Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / Mi Papá Me Salvó De Las Brujas Aún Después De Muerto ( Recopilación De Brujas #5 ) Voces De La Noche
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- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más comenzamos. Mi nombre es Carlos y me gustaría contar mi historia de vida, principalmente de mi infancia, porque pasaron muchas cosas cuando era niño. La verdad es que aprendí muchas cosas. No estoy seguro de cómo funcionan las cosas para los niños de ahora tan inmersos en los medios audiovisuales desde pequeños, y es que estoy convencido de que esta marea de información a la que están expuestos interfiere bastante con la imaginación que para ellos debería ser una fuente inacabable de creación de mundos fantásticos. Al menos para mi generación, una caja de cartón se convertía en cualquier cosa que nuestro cerebro pudiera soñar. Así como eso, miles de imágenes se formaban en nuestro cerebro, a pesar de que ahí no hubiera nada justo esta capacidad de crear realidades inexistentes. Eran lo que a muchos de nosotros nos llevaba a experimentar el tan conocido caso de los amigos imaginarios, al menos en nuestras edades tempranas. Yo, por ejemplo, tenía uno de estos amigos imaginarios. Al principio yo sentía incluso que jugaba conmigo, pero la realidad es que nunca pude verlo. Sabía que estaba ahí, que jugaba a mis juegos y me cuidaba en todo momento. Sin embargo, era como si aquellos primeros años su imagen me fuera totalmente invisible. Únicamente podía escuchar su voz e incluso sentirlo cerca de mí, pero nunca apareció. Físicamente, recuerdo que esa voz bromeaba conmigo, Me aconsejaba que juegos jugar. Me decía qué cosas estaban bien hacer y cuáles no. A veces lo recuerdo platicar conmigo por las noches hasta quedarme dormido. Esta especie de amigo imaginario apareció cuando yo estaba cerca de cumplir cinco años y fue después de cumplir seis que por fin tomó una forma visual. Aquella voz ahora se presentaba ante mí como una figura completamente formada. Este amigo imaginario con el que yo hablaba no tenía la clásica apariencia de niño, como ocurren muchas veces. Al contrario, tenía la apariencia de un hombre adulto, un hombre que usaba un traje café y su cara estaba demasiado delgada y maquillada. Al principio, yo creía que era como de un payaso así solía describirlo, pero con el tiempo asocié más su rostro al maquillaje de programas chinos que por accidente llegué a ver en casa. Esa forma de describirlo no es la mejor para un amigo imaginario. Sin embargo, nunca me dio miedo y las personas a las que les platico esta historia siempre empiezan a sentir escalofríos únicamente con la descripción del aspecto físico de este figura. Después de todo, alguien con maquillaje rojo y blanco en la cara no suena completamente amigable, pero yo nunca me sentía amenazado por él. Mi madre, que sabía perfectamente de su existencia, tampoco parecía estar asustada. De hecho, en muchas ocasiones sentí que estaba incluso alegre de que jugara con él, y nunca me prohibió hablar con aquella creación mía. Desgraciadamente, la vida siempre da muchas vueltas y cuando cumplí siete años. Mi madre, quien era mi persona favorita en el mundo, falleció de manera muy repentina. A pesar de este hecho tan duro, la verdad nunca tuve miedo y tampoco me dejé invadir por una tristeza tan grande, en parte porque mi amigo imaginario merecía que todo iba a estar bien y que mi mamá ya estaba con él, y que nunca me dejaría solo, aunque estaba claro que me sentía triste porque mi madre era lo único que tenía en el mundo, aparte de mi amigo imaginario y se había ido. La pérdida de una madre a tan temprana edad siempre es muy dura, ya que en esos momentos es cuando más se necesita y sinceramente, ya nada vuelve a ser igual por aquellos días sin tener un padre, en el cual refugiarme varios familiares parecieron echarse la bolita intentando decidir quién estaría a cargo de mí. Finalmente, unas tías decidieron llevarme con ellas. Maribel, Mercedes y Rocío Eran tres hermanas de mi abuelo que yo desconocía por completo. Vinieron desde Puebla al velorio de mi madre y, siendo solteras, se ofrecieron a llevarme con ellas y proveerme de lo que fuera necesario. Nadie en mi familia se negó y terminé dejando mi veracruz querido para irme con ellas. Confiado en que todo estaría bien, como había dicho mi fiel amigo, aunque desde que ellas llegaron no había vuelto a aparecer ante mí y escasamente parecía haber escuchado su voz un par de ocasiones sin haber podido platir con él en Puebla. Las tías tenían una hermosa casa de estilo antiguo que al parecer había pertenecido a sus padres y ellas nunca se habían ido. De ahí me instalaron en un cuarto enorme y me trataron con amor y dulzura, al menos en un principio. Para mi sorpresa, A la semana de estar en mi nuevo hogar, llegó otro niño a la casa, llamado Emilio, un pequeño de mi misma edad. Una señora indigente se los había regalado a las tías en su incapacidad para poder cuidarlo. Emilio y yo de inmediato nos volvimos muy amigos e instalados en la misma habitación enorme. Compartimos muchas pláticas y risas. Era como tener un hermano de mi misma edad. Aquellos primeros meses los recuerdo aún como los mejores días de mi vida, tanto que ni siquiera notaba la ausencia de mi amigo imaginario con los días. Las tías, que se habían mostrado generosas, comenzaron a actuar extrañas. Se volvieron sumamente estas y fanáticas de la religión. Nos obligaban a Emilio y a mí a rezar el rosario diario y controlaban absolutamente todo lo que hacíamos. Por supuesto, la televisión o la radio dejaron de ser un entretenimiento permitido para nosotros y entre palos y castigos siempre terminamos pasando una parte de nuestro día encerrados como penitencia a algo que ellas consideraban que no era correcto. Una noche me desperté tras escuchar un ruido en mi recámara. Rápidamente me incorporé en mi cama justo después de abrir los ojos, y pude escuchar risas horribles que parecían provenir de la sala. Mis tres tías parecían estar carcajeándose de una forma muy extraña escalofriante. Por así decirlo. Fue en ese momento que sentí unas manos cálidas. Tomarme de los hombros y hacerme recostar de nuevo. Era mi amigo imaginario diciéndome que tuviera mucho cuidado y que por el momento no podía venir a verme, pero que debía siempre procurar mantenerme a sal Por supuesto, a esa edad no comprendía bien a qué se refería, ya que el mensaje era muy raro para mí. Fue entonces que las tías parecieron callarse y las escuché dar pasos fuertes dirigiéndose a nuestro cuarto, cerré los ojos mientras las escuchaba, abrir la puerta, encendiendo posteriormente la luz y entrando las tres de forma brusca y atrabancada, preguntando quién había estado en nuestro cuarto. En mi mejor actuación recuerdo haberme hecho el dormido mientras mi tía Maribel me sacudía preguntándome quién había estado en mi cuarto. Respondí confundido y bostezando diciendo que no sabía de lo que hablaba. Las tres salieron hechas un torbellino, dejándonos a Emilio y a mí encerrados en aquella alcoba. A partir de esa noche, las tres cambiaron aún más. Desde aquel día. Esas tres mujeres se endurecieron mucho más. Nos castigaban por absolutamente todo algunos días, incluso reprendiéndonos únicamente por ver a los ojos. Además, comenzaron a hacernos rezar el rosario y leer una serie de libros religiosos diariamente sin falta alguna, y aquello nos tomaba hasta dos horas de cada día por las tardes, dejándonos poco tiempo para la diversión y juegos que un niño necesita. Volviendo a nuestra vida bastante infeliz y estresante a la hora de dormir, las tías comenzaron también a encerrarnos bajo llave a ambos, argumentando que teníamos prohibidos salir de nuestras habitaciones, lo cual a veces a Emilio y a mí nos orillaba a hacer nuestras necesidades en una basinica que las tías se encargaban personalmente de vaciar por la mañana. Sin embargo, los castigos no nos doblegaron y finalmente, acompañados el uno del otro, Emilio y yo pudimos soportar todas las contrariedades por aquellos días, bueno, casi todas, pues una de las cosas que en aquella época nos llenaba de terror no eran ni las reprimendas, los golpes o los castigos lo que realmente nos asustaba. Eran las noches, esas noches donde nos encerraban y en las cuales podíamos escuchar a las tías, reír a carcajadas, esas risas horribles que parecían venir de la planta baja, pero también del patio. Incluso creíamos oírlas alejándose, riéndose como si por las noches salieran de la casa. Aquel sonido helaba la sangre y ponía la piel de gallina de una manera que no podía explicar. Una noche recuerdo haberme ido a dormir y ser despertado de manera brusca por unas manos que me cubrieron fuertemente la boca, evitando que gritara o dijera algo ante el sobresalto. Eran las manos de Emilio, quien, con un gesto aterrado, me pedía que me mantuviera callado y así lo hice. Emilio quitó las manos de mi rostro. Me senté en mi cama y puse atención al otro lado de la puerta. Unos pasos se escuchaban rondar ansiosos yendo y viniendo incansablemente. De repente parecieron no ser sólo los pies de una persona, sino de dos y luego de tres que estaban ahí a unos metros de nosotros. Aquellas tres personas comenzaron a reír comenzaron a carcajearse de una forma que parecieron aves Graznando recuerdo cómo se me erizó la piel. Aquella noche, Emilio también estaba aterrado de alguna forma y sin poder explicar cómo, escuché en aquel momento dentro de mi cabeza la voz de mi amigo imaginario que me dijo que tuviera cuidado sin que yo pudiera ubicar de donde venía o donde estaba. Emilio y yo comenzamos a sentir una pesadez que nos hizo quedarnos dormidos. A pesar del miedo en aquel sueño de esa noche pude ver a mi amigo imaginario yendo a verme y diciéndome otra vez que todo iba a estar bien, que únicamente tenía que aguantar un poco más y que pronto todo iba a mejorar. Aquel sueño me reconfortó de una forma muy extraña y pude dormir plácidamente durante las horas siguientes sin importar lo que estuviera pasando afuera de nue nuestra habitación. Durante las noches siguientes continué despertando por aquellas carcajadas horrendas afuera de nuestra puerta. Pero también después de hacerlo, siempre sentí aquella pesadez que me llevaba a un sueño plácido y profundo, haciendo que no me importara nada más. Exactamente una semana después, las tías estaban más ansiosas y molestas que de costumbre se veían más demacradas, más envejecidas de lo normal, y no dejaban de decir que estaban hartas de nosotros, hartas de Emilio, hartas de mí, a pesar de que nosotros siempre cumplíamos con todo lo que nos decían y acatábamos sus absurdas reglas. Aquella noche, la última que pasé ahí, todo se salió de control en formas que aún me cuesta trabajo creer. Recuerdo que aquel día me fui a dormir y por alguna razón, el miedo que tenía Emilio hacia mis tías. Aquella noche lo hizo poner una silla entre mi cama y la puerta, impidiendo que ésta pudiera abrirse por completo. Nos acostamos y durante las horas siguientes tuve un sueño muy extraño. El amigo imaginario que me visitaba me encontraba en una iglesia y me decía que debía correr hacia ese lugar sin detenerme cargando lo que estaba debajo de las escaleras en casa de mis tías. Después recuerdo que me abrazaba muy fuerte. Aquel abrazo fue muy cálido y reconfortante. Mientras me tenía entre sus brazos, recuerdo que me repetía que siempre estaría conmigo, que siempre me cuidaría. Y antes de despedirnos recuerdo que aquel amigo imaginario me recordó que la iglesia era el lugar más importante, que no importara lo que pasara. Yo debía llegar ahí. Nos despertaron golpes horribles y otra vez esas risas aterradoras y al voltear hacia la puerta, Emilio y yo vimos que esos golpes eran los de la puerta, estrellándose violentamente contra la silla, aquella silla que impedía que lo que fuera que estuviera al otro lado, no pudiera entrar a nuestra habitación y, al fin, siendo niños, Emilio y yo comenzamos a gritar aterrados, mientras que aquello que estaba al otro lado de la puerta parecía meter una mano por la rendija que quedaba despacio al intentar abrirla una mano horrible flaca y deforme entraba por aquella pequeña abertura manoteando como si tratara de quitar aquella silla que le impedía el paso. Sin embargo, al no poder hacerlo, tras unos minutos de lucha, aquella mano se retiró, al igual que la cosa o persona que estuviera allá afuera. Emilio y yo escuchamos unos pasos correr como bajaron la escalera y después algo que salió de la casa gritando y alejándose. Le dije a Emilio que debía ponerse los zapatos, mientras yo me ponía los míos y una vez listos lo tomé de los hombros y le dije que era de suma importancia que corriéramos hacia la Iglesia sin detenernos. Recuerdo estar temblando Cuando retiré la silla de la puerta, abrí y salí corriendo con Emililo detrás de mí. Él salió de la casa, pero yo me retrasé buscando lo que me había dicho mi amigo imaginario que estaba bajo las escaleras. Recuerdo que era un bulto hecho por unos trapos deshilachados de color negro que envolvían cosas alargadas. No me detuve a realizar con todo el trabajo que me costaba cargar. Ese bulto lo abracé entre mis manos y comencé a correr hacia el templo de la colonia, que me quedaba a unas cuatro cuadras de distancia. Debía apurarme para llegar, pues seguramente Emilio estaba ahí y, además, aquellos graznidos ya se escuchaban a lo lejos como si vinieran detrás de mí olfateando lo que traía conmigo. A pesar de la hora de la madrugada, la puerta de la iglesia estaba ligeramente abierta. La empujé con mi cuerpo mientras le gritaba a Emilio que me ayudara. Al momento que el bulto tocó el piso, unos gritos horribles resonaron en la distancia, como si de magia se tratara una pesa. La vida se apoderó de mí en aquel momento, haciéndome caer dormido en el piso. Casi de inmediato. A la mañana siguiente, el sacristán me levantó gentilmente del suelo preguntándome quién era yo y qué hacía ahí. Le expliqué torpemente lo que había ocurrido y él tomó aquellos trapos del suelo llevándolos consigo a un cuarto adentro y nunca me dijo lo que contenían. Mis tías nos buscaron, pero Emilio, mi compañero de aquellas semanas, desapareció. Ni siquiera sé cómo, pero a los pocos días me fue a buscar una señora joven también de Veracruz. Decía ser mi tía y, como yo desconocía a gran parte de la familia. Me tuve que ir con ella sin hacer muchas preguntas, aunque moría de miedo de que mi suerte se repitiera. No fue así. Aquella mujer, mi mamá angélica, como la llamé por muchos años, era hermana de mi padre. Ella me contó cómo mi madre nos había apartado de toda la familia y como mi padre había muerto repentinamente en circunstancias que aún hoy no se logran explicar. Cuando llegamos a su casa en Veracruz. Recuerdo haber visto una foto colgada en la pared que me hizo sorprenderme hasta las lágrimas. No dije nada y sólo me encogí mientras el agua salía de mis ojos sin control. Mi tía sacó una foto y me dijo que él era mi papá, que a él le gustaba mucho el teatro y desde chicos siempre estuvo haciendo obras en la calle para los vecinos con sus amigos. En esa foto ya estaba en la Universidad en un grupo más profesional. Iba vestido con un traje café y su cara estaba maquillada con líneas negras y rojas, como en la ópera China. Como aquel amigo imaginario que me había visitado todos estos años, nunca volví a saber nada de Emilio y únicamente espero que esté bien de hecho, siempre creí que estaba bien, que quizá había simplemente corrido hacia otro lado. Pero ya siendo adulto, mi mamá Angélica me dijo un día que, cuando fue a recogerme con aquel sacristán, él le encomendó encarecidamente acercarme a la religión. Las tres tías no tenían muy buena fama en aquella colonia y, al parecer lo que yo había cargado esta noche, en esos trapos eran, según las palabras de aquel hombre, tres pares de piernas, flacas y aguadas gelatinosas que, al contacto con el aire, cuando las desenvolvió, se desmoronaron como si estuvieran hechas de arena. Ella ya no pudo verlas. Pero lo que es cierto es que con mi mamá Angélica también comencé a rezar el rosario en ocasiones y al leer la biblia me di cuenta de que Aquello que mis tías me hacían leer y repetir no era de ningún modo la Biblia cristiana ni el rosario tradicional. Aquello que repetíamos una y otra vez. Eran extrañas oraciones a dioses animales, dioses que a veces parecían perros o cabras y a los cuales les hacíamos alabanzas ininteligibles que hasta el día de hoy me niego a repetir. Eran cosas muy extrañas y está claro que eran cosas del demonio, cosas que a esa edad nos hacían pronunciar y que nosotros, en nuestra inocencia, no sabíamos qué significaban. Pero justamente por eso yo sé que no rindió frutos en nuestras vidas, porque no lo hicimos con maldad. Fue la peor experiencia que he tenido, aunque también viví muy buenos momentos con Emilio, y eso lo agradezco. Hasta el día de hoy, mi padre siempre estuvo conmigo, Siempre me cuidó, aunque ya de adulto no lo volví a ver, pero sé que sigue aquí, que siempre me cuidará, y estoy seguro que mi madre también, y es por ellos que ahora estoy aquí. Me gustaría hablar sobre la peor experiencia que he tenido en mi vida. Comienzo diciendo que el lugar en donde vivo es un sitio muy lindo, en Veracruz, que está rodeado de montañas. Es perfecto y hermoso. Cerca de ahí hay varios pueblos muy bellos, los cuales se llenan de turistas. Ahí se puede disfrutar del verdadero turismo regional a sí mismo. Somos nosotros los locales quienes aprovechamos cada feriado largo o vacaciones para respirar ese aire puro que sólo esos lugares nos pueden dar. Ese fue el caso cuando un fin de semana del año dos mil seis, en el mes de diciembre, época de carnaval, junto a mi hermano Daniel y cada quien con nuestras respectivas novias, decidimos viajar a unos lugares cerca de ahí para pasar unos días de descanso. Sabíamos de antemano que el primer pueblo elegido estaría lleno de turistas para esas fechas, motivo por el cual nos adelantamos en comunicarnos con una señora que siempre nos alquilaba un lugar para cada ocasión que íbamos. No obstante, los eventos aterradores que les voy a contar no sucedieron ahí, sino en dos pueblos cercanos. Prefiero no mencionar los lugares para no crear su gestión, ya que, junto a los que fuimos víctimas, consideramos que no es rra prudente hacerlo debido a la cantidad de gente que los visita y que, por ende, afectaría el nivel turístico que poseen. Aún así, pensamos que cada quien es lo suficientemente consciente de que esta clase de sucesos pueden ocurrir en cualquier lugar del mundo y, por consiguiente, es necesario ser prudentes a donde va uno a pasar sus días de descanso o vacaciones. Llegamos una mañana de un viernes, nos instalamos en la casa de la señora y luego nos dispusimos a disfrutar del lugar. Fue en la tarde cuando decidimos irnos a otro pueblo, ya que nos habíamos organizado así y pasaríamos varios días recorriendo. Debo aclarar que era la primera vez que íbamos a ese pueblo nuevo, lo cual nos obligó a buscar un alojamiento que estuviera disponible para pasar esa noche y la siguiente. Así fue como llegamos hasta una señora que rentaba su departamento por días, pero estaba a las orillas del lugar. Esto en verdad nos resultó de manera positiva, ya que, como en en ese caso, el pueblo no era tan grande. Nos permitía disfrutar tanto de los paisajes que nos rodeaban como también del sector donde se llevaban a cabo las festividades que el municipio organizaba para los visitantes. Esa noche nos quedamos hasta la madrugada deleitándonos con música y bebidas en un bar en el Centro Acto. Seguido, regresamos al departamento. Sinceramente, me gustaría comentar que ninguno de los cuatro estábamos alcoholizados. Esto lo digo porque el halcón no fue el causante del primer suceso paranormal que sufrimos Sucedió cuando estábamos ya en el departamento. Mi hermano y su novia se fueron a dormir y yo con la mía también estábamos muy cansados y por eso todos caímos rendidos al tocar la cama. Pero algo a los pocos minutos nos despertó Era el sonido de alguien caminando en la sala del departamento, pero las pisadas eran fuertes como si lo estuvieran haciendo a propósito para despertarnos. Era alguien caminando contra ul iba de un lado a otro, como en círculos. Mi novia fue la primera que se dio cuenta y por eso me despertó. Me dijo que alguien se había metido al departamento. Yo intenté tranquilizarla diciéndole que quizá era la señora del departamento que había ido por algo aunque obviamente no era correcto si hubiera sido así, ya que cuando te rentan un lugar, los propietarios no pueden entrar nada más así. Pero bueno, eso fue lo que tenía más sentido para mí, aunque estaba pensando en que era la señora. Debo admitir que había algo raro esa noche en el aire. Era como si la temperatura hubiera bajado e incluso había neblina, pero el ambiente era tenso e incómodo, como si algo no estuviera bien. No sé cómo explicarlo. Simplemente lo sabía. Le dije a mi novia que me levantaría a ver, pero ella me dijo que no, que mejor esperara que tal si era algo malo, yo traté de tranquilizarla y le dije que no pasaría nada, aunque en el fondo tenía miedo, pero en el momento en que iba a poner un pie en el suelo, alguien tocó la puerta de la habitación. Era mi hermano quien me preguntaba si también habíamos escuchado eso. Le dije que sí, y le pregunté que si había visto a alguien en la sala, pero me dijo que había revisado todo y no había nadie. Entonces caímos en cuenta de que quizá había sido la dueña y que ya se había ido. Pero cuando mi hermano salió del cuarto y se fue al suyo, escuchamos un grito de horror. Salimos a ver y era mi hermano tirado en el piso de la sala y una mujer vestida de negro y con tacones rojos con sus dientes en la cabeza de mi hermano. Me quedé atónito y mi novia dio un grito aún más fuerte que hizo que la novia de mi hermano saliera de inmediato y al ver aquella escena se quedó en Chock la mujer de tacones rojos no tenía pelo. Su cabeza estaba llena de sangre seca y sus manos tenían unas garras enormes. Con todo el valor que tenía en ese momento, le grité que se largara y muchas groserías, hasta que de un momento a otro, la mujer desapareció. Mi hermano estaba tirado en el piso llorando de miedo, hasta que llegó el momento en que todos lloramos de la impresión. No teníamos idea de lo que había pasado, pero estábamos muertos del miedo. Juntos rezamos una oración y decidimos quedarnos los cuatro en un solo, cuarto, las dos chicas en la cama y mi hermano y yo en el suelo. Por cualquier cosa, De cualquier modo, no faltaba mucho para que la luz del día entrara por la ventana y seguramente todo estaría mejor a decir verdad. Yo no pude dormir ni un poco después de eso, y la verdad dudo que alguno de ellos lo haya logrado, pues fue una experiencia que nos marcó. Mi hermano. Tenía los dientes más bien colmillos incrustados en su cabeza y esa era la prueba ferviente de que no estábamos locos. En fin, llegó el día y tratamos de olvidar aquel suceso tan horrible. Fuimos a caminar y a conocer discos distintos lugares en los cuales la venta de cerveza estaba en su apogeo. Yo sabía que el ambiente en esos lugares se ponía pesado y por esa razón les recomendé que no bebiéramos tantas cervezas para así estar en óptimas condiciones para vivir el día. Al máximo ir a caminar a las montañas que hay cerca o mejor aún decían que había un pequeño arroyo disponible para quienes quisieran darse un chapuzón cada quien empezó a dar ideas al respecto. Las muchachas eran las que más entusiasmadas estaban, sobre todo mi novia, quien aprovechaba cada oportunidad para sacar fotografías con su celular regalo de parte de sus padres. En su reciente cumpleaños. Pasamos todo el día de aquí para allá y fue maravilloso, tanto que nos olvidamos por un rato de lo que había pasado la noche anterior. Fuimos al departamento de nuevo y la verdad es que en ese momento nos vino el recuerdo de lo que había pasado anteriormente y no nos gustó ese sentimiento, aunque ya eran como el s las dos de la madrugada cuando todos nos quedamos dormidos por lo cansados que estábamos y tal cual es la costumbre que yo tengo de levantarme En las noches tuve que obedecer a mis necesidades y me levanté de la cama para ir al baño. Recuerdo perfectamente que mi novia se despertó cuando yo me levanté, sabía lo que haría, así que me propuso que me llevara su celular para alumbrar en el camino, ya que el baño era compartido y estaban al final de un pasillo, precisamente donde terminaba la fila de departamentos murmurando. Le dije que no se preocupara, que me desocuparía rápido y volvería. A fin de cuentas, había escuchado voces en las cercanías, así que presumí que había turistas despiertos por ahí. Sin embargo, no fue así. Cuando salí y comencé a recorrer el lugar, me di cuenta de que no había nadie. Y ahí fue cuando noté la primera cosa extraña. Las voces que estaba escuchándose detuvieron de inmediato. Para mi buena suerte, el baño de hombres estaba desocupado y cuando me disponía a empezar a hacer mis necesidades, aquellas extrañas voces comenzaron a sonar de nuevo. El baño de mujeres estaba pegado al de los hombres y es justo a través de la pared que separaba ambos, donde las oía eran voces de mujeres que, al parecer, estaban platicando entre ellas. Hasta ahí nada me pareció malo, hasta que, de repente, las mujeres cambiaron su conversación para ahora empezar a dirigirse hacia alguien más, y un fuerte escalofrío me envolvió cuando me di cuenta de que estaban hablando de mí. Esas voces me saludaron y escuché tacones dando pasos por el baño. Me preguntaban que si quería pasar un buen rato con ellas que no me iba a arrepentir lo que me provocó ese escalofrío. No fueron en sí las palabras que me decían, sino el modo de hacerlo. Sus voces eran roncas y a la vez terminaban cada frase con una risa, como si su única intención fuera burlarse de mí. Sin embargo, el asunto pasado ó finalmente a un temor tremendo cuando volvieron a dirigirse a mí para repetir la invitación, con la diferencia de que ahora agregaron algo más que me dejó perplejo. Una de ellas anunció que había disfrutado mucho pasar tiempo con mi hermano la noche anterior. Dijo que su sangre estaba deliciosa. De hecho, dijo su nombre y también mencionó el de las chicas. La situación me pareció imposible. Nadie sabía nuestros nombres, ni siquiera los habíamos dado a la señora que nos alquiló el departamento. Fue entonces cuando me vi en la necesidad de responderles, no para aceptar la invitación, sino más bien para reprocharles, ya que siempre fui un hombre centrado. Les pregunté que quiénes eran que me dejaran en paso llamaría a la policía y que, como era posible, que supieran nuestros nombres y les advertí que no les tenía miedo. Y entonces una carcajada retumbó alrededor y no podía creer lo que pasaba. De repente, las mujeres volvieron aber, pero en ese momento sus voces sonaron ahí mismo dentro del baño de hombres como si estuvieran a poca distancia de mí, y los tacones retumbaban en el suelo del baño. Las mujeres comenzaron a hablarme de nuevo diciéndome que ellas siempre conseguían lo que querían y lo que querían en ese momento era a mí que nada ni nadie se los impediría. Ni siquiera sé cuánto tardé en desocuparme para así salir De ahí. El carácter fuerte con el que les acababa de responder ahora era un mudo terror. Apenas abrí la puerta, algo apareció de la nada y me golpeó el rostro dejándome atontado. Todo fue como un abrir y cerrar de ojos. De pronto era arrastrado por algo que no lograba ver. Lo único que mis ojos podían percibir eran como dos sombras que se aferraban a mis brazos, imposibilitando el poder zafarme. Recuerdo que tenía la boca tapada como si una mano no me dejara gritar, pero que me sujetaba con la misma fuerza con la que me tenía aprisionado. Fue mi novia la que me salvó, pues, cuando escuché su voz, pronunciando mi nombre para preguntar dónde estaba aquellas dos mujeres, si se les puede llamar así, me liberaron al instante caí de espaldas en el piso, puesto que en esos últimos segundos era como si me llevaran suspendido a unos cuantos centímetros, ya que no sentía tocar el suelo con mi cuerpo. Grité el nombre de mi novia, pero lo hice con un pánico tal que ella respondió desesperada y casi en lágrimas por asustarse. También ella jura que no vio nada, simplemente que se espantó al verme tendido sobre el piso llamándola aterrado. Lo más perturbador fue saber que yo me encontraba a casi ya unos veinte metros del baño en plena oscuridad y camino a la zona más oscura y solitaria. Estando ya en la habitación. En primera instancia, ninguno de los tres me decía nada, tan sólo se dedicaron a escucharme cuando les contaba lo que me acaba de ocurrir con sus rostros visiblemente temerosos. Incluso mi hermano salió en un momento dado a revisar el pasillo. Pero los únicos con los que se encontró fueron con los que ocupaban los departamentos vecinos, quienes, al escuchar mis gritos, habían salido para saber qué había pasado en vano. Fue a hablar con ellos, puesto que estaban tan confundidos como nosotros. Después de unos minutos los convencí para que se quedaran dentro del cuarto y no volvieran a salir. Esa noche me costó dormir, ya que estuve temblando de miedo hasta que al fin logré conciliar el sueño. Yo sabía que una de esas mujeres era la que había lastimado a mi hermano, y eso me asustaba y me daba mucho coraje. Al amanecer me preguntaron qué es lo que quería hacer si quedarme o volver directamente a casa. Intenté hacerme el fuerte, pero no pude disimular el miedo que todavía sentía mismo que transmitía a las dos chicas. Salimos de ese departamento con nuestras cosas y nos fuimos directo a la casa de la señora que nos había alquilado el lugar, pensando que tal vez ella pudiera darnos una explicación a la pesadilla que yo acababa de experimentar. Según la señora, quizás se hubiera tratado de los mismos turistas que visitaban el pueblo que sin lugar a dudas, estaban alcoholizados y que únicamente quisieron hacerme una broma, esto teniendo en cuenta que no me robaron nada de lo que llevaba conmigo, como así también el hecho de que me liberaron cuando mi novia salió a buscarme. Pero por más que repetí una y otra vez que las voces les pertenecían a mujeres y que ambas no tenían cuerpo físico, sino que parecían ser espíritus con formas de sombras. Se reservaron al silencio como si no supieran que decirme al respecto. Lo que más nos llamó la atención fue su actitud reservada, ya que nos pareció que nos estaba ocultando algo Al mediodía. Almorzamos en el mismo pueblo y nos marchamos de ahí en el trayecto. Nos topamos con otro pueblo, uno que estaba antes de llegar a casa, más allá del miedo que tenía rondaba la idea de que yo estaba arruinando la estadía de todos, lo cual no me parecía justo. Así que buscamos un lugar donde quedarnos y aunque me costó convencerlos aceptaron, terminamos instalándonos en otro lugar, en el cual sólo en el segundo y el tercer piso había departamentos, ya que en el inferior estaba un salón donde se servía la comida para los inquilinos. Gracias a eso no fue necesario que buscáramos mucho más. Después de dar unas vueltas por el pueblo, regresamos al departamento para cenar. También contaba con una terraza que brindaba vista a todo el lugar y una vez que terminamos de comer, decidimos subir para pasar un rato. Ahí eran apenas las doce de la noche, cuando quedamos solo los cuatro en la terraza acto seguido. Las muchachas quisieron adelantarse e ir a la habitación para preparar todo para el descanso que damos. Únicamente mi hermano y yo no pasó mucho tiempo cuando todo se tornó horrible y tenebroso. Por más que en esa oportunidad fuimos dos los que estábamos presentes. Esas apariciones no tuvieron piedad para ninguno. El cuerpo se me paralizó cuando empecé a escuchar aquellas mismas voces. Sólo atiné a decirle a mi hermano de lo que se trataba, puesto que al instante vi cómo el caía lentamente de espaldas para continuación ser arrastrado y al voltear con intenciones de socorrerlo. El miedo fue indescriptible al ver que una de esas figuras estaba parada justo frente a mí. Ahora sí pude notar que tenía un rostro el cual representaba al de una anciana cuyos ojos sobresalían ante la negrura de su figura y su cabeza no tenía cabello recién. Entonces caí en cuenta de que se trataba de una bruja y l s r n la y ahí estaban las dos. De nuevo, una aprisionaba a mi hermano manteniéndolo inmóvil y mudo sobre el suelo, mientras la otra se abalanzó sobre mí para hacer lo mismo. No voy a entrar en detalles de lo que nos hicieron y creo que no hace falta aclarar nada. Sólo les diré que, estando en ese estado de parálisis, percibí la experiencia más impactante y asquerosa que un hombre pueda vivir en contra de su voluntad. Las chicas nos encontraron a ambos inconscientes. Fue por eso que no pudimos hacer nada por ellas. Luego nos contaron que apenas se acercaron para ayudarnos y sin saber nada de lo que nos había pasado. Ellas fueron atacadas por las dos malditas brujas, pero claro no de la misma manera que nosotros. Quedaron con sus cuerpos paralizados y llenos de arañazos y se salvaron gracias a que una pareja subió hasta la terraza alertada por sus pedidos de auxilio. Sólo queríamos que llegara el amanecer, que era el horario del próximo autobús que nos llevaría a casa, hasta fuimos interrogados por la policía local, ya que todos pensaron que fuimos atacados por delincuentes. Y una vez que llegamos a casa, mi madre nos preguntó qué nos había sucedido, ya que todavía teníamos los semblantes pálidos a causa del inmenso miedo vivido. Les contamos todo rogando que ella nos creyera. Fue grande nuestra sorpresa al decirnos que nos creía, pues en algunos pueblos hay esa clase de mujeres condenadas, pero jamás había escuchado que las miserables les hicieran algo así a los turistas. Estando ya en nuestra ciudad. Y después de haber pasado más o menos dos meses de lo acontecido, fue cuando mi novia decidió terminar la relación. Al cuestionarle el motivo. Ella me contó algo que hasta ese momento quiso mantener en secreto. Según mi novia, mientras era atacada por esa sombra, escuchó una voz que le dijo que yo jamás sería de ella, puesto que me perseguiría donde quiera que fuera. Es decir, que, pese a que mi hermano y yo jamás les contamos lo que las brujas nos hicieron, mi novia fue amenazada por una de ellas para que no continuará conmigo. Pensó que nada pasaría, pero como jamás pudo superar la macabra vivencia, prefirió directamente alejarse de mí. El caso contrario es el de la novia de mi hermano, porque hoy en día ya es su esposa. Pero, al parecer la experiencia trajo consecuencias drásticas y tristes, pues hasta ahora jamás lograron tener hijos. Si me preguntan por qué nos pasó esto, la verdad es que no lo sabemos. Es un repulsivo misterio que, para ser sincero, ni mi hermano ni yo queremos averiguar. Nos conformamos con saber que aún seguimos vivos y aunque yo aún tampoco logro ser padre peor, aún ni siquiera consigo tener una pareja. Tengo bien presente que tal vez estuvimos en el lugar y momento equivocado, siendo simplemente víctimas de lo que pueden causar unos inocentes días de vacaciones. Me gustaría contar mi historia porque me parece una manera de liberar todo el estrés que he sentido últimamente, ya que las noches han sido pesadas A veces ni siquiera puedo dormir por el miedo y mis días son una constante de sueño y ansiedad. Bueno, mi nombre es Mauricio y todo comenzó hace bastantes años, en concreto en la primaria en donde yo estudiaba. Aquí, en el Estado de Puebla, era muy común que nos regalaran boletos gratis o con muy buenos descuentos para obras de teatro infantiles. La verdad es que agradezco a mis padres, que hicieron el esfuerzo por llevarme a la mayoría de espectáculos y me acercaron a la cultura y el arte desde temprana edad A mí me encantaba asistir a ese tipo de eventos. Me emocionaba cada que me regalaban boletos, porque eso significaba una tarde llena de risas y alegría para mí. Pero hubo una obra en particular que me fue. Fue muy difícil olvidar aquel. Fue un día muy desafortunado, pues mi abuelo se encontraba muy mal de salud y mis papás tuvieron que ir al hospital. Pero considerando que no era un lugar donde dejaran entrar a niños, le pidieron a una prima que me llevara a una obra de teatro para la que habíamos comprado boletos previamente. Por supuesto, le pagarían y aquella prima, de alrededor de veinte años, aceptó la obra sería en un teatro al norte de la ciudad. Pero para mi sorpresa y desconocimiento de mis papás, el novio de mi prima nos iba a acompañar. Traíamos solamente dos boletos, pero llegando al teatro, ellos preguntaron cuánto duraría la función y mi prima entró sola conmigo al teatro únicamente para dejarme en un lugar y decirme que me vería al terminar la función, que no me fuera a alejar mucho de la puerta, y se fue dejándome en aquel teatro que estaba sumamente oscuro únicamente con una luz azul apuntando al centro del escenario. Yo estaba emocionado, pues sería una función de títeres y marionetas, algo que yo disfrutaba mucho, pero al parecer, al público general no opinaba igual que yo. El teatro estaba sumamente vacío, siendo no más de quince las personas que estábamos en la sala aquella tarde. A mí, eso no me preocupaba. Después de todo era un espectáculo familiar y que podría salir mal. Cuando aquella luz azul de pronto se apagó y se escucharon escasos aplausos en la sala y un sonido comenzó a salir de las bocinas del teatro. Parecía música, pero había algo mal en ella. Pensé que era un error, ya que estaba reproduciéndose al revés. Duró varios minutos, así, varios minutos en los que sobre el escenario no pasaba nada. De pronto y ante la incomodidad que eso suponía, uno de los asistentes, un hombre ya mayor, comenzó a abuchar como exigiendo que la obra empezara desde el escenario. Se escuchó un grito, un grito que con groserías le pedía a aquel hombre que se callara ya de entrada. Eso fue sumamente inusual, pero no hubo tiempo de que nadie reclamara, porque una figura apareció en escena una mujer muy bella y de un físico muy delicado. Estaba vestida de hada. Todo el escenario permaneció oscuro, pero las luces negras hacían que su vestido brillara fosforescente entre la penumbra. Recuerdo perfecto que ella nos dijo de lo que se iba a tratar la historia sería el viaje de Esteban, un niño que atravesaría una serie de obstáculos para salvar a su amigo. De la desgracia, me sentía realmente entusiasmado, aunque extrañaba a mis padres. Siempre era más divertido estar con ellos, además de que me sentía más seguro. En fin. Con esa introducción apareció la marioneta de Esteban, que pretendía ser un niño de unos diez años, justo la misma edad que yo tenía y otra vez parecía haber un problema. La marioneta era la figura de un viejito como esas marionetas rústicas que venden en muchos pueblos de México o de los jueves que bailan en los festivales. La historia, además, era extraña ernesto. En su camino recorría iglesias, escuelas y un parque buscando a su amigo Javier, Pero dentro de la fantasía de aquella puesta en escena, Esteban peleaba con sacerdotes, con los maestros y hasta con sus amigos, intentando llegar a su destino. Era una obra incómoda, por decir lo menos si el guion parecía haber sido escrito como de último minuto, la gente se comenzó a salir del espectáculo molesta, pero que iba a hacer yo si estaba solo ahí en el teatro. Afortunadamente, unas filas justo frente a mí se encontraba una señora con su hijo. Ellos no se fueron, se quedaron conmigo en la sala hasta el final, hasta que llegó el clímax de la historia, cuando Esteban encontraba a su amigo Javier en su propio cuarto y éste le preguntaba dónde había estado, y Javier le Rns respondía que las brujas se lo habían llevado. Tres ancianas con uñas largas y afiladas, lo habían matado, que lo habían arrastrado al mismísimo infierno, pero que le habían permitido volver al mundo para llevárselo a él. Esteban entonces comenzaba a gritar desesperado, gritaba que él no se quería ir. Eran gritos desgarradores y en ese momento, desde varios puntos del escenario, salieron tres marionetas de ancianas. Eran tres brujas que caminaban y volaban alrededor de Esteban. Después salían más marionetas muy extrañas, como si fueran demonios. Si se podía ver a los titiriteros vestidos de negro intentando perderse con la oscuridad del escenario. Para este punto, ya todo era muy extraño y francamente aterrador, al menos para un niño, como lo era yo en las bocinas. Aquella música en reversa comenzaba a sonar nuevamente. En ese momento, la marioneta de Javier le decía a Esteban que se iban a ir al infierno junto, que las brujas lo matarían para llevárselo y así podrían estar juntos. Pero no lo hacía con la voz normal que había estado usando toda la obra, su voz de niño. Esta vez, la voz de esa marioneta fue la voz de un hombre, un hombre con una voz muy grave. De pronto, una puerta azul fluorescente que simulaba ser un clóset en la habitación de Esteban se comenzaba a abrir y de ella salía algo aterrador. No era un títere ni una marioneta. Era como una mujer con una nariz puntiaguda y la cara desgarrada, con algunos mechones de pelo pegados al cuerpo y con unos cuernos grandes. Sus enormes ojos amarillos brillaban también con la luz negra. Justo en este momento, la señora frente a mí se levantó apurada por sacar a su hijo de ahí que no dejaba de llorar. No lo voy a negar. Yo estaba también muy alterado y gritando. Si no mal recuerdo, me levanté y corrí con aquella mujer que era una desconocida, pero le pedí que me sacara De ahí mientras en el escenario la luz negra se apagaba y una luz blanca normal iba paulatinamente encendiéndose lo que estaba ahí frente a nosotros en escena. No eran titiriteros vestidos de negro, eran ancianas completamente pintadas de pies a cabeza de negro. Lo que salía del clóset también era una mujer, o al menos eso quiero creer. Parecía una persona muy delgada, pintada también totalmente de negro y con mechones de pelo largo regados por todo su cuerpo. Era una imagen muy aterradora. La señora que se apiadó de mí me tomó de la mano y me sacó de ahí sin dejarme voltear afuera. En la recepción del teatro no había nadie y tampoco en las taquillas, así que no hubo con quien pudiera quejarse aquella mujer. Sólo faltaban diez minutos para que mi prima volviera, diez minutos que terminé esperando solo en la calle, ya que aquella mujer se retiró pronto. De ahí me sentía extraño perturbado y la imagen de esa persona con ojo ojos amarillos. No salía de mi cabeza. Mi prima apareció unos minutos antes de la hora y lo único que pude hacer fue correr a abrazarla y comenzar a llorar. Ni siquiera sé por qué. Quizá fue culpa de la impresión y el estrés. Le conté lo que había pasado, pero ella me hizo prometerle que no le diría nada a mis papás y que después me iba a sentir mejor, pero que, por favor, no dijera nada. Si no la iban a regañar a ella, yo tenía mucho miedo, y ese miedo no se fue. Las noches siguientes comencé a experimentar cosas en casa, cosas que nunca había percibido hasta ese momento. Ruidos en la noche, movimientos ligeros en mi cama y a veces sentía que me llamaban por mi nombre. Eran voces que yo no conocía y eventualmente tuve que contarle a mis padres. Todo lo ocurrido una noche en que desperté histérico llorando a mares y con el miedo apoderándose completamente de mí. Había soñado con ese espectáculo de títeres o son rus que estaba en aquel teatro viendo esa misma puesta en escena horrible. Pero cuando aquellos títeres de demonios comenzaban a aparecer de alguna manera, yo dejaba de ser un espectador para colocarme en el lugar de la marioneta que protagonizaba la obra. En ese momento comenzaba a escuchar muchas voces, susurrando en mis oídos voces que no comprendía y que parecían estar clamando por algo pero que no podía comprender de pronto. Ante mí se encontraba la puerta del clóset esa puerta que resplandecía con la luz negra del escenario y que poco a poco comenzaba a abrirse de ella. Salía una mano completamente negra de dedos y uñas muy largas, escasos mechones de cabello le crecían por todo el brazo. Recuerdo sentir mi corazón como un tambor que golpeteaba mi pecho y esa sensación fue la que eventualmente causó que abriera los ojos, justamente cuando en mi sueño o pesadilla, aquel ser demoníaco terminaba de salir por esa puerta del armario parándose ante mí. Sin embargo, justo cuando abrí los ojos para despertar de ese horrible sueño en mi cuarto, en mi cuarto real, las dos puertas del armario estaban completamente abiertas. Aún en la oscuridad de la noche. Había algo muy claro. Ahí una figura alargada sobresalía un rostro negro que poco a poco se fue levantando dejándome ver su mirada unos ojos amarillos muy grandes, de verdad que era horrible, y después saco sus garras y comenzó a decir mi nombre. Primero sólo era la voz de una anciana, pero después se escuchaban otras dos y de pronto aquellas brujas comenzaron a salir del armario en mi dirección. Una de ellas comenzó a reír y las otras anunciaban que me llevarían al infierno. Las lágrimas corrieron por mi rostro. Fueron lo primero que pude sentir antes de siquiera poder moverme, me levanté histérico y gritándole a mis padres sin poder dejar de llorar, aunque tenía sólo diez años. Creo que en esa ocasión es cuando oír estado más cerca de que me de un infarto. Por supuesto, mis padres no me creyeron, al menos no del todo, y terminaron diciéndome que sólo era una pesadilla. Unos días después, mi mamá le preguntó a mi prima por lo sucedido y ella lo negó todo, de hecho, hasta la inventó de que había tratado la obra. Le dijo que como no me había querido comprar palomitas por eso me había enojado con ella y había inventado eso. Yo me enojé mucho, pero no podía convencer a mis padres de que la que mentía era ella. En fin, las realidades que a pocos de mis compañeros, sus papás los llevaban a esas obras de teatro. Pero eventualmente terminé conociendo a un par de niños que también habían asistido a esa obra en fechas muy distintas y su experiencia fue totalmente diferente a la mía. Habían visto una obra inocente y completamente familiar. Siempre me preguntaba a mí mismo que si quizá no había soñado, ya que r no había registro de nada parecido a lo que había visto, mientras aquellas pesadillas aparecían una y otra vez sin parar. Fue hasta que mi abuela, durante las vacaciones, cuando fui a quedarme a su casa, decidió hacerme una limpia usando salvia blanca y huevos, pues fue la única que me creyó lo que había pasado. Me dijo que muchas veces las brujas se aprovechaban de ese tipo de eventos para llevarse a los niños y devorarlos para vivir más tiempo. Mi abuela me contó que cuando era niña, las brujas se habían llevado a su hermana, quien había ido por leña una noche muy fría y jamás volvió. Me realizó esas limpias todos los días que estuve con ella y eventualmente me sentí mejor y aunque aquel horror nunca me abandonó. Lo cierto es que las pesadillas desaparecieron y por fin pude volver a dormir tranquilo tras un poco más de tres meses de desgaste físico por no poder descansar del todo. Esto ocurrió hace casi treinta años, treinta años en los que, a pesar de haberlo superado en lo general, la realidad es que constantemente me asusto por imágenes demoníacas o de brujas, por cualquier ruido extraño en la noche o por luces amarillas en la oscuridad. Una vez casi caigo en una crisis de nervios al visitar el campo y ver dos luces brillantes entre los árboles que resultaron ser luciérnagas. Aunque bueno, creo que es evidente decir que seguramente las brujas ya no querrían venir por un adulto, pero eso no me deja en paz ese sentimiento de que me vigilan todo el tiempo siempre está ahí. Sé que quizá ya no querrán devorarme, pero a lo mejor sí arrastrarme al infierno. Muchas veces pensé que las marionetas de Esteban y Javier, en realidad alguna vez fueron niños a los que las brujas se llevaron realmente. Pero bueno, con el tiempo he mejorado, he ido a terapia y he hecho todo lo que está al alcance de mi mano. Incluso he recibido hipnocio y si cada día estoy mejor, o bueno, cada día había estado mejor. Supongo que después de esto que les conté, resulta contradictorio que me guste consumir contenido de terror, pero creo que he encontrado cierto placer en la liberación de Renalina, aunque a veces no me permite dormir. Sin embargo, hace algunos días escuchaban nuevamente algunos relatos de terror y justamente uno de esos días puse el televisor justo cuando ya estaba acostado para dormir. Terminé quedándome dormido con la televisión encendida y la reproducción automática activada. Sinceramente, no sé cuánto tiempo pasaría, pero me desperté aún siendo de noche. La verdad es que no abrí los ojos de inmediato y me tomé un momento para volver a intentar dormir. Pero mientras trataba de conciliar de nuevo el sueño, escuché que los relatos se habían terminado y habían sido reemplazados por el sonido de voces voces que parecían estar cantando, pero parecían estarse reproduciendo en reversa. Ni siquiera se distinguía en cantos gritos, susurros o simples palabras, pero el miedo comenzó a apoderarse de mí En ese momento traté de tranquilizarme. Intenté alcanzar el control remoto, pero no pude sentirlo en el lugar donde yo creía haberlo dejado. Terminé abriendo los ojos para buscarlo. El control se había caído de la cama y lo recogí de inmediato para apagar el televisor. Pero antes de poder hacerlo sólo por un segundo, la pantalla casi totalmente negra. Me dejó ver algo extraño, algo que me resultaba familiar, pero aterrador. La imagen estática era la de una habitación de noche, iluminada pobremente por una luz azul. Solamente se veía una pared con lo que parecía la puerta de entrada del lado izquierdo y del otro lado la puerta del armario. Esta última estaba ligeramente abierta y en el piso se veían recargados dos títeres que parecían viejos como si se estuvieran asomando a la habitación desde el interior del clósety y estaban manejados por cuerdas que eran totalmente visibles y que colgaban desde una cruz de madera. Para mi horror, era sujetada por una mano completamente negra de uñas largas. No se podía ver nada más, pero arriba casi a la altura del techo adentro de ese clóset comenzaban a resplandecer dos luces amarillas. En este momento sentí como un flujo de adrenalina. Me recorrió todo el cuerpo, desde la cabeza hasta los pies, mucho más veloz que mi capacidad de reacción. Lo siguiente que hice fue bajar la televisión de inmediato y comencé a hiperventilarme y a llorar. Después de eso escuché ruido afuera del cuarto y entonces la puerta se abrió y ahí estaban las tres ancianas, con sus rostros desgarrados y sus narices puntiagudas. Grité con todas mis fuerzas implorando a Dios que me salvara. Entonces una de esas ancianas se abalanzó sobre mí or me rasguñó el pecho con sus garras, con mucho miedo, pero con ganas de seguir viviendo. Comencé a rezar en voz alta, casi gritando y entonces esas ancianas desaparecieron. Estaba a punto de caer en un ataque de pánico, pero me levanté. Encendí las luces, tomé el celular y le marqué a mis amigos que se desvelan mucho. No dormí nada esa noche y las noches siguientes. Las pesadillas volvieron y siento que me estoy volviendo loco hace tres noches estando en la sala vi claramente como una figura corrió desde mi habitación hacia el baño, una figura pequeña. Muchos habrían pensado que se trataba de un duende o niños fantasmas o algo así, pero estoy casi seguro de que era una de esas marionetas que parecían ancianos. Ya no escondo esto lo he platicado con amigos y me han recomendado adoptar un gato, pero la verdad es que los gatos siempre me han causado muchísima alergia. A pesar de eso, realmente lo estoy considerando como una posibilidad. Tal vez sea mejor vivir mormado todo el tiempo agripado en lugar de vivir aterrado. Y es que anoche soñé de nuevo con esos ojos. Sé que esas ancianas me acechan y temo que llegue el día en que me atrapen y me arrastren al infierno, pues sé que ese será mi fin. Por discreción. No daré mi nombre, pero es importante mencionar que nací en una localidad de nombre vista hermosa, un pequeño pueblo en la punta de un cerro. En dicho lugar vivían mis abuelos y otros hermanos de mi papá pero desde muy pequeño, mis padres me trajeron a vivir a orizaba para estudiar la secundaria. Eso sí, teníamos como costumbre visitar el pueblo mínimo dos veces al año, durante la temporada vacacional, en específico durante la Semana Santa y en las fechas de día de muertos. En lo personal, siempre que visitaba el pueblo, me gustaba jugar en medio de las hierbas muy pegado a la falda del cerro. Además, había unas caballerizas o establos bastante viejos y no estaban en uso, los cuales convirtieron en un cobertizo de madera donde construyeron una plataforma elevada que se hace por debajo del tejado de una casa y se usa para almacenar cosas o para dormir. En una de esas ocasiones, cuando eran los días de los fieles difuntos, me quedé jugando en dicho lugar y sin darme cuenta, las horas transcurrieron con rapidez, por lo que el sol estaba a punto de ocultarse. Así que regresé a la casa de mis abuelos y al llegar, uno de mis tíos se acercó para platicar conmigo. En esa conversación me dijo algo que me causó curiosidad. Me dijo que ya no jugara tan tarde cerca de los cobertizos, ya que las brujas salían el mero día de muertos y era muy peligroso, ya que ellas bajaban del cerro para realizar maldades y si no se llevaban a los niños, se robaban a los animales, apagaban las veladoras y, por si fuera poco, llegaban a tirar las ofrendas. Siendo sincero lejos de que las palabras de mi tío me asustaran, hicieron que despertara en mí una gran curiosidad, tal vez porque en esa época tendría unos once años y no le tenía miedo a nada. Quizá la valentía la heredé de mi abuelo, quien fue nada menos que un teniente de la revolución y nos contó múltiples relatos de encuentros con brujas. En ese instante, simplemente pensé que mi tío, al ser aún bastante joven, era natural que le gustara hacerme algún tipo de broma para asustarme. Pero mi abuela, que estaba cerca de nosotros, escuchó las palabras que me decía mi tío y para entonces ya se habían integrado los demás. La cara de mi abuela reflejó enojo al grado de llamarle fuertemente la atención. Lo regañó diciendo que no hablara mal de las brujas, ya que él esas malditas sienten cuando las buscan o las difaman, en especial el día de muertos. También mi abuelo le dijo que se callara y recordara lo que le había sucedido años atrás. Era mejor no jugar con eso y menos en el día de muertos, ya que esas brujas podrían regresar al oír. Eso por parte de mi abuelo creció más la curiosidad en mi interior. Al punto de insistirle a mi padre que me contara lo que había pasado. Quería saber de qué hablaban todos. Mi padre dudó un par de segundos, pero al final accedió a contarme esa historia con una voz llena de miedo y preocupación. Me platicó lo siguiente, mucho antes de que yo naciera, cuando aún él y mis tíos eran adolescentes. Gran parte de la familia fue de visita al pueblo con la intención de llevar flores al cementerio por ser fecha del día de muertos. Incluso recordaba que algunas amistades de Orizaba se prepararon para llegar. Sin embargo, en ese tiempo vi VI vi l. El viaje tomaba de cinco a seis horas o quizá un poco más, dependiendo de las condiciones del clima y el tipo de la carretera desde Orizaba, ya que en el pueblo era sólo terracería y que, además, esa zona siempre se cubría de abundante neblina, permitiendo ver tan sólo uno o dos metros en situaciones extremas. El viaje en el mero día de muertos era obligatorio, pero justo en esa ocasión quisieron llegar un día antes de lo previsto y lo peor, sin avisar, salieron a las once de la mañana y llegaron cerca de las cinco, justo el treinta y uno de octubre, día de las Brujas, cuando la neblina hacía que el pueblo se viera más oscuro, tenebroso y tétrico que de costumbre. Los abuelos, por supuesto, los esperaban al siguiente día, ya que aún no terminaban de hacer los preparativos para recibirlos y, sobre todo, pensaban recibir a menos gente de la que llegó, debido a que en la casa sólo cabían cómodamente diez personas para dos dormir. Cuando llegó la familia y las amistades tomaron un café con un pan. La abuela les dio a comer tamales que pondría en la ofrenda y posteriormente comenzaron a platicar durante un largo rato hasta que se dieron las ocho de la noche. Después de eso, algunos amigos y familiares se fueron a descansar, pero los más jóvenes se quedaron platicando durante un par de horas. Poco después, mi abuelo y uno de sus hermanos lo mandaron a llamar para que los acompañara al granero, el cual se encontraba aproximadamente a diez metros de la casa, pero era suficiente distancia para perderse entre los árboles de mangos y naranjas a sí mismo. El maíz que habían sembrado estaba muy alto y tapaba casi todo. Al llegar a dicho lugar, se pusieron a barrer el piso de madera de uno de los cuartos y colocaron unos catres para que durmieran. Cuando finalmente terminaron de barrer, regresaron a la casa por ellos para que desdens cansaran. Una vez que mi abuelo vio que ya se habían acomodado, les dio las buenas noches y se fue a la casa para descansar. Ellos ya estaban cansados, por lo que de inmediato cayeron rendidos de sueño. Sin embargo, algo aterrador estaba por comenzar. Antes de la medianoche. Un ruido despertó al abuelo. Era como si un animal con enormes garras arañara la madera del granero. Ese ruido le causó una gran molestia y, sobre todo, preocupación, y eso, por supuesto, lo puso nervioso y desde ese momento ya no pudo dormir esa cosa. O animal golpeaba las paredes de madera. Mi abuelo, pensando que podría ser un ladrón, comenzó a golpear la pared de su recámara, pero tratando de no despertar a las visitas que traían a dos bebés casi recién nacidos. Esta situación era extraña ellos que dormían en el granero no escuchaban nada y su padre, que estaba en la casa, si podía percibirlo, era muy observador y reconocía a la perfección todo tipo de sonidos, y ese en particular, no era provocado por una persona ni por ningún animal de la zona. El ruido continuaba. Era un sonido tan tétrico que mi abuelo golpeó las paredes con fuerza haciendo que sus hermanos despertaran preguntando qué sucedía en ese momento. Los bebés se asustaron y miraron inocentemente al cielo como si algo los estuviera acechando. Mi abuelo, muy nervioso, les dijo a sus hermanos que se callaran y guardaran silencio. Por unos segundos obedecieron y escucharon el mismo ruido, aunque ellos simplemente le comentaron que era un animal que provocaba ese sonido y que eso venía del granero. Las amistades que para ese momento también habían despertado. Le dijeron a mi abuelo que mejor durmiera y no se preocupara. Seguramente era un animal inofensivo y se iría por el mismo lugar por donde entró. No pasó ni una hora. Cuando al abuelo lo volvía a despertar, el mismo ruido insistente era como cuando se desgrana el maíz. Eso puso en alerta a mi abuelo al punto de decirle a sus hermanos que no era posible que siguieran ignorando que el evento estaba ocurriendo. Estaba seguro de que las brujas rondaban por ahí y era porque habían percibido el olor de los bebés. Por otro lado, el ruido se escuchaba más y más cerca de la casa. A pesar de eso, sus hermanos, con una gran pesadez por el sueño que sentían, le comentaron que sólo era un animal y que mejor tratara de guardar la calma. Pero en eso escucharon como la madera comenzó a crujir y el techo del granero, que era de lámina, empezó a sonar como si lo tallaran entre sí. Fue entonces cuando mi padre despertó asustado y rápidamente movió a sus hermanos y primos, quienes comenzaron a espantarse por el sonido De inmediato tomaron sus lámparas para alumbrar y buscar lo que había provocado. Tal alboroto era un animal y debían espantarlo. De ahí cuanto antes se escuchaba como si algo brincara desde el suelo hasta lo más alto del granero, al punto de poner nerviosos a los caballos y vacas. De igual forma, los perros sabían que el peligro estaba cerca y aullaban como cuando ven a un muerto. Pero en esta ocasión no era un ente fantasmal. Comenzaron a alterarse ya que se escuchaba un rechinido que venía de la parte de arriba del granero. Con cada segundo que pasaba se acercaba hacia donde estaban acostados. Aquello que caminaba era de un gran peso porque hacía crujir las maderas que soportaban las láminas. Pronto escucharon que algo se movió entre los árboles y brincó sobre el techo. Ese animal hizo un extraño sonido, muy similar a cuando los guajolotes están enojados, pero en un tono aterrador. Este alarido fue tan intenso que logró escucharse hasta la casa donde estaban las visitas. El miedo y, al mismo tiempo la curiosidad hicieron que ellos tuvieran la intención de salir al exterior para ver si veían lo que causaba tales disturbios, pero cuando abrieron la puerta miraron que todo estaba cubierto por neblina. Era tan espesa que no podían distinguir el camino que conectaba la casa con el granero. Lo único posible de observar era el resplandor de las luces naranjas del alumbrado público que estaban en la plaza del pueblo. Al ver esta situación tan escalofriante, se volvieron a meter, ya que les causó un gran miedo observar que todo estaba oscuro. Una vez adentro se quedaron sentados sobre sus pensamientos, pensando que posiblemente estaban jugando o tratando de espantarlos, pero no creían del todo que fuera cierto, ya que años atrás se perdieron bebés del pueblo y de otras localidades. Por si fuera poco, varios animales amanecieron sin una sola gota de sangre, lo lo lo lo lo r o r que hubo personas que vieron enormes aves surcar el cielo y entre los senderos del monte observaron a varios felinos, perros, negros y caballos. Eran las malditas brujas con el don satánico de mutar en cualquier animal y las culpables de aquellos actos. Mi abuelo tomó su rifle y esperó a que las brujas se manifestaran. Los perros dejaron de aullar y comenzaron a ladrar anunciando que las brujas estaban cerca aquella noche. Sus primos, al ser habitantes de la ciudad y desconocer muchas cosas que suceden en los pueblos, estaban asustados. No podían reaccionar. Pensaban que lo que los acechaba era un animal peligroso. Los ruidos ya no eran tan fuertes. Parecía que las brujas notaron que las habían descubierto y guardaron silencio. Al final sabían que era su culpa por haberse burlado de una bruja y reírse de ella en el día de muertos afuera en medio de la neblina. Se escuchaba que rondaban otras bestias. Parecía que buscaban algo con insistencia. Mientras tanto, mi abuelo, a lo lejos, esperaba el momento oportuno para darles muerte a esas criaturas que llegaron sin ser invitadas. En un segundo todo quedó en absoluto silencio y sólo se escuchaba el roce de las hojas de la Milpa cuando de repente se escuchó que algo muy pesado cayó sobre el techo del granero. Aquello era de enorme tamaño, ya que todo se estremeció y posteriormente cayó un segundo y un tercer animal. En pocas palabras, era una jauría completa de bestias sedientas de sangre y habían olido a los bebés y los buscaban con insistencia en el granero. Fue porque sus primos cargaron durante varias horas a los pequeños y posiblemente esas brujas confundieron su aroma pensando que estaban con nosotros. Se escuchó como las láminas del techo se movían como si unas filosas garras intentaran quitarlas para entrar. La. La la la de uer la se tambaleó como si todo se fuera a caer por el exceso de peso, lo que provocó que sus tíos y mi abuelo salieran corriendo despavoridos para auxiliarnos, llevando consigo machetes, palos y una lámpara ellos. Querían correr hacia la casa. Estaban gritando y chillando de miedo. Mi abuelo muy molesto porque se metieran con ellos y de haber ingresado a su terreno sin permiso, apuntó al granero con su arma y dijo que de seguro se habían burlado de las brujas y entonces mi padre y sus primos asustados dijeron que había una extraña criatura en el granero, la cual se escuchaba que comía el maíz almacenado y a su vez rasgaba las paredes con sus enormes garras. Mi abuelo les gritó diciendo que no era ninguna bestia y era mejor no decir mentiras. Así que nos ordenó meternos a la casa. Mientras revisaban a detalle el granero, se acercaron con lámparas de mano y palos. Entraron con cuidado al cual principal del granero y observaron que los animales de granja estaban inquietos y, sobre todo, asustados. Al ver que ahí no había nada, decidieron subir al tapanco. Primero subió uno de los hermanos de mi abuelo, mientras que el resto quedó abajo conforme iba subiendo. Escuchó extraños sonidos, como cuando alguien busca algo y sin pensarlo dos veces dio un par de disparos, esperando que aquello que provocaba el escándalo se marchara, pero no sucedió así, sin tener otra alternativa, siguió subiendo, pero cuando terminó de subir, empezó a disparar con desesperación y en ese momento subieron los demás para ver qué sucedía. Apreciaron con horror salir en manada. Muchas aves deformes tenían partes humanas, plumas y algunas contaban con rostro de mujer. No había forma de describir a estas brujas. Parecían lechuzas o zopilotes. Era como si estuvieran formadas por distintas partes de animales una a una salieron por un agujero que hicieron en las paredes del granero, perdiéndose inmediatamente entre la espesa neblina. Estaban completamente atónitos. No podían mencionar ninguna palabra por la impresión después de tan escalofriante escena. Volvieron a casa para reunirse en familia y esperar el canto de los gallos y el amanecer, pero una vez llegó el otro día todo volvió a la normalidad. Como de costumbre, mi abuelo se levantó temprano para ir a ver su milpa. No obstante, se puso muy molesto y discutió con la abuela pues no pudo encontrar sus botas militares. A eso de las diez de la mañana regresó de sus terrenos y se reunieron en el pequeño patio para desayunar y, por supuesto, platicar sobre las brujas. Pero al enterarse de que a mi abuelo se le habían perdido sus botas, sin duda pensaron que las brujas habían sido las causantes. Debido al acontecimiento de la madrugada, tomaron la decisión de revisar el granero y ver si no faltaba algo así como ver las condiciones en las que se encontraba. Era de suponer que, por los fuertes golpes de las brujas éste estaría en mal estado. Fueron a ver que estuviera en orden y, para su sorpresa, todo estaba como si no hubiera pasado nada. El granero estaba intacto, su techo en su lugar y las láminas sin daño alguno. La madera se encontraba en buen estado. Mi abuelo no conforme, subió en compañía de uno de sus hermanos al tapanco, lugar en donde vieron a esas brujas. Fue entonces que se quedó paralizado. Su hermano le preguntó qué sucedía porque se había detenido a qué lugar estaba completamente ordenado como solía estar. Pero al centro del tapanco se hallaban sus botas, las cuales estaban atadas de manera perfecta desde abajo hacia arriba, tal y como a él le gustaba al llegar la noche y al estar a una familia entera. De nuevo no s tons có dormir en el granero, pero en esta ocasión tanto sus tíos y papá decidieron dormir con ellos. Sólo que durmieron en la parte de arriba, en el tapanco, en compañía de un rifle cargado con balas benditas, una cruz y sal Mi abuelo le comentó a mi padre que la mayor parte de la noche se la pasó despierto mirando hacia arriba, esperando que esas brujas volvieran. Sin embargo, ellas no regresaron. Tiempo después supieron que esas brujas eran familiares de personas con las que tuvieron algunos problemas, ya que nunca faltan las envidias o no saben arreglar las cosas de buena forma y les resulta más fácil recurrir al mal. En lugar de hablar de frente. Al escuchar la historia que mi padre me contó, no podía creer que tanto él como mi abuelo hubieran pasado por esa experiencia y ahora sabía que mis tíos no querían asustarme, sino protegerme. Desde ese día sé que no es bueno hablar de brujas en el mero día de muertos, ya que éstas oyen a la lejanía y pueden hacerse presentes relatos escritos y adaptados por Lis Rayón