Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / Me Atormenta El Espíritu Maligno De Un Sacerdote Historias De Terror - Voces De La Noche
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- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más comenzamos. Me llamo Fanny y actualmente estoy estudiando arquitectura en la facultad. Estoy aproximadamente a mitad de la carrera y me gustaría compartirles una experiencia que viví en la casa que alquilé ubicada muy cerca de la escuela hace un par de años. Cuando recién ingresé a la facultad, me encontré en la urgencia de buscar un lugar para vivir. Venía de una región bastante distante, ya que en mi localidad no había universidades, por lo que necesitaba con urgencia encontrar al menos una habitación. Pero mi mala suerte parecía persistir, ya que todos los lugares cercanos estaban ocupados o no tenían disponibilidad. La mayoría de las recomendaciones me decían que intentara buscar. Al finalizar el ciclo escolar. Desanimada y agotada, me topé con un letrero un tanto descuidado, escrito en un cartón y colgado de un poste que mencionaba serrenta casa. Aunque pensé que el alquiler de una casa podría estar fuera de mi alcance, el precio que me ofreció la dueña fue tan accesible que no pude rechazar la oferta. La casa era antigua, ubicada a unas cuantas cuadras de la facultad. Daba la impresión de haber estado desocupada durante mucho tiempo y de llevar años abandonada. Las habitaciones desprendían un olor a humedad y dejaban ver que las arañas habían hecho de las suyas a lo largo de los años. A pesar de esto, la vivienda contaba con todos los servicios necesarios para una persona sola. Durante la inspección de las habitaciones noté que una de ellas tenía un colchón desgastado, un escritorio de madera y una silla con una patarrón. Le pregunté a la casera si alguien vivía actualmente en la casa. A lo que ella lo negó. Me contó que años atrás, un anciano sacerdote solía alquilarle la casa mientras estaba de paso. Esta práctica se repetía cada año hasta que, sin previo aviso, dejó de hacerlo. Con el paso del tiempo, ella nunca volvió a tener noticias de él y suponía que, dado su avanzada edad, era probable que hubiera fallecido después de cerrar el trato. La casera me explicó que, al ser una casa antigua, era común escuchar los ruidos de las tuberías, algo totalmente normal que no debía preocuparme. Con pocas pertenencias y con la ayuda de mi padre, nos ocupamos de mudarme y de arreglar la casa. Hicimos lo que pudimos. Colocamos focos nuevos, eliminamos las telarañas y pintamos las habitaciones. Pero la habitación que solía ser del sacerdote, la dejamos sin cambios, no tanto por respeto, sino porque no tenía intención de usar esa habitación y optamos por cerrarla con llave. Cabe destacar que cada habitación tenía una puerta metálica con una ventana incorporada. Además, contaban con una especie de cortina que funcionaba como mosquitero y la cubría desde el interior. Mi padre me explicó que las casas antiguas solían tener este diseño. En cuanto a la habitación del sacerdote, recorrí la cortina y cerré con llave. Fue una manera simbólica de clausurar esa habitación que, de paso, me inquietaba bastante. Las primeras noches fueron un tanto inquietantes. Siendo honesta, era la primera vez que me encontraba tan sola y lejos de casa, sentí la necesidad de pedirle a mi padre que se quedara un par de días sólo para ver cómo se comportaba todo y al mismo tiempo tenía la sensación de que era algo por lo que tenía que pasar y enfrentar. Por mi cuenta, al principio fue algo extraño, pero tenía la sensación de que no me encontraba sola en la l habitación por bastante tiempo tuve la idea de que estaba siendo observada algo inquieta. Por esto miré por las ventanas y no había nadie. La ventana de mi habitación da al patio de la casa y no hay nada más que el espacio designado para la lavadora y para atender la ropa. Eso fue lo único que sentía al principio. Pero conforme pasaron los días, las cosas se comenzaron a poner algo turbias e inquietantes. Una semana después de haberme mudado, me encontraba sola en mi habitación tratando de conciliar el sueño después de un día muy agotador en la universidad. Por más que lo intentaba, no lograba dormir nuevamente. Tenía la extraña sensación de que algo se encontraba mal y la fuerte presencia de que alguien me estaba observando ya se estaban comenzando a escuchar los ruidos de las tuberías que mencionó la casera, pero había unos ruidos extraños que no eran de tuberías. Provenían de la habitación a un costado de la mía, como si alguien estuviera cambiado de lugar algunos muebles. Pero además había un sonido que se repetía una y otra vez, el mismo sonido que uno escucha cuando alguien deja caer un lápiz y rebota un par de veces en el suelo, por si fuera poco pude escuchar claramente como alguien arrastraba la silla de la pata rota. Esto era algo imposible. Se suponía que no había nadie más en la casa y mucho menos en esa habitación que yo juraba y perjuraba que estaba cerrada desesperada. Me levanté de la cama y salí al patio sólo para cerciorarme de que la habitación estuviera clausurada como yo la había dejado. Y así era. La habitación estaba cerrada por completo y no se notaban indicios de que alguien estuviera ahí ya más convencida de que todo estaba bien y que quizás se trataba de mi imaginación. Regresé a mi habitación, pero pude sentir una brisa helada que me erizó la piel. Era verano, por lo que las noches eran calurosas. No tenía por qué haber sentido esa brisa que duró tan sólo un par de segundos. Pero entonces me estremecí de miedo. Aquella sensación de que no estaba sola volvió repentinamente, así que corrí a mi cuarto cerrando la puerta detrás de mí me cubrí por completo con las sábanas y cobijas, como si eso me sirviera como una protección, y de repente escuché cómo la puerta de mi habitación se abría lentamente. El crujido de las bisagras hizo que temblara más de miedo. No podía escapar de aquella sensación de que algo se acercaba a donde yo estaba acostada. Hubo un profundo silencio. Por unos segundos me retiré lentamente la sábana del rostro y pude notar que frente a mí se encontraba la figura de lo que parecía ser una persona vestida como un monje con una túnica negra. No podía verlo con más claridad, pero tuve la sensación de que esa figura ante mí se encontraba levitando, pues su cuerpo comenzó a deambular alrededor de mi cama sin hacer ruidos de sus pisadas l r ns. Estaba paralizada por el miedo ese ser Parecía no apartarme de su atención. Parecía estar enfocado totalmente en mí. Varias ocasiones intenté gritar, pero de mi boca sólo salían quejidos tenues conforme veía como el monje, se movía por toda la habitación, inspeccionando mis cosas, yo sentía una opresión en mi pecho que me asfixiaba. Pude ver mi vida, pasar por mis ojos, sintiendo que ese sería mi final y deseaba que mi padre aún siguiera ahí. Después de lo que pareció toda una eternidad, el monje se desvaneció, terminando con mi tortura. El aire entró libremente por mi boca. Recuperé el aliento y con mucho esfuerzo respiré de manera normal. La sensación de miedo y terror me acompañó durante todo el resto de esa noche. No pude volver a conciliar el sueño, así que me levanté, tomé algunas de mis cosas y me dirigí a la sala. Le marqué a una amiga de mi salón de clases para pedirle refugio. Esa noche no podía quedarme ahí hasta saber qué pasaba y todo lo que me sucedió. Se lo conté a mi amiga fueron por mí a la casa y me llevaron a la suya para que pudiera descansar. Su madre me invitó una taza de chocolate para tranquilizarme y mientras me la tomaba, les contaba lo que me había sucedido. Fue la madre de mi amiga a quien conocía al padre que se quedaba a dormir ahí. El padre realizaba misiones en diferentes templos de la zona y era reconocido por muchos, pero tal cual lo dijo, la casera de pronto desapareció y no se supo más de él. Me sugirieron que buscara ayuda de algún especialista en limpias, ya que quizá alguna energía negativa se había quedado en la casa y era necesario expulsarla del lugar. Incluso mi amiga y su madre se ofrecieron a buscar a un santero que ellas conocían para llevar a cabo esta tarea siendo honesta. Aunque sonaba bien la propuesta y la recomendación de buscar ayuda de un especialista en limpias, no quise seguir ese con ndo Consejo. Nunca había pasado por algo así, así que esperaba que las cosas mejoraran por sí solas o al menos eso era lo que esperaba que sucediera. Después de esa noche, mi vida cambió para siempre. En casa. Empecé a experimentar más sucesos paranormales. El ruido del otro cuarto a veces era tan fuerte que no me dejaba descansar. Escuchaba cómo encendían y apagaban las luces y para colmo se oían rezos en latín. Aunque sabía que la recomendación de mi amiga y su madre era lo indicado, tenía cierta resistencia a esa idea. Las cosas se volvieron insoportables cuando los sucesos no se limitaron solo a la noche, sino que también ocurrían durante el día. En el momento en que debería sentirme más segura por la luz del día, tenía la sensación de que me vigilaban y seguían a cualquier rincón al que fuera en la casa. Intenté ignorarlo, pero cada vez era más difícil. Esa misma tarde me encontraba realizando un trabvo frente a la computadora con las bocinas encendidas y escuchando música para relajarme un poco. Entonces se puso una de mis canciones favoritas y empecé a bailar sentada, dejándome llevar por la balada hasta el punto de cerrar los ojos. De pronto pude sentir que una mano larga y helada tocaba mi hombro asustada, abrí los ojos y me di la vuelta rápidamente, pero no había nadie ahí a pesar de no ver a nadie, tenía la fuerte sensación de que alguien estaba justo detrás de mí ya no podía resistir más. Había llegado el momento de llamar a un experto en lo sobrenatural. Acepté la ayuda de la madre de mi amiga y nos dirigimos a un mercado de magia negra, un lugar poco conocido debido a la delicadeza de los temas que manejan. Fue ahí donde conocí a Crespo, un hombre maduro con canasí anillos de la Santa muerte en cada dedo, tatuajes por todos lados y un olor un poco repugnante. El santero me sugirió que se hiciera una limpieza espiritual en la casa, la cual consistía en purificar el lugar y expulsar cualquier entidad negativa que pudiera estar presente. Fue así que nos fuimos a mi casa para que realizara una limpieza espiritual, la cual consistía en purificar el lugar y expulsar cualquier entidad negativa que pudiera estar presente. El ritual lo llevó a cabo y mientras bendecía la casa, mi amiga, su madre y yo estábamos detrás de él, repitiendo cada oración que decía el santero sonará raro. Pero a partir de ese momento, la sensación de ser observada desapareció por completo. El proceso de limpia no duró mucho. De hecho, fue más rápido de lo que me pude haber esperado. Cuando llegamos a la habitación que yo había clausurado de donde se suponía que provenían los ruidos, el santero me pidió que la abriera accedí rápidamente y al hacerlo justo cuando quité el seguro de la puerta. Por alguna razón, la llave que aún estaba puesta en el cerrojo voló repentinamente. Era como si algo desde adentro la hubiera expulsado. El santero observó lo que sucedió y me pidió que repitiera la acción. Lo hice de nuevo y una vez más, la llave salió disparada del cerrojo. El santero tomó la llave del suelo y le vertió un líquido con un fuerte olor. Alcohol introdujo la llave en el cerrojo y esta vez no se soltó. Pero al intentar abrir la puerta, algo parecía estar empujando desde dentro y no nos permitía abrirla. Entonces el santero tomó un poco de sal y la esparció en el suelo. En cuestión de segundos. La sal se encendió como si fuera pólvora y ardió rápidamente. En ese momento, la puerta se abrió por sí sola y el santero entró solo. Nos pidió que no lo siguiéramos y comenzó la limpia de la habitación. Fue el lugar donde más tiempo se tardó. Durante los siguientes días ya no volví a escuchar más ruidos del otro lado o al menos no tan frecuentes, Ya no tenía la sensación de que algo me perseguía y los extraños movimientos también habían disminuido. Finalmente, después de tanto tiempo, pude dormir tranquila durante varias noches. Esta experiencia dejó una profunda impresión en mí. Aprendí que, aunque no siempre podamos ver lo que haya nuestro alrededor, el mundo espiritual es muy real y puede afectarnos de maneras que no podemos entender. Aunque esperaba no volver a encontrarme cara a cara con un espíritu maligno, me sentía mejor preparada para un futuro encuentro por si alguna vez volviera a cruzar caminos con lo sobrenatural. Ya pasó algo de tiempo y la verdad no quise experimentar algo similar. Nuevamente. Apenas terminó el ciclo escolar. Busqué una habitación cercana a la escuela y mi vida fue mucho más tranquila. Como recomendación, les puedo decir que no, porque que sea un lugar económico o cercano significa que sea lo mejor y lo ideal sería conocer más a fondo la historia de cada lugar antes de tomar una decisión. Relato escrito y adaptado por lengua de brujo