Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / Mi Abuela Falleció Y Un Demonio Tomó Su Lugar Historias De Terror - Voces De La Noche
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- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más comenzamos. Muchas personas creen que el mal existe sólo en las películas de miedo, que jamás les sucederá nada similar en la vida real. Pero a veces la realidad supera la ficción. En el mundo se esconden seres del más allá que perturban la paz de algunas personas no es casualidad. Todo pasa por una razón y hay algo de lo que estoy seguro. El diablo jamás perdona a quien entra en su juego. Todo esto lo sé porque me sucedió a mí. Mi nombre es Ángel y el relato que quiero compartir sucedió hace no mucho más o menos cuatro meses. Es por eso que aún tengo frescos los recuerdos de esa pesadilla el tema de mi padre y siempre ha sido complicado para mí, puesto que él jamás estuvo conmigo cuando fui un niño. Era complicado entender por qué mis compañeros de la escuela tenían papá y yo no, Pero esos tiempos ya pasaron y un día entendí que no puedes obligar a nadie a estar en tu vida si no quiere. Mis abuelos eran los únicos que me visitaban y mi padre, de vez en cuando le daba lake a mis publicaciones en redes sociales, pero por muchos años jamás lo vi Fue hasta hace un año que entré a la universidad. Ya era mayor de edad y la escuela era de paga. Las universidades públicas no tenían la carrera que quería, así que me decidía a llamar a mi padre y le pedí su ayuda. Mi madre ya había hecho por mí y no quería que siguiera trabajando tanto cuando mi padre jamás me había dado nada, así que era su oportunidad de hacerlo. Aceptó que incluso vino a mi ciudad a conocer la universidad y a inscribirme, y luego, en las vacaciones, me invitó a su ciudad a pasar dos semanas con él y su familia. Fue algo muy raro para mí. Nunca había convivido con mi padre y mucho menos con la familia, sólo con mis abuelos, a quienes quería mucho, pero ellos me visitaban a mí. Yo jamás había estado en su casa. Mi padre tenía otros dos hijos y una esposa. La verdad no eran mis personas favoritas, porque eran muy cortantes conmigo. Era como si no existiera, y lo peor era que tenía que compartir cuarto con mis hermanos. No era muy agradable estar ahí, pero en el fondo creía que debía aguantar que quizá por fin tendría una buena relación con mi padre en esos días. De vez en cuando íbamos a comer con mis abuelos y mis tíos, quienes estaban felices de verme y todo era relativamente normal. Pasaron cuatro días y comenzaba a acostumbrarme a estar ahí. Extrañaba mi casa, pero la estaba pasando bien. Mis hermanos comenzaron a ser más amables y la esposa de mi padre también. Al octavo día llegaron los padres de la esposa de mi papá y yo tuve que quedarme con mis abuelos por dos noches y la verdad para mí era un alivio. Tendría mi propia cama. Ese día comimos y vimos muchas películas. Los abuelos y yo como a las once de la noche les di las buenas noches y me fui a dormir después de varias horas algo me despertó. Ruidos muy extraños. Provenían del cuarto de los abuelos. Vi mi reloj y eran las tres de la mañana y eso me pareció inusual que dos viejos estuvieran despiertos a esas horas. La curiosidad me ganó y fui a ver qué era. No me puse zapatos y caminé lentamente hacia su cuarto. La puerta de los abuelos estaba entreabierta, así que cuidadosamente me asomé y vi algo que me dejó sorprendido. Ambos estaban hincados completamente desnudos. Rezaban algo, pero no entendía qué. Después tomaron un recipiente del ropero y con sus manos tomaron las sustancia que estaba en él y comenzaron a untarlo por todo su cuerpo. El líquido era negro y desprendía un olor asqueroso. Después se levantaron, se tomaron de las manos y comenzaron a dar vueltas en círculos tarareando una melodía que parecía sacada del mismísimo infierno. Eso fue la gota que derramó el vaso para mí y me fui despacio a mi cuarto por mi mente pasaron muchas cosas, dudas y mucho miedo. No entendía qué significaba lo que había visto. No quería pensar mal de mis abuelos. Siempre habían sido buenos conmigo, pero no era normal ver a dos viejos haciendo eso a las tres de la mañana. Traté de dormir y por la mañana no dije nada de lo que había visto. Temía por mi seguridad, así que traté de comportarme normal y cuando mi papá fue por mí para ir a comerle con té lo que había visto, él se quedó pensando por unos segundos y me dijo que no me preocupara que mis abuelos tenían principios de enfermedad mentales por la edad, pero que no era nada serio. Me dijo que no le comentara a nadie más, porque los abuelos se sentirían apenados. Pocas personas habían de sus problemas. De algún modo tuvo sentido para mí y no pregunté más. Mi padre me dijo que debía quedarme esa noche también con ellos. Comí con mi padre en una pozolería de la ciudad y por la tarde noche me fue a dejar con mis abuelos. Traté de olvidar lo que había visto la noche anterior. Quería aprovechar el tiempo con ellos porque no sabía cuándo sería el último día que estarían completamente cuerdos. Cené leche con pan con ellos platicamos hasta tarde y aunque para ser sinceros, para mí Fue algo raro que mi abuela tratara de darme consejos de vida, porque nunca tuve a alguien que lo hiciera. Después nos fuimos a dormir y de nuevo algo me despertó a las tres de la mañana. Algo o alguien estaban arañando las paredes el o rando un ruido que lastimaba los oídos. Abrí lentamente la puerta del cuarto y me asomé con cuidado. Era mi abuelo rasguñando la pared haciendo que incluso sus dedos sangraran. Me tapé la boca para ahogar mi grito y cerré silenciosamente la puerta. No sabía si lo que mi padre me había dicho era cierto, pero no podía negar que era muy tenebroso ver a mis abuelos haciendo ese tipo de cosas los días siguientes. Por fin pude quedarme en casa de mi papá. Era una contradicción que primero deseaba dormir en casa de los abuelos y ahora me alegraba volver a la de mi padre. De vez en cuando íbamos a comer con mis abuelos y yo sólo trataba de borrar esas imágenes extrañas que tenía de ellos. Incluso traté de entender que estaban pasando por un proceso mental difícil, aunque carecía de sentido que esos comportamientos sólo los tuvieran por las noches. En fin, llegó el momento de ir a mi casa y la verdad fue un alivio, ya ya ya uer la extrañaba la normalidad y la escuela, pero los días siguientes no tuvieron nada normal. Todo comenzó cuando fui a la universidad, más o menos al medio día fui al baño y mientras me lavaba las manos, vi de reojo un movimiento en el espejo que estaba frente a mí levanté la mirada y como lo suponía, no era nada, así que abrí la llave del agua de nuevo y pasó lo mismo. Vi así el espejo y sólo estaba mi reflejo, pero con algo diferente. Era como si mi mirada estuviera llena de maldad. Moví mi cabeza hacia la derecha y de reojo vi en el espejo que el reflejo no se había movido y en su lugar estaba viéndome fijamente mientras sonreía de manera retorcida. Definitivamente la persona del reflejo no era yo. Me fui corriendo hacia mi salón y mis amigos me preguntaron si estaba bien y yo solo sentí. Estaba seguro de que lo que había visto en el espejo no era real. A lo mejor era el sueño de or el cansancio que me estaban provocando alucinaciones y por eso decidí no desvelarme esa noche y tratar de dormir lo más que pudiera para recuperar la lucidez. Antes de irme a la cama, llamé a mis abuelos para saber cómo estaban y me dijeron que bien, que no había de qué preocuparme. Me alegré al escuchar eso, fui a dormir y al día siguiente no hubo nada raro. Entonces me di cuenta de que había sido el cansancio lo que me había hecho ver eso en el espejo. Ocho días después, mientras esperaba el autobús, vi que una mariposa gigante negra salía de uno de los negocios que estaban ahí. Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Yo no creía en ninguna superstición, pero ver a ese insecto me había provocado miedo. Ese día, cuando llegué a casa, mi abuelo me llamó y me dijo que me extrañaba mucho que necesitaba que los fuera a ver, pero le dije que me era imposible porque debía ir a la escuela, pero ella insistió diciéndome que mi abuela se encontraba mal de salud y que necesitaban Verme Le dije que no podía, que lo sentía mucho, pero que en cuanto tuviera el tiempo, iría a verlos. Él dijo unas palabras que parecían otro idioma. Sonaba enojado y me colgó. Me encogí de hombros y me puse a pensar en que necesitaba ir a ver a mi abuela, pero no podía, así que sólo desee que mis exámenes pasaran rápido para poder ir. Estaba realmente preocupado, pero en el fondo sabía que mi abuela estaría bien, Así que traté de no pensar en eso por ese día y al día siguiente llamé a su casa para preguntar cómo estaba. Me contestó mi tía y me dijo que la abuela se encontraba mejor. Eso me hizo sentir mejor. Así que los siguientes días me centré en estudiar para mis exámenes y sacar buenas calificaciones y me alegré de que ya no me sucediera nada extraño. Pasó una semana más o menos cuando me llamó el abuelo diciéndome que la abuela había fallecido. Me quedé callado al teléfono y sentí cómo mi corazón se rompió. No podía creerlo. Sentía que ella era de las personas que jamás crees que morirán. Fui al funeral. Abracé fuerte a mi padre y a toda la familia. Mi abuelo no estuvo esa noche, algo que me parecía muy raro, porque era su esposa quien había muerto. Le pregunté a mi padre y me dijo que se había quedado en su casa haciendo algo importante. Estaba muy ocupado y cuando le pregunté en que él me dijo que eso no importaba. Después de una noche extremadamente triste y melancólica, fuimos a una misa por la mañana y después al entierro, al cual tampoco se presentó el abuelo. De verdad no entendía el por qué. Pensé que quizá estaba muy triste y preferiría no tener que pasar por esos eventos tan desalentadores. De cualquier modo, iría a verlo más tarde cuando terminara todo. En fin, luego del entierro, fuimos a comer a casa de mi papá y el ambiente era triste, pero sentía que mi familia en realidad no estaba tan triste. A lo mejor, no eran mucho de mostrar sus sentimientos, porque parecía que yo había sido el único que había llorado por la muerte de mi abuela. Le dije a mi padre que, por favor, me llevara con el abuelo porque quería ver cómo estaba y si necesitaba algo. Además, quería disculparme por no haber ido a ver a la abuela antes. Cuando me lo pidió. En esos momentos olvidé todo lo raro que había vivido en su casa. La última vez que había ido. Mi padre no estaba muy convencido de llevarme. Me dijo que el abuelo necesitaba estar solo, pues la pérdida de mi abuela le había dolido mucho, pero yo insistí hasta que aceptó llevarme en el camino. Le volví a preguntar por qué el abuelo no había estado en el funeral ni en el entierro, y volvió a decirme que estaba haciendo algo importante y que se sentía muy mal cuando llegamos ya estaba oscureciendo le n o le dije a mi papá que me quedaría esa noche con el abuelo para que no tuviera que pasar su primera noche sin la abuela solo mi padre. No muy convencido, me dijo que estaba bien, que al siguiente día iría por mí. Mi padre ni siquiera entró a la casa, sólo se devolvió a su carro y se fue toqué la puerta y el abuelo abrió. Cuando me vio, se le iluminaron los ojos y lo abracé. Le di mis condolencias y me dijo que lo esperara unos minutos antes de entrar, que debía guardar unas cosas. Yo le dije que sí, quería podía ayudarlo, pero me dijo que no, que esperara en el patio de enfrente. Entró a la casa y me quedé esperando. Pasaron más o menos diez minutos y se asomó a la puerta, me dijo que ya podía pasar entré y la casa olía como a algo agrio, como si algo se hubiera echado a perder. Se veía muy oscuro todo como si los focos hubieran perdido intensidad. Me senté en el sillón y miré a mi abuelo, quien sorprendentemente se veía muy tranquilo y hasta podría decir que feliz no podía creerlo. Nadie se ve así después de perder a su esposa. De hecho, pensé que estaría deshecho e incluso eso me dijo mi padre, pero no era así. Platiqué con él y traté de no sacar el tema de mi abuela, porque quizás sólo era una máscara y no quería hacerlo sentir mal. Le pregunté qué había hecho ese día y como si fuera lo más normal del mundo, me dijo que el carpintero había ido a verlo porque le había llevado un encargo, pero cuando le pregunté que le había llevado, me cambió el tema como si nunca le hubiera preguntado. Lo llevé a cenar y cuando regresamos a su casa, nos tomamos un café y nos fuimos a dormir. Esa casa me daba una vibra rara y más porque justo antes de dormir, recordé las cosas que había visto y escuchado la última vez que había estado ahí. Pero, como me había desvelado la noche anterior, en lo del entierro, tenía mucho sueño y me dormí luego, luego me desperté como a las cinco de la mañana al baño. Aún estaba algo oscuro, algo llamó mi atención mientras caminaba en el pasillo que llevaba al cuarto, donde me quedaba ruidos extraños provenían del cuarto del abuelo. Como dos personas hablando muy bajito, me asomé sigilosamente y vi algo que hasta el día presente me causa ganas de vomitar. Ni siquiera lo veo como un recuerdo de lo fuera del lugar que fue. Es como si lo hubiera soñado. Mi abuelo estaba besando a una muñeca de madera que se parecía muchísimo a mi abuela, aunque eso parezca imposible, porque la madera es un material difícil de moldear, pero tenía los mismos ojos, el mismo cuerpo, la misma ropa era una copia idéntica de ella. Pero lo raro y aterrador no fue eso, sino que esa muñeca de tamaño real se estaba moviendo su mano, tocaba la cara de mi abuelo y podría jurar que la vi sonreír retrocedí lentamente y cuando ya estuve lo suficientemente lejos, caminé más rápido para llegar hasta mi cuarto. Me sentía confundido y asustado. Sabía por mi padre que el abuelo no estaba bien mentalmente, pero nunca pensé que llegaría a ese grado. Además, entendería que hubiera mandado a hacer a la muñeca por la pérdida de la abuela, pero por qué podía moverse. Había sido mi imaginación. En esos momentos en los que los pensamientos pasaban por mi mente, recordé lo que me había pasado días anteriores cuando había visto a mis abuelos haciendo una especie de ritual la vez que mi reflejo parecía un ser maldito y cuando vi la mariposa negra, podría ser que todo estuviera conectado y comencé a desconfiar de mi abuelo. Sabía que ellos eran católicos de hueso colorado, pero ya no estaba tan seguro alguien que cree en Dios jamás vería normal ver a un muñeco de madera moviéndose, aunque con el dolor de haber perdido a su esposa, había la posibilidad de que sí tenía miedo estando en esa casa porque no sabía de qué sería capaz. El abuelo cerré la puerta del cuarto con seguro y me puse a rezar, pero algo interrumpió mis oraciones. Alguien intentó abrir la puerta y al ver que no se podía, comenzó a tocar algo. Me decía que no era mi abuelo. Pregunté si era él, pero no hubo respuesta del otro lado de la puerta. A mi edad jamás había experimentado tanto miedo en una sola noche quería salir corriendo de ahí. También me sentía furioso porque sentía que el abuelo le estaba faltando el respeto a la memoria de la abuela, pero que tal si la abuela había querido eso. Mi abuelo y mi abuela tenían una gran conexión. Desde que tengo memoria, siempre me visitaron y jamás vi algo raro en ellos. Simplemente parecía que se querían mucho y que me querían mucho también, aunque al parecer habían guardado algunos secretos oscuros. Quién es estaba tras la puerta seguía tocando, pero estaba claro que yo no iba a abrir. Intenté marcarle a mi padre, pero su teléfono mandaba a buzón y luego llamé a mi madre, quien estaba a unas cinco horas de ahí y me contestó, pero eso no servía de mucho. Además, no me creyó. Me dijo que ya durmiera y que me extrañaba. Colgué el teléfono e intenté llamar de nuevo a mi padre y por fin me contestó di Gracias a Dios y le conté lo que estaba pasando. Hablé muy bajito y cuando terminé, mi padre se quedó en silencio. Le pregunté si estaba bien y me dijo que sí, que no me preocupara y que seguramente sólo había sido mi imaginación y que, aunque no lo fuera, si el abuelo estaba feliz, así pues, no tendría que haber problema. Su respuesta me sorprendió enormemente porque me di cuenta que él sabía lo que estaba pasando ahí y también me puse a pensar en que, a lo mejor, toda mi familia paterna lo sabía y mi miedo fue mayor. Una voz comenzó a decir mi nombre a través de la puerta y me pedía que le abriera. Era mi abuela, la voz de mi abuela y eso era imposible, algo en mí sintió un gran deseo de abrir la puerta, así que lo hice. Fue un grave error del que me arrepiento enormemente hasta el día de hoy. Al salir del cuarto, me di cuenta de que no había nadie y en ese momento la puerta atrás de mi cecerrór y cuando toqué la manija, me quemé la mano porque estaba completamente caliente. No pude abrir la puerta y entonces escuché una risa que provenía del cuarto del abuelo. Era la risa de mi abuela, pero tenía un toque perverso lleno de maldad. Cuando intenté correr hacia la entrada principal, escuché a mi abuelo gritar no podía dejarlo ahí. Fui corriendo así a su cuarto y lo vi tirado en el suelo. Me dijo que le dolía mucho. La cadera que a lo mejor estaba rota. Lo ayudé a pararse y entonces sentí un golpe en la cabeza y al voltear me di cuenta de que era la muñeca de madera quien, al darse cuenta de que la había visto, se desvaneció en el suelo como si no tuviera vida. Le dije al abuelo que me esperara que buscaría ayuda y él me dijo que no le hiciera nada. A su esposa me rogó que no la tocara ni la quemara, que sólo estaba asustada. Lo miré con horror y le dije que esa cosa no era mi abuela. En ese momento me desmayé. Según mis cálculos. Pasó como media hora hasta que desperté de dolor. Mi mano estaba sangrando y me di cuenta de que no tenía el dedo. Meñique me lo habían cortado con todo el dolor del mundo. Me levanté y busqué a mi abuelo, que ya no estaba ahí. Comencé a gritar del sufrimiento de esa herida y encontré al abuelo. Estaba en mi cuarto con la muñeca. Estaba hablándole como si fuera mi abuela y vi que tenía mi dedo y lo estaba metiendo a la boca de ese objeto de manera le pedía que comiera. Mi abuelo volteó hacia la puerta y me vio. Me gritó que o me fuera de ahí, que lo único que había hecho era hacer enojar a su hermosa esposa y que no quería volver a verme. Le llamé a mi padre y le dije lo que había pasado, que necesitaba que fuera por mí en ese instante, o saldría a la calle a gritar. Me refugié en el baño mientras mi padre llegaba la sangre. No dejaba de salir de mi dedo y sentí que el mundo se me vino encima. Cuando por fin llegó mi padre y me llevó al hospital, Su esposa me vio con recelo y se quedó con mi abuelo. Escuché como dijo en voz baja que yo jamás entendería a esa familia y por eso no podría formar parte de ella jamás. Al otro día me fui a casa y hasta el día de hoy no he vuelto a contactar a mi familia paterna, mucho menos a mi abuelo. Nunca supe que sucedió con él o con la muñeca, pero prefiero no saberlo. Perdí un dedo y a mi familia y en verdad prefiero no volver a saber de ellos jamás. Relato escrito y adaptado por Lis Rajon