Latest / Carne Cruda Podcast / Derroteros: La Casa, con Santiago Alba Rico (CARNE CRUDA EXTRA)
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- Adiós se va igualmente derrotero. Pérdalo bien camino en dirección, medio tomado para llegar al fin propuesto conjunto de datos que indican el camino para llegar a un lugar o que nos vamos dirección que se da por escrito para María día. Además, va a ser buen fin de el libro, que contiene un derrotozo una línea marcada en el mapa de mareas para guiar a los pilotos rotar de derrotero déjate rote derroteros. Iroso pensar paseando con Santiago Albarrico, nada mejor para huir del tumulto y las algaradas de las calles que este paseo por otros derroteros con Santiago Alba. Cómo estás querido qué tal? Javier, me alegra mucho escucharse incluso en medio de de tanto ruido, o precisamente aún más en medio de tanto ruido. Hoy con qué palabra vamos a circular, pues mira, la verdad es que todas las palabras es una tentación mucho mayor que una claja de bombones, con toda clase de ofertas para el gusto la letra. C ofrecen innumerables con los sindas en este sentido y he dudado pertensado, en cuidado, en cereza, en caricia, en corazón, hasta encaída, en catástrofe, que era muy oportuna. Desde luego, o carcava o curba o cazuela, o cuerda o cascabel o o cuchara o concha o caracol o caracola o cúspide, que esdrújula y es muy bonita. Pero al final me quedo con una palabra muy sencilla, que en realidad es un concepto, concepto también empieza por fr axial. Digamos en la condición humana, inseparable de nuestra condición humana, que es la palabra, una palabra casa de la que no hemos hablado nunca y que me gustaría unir, en todo caso, en una constelación, palabra que también empieza por fe, que incluiría otras palabras que copienzan por fe. Junto a casa. Hablaríamos de costumbre, de cuerpo, de cocina y de cuento, si te parece, me parece fenomenal, una palabra mucho más humilde que esas otras que has citado anteriormente y esenciales verdad para la vida en alguna ocasión si hemos hablado de las casas a propósito de las ventanas y las puertas, no sé si lo recuerdas exactamente. Sí, y también hemos hablado que hablaremos luego o lo mencionaremos del fuego, que dedicamos un derroteros completo al fuego y hemos hablado de las casas. Pero me gustaría va a bordar algo desde otro punto muy buen punto de vista. Vale Yo te hago una pregunta muy sencilla. Qué es una casa, pues mira es una palabra junta tan sencilla como difícil y comprometida. Yo lo haría así la pregunta. Yo diría qué es lo que define una casa. Y responder lleva una manera un poco contra intuitiva. No pensemos directamente en un techo, en el confort en la protección, sino lo pensemos más bien desde fuera en qué es lo que define una casa. Yo diría que lo que es en una casa es que está quieta, que está inmóvil. Y eso es muy importante, a mi juicio, en un mundo en el que se mueve todo. Se mueve en los cuerpos, se mueve el viento, se mueven los ríos, se mueve desde luego, la corriente del tiempo y en nuestro mundo se mueven también a velocidad vertiginosa a las imágenes. Lo que caracteriza una casa, una construcción, a un edificio es que está quieta Y al estar quieta, lo que hace es iluminar el espacio a su alrededor, como decía heideg de los templos griegos que servían para iluminar el espacio de alrededor. Porque yo creo que los seres humanos tenemos este límite claramente inscripto, nuestra propia condición humana, y es el hecho de que no podemos controlar el tiempo e intentamos controlarlo a través del espacio. Es como si intentáramos clavar en la corriente del tiempo una estaca o ponerle un dique, un dique que se va a llevar el bien que el tiempo, también tarde o temprano, pero que dura lo suficiente delante de los ojos, como para iluminar también del espacio y alrededor, como para digamoslo así, para calmar el espacio. El tiempo no lo podemos calmar. Está siempre burbujeando, está siempre hirviendo. Pero sí que podemos calmar el espacio de una casa sirve para amar el espacio piensa, por ejemplo. Esto ya son, digamos, versiones excesivas o versiones arrogantes de las casas que tienen que ver además con jerarquías sociales. Yo nunca habría construido las pirámides porque además, pues incluyeron mano de obra esclava. Pero una vez existen las pirámides, hay que conservarlas. Y hay conservarlas sencillamente porque están, por un lado, apuntando el cielo y, por otro lado, iluminando el espacio de alrededor que ha cambiado durante los últimos tres mil quinientos años constantemente. Y lo aceleráramos, pues veríamos que esos tres mil quinientos años no son nadas. Han sucedido civilizaciones, pueblos, culturas, guerras, amores, todo alrededor de esas pirámides que siguen ahí quietas en el espacio iluminándolo. Y yo creo que, como estamos incluyendo y los cuerpos, también está muy bien que haya un objeto que además es hueco y que, como vemos ahora, tenemos ahora, pues sirve para cosas muy concretas. En todo caso, se yergue en el espacio de tiene la mirada y calma de alguna manera esa efervescencia del espn Retiene el cuerpo, detiene el espacio. Pero yo también diría que calma el tiempo, porque el tiempo no transcurre a la misma velocidad fuera de casa que dentro de casa. Fíjate tú es así, Javier, porque, como hay una relación de admistrad aún no esclarecida siempre explorada, pero todavía oscura entre el tiempo y el espacio. Lo que sabemos es que la única manera que tenemos de intervenera el tiempo, de controlar el tiempo a través del espacio. Por lo tanto, hemos creado distintos espacios en los que el tiempo una fuerza beber acelera otras veces ser rebalsa o ser remansa. Y, desde luego, la casa es con uno de esos espacios en los que el tiempo sin duda se remansa. Parece como que se detiene en el umbral de la casa Y dentro, pues podemos escalendirlo, podemos medirlo de de otra manera. Hay que, en todo caso, preguntarse para que sir una casa y podemos decir, en efecto, para amansar el espacio que se le tiene y, por otro lado, también para revansar el tiempo que se le tiene en el umbral. Y habría que relacionar eso con este verbo fundamental en relación con la casa, que es el verbó habitar una casa para que sirve, pues decir que sirve para evitarla, pero sin decir que este es un es un pero muy bonito porque viene. Es un frecuentativo del verbo latino a ver a ver en la tim quiere decir temer y habitar. Por tanto, sería como tener repetidas veces algo, tener una y otra vez algo en el sentido, también podríamos decir que para que para habitar es necesario que esa repetición implique el regreso. Es el sitio al que se vuelve una y otra vez y volvemos, obviamente, con nuestro cuerpo. Qué es lo que tenemos. Si lo nuevo a haber quiere decir tener, tenemos muy pocas cosas. En realidad, no podemos tener una mujer, no podemos tener un hombre, No podemos tener ni siquiera un hijo que se tienen enseguida a sí mismos. Pero lo que tenemos es un cuerpo y la relación que los cuerpos se establecen con un espacio que se repite una y otra vez. La llamamos costumbre. La llamamos costumbres. Por eso más esa relación que tú has señalado entre el tiempo y la casa, porque las costumbres sirven de algún modo, puesto que repiten una determinada relación entre el cuerpo y el espacio. Sirven para que el tiempo se ralentice y se repita allí donde sabemos que no podemos volver nunca atrás. Pero las costumbres son dispositivos que permiten de alguna manera, repetir, repetir el tiempo. Entonces hay parece muy importante por una cuestión que tiene que ver con la propiedad. Javier Fíjate, Tú que si habitar es el frecuentativo del verbo aher del verbo. Tener y, por lo tanto, habitar significa tener repetidamente algo, establecer una relación repetida de consuetudinaria con el espacio. Podemos decir que la propiedad es repetición y que si no hay repetición, no hay propiedad, Es decir, que las casas vacías no tienen propietarios, Solo una casa habitada y porque es habitada tiene un propietario en el sentido. Pues bueno, pues naturalmente, que hay propiedades, titularidades económicas, administrativas formales de las casas. Uno puede tener una casa vacía, pero si la alquila que de alguna manera la casa vasa a ser, al menos mientras es habitada por esas personas, por las personas que la habitan, reproducen allí sus cuerpos y se relacionan a través de la costumbre con el espacio. Estoy pensando santi que entonces lo que hace a la habitación habitación es el hábito, pues claro fíjate que ese es el otro término derivado del latino a ver a ver el al frecuentativo habitar, pero también da este participo pasado hábito, que es un sustantivo, en definitiva, en castellano y que lo que describe es la relación reiterada entre un cuerpo y un espacio. Y esto hace que tengamos que tener muy en cuenta la repetición como criterio para determinar qué es lo que llamamos propiedad, qué es lo que tenemos. Lo que tenemos son hábitos, son costumbres propias del cuerpo y ese cuerpo establece a través del hábito, relaciones con determinados espacios. Eso es lo que llamamos realmente habitar. Entonces yo diría que si hablamos de propiedad, tenemos que asociarla a la repetición, la propiedad de repetición y, por lo tanto, una casa vacía no tiene propietarios. En España, creo que hay en torno a tres millones y medio de casas de casas vacías. Y podemos decir esto no es una provocación ni una incitación a ocupar las casas. Podemos decir que hay en todo caso, tres millones y medio de casas en las que no hay realmente un propietario, porque no hay un hábito, no hay una relación entre los cuerpos y el espacio. Y date cuenta de lo que ocurre en este momento, porque decíamos que que a través del hábito, a través de la habitación, a través de esa repetición, lo que hacemos también es revalsar el tiempo dentro de la casa y calmar el espacio. Cuando inscribimos un edificio en el espacio. Y date cuenta de lo que supone el aumento de la velocidad, de la velocidad digamos artefacta, de la velocidad tecnológica en un mundo que ya estaba en movimiento y que tratábamos de parar a través de las casas, lo que supone, en efecto, esa aceleración tecnológica en relación con los hábitos, en relación con la habitación y en relación con la casa. Decía con mucha razón, en un clásico recomendabilísimo carne y piedra, Richard Zenette, el famoso urbanista y sociólogo, que de los rascacielos de acero y fibra de cristal de Nueva York y van a quedar muchísimo menos restos, muchísimas menos ruinas que de los antiguos templos del del Imperio Romano. Eso tiene que ver con esta velocidad. Ya no duran nada. Hemos hablado otras veces del consumo, como destrucción de las cosas, como aceleración de las cosas, de los objetos y, por lo tanto, como la imposibilidad de usarlos. Y es tremendo que con el cemento, con los millones de toneladas de cemento que arrojamos todos los días al espacio, ocurra de alguna manera lo mismo. Esa aceleración hace que las casas se sucedan a una velocidad vertiginosa hacia delante de nuestros ojos. Hay, por un lado, una aceleración de la velocidad vertical, construcciones cada vez más altas y que se alzan ante nuestros ojos a mayor velocidad. Y luego el hecho fundamental de que todas esas construcciones ya no están en el espacio, porque en realidad son mercancías y sirven para la especulación, para la especulación cada vez más acelerada. Y aquí donde la especulación financiera va acompañada de la del vaciamiento de las casas, del hecho que haya muchas casas no habitadas. Son dos fenómenos que están íntimamente vinculados, pues allí donde hay especulación y casas vacías, pues podemos decir que la casa está dejando también de existir. Claro, estaba pensando siguiendo esa línea de las palabras que no se puede llamar propietario, como bien decías a quien no habita la casa porque no la hace propia, no sea propia de ella, no le da su marca, su carácter, su personalidad, no vuelve, no repite dentro de ella. Exactamente no es lo que decíamos, que en realidad, si es re petición, es propiedad, implica que se repitan al menos dos cosas, es decir, que se repita el lugar mismo donde está inscrita la casa, que tú vuelvas a la misma casa que estén localizada en una determinada calle. Y la repetición implica también que se repitan los objetos y los cuerpos que viven dentro de esa casa. Y el hábito, como decíamos, es un poco la relación entre esas dos cosas. En la medida en que repetición hacemos propio los espacios con el cuerpo a través de las costumbres y en la medida en que se produce esa extraña amistad no esclarecida entre el espacio y el tiempo, en virtud de la cual, de alguna manera, el tiempo se rebalsa y el espacio que da inmovilizado. El hábito hace al monje y hace a la casa, y la casa no lo hemos dicho. De dónde viene la etimología isidoro de Sevilla, en sus famosas bellísimas etimologías que hay que leer una y otra vez este libro, que escribió Isidoro en Sevilla en el siglo VI pues nos cuenta que en realidad casa era un tipo de construcción rural más o menos precarias, como una choza hecha de cañas y palos y ramas, porque en latín casa, como sabes decía domus donde viene doméstico o domicilio, que acabamos de citar. Pero en todo caso y aquí llegamos a un punto que ya hemos tratado en otro derrotero, pero que trataré de abordar por otro lado, qué es lo que realmente tenían en común. Digamos las casas y los domus, pues el fuego. Digamos que hay casa allí donde se enciende, donde se enciende un fuego. No hay que olvidar que la palabra hogar procede de focare, focaris el latino que quiere que viene de focus, que es el fuego. Por lo tanto, digamos que hay, que hay casa allí donde se enciende el fuego para tender el fuego. Desde luego, hay que hay que pararse el juego, pues calienta el espacio alrededor. También de alguna manera mide el tiempo, porque sucrepitar casi subroga el sonido rítmico de un reloj. Y, por lo tanto, digamos que hay casa donde hay hogar, Y hay hogar donde hay fuego. Y hay una cosa que me decía una amiga mía muy querida, iría que el fuego hay que cuidarlo. Otra palabra con c que tiene que ver mucho con la casa. En efecto, acuérdate dedica que el derrotero derroteros que dedicamos al fuego, pues yo insistía mucho en esto, en el insomne que que cuida el fuego. Desde luego, poco después de que prometeos lo, llega a los seres humanos. El fuego era tan precario, tan frágil. Hasta el punto no sabíamos cómo entenderlo de nuevo, que lo del cuidado del fuego era una tarea fundamental y tenía que estar siempre alguien despierto manteniendo el fuego, el fuego con vida, y eso es importantísimo. El fuego que nos cuida tiene que ser cuidado, también tiene que ser controlado, tiene que ser avivado, pero también de alguna manera controlado. Y los cuerpos se reúnen en torno al fuego. Qué hacen con ese fuego. Claro, esa es la cuestión. No porque qué hacemos en torno al fuego, pues hemos hecho siempre fundamentalmente dos cosas, una cocinar y la otra contar cuentos. Cocinar, como sabemos, es lo que marca, según leys Tsh y tu antropología, pues el paso digamos de la naturaleza a la cultura. Cuando dejamos de ingerir alimentos crudos y los cocemos, los sometemos a la acción del fuego, se produce un cambio civilizacional importantísimo y que no acañe solamente digamos al sabor de los alimentos, tampo a la salubilidad de los alimentos que tienen que ver sobre todo con la sociabilidad. La especie humana es una especie fundamentalmente sociable, mucho más que los orangutanes o que otros primos primates. Y esta sociabilidad, yo creo que está claramente relacionada con ese paso de locurdo a lo cocido, con el hecho de que no sólo cocinamos alimentos que vamos a compartir o que necesariamente tienen que ser compartidos, sino que luego los compartimos de hecho alrededor de una mesa. Y esa comida en común es el verdadero salto civilizacional, a mi juicio, que es el que de alguna manera señala, pues la condición humana como diferente de otras especies muy próximas, y cocinar ya fíjate tiene que ver. Yo creo que sobre la cocina podemos hablar infinitamente, pero creo que cocinar tiene dos aspectos que hoy, sobre todo en medio de la velocidad, conviene rescatar al vindicar uno, Y es que cocinar si uno sigue cocinando, digamos con arreglo a los procedimientos clásicos. La cocina también implica el reconocimiento del tiempo como un factor esencial de la vida humana. El capitalismo ha dedicado gran parte de su infinito e ingenio destructivo a explotar el tiempo, a cortar el tiempo, a hacer que el tiempo rindiese cada vez más beneficio en lapsos, cada vez más pequeños, a contar el tiempo y en la cocina, no la cocina. Cada alimento tiene su propio tiempo de cocción. Se parece por eso a la alquimia, pero también tiene que ver con el cine, porque es como el montaje que es la cocina del cine. Y tiene que ver también con la música, porque los alimentos, mientras se cuecen o se fríen, emiten distintos, sonidos bujean o chisporrotear, y eso es fundamental. Y luego la hospitalidad, cocina, comida, casa son términos todos los cuales fundidos dan lugar a la hospitalidad, que es la garantía, de alguna manera también de la civilización y de la convivencia. Cuando alguien invita a otro a compartir la mesa, lo que está declarando es que no te lo vas a comer y cocina, fuego y comida son incompatibles, así que es muy importante decir que, como hay una aparente contradicción entre comer y hablar, el hecho de que compartamos la comida y la compartamos con un huésped al que hemos invitado a nuestra mesa y aplica que tenemos que usar la boca también para hablar, que tenemos que parar de vez en cuando dejar de llevarnos la cuchara a la boca o el tenedor, hacer altos para hablar y escuchamos, comemos mientras escuchamos y dejamos de comer para hablar. Y eso es que es fundamental esta contar cuentos. Contamos cuentos, esa otra palabra que también empieza con cé y que de alguna manera también define la condición humana. No pierde tú, Javier, que tenemos esta cuestión en casi otras lenguas, pues hablar se dice viene de parábola, de para volar. Se acaba diciendo parlare en italiano o parlan francés o parlar en catalán. En cambio, un castellano en camio castellano decimos hablar y hablar viene del verbo latino. Fabulares y fabulares de donde viene fabuloso, por cierto, pues originalmente en latín quiere decir contar fábulas. Por qué, porque cuento en latín se decía fábula. Eso era un cuento y los cuentos son importantísimos, Javier, también tienen que ver con esta relación que mantenemos con el espacio y que estamos perdiendo darte cuenta de que todos los cuentos empiezan con un había una vez y ese havía en realidad no es el verbo a ver, aunque es una derivación. También sabíamos que el deab de verbo abre teníamos a habitar y teníamos también hábito, pues también tenemos este este hay había el pasado invariable de hay y hay. No es exactamente un verbo. El verbo haberes sería a y funciona como auxiliar. Ha cogido a comido a venido, pero ese hai es un de íctico. Señal a un objeto en el espacio. Lo localiza en el espacio, en los cuentos. Los cuentos discurren en otro tiempo y lo tempore. No sabemos cuándo había una vez. Pero ese a localiza un objeto en el espacio delante de los ojos es el ilia del francés o el che del italiano. Qué hay, pues, hay un rey, hay una princesa, hay un oso, hay un gato, hay un niño. Ese es el fundamento de todos los cuentos, localizar algo en el espacio, un objeto singular que podemos de alguna manera medir y que echamos al camino para que cobra una aventura y date cuenta de la importancia que tiene esto de que en realidad estemos señalando una existencia y una o dos o tres o cinco, Y algunas veces lo he dicho esto de que sólo se puede narrar aquello que puedes contar con los dedos de una mano o al menos de dos ques, un cuento que es los tres cerditos y una novela que se llama los tres mosqueteros. Pero tú no podrías contar un cuento que fueran los tres millones, cuatrocientos veinti cerditos o el millón de mosqueteros. Eso es imposible. Y ahí, fíjate, volvemos, que es donde yo quería ir acabando. Volvemos a nuestra última conversación. Recuerdas que hablábamos de la barbarie, hablábamos de lo que era incivilizado, hablamos de los efectos inconmensurables del bien y, sin embargo, de la posibilidad de contar, de calcular las heridas, los muertos, los escombros. Y acababa con aquel poema de catulo dirigido a Lesbia el que comenzaba intentando contar los cuentos y acababa perdiendo la cuenta. Y es muy importante esta diferencia entre medir y contar. Decíamos hablamos en castellano, hablamos y quiere decir que contamos fábulas, que contamos cuentos, y contar cuentos puede ser también contar mentiras. Nos lleva al tema de los fake, nos lleva al tema de las manipulaciones, nos lleva a esa libertad inscrita en el lenguaje del ser humano, que es la mentira. Podemos mentir y tenemos que ser muy cuidadosos a la hora de distinguir la mentira de la ficción. Pero en cualquier cosa, es muy interesante ver que si hablar viene de fabulars este contar que utilizamos para los cuentos, para las narraciones, en realidad tiene la misma raíz que computar es dar el cómputo en latín es un cuento en los dos significados. Procede del mismo verbo de computar. El cómputo es una transformación fonética de cómputo que ha quedado también como en castellano, como un curtismo para las para los números. Fíjate que es este haber bo dado lugar a dos palabras que son homónimas, cuento o cuenta contar y que, sin embargo, expresan o nos introducen en dos universos absolutamente distantes, el uno del otro, que son de alguna manera o opuestos, que es la diferencia entre medir, yo diría y calcular, entre nombrar y enumerar. Entonces nos encontramos, por un lado, que el ser humano es el único animal que fabula y que, además, de alguna manera se salva a través de las fábulas de los cuentos. Piensan en Sherezade y el Sultán sagrear en las mil y una noches esta mujer, que se salva del destino de las que le han precedido, asesinarlas por por por su marido. El Sultán se salva contando cuentos, se salva contando fábulas, que deja sin terminar a fin de que el interés del Sultán la mantenga un vía más con vida. Pero no hay que olvidar Fíjate Javier, que mientras cuenta cuentos, heredad hace otras cosas, también acaba construyendo una casa, o sea, son más de tres años. Acaba teniendo hijos con el Juan, lo que demuestra que una vez termina la historia, el Sultán y Sherezab no no se duermen para recomenzar la historia al día siguiente y va construyendo ser esa una casta, va civilizando, domesticando al Sultán y va transformando ese flujo de cuentos y de narraciones, lo va convirtiendo en una casa. Pero el ser humano, que es el único animal que fabula, también es el único animal que calcula. Y el cálculo. Si el cuento puede ser salvífico, las cuentas pueden ser fatídicas. Es el dinero, son las bombas, son los muertos. Y entonces, claro, a mí me resultaba muy difícil en estos momentos mantener una conversación sobre la casa, sin tratar de recordar, a través de este recorrido, que la casa por todo lo que hemos dicho, porque se habita, porque es costumbre, porque es cuerpo, porque es fuego, porque es cocina, por todo esto, porque está quieta. Por todo esto es, por así decirlo, la metonimia suprema del cuerpo. Es la metonimia a través de la cusa. El cuerpo expresa todas sus vertientes, todas sus facultades, todos sus deseos y todos sus afectos y por eso diría yo, Javier, que destruir una casa es lo más terrible que se puede hacer. Podemos decir que hay dos cosas que a mí, a mi juicio, son como los mayores delitos en términos de relación con lo sagrado, con el espacio, con lo fundamental del ser humano. Uno son los desahucios. Dejar una casa vacía, que dejarla sin propietario es, por tanto, hacer correr una casa, de ponerla fuera de los cuerpos, expulsar a alguien que repetidamente ha vuelto a una casa. Eso es una monstruosidad y la otra, naturalmente, es destruirla, Destruirla desde el aire o desde tierra, Destruirla con con bombas, como está ocurriendo en Gaza. Es una metonimia fundamental del ser humano. La casa porque tiene ojos, porque reúne cuerpos, porque reúne cuentos. Y cuando llega un momento en que destruyes tantas casas y tantos cuerpos que ya no puedes contarlos. Lo que estás haciendo de alguna manera es destruir la humanidad misma. Claro, porque estoy pensando, según dices esto, que lo que nos civiliza y lo que nos hace humanos es pasar de enumerar, de calcular, a contar y narrar, o sea, cuando hacemos ese tránsito de un cuento a otra cuenta, de la cuenta al cuento, eso es lo que nos hace realmente humanos, totalmente igual que hay un paso de lo crudo a lo cocido que nos civiliza. Ahí también un paso descendente de la cunta al cuento, que también nos civiliza. Y cuando hacemos la transición contraria del cuento a la cuenta, o sea, de lo que aún podemos medir, de lo que aún podemos narrar, a lo que sólo se puede numerar Y no estamos dejando atrás de la