
De la guardería a Pontevedra: 150 km
Hay distancias que no se miden en kilómetros ni en horas de autopista. Se miden en silencios, en habitaciones vacías y en recuerdos que vuelven de golpe.
Fidel ve cómo su hija mayor, Ana, inicia su vida de estudiante. Se marcha a Pontevedra, a 150 kilómetros de casa. No es lejos, una hora y media de carretera, un regreso posible cualquier fin de semana. Pero en el corazón, la distancia pesa más.
Luego del primer día en que la dejó en su habitación de alquiler, compartida con otras tres chicas, fingió normalidad durante el viaje de vuelta, pero las lágrimas terminaron por romper el dique. Y al…
The skinny
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