Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / Me Acechan Los Espíritus Por Ser Médium: El Extraño Caso De Marina - Voces De La Noche
Transcript
- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más. Comenzamos hace unos años. Una prima que vivía en michoacán se vino a vivir a Guadalajara para que la ayudara. Ella quería ir a la ciudad para poder escapar de su mamá, quien quería casarla con un joven que vivía en el pueblo. La idea de mi tía era traer mejores conexiones a la familia y, por consiguiente, dinero. Afortunadamente, ambas manteníamos buena relación y hablábamos seguido, por lo que me enteré pronto de las ideas de boda que tenían para ella. Desde niñas. Tuvimos contacto por la costumbre familiar de juntarse todos durante las fechas de fin de año o para el cumpleaños de alguno de los abuelos y al pasar el tiempo, nos hicimos cada vez más cercas Desde el día que mi tía comenzó a mandarle indirecta sobre el chico que le gustaba para ser su marido. Mi prima como pudo, desvió las conversaciones sobre el tema. Además, trabajó un tiempo haciendo mandados en la tienda del pueblo y juntó el dinero suficiente para el pasaje del camión. Un día me mandó mensaje, avisándome que se salió de su casa y que sólo le dejó una carta a su mamá. Se vino desde michoacán directo a Guadalajara sin nada, sólo lo que pudo caber en su mochila de viaje. Cuando llegó a la central de autobuses, le dije a mi mamá que me acompañara a recogerla durante el trayecto de regreso Marina le contó sobre los planes de su hermana para casarla y que ella esperaba entrar a la Universidad para poder trabajar. Mi mamá me apoyó cuando le dije que esperaba ayudarla para escapar de esa boda. Esperaba que me apoyara en el intento de calmar un poco a su hermana para darle tiempo a la muchacha de poder comenzar sus estudios sin ponernos de acuerdo. Dimos, por hecho, que lo mejor sería que Marina se quedara a vivir con nosotros una temporada y aunque estábamos seguras de que la tía él no iba a ceder, No perdíamos nada con intentarlo. Increíblemente, tras algunas llamadas muy violentas, mi tía pareció dejar las cosas tranquilas. Confiada, esperaba que Marina se fuera en cuanto se enfermara o se cansara. La última de todas las llamadas que nos hizo furiosa. Nos advirtió que no sabíamos en lo que nos metíamos, pero que sabía que Marina regresaría. Sabía que ella tendría que ir con ella tarde o temprano. Así fue que pasaron siete meses. Mi mamá hacía todo lo posible por mediar entre las conversaciones para que se arreglaran las cosas. Convencer a su hermana de que no arreglara el matrimonio era su prioridad. Fue así que ella me propuso ayudar a Marina a estudiar con mis clases. Tendría más oportunidades de entrar. Sería más fácil evitar que un día eli mi tía viniera de la nada a llevarse a su hija con ella como era unos años más grande que ella. No parecía mala idea. Podría ayudarla a entrar a la universidad con el conocimiento que tenía de maestra. De esa manera podía evitar que regresara al pueblo y buscara a ser vida en la ciudad. Marin estuvo de acuerdo, comenzó el estudio y poco a poco fue poniéndose al corriente porque la escuela preparatoria a la que ella había ido no era muy buena como buscábamos hacerla más independiente. Mi mamá y yo le dijimos que lo mejor sería que buscara un trabajo para poder pagar sus estudios, también para que buscara la manera de hacer vida en la ciudad. Con algo de suerte, ella hasta se enamoraría y se opondría más a su mamá. Reaccionó de buena manera ante lo que platicamos con ella, por lo que en menos de un mes ya había encontrado trabajo cerca del departamento donde vivíamos. Como no estaba muy familiarizada con el trabajo de aquí porque que toda su vida había ayudado en el rancho, decidió comenzar preparando pollos. Entró a una pollería que estaba en el mercado cercano. Ahí se encargaba de limpiar y cortar a los animales para prepararlos para la venta. Fue en este momento que ella comenzó a presentar patrones raros de salud. A veces parecía enfermarse en segundos y después curarse muy rápido. A pesar de sus peculiares enfermedades, todo iba bien. Avanzaba motivada haciendo trámites a la escuela. Sabíamos que la tía él no iba a poner ni un solo pie en donde vivíamos, porque consideraba que era pecado el divorcio de mi mamá, así que no nos preocupaba que vinieran por ella para llevársela marina. Estudiaba conmigo en las noches, trabajaba por la mañana y ayudaba en la casa por las tardes e increíblemente. Así pasó poco menos de un año desde que ella había llegado a vivir con nosotras huyendo. Cuando llegaron las fiestas de fin de año, ella comenzó a par pasar una etapa extraña. Comenzó a enfermarse muy fuertemente, una enfermedad tras otra. Llegaba primero de la garganta seguido, tenía alergias, Siempre parecía estar irritada de la nariz o de los ojos al final hasta dolores en todo el cuerpo. Mi mamá, preocupada, la llevó con el médico al que íbamos, pero el doctor siempre llegaba a la misma conclusión que no era nada grave. Simplemente había desarrollado una alergia a la contaminación de aquí por haber vivido toda su vida en el campo. Lo tomamos así una alergia que era molesta. Intentamos ser pacientes, pero comenzó a faltar mucho al trabajo. Poco a poco, ella se deterioraba. Caía enferma de gripas tan fuertes que parecía se iba a morir. Pasan cinco o seis días y luego se recuperaba como si nada hubiera pasado. Yo le comenté a mi mamá que quizás estaba pasando algo más aquello parecía tener un patrón. Dudé de que esa alergia fuera normal, que quien, quizás marina misma, se estaba provocando la enfermedad. No pudimos comprobar nada de doctor en doctor era lo mismo. Ella tenía el cuerpo débil y la contaminación le afectaba. Por su parte, Marina no se preocupaba, sufría en silencio cada enfermedad o dolor. Luego continuaba con su vida normal, trabajando o estudiando juntas para su examen. Un día. Preocupadas por su estado mental, decidí preguntar directamente si ella se sentía mal de vivir en la ciudad, pero su respuesta me impactó. Para ella era normal lo que le pasaba. Estaba acostumbrada a pasar algunas temporadas. Lo que ella decía que eran las fiebres. Me dijo que desde niña las padecía y que no eran un problema. Ella siguió con su ritmo de vida estudiando y trabajando, pero no alcanzó el puntaje para poder entrar a la universidad. Se desanimó tanto que se salió de trabajar. Nadie en la casa hablaba del desempleo de marina. Se veía muy afectada, Así que dejamos que unos días pasaran hasta que nos sorprendió diciéndonos que iba a buscar un trabajo a tiempo completo. Lo mejor sería trabajar más horas para poder irse de donde vivíamos, para no causarnos molestia. No replicamos a eso. Era difícil vivir en un espacio tan pequeño con otra persona más. Además, me preocupaba que no tuviera una motivación e imaginé que si ella fijaba su rumbo a ser independiente, podría evitar lo que su mamá estaba planeando para ella. Mi tía seguía sin hacer nada, Sólo hacía amenazas por teléfono. Nos decía que ella no iba a durar mucho, que iba a regresar tarde o temprano. Yo estaba segura que sólo estaba provocándonos. Quizás esperaba que la regresáramos con ella, porque no la tolerábamos o algo, pero yo estaba dispuesta a ayudarla a encontrar un lugar donde vivir. Incluso pensé recomendarla como intendente en la escuela, donde estaba trabajando para evitar que se fuera. Mi mamá. No estaba segura de que ella estuviera esperando tranquilamente que su hija regresara. Sospechaba que alguno de sus hermanos o sus hijos estuviera cerca viviendo en la ciudad, esperando el momento adecuado para ayudar a mi tía, para llevarse a Marina. Mientras mi mamá y yo estábamos buscando la forma de motivar a mi prima me di cuenta que, conforme pasaban los días durante su desempleo, ella mejoraba de salud, limpiaba la casa, hacía la comida, todo estaba en orden con ella en la casa, así que le propuse a mi mamá darle un sueldo por ayudarnos, pero se negó. Era mejor que Marina saliera del círculo familiar para que encontrara lo que ella quería hacer con su vida. No sólo limpiar una casa o atender a otras personas. Le pregunté a mi prima si se sentía mal de estar encerrada sólo haciendo los quehaceres. No entendía por qué se veía tranquila sin salir. Además, estaba extrañamente sana. Ella me dijo que probablemente sería que las sons Fiebres le afectaban por el frío de la ciudad, pero que no estaba segura y podría ser cualquier cosa. No me sentía tranquila. Le comenté sobre ir con un psicólogo a platicar. Quizás era de las personas que se enferman por el estrés, pero ella se negó a ir y me contó que ella se curaba con hierbas medicinales. Estaba acostumbrada a recibir algunas plantas cada que se enfermaba. Mi tía iba con la señora del Pueblo, que conocía de esas cosas. Luego ella se las tomaba para mejorarse. Se me ocurrió buscar que hacían las plantas que ella tomaba en té pero ella no sabía ni siquiera era opción llamar a mi tía para preguntarle. Imaginé que esa era la razón por la que ella estaba tan segura de que su hija iba a regresar tarde o temprano al pueblo. Imaginé que le estaba haciendo lo peor a Marina, pero ella me juraba que no era así. Siempre había sido una buena madre, ruda y enojona, pero jamás la había maltratado e incluso siempre que se enfermaba, la cuidaba. Aunque mis sospechas contra mi tía él y se calmaron. Seguía pensando en cómo averiguar quién era la mujer que hacía los remedios. Así podríamos buscar algo aquí. Imaginé que mi mamá podría saber, pero tendría que esperar a que ella regresara del trabajo. Así podríamos aliviar las dolencias de Marina cuando le daban los episodios de fiebre. En ese momento de silencio, cuando acomodaba mis ideas, mi prima me dijo que también recordaba vagamente algo de su infancia que podría ayudar a mi mamá a reconocer la casa. Ella recordaba algo de cuando era muy pequeña, algo vago sobre una casa y seguramente era el lugar donde vivía la que hacía las mezclas de hierbas. Recordaba que en el momento en que tendría unos seis o siete años, fue llevada por sus papás a una casa grande y vieja que olía mucho a hierba. Las fiebres comenzaron ese año a ser frecuentes. Un invierno sólo tenía tos y a los meses ya no podía ni pasar una semana sin dolor por la fiebre. A los meses de comenzar, nadie supo que tenía estaba a punto de morir y la habían llevado con una mujer después de que algunos médicos fueran a su casa a ver cómo estaba, pero sin resolver lo que le pasaba, habían recomendado a mis tíos llevarla a un hospital en la capital, pero ellos no accedieron ni una tarde la sacaron de la casa cargada, la subieron a la camioneta y luego la bajaron. Mientras ella tosía iba envuelta en una toalla. Su pijama estaba mojada por tanto sudor que producía. Recordaba que estaba abrazada de su papá y mi tía él y hablaba con una mujer mientras estaban en la casa, de la que sólo recordaba un mosaico amarillo con azul y blanco que cubría el suelo. Era una casa vieja, llena de cruces santos y rosarios que colgaban de las paredes. Una sola planta con un gran corredor que llevaba a varias puertas. La pusieron en la mesa de la cocina con una almohada en la cabeza llal n el n n NR. Un calor muy fuerte por dentro el sudor le picaba los ojos, así que no pudo ver bien por rascárselos. Escuchó una gallina. La mujer callaba a sus padres y sintió como las plumas la rozaban la piel. Mientras el animal se agitaba. En medio de los sentidos alterados por la temperatura alta, ella alcanzó a escuchar el último sonido de la gallina, aplacado por un sonido tajante de la daga de cocina. No recordaba mucho, pero me confesó que a veces soñaba con la gallina desangrándose en un bote de plástico sobre el lavaplatos. Aunque no sabía si eso lo vio o sólo lo soñaba por el miedo. Al terminar su historia, me dijo que después de eso su mamá le daba los tés y sus papás. Dos o tres veces se callaron cuando ella pasaba por un cuarto donde platicaban. Ella alcanzó a escuchar que su mamá iba por los preparados cada cierto tiempo. Con aquella, señora le decían la yerbera a la mañana siguiente. Antes de salir atrás bajar. Marina me comentó que ya había encontrado trabajo. Le habían mandado mensaje en la noche, avisándole dudé en felicitarla, ya que estaba más preocupada por preguntar a mi mamá donde era el lugar que recordaba Marina. Mientras tanto, ella me contaba entusiasmada que una amiga suya del mercado había entrado a trabajar como mesera a un bar que podía recomendarla para trabajar juntas. El detalle era que el lugar estaba justo en el centro de la ciudad. Me dijo que acaba de contestar el mensaje y le había propuesto verse en un rato con carla para poder ir juntas al lugar. Mi mamá seguía dormida. Así fue que la felicité por su buena suerte. Imaginé que cuando comenzara a enfermarse de nuevo, podría buscar cómo ayudarla. Ahora que sabía sobre la forma en que ella trataba sus dolencias marina en un arranque de felicidad, comenzó a arreglar sus cosas para salir. Me dijo que no podía esperar. Quería llegar lo más pronto posible con su amiga para así ir a buscar su nuevo trabajo. Dudé un poco sobre eso de trabajar en un bar todo el día estuve pensando en cómo quería explicarle las cosas, porque seguramente iba a ser un lugar que podría ser malo para ella. Me imaginaba que, con su salud tan mala y el ambiente vicioso, podría terminar enferma o acosada por algún borracho. Marina tenía un carácter amable, tranquilo al punto de hablar poco y, además, usar un tono bajo. Cuando lo hacía, era raro verla, subir el tono o gritar, así que la vi vulnerable, por lo que necesitaba hablar con ella lo más pronto posible para impedirle trabajar en un lugar como un bar. Cuando llegué del trabajo y ambas estaban platicando sentadas en la mesa del comedor sobre el trabajo nuevo de Marina, acomodaban detalles para que tuviera una copia de la llave del departamento y la llave de la entrada, porque llegaría por la madrugada. Estaban positivas sobre el nuevo empleo. Mi prima lo veía como una buena forma de comenzar a ser más desenvuelta con las personas, pero yo veía problemas. Mi mamá, adivinándome el pensamiento me sentó en el comedor, comenzó a enumerar todos los beneficios de trabajar con tantas personas atendiendo pedidos. Marina ni imaginaba que yo tenía dudas. Ella estaba enfrascada pensando en la buena oportunidad que tendría de trabajar en un lugar así y además con su primera amiga en la ciudad, a pesar de todo de la seguridad que ambas tenían, de que todo parecía adecuado, de que la misma carla había hablado con mi mamá antes de que yo apareciera por el departamento, seguía pensando que era mala idea. De cualquier manera, era la vida de Marina, aunque mi corazonada no me iba a dejar en paz, así que decidí acompañarla a su trabajo. El primer día pedí permiso para salir media hora más temprano. Así podría ir a ver el lugar, asegurarme de que ella iba a estar bien y regresar a preparar mis matearias para las clases del día siguiente. Después de una hora de viaje, llegamos a la avenida de los Bares y casi todo estaba cerrado o a punto de abrir. Carla y Marina me habían esperado cerca de la estación del tren para poder ir juntas hasta el bar. Cuando llegamos Carlas señaló una casona antigua modificada para que en la planta baja funcionara como restaurante y en la parte superior fuera un bar. A los lados. Había otros locales del mismo estilo para tomar al colo comer en el lugar donde mi prima iba a trabajar, Se escuchaba música de banda, servían cerveza de barril. Vendían cosas como papas oalitas. También había muchas pantallas para cuando pasaran eventos deportivos. Cuando llegamos a la dirección del lugar, el bar tenía la puerta abierta. La entrevista fue sólo de quince minutos y obtuvo el empleo al mirar por todos lados. No parecía que hubiera un problema con nada. Sólo yo era la que estaba con Niebda Marina. Me sonrió feliz aguantando su emoción. Me dijo que podía incorporarse en ese mismo momento a trabajar, pues el uniforme sólo consistía en el mandil que iba a usar sobre su ropa de diario. Me senté en la barra a tomarme unas cervezas en lo que miraba cómo despejaban, limpiaban y acomodaban el chico de la barra era muy amable. Me dejó mirar con calma como se realizaba la apertura del bar me quedé tranquila cuando vi cómo carla. Ayudaba a que Marina entendiera todo rápido. Incluso me dijo que iba a cuidarla bien. Así que, como parecía que las cosas iban a estar bien, me fui del lugar porque estaban llegando los primeros clientes repetidos o tres veces más. La misma visita a la apertura del lugar. También le preguntaba seguido a Marina si se sentía bien haciendo ese trabajo. Todo fue normal hasta terminar el primer mes que ella pasó trabajando una madrugada llegó muy cansada o o eso o fue lo que ella me dijo. Comenzó a tropezarse con todo al punto de que me desperté por el ruido. Me levanté de golpe. Pensé que ella había llegado borracha y me dirigí a la sala a ver lo que estaba pasando y la encontré sentada en una silla del comedor. Al acercarme la escuché roncar. Estaba profundamente dormida la luz de noche al lado de su sillón que hacía de cama, estaba prendida, sus cosas estaban tiradas. Había un pan a medio comer en la mesa y ella no se había quitado la ropa del trabajo de lo cansada que estaba. Tengo que admitir que me molesté mucho, pero no quería gritar porque iba a despertar a mi mamá. Comencé a recoger acomodé las cosas en su lugar. Después quise levantar a Marina de la silla, pero al tocarla sentí que su ropa estaba empapada. Al fijarme bien, estaba sudando muchísimo. No revisé si tenía fiebre. Sólo la levanté con regaños hasta que ella se arrojó al sillón para quedarse dormida. Apagué la luz molesta por tener que soportar ese desorden en la madrugada. Por la mañana, ella no pudo levantarse de la cama y tuve que avisar que no iría a trabajar. Le dejé el desayuno a ambas listo e insistía a mi mamá para acompañarlas al doctor, porque me sentía culpable de no darme cuenta de lo mal que estaba. Fuimos al doctor a que la revisara. El médico ya nos conocía por acompañarla anteriormente. Después de saludarnos me dijo lo de siempre. Ella comenzaba de nuevo con sus períodos de infecciones en las vías respiratorias. Me comentó que la convenciera de hacerse unos análisis para ver el porqué de tantos episodios de fiebre marina no aceptaba hacer nada de estudios. Ella le tenía miedo al hospital, así que decidí dejar las cosas así. Los tres días siguientes fueron una pesadilla para mí. Ella tenía más fuerte la fiebre que otras veces. Además, había comenzado a hablar dormida por el delirio de la temperatura. Al me hice cargo por completo de su salud para que mi mamá pudiera trabajar tranquila. Yo pensé que, por ser más joven, podría con sus cuidados sin cansarme tanto, pero iba más allá de mis fuerzas. Deliraba, no quería comer ni tomar agua. Sólo sudaba y vomitaba. La tercera noche estaba dispuesta a llamar a mi tía al día siguiente para preguntarle sobre la historia de marina. No era normal, como presentaba tanta afectación sólo por una infección en la garganta. Sorprendentemente, justo al caer el sol como si nada. Mi prima se levantó sola de la cama, se fue al baño. Regresó a su lugar de dormir sin ayuda e incluso me pidió algo de comer. Estaba feliz de verla bien, pero sospeché de algo. No sé de qué, pero no creí que fuera coincidencia que mejorara. Cuando dije en voz alta que iba a buscar el número de mi tía en ese momento, pensé que ella estaba provocándose la enfermedad. Quizás no le gustaba trabajar, pero tampoco quería regresar a casarse con un amigo de su mamá. Algo en su mente podría estar mal, me decía, pero tampoco sabía cómo ayudar y no me atrevía a hacer o decir nada. Ella regresó al trabajo y se incorporó normalmente a sus labores. La encargada no dijo nada malo. La esperaba hasta que se recuperara, pero un mes después comenzaron de nuevo las fiebres. Mi mamá se hizo cargo porque me había tocado cierre de ciclo escolar. Estaba sobrecargada de trabajo y yo no podía hacer otra cosa más que trabajar a altas horas de la noche para poder entregar todo lo que me faltaba. Un jueves de esa semana de cierre, mi mamá dio un grito ahogado. Al escucharlo, salí corriendo de mi cuarto a ver lo que pasaba. Se dio cuenta que las ciruelas que había comprado por la tarde estaban podridas por dentro se veían negras y se movía algo en su interior. Mi mamá había ido a bor a lavaplatos por haber mordido la fruta podrida. Cuando salí me reí de ella porque parecía muy extraño que no se diera cuenta de que estuvieran malas las ciruelas. Miré la ciruela en el suelo y me dirigí a recogerla, pero justo al agacharme para alcanzarla con los dedos, vi que la fruta se balanceaba un poco di un salto hacia atrás. De pronto ante la mirada incrédula de ambas, vimos cómo rodaba del lado de la mesa del comedor hasta la sala. Lentamente rodó la. Seguimos con la mirada y sin imaginar cómo pegó contra uno de los pies de marina y ambas nos sobresaltamos y preguntamos en voz alta si estaba bien. Al mismo tiempo no nos habíamos dado cuenta cuando se había podido levantar de la cama. No contestó la pregunta. Ella estaba sentada sin mirar nada con los ojos abiertos. Respiraba con dificultad, no hablaba ni parpadeaba su cara. Estaba completamente seria, como cuando estaba dormida a sus pies. La ciruela estaba partida un poco por la mordida de mi madre. De aquella grieta. En la piel salían gusanos y esos animales se retorcían, se movían agitándose, contorsionándose. Poco a poco vimos cómo aquellos asquerosos animales subían lentamente por la pierna de Marina, quien no hacía un solo gesto de sentir aquella viscosidad en su piel. Los gusanos se pegaban a ella buscando subir por su tobillo, pero ella no se daba cuenta. En un momento de asco sólo podía ver lo que pasaba. Mi mamá me gritó que me quitara eso de la pierna. Fue por eso que pude reaccionar y comencé a golpear a los asquerosos animales con un trapo de cocina que pude tomar al azar al golpearlos unos estallaban, estaban viscosos. Miré que La ciruela estaba negra por dentro, pero seguía oliendo a fruta madura el ambiente quité los gusanos aplastados con el mismo trapo. Mi mamá acercó una bolsa de plástico y tiré todo el trato, la ciruela mordida, así como las otras que estaban sobre la mesa, porque no pensaba averiguar si tenían también esos horribles gusanos negros. Pensé que me había librado de toda esa asquerosidad tirando la bolsa en el bote fuera de la casa. Cuando escuché a mi mamá apurarme a traer otro trapo. Cuando me asomé del patio adentro del departamento, estaba mi mamá con las manos sobre los hombros de mi prima evitando que se agitara mucho marina. Se tapó la boca con las manos, movía los pies intentando librarse de los animales. No podía explicarme cómo pasaba eso. Estaba segura de que había matado a cada gusano y lo había tirado dentro de la bolsa con el trapo marina lloraba mientras mi mamá revisaba toda la fruta que había comprado. Quizás las fresas o los plátanos también estuvieran infestados. Recuerdo decirle que aquello era una tontería. Era imposible que todo lo que había comprado estuviera igual mi mi. Mi mamá ra quería estar segura, así que revolvía todas las bolsas de plástico con las frutas dentro mientras yo limpiaba el pie de mi prima con un trapo empapado de jabón. Ella tosía ligeramente mientras me preguntaba con poca voz que es lo que estaba pasando. Cuando intenté decirle lo que había pasado, mi mamá comenzó a arrojar todas las bolsas dentro de otras bolsas de plástico más grandes. Tomaba frutas verduras e incluso tortillas o la leche. Todo tenía esos gusanos negros gigantes que se retorcían. Me quedé inquieta aquello no podría pasar. Imaginé que podría ser una plaga, pero de que jamás había escuchado de una plaga de gusanos negros largos. Tras tirar todo, amarramos la basura dentro de tres bolsas para evitar que escaparan aquellas larvas o lo que fueran. Sacamos las bolsas al bote del patio y limpiamos el suelo. Mientras Marina se metía a bañar, pues decía que estaba sintiéndose mejor. Esa esa o noche, la fiebre había cedido, pero la tos que tenía continuaba acosándola. Ese sería el inicio de una toscrónica que desarrollaría a mi prima No se volvió a repetir algún episodio de Lombrices. Era raro que sólo sucediera una vez si parecía una infestación a los alimentos de la casa, incluso marina, pensaba que podríamos haber comprado algo que contaminó todo lo demás, así que nos ayudaba a limpiar lo más que podía para vigilar, que no regresar a la plaga. Ella continuó trabajando, pese a varias amenazas de despido que le mandó por mensaje su jefe, pues la encargada parecía haberse encariñado con ella y le ayudaba a mantener su trabajo. Mi pobre prima pasó otros seis meses así trabajando enferma. Sólo cuando llegaba la fiebre se tomaba mil pastillas para poder continuar, pero el resto de los días en que decía que estaba bien, se notaba que su semblante estaba cansado. Su piel se veía pálida y en más de una ocasión mi mamá le pidió que dejara el trabajo de noche. Le decía que quizás eso era lo que estaba afectando su salud, pero ella era aferrada. Le gustaba trabajar con su amiga Carla. Además ganaba bien y eso la motivaba a continuar. Su cuerpo adelgazó mucho. Su mirada se veía triste, ya no platicaba como antes conmigo ni nos llevábamos tan bien como al principio. Me preocupé mucho, pero a pesar de lo que pudiéramos decirle jamás se planteó dejar de ir a trabajar. Me rendí de intentar convencerla de dejar el trabajo y dejé que ella fuera hasta donde pudiera total. Imaginé que lo peor que podría pasarle era que tuviera que ir a recogerla alguna sala de urgencias. Cuando me llamaran de algún hospital. Incluso recordé lo que ella me había contado sobre el tratamiento con que llevaba allá en el pueblo. Le pregunté a mi mamá, pero ella no sabía nada sobre una yerbera. Pensaba que si lograba que mi mar mamá averiguar a quién era, podía ayudarla un poco. Desafortunadamente, era poco lo que había vivido en el pueblo mi mamá, pues al entrar a la secundaria, había decidido salir del lugar para irse a vivir con su madrina, para que la escuela le quedara cerca. Me dijo que no recordaba nada como una mujer que curara con hierbas a la que ella hubiera ido o que sus padres mencionaran algo así. Pero sí me dijo que allá en el pueblo la gente cree en muchas cosas porque pasan cosas inexplicables que parecen ser del dominio solo de los ancianos. Imaginé que se refería el uso de plantas o algunos controles de plagas o algo, pero ella me dijo que no, que allá incluso hay quienes saben cómo aplacar a los demonios que viven ocultos en la oscuridad del bosque. Fue así que dejé de intentar encontrar respuestas. Lo mejor sería relajarme. No podía llamar a mi tía oír hasta el pueblo a buscar la forma de ayudarla y en plenas vacaciones, esperando descansar de uno un año especialmente difícil para mí, decidí ir con unas amigas maestras al bar donde ella trabajaba para ver cómo le iba. Mi idea era divertirme. Podría regresarme con mi prima, pero también pensé en aquello era una excusa para darle un regalo por su cumpleaños desde temprano. Quería ser la primera en felicitarla, disculparme por ser tan fría los últimos días con ella. Quería que me contara cómo se sentía así como antes lo hacía. Cuando llegué al bar, estaba a reventar de tanta gente que había. Mis amigas tenían la idea de ponerse absolutamente mal por el alcohol y, como decidí resistir la tentación de tomar más de dos o tres cervezas, pensé en cuidarlas, así que me la pasé sobria. Todo el tiempo miraba a carla y a marina ir o venir con los pedidos. Me divertía con las tonterías de mis amigas medio borrachas y en un momento de descuido, una de ellas me tiró medio tarro de cerveza en la pierna y vió y la inmediatamente llegó carla con un trapeador a secarme Luego me dijo que podía ir al baño a buscar a marina para que me ayudara a limpiar un poco. El pantalón que llevaba puesto mi prima estaba llena de trabajo, así que decidí ir al baño e intentar quitar un poco el olor alcohol con agua. Había muchas mujeres en el baño, así que me salía a buscar alguna llave para seguir con la limpieza. Estaba parada cerca de un lavadero en desuso que había sido usado cuando la casona tenía inquilinos. Ese patio estaba medio a oscuras, estaba tapado con una lámina que servía para tapar el sol o la lluvia y tenía algunos cuartos que funcionaban como bodegas o algo así. Mientras me restregaba el pantalón con un trapo que encontré con otros en una cubeta, había quedado cerca de aquel lavadero con la espalda justo detrás de la puerta que decía almacén el sonido de la música del bar era bastante fuerte, pero aún así. Alcancé a escuchar que alguien a había en la bodega. Intenté no hacer caso porque seguro era el personal, pero luego escuché que me llamaban o algo así. Miré así a todos lados buscando a marina, pero no la vi También revisé si era desde el barro el baño, pero tampoco parecía venir de ahí. Justo cuando regresé por el trapo al viejo lavadero, escuché de nuevo que me llamaban esa. Segunda vez sentí que el llamado venía desde la puerta emparejada de la bodega. Me acerqué, llamando preguntando si había alguien ahí, pero no me regresaron alguna respuesta. Me acerqué con cuidado y aquello que parecían voces platicando dentro de la bodega desapareció. Al momento de llegar a la puerta, miré si algún apagador de luz estaba cerca para poder iluminar el cuarto, pero no vi nada. Lo que se me ocurrió fue usar los dedos para empujar lo más que pudiera la vieja puerta para ver si veía a alguien me acerqué a tratar de mirar algo entre la oscuridad y estoy segura de que vi una cara rara. Luego, con la punta de los dedos, empujé la puerta lo más fuerte que pude para terminar de revelar a quien sea que estuviera dentro, pues la pequeña luz del patio podría iluminar un poco el interior de la bodega en ese momento, justo al visualizar un poco ese rostro al fondo, al momento de empujar la puerta para abrirla la puerta se regresó a mí con un aire intenso que la hizo cerrarse de golpe pegando en una de mis rodillas. Al momento del golpe, inmediatamente comencé a masajear la zona del impacto, pero con miedo miraba a la puerta pensando que escuché un grito. Al momento de que la puerta se había regresado para cerrarse. No me explicaba cómo había sido posible que la puerta se regresara así si en ningún momento había hecho aire para que pasara aquel fenómeno. Cuando al fin pasó la sensación de dolor marina, me había encontrado flotando mi rodilla. Traía un atomizador con limpiador de pisos porque carla le había contado que me habían tirado cerveza en el pantalón y yo quería evitar el mal olor en la ropa durante toda la noche. Al momento de seguir prestándole atención a la limpieza de mi pantalón, dejé de lado lo que acababa de Pasarme pasó la ajetreada noche y llegó la madrugada a las cuatro. El bar estaba cerrado. Por ser familiar de una trabajadora, me dieron permiso de quedarme a platicar con el personal, mientras ellos limpiaban para cerrar, mientras platicaba en confianza con el Chico de la barra. De un momento otro, las luces comenzaron a vibrar. Sí, a vibrar. Sé que parecerá raro, pero no se apagaban o prendían, ni se baja la intensidad de su luz, sino que era una especie de vibración ondulante, como si se fueran a quebrar por algún motivo las luces. Mientras las luces continuaban haciendo ese extraño movimiento, se escuchó un golpe lejano en medio del silencio del lugar y Juan el Chico de la barra, con el que esperaba comenzó a reírse. Se volteó hacia mí. Mientras secaba los tarros, me dijo con burla que no tardaban en apagarse las luces. Después de eso se apagó la luz Después de unos leves sonidos de espanto o risas por parte de todos los presentes. Una chica gritó dice panchito que ya se quiere ir a dormir, que ya estuvo bueno. Las luces regresaron a la normalidad y siguieron limpiando. No dije nada. Pensé que realmente era el dueño el que había apagado la luz por algo. Juan me dijo que era el señor que vivía en la casa. Le pregunté dónde o cómo, porque no se veía nada más que los espacios del bar Me contó lo que le habían contado a él cuando entró a trabajar hace tres años como barista. Aquella casona vieja que estaba partida en varias secciones, estaba embrujada. La parte grande del fondo era un almacén al que se entraba por la calle de la cuadra siguiente. El restaurante de abajo y el bar de arriba eran más o menos la mitad de la propiedad. También la fachada de la casona, así que se había adaptado todo para aprovechar el lugar y hacerlo atractivo para los comensales, pues la casona se encuentra en una de las zonas que es conocida como los bares en la ciudad y a iba mucha gente. Juan no sabía cuánto tiempo tenía el bar abierto, pero él era uno de los trabajadores que había durado más tiempo trabajando ahí. Era bien conocido por todos los que iban o venían trabajando ahí que las mujeres no duraban mucho, porque algo las hacía irse. De ahí. Se contaba de boca en boca por los empleados, porque el dueño jamás aceptó que eso pasaba en su bar, que había fantasmas en el lugar. Los trabajadores como Juan Ols la Cajera, por ser los más antiguos, habían visto algunas cosas que corroboraban las historias, pero no las decían frente al jefe. Se contaba que había una pareja que se aparecía o, mejor dicho, un hombre y una mujer que pudieron haber estado o cassano asados en otra época. La mujer se aparecía poco, pero siempre se le escuchaba como caminaba. Se podía escuchar su taconear como un eco por las tardes cuando comenzaban a arreglar todo para abrir el lugar. También odiaba la música cuando no había clientes en el momento que sólo limpiaban los empleados. No se podía poner música porque tronaba no se rompían las bocinas. En ese momento entendí por qué limpiaban en silencio todos, pero también dejé la idea de que había sido algo insignificante. Lo que me había pasado con la puerta de la bodega hacía rato aquella mujer, aparentemente era inofensiva. Sabían que era una mujer porque alguna vez alguien que trabajaba ahí dijo varias veces que veía un vestido. Su historia era que podía ser la esposa del dueño de la casa, una mujer joven que se había quitado la vida porque su marido era un hombre terrible. No supieron decirme de dónde habían escuchado aquello o si habían investigado algo de ello en la historia de la casa, pero Juan negó con la cabeza, a pesar de conocer poco si se sabía que pasaban cosas a los empleados de vez en cuando, acomodando algunas cajas, un ex trabajador levantaba la vista cuando escuchaba las pisadas o los taconazos en el suelo y cuando miraba por instinto donde doblaba el pasillo para salir del almacén, podía ver una falda que daba la vuelta como si la silueta caminara con prisa y lo único que se pudiera ver de ella fuera el vestido girando con su dueña. El fantasma hombre era el más peligroso. Ellos contaban que acosaba a las chicas que trabajaban ahí que incluso se ensañaba con las más bonitas, así que preferían contratar sólo muchachas normales para trabajar, pues en algún momento el dueño había querido darle una mejor imagen al bar manejando un servicio de bienvenida con chicas que acomodaban a las personas en sus mesas revisaban las reservaciones y se encargaban de atraer ques en la entrada, a pesar de que el trabajo de las chicas era sólo estar en la entrada de las escaleras para invitar a pasar a los clientes. Cuando pasaban al baño o comenzaban a hacer el cierre de la jornada, comenzaban a pasar por cosas anormales. Lo que aquella aparición hacía era pellizcarles el trasero. También las dejaba a oscuras en el baño, les tiraba a los menús acomodados en la barra y abría todas las llaves del agua que estaban en los lavabos del baño de mujeres. Las ponía nerviosas. El estar siempre presenciando sensaciones de acecho. Así que, poco a poco, las chicas comenzaron a renunciar y el jefe había decidido dejar de contratar chicas diciendo a todos que no eran necesarias. Mientras todos limpiaban poco a poco, uno u otro se acercaban para completar la historia de Juan. Estaba sentada en uno de los bancos altos en la barra escuchándolos. Tengo que decir que en su momento no creí nada de lo que me estaban contando, pero escuché todo sin decir nada. En ese momento me pareció que quizás lo que había visto en el almacén podía ser aquel hombre fantasma que acosaba mujeres. Cuando comenzaron a contar más detalles de las apariciones del caballero antiguo, al que le decían panchito, se sentía un ambiente pesado. Platicábamos como si fuera un secreto entre más fuerte el acontecimiento. Menos querían decirlo en voz alta. Sólo Lis tenía la confianza de tratar el tema normal con mucha casualidad, así como Juan, porque ellos no habían sido asustados de formas horribles o porque por alguna razón no veían esas cosas peligrosas hasta lo habían bautizado como don panchito. En esa hora de limpieza, me contaron que una chica se fue de ahí hacía un año, porque el fantasma del hombre le pellizcaba el cuerpo, principalmente el busto, dejándole moretones. También un chico sufrió un accidente no peligroso, pero que lo dejó traumatizado. Comentaban que no podía ni entrar al patio que llevaba al almacén porque comenzaba a sentirse mal a él. Una tarde de domingo se le habían comenzado a caer las rejas vacías de refresco. Todas eran apiladas una sobre otra y, aunque no eran pesadas, eran de un plástico muy duro. Una tras otra. Vio Cómo comenzaron a caer. Quiso detenerlas, pero aunque intentara sostener la pila desde abajo, seguían cayendo sobre él. En ese momento decidió moverse por los golpes y dejar que terminaran de caer las rejas. Pero era como si una fuerza extraña se las tirara una tras otra a él cuando salió corriendo por el terror de no entender si era real. Aquello se fue por el pasillo hacia la salida, pero al regresar la vista por instinto de sentir algo raro, observó cómo la sombra de un hombre cerraba la puerta del almacén con fuerza. Juan había experimentado que al abrir el bar al momento de querer servir un tarro con cerveza, podía ver claramente dedos pintados en el cristal. Me dijo que no había sentido nada raro. Sólo miraba a veces esas huellas. Otras veces sus materiales estaban fuera de lugar o tirados en el piso. Un chico que había llevado solamente la solicitud para entrar a trabajar ahí le habían encerrado en el baño y no había poder humano que pudiera abrir esa puerta. El joven había quedado encerrado por quince minutos. La llave de la perilla no sirvió tampoco el forzar la puerta. Intentaban girar la perilla para destrabar el seguro, pero ésta no cedía ni un centímetro. Era como si alguien la sostuviera con fuerza. Me dijo un muchacho del que ya no me acuerdo su nombre, pero tenía poco de entrar ahí. Ese chico nuevo comentaba que a él no le habían pasado nada. Sólo sentía que lo miraban siempre una sensación de no estar solo. Siempre lo acompañaba al momento de trabajar. Era todo el tiempo hubiera gente consumiendo en el lugar o a la hora de cerrar. Siempre sentía que algo lo veía o lo seguía. Todos sabían por esos detalles que sólo pocos podían trabajar ahí y eran sólo los que aquella presencia dejaba entrar al lugar. De cualquier forma, eso tampoco aseguraba que estuvieran a salvo de ser espantados mientras trabajan ahí. Pero no había manera de hacer algo o decir algo, pues al dueño no le interesaba escuchar sus historias. Al parecer, no era creyente de cosas paranormales. Lis me comentó que ella sospechaba que él no se quedaba mucho tiempo en el bar revisando sus cuentas, porque quizás si sabía de lo que pasaba en la casa, ella se hacía cargo de la administración del bar. Cerraba con llave y entregaba los detalles de la contabilidad. Al dueño jamás experimentó fenómenos graves. Ella contaba que sentía rareza por todo eso porque seguido escuchaba cuando les pasaban cosas a los trabajadores o él testigo de los tiraderos injustificados, como las rejillas en el almacén. Pero a ella directamente no le pasaba nada. Aunque ella sí creía que existían ese tipo de cosas como los espíritus de aquella casa, no dejaba el trabajo porque el pago por sus labores de administradora era muy bueno, al que se agregaba la flexibilidad de cuidar a sus niños durante el día. Juan no había visto la necesidad de irse. No sentía nada malo. Sólo pensaba que ese espíritu vivía para espantar a la gente. Los compañeros jóvenes meseros como Marina decían que hasta ese momento les iba bien si no mal recuerdo, eran Pepe Carla, el chico que no recuerdo su nombre y Marina los meseros del lugar. Supongo que no recuerdo el nombre del muchacho más joven que trabajaba con mi prima, porque con él no tuve contacto. Después, Pepe y Carla, en ese momento no habían sentido nada, Sólo habían sido testigos del raro comportamiento de la luz en ese lugar de regreso en el taxi ambas íbamos platicando como hacía mucho. No lo hacíamos. Comenzamos de nuevo a decirnos todo lo que pensábamos. De nuevo sentí la confianza que tenía mi prima conmigo y pude sentir que estábamos conectadas. De nuevo llegamos a casa con bien y nos fuimos a tomar leche caliente con miel al comedor. Eso era algo que hacíamos desde que éramos niñas. Era una costumbre de la familia de mi mamá para los niños en ese momento, cuando estábamos más relajadas la una con la otra. Ella me dijo algo que me dejó helada. Marina. También había sentido al fantasma panchito. Me mostró el costado de su espalda y del lado derecho se veían moretones de dedos. Me levanté aventando la silla toque su piel para verificar lo que veía. Efectivamente, eran moretones de dedos. Le dije que no jugara con esas cosas, que si alguno de los del bar le estaban haciendo eso tenía que decir para denunciarlos. Entonces ella se soltó a llorar diciendo que por eso no me decía que estaba segura, que no le iba a creer que había sido un fantasma. Esa noche, ella había aprovechado el contarme sobre lo que le pasaba porque había escuchado las historias de todos en torno a los fantasmas que asustaban en el bar. Me quedé callada reflexionando. Luego me paré y fui a cortar una papa a la mitad. Le puse la papa con el centro pegado a su piel para ayudarla a que los moretones desaparecieran. Pronto decidí creerle al menos tenía que investigar antes de poder hacer algo. Me imaginaba que por venir del rancho, los demás podrían verla como su víctima. Además, ella siempre había sido de un carácter tranquilo. Siempre permanecía más tiempo callada que hablando en cualquier conversación. Tras un momento de conversaciones sin importancia para hacerla sentir cómoda, recuerdo que comenzó ella sola a contarme lo que estaba pasando en el bar cuando ella había entrado. Todo había estado normal. Nadie había dicho nada de los fantasmas o los sustos que se llevaban. Tras un mes de estar trabajando, comenzó a sentirse mareada cuando le tocaba lavar los baños. Al cerrar lis le había dicho que abriera bien todas las puertas, incluso la de la entrada, para evitar que el cloro se concentrara en el aire, porque seguido pasaba eso y se mareaban cuando limpiaban ese lugar. Sólo pasaba eso en el baño de mujeres. Se puso a limpiar con todo abierto, pero sintió el mareo. De igual forma, se salió un momento para tomar aire. Luego regresó a la limpieza y así hizo una vez más, pero a la segunda vez el mareo fue aún más fuerte. Lo raro es que había pasado al momento de entrar al baño para terminar la limpieza, no al momento de estar fregando las tazas o el piso con jabón o cloro. Se detuvo del lavadero de piedra en el baño y el momento de poner una mano en la orilla para detenerse, sintió una especie de empujón que la colocó con la espalda a esa orilla. Miró de frente la pared izquierda del baño. Quiso moverse para continuar, pero un peso extraño la detuvo de los costados del torso. No pudo gritar ni decir nada. Sintió terror, pero no podía decir nada. Incluso pudo terminar su trabajo. Salió de ahí con su paga normal y jamás reportó nada. Alis Tras eso había tenido fiebre. Había estado sintiendo cosas horribles durante sus inconsciencias por la fiebre. Soñaba con un hombre, una sombra grande, pero jamás podía verle La cabeza Era como si no tuviera en su sueño. Sentía al hombre mirarla. También sentía que ardía por dentro, provocándole mucho dolor y luchaba contra esa sensación de ser observada. Me dijo que le decía al hombre que se fuera, pero jamás obtenía respuesta. Al despertar, pensaba que todo era una pesadilla, pero al despertar sentía el costado con los moretones, con el dolor y durante los días que estuvo en la casa, los moretones se hacían más y más negros. Conforme pasaban los días hasta que regresó a trabajar, comenzaron a desaparecer. Cuando me terminó de contar todo aquello, me sorprendí por qué parecía todo coincidir con aquella fiebre que tuvo los delirios, las ausencias mentales que vi en ella e incluso podría ser que su cambio de humor hacia conmigo no sólo fuera porque yo comencé a mostrarme cansada de sus enfermedades, porque si ella estaba sufriendo eso, quizás no podía contarme a mí tampoco cómo les pasaba a mis estudiantes que estaban en una situación difícil en casa. Me lamenté no ver las señales, pero no sabía qué hacer creerle o no creerle sobre la procedencia sobrenatural de los moretones. Yo había estado ahí esperándola. No sabía si había ocurrido todo en ese momento o el día anterior. Así que le les pregunté. Marina se soltó en llanto. Me dijo que sí, que aquello estaba pasando. Mientras había ido a quitarse el uniforme al baño, intenté calmarme porque sentía que la furia se me salía hasta por los ojos. Luego me puse a pensar que Juan siempre había estado conmigo alcancé a ver a Lisa en su lugar. Casi todo el tiempo, los otros iban y venían por el lugar. Solo a Marina la había dejado de ver un rato. Se había incorporado hasta el final a la conversación sobre las historias que habían ocurrido con el personal del bar Aquello me puso furiosa. Me negaba a creerle porque podría ser sobrenatural. Quizás estaba ocultando que fue pepe, que era más grande que ella y se veía fuerte, o quizás los otros dos la acosaban mientras pensaba todo. Intentaba seguirle la conversación a Marina, pero era muy difícil. No sé en qué momento me di cuenta que ella estaba hablando casi dormida por el cansancio, así que le ayudé a acostarse y me fui a dormir. Creo que a este punto era totalmente normal que yo no pudiera dormir esa noche, pero en ese momento me molestó no poder descansar mi cuerpo estaba agotado. Mi mente necesitaba recuperarse del choque de ver aquellas marcas en marina me hacían regresar una y otra vez al estado de furia. Cuando pude calmar mis sentimientos, ya se veía la luz entrar por debajo de la cortina en la ventana. Había pasado toda la noche dándole vueltas al asunto. Me levanté cuando escuché que mi mamá estaba despierta. Aunque se sorprendió de verme despierta la compañía a desayunar. Le preparé algo para que se llevara como comida de loncha al trabajo y seguido volteaba a mirar de reojo como marina dormía despreocupada como ella tenía el sueño muy profundo. No se despertaba al sentir el movimiento o al oler la comida. Sólo se tapaba la cara con las cobijas y seguía durmiendo decidí no decirle a mí mamá sobre las marcas de mi prima. Lo mejor era esperar a resolver algo después Podríamos ver entre las tres como poder actuar. Aquel día dio paso a otras semanas de tranquilidad. Era increíble como cada día era como si no hubiera pasado nada, la forma en que ella podía mantener su ritmo a pesar de sentirse cansada o de que la veía con signos de fiebre. Yo le preguntaba a diario si había sido atacada de nuevo, pero ella me decía que no, que todo estaba tranquilo. Sentí como si todo fuera un sueño o no hubiera pasado. Ella se mantenía callada sobre el tema, así que comencé a alterarme. Para mí era obvio que ella estaba siendo abusada, pero no parecía poder llegar a sus emociones o algo así para poder hacer algo. Pensaba que ella estaba amenazada o algo así. Tras aquellos días de silencio, decidí comenzar a preguntar con cautela sobre lo que pasaba en el trabajo. Sorprendentemente, decía que todo estaba bien, que o que sus compañeros de trabajo la trataban bien. Todos se llevaban bien. Era sumamente sospechoso como no me veía tranquila. Se alzaba la blusa y me mostraba la espalda. El estómago también no tenía nada. Me quedaba tranquila. Quizás sólo había sido cosa de una sola vez, pero yo seguía sospechando de que aquello era por culpa de otro empleado. Fue por eso que una noche, a pesar de que estaba muy cansada por el trabajo, decidí hablar con ella de frente. Tenía que salirse de ese lugar, pues algo que no podía hablar ella o explicar estaba pasándole. Quizás fue demasiado lejos, pero realmente me sentía desesperada, así que yo había acomodado todo para avisar en su trabajo que ella no regresaría más justo. En ese momento le dije no quería llegar a eso, pero que no iba a dejar que fuera a trabajar, que se iba a quedar conmigo, a platicar y que si en una semana podía comprobar que ella estaba bien, podía seguir con el trabajo. Yo le ocultaba que iba a renunciar por ella por su bien. En ese momento se puso totalmente quieta. Se quedó sentada en el sillón mirándome. Era obvio que estaba enojada, pero como su carácter le impedía hacer algo drástico para demostrarlo. Sólo me miraba callada. Intenté reconciliar el momento comencé a platicar con ella. Trataba de invitarla a salir a comer o al cine. Lo mejor en ese momento sería ofrecerle un trato cercano para poder saber si ella estaba amenazada o sucedía algo que no podía decirme por el compromiso de su trabajo. A pesar de lo que dije. Fue una conversación rígida. Se limitó a decir si o no a lo que le ofrecía para que me perdonara con la culpa. No sabía si retroceder en mis decisiones. Justo cuando el punto muerto de aquella situación me estaba empujando a retractarme de todo. Mi madre entró al departamento muy emocionada. Había salido con unas amigas, nos había traído un poco de pastel del que ella había comido en la cafetería e inmediatamente nos invitó a comer con ella. Un poco avanzada la noche, mi madre cayó en cuenta que Marina no se iba al trabajo, le preguntó si le había tocado descansar, pero ella le dijo que no. Luego, antes de que ella dijera algo, yo le dije a mi mamá que le había impedido ir a trabajar porque quería saber lo que estaba pasando en este momento con ella. Le conté sobre las marcas y comenzó el problema, pues mi madre quería proceder legalmente contra el bar pues no iba a tolerar que a su sobrina le pasara algo. Después de una larga conversación, llegamos a coincidir en que no íbamos a hacer nada hasta que ella nos dijera si podíamos hacer algo y contra quién. Pero ella tendría prohibido regresar a ese lugar, pues no estaban claras las circunstancias. Me sentí mal porque las personas que trabajaban ahí no tenían la culpa del todo. Quizás solo uno era el culpable, pero ya habíamos llegado al punto en que todos eran culpables, incluso por encubrir tal abuso. Cuando quise tocar la mano de mi prima, ella se hizo hacia atrás y me miró de una forma inexplicable con furia. Se levantó para sentarse en la cama frente a nosotras. Nos miraba inclinando un poco su rostro al frente, pero sus ojos no paraban de mirarnos. Me di cuenta que no parpadeaba. Me paré preguntándole si se sentía bien, pero en ese momento comenzó a convulsionar y ha sido la peor experiencia de mi vida porque, como no sabía qué hacer, ella se golpeó demasiado. Terminamos en el hospital. Pasamos mucho tiempo pensando en que ella podría estar grave sin que su mamá lo supiera, pero ella nos dijo que no le dijéramos nada, porque iba a tomar como excusa aquello para regresar. Mi madre no estaba de acuerdo en ocultar eso A su hermana. Era obvio que le estaba pasando algo A mi prima. Al ser dada de alta se nos dio una orden de análisis que resultaron ser muy caros. No podríamos pagarlos, así que teníamos que llevarla con su mamá o hacer que ella viniera mientras averiguaban los doctores qué era lo que le estaba pasando entre una cosa y otra. Pasó una semana. Al final dije la verdad. Ella dejó de ir por problemas de salud, así que no sabíamos en qué momento ella podría volver a trabajar, así que era posible que no volviera nunca al lugar. Se tomó aquello como su renuncia y no se hizo un alboroto. Mi prima tampoco dijo nada al respecto y tras el episodio convulsivo comenzó a hacer algo distinta. Si antes hablaba poco, en ese momento era imposible que nos hablara. Un halo oscuro se posaba en ella. Sus miradas eran extrañas, sus movimientos lentos. También había perdido su sonrisa. Ya no era la chica alegre. Comenzó a comer con las manos como un animal. Me alarmé y la volvimos a llevar al hospital como como como la radimos. Pagamos la cuenta. Mi madre dijo que si de nuevo pasaba algo así, iba a llamar a su hermana Sin importar nada. Nos entregaron a Marina diciéndonos que tenía un trastorno psiquiátrico, pero tendrían que hacerle pruebas en el cerebro para saber si no había comenzado a suceder algo. Tras aquel episodio convulsivo. Al mes de aquello sucedió algo inimaginable. Marina estaba rezando sola. Me despertó a media noche porque cada vez era más fuerte. El sonido de su voz era un viernes. Mi mamá no estaba porque había salido con sus amigas a tomar algo y no había llegado, así que no podía preguntarle a ella qué podíamos hacer. El departamento estaba a oscuras. Sólo la luz del cuarto del que había salido iluminaba un poco a Marina, quien rezaba mirando al cielo parada en medio del departamento. Apretaba las manos y los ojos de una forma tan fuerte que me espantaba su cara de terror. Cuando me acerqué lo suficiente para tocarla a ella volteo a verme e hizo el intento de Ahorcarme saltó sobre mí. Caímos al suelo en un ruido muy fuerte y comenzamos a forcejear al final, como era más pesada que ella pude controlarla, poniéndome sobre de ella, pero de un momento a otro pareció sacar fuerzas desconocidas de su cuerpo y me tiró. Me agarró de los brazos, me arrastró hasta el sillón donde ella dormía y me arrojó. El sillón olía a humedad, a hierro y a orines. La miré con miedo. Ella estaba sucia de sus propios fluidos. La poca luz no me dejaba verla bien, así que le hablé despacio para intentar calmarla. Aunque no pudiera hacer contacto visual. Creí que si escuchaba bien mi voz, se acordaría que yo era su prima. No fue así. Ella se acercaba poco a poco. Pasó brevemente por un destello de luz y vi que sonreía mientras sus ojos estaban con las venas completamente rojas, haciendo que pareciera que, además de enferma, estaba perdiendo la razón. Comencé a suplicarle Ella no hacía caso y en un momento se paró en seco miró de nuevo al cielo para luego ponerse a rezar. Se detuvo y me levanté corriendo a prender la luz para poder agarrar una daga, pero ella no me miró para nada. Rezaba en murmullos asustada. Encendí la luz, estaba la suciedad por todos lados. Ella rezaba y yo me acerqué despacio a tocarla con la punta de los dedos mientras me protegía con la daga. Por si acaso ella no se movió y comenzó a llorar más fuerte cuando sintió mi toque así como así pasó el episodio psicótico, ella se tiró al piso desmayada y no pude levantarla. Era extrañamente tan pesada que dudé si había perdido las fuerzas por el susto, o realmente era tan pesada como una lavadora. Después de una hora de estar midiendo el peligro supe que no iba a despertar. Entonces me puse a limpiar el departamento porque el olor ya era insoportable. Además, más, una jauría de moscas que no parecían tener una procedencia natural comenzó a zumbar por todo el departamento. Ella estaba tirada en el suelo, así que ahí mismo le quité la ropa como pude ir a limpié, pero cuando quería moverla del lugar, se ponía tan pesada que no entendía qué pasaba. Tomé el celular para mandarle un mensaje a mi mamá. Ella no contestó y me inquieté más desesperada. Le conté todo en mensajes. Quizás así sabría que era urgente. Regresaría pronto y me ayudaría a levantar a Marina para llevarla al hospital. De nuevo me senté en el comedor. Dejé las luces prendidas para poder ver si ella tenía algún cambio, pero se veía dormida en tranquilidad. Me irrité porque se veía inocente, pero había intentado matarme, Así que le dije en voz alta que si estaba despierta para saber lo que me había intentado hacer porque quería castigarla. Las luces comenzaron a parpadear una sensación helada. Invadió el departamento y tras eso comenzaron a salirse todas las cosas de la alacena y el refrigerador. Poco a poco cayó todo el suelo. Era un desastre total. El suelo quedé embarrada de un frasco de miel que había caído cerca de mí y explotó por el impacto. Miré a marina y ella seguía en el suelo, pero no le caía una gota de nada. Comencé a dudar si era ella, pero si lo era, cómo podía hacer eso. Mi celular sonó. Las luces regresaron a la normalidad y alcancé a ver el tiradero masivo que había quedado por todas partes, incluso el techo no se había salvado de quedar lleno, de cereal y tomate, sal aceite y demás. Al Mirar el celular era un mensaje de mi mamá. Decía que la esperara y que no llamara a nadie que en una media hora llegaba a la casa. Me sentí más tranquila, pero al mismo tiempo no podía quedarme dentro del departamento. Quería salir de ahí, pero no sabía sin o mi prima iba a empeorar e incluso podría llegar a lastimarse. Así que comencé a pedirle a Dios que me ayudara con lo que estaba pasando. Al momento que comencé esa especie de conversación con Dios, escuché que Marina comenzó a susurrar despacio. Después se reía tirada en el suelo. Miraba cómo se movía su espalda riéndose. Yo seguí pidiéndole a Dios que me ayudara. Era como si algo me hubiera empujado a continuar, aunque no recordaba mucho las oraciones. Seguía pidiendo. Marina pasó de reír a retorcerse Era como ver a un gusano perdido fuera de la tierra. Se movía, se retorcía y la veía arañarse los brazos las piernas llena de terror. Pensé que me iba a morir en ese momento, aunque no era yo la que estaba enferma, o parecía que algo me pasaba. Pensaba que me iba a morir si seguía viendo aquello, porque la manera en la que se retorcía y reía mientras se arañaba era algo que me iba desgastando lentamente. Seguramente pasé los treinta minutos que dijo mi madre en el mensaje, así pidiéndole a Dios ayuda mientras mi prima se arañaba hasta comenzar a sacarse la sangre y a pesar de que me pareció una eternidad, también pasó muy rápido. Escuché el sonido de las llaves en la puerta. Cuando se abrió vi a mi mamá y me arrojé a ella llorando. No me di cuenta desde el inicio, pero mi tía venía con ella. Entró al departamento y miró en el estado en el que se encontraba Marina la vi sufrir sin llorar, mientras Marina no dejaba de retorcerse. Me fui así a mi tía y le pedí perdón por no poder cuidar mejor de ella, pero me pidió que no me disculpara me dijo que pude mantenerla con vida, al menos hasta que ella llegara. Miró a mi prima un largo rato. Ella se había quedado tranquila, pero estaba herida. Era insoportable verla así, así que hice la demanda de querer agacharme para curarla, pero mi tía me detuvo con una mano y me hizo una demanda en señal de que me apartara. Luego comenzó a hablar. Yo sabía que algo así podía pasar, pero ella neciamente jamás imaginó que fuera real lo que le contaban las señoras desde niña. Entonces se volteó a ver a. Mi mamá le tomó del brazo con cariño y le dijo sabes que nuestra familia ha tenido ciertas peculiaridades, pero es algo que nunca has creído. Hoy lo ves, Marina tiene la sensibilidad de atraer a los muertos, así como nuestra madre, así como la tía Clementina. Yo quedé impactada. Mi mamá abrazó a su hermana y ambas lloraron el infortunio de Marina. La decisión se tomó. Mi tía se llevó a su hija esa misma noche, después de hablar con uno de sus hermanos. Vinieron por ellas en un carro. Tomaron a mi prima entre mi mamá y mi tía, mientras el hombre que venía a ayudarlas durante el camino la envolvía en unas sábanas. Ella tendría que ir así para la seguridad de todos en el carro. Era irreal aquello quizás ni en una película. Las personas podrían creer que hay personas que creen y practican la comunicación con los muertos. Marina decían era medium. Por eso no podía soportar mucho en poblaciones grandes. También era peligroso para ella entrar a lugares embrujados y desgraciadamente, ahí era donde había terminado trabajando. Estaba siendo cosada por los espíritus que estaban en aquella casona, que era el bar Mi madre me dijo que tendríamos que confiar en la familia, que ella sabía mejor que nadie, como había sufrido su madre por enfermedades extrañas todo el tiempo, pero era feliz. Tuvo a sus hijos, hizo una familia y fue una gran madre, pero estaba destinada a no poder salir del pueblo porque el mundo era demasiado peligroso para ella. Ahora, Marina pasaría por algo así y lo lamentaba, aunque también era cierto que vi cosas que jamás olvidaré, porque hasta ese momento pensé que eran imposibles. Relato escrito y adaptado por Patricia González