
Zaratustra y el último hombre
Lo que Zaratustra le ofrecía a la multitud no era un castigo. Era una invitación. La invitación a
no contentarse. A no cerrar los ojos, no mirar a otro lado. A no sustituir la grandeza por el
confort. A vivir como si esta vida fuera lo único que tuviéramos, y por lo tanto valiera la pena
hacer algo que dejara marca.
The skinny
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