Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / Una Maldición Que Terminó Conmigo Historias De Terror - Voces De La Noche
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- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más comenzamos. Manuel era un joven tranquilo de veinticuatro años que recién se había graduado y estaba en búsqueda de grandes oportunidades laborales y personales. Una de sus metas siempre había sido vivir en su propia casa. Independizarse buscando casas en línea. Encontró el lugar perfecto para mudarse la vivienda. Se encontraba en una tranquila calle de la ciudad. Se trataba de una casa de tres pisos y su cuarto se encontraba justamente en el tercer piso, el último de la casa. La casa no parecía tener problema alguno, a pesar de ser un poco antigua. Se miraba en buen estado. No se dejó desanimar y con toda la actitud, decidió ocupar ese departamento dentro de la gran casa. De igual manera, el precio era muy accesible para él. Solamente había algo en particular con el inmueble. Cuando Manuel caminaba hacia él, tenía que pasar por una casa abandonada que se encontraba al lado de donde viviría. Esta casa se veía bastante descuidada, tenía ventanas rotas, una puerta oxidada, la banqueta llena de basura, tierra, hierba y piedras. Era la parte más fea de toda la calle. Enseguida de la casa abandonada se encontraba la entrada en la cual tenía que pasar por un pasillo que lo llevaba a las escaleras para subir hacia su departamento. Dicho pasillo conectaba a la casa abandonada. No había algo que impidiera el acceso, salvo una barda que era bastante pequeña y cualquiera podía cruzarla para entrar a la casa abandonada. La barda no impedía la vista hacia lo que había dentro de dicha vivienda. El patio lleno de hierbas cu n o dos vacíos, sin puertas ni ventanas, dos grandes árboles y al final de la casa se encontraba un pozo de agua. Todo eso era lo que contenía la casa abandonada. Manuel, cuando había rentado ese departamento, no fue informado de esa particularidad, pero en vez de darle importancia, decidió ignorar y subió hacia su nuevo hogar. No era la primera vez que se encontraba con casas abandonadas. Subió por las escaleras y pasó por la entrada de cada uno de los departamentos que serían sus vecinos. Cada que llegaba a uno, la vista reflejaba la gran ciudad los edificios que habían en ella. Era algo que le llamó mucho la atención a Manuel, ya que él era muy observador y le gustaba admirar esos ambientes. Finalmente, llegó a la entrada de su departamento y notó que las escaleras continuaban hacia un piso más. Sabía que el suyo era el último de la casa, por lo que no dudó en averiguar que había arriba. Al subir no se encontró con nada extraño. Era una simple azotea en donde los vecinos colgaban su ropa que lavaban. Manuel se detuvo un poco a apreciar el alrededor la ciudad, los edificios. Incluso se podía ver una enorme montaña a lo lejos. Cuando lo vio, inmediatamente pensó en cómo se vería al atardecer. Él era fanático de verlos atardeceres. Era algo que le llamaba mucho la atención. Al verlo sentía una gran tranquilidad. Se acercó un poco más hacia la orilla, donde veía aquella montaña, bajó la mirada y se dio cuenta que se podía ver la casa abandonada con un panorama diferente al que se veía por el pasillo. Quedó viendo fijamente a la casa intentando averiguar la historia de esa casa, pero no logró producir pensamiento alguno. Sólo se quedó viendo como si la casa lo hubiera hipnotizado y después de unos minutos reaccionó. Recordó que había dejado sus cosas afuera del departamento y rápidamente bajó. Finalmente entró a su nueva vivienda, un departamento amplio, pero vacío con una gran ventana que reflejaba la montaña que había visto en la azotea el departamento solamente tenía una mesa para poder comer una cocina, con unos cuantos muebles y un cuarto con una cama. A pesar de ser poco. Manuel lo encontró motivador, ya que estaba dispuesto a llenarlo de muebles y acondicionarla. Con el tiempo se acercó a la ventana a observar la montaña. Nuevamente bajó la mirada hacia la casa abandonada. A pesar de tratar de ignorarla. Había algo que hacía que mirara. Hacía ese espacio y se quedara pasmado por unos minutos. Otra vez reaccionó, dejó eso de lado y se dispuso a desempacar todas sus cosas. La tarde caía y el sol comenzaba a ocultarse. Manuel recordó que quería ver el atardecer reflejado en aquella montaña. Inmediatamente tomó su celular y subió a la azotea lo que encontró. Fue impresionante para él. Un cielo o naranja con tono rosas y el sol escondiéndose detrás de la montaña. Era un paisaje que le ocasionó demasiada calma y tranquilidad. Tomó una foto de él mismo y esa increíble escena, él quería conservar todos los detalles. Finalmente, el sol se ocultó y la obscuridad se hizo presente. Un aire frío comenzó a correr sobre él. Volvió a asomarse hacia la casa abandonada. Al momento de dirigir su mirada, pudo ver una sombra correr entre la hierba. Se sorprendió al ver eso, pero pensó que pudo haber sido un gato, una rata o cualquier otro animal. Bajó al departamento e inmediatamente revisó la foto que había tomado para poder compartirla en sus redes sociales. Cuando la revisó, vio la montaña y el sol comenzó a analizar todos los detalles y se dio cuenta que la casa abandonada también había aparecido en la foto. En la esquina inferior, Ampliando la vista hacia la casa, pudo ver algo extraño r una rara sombra junto al pozo. Rápidamente se asomó por la ventana, pero ya no se podía distinguir nada, pues ya había oscurecido y extrañado por lo que se encontraba en su foto. Decidió mejor ir a dormir. La noche pasó con normalidad. Manuel había trabajado tanto en acomodar sus cosas y la mudanza, que estaba demasiado cansado, por lo que se quedó totalmente dormido. A la mañana siguiente. Manuel despertó temprano, se arregló y salió del departamento. Iría a buscar trabajo. Atravesando el pasillo, no pudo evitar mirar la casa abandonada, pero esta vez se detuvo a analizar cada detalle de ella. Los árboles de gran tamaño, el patio lleno de hierbas observó los cuartos y al parecer, no eran muy grandes y se encontraban vacíos. Por último, se fijó en el pozo el cual, para su sorpresa, estaba lleno de agua, pero un agua sucia y a su alrededor le volaban muchos mosquitos. Manuel sintió una vibra extra cuando vio el pozo. Después de haber analizado toda la casa, salió por el pasillo. Ya afuera en la calle, se dio cuenta que había un cuarto más. Al parecer era el cuarto más grande, el que se suponía que tenía que ser la sala, pero, al igual que los demás, no tenía nada. Simplemente un cuarto vacío y oscuro con una atmósfera un tanto extraña, Manuel volvió a sentir la vibra extraña un eco profundo. Dentro de ese cuarto se alejó de la casa y siguió con su camino por la noche. Manuel regresó a casa. Había sido un buen día. Encontró dos posibles opciones de trabajo, se encontraba feliz y dispuesto a quedarse en alguno. Entró a la casa, atravesó el pasillo y miró hacia la casa abandonada. Escuchaba como alguien jugaba con el agua del pozo, lo cual se le hizo algo extraño que hubiera alguien ahí, por lo que se acercó y pensó que tal vez el dueño o dueña estaría ahí y podría preguntar sobre la isla de la casa. Pero cuando llegó al lugar donde se veía el pozo, no había nadie, solamente el grupo de mosquitos volando sobre el pozo y el aire que corría y movía todas las hierbas. Se quedó un rato viendo hacia la casa intentando buscar quién había estado jugando con el agua, mirando fijamente hacia un cuarto pudo ver como si alguien estuviera ahí dentro. Manuel sentía la presencia de alguien. Alzó la voz llamando a quien se encontrara en el cuarto, pero nadie respondía y cada vez concentraba más su mirada intentando ver entre la oscuridad a alguien. De repente tocaron su hombro, lo que hizo que se asustara. Volteó y sólo era su vecina, una señora de edad ya avanzada, la cual le dijo que no se metiera con esa casa. Al parecer, no le gustaba ser molestada. Manuel preguntó si ella conocía la historia detrás de aquella casa, a lo que la señora respondió que cuando ella había llegado a vivir ahí la casa y ya se en n r ó la así. Ella también advirtió sobre los mosquitos. Le recomendó tener un repelente a la mano, ya que estos insectos fácilmente se metían a los departamentos. Manuel, confundido por lo que acababa de suceder y las cosas que le había dicho su vecina, subió a su departamento. Estaba seguro de que alguien había estado en esa casa ya en su departamento. Manuel comenzó a preparar su cena. Mientras lo hacía, se asomaba a la casa abandonada. No podía quitarse de la cabeza que había visto a alguien ahí dentro y trataba de unir lo acontecido el día anterior. Necesitaba respuestas. Dejó la cocina por un momento para volver a asomarse hacia la casa nuevamente. Cuando lo hizo, vio algo extraño una sombra entrando a uno de los cuartos. Se quedó viendo fijamente, pero no podía encontrarle forma humana a la sombra. Esta de alguna manera sintió su mirada, ya que al momento de llegar al cuarto se quedó parada ahí en el cuarto vacío. No pasaron muchos minutos cuando un olor a quemado salió de la cocina. Reaccionó y corrió rápido hacia su cocina, pues su comida se estaba quemando. El humo y olor se esparció por todo el departamento, por lo que fue necesario abrir la ventana. Al momento de abrirla, un mosquito entró acompañado de un aire caliente y algo pesado. Manuel recordó las palabras de la señora acerca de los insectos, por lo que no dudó en acabar con él. El mosquito había entrado en su cuarto volando de un lado para otro, como si estuviera explorando su cuarto. Abrió la ventana para que se saliera, pero éste no lo hacía. Seguía volando de manera incontrolable. Finalmente, el mosquito se quedó quieto en la ventana. Fue ahí cuando Manuel aprovechó para aplastarlo. Al momento que lo hizo algo muy raro sucedió. Un humo salió del pequeño insecto. Confundido por lo sucedido, cerró todas las ventanas del departamento para evitar que otro mosquito volviera a entrar a su casa. Regresó a cenar. Mientras lo hacía, pensaba en por qué aquel insecto había sacado humo. Después de terminar, se levantó de la mesa y se asomó una vez más a la casa abandonada. Esta vez no había sombra alguna. En cambio del pozo comenzaba a salir humo. Tal como había sucedido con el insecto. Tomó su celular para grabar lo que estaba pasando, pero en el transcurso el humo desapareció. Manuel se quedó sorprendido y confundido. Se fue a dormir transcurría la noche. No lograba conciliar el sueño. El aire en su cuarto se sentía caliente a cada momento se volteaba de lado hasta que quedó viendo hacia el techo, y ahí se dio cuenta que nuevamente un mosquito había entrado en su cuarto rápido se levantó para matarlo. Cuando estaba a punto de hacerlo, sintió una enorme pesadez y cansancio, dejó al insecto de lado y se volvió a acostar. Finalmente logró quedarse dormido. El sueño se apoderó de él. Él, sin embargo, no fue un sueño de tranquilidad y relajación. Manuel se encontró en un sueño peculiar. En el sueño, él llegaba a la entrada de la casa, donde se encontraba su departamento, pero al lado de ésta había una casa en perfecto estado limpia y con risa. Saliendo de ahí, él entraba por el pasillo, por donde siempre ingresaba a su departamento y en vez de encontrarse con una casa abandonada, encontraba una casa con vida, árboles grandes, pero bien cuidados, muchas macetas con flores que transmitían alegría y unos pájaros que cantaban con mucha felicidad. Manuel estaba viendo o imaginando cómo era antes la casa abandonada, que tanto se había metido en su cabeza. Trató de buscar el pozo y no tardó en encontrarlo, pero al lado de él veía a una persona parada, pero de espaldas, y Manuel trataba de acercarse más, pero cada paso que daba le costaba más y cuando finalmente estaba a punto de llegar, notó como una niña salía a nía Corriendo hacia la persona que estaba en el pozo. Manuel volteó hacia los cuartos y también vio a una niña asomarse en uno de los cuartos. De repente, el sueño, que parecía ser algo tranquilo, se tornó algo terrorífico. Todo sucedió de inmediato. El patio que estaba lleno de flores y aves se convertía en un patio oscuro. Las plantas morían. El hombre volteo, pero tenía una cara muy extraña. Las niñas comenzaron a gritar y una señora salía del cuarto principal. Gritando el hombre tenía a las dos niñas de la mano. Ambas en su rostro presentaban demasiado miedo. De repente, el hombre las lanzaba al pozo y desaparecía de la escena. Manuel volteaba así el cuarto principal y lo que al principio era un cuarto con risas y alegría, ahora era sólo un cuarto vacío de donde una gran ola de humo salía. Él se quedaba inmóvil. De repente, por atrás, alguien jaló por su espalda y cayó al pozo, despertando inmediatamente de ese horrible sueño. Cuando despertó, pudo ver cómo una sombra salía de su cuarto Con mucha velocidad se levantó y lo primero que hizo fue asomarse por la ventana para la casa abandonada. Cuando lo hizo, volvió a ver una sombra corriendo hacia uno de los cuartos, pero justo ahí desapareció. No entendía nada de lo que estaba pasando. Regresó a su cama a intentar volver a dormir después de ese extraño sueño. Afortunadamente, logró hacerlo al siguiente día. Por la mañana. Al salir de su departamento, notó que una gran cantidad de mosquitos volaban por toda la casa. Habían insectos en los departamentos de todos los vecinos. Inmediatamente tocó sus puertas para informarle sobre eso, pero los habitantes estaban sin ninguna preocupación, ya que eso solía pasar a menudo y más cuando una nueva persona llegaba a rentar un departamento. Pero al mismo tiempo le hicieron la recomendación de mantener cerradas sus ventanas, ya que dichos insectos llegaban a transmitir una enfermedad. Manuel, preocupado, no dudó en llamar a alguien que se encargara de esa plaga de insectos. Por la tarde, el exterminador llegó a la casa. Manuel le comentó la situación y el hombre miró hacia la casa abandonada y salió por sus cosas para acabar con esa infestación de mosquitos. Mientras Manuel esperaba parado enfrente de la barda que conectaba con la casa abandonada, espantando a todos los insectos que se le atravesaran la vecina que desde los primeros días le había advertido sobre esos mosquitos. Se acercó a Manuel. Le repitió que no se metiera con esa casa, ya que se metería en problemas, pero Manuel tomó una actitud defensiva, argumentando que él no iba a tolerar que esa plaga ocasionara enfermedades en los habitantes de las viviendas. La señora sólo se quedó mirándolo de manera amenazadora y regresó a su casa. El exterminador dijo que estaba listo para hacer su trabajo y entraría, pero Manuel no podría hacerlo debido a aquel producto que utilizaría era demasiado fuerte y podría sufrir algún daño de intoxicación, por lo que sólo se quedó del otro lado a esperar que el exterminador hiciera su trabajo. El hombre cruzó la barda mientras Manuel retrocedía unos pasos, quedando al lado de la casa de la señora de donde escuchaba cosas extrañas, como si ella estuviera peleando con alguien. De repente se escuchó un grito pidiendo ayuda. Manuel no dudo en golpear su puerta. La señora inmediatamente abrió. Vi la notó algo agitada. Le preguntó si se encontraba bien, a lo que ella respondió que sí, pero detrás de ella pudo ver una sombra esconderse, por lo que decidió entrar a la casa para asegurarse que todo estuviera bien. Cuando entró a la casa no había nadie. La señora le pedía que saliera de su casa, pero ella se notaba muy preocupada. Manuel, mirando alrededor de toda la casa, vio un mueble con fotos. Él se acercó a hacia el mueble y encontró una foto peculiar, una foto que representaba una escena que ya había visto antes en su sueño de aquella noche era el patio de la casa abandonada, pero en perfecto estado y con una buena imagen. Además de una familia feliz con un matrimonio junto con dos pequeñas. Le pidió una explicación y la señora confesó una desgarradora historia. Ella era una de las dos hijas. Su padre era una persona muy escéptica y creyente de mitos. Ellos vivían felizmente en su casa, llena de alegría, con flores y un gran árbol que cada día crecía más y más. Su hermana era una niña que le gustaba trepar el árbol y jugar alrededor del pozo. Desafortunadamente, un día a su hermana le picó un mosquito, el cual le provocó deng y después de eso, ella se puso muy mal. Le dio mucha temperatura, sus ojos estaban demasiado rojos y la mirada se le notaba algo extraña. Su padre comenzaba a dudar, sin en realidad era una enfermedad o era alguna otra cosa. La madre le aseguraba que así era su hija y realmente estaba enferma. Le rogaba que no pensara cosas que no eran. Los días pasaban y ella no mejoraba. La pequeña niña veía cómo su hermana cada vez empeoraba. El padre continuaba dudoso, pues ya varias personas le habían dicho que ella no estaba enferma de salud y que ella tenía algo más y debía de deshacerse de eso de inmediato. Una noche, ella empezó a delirar. Su temperatura estaba exageradamente alta. Decía cosas que no tenían sentido alguno. El padre, desesperado y perdiendo el control, tomó a su hermana para llevarla lejos y proteger a su esposa e hija. La niña con todas sus fuerzas se escondía en los cuartos, pero el padre lograba encontrarla y ella corrió detrás del pozo, pero los insectos la delataron. El padre la tomó del brazo y la pequeña gritaba a su madre para que la ayudara. Mientras trataba de zafarse, el padre desesperado la cargó. En ese momento, ella comenzó a patalear para liberarse. La madre rápidamente llegó gritando que soltara a la pequeña, pero todo pasó demasiado rápido y en un momento los padres forcejeaban hasta que la madre finalmente tomó a la niña, pero el padre desesperado empujó a ambas al pozo. El hombre, con sentimiento de culpa, no dudó en quitarse la vida en el gran árbol. La otra pequeña sólo observó cómo sucedió toda esa desgracia. Manuel, al fin había entendido la historia detrás de esa casa abandonada. La señora confesó que su padre aún deambulaba ahí y a veces se manifestaba por medio de sombras e incluso mediante los insectos, pues le molestaba que se metieran con su vivienda. En ese momento, él pensó en el exterminador y salió corriendo de la casa. Al momento que salió de la casa, el hombre estaba sentado en el piso con la cabeza agachada frotando su cara. Manuel Le preguntó que había sucedido y el hombre dijo que cuando estaba a punto de esparcir su producto en el pozo, algo tomó su brazo confundido, volteo y vio el rostro de un hombre, pero con una apariencia terrorífica por lo que había salido corriendo. Manuel lo ayudó a levantarse, pero cuando lo hizo, el exterminador pudo ver de nuevo al hombre, pero estaba detrás de Manuel. Salió de inmediato de la casa. Caía la noche y Manuel decidió adentrarse a investigar para descubrir que más ocultaba esa casa. Atravesó la barda y se encontraba en medio de toda la hierba con una vibra muy pesada. A lo lejos pudo ver una sombra correr entre los cuartos los mosquitos comenzaban a hacerse presente alrededor de él, pero mataba a cada uno de ellos. Giraba a su alrededor para tratar de encontrar algo, pero no veía nada y de repente, en el pozo pudo ver al hombre con la piel erizada. Se acercó lentamente. Sentía que ese momento ya lo había vivido a él y recordó cómo había sido su sueño de aquella noche y era exactamente igual. Se acercó más hasta estar detrás del hombre, el cual de la nada desapareció. Sólo quedaba Manuel frente al pozo. Asomó un poco su cabeza y al momento de hacerlo, logró ver la cara de la niña y la madre, pero con un rostro desfigurado que representaba sufrimiento. Manuel se quedó helado. Esa fue la última expresión que pudo haber hecho, ya que inmediatamente sintió la presencia detrás de él. Volteó y el hombre estaba justo detrás de él con una cara terrorífica. Al momento de verlo, sólo lo hizo para empujarlo también hacia el pozo para que acompañara en las profundidades a la esposa e hija. Relato escrito y adaptado por Andrea Lezama.