Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / El Aterrador Testimonio De Un Guardia Nocturno Historias De Terror - Voces De La Noche
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- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más. Comenzamos en la obscuridad nocturna, cuando las sombras se alargan y la mente se sumerge en preguntas sin respuestas. Existen lugares que despiertan nuestros temores más profundos, y un ejemplo claro de eso son los hospitales psiquiátricos, que son reconocidos por contar historias que desafían nuestra comprensión del mundo. Se dice que estos sitios abandonados están impregnados de mal sufrimiento, locura e injusticias que muchos aseguran percibir y experimentar. Al momento de estar ahí, mi nombre es Alejandro y me gustaría contar algo que me sucedió hace un tiempo. Fue en mis años de juventud en los cuales me puse a trabajar como vigilante de seguridad ambulante iba sin rumbo fijo. Me presentaba en la empresa a las cinco de la mañana y ahí me indicaban donde debía realizar la vigilancia. Normalmente me destinaban a cadenas de restaurantes, centros comerciales y depósitos, y las vijillas duraban veinticuatro horas. En fin, una de esas mañanas me dijeron que había un nuevo lugar que necesitaba de nuestra seguridad. La remuneración asociada a esa propuesta era atractiva casi tres veces más de lo que ganaba. Por lo tanto, acepté mi supervisor me llevó al sitio mientras señalaba las rutas que podía tomar para llegar directamente. Además, me indicó que tendría un compañero de vigilancia. Nos proporcionarían radios para mantenernos comunicados y también me instruyó sobre algunas normativas que debíamos seguir. Me pareció extraño, pues eso jamás pasaba porque ya sabíamos hacer nuestro trabajo normalmente, pero pero en él ese momento no le di mayor importancia. Bueno, al llegar al servicio, miré a los dos vigilantes a los que íbamos a sustituir. Ya estaban recogiendo sus pertenencias para retirarse. Sin embargo, noté algo inusual en ellos. Nos dieron la bienvenida al llegar, pero después no dirigieron palabra ni al supervisor ni a nosotros. Lo único que mencionaron fue que todo lo que necesitáramos estaba en el libro de registro. Lucien exhaustos demacrados como si no hubieran descansado y estuvieran notablemente nerviosos. Una vez que llegó mi compañero, el supervisor nos guió por el recorrido del lugar. Entonces nos dimos cuenta de que era un viejo centro psiquiátrico que llevaba tiempo cerrado, pero que aún requería vigilancia debido a la cantidad de equipos médicos, camas, pantallas y cajas llenas de documentos que permanecían ahí. No era de grandes dimensiones. La planta baja tenía la recepción algunos despachos administrativos, una sala de espera y el área de vigilancia. En el nivel intermedio estaban las zonas de hospitalización, habitaciones baños y espacios de uso general, y el piso superior comprendía el área de cuidados intensivos y otras secciones más complejas, aunque estaba clausurado, por lo que no era necesario mantener vigilancia ahí. Tras mostrarnos el perímetro a proteger, el supervisor nos alertó sobre los eventos que ocurrirían esa noche. Nos dijo que ese lugar estaba completamente deshabitado y que sólo nosotros teníamos acceso, que si alguien intentaba llevarse algo, no lo permitiéramos a menos que la empresa lo autorizara. Nos dijo que podíamos comer cuando quisiéramos. Además, nos dijo que había tres reglas que debíamos seguir sin fallas. Primero, que nunca nos separáramos, Segunda, que cerráramos la puerta principal a medianoche y la abrió éramos antes de las cinco de la mañana. Tercero, que evitáramos las habitaciones de enfermería y el piso superior. Lo dijo fuerte y claro. Además, nos dijo que si cumplíamos esas normas, no tendríamos ningún problema. Los radios eran para mantener comunicación en caso de pérdida visual. Si necesitábamos ir al baño, debía acompañarnos nuestro compañero y esperar afuera sin importar lo incómodo o extraño que pareciera. Y por último, nos informó que los supervisores pasarían entre las seis y las diez de la noche y el siguiente entre las cuatro y las ocho de la mañana. Cuando el supervisor se retiró, mi compañero comentó lo inusuales que eran esas reglas y su falta de interés en ir al baño. Acompañado con esas palabras, se dirigió hacia la caseta. Por mi parte, me quedé vigilando el patio y sus alrededores. El límite de la propiedad se extendía unos sesenta metros desde la entrada principal hasta los muros de casi seis metros de altura. La caseta estaba enlazada con la recepción, pero ubicada fuera del edificio, lo que nos brindaba una visión de la entrada, la recepción y el camino hacia los pisos superiores. Si nos inclinábamos, podíamos ver las ventanas de cada nivel. El lugar era sumamente tranquilo, ya que ni siquiera se escuchaba el paso de automóviles cercanos. La caseta no era muy espaciosa, pero albergaba una mesa larga, un panel de control con varios interruptores para las luces, un reloj en la pared y dos sillas giratorias. Su estructura estaba formada por concreto hasta la altura de metro y medio, desde donde continuaba con vidrio laminado hasta el techo. En fin, a las tres de la tarde, me acomodé debajo de la mesa para descansar, manteniéndome alerta durante la noche. Poco tiempo después sentí un golpe en el pie y miré a mi compañero visiblemente intranquilo. Mientras se alejaba de la caseta y se dirigía hacia las escaleras, me informó sobre ruidos que había escuchado en la planta superior aún adormilado. Lo seguí recordando la regla de no separarnos, aunque no estaba muy cómodo con eso. Como todavía había luz solar, no llevamos lámparas ni encendimos la luz. Al subir las escaleras había dos largos pasillos. A la derecha estaban las habitaciones enfermería y baños, mientras que a la izquierda había una sala amplia que parecía destinada a terapias grupales por la cantidad de sillas. Ahí como las habitaciones estaban cerradas y del otro lado del pasillo eran cuartos sin puertas, verificamos que no hubiera nadie. Después de la inspección, mi colega entró al baño disponible y en funcionamiento. A pesar de sus objeciones, me uní a él en el baño manteniéndome a cierta distancia y al salir y girar hacia las escaleras, percibí un movimiento fugaz a mí izquierda a poca distancia. Sin embargo, al mirar directamente no había nada ahí que captar. La atención se disipó. Cuando mi compañero me cuestionó sobre mi detención, guardé silencio y al girarme señaló algo peculiar. Dijo que eso estaba en el suelo. Cuando estábamos con el supervisor señalando un maniquí que estaba tendido frente a la entrada de la enfermería, la habitación no tenía puerta y el maniquí estaba en el umbral de la entrada. Nos llamó la atención, ya que no lo habíamos visto por la mañana con el supervisor. Mi colega no lo recogió, ingresó a la enfermería y lo colocó cerca de la pared a unos dos metros de la puerta. Una vez hecho esto, regresamos a la caseta. Posteriormente iluminamos la recepción y el pasillo para cenar. Mientras calentábamos nuestra comida en el microondas. Mi compañero indagós si era mi primera guardia. Ahí asentí y entablamos una charla durante la cena. Después me percaté de que ya eran las ocho de la noche y que el supervisor no tardaría en llegar. Cuando apareció, revisó rápidamente el registro, nos interrogó brevemente y se retiró con prisa. Nos extrañó su apresuramiento. Apenas estuvo ahí cinco minutos. Cerré la puerta tras su marcha y al girar noté la luz encendida en una de las habitaciones del piso intermedio. Desde ese momento, el hospital se transformó en un escenario inquietante. Anticipando el inicio de una noche aterradora que pondría a prueba mi valentía, siempre mantuve escepticismo hacia lo paranormal. Supuse que habíamos dejado encendida la luz del piso intermedio por error. Rápidamente fui al panel de interruptores. Mi sorpresa fue ver que todos estaban en posición de apagado, excepto los de la caseta y el pasillo, los cuales teníamos encendidos. Le comuniqué esto a mi compañero, aunque dudó mi percepción. A pesar de su desconfianza, acordamos revisar los interruptores del piso intermedio. Todos permanecían apagados, así que subimos con nuestras linternas. Nos dirigimos a la habitación donde había visto la luz y no encontramos nada desde lejos se habría notado si el cuarto tenía la luz prendida y mi compañero empezó a regañarme diciéndome que este trabajo era serio, que no anduviera inventando cosas de regreso a la caseta. Pensaba que tal vez había visto mal y fui a prepararme una taza de café. Luego de un rato, mi compañero salió de la caseta y se dirigió al baño. Dejé mi tasa en la mesa, dispuesto a acompañarlo, siguiendo la regla de no separarnos. No obstante, mi compañero empezó a insultarme y a decir que esas reglas eran sólo invenciones mías y del supervisor que nos pusimos de acuerdo antes de que él llegara. Se marchó mientras seguía soltando comentarios agresivos, pero decidí no prestarle atención y seguí en lo mío. Entré a la caseta y me senté mientras tomaba café y miraba por la ventana hacia la puerta de la entrada, dejando a mis espaldas la puerta de la caseta. De repente, la puerta de la caseta se cerró de golpe y volté rápidamente pensando que había sido mi compañero. Sin embargo, al no verlo ahí, asumí que había sido el viento el que la había cerrado, ya que la puerta de la entrada estaba abierta y una corriente de aire pudo haberla empujado. Me levanté y abrí la puerta, pero no vi a mi compañero. Cerca di unos pasos y salí por la entrada principal para ver si había salido a fumar, pero no estaba ahí de repente un grito aterrador rompió el silencio, pensando que provenía de mi compañero, entré rápidamente en la caseta y encendí todas las luces de la planta intermedia. Mientras subía las escaleras y alcanzaba la mitad del pasillo, lo encontré. Caminaba lentamente con un semblante de terror y entre susurros me advirtió que no entrara y que nos fuéramos de ahí. Intenté ayudarlo, pero se apartó y bajó las escaleras mientras yo me dirigía al baño, asumiendo que se había caído y le daba vergüenza admitirlo. Cuando iba por la escalera, miré hacia el pasillo que llevaba a la enfermería y vi el maniquí que mi compañero había recogido. Estaba colocado en el marco de la puerta, exactamente como lo habíamos dejado horas atrás. Al regresar a la caseta, mi compañero se negó a sentarse y se acostó en el suelo con la espalda hacia mí. No dijo ni una palabra sólo emitió ruidos de dolor entrecortados Mientras respiraba. El tiempo transcurrió y el silencio nocturno envolvía el hospital. Mientras el reloj marcaba más de medianoche. Cerré la puerta principal y apagué las luces de la planta intermedia y del pasillo, sumiendo el edificio en una oscuridad inquieta de la de n n n n n. Ndo sólo la tenue luz de la caseta y sentí que algo no estaba bien. Mi compañero sudaba y sus gemidos apenas audibles, me mantenían preocupado. Me incliné para escucharlo y tratar de entender que susurraba cuando en ese momento golpearon tres veces el vidrio de la caseta. El ruido fue tan fuerte que sin pensar me levanté de un salto golpeando la mesa mientras lo hacía a través del vidrio. No se veía nada, Así que, antes de abrir la puerta de la caseta, encendí rápidamente la luz del pasillo. Mi corazón latía con fuerza esperando encontrar una explicación, pero sólo encontré el pasillo vacío. Un escalofrío recorrió mi espalda. Mientras escudriñaba en busca de alguna señal, algún indicio de que había causado esos golpes en el vidrio. El silencio y la falta de presencia añadieron un manto de terror. A la noche. Salí de la caseta para verificar si la puerta seguía cerrada. Mis pasos resonaban en el silo de la noche. Mientras caminaba hacia las escaleras, avancé unos pasos y al tocar el pasamanos de la escalera. Escuché como si alguien estuviera corriendo en la planta de en medio, recordando la regla de no separarnos. Corrí de regreso a la caseta. Aunque el recorrido de las escaleras a la caseta era corto, me pareció mucho más largo de lo normal y tenía una sensación de ser observado y de que al voltear vería algo. Por ello corrí directamente sin mirar a los lados. Al llegar a la caseta, miré el reloj y marcaba las dos cuarenta. Me di cuenta de lo mucho que faltaba para el amanecer. Repentinamente, escuché pasos afuera de la caseta. Salí al pasillo sólo para sentir esos pasos. Acercándose el aire. Se volvió espeso y frío con un olor a descomposición que se colaba en mis fosas nasales. A pesar del mal olor, no pude ver nada y en ese momento decidí cerrar la puerta de la casa, ignorando todos esos ruidos, pues sabía que no podía hacer nada. De todas formas, Fue entonces cuando escuché a mi compañero susurrar Noté que estaba sudando en exceso e intenté despertarlo moviéndolo por el hombro y la espalda y escuché cómo se quejaba de dolor. Al no responder me senté y vi que mi mano estaba llena de sangre. Grité en silencio y volví a acercarme para levantarle la camisa. Descubriendo heridas profundas. Llamé de inmediato a la central informando que mi compañero estaba herido. Me hicieron preguntas y prometieron enviar ayuda y antes de las cinco de la mañana llegaron los compañeros que nos relevaban. Al abrirles les pregunté si sabían qué estaba sucediendo en el lugar. Les relaté lo sucedido con mi compañero y todo lo que había pasado durante la noche. Ellos no me creyeron y sugirieron que se había lastimado tratando de saltar una cerca u otro obstáculo. Luego de que mi compañero fuera llevando en ambulancia, llegó el supervisor. Le expliqué lo ocurrido y tras escucharme atentamente, me preguntó si tenía intención de seguir en el servicio. Mientras consideraba mi decisión, lo vi tomar el teléfono y solicitar un reemplazo para mi compañero. Me encontraba en una encrucijada. El salario era atractivo, pero después de todo lo vivido, sabía que no valía la pena continuar, pues mi vida podría correr peligro. Me cambiaron a otro servicio y tiempo después vi al supervisor que me había llevado al hospital psiquiátrico. No pude resistir la tentación de preguntarle sobre mi compañero herido. Su expresión cambió y en voz baja me informó que falleció. Días después. Quedé impactado por la noticia, creyendo que había sido a causa de las heridas. Sin embargo, el supervisor reveló que fue por su propia mano. Nadie sabe qué sucedió en ese baño ni las circunstancias que llevaron a su trágico deseo enlace. La verdad fue una noche horrible y sé que hubo algo paranormal de por medio, algo que vio mi compañero ahí que lo hizo atentar contra su vida. Ahora me doy cuenta de que fue lo mejor ya no volver a ese lugar, porque esa noche tuve suerte, pero quizás sí me quedaba otra lla. No. Años después conseguí otro trabajo y, por desgracia, estaba cerca del mismo hospital psiquiátrico. Los días transcurrían con normalidad en mi nuevo trabajo, pero cada vez que pasaba cerca del hospital psiquiátrico, experimentaba una sensación de malestar como si algo me atrajera hacia ese lugar. Evitaba mirar en su dirección. Pero una curiosidad latente persistía dentro de mí. Una noche. Regresando a casa después del trabajo, me encontré con un grupo de personas reunidas cerca de la entrada del hospital psiquiátrico. Hablaban en voz baja y sus gestos mostraban preocupación. Intrigado me acerqué y pregunté que ocurría. Todos eran jóvenes y estaban a punto de entrar al lugar. Claro, sin ser vistos, ellos me dijeron que querían hacer una visita para saber si era cierto lo que decían. De ahí que asustaban e incluso había personas que no regresaban y todo eso por lo que había pasado en la antigüedad. Ahí yo les dije que no podrían pasar, porque seguramente los vigilantes estaban adentro, pero uno de ellos comenzó a reír y dijo que nadie cuidaba de ese lugar, pues todos los guardias de seguridad que se paraban ahí sufrían cosas horribles y que incluso se supo de uno que se quitó la vida. En ese instante. Recordé todo lo que había pasado con mi compañero y claramente no les dije que yo había trabajado ahí. Sólo les pregunté que a qué se referían al decir que algo había pasado ahí en la antigüedad, uno de ellos me miró fijamente y comenzó a contarme. Según la leyenda, hace muchas décadas, el ho PI Sons, tal psiquiátrico, fue testigo de mucha crueldad. Se rumoraba sobre tratamientos crueles, experimentos cuestionables y desapariciones inexplicables de pacientes. Incluso hubo investigación policíaca. Dijo que se habían realizado procedimientos ilegales y que incluso fue uno de los lugares en los que se realizaban no botomías y terapia con electricidad y a medida que él continuaba narrando, mencionaba que se creía que algunas almas atormentadas aún deambulaban por los corredores buscando venganza incapaces de encontrar la paz, incluso después de la muerte. Compartió historias sobre individuos que alguna vez estuvieron confinados ahí, sucesos extraños e inexplicables que ocurrían durante las noches. Hablaba de guardias de seguridad que vivieron situaciones extrañas, alucinaciones o malestar intenso mientras trabajaban ahí e incluso la muerte o su desaparición. Así que los que habían pasado una noche ahí o c s NS por no volver a medida que escuchaba su relato. Sentía un escalofrío. Recordando vívidamente mi propia vivencia en ese hospital, me sentía inquieto y alerta como si estuviera reviviendo los eventos que me llevaron a abandonar aquel lugar. Traté de disuadir al grupo de jóvenes advirtiéndoles sobre los peligros y riesgos que podrían enfrentar al ingresar y les supliqué que se mantuvieran alejados del hospital, pero estaban decididos a explorar por su cuenta, considerando mis advertencias como simples supersticiones sin fundamento. Consciente de los posibles peligros, les di una última advertencia, instándolos a reconsiderar su decisión. Les rogué que fueran recavidos, mostraran respeto por el lugar y permanecieran juntos para reducir cualquier riesgo. Aunque no mostraron indicios de cambiar de parecer los Observé alejarse hacia la entrada del hospital psiquiátrico y mi mente se llenó de profunda preocupación. Sabía que las historias que rodeaban en ese lugar no eran simples cuentos de terror. Había vivido personalmente la intensidad de aquella noche aterradora a medida que se adentraban en la oscuridad del edificio abandonado. Una sensación de impotencia me invadía. Deseaba poder hacer más para evitar que experimentaran lo mismo que yo viví, pero estaba claro que estaban decididos a buscar la verdad por sí mismos con paso inseguro. Retrocedí incapaz de apartar mi mente de lo que podría estar ocurriendo dentro del hospital. Me marché con un peso en el corazón, con la esperanza de que el destino de esos jóvenes no fuera tan sombrío como las historias que envolvían aquel lugar. Desde entonces he evitado acercarme al hospital psiquiátrico y he intentado apartar de mi mente los recuerdos perturbadores de aquella noche. No obstante, las historias y los mitos que rodean aquel edificio continúan siendo un recordatorio constante de los horrores que pueden estar ocultos entre sus paredes. Relato escrito y adaptado por lis Rajon