Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / Miré A Un Brujo Nahual Enfrentando A Unas Brujas - Historias De Terror - Voces De La Noche
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- 0:02Speaker 2: Buenos días, queridos suscriptores. Para más relatos como este, denle
- 0:07like y comparte. Sin más, comenzamos. En aquel tiempo, las
- 0:15cosas estaban muy mal en casa. Mi padre llevaba meses
- 0:20sin conseguir trabajo estable y lo poco que entraba alcanzaba
- 0:24apenas para el arroz y los frijoles. Un día, mientras
- 0:29regresábamos del mercado, lo escuché decirle a mi madre que
- 0:33había salido un encargo fuera del estado, uno bien pagado
- 0:37pero en la sierra, lejos, casi donde terminaba el camino.
- 0:42Dijo que no podía hacerlo solo, que si queríamos comer mejor,
- 0:46tendría que llevarnos a mi hermano mayor y a mí.
- 0:50No lo dudamos, pues en esa época uno no tenía opciones,
- 0:54solo trabajo o hambre. La salida fue al amanecer. Mi
- 1:00madre nos preparó atole y tortillas envueltas en trapo, y
- 1:03antes de irnos, nos pidió que no dejáramos a mi
- 1:07padre solo. La camioneta que nos llevó subió durante horas
- 1:12por una carretera que se hacía más estrecha con cada curva.
- 1:17A medida que avanzábamos, los pueblos quedaban atrás y el
- 1:20paisaje se volvía más espeso, con pinos altos y un
- 1:24aire que olía a resina. El chofer, un hombre moreno
- 1:29de voz pausada, nos dijo que allá arriba la gente
- 1:32era diferente, que hablaban su propio idioma y que hacían
- 1:36fiestas raras, pero que eran gente buena si se les
- 1:39trataba con respeto. El poblado al que llegamos se llamaba
- 1:45algo que nunca supe pronunciar. Eran pocas casas, casi todas
- 1:51de madera y una pequeña escuela de techo oxidado. El
- 1:55camino terminaba justo ahí, nos recibieron tres hombres del lugar,
- 2:00con sombreros de palma y ropa limpia pero vieja. Nos
- 2:04saludaron dándonos la mano, y uno de ellos, el que
- 2:08parecía el jefe, nos ofreció café recién hecho y pan
- 2:11de elote. Apenas hablaban español, pero eran educados, mi padre
- 2:17les explicó que veníamos listos para trabajar y que no
- 2:21nos íbamos hasta terminar. El encargo era levantar un santuario,
- 2:26así lo llamaron ellos. Nos mostraron el terreno, una planicie
- 2:32rodeada de árboles y con varias cuevas pequeñas al fondo.
- 2:37Dijeron que el lugar era sagrado, desde antes de sus abuelos,
- 2:41y que ahora querían construir ahí una casa para sus rezos,
- 2:45algo que resistiera el viento y la lluvia. El jefe,
- 2:49un anciano de cabello blanco y piel curtida, nos indicó
- 2:53el sitio para empezar a cavar. Hablaba despacio, mezclando palabras
- 2:58en su lengua. Sólo entendí que el nombre del cerro
- 3:03significaba la montaña que respira. Esa primera noche nos dieron
- 3:09alojamiento en una choza amplia, con petates y cobijas gruesas.
- 3:15Había café negro, frijoles y tortillas recién hechas, los hombres
- 3:19comieron con nosotros y durante la cena nos contaron cosas
- 3:23del lugar. Dijeron que en esas montañas a veces bajaban
- 3:28mujeres del aire, que no eran del todo humanas. Uno
- 3:33de ellos aseguró haber visto una caminando entre los pinos
- 3:37sin tocar el suelo. Mi padre rió y dijo que
- 3:40eran supersticiones, que sólo el cansancio hacía ver tonterías. El
- 3:46anciano no miró serio y dijo que si alguna noche
- 3:50escuchábamos que alguien nos llamaba por nuestro nombre, no debíamos
- 3:54mirar al cielo. Durante los primeros días trabajamos sin descanso.
- 4:01Aplanamos el terreno, colocamos piedra sobre piedra y levantamos una
- 4:06base firme. El clima era raro, en el día un
- 4:10calor seco, y por la noche un frío que calaba
- 4:13los huesos. Alrededor se escuchaban los grillos, pero también otros
- 4:18sonidos que no parecían del monte. A veces, al caer
- 4:23la tarde, se oían silbidos que se movían entre los árboles,
- 4:27como si alguien los hiciera a propósito, para que resonaran
- 4:31de un punto a otro. Mi hermano y yo los
- 4:35escuchábamos acostados en el petate, sin atrevernos a preguntar. A
- 4:41la segunda noche, le dije que tal vez eran aves,
- 4:45pero él me respondió que no había visto ninguna desde
- 4:48que llegamos. El jefe de los indígenas nos dijo al
- 4:52día siguiente que no eran pájaros, que eran ellas, probando
- 4:56si el cerro aún estaba protegido. La noticia que encendió
- 5:02la preocupación llegó al cuarto día. Un joven del pueblo
- 5:06subió corriendo desde el sendero y le habló al anciano
- 5:10en su lengua. Todos los demás se quedaron callados. Cuando terminó,
- 5:16el jefe se levantó y nos tradujo en voz baja,
- 5:19dieron humo negro en las lomas del norte.« Ellas ya
- 5:23saben que estamos construyendo». No dijo más, ordenó que se
- 5:29recogieran las herramientas y que nadie saliera después del anochecer.
- 5:35Esa tarde el aire cambió, una neblina espesa se metió
- 5:38entre los árboles y el sonido del monte desapareció. Al
- 5:43caer la noche, un viento helado recorrió el campamento, levantando
- 5:48polvo y haciendo chillar las láminas. Los perros del poblado
- 5:53comenzaron a ladrar sin parar, todos mirando hacia el cerro
- 5:57con el lomo erizado. El anciano reunió a los hombres
- 6:02junto a la fogata, yo estaba sentado junto a mi
- 6:05padre y mi hermano, tratando de mantener las manos cerca
- 6:09del fuego. El anciano tenía una mirada que no olvidaré nunca.
- 6:15Dijo que en sus sueños había visto sombras bajando por
- 6:19la loma y que esa misma noche cruzarían el río.
- 6:23Nos advirtió que debíamos mantenernos juntos, que si alguien oía
- 6:27su nombre o un silbido cerca, no respondiera. Mi padre
- 6:33quiso bromear para quitar tensión, pero el anciano le puso
- 6:37una mano en el hombro. Las brujas ya bajaron del cerro,
- 6:43le dijo con voz grave, y no miren al cielo
- 6:46si escuchan que alguien los llama por su nombre. Nadie
- 6:51habló después de eso, el fuego crepitaba lento, y los
- 6:55perros allá lejos, seguían ladrando como si vieran algo que
- 6:59nosotros no podíamos ver. A la mañana siguiente, el ambiente
- 7:05se sentía distinto, el sol apenas asomaba entre la neblina
- 7:09y el aire olía a tierra mojada con un toque
- 7:12a carbón, como si alguien hubiera encendido algo durante la madrugada.
- 7:17Nadie hablaba mucho, los indígenas que trabajaban con nosotros se
- 7:22levantaron antes de que saliera el sol y comenzaron a
- 7:25cavar una zanja alrededor de la obra. Mi hermano y
- 7:29yo los observamos, sin entender muy bien qué hacían. El
- 7:35jefe del grupo, el anciano de cabello blanco, nos explicó
- 7:39que estaban colocando piedras negras grabadas con símbolos. Dijo que
- 7:45servían para proteger el lugar de las que no sangran.
- 7:49No le preguntamos más, pero se me quedó grabada esa frase.
- 7:54Las que no sangran, parecía decirlo con respeto y miedo
- 7:58a la vez. El resto del día trabajamos en silencio,
- 8:03mi padre trataba de animarnos, pero era evidente que el
- 8:07ambiente había cambiado. Los hombres del pueblo apenas comían y
- 8:12no se alejaban ni un metro del campamento. Cada tanto,
- 8:17uno levantaba la mirada hacia el cerro, como esperando ver
- 8:20algo moverse. Esa noche no hubo risas ni historias alrededor
- 8:26del fuego. Los indígenas oraron en su lengua durante largo
- 8:31rato y después apagaron las brasas. Me acosté en mi
- 8:36tienda sin sueño y el silencio era tan profundo que
- 8:39podía escuchar mi propia respiración. En algún momento, ya entrada
- 8:45la madrugada, escuché pasos afuera. Eran lentos, suaves, como si
- 8:51alguien caminara descalzo sobre la tierra. Luego vino otro sonido,
- 8:56un roce constante, como si arrastraran ramas secas alrededor de
- 9:01las tiendas. Mi hermano también lo escuchó, lo sentí moverse
- 9:07a mi lado, pero ninguno de los dos dijo nada.
- 9:11El aire dentro de la tienda se volvió pesado, casi irrespirable.
- 9:16Entonces se oyó un llanto, era fino, prolongado, con un
- 9:21tono que subía y bajaba como si lo hiciera una mujer,
- 9:24que no terminaba de romper en llanto. No era de
- 9:28un animal, lo sabía. Los perros comenzaron a aullar todos
- 9:34al mismo tiempo. Algunos se soltaron y corrieron al bosque,
- 9:38en medio del alboroto, uno de los indígenas gritó algo
- 9:42en su idioma. Después otro repitió lo mismo en español,
- 9:47ya vienen por el aire. Mi padre se levantó para asomarse,
- 9:53pero el anciano lo detuvo. Nos ordenó apagar la lámpara
- 9:57y que no levantáramos la cabeza por ningún motivo, le
- 10:01obedecimos sin chistar. Afuera, el viento soplaba con fuerza y
- 10:06entre los árboles se empezaron a ver luces. Eran pequeñas, azuladas,
- 10:12moviéndose de un punto a otro con velocidad, como luciérnagas gigantes.
- 10:19Mi hermano susurró que debían ser insectos, pero antes de
- 10:23que terminara de hablar, una de esas luces bajó hasta
- 10:26el borde del campamento y se apagó. Acto seguido se
- 10:31escuchó una risa. Aguda, corta, como la de una mujer burlona.
- 10:38Después vino otra, y otra más. Parecía que se reían
- 10:42desde distintos lugares alrededor de nosotros. Los indígenas se echaron
- 10:49al suelo, boca abajo, y nos hicieron señas para hacer
- 10:53lo mismo. Yo no podía ver nada, solo escuchaba el
- 10:57viento y las risas, cada vez más cercanas. Algo silbó
- 11:02sobre mi cabeza, como si hubiera pasado volando algo grande.
- 11:07El anciano empezó a rezar en su lengua, una oración
- 11:10que repetía rápido y sin pausas. Entonces se oyó un
- 11:16golpe seco, fuerte, como si algo muy pesado hubiera caído
- 11:20en la tierra. Los perros callaron al instante y nadie
- 11:25se atrevió a moverse. Estuvimos así varios minutos, inmóviles, hasta
- 11:31que el silencio se hizo tan profundo que el zumbido
- 11:34en mis oídos me dolía. No sé en qué momento
- 11:38me quedé dormido, pero cuando desperté, el sol ya estaba alto.
- 11:44Al salir de la tienda, vi a todos reunidos en
- 11:47el borde del campamento. Me acerqué y entendí de inmediato
- 11:52por qué. En el suelo, justo donde terminaba la zanja
- 11:56de piedras negras, había una huella enorme, con forma humana,
- 12:01pero con los dedos alargados y torcidos hacia atrás. No
- 12:06parecía hecha por un pie normal. Uno de los hombres
- 12:10la cubrió con tierra y nadie volvió a mencionarla. Esa
- 12:15tarde llegó el patrón, era un mestizo de unos 50 años,
- 12:20conocido en el pueblo. Venía en una camioneta vieja y
- 12:24traía un maletín lleno de billetes. Pagó una parte del
- 12:29trabajo adelantada y nos dijo que no nos preocupáramos por
- 12:33los ruidos ni por los rumores. Contó que había mandado
- 12:37llamar a un curandero de confianza que llegaría esa misma
- 12:41noche a proteger la obra y a todos los que
- 12:44estábamos ahí. Al caer el sol, el curandero apareció. Venía
- 12:51montado en un caballo negro y llevaba una chaqueta de piel.
- 12:56Era un hombre delgado, de piel morena, con una expresión seria.
- 13:02No se presentó ni saludó. Solo pidió agua y caminó
- 13:06directo hacia el centro del campamento, traía una bolsa de
- 13:10piel colgada al hombro y una crucecha de hueso atada
- 13:14al pecho con una cuerda. El anciano lo saludó con
- 13:19respeto y ambos se apartaron a hablar unos minutos. Luego,
- 13:24el curandero dio la orden de apagar todas las fogatas
- 13:28y que nadie encendiera fuego hasta que él lo indicara.
- 13:32Dijo que la oscuridad atraía a las brujas, pero la
- 13:35luz las guiaba directo a quien la encendía. Nos quedamos
- 13:41a oscuras escuchando los pasos del caballo que se alejaba
- 13:44hacia el bosque. pasaron las horas sin que regresara. A medianoche,
- 13:51cuando el aire se volvió helado, un grito desgarrador retumbó
- 13:55entre los árboles. No era humano, el caballo relinchó y
- 14:00el ruido de casco se perdió en la distancia. El
- 14:05anciano quiso salir, pero los demás lo sujetaron. Mi padre
- 14:10murmuró que quizá el curandero había encontrado a las brujas,
- 14:13pero nadie respondió. Permanecimos despiertos, inmóviles, hasta que la noche
- 14:20empezó a volverse más clara. Justo antes del amanecer, se
- 14:26escuchó un rugido. Era grave, profundo, diferente a cualquier animal
- 14:31que yo conociera. No duró mucho, pero hizo vibrar la tierra.
- 14:38Después vino un silencio absoluto que duró varios minutos. El
- 14:43sol salió poco después, y el aire olía de nuevo
- 14:46a tierra mojada, pero esta vez con un fondo metálico,
- 14:50como sangre seca. Nadie lo dijo, pero todos sabíamos que
- 14:54algo había pasado en el bosque esa noche. Y aunque
- 14:58el curandero no volvió, las risas tampoco se escucharon más.
- 15:05Cuando amaneció, el curandero no volvió. Nadie lo dijo en
- 15:10voz alta, pero todos sabíamos que no lo veríamos más.
- 15:14El caballo había regresado solo, cubierto de lodo y con
- 15:18espuma en el hocico. A unos metros del campamento, entre
- 15:23los arbustos, encontramos ramas partidas y rastros de sangre fresca,
- 15:28las huellas eran confusas, mezcladas con otras más grandes, como
- 15:32si algo pesado hubiera sido arrastrado hacia el bosque. El
- 15:38jefe de los indígenas reunió a todos. Tenía la mirada cansada,
- 15:43pero hablaba con firmeza, y nos dijo que una bruja
- 15:46había sido cazada, pero que no debíamos alegrarnos, porque también
- 15:51algo había salido herido. Algo que según sus palabras, no
- 15:56pertenece al mundo de los vivos, pero tampoco al de
- 15:59los muertos. Aseguró que el cerro estaba en equilibrio sólo
- 16:04mientras esa cosa permaneciera dormida y que debíamos terminar la
- 16:08obra cuanto antes, antes de que la noche reclamara lo suyo.
- 16:14Durante los días siguientes trabajamos con un miedo silencioso. Nadie
- 16:20se atrevía a mencionar al curandero ni a las luces
- 16:23que habíamos visto. Sólo el golpeteo de las palas y
- 16:27el sonido de las piedras rompiéndose llenaban el aire. Los
- 16:33indígenas rezaban en voz baja mientras cargaban material y cada
- 16:37tarde encendían humo de copal en los cuatro puntos del terreno.
- 16:43Decían que así se mantenían lejos los espíritus de las brujas.
- 16:49Una tarde, el cielo se puso gris de golpe y
- 16:52el aire se volvió pesado, sin viento. Mi hermano y
- 16:57yo estábamos cargando piedras cerca del borde del campamento cuando
- 17:01escuchamos un grito. Era la voz de mi padre. Corrimos
- 17:07hacia él y lo encontramos de pie mirando hacia el
- 17:10bosque con la boca entreabierta. Le temblaban las manos y
- 17:15le preguntamos qué pasaba y sólo señaló con un dedo
- 17:18hacia arriba. Entre los árboles, a contraluz del atardecer, se
- 17:25veía una figura. Era una mujer, cubierta con trapos viejos,
- 17:30no caminaba ni volaba, simplemente se deslizaba entre las ramas.
- 17:36Tenía los ojos encendidos, de un color que no sé describir,
- 17:40entre amarillo y blanco. Se quedó quieta, observándonos, y luego
- 17:45se perdió entre los pinos sin hacer ruido. Mi padre
- 17:50juró que era una de las brujas que había logrado
- 17:54sobrevivir al ataque del curandero. El anciano del grupo dijo
- 17:59que si la habíamos visto sin que ella huyera, significaba
- 18:02que no nos temía. Esa noche, todos sabíamos que algo
- 18:07iba a pasar. El viento comenzó a soplar antes del anochecer.
- 18:13Las fogatas se apagaron solas, una tras otra, como si
- 18:17alguien la soplara desde lejos. Los perros del poblado, que
- 18:22solían dormir cerca de los indígenas, salieron corriendo hacia el
- 18:26monte con el rabo entre las patas. Y en cuestión
- 18:30de minutos, el lugar quedó en una oscuridad total. Los
- 18:36hombres se refugiaron dentro de las tiendas, yo traté de
- 18:39hacerlo también, pero un susurro me detuvo. Venía de afuera,
- 18:44tan claro como si alguien me hablara al oído. Dijo
- 18:48mi nombre, una sola vez, alargando la última sílaba, sentí
- 18:53un escalofrío que me recorrió el cuerpo entero. Salí con cuidado,
- 18:58mirando en todas direcciones, pero no había nadie. A unos metros,
- 19:05entre la neblina, vi una sombra de mujer que se
- 19:08movía despacio y parecía flotar. No tenía rostro, sólo un
- 19:13hueco oscuro donde deberían estar los ojos. Avanzaba directo hacia mí,
- 19:19pero no podía moverme. Era como si el aire se
- 19:23hubiera vuelto espeso, extendió una mano delgada, gris, con dedos
- 19:28larguísimos que terminaban en puntas negras. Cuando estaba por tocarme,
- 19:35algo la golpeó desde un costado, con tal fuerza que
- 19:38la lanzó varios metros. Escuché un rugido bajo, ronco, que
- 19:43me hizo vibrar el pecho. En eso, desde el suelo
- 19:48se levantó una figura enorme, cubierta de barro, con los
- 19:52brazos tan largos que casi tocaban el suelo. En su
- 19:56rostro no había rasgos humanos, sólo una mandíbula abierta, llena
- 20:00de dientes irregulares, que se movía sin sonido. La sombra
- 20:06de la bruja chilló, y el monstruo la tomó del
- 20:09cuello y la arrastró hacia el bosque, rompiendo ramas a
- 20:13su paso. Yo caí de rodillas, temblando, sin poder respirar.
- 20:19Detrás de mí, los indígenas comenzaron a rezar a gritos,
- 20:24repitiendo palabras que no entendía. El ruido duró varios minutos,
- 20:30luego cesó de golpe, y todo quedó en silencio. No
- 20:35se escuchaba ni un insecto, ni los perros, ni el viento.
- 20:40Sólo el crujido de las brasas, y me quedé en
- 20:42el suelo hasta que amaneció. Cuando el sol salió, el
- 20:48campamento parecía otro. Las tiendas estaban cubiertas de polvo y
- 20:53las ramas caídas formaban un círculo alrededor del terreno. En
- 20:58los árboles había plumas negras pegadas al tronco, como si
- 21:02hubieran sido lanzadas. El aire olía a sangre seca y
- 21:07a ceniza. El anciano reunió a todos y dijo que
- 21:12el cerro había sido limpiado, que el monstruo había cumplido
- 21:15su parte, pero que debíamos marcharnos antes del anochecer, porque
- 21:20la tierra reclamaría silencio. Nadie discutió, empacamos las herramientas y
- 21:27recogimos lo necesario. El patrón nos pagó más de lo
- 21:31acordado y solo dijo, no hablen de lo que vieron,
- 21:35esto termina aquí. El trabajo se dio por terminado antes
- 21:40de tiempo y la comunidad nos despidió en silencio. Mientras
- 21:45bajábamos por el camino, sentí que alguien nos observaba desde
- 21:49el bosque. No volteé, pero supe que algo seguía ahí, esperando.
- 21:57Semanas después, mi padre regresó para entregar unas herramientas. Pero
- 22:03cuando volvió, lo noté diferente. Contó que al llegar ya
- 22:07no había nada, ni la base de piedra, ni la zanja,
- 22:11ni las tiendas. Sólo tierra removida y cenizas esparcidas por
- 22:16el viento. Dijo que el cerro estaba en calma, pero
- 22:20que se escuchaban risas muy suaves al caer la tarde.
- 22:26Desde entonces, a veces sueño con ese lugar. Veo el
- 22:30bosque cubierto de neblina, las risas de las brujas y
- 22:34el rugido del monstruo, pero cuando despierto, el cuarto huele
- 22:38a tierra quemada y siento el eco de risas lejanas
- 22:41que parecen venir de los árboles. Nunca volví a saber
- 22:47qué era aquella criatura, pero estoy seguro de que las
- 22:50brujas no murieron esa noche. Solo se fueron a esperar
- 22:55el siguiente llamado. Regresé a mi pueblo, después de casi
- 23:06veinte años de no pisar esa tierra. Había crecido entre
- 23:10el olor a sal y lodo del manglar, pero la
- 23:13ciudad me había ido borrando de a poco la costumbre
- 23:16del calor pegajoso y los zancudos que se metían hasta
- 23:20por las costuras de la ropa. Volví porque tenía que
- 23:24vender la casa de mi tía Celia, una construcción vieja
- 23:28de techo de lámina levantada sobre pilotes a orillas del canal.
- 23:33Ella había muerto hacía ya cuatro años, y nadie del
- 23:36pueblo quiso hacerse cargo de su casa, pues decían que
- 23:41ahí se sentían cosas. El camino que llevaba hasta allá
- 23:47estaba cubierto de maleza, con el agua estancada en los
- 23:50costados y las raíces de los mangles sobresaliendo como huesos.
- 23:56El aire tenía ese olor espeso a humedad, mezclada con podredumbre,
- 24:00un olor que no se olvida aunque pasen los años.
- 24:05Al fondo, entre los troncos retorcidos, se alcanzaba a ver
- 24:09el reflejo verdoso del agua del canal. La casa de
- 24:13mi tía seguía igual, las paredes manchadas, el techo hundido
- 24:17por el salitre y las ventanas cubiertas con trapos oscuros.
- 24:23Siempre había escuchado que la gente le tenía miedo, decían
- 24:27que curaba con hierbas, pero también que hacía trabajos. Algunos
- 24:32aseguraban que enterraba cosas en el patio, para enfermar a
- 24:36la gente que le debía dinero, o para callar a
- 24:38quienes hablaban de más. A mí me crió unos meses,
- 24:43cuando mi madre enfermó, y aunque era dura, nunca le
- 24:46vi hacer nada raro. Solo recuerdo que por las noches
- 24:51se sentaba frente al altar y murmuraba oraciones que no
- 24:55estaban en ningún catecismo. Cuando empujé la puerta, el aire
- 25:01adentro era más caliente que afuera. Todo seguía en su sitio,
- 25:06los frascos de alcohol en una repisa, las botellas de
- 25:09vidrio con líquidos oscuros, los ramos secos de plantas colgados
- 25:13del techo. En la mesa había una libreta gruesa cubierta
- 25:17de polvo. La abrí y encontré nombres escritos con lápiz,
- 25:22algunos tachados, otros con fechas al lado. Mi madre estaba
- 25:27entre ellos, y junto a su nombre decía pagado. Recordé
- 25:32que mi tía siempre repetía lo mismo, todo lo que
- 25:35se hace se paga en la misma tierra. Al caer
- 25:40la tarde, me senté en la galería a revisar papeles.
- 25:45El cielo se había vuelto rojo y el zumbido de
- 25:47los insectos era tan fuerte que parecía venir de todos lados.
- 25:53No había electricidad, así que encendí una lámpara de pilas
- 25:57y seguí leyendo la libreta. Entre las páginas, una hoja
- 26:02doblada tenía mi nombre, escrito con la misma letra. No
- 26:07había fecha, ni palabra alguna al lado, sólo mi nombre.
- 26:13Guardé la libreta y salí al patio a tomar aire.
- 26:16La luna apenas iluminaba el canal, pero el reflejo alcanzaba,
- 26:21para ver el lodo, brillar entre las raíces del mangle.
- 26:25Fue entonces cuando escuché un sonido, como si alguien arrastrara
- 26:29algo pesado por el suelo, una bolsa o un costal húmedo.
- 26:34Pensé que podía ser un animal y avancé despacio hacia
- 26:37el ruido. El suelo estaba blando y se me hundían
- 26:42los zapatos. El arrastre se detuvo y solo quedó el
- 26:46sonido de las ranas y el agua moviéndose a lo lejos.
- 26:51Alumbré con la lámpara y vi unas huellas frescas sobre
- 26:54el barro, pequeñas, más chicas que las de un adulto,
- 26:58con los dedos hundidos hasta el fondo. No eran de
- 27:02perro ni de cerdo y estaban tan marcadas que se
- 27:05notaba el borde de las uñas. Seguían hacia el manglar,
- 27:10en línea recta, hasta perderse entre las raíces. Me quedé
- 27:16quieto varios segundos, escuchando. En el aire se mezclaba el
- 27:21olor del lodo con algo más, un olor agrio, como
- 27:24carne guardada mucho tiempo. Di unos pasos más, y el
- 27:29agua del canal se movió sola, haciendo ondas lentas, aunque
- 27:33no soplaba el viento. Sentí que me observaban desde adentro,
- 27:38detrás de los troncos. Regresé a la casa sin mirar atrás,
- 27:44cerré la puerta y me senté en la silla de
- 27:46la cocina con la lámpara alumbrando el suelo. El ruido
- 27:51del arrastre volvió, pero más lejos, como si se alejara
- 27:55entre el manglar. Aún así, el aire seguía igual de pesado,
- 28:00y cada tanto se escuchaba un chapoteo corto, como si
- 28:04algo saliera o entrara al agua. Esa noche no dormí,
- 28:09me quedé observando la libreta sobre la mesa, con la
- 28:12hoja donde estaba mi nombre abierta. Afuera, los zancudos seguían zumbando,
- 28:18y el calor no bajó ni un grado. De madrugada,
- 28:23cuando el gallo del vecino cantó, salí otra vez al patio.
- 28:28Las huellas seguían ahí, marcadas con precisión, pero algo había cambiado,
- 28:33ya no terminaban en el manglar. Venían de regreso y
- 28:38se detenían justo frente a la puerta de la casa.
- 28:43Decidí quedarme unos días más para limpiar la casa antes
- 28:46de ponerla en venta. Había humedad en todas partes, los
- 28:51cajones hinchados, las paredes llenas de moho y una capa
- 28:55de polvo que se levantaba con cada paso. Me parecía
- 28:59injusto dejarla así, como si nadie la hubiera habitado. Además,
- 29:05necesitaba revisar bien los papeles y asegurarme de que no
- 29:09quedaran documentos de valor. El pueblo estaba casi vacío, los
- 29:14pocos vecinos que seguían ahí sólo salían temprano y regresaban
- 29:18antes de que oscureciera. Una tarde, mientras barría la galería,
- 29:25se acercó un hombre con sombrero de palma. Tenía la
- 29:29piel curtida por el sol y las manos llenas de manchas.
- 29:33Dijo llamarse Don Eliseo, que vivía más arriba, del otro
- 29:38lado del camino. Se detuvo a cierta distancia sin atreverse
- 29:42a cruzarla cerca. Me preguntó si pensaba quedarme mucho tiempo
- 29:47y cuando le dije que tres o cuatro días, me
- 29:51miró con seriedad. Dijo que nadie debía dormir en esa
- 29:55casa más de tres noches seguidas. No me explicó por qué.
- 30:01Solo dijo que mi tía nunca se fue del todo
- 30:04y que el aire del lugar se cargaba después del
- 30:07tercer día. No le creí, pero su forma de hablar
- 30:12me dejó intranquilo, me limité a agradecerle y seguí barriendo.
- 30:17Esa noche, el calor se volvió insoportable, no era el
- 30:21mismo bochorno del día, sino un calor que subía desde
- 30:25el suelo. Me costaba respirar, pues el aire estaba espeso,
- 30:30olía a sal y a tierra mojada. Entré al baño
- 30:35para lavarme la cara y noté que del drenaje salía
- 30:38una espuma oscura. El agua no corría, se formaba un
- 30:43charco con un olor ácido, pesado, que me obligó a
- 30:46cubrirme la boca. Intenté limpiar con una varilla y sentí
- 30:51que algo duro se atoraba en el tubo. Quité la
- 30:55tapa del registro y entre el agua negra encontré una
- 30:59bolsa amarrada con hilo rojo. Era del tamaño de una mano,
- 31:05pero el nudo estaba tan apretado que tuve que cortarlo
- 31:09con una navaja. Adentro había cabello enredado, una uña y
- 31:14un pedazo de papel doblado muchas veces. Lo abrí con
- 31:18cuidado y vi mi nombre completo, que estaba escrito ahí,
- 31:22con la misma letra que en la libreta. El papel
- 31:26estaba manchado, como si lo hubieran guardado húmedo. En ese
- 31:31momento me mareé, sentí una presión en el pecho y
- 31:35un temblor leve en los brazos. El aire dentro del
- 31:39baño se volvió más caliente y tuve que salir para
- 31:42no vomitar. Me senté en el suelo de la cocina,
- 31:47el dolor en el pecho iba y venía y cada
- 31:50vez que respiraba profundo sentía un pinchazo. Pensé que era
- 31:56por el calor o por los años de cigarro, pero
- 31:58algo en mi cabeza no dejaba de dar vueltas, la bolsa,
- 32:02mi nombre y el drenaje tapado. Tomé la libreta de
- 32:06la tía y la revisé de nuevo. En una de
- 32:10las últimas páginas estaba mi nombre, junto al de mi madre.
- 32:15Al lado del suyo decía pagado, pero al lado del mío,
- 32:19con letra firme, decía pendiente. El dolor en el pecho
- 32:24volvió más fuerte, me levanté para tomar agua, pero las
- 32:28manos me temblaban tanto, que derramé el vaso. Afuera, los
- 32:34insectos zumbaban sin parar. Esa noche intenté dormir en una
- 32:40hamaca del corredor, pero el sueño no me llegó. Pues
- 32:44cada tanto, se escuchaba el arrastre otra vez, igual que
- 32:48la primera noche, sólo que más cerca. No era un
- 32:52ruido constante, sino intervalos largos, como si algo pesado se
- 32:57moviera por el lodo y luego se detuviera a escuchar.
- 33:01Me quedé inmóvil, con la lámpara apuntando al patio. A
- 33:06eso de las dos de la madrugada, vi movimiento entre
- 33:10los mangles. Eran figuras delgadas, oscuras, que se deslizaban entre
- 33:15el agua y la tierra, sin hacer ruido. No tenían
- 33:20forma definida, pero se distinguían por el brillo del lodo
- 33:23en sus cuerpos. Parecían avanzar a la par, doblándose y
- 33:28levantándose como si respiraran. Me levanté para acercarme un poco,
- 33:34pero al dar el primer paso, se escuchó un chapoteo
- 33:37seco en el canal y las figuras desaparecieron. Regresé al
- 33:43interior y cerré la puerta con tranca. El calor no
- 33:47bajaba y el zumbido seguía en los oídos como un
- 33:50silbido constante. Cuando amaneció, bajé al canal con intención de
- 33:56revisar el agua. La superficie estaba llena de hojas y
- 34:00ramas y un olor a podrido salía desde la orilla.
- 34:04Noté algo flotando más lejos, un bulto alargado que se
- 34:08movía lento con la corriente. Tomé una rama para acercarlo.
- 34:15Era un costal viejo, amarrado en las puntas, estaba hinchado,
- 34:19y de adentro salía un líquido oscuro que se mezclaba
- 34:22con el agua. Con esfuerzo logré arrastrarlo hasta la orilla,
- 34:27y el nudo se dio y el costal se abrió
- 34:29de lado. Dentro, había trapos húmedos y huesos pequeños, que
- 34:35la verdad no parecían de animal, algunos tenían forma de falanges,
- 34:39otros eran planos como los de una costilla, pero el
- 34:43olor me revolvió el estómago. Al tocar uno de los trapos,
- 34:48noté que tenía cosido un pedazo de tela blanca con
- 34:52letras escritas a mano. Alcancé a leer sólo una palabra, deuda.
- 34:58Lo solté de inmediato y retrocedí hasta tropezar con las raíces.
- 35:03El costal se hundió despacio, como si algo lo jalara
- 35:07desde abajo, y en cuestión de segundos desapareció. Me quedé
- 35:13mirando el agua, hasta que dejó de moverse. El sol
- 35:17apenas salía y ya se sentía el calor subiendo desde
- 35:20el suelo, quise pensar que todo tenía una explicación, pero
- 35:24el pecho me dolía más y la piel me ardía,
- 35:27como si me hubieran raspado. Subí al porche y vi
- 35:32en la pared junto a la puerta una marca reciente,
- 35:35tres líneas cruzadas con algo oscuro, como si las hubieran
- 35:39hecho con carbón o con sangre seca. Ahí entendí que
- 35:44no debía haber pasado la tercera noche en esa casa.
- 35:49No dormí el resto de la noche, el dolor en
- 35:52el pecho seguía, aunque más leve, y la marca en
- 35:56la pared parecía más oscura que antes. Apenas amaneció, empecé
- 36:01a empacar lo poco que había traído. Quería largarme de
- 36:06ahí antes de que el sol subiera. Afuera, el aire
- 36:10era espeso, y una neblina baja cubría el canal. Caminé
- 36:15hacia la camioneta, pero el motor no encendió. Giré la
- 36:20llave una y otra vez, hasta que el sonido se
- 36:23apagó por completo. Revisé el teléfono, pero estaba sin señal.
- 36:29Era como si el aire mismo bloqueara todo lo que
- 36:32venía de afuera. Decidí irme a pie. La carretera quedaba
- 36:39a unos tres kilómetros y conocía bien el camino. Tomé
- 36:44una mochila y cerré la casa sin mirar adentro. El
- 36:48suelo estaba húmedo, las huellas de los días anteriores seguían
- 36:52marcadas y más profundas, como si algo las hubiera hundido
- 36:56con fuerza durante la noche. Caminé por la vereda de
- 37:00lodo y ramas secas, avanzando entre el zumbido de los insectos.
- 37:05Pero a cada paso, el olor del manglar se volvía
- 37:08más fuerte. Cuando pasé junto al canal, noté movimiento entre
- 37:14las raíces. Pensé que era un animal, pero el ruido
- 37:19era diferente, más pausado, como el de alguien respirando despacio.
- 37:24Me detuve y miré con atención. Entre los mangles, sentada
- 37:29sobre el barro, había una mujer. Tenía el cabello cubierto
- 37:34de lodo, caído sobre la cara y los brazos descansando
- 37:38sobre las rodillas. Llevaba un vestido que parecía hecho con
- 37:43trapos viejos y el agua le llegaba hasta la cintura.
- 37:48Sentí un escalofrío cuando levantó la cabeza. La lámpara que
- 37:53traía en la mochila alcanzó a iluminarle el rostro y
- 37:57me quedé helado. Era igual a mi tía Celia, la
- 38:01piel húmeda, los ojos abiertos, el mismo lunar junto a
- 38:05la nariz. Todo idéntico, salvo que su voz no sonaba
- 38:10como la recordaba. Dijo mi nombre, sin moverse, luego con
- 38:15un tono seco, repitió, nadie sale con deuda. No supe
- 38:21qué responder, quise convencerme de que era una alucinación, pero
- 38:26el olor del barro y la forma en que el
- 38:28agua se movía a su alrededor eran demasiado reales. Y
- 38:33luego me volvió a hablar, me dijo, viniste a pagar
- 38:36lo que quedó pendiente. Retrocedí sin dejar de verla, y
- 38:42cada paso se sentía pesado, como si el lodo me
- 38:45tirara de los tobillos. Cuando di la vuelta para correr,
- 38:49escuché como el agua del canal se agitaba detrás de mí,
- 38:53salpicando con fuerza. No quise mirar, corrí hasta la casa, jadeando,
- 38:59con el corazón latiéndome en la garganta. Entré y tomé
- 39:05las llaves, la mochila y la libreta. Afuera el aire
- 39:09había cambiado, todo estaba quieto. No se oían ni los
- 39:13grillos ni las ranas, y el calor seguía, pero el
- 39:17ambiente se sentía vacío, como si el mundo se hubiera
- 39:20detenido por un instante. Cuando bajé al camino, sentí un
- 39:25zumbido agudo en los oídos. Era el mismo sonido que
- 39:29había escuchado antes, pero más fuerte, como si viniera desde
- 39:34adentro de mi cabeza. El suelo empezó a moverse bajo
- 39:39mis pies, la verdad me costaba mantener el equilibrio. El
- 39:44zumbido se mezclaba con un rumor, algo parecido a una respiración.
- 39:49Quise seguir avanzando, pero las piernas me fallaron y sentí
- 39:53que el pecho se apretaba y que el aire se
- 39:56me escapaba. En eso, alcancé a ver el manglar moverse,
- 40:01como si algo grande pasara por debajo del agua. Después,
- 40:05todo se volvió oscuro. Desperté al día siguiente tirado en
- 40:11el porche, cubierto de barro, tenía las manos sucias hasta
- 40:15los codos y una marca roja en el pecho, redonda,
- 40:19del tamaño de una moneda grande. Me dolía al tocarla,
- 40:24como si me hubiera quemado. El sol ya estaba alto
- 40:28y la camioneta, sin explicación, encendió al primer intento. Subí
- 40:34sin revisar nada más y conduje hasta la carretera sin
- 40:38voltear la vista hacia atrás. El pueblo quedó a mis
- 40:43espaldas y no regresé. Vendí la casa por medio de
- 40:48un abogado unos meses después sin volver a poner un
- 40:51pie en esa tierra. Con el tiempo supe por conocidos
- 40:56que la demolieron. Decían que durante las obras el agua
- 41:00del canal subía y se volvía espesa, como si hirviera.
- 41:05Los trabajadores no duraban más de un día y algunos
- 41:09aseguraban haber visto luces moviéndose entre los manglares al anochecer.
- 41:16Pasaron los años y nunca logré olvidar lo que vi
- 41:19aquella madrugada. A veces sueño con el mismo camino, con
- 41:24la neblina cubriéndolo todo y el zumbido en los oídos,
- 41:27pero en esos sueños siempre escucho la misma frase, dicha
- 41:31con la voz de mi tía, nadie sale con deuda.
- 41:36Una vez, en una visita a Veracruz, platiqué con un
- 41:39pescador viejo que conocía bien la zona. Me contó que
- 41:44todavía hay quienes ven una figura de mujer entre los manglares, sentada,
- 41:48con el cabello lleno de lodo. Dicen que por las noches,
- 41:53cuando baja la marea, se escuchan voces que repiten nombres,
- 41:57y uno de ellos es el mío. No sé si creerlo,
- 42:02pero desde entonces evito pasar cerca del mar, me basta
- 42:06con sentir el olor de lodo para que el pecho
- 42:09me empiece a doler, justo donde quedó la marca. A
- 42:13veces pienso que la deuda nunca se pagó, que solo
- 42:16me dejaron ir un tiempo. Y cuando el aire se
- 42:20vuelve caliente de golpe, como si subiera desde el suelo,
- 42:24sé que algo sigue moviéndose allá, entre las raíces, esperando
- 42:28que alguien vuelva a esa casa que ya no existe.
- 42:33Fui con la esperanza de poder conseguir algo de dinero
- 42:36por la casa, como una herencia, pero lo único que
- 42:39heredé de esa bruja fue una deuda con algo más
- 42:43terrible de lo que me puedo imaginar. Mi herencia fue
- 42:47una maldición, que yo ni culpa tengo, ni siquiera sé
- 42:50de qué se trata, pero ahora tengo que pagar. La
- 43:01primera vez que pasé por Santa María del Río, vi
- 43:04a alguien parado en el campanario del templo viejo. Me
- 43:08pareció un sacerdote. Pero cuando bajé la vista, el atrio
- 43:13estaba cerrado con candado. El sol apenas se metía detrás
- 43:18de los cerros y la luz anaranjada hacía brillar la
- 43:21cantera amarilla del templo como si ardiera por dentro. En
- 43:26ese momento no supe explicarlo, pero sentí que ese lugar
- 43:30tenía algo y que no debía mirar demasiado tiempo. Viajaba
- 43:36desde la capital de San Luis Potosí con Ulises, mi
- 43:40compañero de trabajo. Nos habían asignado la tarea de hacer
- 43:45análisis de agua en las comunidades cercanas al municipio. Era
- 43:50un viaje corto, poco más de una hora, pero conforme
- 43:54nos acercábamos, el paisaje cambiaba. Los campos secos daban paso
- 44:00a árboles dispersos y de pronto comenzaron a verse las
- 44:03fachadas viejas de las casas con balcones de hierro y
- 44:07techos de teja. Al pasar frente al templo de Nuestra
- 44:12Señora de la Asunción, Ulises bajó la velocidad. El templo
- 44:17estaba a un costado de la carretera, con una reja
- 44:20de hierro forjado y un atrio cubierto de hierba alta.
- 44:24Las campanas parecían intactas, aunque la torre tenía manchas de
- 44:29humedad y algunas grietas. Le pregunté si todavía se usaba.
- 44:35Me contestó que no, que las misas se hacían en
- 44:38otro templo nuevo, del otro lado del río. Dicen que
- 44:43en la noche esas campanas suenan solas, me dijo sin mirarme,
- 44:47mejor ni lo mires mucho. No supe si lo decía
- 44:52en broma o en serio, pero su tono me dejó inquieto.
- 44:57Seguimos manejando hasta llegar a la casa donde nos hospedaríamos.
- 45:02Era una construcción de dos pisos, antigua pero bien cuidada,
- 45:06con un portón de madera que daba a un patio interior.
- 45:10La dueña, una mujer llamada Lidia, nos rentó dos cuartos
- 45:14y nos ofreció café de olla. Desde ahí, se alcanzaba
- 45:19a ver la torre del templo entre los árboles. Esa noche,
- 45:25mientras revisaba mis notas del día, escuché tres campanadas lentas,
- 45:29una detrás de otra. No había misa, ni procesión, ni
- 45:35motivo para que sonaran. Miré el reloj, eran las ocho
- 45:39en punto. Luego el silencio se volvió más denso, que
- 45:44podía oír los pasos de alguien caminando afuera del cuarto.
- 45:48Me asomé por la ventana, pero sólo vi la calle
- 45:51vacía y las luces amarillentas del alumbrado. Al día siguiente,
- 45:58salimos temprano a tomar muestras de los pozos y manantiales
- 46:02del municipio. Santa María del Río tenía una mezcla extraña,
- 46:08turismo y tradición. En el centro, las tiendas de rebozos
- 46:13convivían con cafés nuevos y letreros modernos, pero bastaba caminar
- 46:17dos calles más para ver casas antiguas con paredes gruesas
- 46:22y ventanas de madera. Había olor a pan y a
- 46:26humo de leña por todas partes. En el jardín principal
- 46:31conocí a Teresa, una mujer de edad avanzada que vendía
- 46:35rebosos tejidos a mano. Tenía las manos llenas de callos
- 46:40y hablaba despacio. Me senté junto a su puesto a
- 46:44esperar a Ulises y comencé a conversar con ella. Le
- 46:48pregunté si conocía el templo viejo. Me miró sin sorpresa,
- 46:53como si hubiera estado esperando que alguien tocara ese tema.
- 46:59Ahí me bautizaron, me dijo, pero hace muchos años que
- 47:02nadie entra. Desde que el padre Rivera se enfermó, lo cerraron.
- 47:09Le pedí que me contara más, ella sonrió con cierta
- 47:13nostalgia y siguió. Era un buen sacerdote, a todos los
- 47:18niños nos trataba con cariño. pero se metió con una
- 47:23mujer que no debía, una curandera que vivía al otro
- 47:26lado del río, que se llamaba Jacinta. Dijo que Jacinta
- 47:32era muy conocida en el pueblo, porque ayudaba a las
- 47:35mujeres en los partos y preparaba remedios. Algunos le llevaban veladoras,
- 47:41otros llevaban personas enfermas. Nadie hablaba mal de ella, hasta
- 47:46que un día el padre Rivera, comenzó a decir que
- 47:50esa mujer trabajaba con cosas que no eran de Dios.
- 47:55Al principio todos pensamos que era un pleito, me dijo Teresa,
- 48:00pero una noche el padre fue a su casa para bendecirla,
- 48:03y al amanecer lo encontraron enfermo, y desde entonces ya
- 48:07no volvió a ser el mismo. Teresa se cayó unos segundos.
- 48:14Bajó la vista, como si se arrepintiera de haber contado demasiado,
- 48:18luego dobló un rebozo, lo guardó en una bolsa y
- 48:21me dijo, esa mujer no murió aquí, pero su sombra
- 48:25todavía ronda el pueblo. No quise insistirle. Ulises llegó poco después,
- 48:32y seguimos trabajando el resto del día, sin embargo, esa
- 48:37frase me quedó dando vueltas en la cabeza. Al anochecer
- 48:42regresamos a la casa. En la calle la gente comenzaba
- 48:46a cerrar sus puertas. Era una costumbre que me llamó
- 48:50la atención, no era por seguridad, se notaba que lo
- 48:54hacían por costumbre, como si algo los obligara a resguardarse,
- 48:58antes de que oscureciera. Una señora que barría la banqueta,
- 49:03me saludó rápido y entró a su casa sin decir palabra.
- 49:08A los pocos minutos, el pueblo entero quedó en silencio.
- 49:14Subí a mi habitación y abrí la ventana. Desde ahí
- 49:18podía ver la torre del templo, iluminada por la luna.
- 49:22La puerta del atrio seguía cerrada con candado. A las
- 49:27ocho en punto sonaron las campanas, tres golpes lentos y espaciados.
- 49:32En ese instante, entre las sombras del atrio, me pareció
- 49:36ver una figura caminando. Era una silueta alta, vestida de
- 49:41oscuro y se movía despacio. Pensé que quizás alguien del
- 49:47pueblo había entrado a dejar flores, aunque el candado seguía puesto.
- 49:52Me quedé observando un rato, tratando de distinguir mejor. La
- 49:57figura se detuvo y levantó la cabeza hacia el campanario,
- 50:01después desapareció entre la oscuridad sin hacer ruido. Cerré la
- 50:07ventana y apagué la lámpara, pero no pude dormir. El
- 50:12sonido de las campanas seguía repitiéndose en mi cabeza, tenía
- 50:16la sensación de que ese lugar escondía algo más que
- 50:20una simple historia vieja. Al día siguiente, decidí que terminando
- 50:26mi jornada, iría a ver el templo de cerca. Quería
- 50:31comprobar si el pozo que se encontraba detrás todavía tenía
- 50:35agua y si ese olor metálico que algunos mencionaban en
- 50:38los registros podía tener alguna explicación. No lo hacía por curiosidad,
- 50:45sino por costumbre profesional. Pero en el fondo sabía que
- 50:50había algo más. Desde que escuché esas campanadas, sentía que
- 50:55ese templo me estaba llamando. A la mañana siguiente, mientras desayunábamos, Lidia,
- 51:03la encargada de la casa donde nos hospedábamos, escuchó que
- 51:08le preguntaba a Ulises si alguien del pueblo aún limpiaba
- 51:12el templo viejo. Ella volteó de inmediato y dijo con
- 51:16voz baja,« Mi abuela me contaba que ahí se perdió
- 51:19la paz del pueblo». La miré esperando que continuara, pero
- 51:25cambió el tema y se ocupó de servir el café,
- 51:27mejor no insistí. Más tarde, cuando Ulises salió al centro
- 51:33a entregar unas muestras, quedamos solos. Lidia se acercó con
- 51:39una taza y me preguntó si de verdad había escuchado
- 51:42las campanas la noche anterior. Le dije que sí, que
- 51:47eran tres golpes iguales, a las ocho en punto. Se
- 51:51quedó seria un momento y luego dijo que me contaría
- 51:54la historia, pero que no la interrumpiera. Me habló de Jacinta,
- 52:01una mujer que durante muchos años fue la partera del pueblo.
- 52:05Atendía a las mujeres en sus partos, preparaba infusiones y rezos.
- 52:11Tenía buena fama, incluso el propio padre Rivera la recomendaba
- 52:15cuando alguien enfermaba. Todo cambió cuando una joven dio a
- 52:20luz y el bebé nació sin vida. El padre dijo
- 52:24que Jacinta había usado agua de pozo para bautizarlo sin
- 52:28permiso y que por eso el niño había muerto sin sacramento.
- 52:34La gente se dividió. Algunos creyeron al padre, otros defendieron
- 52:39a Jacinta. Pero días después, la mujer fue al templo
- 52:44con el cuerpo del recién nacido envuelto en un rebozo.
- 52:48Exigió que el padre lo bendijera. Se escucharon gritos dentro
- 52:53y nadie supo lo que pasó, pero esa misma noche,
- 52:56el agua de la pila bautismal se volvió turbia. Tenía
- 53:01un olor fuerte, como a hierro. El padre Rivera siguió
- 53:07oficiando misa unos días más, pero comenzó a verse pálido
- 53:11y débil. Sudaba en medio de la homilía y se
- 53:14le quebraba la voz. Lidia dijo que su abuela lo
- 53:18había visto tambalearse frente al altar, repitiendo que el agua
- 53:22ya no era de Dios. Después dejó de salir del templo.
- 53:27Algunos fieles lo visitaban y contaban que hablaba solo, como
- 53:32si respondiera a alguien que no estaba ahí. Pasaron unas
- 53:37semanas y Jacinta desapareció. Nadie supo si se fue o
- 53:42si la obligaron a irse. A los pocos días, unos
- 53:46pastores dijeron haberla visto en la orilla del río Santa María,
- 53:50en la parte donde el cauce se vuelve angosto. Según ellos,
- 53:55estaba hincada frente a una cruz de ramas, con un
- 53:58listón rojo amarrado, rezando en voz baja. Esa fue la
- 54:03última vez que alguien la vio. Lidia hizo una pausa.
- 54:09Le temblaban las manos al sostener la taza. Desde entonces,
- 54:14cuando alguien se enferma sin razón, dicen que es porque
- 54:18tocó el agua del templo, me comentó. Mi abuela decía
- 54:22que Jacinta la maldijo. Subió al altillo y bajó con
- 54:27una caja vieja. Dentro había fotografías y papeles amarillentos, tomó
- 54:33una y me la mostró. Era una imagen antigua, tomada
- 54:38durante una procesión. En el centro se veía al padre
- 54:42Rivera con una cruz grande sobre el pecho. A un costado,
- 54:47apenas visible, estaba una mujer con reboso negro. Su rostro
- 54:52no se veía completo, pero se notaba que lo miraba fijo.
- 54:58Esa es Jacinta, me dijo Lidia. Dicen que ese día
- 55:01ya lo había maldecido. La historia me dejó inquieto. No
- 55:08podía dejar de pensar en el agua turbia y en
- 55:10la idea de una maldición. Lidia me aseguró que desde
- 55:14entonces nadie usaba esa pila y que el templo se
- 55:18cerró al poco tiempo cuando el padre Rivera empeoró. Antes
- 55:24de retirarme, agregó algo más. Mi abuela también decía que
- 55:30Jacinta no buscó venganza con el padre, sino con lo
- 55:33que él representaba. Maldijo el agua, para que ningún sacerdote
- 55:38encontrara paz aquí. El resto del día trabajé sin concentrarme.
- 55:45Cada vez que pasábamos cerca del templo, sentía el impulso
- 55:49de detenerme. En el atrio había maleza y el portón
- 55:53seguía con el mismo candado oxidado. Ulises evitaba mirarlo. Dijo
- 56:00que en el pueblo todos preferían rodear por otra calle.
- 56:05Esa noche decidí acercarme solo, caminé por la calle empedrada
- 56:09hasta llegar al atrio. No había nadie, solo las luces
- 56:14tenues de los faroles del centro. El portón estaba cerrado,
- 56:19pero a través de los barrotes vi una vela encendida
- 56:22junto al altar. La flama se movía lento, aunque no
- 56:27corría viento. De pronto escuché un murmullo. No era en español,
- 56:34ni una oración conocida, la verdad sonaba como un rezo,
- 56:38en una lengua que no entendía, con palabras cortadas y
- 56:42tono grave. Me quedé inmóvil tratando de identificar de dónde venía.
- 56:47Y venía del interior. Saqué mi linterna y la apunté
- 56:53hacia el altar, pero la vela se apagó de golpe.
- 56:56Al instante el murmullo cesó. Sentí una presión en el pecho,
- 57:02una sensación de que alguien me observaba. Caminé hacia la reja,
- 57:07y justo al bajar la mirada, noté algo tirado en
- 57:11el suelo, un listón rojo anudado con cabello. Estaba junto
- 57:16a un pedazo de tela negra, como de reboso. Dudé
- 57:20en tocarlo, pero lo recogí. El listón tenía un olor fuerte,
- 57:26como a humo mezclado con flores secas. Lo guardé en
- 57:31el bolsillo y di unos pasos hacia atrás. Pero al hacerlo,
- 57:36escuché un leve tintineo, como de cadena arrastrándose detrás de mí.
- 57:41Me giré rápido, pero la calle estaba vacía. Ni una persona,
- 57:47ni un perro, solo el eco de mis propios pasos.
- 57:52Empecé a caminar de regreso al hospedaje sin mirar atrás.
- 57:57Sentía que alguien venía detrás de mí, a una distancia exacta,
- 58:01sincronizando sus pasos con los míos. Aceleraba y también lo hacía,
- 58:07me detuve y el sonido se detuvo. Pero cuando volteé,
- 58:12no vi nada. Llegué a la casa, Ulises ya dormía.
- 58:18Subí las escaleras con el corazón acelerado, cerré la puerta
- 58:22del cuarto y saqué el listón para verlo con calma.
- 58:26Al tocarlo, noté que estaba tibio, como si acabara de
- 58:30salir del fuego. Lo dejé sobre la mesa y me
- 58:34quedé observándolo. El nudo parecía apretado con fuerza, y entre
- 58:39el cabello se alcanzaba a ver un hilo fino de cobre,
- 58:43como si lo hubieran enredado adrede. Apagué la lámpara y
- 58:48me recosté, pero no logré dormir. Afuera se escuchaban de
- 58:53nuevo las tres campanadas lentas, seguidas de un silencio absoluto.
- 58:58En ese silencio, juraría que oí una respiración cerca de
- 59:02la ventana, pausada y constante. No quise asomarme, solo esperé
- 59:09que amaneciera. Cuando la luz entró por la rendija, el
- 59:13listón seguía sobre la mesa, pero ahora el nudo estaba
- 59:17más apretado que antes. A la mañana siguiente, desperté con
- 59:23un dolor punzante en la cabeza y las palmas irritadas
- 59:27como si hubiera sostenido algo caliente durante mucho tiempo. Ulises
- 59:33tocó a la puerta y me dijo que las campanas
- 59:35del templo habían sonado seis veces seguidas en la madrugada.
- 59:41La gente salió de sus casas, algunos rezando y otros
- 59:45mirando hacia la torre con miedo. Intenté no relacionarlo con
- 59:50el listón, pero durante todo el día, tuve la sensación
- 59:54de que alguien me seguía con la mirada. En cada calle,
- 59:59en cada esquina, percibía esa presencia, como si el pueblo
- 1:00:03entero estuviera pendiente de mis movimientos. No lo comenté con Ulises,
- 1:00:09él ya estaba inquieto desde la noche anterior. Por la tarde,
- 1:00:14cuando íbamos de regreso al hospedaje, pasamos frente al templo.
- 1:00:19La puerta lateral, la que siempre estaba cerrada, estaba entreabierta.
- 1:00:25Ulises frenó sin pensarlo y me dijo que sólo serían
- 1:00:29unos minutos que quería tomar unas fotos del interior para
- 1:00:33registrar el deterioro. Dudé, pero accedí. Empujé la puerta, el
- 1:00:41sonido del metal rozando el suelo se escuchó más fuerte
- 1:00:45de lo esperado. Adentro, el aire era húmedo y denso,
- 1:00:50con un olor a cera. La luz del atardecer entraba
- 1:00:54por los ventanales rotos y formaba reflejos sobre el altar.
- 1:00:59El silencio era tan espeso que cada paso sonaba como
- 1:01:03un golpe seco. El piso tenía marcas oscuras como si
- 1:01:08algo líquido se hubiera derramado y dejado rastro. Ulises comenzó
- 1:01:14a revisar las losas con cuidado mientras yo caminaba hacia
- 1:01:17el altar. Fue ahí donde vi la grieta. Desde el
- 1:01:23centro del piso un hilo de agua salía lentamente formando
- 1:01:27un pequeño charco. Me incliné y el olor era igual
- 1:01:31al hierro oxidado que había sentido en el listón.« Parece filtración»,
- 1:01:37me dijo Ulises,« pero el agua viene de abajo». Saqué
- 1:01:42una linterna para alumbrar mejor. El reflejo del agua mostró
- 1:01:46algo que no esperaba. Detrás de mí, en el reflejo,
- 1:01:50había una figura con reboso negro. Estaba de pie, inmóvil.
- 1:01:57Alcancé a notar el contorno del rostro, pero cuando giré,
- 1:02:01no había nadie. Volví a mirar el reflejo y la
- 1:02:05figura seguía ahí, solo que ahora estaba más cerca. Sentí
- 1:02:11un frío intenso en la nuca. Llamé a Ulises, pero
- 1:02:15en ese instante las campanas del templo comenzaron a sonar.
- 1:02:20No eran tres, sino seis golpes seguidos, idénticos a los
- 1:02:24que Ulises había mencionado esa mañana. El sonido llenó el
- 1:02:29interior del templo como un temblor. Ulises me tomó del
- 1:02:33brazo y salimos corriendo. Afuera, el aire era helado y
- 1:02:39un anciano que caminaba por la calle se detuvo al vernos.
- 1:02:44Nos preguntó si habíamos tocado el agua. No supe qué responder.
- 1:02:50Bajó la mirada y dijo, cada vez que alguien lo hace,
- 1:02:54las campanas llaman solas y un rebozo se mueve en
- 1:02:57la torre. No le respondimos, y caminamos en silencio de
- 1:03:03regreso al hospedaje. Ya en el cuarto, miré mis manos,
- 1:03:08seguían irritadas, pero el ardor había disminuido. El listón rojo
- 1:03:13estaba sobre la mesa, tal como lo había dejado la
- 1:03:17noche anterior, aunque el nudo parecía más apretado y el
- 1:03:20cabello más oscuro. Esa noche las campanas volvieron a sonar.
- 1:03:27Tres golpes lentos, después, una ráfaga de viento sacudió las ventanas.
- 1:03:33Me asomé, y en la torre del templo, un trozo
- 1:03:37de tela negra ondeaba colgado de una de las campanas.
- 1:03:41Parecía un pedazo de rebozo. Ulises también lo vio y
- 1:03:46prefirió cerrar las cortinas. Nadie en el pueblo salió esa noche.
- 1:03:53Los días siguientes intenté concentrarme en el trabajo, pero no podía.
- 1:03:58Todo el tiempo recordaba el reflejo en el agua. Cuando
- 1:04:02terminamos las muestras, regresamos a San Luis Potosí. En el camino,
- 1:04:08Ulises apenas habló. Dijo que no quería volver a ese pueblo.
- 1:04:14Yo asentí, aunque en el fondo sabía que algo había
- 1:04:18quedado pendiente. Ya en mi departamento, al desempacar la mochila,
- 1:04:24encontré el listón. No recordaba haberlo guardado ahí. Lo saqué
- 1:04:31con intención de tirarlo, pero en cuanto lo tuve en
- 1:04:34la mano, noté que olía a humedad, como si hubiera
- 1:04:37estado guardado. Lo puse sobre la mesa y encendí una vela,
- 1:04:42y pensé que lo mejor era quemarlo. El listón comenzó
- 1:04:47a retorcerse en la Cuando el fuego se apagó, quedó
- 1:04:54un pedazo ennegrecido con unas letras bordadas. Me acerqué para leerlas.
- 1:04:59Él sigue bebiendo. El olor a hierro volvió a llenar
- 1:05:06el cuarto. Abrí las ventanas, pero el aire afuera estaba
- 1:05:10igual de pesado. Tiré el resto de listón al lavabo
- 1:05:14y abrí la llave para que se lo llevara el agua,
- 1:05:17aunque tuve la impresión de que el trozo resistía. Durante
- 1:05:23la noche, soñé con el interior del templo. El agua
- 1:05:27brotaba de la grieta y el padre Rivera estaba de pie,
- 1:05:30con la sotana empapada, sosteniendo un cáliz. Cuando levantaba la vista,
- 1:05:36el líquido dentro del cáliz se movía. Detrás de él,
- 1:05:41la mujer del reboso me miraba pero no tenía rostro.
- 1:05:46Desperté sobresaltado. En la habitación aún persistía el olor a
- 1:05:51cera quemada. Me senté en la cama y escuché el
- 1:05:55sonido del reloj. Eran las ocho de la noche y afuera,
- 1:06:00muy a lo lejos, sonaron tres campanadas. Pasaron los meses.
- 1:06:08No volví a Santa María del Río, pero en una
- 1:06:10ocasión tuve que viajar cerca por trabajo. No resistí la
- 1:06:15curiosidad y tomé un desvío para pasar frente al pueblo.
- 1:06:19Era mediodía y el cielo estaba despejado. Desde la carretera
- 1:06:25se veía la torre del templo, que seguía cerrada, igual
- 1:06:28que siempre. Me detuve un momento, solo para mirar. Había
- 1:06:35una mujer en el atrio, vestida de negro, barriendo las hojas.
- 1:06:41Pensé que quizá la parroquia la había contratado para limpiar.
- 1:06:45Bajé del auto para saludarla, pero cuando crucé la calle
- 1:06:49ya no estaba. No había puerta abierta por donde pudiera
- 1:06:53haber salido. Seguí mi camino, pero al llegar al entronque,
- 1:06:59las campanas sonaron otra vez. Tres golpes exactos. En el retrovisor,
- 1:07:06vi como una ráfaga levantaba el polvo del atrio y
- 1:07:09agitaba la tela negra que colgaba de la torre. Desde entonces,
- 1:07:16cada vez que escucho campanas a distancia, recuerdo la frase
- 1:07:20bordada en el listón. Él sigue bebiendo. Y pienso que
- 1:07:25tal vez el padre Rivera nunca dejó de hacerlo. Relatos
- 1:07:34anónimos