totalmente asustado. Fui directo al cuarto de mis padres. Mis hermanos enseguida se despertaron para este punto. Ya no me importaba si ellos se despertaban o si mis papás me regañarían por lo que acababa de hacer. Simplemente quería correr y huir de ahí. Primero fue aquel animal el que había despertado todo el terror en mí y postr materiormente había sido aquello que me había tocado la pierna. Solamente podía pensar en que mamá tenía razón. Nunca debía asomarme tras la ventana y ahora no sabía qué era lo que había despertado, pues ese animal, evidentemente, no parecía algo real. Tenía la imagen de algo sacado de una película. No podía creer lo que mis ojos habían visto. Aquella noche llegué al cuarto de mis padres y, prácticamente gritando y entre sollozos, les conté rápidamente todo lo que había visto. Pensé que ellos me reconfortarían, pero para mi enorme sorpresa, adoptarían una posición de enojo, sobre todo mi mamá, que era quien claramente me había advertido de no hacerlo. Nunca antes me habían hablado de mala manera, pero esta vez comenzaron a insultar al aire y echarse culpa el uno al otro. Mi papá se levantó furioso y se dirigió hasta la cocina. Ahí había una escoba. Pensó que la mejor decisión ante esto era sacar un palo de escoba. Yo le advertía que aquel ello no era una broma. Era algo real y muy grande y yo tenía mucho miedo de que eso pudiera lastimarlo. En busca de lo que yo describía. Abrió la puerta principal y salió unos minutos. Yo me refugié con mi madre y esperamos a que regresara. Volvió muy pronto y decía no haber encontrado tal cosa que yo decía. Me tomaron de mentiroso aquella noche, pero yo estaba seguro de lo que vi furioso ante la situación. Inmediatamente me mandó a dormir, aunque claro no pude dormir aquella noche, tras la ventana podía ver unos ojos rojos. Aquellos ojos que había visto un rato atrás me seguían mirando y esperando a que yo volviera a asomarme tras esa ventana. Me tapé con las cobijas y así me quedé toda absolutamente toda la noche amaneció y todo el ambiente estaba muy tenso. Mis padres me mandaron, como ya era costumbre, por ser el mayor, a comprar algunas cosas a la tienda. Yo seguía con mucho runo miedo, pero ellos insistían que fuera esta tienda. Quedaba sumamente cerca de mi casa, quizá a unas dos o tres casas. Me pareció muy extraño, pero ellos me habían pedido llevar tres kilos de sal Ni siquiera estaba seguro si podría con tal cantidad. Insistí en que alguno de mis hermanos me ayudara, pero se negaron y dijeron que tenía que ir yo solo entre ese encargo. También me pidieron que llevara unas velas blancas. Hice lo que me pidieron y regresé a casa. Llevé todo lo que me habían dicho sin excepción a escondidas de mis hermanos. Mis padres me llevaron a un cuarto y me explicaron lo que haríamos. Con todo eso me dijeron que ese mismo día, antes de que diera la medianoche, pondríamos aquellas velas blancas por toda la casa, rezaríamos y empezaríamos a esparcir la sal por todo el patio y dejaríamos una cruz de sal en la entrada. Ellos sabían muy bien lo que estaba pasando. Sin embargo, preferían no contarme, quizá para que yo no pudiera decirles a mis hermanos aún así. No tenía la intención de hacerlo, pues no quería que ellos vieran lo mismo que yo vi tiempo después me enteré de que en el pueblo se había corrido la voz de que una bestia se aparecía por las noches a altas horas, supuestamente en busca de las almas más vulnerables, sin importar si fueran niños, mujeres u hombres, sediento del llanto de los niños y de los gritos y las pesadillas. Al menos esa historia se contaba no sólo en casa, sino en muchas colonias vecinas se esparcía esta misma historia en la que supuestamente este ser se llevaba a los niños e incluso a las mujeres que se encontraban embarazadas. En este pueblo había bastantes leyendas y muchas de ellas parecían muy difíciles de creer. Nosotros recurrentemente visitábamos a nuestro vecino, un señor de unos setenta años, que nos contaba todo tipo de anécdotas. Nos decía que a los niños pequeños se los llevaba un ceño señor que aparecía por las noches al parecer. Si no te dormías a las horas que te decían, podías correr el riesgo de desaparecer. También nos contaba mucho acerca de brujas que comúnmente se llevaban a los niños pequeños. Como mis hermanos, solía haber muchos entierros de niños en el pueblo. Mis padres asistían recurrentemente a ellos, ya que conocían a muchas de las personas que perdían a sus hijos. Siempre nos cuidaban para que ellos no tuvieran que pasar. Por lo mismo, aquella noche hicimos el ritual o esta supuesta protección que mis papás sabían todo esto por medio de mis abuelas. Ellos hicieron partícipes a mis hermanos de esta protección los hicieron que tiraran la sal alrededor de la casa y que pusiéramos las velas en las ventanas, además de unos espejos en las esquinas. Supuestamente ellos le decían a mis hermanos que todo esto era para ahuyentar a los bichos que ahí se encontraban. No sé si mis hermanos se creían todo él, pero al menos eso les decían para que pudieran estar más tranquilos. Tuvimos varios días sin ningún tipo de actividad. Yo, debido a la impresión de aquella noche, tenía que dormir más temprano, pues si llegaba a ver el reloj despierto y pasaba de la medianoche, ya no podía dormir e incluso tenía muchas pesadillas recurrentes con aquel animal enorme. Una noche en la que nos encontrábamos durmiendo. Uno de mis hermanos se levantó al baño. Todos teníamos la indicación de no asomarnos por la ventana, pero parece que a él también le había surgido la curiosidad, como a mí, de ver tras de ella. Así que aprovechó el ir al baño para poder mirar. Sin embargo, a diferencia de mí, vio a lo que parece ser una bruja, pues a la mañana siguiente nos contaría a mí y a otro hermano que una señora muy vieja con unas uñas enormes y dientes afilados lo estaba viendo a través de la ventana. Nuestros perros se encontraban ladrando y, además, las veladoras estaban apagadas. Al parecer, nada de lo que hacían nuestros padres funcionaba del todo, pues a pesar de esas supuestas protecciones, mi hermano estaba a punto de ser chupado por una Bruja, como se suele decir normalmente. Afortunadamente, lo que logró salvarlo fue que uno de los otros hermanos logró verlo intentando salir de la casa. No podía porque ésta tenía llave, pero estaba en una especie de trance del cual no lograba salir. Mi hermano, que era un poco más grande que él, lo cubrió con una cobija y lo llevaría con los ojos cerrados hasta la cama. Ahí intentaría hacerlo entrar en razón. Esto claro no había llegado hasta nuestros padres conociéndolos. Probablemente aquel día nos hubiéramos buscado un lugar donde vivir en la casa comenzó a haber un ambiente muy complicado. Varios de mis hermanos decían ser asustados en diferentes lugares de la casa. Anteriormente no se decía nada de esto. Es más, no se hablaba al respecto. Básicamente estaba prohibido y desde que ocurrió aquella noche, lo de la ventana en la que había visto a aquella cosa fue que todo fue empeorando Por aquellos días. Una tía nos fue a visitar. Era hermana de mi mamá y vestía muy raro tenía estas costumbres muy arraigadas de los pueblos. Ella era fiel, creyente de todas estas cosas y constantemente le decía a mi mamá que pusiera muchos amuletos por toda la casa, ya que, según ella, esto traería más seguridad. Estábamos en una zona donde al parecer, sucedían muchísimas cosas. Éramos apenas unos niños, Yo era el mayor, con doce años, y mis hermanos tenían menos de once. Mis padres, probablemente agobiados por darle una mayor seguridad a todos sus hijos, habían intentado de todo para protegernos y sus rituales con sal y velas no habían sido efectivos. Parecía ser nuestra única salida el irnos de aquella casa. Como dije mi tía se había quedado un tiempo, según esto, para ayudar con todo lo que estaba sucediendo en la casa, tanto afuera como adentro, y ella también tendría algunas experiencias al estar aquí. Era mucho más sensible a todo este tipo de cosas y constantemente nos decía que no saliéramos a ciertas horas. En específico y así como nuestro vecino trataba de contarnos historias para meternos miedo. Ella se había quedado en el otro cuarto en donde dormían un par de hermanos. Como dije al inicio, estábamos repartidos en cuartos. En uno mis papás en otro mis dos hermanos y mi tía y en un tercero, yo y dos hermanos pequeños la habitación de mis padres y la mía daban hacia la ventana que da al patio de la casa que en esta ocasión, después de todo lo que había pasado, había quedado prohibida. Pusieron tablas y toda clase de cosas para evitar que pudiéramos asomarnos normalmente. La casa parecía estar de noche siempre. Gracias a todo esto, aquella noche todos nos encontramos durmiendo y de repente escuchamos en la casa de al lado unos disparos y unos gritos. Parecían provenir de la tienda donde compramos las cosas. Entre los gritos podía escucharse que alertaban acerca de un perro enorme como el que yo había visto, pues al parecer lo vieron rondando por ahí e intentaron salir a matarlo, pero fue inútil. Aquello era más hábil que una persona y había logrado escapar. Todavía No se sabía que era eso y porque era tan grande. Algunas personas decían que era el alma de un perro, otras que un gual y otras más que era una bestia que venía del monte. Sea cual sea la verdad, lucía muy aterrador. Un día, mi tía salió a lo que parecía ser un cumpleaños de una amiga suya. La fiesta había sido bastante lejos y ella regresaría muy tarde. Le avisó a mis papás que tendría mucho cuidado, pues justamente los lugares por donde ella debía pasar para poder regresar a la casa eran muy peligrosos y no y no se ría. Me contaban muy buenas cosas de esos sitios. Al igual que con las historias pasadas, ese camino tiene su historia. Mi tía les había dicho a mis papás que la traería a una persona de vuelta a la casa. Esto, al parecer, no fue así. Ella regresó sola y caminando al llegar cerca de la casa, se percató que ya era bastante tarde y debía de apresurar el paso. Ella cuenta que en algún punto del camino se sintió observada y perseguida por algo, así que trató de trotar o incluso correr hasta la casa, pues, además de todas las historias que se contaban, también podría ser una persona que buscara hacer daño. Ella trató de ir lo más rápido que pudo sin voltear hacia atrás. Pero justamente como a mí me había tocado escuchar, ella también había oído una especie de gruñido que venía de la parte más oscura del camino. Eran tiempos muy fríos y a esas horas de la noche ya había una neblina que andaba por las calles del pueblo, así que no lograba ver con claridad que era eso que la estaba siguiendo. Ella menciona que parecía ser una especie de perro que la estaba siguiendo y comenzó a tener mucho miedo. Padece de algunas enfermedades y es por eso que no puede hacer demasiado ejercicio. Y justo antes de sentir que perdía el conocimiento, ya se encontraba muy cerca de la casa. De hecho, ya podía verla y decidió dar el último esfuerzo y apresurarse en nuestro patio. Era esperada por los perros que teníamos cuidando. Sin embargo, estos nunca habían sido capaces de demostrar que podían cuidar la casa, pues con todo lo que ya había pasado, ellos no habían intervenido. Parecía que lo que ahí salía era más fuerte que ellos. Escuchaba los pasos cada vez más cerca y una especie de cadena que se movía de un lugar a otro. Y justo cuando se daba por vencida pudo sentir la reja del patio había llegado a la casa y una fuerza sobrenatural como la que me había jalado aquella noche se encontraba tirando de él. Ella lo único que pudo hacer fue gritar pidiendo ayuda a cualquier persona que pudiera salir a auxiliarla. Para su fortuna, mis padres salieron rápidamente a buscarla y, al verla muy cercana a la reja, decidieron salir para ayudarla. La ventana estaba bloqueada y no se podía ver a través de ella, pero en los pocos huecos que aún quedaban pude ser testigo de la escena. Justo cuando mi tía entraba al patio de la casa unas garras salían de la nada e intentaban llevársela. Mis padres pudieron jalarla y evitar el triste desenlace. Sin embargo, entre la oscuridad podía ver aquellos ojos rojos, como aquella noche que los tuve muy cerca de mí, ese tamaño tan grande y ese pelo prominente que lo hacía lucir enorme. Lo que sea que fuera. Eso era bastante imponente y se perdió. Entre la oscuridad, mis padres estaban muertos de miedo, al igual que mi tía, pero también la regañaron, ya que ella sabía perfecto de los riesgos de estar tan tarde por aquellos lugares se había comportado de una manera muy irresponsable como yo y estuvo a punto de perder la vida. Ahora no quedaba más que cuidarnos entre todos nosotros, y así fue como mi tía entró llorando a la casa. Realmente no quería pasar un día más ahí. Como dije, ella era muy sensible a todas estas cosas y para ella era muy fácil ser víctima de todas estas situaciones. Lo único que pudo hacer antes de irse fue aconsejarnos que nos fuéramos lejos. De ahí que nunca más regresáramos. Mis padres también solían contarnos demasiado las historias de niños desaparecidos y llevados por las brujas. Parece que sus infancias fueron demasiado difíciles, ya que perdieron bastantes hermanos Debido a todos estos acontecimientos. En alguna ocasión mi madre nos contó cómo tres de sus hermanos eran llevados por una bruja. Mi papá también parecía bastante asustado ante esas situaciones, pues a él también supuestamente un gual tenía planeado llevárselo. Recuerdo muy bien cómo, desde niños a mis hermanos y a mí nos ponían la ropa al revés e incluso en las ventanas, ponía uno que otro escapulario. Ellos sabían que el lugar en el que vivíamos no era para nada seguro. Era casi como entregarnos o llevarnos a una trampa. Sin embargo, ellos no estaban dispuestos a seguir corriendo el riesgo, pues nuestra situación económica era lo suficientemente estable como para irnos a otro lugar. Y así fue decidimos irnos y emprender un viaje hacia otro Estado de la República. Crecimos y, evidentemente, nos topamos con todo tipo de personas, pero nunca volvimos a pasar por todas estas situaciones tan fuertes creer o no en las leyendas que nos cuentan nuestros abuelos. Depende de nosotros y a veces pensamos que son historias increíbles y que parecen ser imposibles. Sin embargo, cuando nos encontramos frente a frente con estas leyendas, podemos da fe de que son ciertas y que no debemos de ignorarlas. Yo nunca conocí a mis abuelos paternos, pero mi padre me mencionaba que, por situaciones como estas fue que también logró perderlos. Les tengo mucho cariño, a pesar de que yo no los conocí en vida, y estoy seguro de que hicieron un gran trabajo, pues mi padre es un gran hombre que siempre buscó lo mejor para nosotros. A diferencia de muchas familias del pueblo, nosotros siempre estuvimos completos y afortunadamente, nunca tuvimos la pérdida de algún hermano. Estoy seguro de que, al igual que mis padres, muchos también darían la vida por sus hijos, incluso si sus mismos hijos los desobedecen y miran a través de las ventanas. Relato escrito y adaptado por Hugo de Gante