Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / Mi Silencio A Cambio De Mi Alma Historias De Terror - Voces De La Noche
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- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más comenzamos. Me encontraba en una etapa laboral difícil. Recientemente había perdido mi empleo, pues la empresa en donde trabajaba estaba quebrando, por lo que hubo mucho recorte de personal. Entre ese personal me encontraba. Yo había caído en una rutina que no daba buenos resultados, salir todo el día a dejar solicitudes de empleo esperando recibir una llamada Mis ahorros. Se acababan y los gastos no se detenían. Necesitaba encontrar un trabajo de inmediato. Una tarde, mientras caminaba sobre las calles de la orilla de la ciudad, encontré en un poste La oportunidad que tanto había estado buscando. Era un anuncio su solicitando personal para trabajo de oficina. El pago era demasiado bueno y a sí mismo se mencionaba que la contratación era inmediata. Llamé al lugar para pedir informes. Una voz profunda de un hombre respondió la llamada Pregunté si aún estaba disponible la vacante del otro lado de la bocina. Solamente respondieron que sí. Traté de pedir más detalles sobre el trabajo, pero el hombre dijo que me presentara al lugar y ahí me darían la información necesaria para poder laborar. Ahí, al siguiente día me priperia arreglé para tener una buena presentación y así, de alguna manera creciera la posibilidad de que me contrataran. Busqué la dirección en el mapa, pero ésta me llevaba casi a las afueras de la ciudad. Pero aún así comencé el trayecto para llegar lo más puntual posible en el camino. Me puse a investigar sobre la empresa en donde posiblemente trabajaría. La empresa se dedicaba a invertir dinero de las demás personas. Leí un poco sobre él. Sueño, un hombre de sesenta años, el cual había hecho una buena fortuna de un día para otro. Todos habían quedado sorprendidos de cómo había logrado dicha cantidad de dinero. Habían muchos rumores acerca de eso, pero él decía que todo era gracias al trabajo duro y a las inversiones hechas a lo largo de su vida. Llegué al edificio donde se encontraba mi futuro empleo. Noté que en los postes fuera de la oficina habían varias cruces de personas ya fallecidas. Curiosamente, todas tenían la misma fecha del deceso entré a la oficina. No era muy grande, pero tampoco muy chica. Era un edificio de apenas tres pisos. Al ingresar la atmósfera era densa, una luz un poco baja, con unos tonos grises llenos de amargura, algo dentro de mí Se arrepentía de haber llegado hasta este lugar, pero no me quedaba otra opción. Era eso o seguir buscando. Hablé con la recepcionista, una mujer que parecía robot. No presentaba emoción alguna, Sólo estaba ahí frente al computador realizando su trabajo. Pregunté sobre el trabajo del anuncio. Ella me miró fijamente y me dijo que pasara a la oficina del jefe, indicando que tenía que subir las escaleras hasta el tercer piso para poder llegar a donde él se encontraba. Mientras subía cada piso, me daba cuenta cómo era el ambiente en el lugar, todos concentrados en su trabajo, en un completo silencio, en el cual el único sonido que había era el de las teclas de las computadoras. Nadie notaba mi presencia. Todos concentrados en su trabajo. Quise preguntarle a alguien sobre la oficina del Jefe, pero la persona sólo me miró de pies a cabeza con una mirada muy seria y me indicó el camino. Llegué y la Secretaria me preguntó de una manera muy agresiva que necesitaba. Yo respondí que venía a hablar con el jefe para preguntar sobre el anuncio del trabajo que había visto en la calle. Ella levantó el teléfono e hizo una llamada. Luego colgó y me dijo que pasara y así lo hice. Cuando entré a la oficina había un hombre guardar en un cajón ciertas cosas que no logré alcanzar a ver, lo que, si noté claramente fue un humo de veladora esparcirse por toda la oficina y se me hizo extraño. El hombre volteo y caminó hacia mí, un hombre alto de traje con una mirada penetrante y pocos gestos. Seriamente me saludó y me dio un fuerte apretón de manos. Me pidió que tomara asiento. Él me platicó la historia de su empresa. Como la gente le confiaba su dinero y ellos lo hacían crecer cada día. Me contó que, a pesar de ser una empresa con apenas cinco años de inaugurarse, había tenido bastante éxito en la ciudad. Me explicó las tareas que tendría que realizar, las cuales únicamente eran realizar reportes de cada cliente nuevo y cómo su dinero se podría invertir en ciertas cosas para así darle un buen rendimiento. Me dio más detalles de mi jornada laboral hasta llegar al monto del sueldo. Era una buena cantidad que recibiría a la semana. Eso me ayudaría con todos mis gastos y hasta tendría dinero de sobra. Acepté el trabajo, a pesar del ambiente tan tenso. El jefe me mostró mi lugar de trabajo, un escritorio dentro de un cuarto, en donde habían otras tres personas, pero cada uno tenía una separación que evitaba que compartiéramos alguna plática e incluso una mirada. Salió de la habitación, pero antes de irse me dijo que en unos días me traería mi contrato para que lo firmara. Comencé a realizar mis labores. Afortunadamente, ya tenía experiencia al manejar el equipo que me proporcionaron debido a mi anterior empleo, por lo que no me fue difícil entender cómo funcionaba el equipo. El tiempo transcurría en completo silencio en el lugar. Al ir al baño, veía cómo los demás compañeros estaban muy adentrados en su máquina. No no permitían or extracción alguna. Intenté entablar conversación con uno de ellos, pero sus respuestas eran muy cortantes y cerradas. No pasaban de un sí o uno. Al regresar a mi lugar, noté a otro empleado, pero éste se notaba diferente a los demás. Se notaba a simple vista como una persona normal, a diferencia de los otros, que pareciera que estaban programados para realizar únicamente las tareas asignadas. Traté de acercarme a él y saludarlo Cuando lo hice, él me miró de una manera nerviosa. Me regresó el saludo y dijo que tenía que regresar a trabajar. Se me hizo muy extraño ese comportamiento. Miré mi reloj y había llegado mi hora de comida. Desafortunadamente, no había traído alimento alguno únicamente en mi bolsa. Traía mis últimos billetes. Ocuparía una parte de ese dinero para comer algo. Bajando las escaleras. Veía cómo los empleados en el comedor utilizaban los electrodomésticos y se sentaban a comer sin mantener a alguna interacción entre ellos. Algo estaba mal con esas personas. Llegué a pensar que era debido al estrés del trabajo. Al llegar a la puerta para salir de la oficina, la recepcionista Molesta me preguntó a dónde iba, a lo cual yo respondí que estaba tomando mi horario para comer y saldría a buscar algo para almorzar ella Me comentó que normalmente los empleados comen dentro de la oficina, ya que afuera no hay mucho que encontrar y menos para comer. El único lugar estaba a varios minutos de la oficina y tardaría mucho en ir y regresar. A mí no me importó eso, pues moría de hambre y de ganas de respirar aire fresco y ver el sol por lo que salí. Cuando lo hice, noté que la recepcionista había tomado el teléfono para hacer una llamada. Mientras me observaba salí del edificio, respiré ay de puro y miré a mi alrededor. La recepcionista tenía razón. No había muchos comercios, solamente casas y entre ellas había una casa muy grande. Al parecer era de alguien importante dentro de esa zona un joven cruzaba la calle y me acerqué a él para preguntarle si conocía por estos rumbos algún lugar donde pudiera comer el chico. Me dijo que el único establecimiento estaba algo lejos, pero me indicó cómo llegar. Tardé aproximadamente veinte minutos en llegar a esa pequeña cocina económica. Vi el menú y pedí algo rápido una torta. Le pedí de favor a la encargada que la hiciera lo más pronto posible, ya que me restaban treinta minutos y tardaría otros veinte en regresar la. Señora amablemente se dio prisa e hizo mi pedido. Al entregármelo, me preguntó si no quería que ella me llevara la comida hasta mi trabajo para que así yo no perdiera tiempo. Yo acepté la oferta de la señora y ella me dio su número y preguntó en dónde se encontraba mi trabajo. Le di las indicaciones para llegar a la oficina. Ella, al momento de escuchar la ubicación, preguntó si yo trabajaba para el hombre que se había hecho rico de un día para otro. Yo confundido, respondí que sí. Ella entonces me pidió que me fuera de inmediato y no regresara con ella jamás. No quería tener agente asesina comiendo en su negocio. Esas grandes acusaciones hacia mi persona me dejaron helado. Le pedí una explicación a la señora, pero ella se negó y, en cambio, insistía más en que me fuera del lugar o llamaría a la policía. Salí del lugar. Confundido e intrigado por lo que había pasado. Comencé a hacer suposiciones sobre lo que escondía a esa oficina. Miré mi reloj y mi hora de comida ya iba a terminar. Corrí para regresar a tiempo. Entré justo a tiempo. La recepcionista, de manera sarcástica, preguntó si había encontrado algo y también mencionó que el jefe quería verme volví a entrar a su oficina y él se encontraba en su escritorio esperando mi llegada, sólo para decirme que me recomendaba no salir a comer fuera. Le conté lo que me había sucedido en la cocina a la que había ido y pregunté por qué ella me había calificado a mí y a la empresa como asesinos. Primero puso una cara muy seria, pero después soltó una carcajada. Algo sarcástica. Dijo que desde que se hizo de dinero y construyó su gran casa y el edificio de la oficina, la gente comenzó a crear rumores por mera envidia. La gente de esa zona era así con cualquiera. No me terminó de convencer y pedí retirarme a mi lugar de trabajo. Me dijo que no creyera. Todas las cosas que la gente decía eran simples rumores. Regresé dudoso acerca de la veracidad de los comentarios del Jefe VI. Como el otro empleado que había saludado hace unos momentos, me miraba, pero cuando también lo VI dirigió su vista a otro lado, todo se estaba tornando extraño. Para ser el primer día de trabajo, me concentré únicamente en mis actividades laborales y dejé de prestar atención a las cosas raras que habían pasado el día de hoy. Por una de las pocas ventanas del edificio, el sol se escondía. Si ya la oficina era oscura, ahora era aún más oscura. La iluminación era algo inquietante. Una luz blanca iluminaba las paredes grises del lugar. Se sentía muy tenso el ambiente. Varios empleados comenzaron a levantarse de su escritorio e irse de la oficina. Muy descortés de su parte, el no despedirse de nadie. Sólo se levantaban, checaban su hora de salida y se iban de la oficina. Desafortunadamente, yo no podía hacer lo mismo, pues mi jornada acabaría en tres horas más. Todos se iban y yo me quedaba solo en el cuarto. Había terminado mis tareas, pero aún faltaba tiempo para que pudiera salir. Sentado Viendo hacia la puerta, vi una sombra recorrer el pasillo. Mi corazón comenzó a latir fuertemente. Ruidos extraños se escuchaban en el piso de abajo. Podía escuchar personas murmureando y yo sabía que no se trataba de algún compañero, ya que ellos no se dirigían la palabra, además de que los murmullos que se oían eran de pequeños. Lentamente me asomé por las escaleras. Las luces estaban apagadas, pero pude entrever a dos pequeños infantes completamente de negro. Deambulando por la zona, no logré distinguir algún rostro. Intenté bajar un poco más, pero de repente, alguien por detrás me tomó del hombro rápidamente volteé y era aquel compañero que había saludado y me estaba mirando. Obviamente me asusté, pero él me tranquilizó y pidió que no hiciera ruido alguno, ya que el jefe podría darse cuenta. El jefe era la última persona en irse de la oficina. El compañero me llevó a un lugar donde las voces no lograban ser escuchadas y me explicó todo lo raro que sucedía en esa oficina confesó que había una historia acerca de cómo el jefe había conseguido demasiado dinero tan rápido. Hace algunos años, antes de que la oficina y su casa del jefe se construyeran, había una escuela primaria. El jefe era una persona no pobre, pero de clase media, que siempre peleaba con los niños debido a que al salir de la escuela, ellos dejaban mucha basura tirada fuera de su puerta y hacían demasiado escándalo, evitando que él se concentrara en su trabajo, que en ese entonces él se dedicaba a reparar muebles, el cual no le dejaba muchos ingresos. Hubo una ocasión en la que el hombre estaba harto de esos niños y de su pobreza, por lo que buscó la ayuda fácil hacer un pacto con el diablo en su casa. Invocó a aquel ser hizo su petición, que era tener mucho dinero y deshacerse de los niños. De repente una vela con la que hacía el ritual cayó sobre un mueble, quemándolo inmediatamente. Un vecino habría llegado a preguntar si todo estaba bien, pues había visto que algo se estaba incendiando. Pero cuando él habría llegado, el fuego desapareció. El hombre le dijo que todo estaba udo bien y lo corrió de su casa azotando la puerta. Al vecino no le dio buena espina eso y decidió espiar lo que sucedía. Dentro de la casa. Él encontró un lugar donde ver perfectamente todo lo que pasaba. Dentro de la casa. El fuego en el mueble había revelado el precio que tendría que pagar a cambio de lo que él deseaba. El mueble quedó manchado por el fuego, pero también había creado una especie de dibujo que reflejaba algo más claro que el agua. En esta se representaba la escuela, siendo quemada y justo arriba de ese escenario, una cara malévola se miraba satisfecha por el incidente. El hombre dudó un poco en si debía hacer eso o no, pues él no era un hombre malo. Sin embargo, un deseo de maldad entró en su cuerpo. Estaba decidido en acabar con esa escuela y tener la recompensa de la fortuna. El compañero contó que al siguiente día el hombre se dirigió a la escuela a cometer dicha promesa. No se sabe cómo fue que logró incendiar la escuela con todos dentro, pero lo hizo y la escuela terminó en cenizas misteriosamente a los pocos días, él tenía una gran cantidad de dinero y unos cuantos años después, el hombre compraría el terreno de la escuela para terminar de demolerla y construir su oficina. Yo no terminaba de creer la historia y dudaba de que fuera verdad. Cuestioné a mi compañero sobre cómo sabía que era verdad toda esa historia. Él me dijo que su padre era el vecino que observó todo eso y antes de morir, su última petición fue que todos se enteraran del tipo de persona que era ese hombre. Le pregunté acerca de las sombras que acababa de ver. Él me dijo que eran los espíritus de los niños de la escuela desde que él trabajaba Ahí se manifestaban en la oficina. Continué haciendo varias preguntas, pues necesitaba tener todo claro pregunté porque él era el único que sabía esa historia. Respondió que todos en la oficina lo sabían, solo que l i jefe los tiene amenazados, pues cuando alguien entra por primera vez a trabajar ahí, él los hace firmar un contrato y la mayoría no lo lee completamente. Y cuando comienzan a descubrir el oscuro secreto e intentan renunciar, les dice que no pueden hacerlo, pues él tiene su firma donde están obligados a trabajar ahí hasta que el quiera o el diablo tomaría su alma. A cambio, los que lograron escapar habían desaparecido misteriosamente. Él comentó que, al saber de eso, cuando fue contratado por el jefe, firmó con una totalmente falsa la oscuridad había llegado a su punto y el jefe salía de su oficina. Sus pasos al bajar las escaleras se escuchaban profundos. Mientras lo hacía, emitía un silbido bastante inquietante. Creíamos que él saldría primero de la oficina, pero antes se aseguró que nadie estuviera dentro del edificio. Después de hacerlo, volvió a subir a su oficina privada. Ambos lentamente lo seguíamos. Los focos parpados, las sombras deambulaban por todo el edificio. Tratábamos de ser muy sigilosos para que el jefe no se diera cuenta de que aún seguíamos ahí. El entrópero no cerró completamente. La puerta la dejó entreabierta. Nos asomamos para observar qué era lo que iba a hacer. Abrió el cajón que miré cuando llegué, sacó un cuadro con una imagen de una especie de fenómeno con cuernos y ojos ojos, colocó una cruz pero invertida, puso unas velas formando una estrella de magia negra y comenzó a leer una hoja con palabras extrañas. Mi compañero, desesperado y harto de ese hombre, se dirigió hacia él, pero del suelo emergió una extraña criatura. Era el demonio con el que el jefe había hecho el trato. Por si no fuera muy macabro el ambiente, las sombras de los niños recorrían todo el cuarto y sus risas macabras se impregnaban en el lugar. El jefe se dio cuenta de que estaba detrás de él, dispuesto a atacarlo, pero tranquilamente lo tomó de la casa y mi compañero perdió el conocimiento. Era muy tarde. Su alma ahora estaba en otro lado y sólo había un cuerpo vacío. El jefe notó mi presencia y pidió que saliera de mi escondite, o habría graves consecuencias con el corazón. Al mil por hora salí temblando del miedo. El jefe me vio con una mirada penetrante y seria. Yo vi el cuerpo de mi compañero que desgraciadamente, no pudo lograr la promesa de su padre. El jefe solo sonrió sarcásticamente sacó un papel que era mi contrato. Las palabras que dijo fueron muy traumantes para mí. Dijo creo que ya sabes qué es lo que tienes que hacer. Firma ahora o terminarás como él. No me quedaba otra opción. Me dio la oportunidad de ir a casa, pero no debía de decir ni una palabra de lo sucedido y me esperaría mañana a primera hora para mi jornada laboral y aquí me encuentro en la oficina. Ahora soy uno como ellos una persona que llega únicamente a ordo las órdenes asignadas. Estoy condenado a trabajar aquí hasta que el jefe decida lo contrario. No puedo hacer algo al respecto. Sólo esperar a que suceda un milagro o que llegue el diablo por mi alma, Andrea Lezama