Latest / Reflexiones cristianas con José Ordóñez / 369 El verdadero valor de la insignificante servilleta.
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- En Colombia, un paquete de servilletas de cien unidades cuesta tres mil cuatrocientos pesos, lo que significa que cada servilleta en promedio cuesta tan solo treinta y cuatro pesos. Su valor es tan ínfimo que no existen monedas para poder pagar esos treinta y cuatro pesos, pues la moneda mínima en la actualidad es de cincuenta pesos. Si un paquete de cien servilletas en mi país cuesta menos de un dólar, imagínate lo que cuesta en dólares una sola. La cifra aún es más ínfima, pero conozco el valor que tiene una servilleta En una mesa donde se están haciendo negocios. Yo mismo, como empresario, alguna vez use alguna para carabatear proyectos y acuerdos. Si le preguntas a mis hijos, ellos te pueden hablar de la importancia que le dimos a esos insignificantes papeles cuando papá hacía concursos familiares en nuestras obligatorias cenas familiares. Así que las servilletas pueden tener un final insignificante luego de que un mortal la use para limpiarse la boca y arrojarla, o si alguien la impregna de una tinta garabateada puede llegar a tener un considerable valor. Esta es la historia de una servilleta en una mesa de un restaurante en Barcelona, un empresario y la toma escribe sobre ella una especie de contrato o, por lo menos un escrito que figura un contrato. Lo hace para que la familia de un niño argentino de catorce años se quede tranquila y sepa que el club de fútbol Barcelona, si se compromete a fichar a su hijo para que jueguen las ligas menores. Su nombre y como ya lo supones es Lío Messi considerado por algunos como el mejor jugador de fútbol de la historia. El empresario lleva la servilleta a los padres del niño y estos, al verlas, se quedan tranquilos, sabiendo que el trato en realidad es serio. Las servilletas se degradan en promedio en un término de treinta días. Los agentes degradantes de la materia las consumen hasta que no quede un solo átomo de ellas, así como le pasó a las otras noventa y nueve compañeras del paquete de donde provenía. Esta fue guardada celosamente por alguien que plasmó con tinta y luego de rúbricas y garabatos, la servilleta tomó un valor tan trascendental que permitió que la vida de un astro mundial del deporte generara para él, para su familia, para su natal argentina y para millones de personas en todo el mundo. Momentos de pasión y desenfreno. Eso sin contar el enorme caudal económico que esto significó un elemento tan insignificante que sólo bastó ser tomado por las manos adecuadas. Y hoy es una importante mercancía de su asta. La venden por la no despreciable cifra de trescientos ochenta mil dólares, imagínate vale miles de millones de veces más que una servilleta común. Con ella inclusive se podrían comprar una o varias fábricas de servilletas. En mi país, las historias tejidas debajo del cielo traen esa real trascendencia. Cuando quien maneja el destino de las situaciones, nos demuestra que puede hacer de algo insignificante o poco s valioso una gran pieza de colección en un museo como tu vida, como mi vida, obviamente somos más que una servilleta, pero si contáramos el número de seres humanos que han existido, Seríamos como uno más en un enorme paquete de seres vivientes de los que no hay registro ni memoria. No existe ni un solo átomo de tu tatarabuelo. Pocos tienen una fotografía de él o de la tatarabuela. Nadie recuerda las cosas que a ellos les preocupaban o las cosas que les quitaba. El sueño. No están, no existen, se degradan, como dice la Biblia. En Isaías, capítulo cuarenta, Dios está sentado sobre el círculo de la tierra y mira al hombre como Langostas. En el libro de Hobb capítulo o veinticinco, el hombre es llamado gusano lombriz y en Hoff, capítulo cuatro dice que habitamos casas de polvo y somos aplastados más fácilmente que una polilla A mí me encanta verlo desde la perspectiva de salmos capítulo número ocho, versículos tres y cuatro cuando contemplo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que allí fijaste y me pregunto qué es el ser humano, para qué en él pienses qué es el hijo del hombre para que lo tomes en cuenta. Son pocas las personas que trascienden más allá de las épocas y tienen una relativa importancia. A muchas de ellas inclusive no se les recuerda porque hayan dejado una huella valiosa en la historia de la humanidad. Nadie quiere recordar lo que hizo Adolph Hitler, Mussolini, el Faraón, el rey Herodes y tantos otros maquiavélicos personajes que dejaron una nefasta huella en la historia de la humanidad. Todos queremos de alguna manera dejar un legado para que nuestro recuerdo permanezca al menos por varias generaciones. Pero la verdad somos como las muchas servilletas apiladas en las bodegas de los restaurantes, listas para ser usadas y desechadas hasta que de pronto un día, una mano maravillosa nos toma de sobre la mesa y marca con tinta roja su firma garabatea una cruz y mancha casi indeleblemente las palabras lo hice por ti una simple e insignificante servilleta en las manos correctas dispuestas a darnos valor por el resto de la eternidad. No es un contrato por un jugador, no es un acuerdo deportivo, No hay números ni cifras astronómicas, porque su valor no está en las cuantías. El valor lo tiene quien la firma y al firmarla parece transmitirle el código de la inmortalidad A su lado. Es la rúbrica más importante, plasmada para todo aquel que quiera recibirla en esta firma. Parece decir de ahora en adelante, me perteneces te acabo de comprar