Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / Un Espíritu Demoníaco Está Dentro De Mi Anillo De Compromiso ( Recopilación De Objetos Malditos #1)
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- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más. Comenzamos el momento de mi pedida de mano. Fue algo mágico. Tenía saliendo con mi esposo cuatro años. Ya habíamos hablado de matrimonio, así que le había pedido que hiciera de ese momento algo especial, pues sería un recuerdo para toda la vida. Así pasó Fuimos un fin de semana a la playa porque insistí mucho y hubo aprovechó el momento para pedirme matrimonio, ayudado por el personal del hotel en una cena a la luz de las velas en el restaurante. Me dio un anillo hermoso y la promesa de unirnos para siempre. Pasamos ese fin de semana muy contentos. Estábamos emocionados con los planes comenzamos a imaginar cómo sería vivir juntos, así como detalles que nos gustaría tener el día de nuestro enlace. El anillo era una maravilla. Me encantó más al verme lo, puesto que en el momento de recibirlo en mi dedo, al verlo bien, era una preciosa pieza de oro delgado y la piedra era de forma cuadrada y estaba sostenida como en flor dejando esa piedra muy brillante. Justo en el centro de regreso nos tocó un retraso de dos horas al salir, porque una de las llantas de su carro se ponchó a unos cuantos metros del hotel. Eso lo tomamos como un mal menor. Nada podía opacar nuestra felicidad. Llegamos a su casa. Primero dimos la noticia a sus papás. Ellos me invitaron a quedar un rato para poder hablar de los detalles de la entrega del anillo en la playa. Unas horas después llegamos a mi casa. Desgraciadamente, los problemas nos esperaban. Mi mamá estaba furiosa. Me reclamaba haberme ido sin pedir permiso tampoco a bría. Habían llegado sus mensajes a mi celular, pero ella no quiso saber nada. Hubo intentó tranquilizarla. Le dijo que habíamos pasado por unos detalles con el carro, pero que quería platicar con ella para contarle sobre nuestro compromiso. Contrario a todo lo que imaginé, mi mamá no accedió a saber nada. Corrió a mi novio y comenzó una pelea absurda entre las dos hasta que mi papá llegó de una reunión con sus amigos. Mi papá se alegró por mí. Él también estaba feliz, pero no quería contradecir a mi mamá. Así que simplemente dejó que ella siguiera repitiendo una y mil veces lo mismo. Reclamaba que él no era una buena persona porque se le había ocurrido hacer las cosas sin el permiso de ellos y además, me había traído a altas horas de la noche sin avisar nada, pues ella consideraba que tenía derecho a saber dónde estaba yo, porque no había avisado si había llegado con bien del viaje. Tras unos días el asunto se enfrió y pude llegar a arreglos con él. Ella quien confesó no saber por qué se había descontrolado de esa manera. Ambas lo atribuimos a un descontrol por la noticia. Quizás no estaba lista para saber que su única hija iba a irse pronto de la casa. Todo quedó en una anécdota. Algo feliz, porque nos comenzamos a burlar de la forma en que ambas estábamos reaccionando. Así pasaron los días. La fecha fue fijada justo un año después de que me diera el anillo, sin decirme ya había estado ahorrando dinero desde antes para poder hacer un festejo grande, algo que implicaba que podría hacer que la boda de mis sueños fuera realidad. Para no perder tiempo y por la emoción, lo primero que fui a ver eran los vestidos, llevé a mi mejor amiga conmigo para decirle que ella sería mi dama de honor. La situación se salió de control y pasamos una tarde terrible porque ella rechazó el ser dama. Jamás había escuchado ni sabido de una amiga tan cercana a la novia que rechazara tal cosa. Ella me argumentó que no tenía dinero, que iba a ser muy agotador. Además, ella no podía tener una responsabilidad más porque sentía que iba a morir de cansancio. Al parecer, no me estaba contando toda la verdad en ese momento, a pesar de que así lo creí, pues después supe que ella estaba teniendo problemas con su esposo hasta el punto de que se separaron. No sé si empezó en ese momento o antes a tener esos problemas, pero comenzó a estar alejada de mí cada vez más y no me lo tomé muy bien. Discutimos varias veces antes de que ella decidiera bloquearme en todos lados, tras una oleada de mucho trabajo, había decidido mantenerme enfocada. Sólo en eso dejé de lado mis preparativos para la boda y sin darme cuenta habían pasado dos meses. Comencé a sentir mucha presión por no saber por dónde empezar a acomodar todo. Tanto mi suegra como mi mamá se ofrecieron a ayudarme, pero no respetaron cosas que a había dicho que quería o que no quería. En el evento y hasta el final de la boda me di cuenta y mi sueño de boda estaba a punto de convertirse en una pesadilla. Poco a poco, los factores para el desastre comenzaron a presentarse En mi trabajo renunció la jefa, un familiar del dueño tomó su lugar y aquel hombre, además de no saber nada de administración, era un dolor de cabeza por su actitud inflada. Se creía mejor que todos. También durante una cita para ver un lugar de eventos, perdí completamente la compostura y estuve a punto de golpear a mi prometido. Eso fue a medio año. Antes de casarnos, fuimos a un lugar que nos había recomendado el mejor amigo de hugo. Primero nos perdimos de camino por no poner atención veníamos discutiendo que él no había hecho nada de su parte para los arreglos de la boda. Él me decía que sólo le mostrara opciones de lo que yo quería y me ayudaba a elegir cosas que le pasan a todos los que se van a casar. Pienso que eso era, pero puedo jurar que nunca habíamos tenido tantas diferencias que durante la época de compromiso perdidos por una hora extra llegamos y no podían darnos todo el recorrido del lugar. Harta me comporté de la peor manera y maltraté a la persona que nos estaba explicando que tendríamos que cambiar la cita si queríamos ver todo el lugar, porque pronto sería la hora de la siguiente pareja. En medio de mi caos, me puso de peor humor que Hugo se veía indiferente estaba tranquilo y aceptaba todo, aunque le decían que iba a ser difícil agendar pronto otra cita. Simplemente ignoraba mis peticiones y decidió dar por terminada la cita. Al momento de alejarse, le grité que si ya estaba contento, porque yo estaba segura de que él no quería casarse de la nada, sin siquiera haber tenido ese sentimiento o pensamiento antes, le grité que yo estaba segura que él no quería casarse conmigo. Los empleados n tirstentaron calmarme. Le pidieron a Hugo que regresara para conducirnos a un espacio donde pudiéramos hablar un poco para tranquilizarnos. Hugo jamás había sido una persona que alzara la voz a gritos, pero en ese momento lo hizo. Comenzó a reprocharme cada pequeña cosa que le molestaba de mí. Me puse a llorar sin hacer caso, al personal que nos intentaba calmar. Al momento de acercarme a mi prometido para darle una cachetada, Miré mi reflejo en un gran espejo que adornaba la entrada hacia el jardín. Ahí vi una sombra de una mano tomándome del hombro y podrían pensar que vi aquello por todo lo que estaba sintiendo. Pero no es así, porque hubo más testigos de eso. La chica que intentaba convencerme de ir a la sala de descanso y la señora que ayudaba a un joven a detener a Hugo para que no se fuera miraron ese reflejo. Todos nos quedamos pasmados. Hugo no supo que pasó y comenzó a preguntarnos. Miró en la dirección a donde mirábamos todos, pero no logró ver nada. Salí de ahí en Chock el enojo se fue de pronto e hilé mi sensación de estrés constante con el dolor punzante de mi hombro, derecho que era justo el lugar donde vi brevemente aquella delgada mano negra. Era una especie de mano sombra que me tocaba Tras pasar ese incidente, las cosas empeoraron increíblemente en algún punto comencé a perder cabello. No me di cuenta hasta que mi estilista me dijo que tenía una gran zona de la cabeza con un pedazo completamente sin cabello. Era horrible y la ansiedad se apoderó de mí y terminé yendo al servicio de psicología que daba a la empresa y comencé a tomar pastillas para poder estar tranquila. Hasta este punto. Todos con los que platicaba me decían que era normal sentir tanto estrés, pues a muchas novias les pasaba, pero créanme cuando les digo que sentía que no me sentía. Yo misma me veía en el espejo demacrada. Siempre estaba cansada, explotaba de todo todo. Lo peor era que hubo. También comenzó a cambiar su carácter. Se volvió impredecible. A veces nos veíamos y era el de siempre, pero otras veces se enojaba fácilmente, comenzó a subir de peso aceleradamente se veía más viejo, unos cinco o seis años más grande que su edad natural. Ambos sentíamos que las diferencias nos consumían, pero tampoco cancelábamos la boda o nos sentábamos a hablar. Seguimos con los preparativos, peleándonos por cada detalle. Nuestras madres manejaban a su antojo todos sin pedirnos permiso. El punto de quiebre fue cuando comencé a soñar cada noche que Hugo me era infiel. Soñaba casi siempre lo mismo aunque fueran diferentes lugares, como una casa, un parque o algún jardín. La constante era que yo encontraba a Hugo después de buscarlo por largo rato, besando a una mujer delgada de largo cabello negro. Ella siempre era la que me miraba llegar. Sus ojos me daban miedo. Parecía que decían que estorbaba. No veía la cara de Hugo, pero sabía que era él. Así que terminaba gritando barbaridad y media a los dos. Despertaba llorando o con la sensación del estrés carcomiéndome los hombros por la rigidez. Así llegó el mes anterior, a la fecha de la boda. Nos íbamos a cazar en octubre y en septiembre fui a probarme el vestido para ver si los ajustes estaban bien. El vestido era otro. Los cambios no eran. Para mí no me quedaba bien. Y tampoco era del color exacto que yo lo había pedido. Eso fue el colmo. Tras un drama de novela que desaté en la botic, me encerré a llorar en el carro dos horas mientras mi mamá me esperaba afuera pacientemente. Cuando alcé la vista cansada de llorar en el asiento trasero del carro, abrí la puerta para decirle a mi mamá que estaba mejor, pero ella dio un grito. Tapándose la boca con ambas manos. Después volteó a ambos lados mirando si alguien la había escuchado. De s s de sno. Después me pidió que saliera del carro. No dejó que me saliera. Normalmente, me jaló de un brazo para sacarme con rapidez. Miraba el interior del carro. Una y otra vez después se dirigió a mí diciendo que no me asustara, cosa que me asustó más. Me dijo que cuando me moví para hablarle alcanzó a ver la cara de una mujer que se asomaba entre las cosas que teníamos para la boda en la parte de atrás. Ahí estaban los centros de mesa, junto con otras cosas más, pero entre ellas había visto la cara de una mujer asomándose para luego desaparecer. Me quedé helada pues no sabía qué pensar. Tenía tantas cosas en la cabeza y a pesar de que creí que no podía sentirme peor en ese momento, recibí una llamada del papá de Hugo, pues mi prometido había tenido un accidente en la fábrica. Mi mamá de inmediato se metió al carro. Ella tomó el volante para evitar que yo manejara y salimos en segundos del estacionamiento de la botica. Cuando llegamos su papá estaba con él en el cuarto donde le acomodaban. El hombro había caído sobre él una caja que estaban acomodando los almacenistas. Al parecer, la grúa había tenido un fallo quedando de tal modo que se deslizó la caja de lado, cayendo donde estaba hugo revisando unos papeles con otros empleados. Afortunadamente, no había pasado a mayores. El accidente estaría bien en un mes, tras la revisión y los medicamentos para desinflamar me olvidé de todo y él tenía una actitud dulce conmigo. Yo recobré mi carácter en ese momento y sólo me dediqué a atenderlo, a cuidarlo. Me desviví por él y lo notó en ese momento. Ambos tuvimos la idea de aplazar la boda, pero nos recomendaban nuestros padres que hiciéramos lo posible. Por llevarla a cabo porque ya se habían liquidado muchos de los pagos por diversas cosas. Pedí los días de mis vacaciones para estar con él. Me fui a quedar a la casa de sus papás para estar al pendiente y afortunadamente, comenzamos a llevarnos mejor. Hablábamos más, comenzamos a recordar por qué queríamos al otro. Pero no fue de la nada. Hubo un factor determinante que provocó el cambio, y eso era que el anillo se me había caído por el bajante de la tarja, donde lavaban los platos. Al momento de ir a la casa de Hugo para atenderlo, porque sus papás tenían trabajo, sobre todo su papá, comencé a encargarme de limpiar y recoger las cosas para no dejar desordenada la casa, lavando todos los trastes que usé para preparar la comida. Sentí como ya no tenía el anillo, puesto primero creí que me lo había quitado. Comencé a revisar en la cocina, pero no lo encontré. Cerré la llave del agua y llamé a un fontanero, pues no podía hacer más. Fue una odisea a sacar ese anillo de la tubería. Después de muchas molestias, pudo encontrarlo el fontanero, pero el anillo estaba tan sucio olía tan mal que decidí mandarlo al limpio. Y desde el momento que se me perdió el anillo, hasta que me lo regresaron del servicio de limpieza, habían pasado sólo cinco días y en ese tiempo todo se había arreglado e incluso dormía de maravilla, sin tener más pesadillas sobre infidelidades. Al quinto día hubo y yo fuimos a recoger el anillo de compromiso, aprovechando que recogimos nuestras argollas de matrimonio. Al ver el anillo brillante en su caja, pensé que querría ponérmelo de inmediato, pero una sensación de incomodidad no me permitió hacerlo. Me fui callada todo el trayecto de regreso a la casa. Manejé pensando cómo le iba a explicar a mi prometido que no quería usar el anillo. Al llegar a la casa, cuando nos sentamos en el comedor a hacer los recuentos de los preparativos, ambos llegamos al mismo punto en común. Me pidió que no usara el anillo de compromiso. Me interrumpió para pedirme eso justo cuando yo estaba buscando las palabras para decirle sobre mi incomodidad. Al luz el anillo. Al confesarnos esto, entendimos que por alguna razón, parecía que toda la mala suerte que tuvimos la sentimos ligada a ese anillo, puesto en mi dedo estábamos platicando las situaciones de los últimos meses que nos habían dejado muy mal. Cuando llegó el papá de Hugo con sus maletas, nos saludó con mucho entusiasmo, diciéndonos que ya podía tomarse unas vacaciones, pero alcanzó a escuchar un poco de lo que platicábamos sobre el anillo y nos preguntó si podíamos contarle todo ese asunto. Lo hicimos y esa historia llegó a oídos de mi suegra, quien nos dijo que iba a contactar a una amiga suya para platicar con nosotros. De esa manera, terminamos en el consultorio de Teresa, una señora que hacía terapias con aromas y masajes para ayudar a mejorar los síntomas de algunas enfermedades. Ella era una amiga cercana de mi suegra, pero más que una masajista, era una señora que decía podía ver el mundo espiritual. Ni siquiera tuvimos que decirle nada. Ella nos condujo a una pequeña sala que tenía en su casa, pues su consultorio estaba en su misma casa. Ahí nos pidió que le mostráramos lo que llevábamos en una bolsa de papel. Ahí estaba el anillo de compromiso. Le dimos la caja no habíamos tocado el anillo para nada. Después de recogerlo de donde lo pulieron y limpiaron, ella nos dijo que habíamos hecho bien en no tocarlo más, nos dijo que ella tampoco podría tocarlo, que quizás ninguna otra persona compareja podría hacerlo jamás, porque aquel anillo tenía el espíritu de una mujer en él, una mujer muy violenta, llena de negatividad. Cuando dijo eso, le conté de inmediato las veces que había soñado con una mujer. Estando con Hugo, también le mencioné sobre la mano y la cara que vio mi mamá. Ella le preguntó a mi novio si sabía la historia del anillo o si podía decirle dónde lo había comprado. Hugo se disculpó conmigo de antemano por lo que iba a contarnos sobre el la a. Yo sinceramente sentí que me iba a morir en ese momento. No sé por qué razón se me había ocurrido que aquel anillo había pertenecido a una ex novia muerta o algo así. Afortunadamente, no era nada de lo que yo pensaba la realidad de cómo había obtenido el anillo, pero tampoco había sido de la mejor manera. Hugo nos contó que tenía tiempo buscando el anillo de compromiso ideal para mí quería darme gusto, así que había estado revisando algunas cosas que pensó me gustarían. Había preguntado a mi mejor amiga si ella sabía cuál sería el modelo ideal con el que yo había soñado siempre. Ella le mostró algunos, pero todos salían por mucho de su presupuesto preocupado. Comenzó a buscar imitaciones, pero se estaba resignando a comprar algo similar, sólo para que fuera de mi agrado. Aunque no me sorprendiera por completo. Mi amiga le había dicho que ella tenía una compañera de trabajo, que había trabajado en una casa de empeño, que le recomendaba que fuera con ella a ver unos modelos, porque mientras trabajaba en el despacho se daba tiempo de vender joyería, pues había adquirido buenos contactos durante su tiempo en la casa de empeño. Hicieron una cita con esa compañera y fueron a ver la joyería que tenía a la venta. Ella usaba su casa como el local de venta, así que llegaron a i mi amiga, él y su mejor amigo, porque hubo preferían no estar solo con ella para poder aclarar las cosas si alguien la veía con él. Al llegar a la casa, se encontró con un enorme lugar. Esta chica tenía un espacio especial donde exhibía muchas de las cosas que vendía. Era todo barato, pero aseguraba que todo era original. El único detalle era que no podía darme un papel por la compra y sólo aceptaba efectivo. Al mostrarle todos los anillos, se dio cuenta que entre ellos estaba aquél con el que podría haber deseado ser pedida en matrimonio, pero pensó que iba a desagradarme el tener algo que no podía asegurar de dónde había salido. Se resignó a no comprar nada ese día y se puso a esperar pacientemente que mi amiga terminara de elegir algo para ella. Su amigo había comenzado a decirle que lo comprara, que no tendría que decirme de dónde había sacado ese anillo, porque iba a pensar que era de imitación. Tengo que admitir que desde el principio había pensado que no era un diamante. La piedra era feliz porque era muy lindo, justo como me gustan los anillos. Al final lugo le hizo caso a su amigo y me compró el anillo, que fue realmente barato comparado al costo total que le había dado. Un valuador en un centro joyero ter estaba sorprendida de tal historia. Nos dijo que por eso es peligroso comprar cosas que no sabemos de dónde vienen. Hay cosas que no podemos imaginar que existen, pero existe ni ahora. La maldición de una mujer se encontraba encerrada en un anillo de co compromiso que posiblemente había estado ligada a ella en vida. Ahí pudimos imaginar que quizás ella había sido muy infeliz en su matrimonio. Por eso buscaba la forma de vengarse con quienes tuvieran el anillo. Por esto nos recomendaba que no investigáramos nada, porque nada iba a cambiar, tampoco regresarlo a quien lo había vendido, pues no podía imaginar causarle dolor a otra persona. Sólo por deshacerse de ese objeto. Nos recomendó llevar el anillo como una ofrenda a la catedral. Nos indicó con quién ir porque ese padre sabía exactamente qué hacer con ese tipo de objeto, raramente pasó todo como nos lo había contado. Tere llegamos a la sacristía, preguntamos por el padre y él aceptó la caja sin hacer preguntas. Sólo nos pidió que pasáramos a recibir la Comunión en la siguiente misa. Después de eso, nada malo. Pasó quizá sólo pequeñas peleas porque la boda no salió como esperábamos. Pero pero logramos casarnos sin más contratiempos. Hugo se recuperó bien de su hombro. Yo dejé de tener pérdida de cabello y pesadillas. Nuestras vidas regresaron a la normalidad. Cuando pienso en esto, a veces siento que fue una invención, como si hubiera inventado toda una historia para hacerme la vida más dramática. O que vi una película, pero realmente puede pasar. Lo peor es desconocer lo que hay detrás de los objetos cargados de energía oscura, pues nunca sabemos la intención con que alguien lo usó o mandó a hacer y al momento de llegar a nosotros, nos golpean con toda su maldad, sólo con el fin de apagar la luz a su alrededor. Hace algunos años, por el lugar donde viven mis papás, comenzó un momento de apogeo, es decir, que las personas que vivían a io, algunos otros comenzaron a ver potencial que había en la colonia m Barragán. Ese lugar era un montón de terrenos de siembra y en algún momento, al iniciar los noventas comenzaron a venderse al por mayor hasta que comenzó a conformarse la colonia, cuando ya había bastante gente. Comenzó a fincarse un lugar que parecía un almacén, pero que terminó siendo un casino. Nadie de ahí se la creía. Mis papás fueron los primeros en juzgar el lugar. Parecía que todos los vecinos estaban en contra de aquello, porque decían que sólo iba a ser una casa de perdición. Otros pensaban que no iba a ir nadie, porque todos eran buenas personas, seguidoras de la moral Y esas cosas. Al final, pese a la oposición, el casino se hizo e inauguró. Por ese tiempo, yo estaba pequeño, apenas tenía ocho años, pero cuando jugaba con los demás niños en el parque, veíamos cómo las personas iban caminando hacia el casino se hizo popular, a pesar de estar cerca del templo. Iba mucha gente conocida y desconocida, y eso se había vuelto un problema. En aquel tiempo ya había una historia que se contaba de boca en boca, aquella que llamaban la del Colgado. El lugar donde estaba el casino era un terreno que tenía un gran árbol de huizache rodeado por los campos de maíz. En él había visto sus últimos minutos un hombre que había caído. En desgracia. La historia era que en aquel momento, si pasabas por ahí a la hora que iba cayendo el sol, podías ver la sombra del hombre en el árbol, proyectando siempre su muerte. Al pasar el tiempo A nosotros nos asustaban con esa historia, pero también nos gustaba ir a aquel predio abandonado lleno de hierba. Queríamos ver si era real la sombra que contaban. No vimos nada y el tiempo pasó. Después jugábamos entre la tierra de la construcción esperando encontrar aquella sombra, pues lo último en quitar fue aquel árbol. Recuerdo que jugué mucho en ese lugar, pero jamás vi aquella sombra. Siniestra moverse de un do do o a otro empujada por el aire, como algunos decían haberla visto más de uno. Fue por la mañana o intentamos buscar mil formas de hacer que el fantasma apareciera, pero jamás lo pudimos ver. Sólo logró verlo un chico mayor que nosotros. Él había pasado por ahí buscando a su hermano. Una tarde, al momento de estar hablando con él, le dimos la espalda al árbol. Javier nos dijo que estaba la sombra de aquel hombre. Nos dijo eso gritando y todos miramos hacia donde estaba viendo, pero no había nada. Sólo él había caído de espaldas sin poder apartar la vista. Imaginamos que sólo estaba intentando asustarnos así que lo dejamos pasar. Nos burlamos de él y lo ignoramos. Mientras que él estaba asustado, nosotros nos reíamos diciéndole que dejara de estar intentando asustarnos, pues nosotros ya habíamos comprobado que no se aparecía la sombra. Tengo que admitir que al final, todos nos fuimos de ahí asustados a que Javi era el más impactado. Yo no pude sentirme tranquilo un buen rato. Después de eso, aquello pasó sólo como una anécdota más entre amigos, algo que le cuentas a las personas cuando sale la plática sobre fantasmas. Lamentablemente, Javi falleció en ese mismo lugar. Unos cinco años después. Él había logrado subirse al techo del casino y se había arrojado al vacío. Nadie sabe cómo pudo entrar a pesar de la seguridad en el funeral. Fue cuando todo vino a mi memoria, a la memoria de todos los que habíamos estado jugando ahí. Aquel día que jab vio la sombra del colgado. Fue curioso que todos recordáramos eso, pero hoy estoy seguro que no era una coincidencia. Algo nos indicaba que había algo siniestro. Detrás de su muerte, preguntamos un poco a su hermano, el niño al que había salido a buscar Javi, del cual no diré su nombre para que permanezca anónimo en esta historia, pues aún es sensible hablar de su muerte. El chico unos dos años más chico que nosotros nos dijo que Javi había tenido problemas mentales desde hacía un tiempo. Se deprimía demasiado y su familia lo había llevado a algunos lugares para buscar que lo ayudaran. A veces mejoraba y otras veces se ponía peor. Llegó el punto en el que siempre se le veía cansado. Pasaba más tiempo callado y se alejó de muchas personas. Incluso había dejado de ser el muchacho alegre y animado que había sido casi toda su vida. No logró encontrar un trabajo en el cual durar siempre lo corrían. Y lo peor fue cuando se enamoró. Dice su hermano, que fue de una señora que era casada. También era más grande que él, y eso lo llevó a pedir dinero prestado para intentar estar con ella. No se sabe a quién le pidió ni como estuvo la situación. Su hermano sabía lo mínimo, ya que la familia buscaba mantener en secreto lo que había pasado. De todas formas, aunque no supimos, era evidente que jabbar jamás regresaría había decidido irse porque no podía con la tristeza, con el amor o las deudas o quizás con todo nadie de sus amigos o conocidos. Fue a despedirse de él. Estaba solo Incluso al final a los pocos meses del fallecimiento de Javi, escuchamos en la mañana gritar al señor de los periódicos. Anunciaba que habían encontrado muerto a un hombre dentro del casino. Compré el periódico y ahí estaba la imagen de un hombre que había sido golpeado hasta quedar irreconocible. Era un trabajador del casino. La historia detrás contada por el periódico era que había estado trabajando en la mesa principal de la ruleta. Parecía que un jugador lo había estado buscando hasta que pudo atacarlo. Ese hombre había perdido mucho dinero jugando en la mesa que administraba el hoyo oxiso. Lo extraño es que el jugador había decidido mover el cuerpo del trabajador al lugar donde había estado jugando días anteriores. Por esa razón, apeado creció por la mañana dentro del lugar y sobre la mesa de la ruleta. Me dio miedo, pues era algo irracional pensar que había demasiadas muertes vinculadas al lugar, pero era obvio para mí, al final del día, esas muertes se olvidan. Se dejó de hablar del tema y a las semanas el casino funcionaba como si nada. Esto que les cuento pasó hace dos años, si no me equivoco, y poco a poco fue escalando. Los rumores de que el casino estaba maldito comenzaron y muchos de los vecinos comentaban el caso de Javi, también el del trabajador y otras tres personas que habían estado involucradas en el casino y que habían perdido la vida. En ese punto, eran demasiadas coincidencias para ignorarlas. Cuando lograba encontrarme en la calle, por casualidad a mis amigos de la infancia, llegamos a estar todos de acuerdo con que algo había quedado de la leyenda de aquel árbol del colgado. También supe que algunos vecinos, ya mayores amigos de mis papás, hablaban de que un grupo controlaba la zona. Qué eran ellos los que cometían los crímenes en el casino para sus asuntos y que por eso, de vez en cuando aparecían personas silenciadas en aquel lugar. Hasta la fecha, sólo Dios sabe lo que pasa en ese lugar, pero estoy seguro de que aquel árbol estaba maldito y probablemente pasó aquella maldición al casino No tengo ni idea si las maldiciones pueden pasar de un lugar a otro o de un objeto a otro, pero me es imposible pensar lo distinto. He tratado de pensarlo mil veces, pero siempre llego a la misma conclusión. Bueno, hace dos años me quedé sin trabajo. Ya sabía que el local donde trabajaba reparando celulares no iba bien. La renta del lugar era alta y llegó un momento en que mi jefe, Alberto, no pudo seguir más de manera muy confiada. No busqué trabajo y necesitaba dinero para la escuela porque mis papás no tenían más que lo suficiente e incluso menos que eso. En ocasiones, el casino era mal visto por muchos, pero siempre estaba concurrido, aunque siempre había letreros afuera de solicitud de personal para varios puestos eran pocos los de la zona que entraban a trabajar ahí, pero el morbo y la facilidad me hicieron pedir trabajo ahí sospechosamente. Fue rapidísimo. La contratación era un viernes cuando fui a preguntar para el lunes me estaban entregando el uniforme de trabajo. El casino era pequeño a comparación de lo que nos podemos imaginar al ver una estructura tan vistosa. Lo principal que siempre estaba lleno de movimiento eran las máquinas. Hasta a mí se me antojaba jugar conocí todo el casino. Luego me dejaron con mi compañera para que me capacitara para hacerme cero en la zona de deportes. Ahí apuesta la gente. Mientras charla, come toma y espera el resultado de un partido. A los pocos días me di cuenta que ese lugar era visitado por mucha gente que que se dedicaba a cosas malas. Era peculiar sentir la vibra ahí, porque se sentía pesada y se tensaba más el ambiente dependiendo de quién iba, porque teníamos nuestros clientes frecuentes. Mientras pasaban los días, fui conociendo la fama que tenía la mesa de ruleta. En ella jugaban pocos, pero siempre duraban varias horas. No estaba muy llena de gente, pero era el lugar más oscuro del casino. Comencé a conocer a las personas que trabajábamos ahí. Me hice muy amigo de María, que era mesera como yo, y ella fue la que me comenzó a contar las historias de la mesa donde estaba la ruleta. Todo era normal ahí durante las horas de gente, durante los momentos del juego, pero al cierre siempre pasaban cosas extrañas al momento de limpiarla. A veces comenzaba a girar sola y aunque no tenía pelotas, se escuchaba como si rebotara sin fin en ella. Otra cosa curiosa era que en ella siempre se generaban te la rra. No importaba cuántas veces a la semana desmontáramos para limpiar. Siempre encontrábamos arañas. Por eso el supervisor era especialmente cuidadoso al momento de tener limpio el lugar, pues esa mesa siempre parecía estar más sucia que las demás. Al final de la jornada, María era cercano al administrador de la ruleta. Él mismo me contó esas cosas que pasaban, pero también me contó de que alguien que jugó ahí sufrió un infarto y falleció en la ambulancia camino al hospital. Él creía que la mesa tenía algo, porque la sensación al estar ahí le provocaba miedo. Recuerdo que me preguntó si yo alguna vez en mi vida había sentido un miedo sin sentido por algo, pero jamás me había pasado, así que me describió eso como la sensación de que no puedes escapar de un puente colgante. Y es importante contar que en esa mesa el personal rotaba no se quedaba más de seis meses. Alguien, siendo anfitrión, se movía a otra cosa y venía a hora otra de otra sección. Pasaron bastantes meses antes de que me pasara algo directamente con la mesa. Yo había entrado como personal de atención, Así que no crean que trabajé de host sino que una de las sillas que rodeaban la mesa se despegó del suelo moviendo la alfombra. Desafortunadamente, tropecé con ese pliegue y terminé golpeando la mesa con la bandeja. La mesa se había arañado. Me habían puesto a limpiar el desorden a la salida. Me acompañaba el señor de mantenimiento y ambos platicábamos en lo que terminaba de limpiar bien las partes llenas de margaritas derramadas. Mientras platicábamos, unos crujidos comenzaron a escucharse. Tronaba la mesa y nos quedamos quietos. El señor Mario y yo los ruidos cesaron y retomamos la plática ignorando aquello. Pero nuevamente los crujidos se escucharon. Yo escuchaba como que tronaba, como que rechinaba, pero el señor me dijo que eso era como si se estuviera arañado cuando la mesa nos quedamos quietos. De nuevo, el silencio del casino al momento de cerrar era total. Si acaso a lo lejos escuchábamos algunas pláticas o música de los celulares, pero era muy raro. El sonido que percibíamos. Me levanté de la base de la mesa. El señor me miró quieto. Rodeé la mesa para ver si encontraba de donde venía el ruido, pero no encontré un hueco o alguna cosa suelta. Miré al techo, no se veía nada raro. Me giré para hablarle al señor Mario, quien movió la alfombra para seguir acomodándola, y di un brinco por el susto que me dio el escuchar que la rueda comenzó a girar. Yo no me esperé a ver qué pasaba y me fui de inmediato a la sala del supervisor. El señor de Mantenimiento venía también conmigo. No nos íbamos a quedar ahí para averiguar que había pasado esa cosa. Se había movido sola. Esa anécdota se sumó a las muchas que había alrededor de aquel juego. Pasaban los meses y era evidente lo que pasó. Los rumores de que estaba embrujada la mesa aumentaron porque no sólo los trabajadores veíamos que se movía la ruleta o que aparecían las fichas tiradas por todos lados, sino que los jefes habían visto por las cámaras de seguridad que no había nadie en momentos en que en la mesa se movía algún objeto o giraba sola la ruleta. Como ya era algo más serio. Se nos pidió que no mencionáramos nada fuera entre nuestros conocidos, también que no dijéramos nada de lo que pasaba para no darle mala fama al lugar. Tras la junta de personal en la que nos pidieron eso, nos quedamos algunos platicando sobre la ruleta. El señor Mario nos dijo que pensaba que había quedado embrujada por el espíritu del hombre cuyo cuerpo fue encontrado en la mesa. María decía que era el espíritu del que se infartó después de jugar ahí. Otros más se metieron en la conversación para meter más supuestas cosas ligadas a la mesa. No sé si todas son ciertas. A mí sólo me constan las que platiqué, pero ellos me dijeron que incluso los que jugaban ahí y salían a trabajar en malos pasos eran de los que dejaban de venir de repente, insinuando que los habían matado durante sus asuntos de territorios. Esa ruleta tenía varias historias, todas terminaban en sangre. También era sospechoso que se cambiara al hst cada seis meses, así que pregunté si alguien de los que tenía más tiempo trabajando ahí sabía algo. Dijeron que no, pero que alguien que había trabajado antes les había contado algo así de intimidante era la Mesa. Por eso nadie quería ligarse a ella ni por obligación del trabajo. Al final me dijeron que quienes duraban más de seis meses en el puesto comenzaban a experimentar problemas de todo tipo hasta que terminaban renunciando. Me quedé con Don Mario en el estacionamiento como a las cuatro de la mañana. Al salir del turno de trabajo. Yo estaba intrigado por la mesa. Me daba miedo, pero quería saber, así que le conté que yo vivía a pocos minutos de ahí, así que también conocía la historia del predio mucho antes de que construyeran algo. Ahí le conté sobre el colgado y también de Javi. Don Mario se quedó helado. Me dijo que le había tocado saber de una señora que había ido al baño y comenzó la histeria entre los visitantes porque dijo haber visto a una persona colgada en uno de los baños. Al final se había dicho que estaba muy pasada, pero que esa señora les había dicho a las muchachas que le bajaban el susto que juraba haber escuchado el ruido de algo cayendo mientras se lavaba las manos. Ella volteó a ver qué había sido eso. Entonces se encontró con que desde una viga había una soga que sostenía algo pesado. Se agachó a mirar un poco para ver debajo de las puertas y miró las puntas de unos zapatos suspendidos. Al ir seguridad a revisar, no vieron nada, pero la mujer seguía gritando hasta que comenzó a sentir que se desmayaba. Justo después de que Don Mario me terminó de decir aquello. Yo también me sentía mareado, pues ya tenía el presentimiento de que algo malo había alrededor de ese casino. Pero parecía que el hombre colgado que embrujaba antes ese maizal ahora estaba embrujando el casino, específicamente la mesa de la ruleta. Lo que no entendía es que, según mi lógica, tendría que ser el baño embrujado, porque ahí se veían algunas veces cosas, Pero no entendía por qué la ruleta era la que hacía más ruidos o pasaban más cosas en ella o alrededor de ella. Muchos fueron y vinieron trabajando en el casino, se quedaban poco tiempo, Otros se impresionaban al ver a cierto jefe o no aguantaban las cosas anormales de algunos ruidos o sensaciones, Así que por eso el casino siempre necesitaba personal. Al final antes de dejar de trabajar en ese lugar. Ya había pasado tres años tras bajando ahí. Si bien no era bien visto por mis papás ni por mis vecinos, no me importaba soportar las habladurías. Sólo me cuidaba de los visitantes del lugar. Me había podido pagar la escuela y yo no hacía nada malo. Intentaba llevar todo tranquilo. Aprendí a convivir con las pequeñas cosas sobrenaturales que pasaban en el casino, algún ruido raro, los sustos de las chicas en el baño, o también con ver que algunas cosas se movían en la mesa de la ruleta. Uno siempre aprende cómo ver natural si pasan cosas así, te acostumbras, pero siempre le tuve respeto a esa mesa de juego. Ni me acercaba ni intentaba estar mucho tiempo ahí, pues no quería probar mi suerte Lo que me confirma el que aquella mesa puede estar siendo lo que provoca la maldad o la que atraía el desastre. Es lo que pasó con la mesa tras el suceso de un cliente que perdió la vida. Justo en la mesa de la Ruleta. Fue una tarde com una en el casino había mucho movimiento porque era la final de la champions. En la mesa de la Ruleta había una reunión privada, así que asignaron a María como la mesera de los jugadores. De vez en cuando me acercaba a preguntar si necesitaba algo, ella estaba nerviosa. Me dijo que estaba muy feo el asunto, pues los números en juego subían y subían. Un miembro de la reunión comenzó a perder la educación con el host a causa de su suerte. Ella me dijo que estaba preocupada. No se sentía tranquila y decía que algo sentía fuera del lugar. Seguí con mi trabajo. Pasaron algunas horas antes de que comenzara la confusión. Yo estaba en la barra recibiendo un pedido cuando la gente comenzó a gritar y correr. Un hombre vistoso por su ropa extravagante salió corriendo por entre las máquinas, dejando a unas señoras tiradas, así que fui a ayudarles. Cuando los gritos se hicieron más fuertes. Vi cómo el personal de seguridad corrió hacia el centro del lugar. Ahí estaba María en la ruleta. Me paré de golpe intentando ubicarla entre la gente, pero no la vi. Hilos de seguridad pidieron la salida de los clientes. La entrada estaba saturada. Mientras pasaban la revisión, sólo dejaron salir a unos pocos aquellos miembros con las llamadas credenciales. Los VI fuimos llamados por el gerente. María lloraba en una silla y alcancé a ver que un grupo de las personas de seguridad rodeaban la mesa impidiendo la visibilidad. El host estaba llamando por teléfono a su esposa. Habían matado a un cliente con una navaja oculta. A lo lejos escuchábamos la llegada de la policía. Pasó mucho rato entre declaraciones, peritaje y papeleo, pero al final nos dejaron ir Al pasar por el espacio acordonado, miré que había manchas de sangre en la alfombra, la silla y el tablero de la mesa, mientras que la ruleta giraba muy lento sin detenerse. Me quedo con la sensación de que aquella mesa maldita provoca la desgracia de alguien cada cierto tiempo, pues saca lo peor de las personas. Algo maligno está involucrado a esa tierra o algo, porque parece ir embrujando lo que estén ahí en ese suelo. Ahora la mesa está rodeada de otro evento sangriento más. El casino paró una temporada de trabajar mientras se hacían las averiguaciones, pero con ese pretexto jamás regresé a trabajar y busqué otra cosa. No quiero ni acercarme ahí. Quizás jab entró en contacto con aquella mesa. Quizás su familia ocultó lo que hacía realmente de todos para no vincularlo al casino, porque era rarísimo que decidiera morir ahí. Si no es así, entonces por qué decidió arrojarse desde el techo. Desgraciadamente, aunque quiera respuestas, no buscaré a su hermano o familia para saber qué pasó. No volveré a pisar ese lugar y espero que pronto los dueños decidan creer las historias de la mesa para que la saque de ahí o la dejen de usar. Cuando por fin pude comprar la casa que tanto había querido toda mi vida, comencé a llenarla con una gran cantidad de cosas que me recordaban a mi infancia. Después de haber perdido a mis padres, a una edad tan temprana, añoraba todavía el tiempo que pasé con ellos. No pasé por situaciones difíciles de abandono ni violencia. Me adoptaron mis tíos y todo el tiempo viví feliz con ellos. Después de que entré a trabajar, deseaba comprar una casa. Quería tener un lugar propio para poder disfrutar mi soltería. Esperé ahorrando y juntando para poder tener esa casa soñada. Me la entregaron en abril del año dos mil doce. Comencé a trabajar de inmediato en ella. Poco a poco se fue convirtiendo en lo que soñaba. Lo mejor era que también había podido comprar en un buen lugar. Aún no estaba completamente habitado, porque a muchas personas les parecía demasiado lejano de la ciudad y ahora es un lugar super poblado. En ese entonces sólo tenía dos vecinos, del lado donde yo vivía, la señora que vivía con su esposo y dos hijos al lado, y la señora que vivía con su hijo a dos casas de donde yo estaba. En la parte de enfrente, cruzando la pequeña calle que separa las pequeñas cuadras del fraccionamiento privado. Había más habitantes, pero pasó tiempo hasta que comencé a tratar con ellos una mañana que había salido a comprar la comida para preparar en la semana. Me pasé por el mercado. Ahí, entre el montón de chácharas que vendían las personas. Vi que había un cuadro muy similar al que mis padres tenían en la sala. Casi no lo pensé, sólo fui a preguntar el precio del cuadro. Lo revisé para ver que estaba en buen estado y luego lo compré, aunque ya estaba muy viejo. Llegué a mi casa y de inmediato limpié el cuadro. Dejé la bolsa de la comida sob sobre la mesa, pues me obsesionaba la idea de ver ese cuadro en mi sala. Había comprado unos sillones del mismo color que mis papás tenían. Todo se veía similar en los colores, aunque era evidente que las formas se habían actualizado. Habían pasado veinticinco años desde la muerte de ellos. Cuando yo tenía cinco años después de un rato, ya estaba ese cuadro en la pared disfruté mi comida. Mirando el cuadro en lugar de la televisión, me había transportado a esos momentos felices. El cuadro parecía combinar con los pequeños cuadros de las fotos de mis padres o las de mis tíos. Conmigo en varios momentos importantes, quedé satisfecho y sentía que estaba de nuevo en casa. Si se lo preguntan, el cuadro no es la gran cosa. Es uno de esos con tema de naturaleza que estuvieron muy de moda en los años ochentas. El que mis padres tenían era porque a mi mamá le gustaba mucho el bosque, los árboles y las plantas, así que había buscado un cuadro largo que abarcara el pasillo por donde se pasaba para entrar a la casa. Era un golpe de suerte haber encontrado un cuadro muy parecido, si no es que igual de ese bosque que recordaba en mis memorias infantiles. Por eso, lo primero que hice fue procurar que aquel cuadro se viera perfecto en la sala. Lo acomodé justo en la pared detrás del sillón más largo se veía muy bonito y quedé satisfecho porque fue una labor pesada el estar limpiando el marco, pues parecía que había estado arrumbado por muchos años. Las telarañas, la suciedad y algo que parecía aceite se habían apoderado del marco. La pintura estaba intacta debajo de una capa de mugre. Nunca había limpiado un cuadro, así que me las ingenié para lograr lo que quería. Era una especie de obsesión por su limpieza la que se apoderó de mí. Al llegar el fin de ese domingo, acomodé todas mis cosas para comenzar mi semana al día siguiente. Pero, pero, pero, por s s s son la rara sentí ganas de ponerme a ver el cuadro en conjunto con la sala. Me atraía esa belleza oscura como antigua y misteriosa que tenían todos esos pinos, ese sendero que mostraba un camino iluminado en el que podía imaginar que pasaban carretas o algo así. El cielo estaba despejado, pero parecía que lo espeso de los colores verdes no dejaban entrar la luz al cuadro. Sé que suena muy loco cuando lo digo así, pero eso sentía era como si estuviera viendo por una ventana más que por un cuadro. No sentía alarma ni nada por ese cuadro simplemente estaba capturado por su belleza, a pesar de que cuando lo vi no me pareció nada extraordinario. De forma poco normal, en mí me quedé dormido en la sala. Había estado viendo el cuadro. Quién sabe por cuánto tiempo hasta que me quedé dormido. Fue un sueño profundo como oscuro, no soñé nada o eso creo lo raro fue que me despertaron los ladridos de un perro, una especie de gran animal que provocaba el eco por todos lados de la casa. Me levanté de un salto y me di cuenta que me había quedado dormido en la sala. Miré a todos lados buscando al perro que escuché, pero la madrugada estaba silenciosa. La poca luz del amanecer hacía que la casa se viera como azul por las cortinas y un frío que se coló por todos mis huesos me hizo temblar. Pensé que, como no había dormido, tapado con mis cobijas, estaba más sensible a la temperatura, pero me llevé una sorpresa cuando al salir de mi casa, rumbo al trabajo. Sentí que fuera estaba más caliente que dentro de la casa pasaron los días. No había nada extraño, sólo las ganas que tenía de llegar a ver la sala con el cuadro decorando. A mí. Siempre me pasan esas cosas. Cuando tengo algo que me gusta bastante, disfruto la buena compra y sólo me agrada tener algunas cosas que deseaba. Por eso no lo vi raro, pero poco a poco mis ganas de estar con nel cuatro me llevaron a acomodar mis muebles de manera que por todos lados de la casa pudiera ver claramente ese bosque. Cada día me parecía encontrarle cosas nuevas, un árbol más claro, algunas flores, el sendero limpio, entre otras cosas. Pero lo sorprendente era que a veces podía ver algo que estaba entre la oscuridad de los troncos de los pinos. Había algo mirando. Pensé que era un buen detalle del pintor poner aquella cosa para que pensáramos que había algún animal oculto entre la naturaleza. A la semana siguiente, de nuevo fui al mercado a comprar me. Fui por la calle en la que estaba aquel señor vendiendo cosas de segunda mano para ver si me agradaba alguna otra cosa que trajera, pero no lo encontré. Pregunté a los vendedores de los lados, pero me dijeron que era la primera vez que iba a vender, que así pasa y a veces no regresan. Me resigné y nidé un poco lo que vendían las s otras personas. Luego pasé a la carnicería antes de regresar a mi casa. Cuando llegué saludé como de costumbre, me metí para comenzar a hacer el pedido y mientras esperaba apagar se, me acercó la chica que embolsa la carne me dijo que no podía traer animales dentro de la tienda. Yo no tenía animales. Pensé que se había equivocado de persona, pero miré al lado de mis pies y había un pequeño perro negro al lado de mí. Le dije que no era mío, pero ella me dijo que tendría que sacarlo porque estaba conmigo. Me salí de la fila. El perro me siguió y comencé a hacerle señales para que se fuera e intentaba asustarlo. El animal me miraba sin moverse y enojado. Me regresé a la fila, pues ya había perdido demasiado tiempo con esa tontería. Al salir ese perro ya no estaba ahí. Tomé eso como algo tonto, pero lo recordé cuando poco a poco comencé a sentir que me seguían. Cuando salía de la casa para subir irme al carro ese perro estaba ahí, salía a caminar y sentía que me seguían y comencé a sentirme paranoico. Era sólo un perro, pero algo inquietante en él. Me hacía verlo, pero era complicado porque parecía desaparecer de repente lo buscaba inconscientemente entre las calles, porque me estaba inquietando saber si era un perro o alguien, lo que sentía que me seguía. Una de esas noches en las que me quedaba viendo el cuadro mientras cenaba, escuché el ladrido fuerte de un perro. Me levanté y fui a la puerta. Cuando me asomé no había nada. Me quedé pensando si no lo había imaginado. Tras unos minutos, de nuevo escuché el ladrido su eco Me había dado la impresión de que estaba dentro de la casa, pero eso era imposible. Cerré la puerta con llave después me fui espacio por espacio buscando si había algún indicio de un animal. Fui a mi recámara en la segunda planta y me asomé por la ventana. Quizás mis vecinos tenían un perro nuevo por eso no había escuchado ese ladrido antes, pero nada. Bajé despacio después de cerrar las ventanas de los cuartos y también me asomé al baño por si acaso me estaba volviendo loco. Me daba mucha ansiedad no saber lo que me estaba pasando. Comencé a sudar y si realmente estaba un animal escondido en la casa. Bajé rápido las escaleras y recuerdo que las manos me sudaban y quedaron un poco pintadas en la pared de la escalera, porque el color de las paredes era blanco. Fui a la cocina, me asomé al patio y en ese momento el ladrido se escuchó fuerte detrás de mí. Se me escapó un grito con maldiciones por el susto. Miré a mis espaldas y no había nada, Sólo sentía el aire helado de la noche. Entrando por la puerta del patio, me volteé a cerrarla cuando miré una bola oscura pegada a una esquina del patio. Esa bola de pelo extraña parecía tener el hocico del perro que había visto en la carnicería. Sentí que se me entumían las manos del miedo. Di unos pasos hacia atrás y la sombra peluda parecía crecer Me persigné por el terror y me fui poco a poco así atrás sin dejar de mirar esa cosa porque sentía que sí me volteaba. Iba a brincar sobre mi espalda para atacarme. Cuando llegué a la sala, vi mi oportunidad de salir corriendo de la casa, pero un ladrido detrás de mí me sorprendió, perdí el equilibrio y caí al suelo. Miré de nuevo al patio, pero no se veía esa bola de pelo. Me giré para ver si había algo detrás mío, pero tampoco había nada. Cuando estaba pensando que ya me estaba volviendo loco, decidí levantarme para ir a lavarme la cara y en ese movimiento vi de reojo la pintura en la sala. Divisé brevemente una mancha negra entre los árboles que me había aprendido de memoria. Me quedé a medias de levantarme con las rodillas inclinadas y miraba con horror la pequeña representación de un perro entre los troncos de los pinos. Estaba justo ahí donde había divisado una ligera advertencia de que podía haber un animal escondido entre la sombra del bosque. Me quedé con la boca abierta. Estoy seguro no se me ocurrió qué más hacer y fui por mi celular. Tomé una foto lo más cerca que pude, dejando distancia porque pensaba que ese perro podría salirse del cuadro. Era demasiado real y se notaba la furia en su mirada, a pesar de que no mostraba los dientes y parecía que estaba acechando. Le mandé la foto a un compañero del trabajo. Le pregunté que veía en la pintura y me contestó que nada, que había un bosque con cielo despejado y un pequeño perro entre los árboles. Le dije que eso no estaba ahí. Antes me mandó muchas carcajadas en respuesta y me dijo que estaba volviéndome loco por la soledad. Nadie me iba a creer no había tomado una foto del cuadro. Cuando lo compré ahora se veía natural ese perro ahí. Pero pero yo yo sono sabía que no estaba pintado desde el principio. Decidí que tendría que bajar el cuadro. No iba a poder vivir en paz por el resto de la semana. Mientras ese cuadro estuviera en la sala, Tendría que esperar al fin de semana para hacer algo con él. Podría revenderlo, tirarlo o quemarlo, pero había muchos contra cenesas soluciones. La basura pasaba hasta el sábado y era miércoles. Si lo quemaba, los vecinos iban a llamar a los bomberos por el olor y tan poco sabía a quién vendérselo. Pensando se hizo de madrugada, estaba sin comer y me sentía atrapado en mi propia casa. No me había movido de la sala. En todo ese rato. Sentía que tenía que vigilar, pero tampoco me podía acercar a bajar el cuadro. No sabía dónde ponerlo para sentirme tranquilo y tras un buen rato de angustia, se me ocurrió una idea. Iba a poner el cuadro en el carro fuera de la casa. Así podría dormir tranquilo y por la mañana lo dejaría recargado en una pared Así podría serle hasta que llegara el sábado me subí al sillón. Tomé el cuadro por los lados y sentí que pesaba unos veinte kilos o más. Primero me costó alzarlo un poco hacia mí para moverlo. Se sentía pegajoso de los bordes del marco donde tenía las manos. Lo jalé aguantando el asco de la sensación. Hice vino por completo por el peso en mis pies. Me caí así atrás y afortunadamente levanté la cabeza con el impacto seguro hubiera terminado descalabrado. El cuadro quedó recargado en el sillón. Yo tirado en el suelo con el dolor de espalda insoportable. Acompañado de las punzadas en mis pies, me quité los calcetines para ver el recuento de los daños. Había una línea amoratada por el peso. Eso no era normal. Cuando cargué el cuadro para traerlo desde el mercado, no había sido tan pesado. Me lo llevé en una sola mano, mientras con la otra cargaba las bolsas de comida. El suelo estaba frío. Comencé a sentir que la piel se me erizaba. No quería mirar. El cuadro lo tenía a mi lado, pero me rehusaba a fijar bien la vista en él. Tendría que llamar a alguien para que me ayudara a oír al doctor, porque la espalda me dolía de una forma horrible. Estaba pensando cómo pararme para ir por el celular que estaba sobre la mesa. Cuando unos golpes en la puerta me hicieron callarme. Usualmente hablo en voz alta para organizar mis ideas, pero me quedé callado esperando y de nuevo tocaron la puerta. Ahora con más fuerza, me temblaba el cuerpo del horror. Creí que era el perro. Una voz medio apagada preguntó si estaba bien y me llamó por mi nombre. Solté la respiración. Cuando supe que era la vecina de al lado, le dije que había tenido un accidente. Ella me preguntó si podía moverme. Entonces intenté levantarme, pero no podía. A los pocos minutos su marido llegó con herramienta y tiraron la chapara de la puerta. Al mirarme así llamaron a una ambulancia. Ellos corroboraron que no tenía nada roto, pero me llevaron con ellos para revisarme la espalda. Así se quedó mi casa abierta y con el cuadro acomodado en el sillón mi vecina. Me dijo que ella iba a cuidar hasta que yo llegara, que no me preocupara por nada. Duré ocho días en el hospital. Me había lesionado las cervicales. Llegué con collarín acompañado de mi tía. Ella se fue quejando todo el tiempo del porqué de mi decisión. Al irme tan lejos a vivir solo, ella no lo entendía. Yo estaba irritado y contestaba mal y aparte del dolor, comencé a dormir muy mal en el hospital. No sé si era por los medicamentos, pero soñaba cosas horribles. Ese perro estaba entre las sombras buscándome cualquier cosa que se le atravesara. Mientras me perseguía, lo hacía pedazos. Despertaba lleno de Sudor con el dolor horrible en mis pies. Los moretes no bajaban ni las líneas del cuadro permanecían, a pesar de que se me desinflamaron los golpes. Sentí que me había marcado ese maldito perro. Pensé ocho días lo que iba a hacer y llegué a la conclusión de que tenía que quemar el cuadro. Cuando llegara iba a agarrar el cuadro. Le iba a pedir permiso a mi vecino de prenderle fuego en un bote de metal. No había otra solución. Ese cuadro tenía algo siniestro. Si un animal demoníaco venía con él, Seguramente si me deshacía de él en la basura o regalárselo a otra persona iba a regresar a mí y no me iba a arriesgar a eso. Mis pensamientos iban enfocados en eso durante todo el regreso. Mientras soportaba los reproches de mi madre de crianza, ya luego tendría que contentarla. Por ahora la prioridad era desaparecer de la faz de la tierra a ese perro infernal. Cuando me bajé del carro, lo hice con calma. Sentí un escalofrío invadirme juro que al voltear la puerta por instinto miré que la cortina se movió como si alguien hubiera estado viendo desde dentro. Me quedé helado, me ardía en las piernas y no podía moverme. Mi tía fue de inmediato conmigo y me dijo que estaba pálido. Le dije que me había sentido un poco mareado, así que la apuré a ir con la vecina por la llave de la nueva chapa que le habían puesto. Mientras estuve en recuperación, me quedé parado en el mismo lugar, a unos dos metros de la puerta y miraba intensamente la cortina para descubrir alguna sombra o algo que me diera el indicio de que había alguien dentro. Llegó el esposo de la vecina a ayudarnos con la puerta. La abrió luego. Entró luego mi tía y yo ni siquiera había puesto medio pie dentro. Cuando escuché el asombro de ambos me asomé sin meterme así vi lo que los había dejado asombrados tan bien asqueados dentro de mi sala, tan bonita y perfecta como la había arreglado. Estaban tirados pedazos de pelo y él lindo demás habían matado unos gatos Adentro al fondo. Podía ver la puerta del patio abierta como la había dejado. Al momento del accidente. Mi tía me dijo que si tenía algún perro y no le había contado, le aseguré que no. El vecino me dijo que toda la noche anterior los gatos del lugar habían estado haciendo un montón de ruido. Se habían calmado hasta la madrugada, pero no imaginaba que hubieran estado dentro de mi casa. Me dijo que se veían huellas de perro en el piso. Las fuerzas me abandonaron por el terror y caí en el suelo. El dolor punzante me recorrió por completo. La espalda sentía que me iba a quebrar. El vecino y mi tía fueron a apoyarme me levantó mientras mi tía iba a buscar mis medicamentos para el dolor. Las lágrimas se me estaban saliendo de los ojos por soportar aquel dolor. El vecino llamó a su esposa con un chiflido. Ella al verme sentado a la entrada de mi casa, corrió a la suya para sacar una silla de plástico y l l a n ndo. Entre los dos me levantaron y me sentaron. Yo estaba que no podía con mi alma. Todos me miraban esperando que les dijera algo. La vecina me acercó un vaso con agua y tomé mis pastillas. Poco a poco. El dolor se hacía más punzante detrás de mis oídos. Me sentí aturdido y un sonido imaginario, porque sé que los demás no lo escucharon. Comenzó a incrementar apenas si pude decirles que estaba mareado alcé la cabeza y entre el hueco que hacían los cuerpos de los tres. Alcancé a mirar hasta el fondo de mi casa, justo al patio y una figura como de humano con cabeza de perro estaba parada mirando todo. No recuerdo nada más porque me desmayé. Dicen que primero di un grito, luego me desvanecí en la silla. Cuando desperté, me dijeron que quizás el golpe era más grave de lo que pensaban o que en el traslado pude lastimarme más. Me dejaron dentro del hospital más días para pruebas, pero no concluyeron nada. Había sido el dolor el que quise zás me había provocado el desmayo. A pesar de mis miedos, pude recuperarme y no tuve secuelas. Mandé a mis tíos a que sacaran el cuadro y lo tiraran a la basura. Era lo único que iba a poder hacer. Ya vería más adelante si me lo volvía a encontrar, si lo quemaba cómo lo había pensado primero, pero gracias a Dios, el cuadro no regresó. Yo volví a mi normalidad después de muchos meses de vivir paranoico. Jamás escuché nuevamente aquellos ladridos de perro, pero me quedó la marca de lo que había vivido en los pies, pues quedaron con una especie de mancha. Algo que me dijeron es que era una quemadura, pero no entendían el cómo me quemó el marco de un cuadro. Cuando nació mi segundo hijo, Manuel. Era una época mala para mi familia y para mí faltaba dinero en casa. Por más que trabajaba, no era suficiente ni contenía. A seis años, mi esposa había tenido que dejar de trabajar porque a causa del embarazo era cada vez más difícil estar parada atendiendo a los clientes. Con mi salario no alcanzaba y las cosas estaban apretadas. Buscábamos hacer pocos gastos, pero aún así se necesitaba comprar cosas para Manuel. Afortunadamente, algunos amigos y familiares se dieron cuenta de nuestra situación. A mí siempre me ha dado pena pedir prestado o cualquier cosa similar, porque mi mamá jamás nos educó para estar dando lástima. Afortunadamente, con la ayuda de todos ellos, a quienes agradezco enormemente. Poco a poco comenzamos a tener lo necesario para el niño. Regina tenía siete meses de embarazo cuando comenzaron a pasar cosas raras en la casa. Pasó de pronto en nuestra casa un pequeño lugar que estaba pagando a duras penas. Nunca había pasado algo similar, nada de fantasmas o movimientos raros. Los vecinos ns jamás contaban historias del lugar. Tampoco había rumores sobre algún problema que pasara, como esas historias que se cuentan de que encontraron fallecidos o que hubiera algún panteón antes ahí o algo más que pudiera darnos indicios de que donde estábamos viviendo era asociado a algo que pudiera provocar ver fantasmas o ser sus víctimas. Pensándolo no recordamos algún otro incidente antes de la noche que mi esposa vio la sombra de un hombre, sólo una figura negra entre la oscuridad y ella gritó en medio de la noche porque pensó que alguien había entrado a la casa. Eso fue un día entre semana. Lo recuerdo bien, durante la tarde noche del día anterior llegué del trabajo temprano. Llegué cargado de unos regalos que me habían hecho para el nacimiento del bebé Cenamos pronto y nos fuimos a acostar temprano porque Regina se sentía mal. Cuando nos acostamos a dormir, sentía que el niño se seguía moviendo. Por eso. Por eso, o mi esposa no podía dormir, yo me seguía dormido. Despertaba un poco para estar al pendiente y Medio estaba alerta por sí me decía que fuéramos al hospital. Como no me decía nada. Continuaba dormido como podía. A los pocos minutos de la última vez que me despertó, escuché a Regina gritarme me desperté como rayo asustado y sin cambiarme agarré una de mis botas por inercia para salir a luchar contra quien sea. Cuando abrí la puerta del cuarto, Regina estaba pegada a ella. Por eso me cayó justo en los brazos. Cuando la abrí se volteó hacia mí llorando mientras me decía que había visto a un hombre en la sala. Por su parte, Nico había salido corriendo de su cuarto. Al escuchar los gritos de su madre y al encontrarla asustada en la sala, la agarró del camisón llorando con ella. Di una vista rápida, pero no vi nada, Así que molesto, comencé a regañar a mi esposa, pues sinceramente pensé que que Regina seguía adormilada. Por eso había visto algo imaginario y en ese momento estaba seguro que sólo eran sus nervios. Casi me daba un infarto al escucharla gritar porque creí que era por el bebé. Ella me decía que no había sido a propósito que vio a un hombre parado cerca de la ventana. Después de haberme calmado la dejé a un lado para prender la luz y revisar. Bien la casa me aseguré de revisar si había algo distinto o alguna de las puertas o candados estaba abierto. Ella me contó que tras el no poder dormir, salió del cuarto dispuesta a calentar algo de leche. Cuando intentó prender la luz de la cocina y no encendió el foco resignada, decidió buscar donde calentar la leche, aunque fuera a oscuras. Cuando al agacharse. Miró de reojo una sombra de un hombre. Aquella sombra la alcanzó a ver en la esquina de la casa, justo entre el sillón y las cajas con cosas del bebé. Ahí había un una ventana entre la cortina. Usualmente pasaba la luz de afuera, pero la sombra se veía claramente era como un hombre que la veía sin moverse para nada. Me dijo que por la luz de la ventana pudo ver bien que era completamente una figura de un hombre muy alto con sombrero. Olvidé pronto el incidente porque extrañamente, nada más pasó, ni un indicio ruido o cosa fuera del lugar y Regina no mencionó nada más. Tampoco los días pasaron cerca del parto. Fue cuando nico fue atacado por aquella sombra. Un fin de semana por la noche. Estábamos viendo la televisión en el cuarto los tres, cuando el niño me dijo que estaba aburrido, así que se fue a jugar a su cuarto, escuchábamos ruidos. Eran bajos como golpes de juguetes. No pensamos que nada malo estuviera pasando. Nico comenzó a llorar muy bajo, pues apenas si lo escuchábamos. Me dijo mi esposa algo y no recuerdo bien qué, pero me levanté despacio haciendo el menor ruido posible. Ni siquiera apagamos la televisión. Quería saber qué era aquel sonido que se escuchaba fuera del cuarto del niño. Cuando llegué a la entrada del cuarto de Nico, estaba acostado boca abajo en el piso llorando. No tenía juguetes a la mano ni otra cosa alrededor. Me pareció raro porque pensé que estaba jugando. Me acerqué lo alcé para abrazarlo, pero comenzó a llorar más y me dijo que le dolía. Le pregunté qué estaba haciendo y me dijo que le dolía. Una y otra vez en voz baja me dio un miedo terrible de esos miedos que uno no entiende sentía algo, pero no sabía que quería salir del cuarto, pero no me podía mover y ico se apretaba contra mi pecho. Comprendí por qué hablaba abajo, pues sentía lo mismo. Le pregunté que te duele y él señaló su costado. La presión de que algo estaba viéndonos me hizo tardar en revisar el lugar donde señaló cerré los ojos pidiéndole a Dios lo que sea sin acordarme de alguna oración o algo que pude aprender en el catecismo. Sólo pedía que me ayudara de eso por un momento el reflejo de algo que brillaba. Lo sentí en el costado del ojo de mi izquierda. Era del lugar donde estaba la cama del niño en mi mente visualicé que lo que nos veía estaba debajo de la cama. Afortunadamente, Regina me gritó si todo estaba bien y desperté de ese trance, agarré valor y salí del cuarto cerrando la puerta. Tras de mí comencé a sentir que una presión en el pecho me dejaba sin poder respirar bien. Así que estaba agitado. Le dije a mi esposa que todo estaba bien. Luego miré a Nico y le dije que ya todo estaba bien, y comenzó a llorar con fuerza, diciéndome que le habían pegado. No pregunté nada más. Alcé su playera, revisé su costado y me encontré con una visión aterradora. Una mano puntiaguda se dibujaba como un golpe, casi como una quemadura en su pequeño cuerpo abarcándole las costillas. Mi hijo había sido lastimado por algo, algo que no podía explicar y ahora eso estaba debajo de la cama esperando. No sabía qué era, pero sentía el miedo recorrerme el cuerpo, la sangre se me congeló y me preguntaba cómo iba a explicar ese golpe en el niño. Tampoco me animaba a decirle a Regina, pero seguramente ella se iba a dar cuenta pronto. Al final resolví decirle lo mejor que pude. Ella se alteró como nunca y a las horas ya estábamos en el hospital de urgencia por el malestar que sentía. Tampoco me fue bien con Nico esa noche la mano con dedos puntiagudos que yo había visto, o que pensé ver era ahora una mancha roja llena de sarpullido le picaba tanto que había estado rascándose sin parar. Llamé a mi suegra. Ella estuvo con mi esposa cuidando recibir los informes de los médicos. Yo estaba con Nicolás esperando que le revisaran el sarpullido. A Regina la dieron de alta a las tres horas y completamente furiosa. Salió echando pestes contra los doctores, quienes le diagnosticaron estrés por el embarazo, pero ella sentía una sensación de dolor en el vientre. A pesar de los estudios, todo salió normal, dejando más furiosa que preocupada por la sensación de piquetes que sentía en el vientre. Desde ese día, el niño no paraba de moverse. Había una inquietud fuera de lo normal en la casa. También la madre de Regina intentó calmar su furia. Cuando salí de consulta con Niko. Él tenía una quemadura por contacto con algo caliente. Me hicieron mil preguntas y revisaron varias veces al niño. Tardaron horas los trámites y al final pensaban que pudimos lastimar a nuestro hijo. Intencionalmente por eso todo el ir y venir de doctores y enfermeras. La revisión del termatólogo fue definitiva. Aquella quemadura apoyada era a causa de algo en él cuarto del niño, como ropa o algún jabón. Nos mandaron a quitarle ml y un cosas para evitar que volviera a pasar. Le mandaron muchas pomadas para bajar la inflamación. Hasta hoy, ahora que tiene catorce años, aquella quemadura quedó en su piel como un lunar gigante de color grisáceo que abarca todas sus costillas del lado derecho. A pesar de eso, no pensé en hacer algo. No se me cruzó por la mente rezar o bendecir la casa. Me consumió por completo el cuidado de Regina tener que trabajar y comenzar a lidiar con los terrores nocturnos de nico, sus picazones en la piel y llanto. Era imposible concentrarme en algo. Fueron meses que recuerdo como oscuros, como si no hubiera sido de día. Sé que algunas personas me van a entender. Me sentía en un agujero, a pesar de que las cosas estaban medio bien, La presencia de aquello oscuro parecía modificar todo. Mi hijo se la pasaba intranquilo. No quería regresar a su cuarto a dormir y terminamos los tres durmiendo en la cama. Regina estaba siempre nerviosa, perdía la paciencia a la menor oportunidad y yo todo el tiempo estaba cansado ojeroso incluso bajé de peso y sentía la sensación de estarme muriendo sin pensarlo. Vivimos dos meses así insoportables, pero todo cambió cuando llegó Manuel, la casa cambió y todo se llenó de vida Nico dormía con nosotros, pero comenzó poco a poco a regresar a su cuarto regina. Regresó a su carácter habitual y la racha de mala suerte bajó. Lo digo porque seguían los problemas económicos. Esta buena señal, como me lo tomé, de que las cosas iban a mejorar, se volvió mucho peor cuando regresó, comenzó a manifestarse ese hombre con más intensidad. La sensación de maldad en la casa era horrible. Todo el tiempo se veía oscura. Algunas cosas desaparecían y aparecían de repente por las noches. Podía escuchar que caminaban por la casa. Estas cosas nos hicieron pasar de la total felicidad por el nacimiento de Manuel al infierno. Sentía como si cayera en picada. Ahora comencé a tener pesadillas. El bebé lloraba mucho los primeros días de haber llegado a la casa. Era casi imposible dormir lo más de dos horas seguidas durante la noche. A veces me preparaba mi café de la mañana y mientras esperaba que hirviera el agua, sentía que algo se movía de un lado a otro de la sala, como alguien que se movía rápido. En una ocasión. Al revisar encontré unos zapatitos del bebé tirado cerca de los sillones. Además, cuando salía de la casa, me daba la impresión de que alguien me veía desde la ventana, así que revisaba si Regina se había asomado para verme salir, pero casi nunca estaba ahí. Ella Regina estaba cansada todo el tiempo. También mientras Nico pasaba días en casa de su abuela porque no podíamos hacer que regresara a la casa, nos decía que tenía miedo. Lo peor y por lo que decidimos vender la casa fue cuando Manuel comenzó a ser afectado directamente. Por esta cosa que todos veíamos de una forma u otra, comenzamos a ver que Manuel permanecía demasiado tranquilo, No se movía mucho, dormía bastante. Pensamos que se había acostumbrado a la casa, que eso era bueno. Mi esposa lo cambiaba, lo dejaba acostado en la cuna y él no se movía. Abría los ojos, miraba a su alrededor, pero nada más, aunque diario cambiaba Mi esposa de ropa al pequeño siempre le dejaba puestos unos zapatitos tejidos en color azul. Eran sus favoritos. Le encantaba ponérselos, aunque le quedaban un poco grandes. Llevamos al niño a revisión. Nos dijeron que parecía responder más lento que un niño normal. Ahí comenzaron los días de angustia. Estudio tras estudio, el bebé respondía bien. Luego comenzaba a cambiar su comportamiento. Era como si tuviéramos dos niños, uno feliz y risueño, otro callado lento dormilón. Fue mi suegra la que hiló los cabos una noche que se quedó a dormir para ayudarnos con el recién nacido. Ella cambiaba al niño el pañal como de costumbre. Su hija estaba bañándose, Yo trabajaba y Ñico estaba viendo la tele. Mi suegra estiró la mano para alcanzar la ropa que iba a ponerle porque se había ensuciado mucho. Tomó la ropa que Regina le había dejado, pero al ver los zapatos los vio viejos como si hubieran sido usados mucho tiempo. Los dejó a un lado para ver si podía deshacerse de ellos, pues se veían en mal estado. Los arrojó sin mirar así a la cama, pero al hacerlo sintió como si algo delgado, peludo y caliente le tocara los dedos. Quitó la mano por la sensación. Volteó a ver el lugar donde había estirado la mano, pero no vio nada. El niño comenzó a llorar en lo que volteó a verlo. Alcanzó a ver que los zapatos se hicieron a un lado, dio un salto lejos por el susto. Agarró al niño abrazándolo con fuerza, calmando su llanto. Regina recién salía del baño secándose le preguntó a su mamá si le pasaba algo al niño, pues no era usual verlo llorar así la expresión de mi suegra. Según cuenta, Regina se veía pálida mientras se alejaba lentamente hacia atrás. Ella le preguntó de nuevo si estaba bien. Su mamá sólo pudo pronunciar apenas las palabras suficientes para decirle sobre los zapatos. Regina se acercó a ellos y estos se acercaron a sus dedos. Ambas entraron en pánico. Los zapatitos vibraban hasta que uno se volteó. Se salieron de la casa llevándose a los niños de las en ó nó la encontré en el parque. Cuando regresé del trabajo. Ahí mismo me contaron todos sin esperarse a que llegara a la casa. Mi suegra me dijo que esos zapatos tenían algo maligno y comenzó a investigar más sobre ellos. Esa señora Doña Leo siempre me ha impresionado desde que la conocí. Ella parece que tiene algo que la hace darse cuenta de cosas que uno no ve de principio, y en esa ocasión, ella fue la que pudo hilar los cabos para entender que aquellos zapatos estaban ligados a lo que no sabía estado pasando. Como Regina, le contó todo, encontró respuestas a través de los acontecimientos. Por eso, al llegar a mi casa, sólo tuve que escuchar lo que ella creía que pasaba. Aquellos zapatitos tejidos habían sido un regalo de una amiga mía del trabajo. Llegué tan cargado un día que los dejé en la sala y pasó mucho tiempo hasta que los puse en el cuarto de Nico. Aquellos zapatos venían con ropa también tejida. Eran cosas que dijo mi amiga había pedido a unas señoras de su grupo de tejido. Todas habían donado cosas hechas por ellas mismas. Todas se colocaron en una bolsa de regalo grande y nos las había entregado mi amiga. Vimos las piezas, pero ni yo ni Regina recordábamos los zapatos. Los tiempos entre los acontecimientos fueron acomodados por Doña Leo. El regalo llegó en algún momento a los siete meses de gestación de Manuel. Eso coincidía con la primera aparición del hombre. Los zapatos sin usar estaban ahí generando la sensación de miedo en todos. En ese lugar, Regina vio la sombra del hombre del sombrero. Luego pusimos algunas bolsas debajo de la cama de Nico para quitar tantas cosas apiladas en la sala y tras eso el niño recibió la quemadura. Esos zapatos estaban ahí debajo de la cama. Estamos seguros porque ambos acomodamos muchas cosas en canastas de ropa acomodadas bajo la cama para despejar el espacio. Después, cuando mi hijo mayor asustado, comenzó a dormir con nosotros, su cuarto estaba casi siempre con la puerta cerrada y a pesar de eso, la sensación de malestar nos invadía a todos. Mi suegra nos dijo que el mal no sólo se fija a la cosa maligna, sino que invade todo el ambiente, se pega a las personas las daña. El maligno tiene muchas formas de manifestarse. Desgraciadamente, nosotros jamás hicimos caso a las señales, sobre todo yo, a pesar de que me sentía terrible durante esos meses intrigado. Le pregunte cómo sabía esas cosas. Ella me dijo que era una ayudante en la Iglesia. Ahí había visto y sabido muchas cosas. Yo sabía que ella era muy apegada a grupos para rezar o cosas por el estilo, pero era la primera vez que escuchaba que ahí pudieran saber sobre estos espíritus malignos. Le pregunté dudando porque esa sombra no había mostrado nada durante los últimos meses desde la llegada de Manuel. Ella no supo, pero imaginó que quizás estaba esperando o aguardando los zapatos. Se los habíamos puesto al Bebé. Todo el tiempo no había pasado nada. El niño seguía igual sólo lo de siempre desde que nació el recién nacido tranquilo y dormilón. Mi suegra nos dijo algo que sentí como si el mundo se viniera abajo. Nos dijo que Manuel quizás era demasiado tranquilo para ser un recién nacido, que cuando ella lo vio en la incubadora lloraba normalmente. Cuando lo cargó por primera vez, el niño se veía hasta sonrosado, pero que cuando lo volvió a ver, parecía no mirar nada. Dormía mucho. Aunque los médicos no encontraron nada, ella sabía que algo sentía. El niño nos preguntó si habíamos hablado con los doctores. Al llevarlo a rra revisión, le dijimos que sí, pero ellos no le encontraban nada malo. Mi suegra dudó. Nos dijo que quizás se equivocaba, pero regina segura de las palabras de su mamá, sabiendo que si ella lo decía era por algo, le pidió que nos trajera al padre para bendecir la casa o que mínimo nos llevara agua bendita. Yo le dije que pensaba lo mismo. Teníamos que hacer algo juro que jamás en mi vida me había sentido tan mal como aquellos meses en los que sentía que todo se nos iba de las manos, el dinero, la comida y hasta la felicidad. Esa noche regresamos a la casa a dormir. Nos preparamos para recibir al padre cuando tuviera tiempo, pues mi suegra nos dijo que tendría que pedir una cita a domicilio, al sacerdote que ella conocía. Al ingresar a la casa. Justo al entrar nos llegó un olor a podrido muy fuerte, pero no supimos de dónde venía. Por más que buscamos y limpiamos. Comenzamos a ur a buscar por todas partes los zapatos al no encontrarlos donde supuestamente los habían dejado ellas. Mi suegra fue a la tienda y trajo unas veladoras. Esa noche recé más de lo que había hecho en toda mi vida. Descansamos al dormir, pero eran cerca de las cuatro de la mañana, porque mientras estábamos pidiendo a Dios que nos librara de aquel mal, todo tronaba en la casa. Se escuchaban pequeños ruidos inquietantes, así que, sin pensarlo cerramos la recamara de los niños. Yo le puse una silla y un palo que atoraban la puerta. Por si acaso las noches siguientes fueron así o yo, gor Regina rezábamos. Mi suegra fue a su casa a buscar al padre, quien llegó a los ocho días después. Pensé que pasaría algo extraordinario, que se escucharían ruidos o pasaría algo más, pero nada. La bendición pasó como si nada. El padre Rubén llegó y pasó como si nada. Sentí que la sangre se me helaba cuando él comenzó la bendición, pero al final me preocupaba que nada pasara hasta pensé que estaba loco. Mi suegra no dijo nada. Se fue sin decir nada, Regina y yo nos quedamos igual esperando que pasara algo para saber que esa cosa se había ido. Quizás la maldad se fue inmediatamente después de que el padre llegó y posó sus pies en la casa, limpiando de todo mal el lugar. Quisiera decir que me quedé en paz, pero una corazonada me decía que algo seguía mal, pero aguardaba ese ser esperaba. Le llamé a mi compañera del trabajo para preguntarle por los zapatos. Mi pretexto fue decirle que queríamos otro paar porque se nos habían perdido y nos gustaban mucho, pero ella me respondió que no sabía nada sobre esos zapatos, que ella estaba segura que sólo había puesto un gorrito y un traje de dos piezas. Sentí terror al preguntarme si era verdad lo que decía. Ciertamente jamás había puesto esos zapatos en la bolsa de regalo. A los tres días de la bendición Regina vio al hombre de nuevo. Afortunadamente, estábamos conscientes de que la venida del padre había servido de nada, así que habíamos dejado a los niños con mi suegra mientras yo trabaja, Mi esposa iba a guardar todo poco a poco para mudarnos. En el momento que comenzó a guardar las cosas y llegó al cuarto de los niños, encontró los zapatos azules arriba de la cama de Nico. Me dijo que se veían sucios quemados, también llenos de tierra. La sombra estaba mirándola desde debajo de la cama. Los ojos le brillaban como los de un animal. Raramente seguía con ese sombrero. Parecía estar torcido para caber sus facciones eran oscuras, pero dijo que se parecían a las de un hombre muy delgado, con la piel llena de cicatrices y pegada al hueso de su cara. La miraba su erra sin párpados. La sensación hacía que sintiera que se le estrujara el pecho con desesperación. Pero era un terror tan inmenso el ver aquel hombre en la oscuridad y que está debajo de la cama de un niño que sentía terror de dejar de mirar. No podía más que permanecer atenta. Era como si estuviera cuidando que ella se descuidara para agarrarla dice que entre aquella silueta algo oscuro se movió desde atrás, algo que la hizo llorar del miedo, aunque no sabía qué era. Corrió en un arranque de fuerza y eso fue todo para ella. Regina salió corriendo de la casa sin dinero, en pijama y sandalias, dejando la puerta abierta. No hubo poder humano que la convenciera de regresar. Por las cosas de la casa. Lo dejamos todo. No había posibilidad de regresar por algo. Temíamos que fuera de nuevo Trasmanuelito. Relatos escritos y adaptados por Patricia Gonzale