Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / La Anciana De Velo Negro Que Busca Lo Que Le Quitaron - Historias De Terror - Voces De La Noche
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- 0:02Speaker 2: Buenos días queridos suscriptores, para más relatos como este, denle
- 0:06like y comparte, sin más, comenzamos. Cuando era niño, vivía
- 0:15en un barrio antiguo, del centro de Oaxaca, en una
- 0:19calle angosta de piedra, donde las casas eran viejas, con
- 0:23paredes gruesas y portones grandes de hierro. Todo ahí tenía
- 0:28un aire detenido, como si el tiempo no pasara igual
- 0:31que en otros lugares. La mayoría de las casas estaban
- 0:36habitadas por familias de toda la vida, pero había una
- 0:39que destacaba porque siempre estaba cerrada. El saguán era verde oscuro,
- 0:46oxidado en las orillas y tenía colgadas unas cadenas cruzadas.
- 0:52En el centro, alguien había dibujado una cruz con carbón,
- 0:55aunque nadie sabía quién lo había hecho. Esa casa, decían
- 1:01los mayores, había pertenecido a Doña Zenaida, una curandera conocida
- 1:06en todo el barrio, por preparar remedios y hacer limpias
- 1:09con hierbas. Pero también se decía que la mujer no
- 1:14murió como las demás. Los adultos hablaban poco de ella,
- 1:19pero los niños sabíamos lo que se decía cuando los
- 1:22mayores no estaban. Que Doña Zenaida era una bruja, que
- 1:26las noches antes de su muerte se veían luces rojas
- 1:30salir del patio y que el aire alrededor de su
- 1:33casa olía a azufre. Yo escuché a mi abuela decir
- 1:37una vez que la señora había empezado como buena ayudando
- 1:41a enfermos, pero que con el tiempo se metió en
- 1:44cosas prohibidas. Nadie quiso decirme qué significaba eso. Después de
- 1:51su muerte, nadie quiso vivir ahí. La puerta fue asegurada
- 1:55con cadenas y las ventanas fueron tapeadas con madera. El
- 1:59techo se llenó de murciélagos y cuando llovía, el agua
- 2:03se colaba por las grietas del muro, dejando manchas oscuras.
- 2:08Los vecinos más viejos juraban que por las noches se
- 2:12oían rezos entrecortados desde dentro, aunque el lugar estaba vacío.
- 2:17Los niños del barrio evitábamos pasar frente a esa casa,
- 2:21y si jugábamos fútbol y el balón se iba de
- 2:24ese lado, sabíamos que ya no lo recuperaríamos. Solo con
- 2:29mirar el saguán, uno sentía que algo lo observaba desde adentro.
- 2:35Una tarde, cerca del anochecer, mis amigos y yo estábamos
- 2:39jugando fútbol en la calle. El sol caía sobre los
- 2:43techos y el aire olía a pan tostado de una
- 2:46panadería cercana. Éramos cinco y jugábamos contra una barra. En
- 2:51una de esas, le pegué con fuerza a la pelota
- 2:54y ésta salió disparada, rebotó en el empedrado y cayó
- 2:58justo en la casa de la bruja por una ventana
- 3:01rota que no tenía tablas. Todos quedamos callados. Uno de
- 3:07mis amigos, Joaquín, dijo que ya no la buscáramos, que
- 3:11mejor siguiéramos con otra pelota. Pero yo, que era el
- 3:16más chico del grupo, no quería quedar como cobarde, y
- 3:19dije que iría a recuperarla y que no tardaría. Me
- 3:23metí a la casa de la bruja, y por la ventana,
- 3:26donde había entrado el balón, me metí. Cuando salté al
- 3:31otro lado, el polvo se levantó y me picó la garganta. Dentro,
- 3:36el aire era pesado, con olor a humedad y a
- 3:39madera podrida. Mis pasos crujían sobre el piso de ladrillo.
- 3:45Había un pasillo largo, con las paredes manchadas por el
- 3:49agua de lluvia. En un rincón vi una mesa cubierta
- 3:53con un mantel amarillento, y sobre ella, velas derretidas que
- 3:57se habían pegado al mantel, formando montículos de cera. Al fondo,
- 4:03una cortina vieja separaba la sala del cuarto principal. La
- 4:07pelota estaba cerca de un mueble caído. La tomé con rapidez,
- 4:13pero antes de darme vuelta escuché algo. Un sonido bajo, lento,
- 4:18como una respiración profunda, acompañada por un leve movimiento del aire.
- 4:24No era el ruido de los murciélagos ni del viento,
- 4:27sonaba como si alguien dormido respirara cerca. Me quedé quieto
- 4:32unos segundos, volví la vista hacia la cortina. Se movía apenas,
- 4:38como si del otro lado alguien la rozara con la mano,
- 4:41la verdad sentí un escalofrío, pero la curiosidad pudo más.
- 4:46Di unos pasos hacia el fondo, y alcancé a ver
- 4:49una cama de hierro, cubierta con cobijas viejas. Sobre el
- 4:54colchón había una figura tendida, cubierta hasta el cuello. Pensé
- 5:00que tal vez se trataba de un indigente que se
- 5:02había metido a dormir ahí, o tal vez de un
- 5:05cuerpo olvidado. El aire estaba más frío en ese cuarto.
- 5:11Sobre el buró, junto a la cama, había una cadena
- 5:14con un crucifijo de plata y una medalla de San Cipriano.
- 5:19Brillaban débilmente con la luz que entraba por las rendijas.
- 5:24No sé por qué, pero me acerqué y tomé la
- 5:27medalla entre los dedos sólo para verla. Sentí que el
- 5:31metal estaba helado. En ese momento, el colchón crujió con fuerza.
- 5:37Me quedé inmóvil, mirando las cobijas. El bulto sobre la
- 5:42cama se movió levemente y la respiración se volvió más fuerte.
- 5:49Retrocedí un paso, pero antes de salir, vi como las
- 5:52cobijas se hundieron en el centro y luego se levantaron,
- 5:56como si algo dentro se incorporara. La figura se sentó lentamente,
- 6:02las cobijas cayeron hacia los lados y vi su rostro.
- 6:06Era una mujer vieja, de piel seca y cabello blanco.
- 6:10Pero los ojos estaban blancos por completo, sin pupilas y
- 6:15abiertos de par en par. No tenía expresión de dolor,
- 6:19sino de enojo. En el cuello llevaba la cadena del crucifijo, rota,
- 6:25como si alguien se la hubiera arrancado. No recuerdo haber gritado,
- 6:30solo sé que solté la medalla, tiré la pelota y
- 6:33corrí por el pasillo, tropezando con los muebles cubiertos. Atrás,
- 6:38una voz ronca dijo mi nombre con claridad. No fue
- 6:43un eco ni mi imaginación, de verdad dijo mi nombre.
- 6:47Salté por la misma ventana por donde había entrado, rasgando
- 6:51la camisa. Mis amigos me esperaban al final del callejón, pálidos,
- 6:57preguntando qué había pasado. No fui capaz de hablar. Detrás
- 7:02de mí, el saguán verde volvió a cerrarse solo, con
- 7:06un golpe seco que resonó en toda la calle. Esa
- 7:11noche supe que no todos los muertos descansan, algunos se
- 7:15quedan esperando a que alguien los despierte. Esa noche no
- 7:19pude dormir. Cada vez que cerraba los ojos, veía los
- 7:24ojos blancos de la mujer sobre la cama, mirándome fijo
- 7:28como si aún estuviera viva. Sentía que si me quedaba dormido,
- 7:33volvería a abrirlos frente a mí. Me cubría hasta la
- 7:37cabeza con las cobijas, pero el miedo no se iba.
- 7:41El sonido del viento entrando por la rendija de la
- 7:44ventana me hacía pensar que algo caminaba afuera. Por la mañana,
- 7:50mi madre me preguntó por qué tenía los brazos llenos
- 7:53de rasguños. Le dije que me había caído jugando con
- 7:57mis amigos. No insistió, pero me miró raro. Tenía la
- 8:03piel helada y no había pegado un ojo, y todo
- 8:06el día estuve distraído, esperando que anocheciera con una ansiedad
- 8:10que nunca había sentido. A medianoche, cuando la casa estaba
- 8:15en silencio, escuché tres golpes secos en la ventana de
- 8:19mi cuarto. No fueron ramas ni viento, eran golpes con ritmo,
- 8:24como si alguien tocara para que le abrieran. Me quedé inmóvil,
- 8:29con la respiración contenida, pues no tuve valor de mirar.
- 8:34Pasaron unos minutos que se me hicieron eternos. Los golpes
- 8:39no volvieron, pero me quedé despierto hasta que amaneció. A
- 8:43la mañana siguiente, el barrio entero hablaba de lo mismo,
- 8:47un perro había amanecido muerto justo frente al saguán de
- 8:51la casa de Doña Zenaida. Decían que el cuerpo estaba reseco,
- 8:56como si lo hubieran exprimido, y que la lengua le
- 8:59había quedado negra y alargada. Algunos aseguraban que era castigo,
- 9:05por haber ladrado frente a esa casa, y nadie se
- 9:08atrevió a tocarlo. Intenté convencerme de que todo era coincidencia,
- 9:14pero empecé a sentirme observado. A cada paso que daba,
- 9:18tenía la sensación de que alguien me seguía desde lejos.
- 9:22En la tarde salí con mi hermano menor a comprar pan.
- 9:27Al pasar frente a la casa de Doña Zenaida, noté
- 9:30que la puerta estaba entreabierta. Estoy seguro de que cuando
- 9:35salí esa mañana, seguía cerrada y encadenada. Mi hermano no
- 9:40lo notó, pero yo no pude quitar la vista del
- 9:43interior oscuro. Sentí un escalofrío que me recorrió desde el
- 9:48cuello hasta los pies. Esa noche volví a soñar con
- 9:53la cama. En el sueño, la mujer estaba sentada al borde,
- 9:58mirando hacia la pared, como si esperara algo. Cuando volteó,
- 10:03sus ojos blancos me buscaron y desperté gritando. Mi madre
- 10:07entró alarmada, pero le dije que solo era una pesadilla,
- 10:12me acarició la frente y regresó a su cuarto. Desde entonces,
- 10:18comenzaron a pasar cosas raras en la casa. Por las
- 10:22mañanas encontrábamos las cucharas dobladas en la cocina, como si
- 10:26alguien las hubiera torcido con la mano. Las puertas se
- 10:30cerraban solas con fuerza, aunque no hubiera corriente de aire.
- 10:35En ocasiones, aparecía un olor a incienso quemado, tan fuerte
- 10:40que mareaba, y luego desaparecía sin dejar rastro. Una madrugada
- 10:46me despertó una sensación extraña. El pecho me ardía de frío,
- 10:51como si me hubieran echado agua helada. Cuando abrí los ojos,
- 10:56la vi. Estaba parada junto a mi cama, con un
- 11:00velo negro cubriéndole el rostro y las manos huesudas a
- 11:04los lados. Reconocí los ojos, eran los mismos, sin pupilas,
- 11:10fijos sobre mí. Intenté moverme, pero el cuerpo no me respondía.
- 11:17Sentí las piernas pesadas y la garganta seca. La figura
- 11:22se inclinó despacio hasta quedar a pocos centímetros de mi cara.
- 11:27El velo se levantó un poco y escuché una voz áspera,
- 11:30que me dijo,« Eso no te pertenecía». Quise gritar, pero
- 11:38la voz se me quedó atorada en el pecho. Solo
- 11:42podía respirar con dificultad. Cerré los ojos con fuerza y
- 11:46cuando los abrí otra vez, ya no estaba. La habitación
- 11:51estaba igual, pero el aire olía a ceniza húmeda. Pasé
- 11:57el resto de la noche despierto, sin moverme. En cuanto amaneció,
- 12:02salí a buscar al vecino más viejo del barrio, don Anselmo,
- 12:06un hombre que conocía todas las historias de esa calle.
- 12:11Le conté lo que me había pasado, omitiendo que había
- 12:14entrado a la casa. Me escuchó en silencio, sin sorpresa,
- 12:18y cuando terminé, me preguntó si había tocado algo allá adentro.
- 12:25Le conté lo de la medalla y el crucifijo. Entonces
- 12:29bajó la voz y me dijo que lo que había
- 12:31tomado no era una medalla cualquiera. Era una pieza de protección,
- 12:37un sello que mantenía el cuerpo de la bruja quieto
- 12:40en su lugar. Si se retiraba, el alma podía vagar,
- 12:45buscando lo que le faltaba. Me miró serio y me dijo,
- 12:49si no la devuelves, no te dejará en paz. Lo
- 12:53que ella quiere no es el metal, es recuperar lo
- 12:56que le quitaron. Pasé el día con un nudo en
- 13:01el estómago. En la tarde decidí regresar, esperé a que anocheciera,
- 13:06porque algo me decía que debía hacerlo, cuando el barrio
- 13:10estuviera en silencio. Guardé la medalla en el bolsillo y
- 13:14salí sin decirle a nadie. El callejón estaba oscuro y
- 13:19el viento arrastraba hojas secas. Cuando llegué frente a la casa,
- 13:24el saguán estaba abierto, igual que en la tarde. Empujé
- 13:29la puerta con cuidado. Adentro todo estaba diferente, no olía
- 13:34a humedad ni a polvo. El piso estaba limpio, casi reluciente,
- 13:40como si alguien hubiera pasado un trapo hace poco. Caminé
- 13:44hasta el cuarto donde había visto la cama. Ahí me detuve,
- 13:50pero no había cama, ni buró, ni crucifijo. Sólo el
- 13:55espacio vacío. En el centro del piso había una marca
- 13:59circular negra, como si algo se hubiera quemado ahí. El
- 14:04olor era fuerte, me agaché y pasé la mano por
- 14:07encima del círculo, estaba caliente, aunque no había fuego. De repente,
- 14:14un viento helado recorrió la habitación y sentí que algo
- 14:18me rozó la espalda. Me enderecé y miré alrededor, pero
- 14:23no había nadie, pero el aire sonaba diferente, como si
- 14:27alguien respirara detrás de mí. Di unos pasos hacia atrás,
- 14:32saqué la medalla y la dejé caer en el centro
- 14:34del círculo. El sonido del metal al tocar el suelo
- 14:39resonó más de lo normal. En ese instante, una ráfaga
- 14:44de aire apagó todas las luces del barrio. Solo se
- 14:48oía el zumbido del viento, pasando entre las grietas. No
- 14:53sé cuánto tiempo me quedé ahí parado, sin poder moverme,
- 14:57pero cuando recuperé el control, salí corriendo hasta mi casa
- 15:01y cerré la puerta con seguro. Esa noche no hubo sueños,
- 15:07pero el olor a incienso volvió más fuerte que nunca
- 15:10y por un momento escuché su voz en el pasillo,
- 15:14diciendo mi nombre como aquella vez dentro de la casa.
- 15:19Los días que siguieron fueron una pesadilla. Empecé a enfermar
- 15:24sin explicación, no tenía hambre, apenas probaba bocado, y aún
- 15:29así sentía el estómago lleno. Cada movimiento me cansaba, como
- 15:34si llevara semanas sin dormir. Mi madre pensó que era
- 15:38una fiebre o una infección, me tomó la temperatura varias veces,
- 15:43pero no tenía ni un solo grado de más. Mi
- 15:47padre decía que todo era por nervios, que seguro algo
- 15:50me había impresionado. Pero yo sabía que no era eso,
- 15:55sentía que algo se me estaba yendo del cuerpo, poco
- 15:58a poco. Por las noches el sueño me huía. Cerraba
- 16:04los ojos y en cuanto lo hacía, escuchaba mi nombre
- 16:07desde la ventana. Era una voz ronca, vieja, que alargaba
- 16:12las sílabas como si disfrutara pronunciarlo. Las primeras veces traté
- 16:18de ignorarla, pensando que era el viento, pero el tono
- 16:21era demasiado claro. A veces la escuchaba reír, otras solo respirar.
- 16:28Mi madre dormía en la habitación de al lado y
- 16:31nunca oía nada. Una madrugada, el sonido fue distinto. La
- 16:38puerta del cuarto se abrió sola, despacio, y un viento
- 16:42helado recorrió la habitación, apagando las velas del altar pequeño
- 16:46que teníamos en un rincón. Los vidrios de la ventana
- 16:50vibraban y las cortinas se inflaban, me senté en la
- 16:54cama con el corazón desbocado. En el marco de la
- 16:58puerta se dibujó una sombra encorvada, moviéndose con pasos lentos.
- 17:05El olor me lo confirmó antes de verla bien, era
- 17:08el mismo que aquel día en la casa abandonada. Un
- 17:12olor a tierra húmeda y a madera vieja, mezclado con humo.
- 17:17La sombra se acercó hasta quedar frente a mí. Era
- 17:20Doña Zenaida. Pero ya no era como la recordaba. Su
- 17:26rostro estaba desfigurado, con la piel gris y el cabello
- 17:29pegado al cráneo, chorreando un líquido oscuro que le caía
- 17:33por el cuello. Los ojos eran los mismos, blancos y fijos.
- 17:40Intenté rezar, pero la lengua se me quedó pegada al paladar.
- 17:45Ella levantó una mano huesuda y me tocó el pecho.
- 17:49Sentí un ardor que me atravesó de lado a lado
- 17:52y luego una sensación espantosa, como si algo saliera de mí.
- 17:57El aire me faltó, quise gritar, pero no me salía
- 18:01la voz. Sentía como el cuerpo se me entumecía, como
- 18:06la vista se me nublaba. Antes de perder la conciencia,
- 18:10vi como la anciana se inclinaba sobre mí, con la
- 18:13boca abierta, respirando justo frente a mi cara. Desperté gritando.
- 18:21Mi madre entró corriendo y me encontró empapado en sudor,
- 18:24con la camisa pegada al cuerpo. Dijo que había estado
- 18:28hablando dormido, que murmuraba cosas sin sentido. Me revisó el
- 18:33pecho y notó una marca roja, redonda, justo donde la
- 18:37bruja me había tocado. A la mañana siguiente, me llevaron
- 18:43al templo del barrio. El sacerdote me escuchó en silencio,
- 18:48mientras mi madre le contaba lo que había pasado. Cuando terminé,
- 18:53él dijo que esas cosas no se arreglaban con misas.
- 18:58Nos explicó que si la medalla era una pieza de contención,
- 19:01el espíritu de la mujer seguía buscando lo que la
- 19:05mantenía sujeta. Me miró fijo y añadió, no basta con devolverla.
- 19:11Tienes que destruirla en el mismo lugar donde la tomaste.
- 19:17No me gustó escucharlo, pero en el fondo sabía que
- 19:20tenía razón. Pasé el resto del día pensando en cómo hacerlo.
- 19:26Mi hermano menor se ofreció a acompañarme, no quería que
- 19:29fuera solo, y en el fondo yo tampoco tenía valor
- 19:33para enfrentarme otra vez a esa casa. Esa noche salimos
- 19:38con una vela, cerillos y la medalla envuelta en un trapo.
- 19:43El callejón estaba más oscuro que de costumbre y el
- 19:46silencio era tan denso que se escuchaban nuestros pasos sobre
- 19:51la piedra. El zaguán seguía abierto, igual que la última vez. Dentro,
- 19:58la maleza había crecido, cubriendo casi todo el piso. Caminamos
- 20:03hasta el centro, donde había dejado la medalla aquella noche.
- 20:09Encendí la vela y la sostuve con las manos temblando.
- 20:13Coloqué la medalla en el suelo, sobre la marca circular
- 20:16que seguía grabada en las losas. Saqué los cerillos y
- 20:21prendí un pedazo de papel para avivar el fuego. La
- 20:25flama casi no prendía, parecía resistirse. De pronto, una ráfaga
- 20:31de viento atravesó el lugar y la vela ardió con fuerza,
- 20:34iluminando todo el cuarto. En ese instante se escuchó un
- 20:40grito lejano, de mujer. No era un lamento común, era
- 20:45un sonido largo, agudo, lleno de rabia. La vela titiló
- 20:50y la medalla empezó a cambiar de color. El metal
- 20:54se calentó y se partió en dos con un chasquido.
- 20:58Un silencio total siguió y el viento se detuvo. Nos
- 21:03quedamos quietos, sin atrevernos a hablar. Después de unos segundos,
- 21:08la vela se apagó sola. El aire volvió a la
- 21:13calma y salimos del lugar sin mirar atrás. Desde aquella noche,
- 21:19nadie volvió a escuchar ruidos en esa casa. Los vecinos
- 21:24dejaron de decir que olía a incienso o que se
- 21:27veían luces por las ventanas. Pasaron los meses y un
- 21:31grupo compró el terreno para construir un restaurante moderno. Derribaron todo.
- 21:38Donde antes estaba la habitación, levantaron el comedor principal. Años después,
- 21:45ya de adulto, regresé al barrio con mi esposa. Quise
- 21:50enseñarle el lugar donde había crecido. El restaurante estaba lleno
- 21:55de gente, con música suave y olor a café. Pedimos mesa,
- 22:00y mientras comíamos, le pregunté a uno de los meseros
- 22:04si sabía algo de la historia del sitio. Me respondió
- 22:09que sí, que antes ahí había una casa vieja y
- 22:12que algunos empleados no querían trabajar de noche porque veían
- 22:16a una anciana de velo negro caminar por el pasillo
- 22:20de los baños. Dijo que cuando alguien se armaba de
- 22:25valor para preguntarle qué hacía ahí, la mujer volteaba despacio
- 22:29y respondía siempre lo mismo. Vine a buscar lo que
- 22:34me quitaron. El mesero lo dijo con naturalidad, sin saber
- 22:40que yo conocía esa frase. Me quedé callado, mirando el suelo,
- 22:46no dije nada a mi esposa, ni terminé el café.
- 22:50Cuando salimos, miré el pasillo por última vez y juraría
- 22:54haber visto, por un segundo, unos ojos blancos observándome desde
- 22:59el reflejo del cristal. No sé si aquella noche la
- 23:03medalla se rompió o sólo se abrió el sello. Lo
- 23:07único seguro, es que ella sigue ahí, esperando que alguien
- 23:12más se atreva a entrar. Relato anónimo