Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / Los Seres Sombra Aterrorizan Mi Vida Historias De Terror - Voces De La Noche
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- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más comenzamos. Entré a trabajar en el año de mil novecientos noventa y tres a un hospital privado a trabajar como secretaria. Tenía poco de convertirme en mamá, mi pequeño tenía cinco meses, pero como era madre soltera, tenía que encontrar pronto un trabajo para hacerme cargo de mis gastos, ya que mis papás no podían mantenernos. Me habían colocado una amiga. Ella trabajaba como enfermera en el turno matutino y aunque yo esperaba trabajar en ese turno, me sorprendió saber que el puesto era para el turno nocturno. Había una vacante como recepcionista, la paga no era mala, así que decidí aceptar quizás era la mejor oportunidad que tendría para pasar tiempo con mi hijo y llevar dinero a la casa. El trabajo consistía en estar pendiente de la recepción del área interna. Junto a otra chica. El trabajo consistía en atender a los pocos familiares que llegaban por la noche a preguntar algo o los que buscaban a los médicos para pedir informes. También nos hacíamos cargo de los teléfonos. Contestábamos si conectábamos todos los pisos. La red antes era así, no era automática. En ese tiempo, las comunicaciones eran menos limitadas. También había menos maneras de pasar la noche activa para poder mantenerme despierta, pero afortunadamente me llevé bien con mi compañera vero. Las primeras semanas platicamos mucho para conocernos supe de sus hijos. Le platiqué de mi bebé y mis padres. Congeniamos en muchas cosas si fue ameno, pero pasando los días, comencé a aburrirme, así que comencé a sacar otros temas para despertar mi interés. Como no era mucho el leer o tejer como lo hacía ver, comencé a preguntar si había algo interesante que saber de ese hospital. Ella tenía algunas historias de los dueños de ese hospital. Los rumores en general eran interesantes, pero sólo fue un rato, así que pronto nos quedamos sin que hablar una noche, quizás por mi insistencia de que quería ocuparme en algo interesante, porque el trabajo se me estaba haciendo aburrido. Me asusté con una sombra. Imagino que hasta yo misma me provoqué la peor de las experiencias en mi vida. Esa noche me había ido a descansar en la parte interna de una puerta donde estaban los archiveros. Ahí cabíamos en el pequeño pasillo que quedaba al lado del escritorio de trabajo. Poníamos unas cobijas que nos prestaban de la lavandería y dormíamos una o dos horas cada una turnándonos para descansar un rato. Me había ido a acostar. Dejé la luz apagada o solo quedó encendida una pequeña lámpara de escritorio. Dejé mis zapatos a un lado de donde me acosté aplané un poco la cobija y al voltearme para dormir alcancé a ver una sombra humana entre la oscuridad de los archiveros acomodados a mis pies. Estaba extremadamente cerca de mí. Pensé que alguien se había metido a esperarme jamás recordé que aquel archivo permanecía cerrado todo el tiempo. Sólo las recepcionistas teníamos las llaves. Aventé los tacones con fuerza, esperando lastimar a quien sea que fuera esa persona, pero los zapatos golpearon entre los archiveros. Las cortinas se movieron, pero no había nada Verónica llegó corriendo a ver qué me pasaba. Escuchó el grito y los golpes entró y yo estaba pegada a la puerta tratando de entender que había pasado. Aquella sombra había aparecido de la nada. Parecía que se levantaba de entre los archiveros, sólo que no tenía color. Era totalmente negra a a pesar de que era sólo una sombra por la pequeña luz vi que era como un hombre muy delgado. Por eso pensé que alguien se había metido. Pero al pasar los segundos de la impresión por el susto ya no había nada. Después de calmarme no podía dormir. Nos quedamos en la recepción atentas por si de nuevo veíamos algo, pero veo me decía que eso no iba a pasar. Me pareció curioso que me lo dijera con tanta seguridad, así que le pregunté por qué me decía eso directamente. La cuestioné Quizás a ella ya le había pasado algo así. Ella me dijo que en el hospital pasaban algunas cosas que eran inexplicables. Muchos de los que trabajaban ahí habían visto a aquel hombre sombra, pero yo era la única que lo había encontrado tan cerca. Estaba asustada por haberme topado con esa cosa, pero también tenía muchas dudas. Siempre he sido muy curiosa y en esa ocasión fue esa misma curiosidad la que me enseñó la lección de no saber más de lo que debería saber, pues al final, mi amiga enfermera tenía toda la razón. Una vez que ves a aquellos que no deberías ver, ellos saben que los ves y no hay marcha atrás, no podrás ocultarte mirar siempre te deja con la responsabilidad de que te miren las entidades. Aquello me lo dijo después de que le platiqué a ella todo lo que pasó. A continuación, después de la primera aparición del hombre sombra esa noche vero, me platicó que ella no había visto a ese hombre sombra, pero que la anterior recepcionista si lo había hecho y que, desgraciadamente, sus nervios no se habían podido ajustar a aquello, así que por eso dejó el trabajo pronto. La vi nerviosa me preguntó si iba a renunciar también, pero a mí no me daban miedo, los cuentos de terror. Además, las cosas como ese hombre sombra sólo me parecían historias. Sí, había visto eso, pero quizás sólo era una única vez en la vida. Por eso le aseguré que no iba a irme del trabajo sólo por un pequeño susto. Además, cuando uno se está quedando dormido, suele imaginar cosas, así que me dejé de lado aquello y seguí como si nada. Pese a todas las historias de las películas o de las que cuentan para asustar, no se quedó tranquilo el ambiente. Esa misma noche ver vio por primera vez a uno de esos hombres sombra. Ella tenía más de cinco años trabajando ahí y jamás había pasado por alguna situación paranormal, Así que realmente le afectó cuando sucedió a la hora de que yo había visto aquella sombra. Ya estábamos platicando como si nada, pero había ido por un té me dio un café. Mientras esperábamos que hubiera algo de movimiento, porque ya casi eran las seis de la mañana. Comenzamos a acomodar todo para que quedara listo para el siguiente turno. Checamos la bitácora y mientras acomodaba la máquina de escribir para llenar las hojas que faltaban de los pendiens dientes. Pero me dijo que parara un segundo con lo que hacía y volteara la mirada a las puertas de cristal. La recepción se componía de una puerta grande de cristal con dos manijas para abrirla. Luego estaba la sala de estar la barra para servirse café, agua ote de los pacientes y luego nosotras del otro lado de la puerta estaba un macetero con flores que separaban la banqueta del estacionamiento. Luego estaba la caseta de vigilancia ahí detrás de la maceta con flores. Vi que la figura que había visto en el archivo nos miraba no veía con claridad su rostro o facciones. Todo era negro. Lo único que era evidente era que su oscuridad era más intensa que la misma noche, pero se tapó la cara con las manos mientras yo veía cómo se desvanecía en la oscuridad de la madrugada tras pasar el susto. Ahora yo le decía si tan sólo por ese pequeño susto se iba a ir a otro trabajo. Ella me dijo que, aunque quisiera, no podría, ya que sólo el sueldo de su esposo no alcanzaba para mantenerse todos. Me sentí mal por ella se veía pálida realmente afectada por el encuentro. En cambio, yo estaba como si nada, pensando que no iba a pasar a mayores en ese momento. Era joven e imprudente, así que le pedía a Verónica que pensara en alguien a quien pudiéramos preguntarle de aquellas sombras. Quizás no éramos nosotras las únicas que los veíamos andar por el hospital. Ella me dijo que no quería moverle involucrarse en esas cosas. Le parecía estar llamando al demonio para que se metiera a tu casa. Como dije, en ese momento no me importaba era algo interesante de aquel trabajo, así que yo misma me dediqué a preguntar a una que otra persona hasta que logré encontrar a quien conocía un poco más. El enfermero Carlos salí de mi turno cansada. No había descansado y también por curiosidad, me acerqué a la jardín, donde había visto la sombra. También antes de salir revisé el archivero. No había nada raro. Todo estaba normal. A la semana siguiente fue cuando veo me presentó a Carlos Rotaba en el hospital y cubría en todos los turnos, Así que un día le pregunté si por casualidad había podido ver algún fantasma o algo en el hospital. Le conté mi experiencia para que entrara en confianza y me dijo que no le dijera a nadie, pero en algunas ocasiones, cuando iba por atrás del edificio cerca de la entrada de la lavandería, ya tenía bien sabido que aparecía una silueta negra caminando como a él no le gustaban esas cosas, había optado por salir, por otro lado, a cenar, convencido que sólo pasaba de noche, siguió pasando por ahí de día, pero entre la oscuridad del pasillo o su sugestión, me dijo que había visto a aquella silueta de un hombre delgado, pero que en ese momento se había quedado quieta como mirándolo en lugar de seguir su camino atravesando una de las paredes. Por esa razón decidió no volver a pasar por ahí y, en caso de tener la necesidad por cuestiones del trabajo, intentaba ir acompañado. Comencé a ir disimuladamente hacia la zona de Lavandería, pero al final no pude ver nada. Quizás sólo podría ver el de la recepción. En ese momento no había Internet como ahora, así que no podía investigar lo que se decía que eran los hombres sombra y sí me daba miedo investigar, pero también quería saber más sobre ellos. Pero me dijo que ella no quería preguntar directamente, pero que podía ir en mi momento de la cena, a preguntarle al Guardia de Seguridad porque tenía fama de conocer muchas de las historias sobre el hospital. Al final no me contó gran cosa. Cuando pude hablar con él, contaba sobre algunas voces de personas llorando en la zona de la ambulancia o que había visto prenderse la luz de los consultorios en desuso con el tiempo. Algunas personas más me contaron historias sobre el hospital que podían ver también luces prendidas de los consultorios cerrados o que había un fantasma que se escuchaba susurrar en la cafetería. Creo que el hospital si estaba embrujado. Lo que pasó después me hace preguntarme si era sólo un embrujo o una maldición o quizás algo peor. Tras los avistamientos de los hombres sombra me seguían pasando cosas raras en ese trabajo. Al tener los seis meses trabajando ahí, no me había encontrado muchas veces con los seres sombra, pero me había quedado la sensación de que me observaban intensamente se me perdían cosas. Aparecían huellas en los vidrios recién limpiados, pero estaba intranquila. Me dijo que en todos sus años no se había sentido con esa presión tan intensa. Uno se acostumbra a todo, así que yo comencé a no darle importancia a la sensación. Era normal para mí también esas sabias han sido las únicas dos veces que los había visto, pero mi compañera decía que ella los había visto otras dos veces, pero no en el hospital, sino afuera entre la gente. Era algo muy peculiar para mí, que no conocía la religión de ningún tipo había sido criada sin pensar que algo mágico existía. Por eso me parecía tan interesante cuando me contaban esas historias, aunque debo de admitir que estaba buscando esa sensación de adrenalina, quería volver a ver a ese ser sombra. Le había comentado a mi amiga, la enfermera, que me sentía atraída por esos temas, pero ella merecía que dejara de estar jugando con algo que no entendía. A ella le habían pasado ya algunos eventos ligados a los muertos o espíritus, pues ella contaba que estar trabajando tan cerca de la muerte siempre trae sus consecuencias. Me advertía que debería de tener cuidado, porque ahora que los veía y los buscaba a ellos ya sabían de mí el mal siempre tiene formas de entrar. Yo me quedé igual, pues esa vez que me quedé a esperarla para platicar con ella. Yo estaba buscando que me dijera que eran esas sombras o si sabía quién podía decirme, pero me cambió la conversación por un sermón. De todas maneras, seguía a la expectativa por las noches iba a revisar así a la lavandería. También entraba al archivo y además me mantenía pendiente de la puerta para ver si podía encontrar esos seres. Tanto, lo deseé que pude ver uno de nuevo. La noche que cumplí exactamente un año de haberme integrado al equipo de trabajo del hospital, lo vi de nuevo. Estaba al lado de la caseta de vigilancia. Quise caminar hacia donde estaba la sombra, pero sentía miedo en la espalda, como si algo me estuviera acechando desde atrás. Me di la vuelta rápido para ver qué era. No había nada, pero de la nada vi los faros de un carro que se estacionaba. Me golpeo levemente por por porque no iba con gran velocidad, pero si me caí de espaldas quedando a dolorida, el conductor no me vio tampoco. El vigilante sabía que estaba ahí cuando le dio el paso al carro y jamás alcancé a ver las luces. Juro que eran unos faros muy grandes como para ni siquiera alcanzar a sentir la luz lejana llámenme loca, pero inmediatamente sentí que el accidente se vinculaba a aquella sombra. El pequeño accidente no pasó a mayores. Me revisaron dentro del hospital y todo estaba bien. También se calmaron las cosas con el señor que iba manejando, porque se había alterado mucho, como estaba nervioso por la hospitalización de su hija o alguien cercano que ya no recuerdo bien. Parece que tampoco él estaba poniendo mucha atención a lo que hacía. Por si acaso esa noche no trabajé, me mandaron a descansar a mi casa pidiéndome que por cualquier cosa regresara. Al momento de regresar me fui en un taxi que pagó recursos humanos, así que estaba contenta a pesar del golpe iba dolorida, pero con la idea de pasar una noche tranquila para descansar. Al llegar vi que mi niño estaba enfermo, había comenzado con fiebre y mi mamá no había tenido tiempo de avisarme. Ellos habían ido con el pediatra. Primero. El descanso se transformó en una noche en vela. Más, me quedé al lado de la cuna para que mis papás pudieran descansar y agarré una revista, porque ya no había programación en la tele bruno dormía tranquilo. Yo lo revisaba de vez en cuando con el termómetro. Tras mucho rato, me acomodé un poco para recargarme en el barandal sentada en mi cama. Me estaba quedando dormida, o quizás me dormí, pero vi que algo se movía debajo de las cobijas del niño, no hice nada por revisar. Me sentía como aturdida. Poco a poco, la luz de noche me pareció más y más tenue hasta que se apagó dejándome a media luz porque el foco de la farola de enfrente se r se colaba por la ventana, dejándome ver un poco de nuevo. La sensación de que me miraban desde atrás me invadió. Pero esta vez sentí como los vellos de mi cuello se erizaron. Me toqué el cuello con una mano para calmar la sensación y mientras hacía eso buscando si me picaba algo o si tenía algo en la espalda que me provocara. Eso con terror de reojo vi que una línea negra crecía poco a poco. Llegando a la cuna del niño, miré la ventana esperando ver claramente aquello que proyectaba esa sombra. Quizás estaba moviéndose algo afuera, pero fue traumante darme cuenta que no había nada afuera. La sombra crecía por sí misma carente de cuerpo y una mano muy fina se dibujó cerca de la cabeza del niño. Lo abracé quitándolo de inmediato bruno se soltó en llanto, me quedé con la sensación de electricidad por todo el cuerpo me paralizó el miedo. Supe que lo que vino era algo físico. Quizás el hombre sombra ahora me está estaba siguiendo. Fue hasta ese momento que entendí perfectamente lo que me dijo mi amiga. Si tú los ves ellos te ven por estar buscando constantemente un encuentro con esa entidad. Ahora me estaba persiguiendo. Tras una semana de terror, me sentía harta de lo que pasaba. Veía al hombre sombra más seguido. Lo vi parado detrás del refrigerador, viendo a mi madre revisar las cartas que habían llegado. También lo vi entre las cortinas del baño en el trabajo, lo vi nuevamente en el cuarto de archivos. Comencé a alterarme de todo. Me sentía nerviosa, con ganas de llorar a cada minuto. Le platiqué a ver o lo que pasaba. Ella me dijo que no había vuelto a pensar en esa cosa desde que lo vio en la jardinera hacía muchos meses, pero yo le pregunté si seguía sintiendo el ambiente pesado con la sensación de que nos miraban trabajar. Ella no quiso contestar. Me insistió en que olvidara lo que había visto y me pidió que no le comentara más del tema porque ella era muy miedosa. Dejé de mencionar el tema a ella, pero seguía preguntando entre otros compañeros si habían llegado a verlo. Todos me decían que se rumoraba del fantasma de una niña en el área de pediatría, pero que no sabían alguna historia de hombres sombra. Fue por eso que decidí buscar de nuevo al enfermero. Carlos. Quería respuestas a algo que supe tiempo después no las tiene. Cuando por fin pude coincidir con su turno para saber más detalles. No pareció sorprenderse cuando le dije que me acosaban las sombras y antes de darme algún Consejo me regañó recordando que cuando comencé a trabajar ahí lo busqué. Para preguntarle lo mismo. Me dijo que buscara las cosas malignas. Era como atraerlas que él no podía ayudarme. Me aconsejó ir a la Iglesia o preguntar en alguna comunidad de oración si podía entrar. Le expliqué que no creía en Dios que que jamás había ido a la Iglesia. Creo que se le hizo tan raro que por eso me escribió rápido en un pedazo de papel un lugar que se llamaba Casa de oración divina providencia. Aunque dijo que no me iba a ayudar, me dio el domicilio y los horarios en los que podía ir. No dijo nada más y tampoco volvimos a hablar del tema esa noche. Estuve dudando si ido o no al lugar que me había dicho. Desconfiaba Quizás me mandaría a un lugar peligroso. No podía encontrar a esas horas a algún amigo para pedirle que me acompañara a ver el lugar. Pensé en mejor llamar a mi amiga la enfermera y pedirle que fuera conmigo, pero sus horarios eran muy pesados. Me quedé pensando si estaría bien o mejor preguntaba a algún doctor en consulta si realmente estaba bien de la cabeza en ese punto. Ya me estaba preguntando si no. Me estaba volviendo loca, aunque también me sentía casi segura de no estar delirando, pues otras personas también habían sido sido testigos de aquella sombra. Mientras trabajaba, escuchaba el teclear de la máquina de escribir a toda velocidad, pero pasaba en limpio todos los documentos organizando los cobros del día. Yo tenía la bitácora, pero hacía rato que no me podía concentrar en lo que hacía. Seguía pensando si ir a esa casa de oración o simplemente preguntarle a mi mamá si conocía algo similar. Quizás ella podría ayudarme. Seguía dándole vueltas al asunto. Cuando mi mamá me llamó, me dijo que Bruno se había puesto enfermo de nuevo, pero que en esta ocasión no se lo habían podido llevar a la casa para cuidarlo y lo tenían en una cama de hospital en la clínica de Lymes. Fui directo a hablar con el suplente de director, a quien le supliqué que me dejara irme de permiso para ir con mi hijo, pero no me dio el permiso y me regresé con lágrimas en los ojos a mi puesto, pero intentó tranquilizarme, pero sentía que el alma se me salía del cuerpo por la preocupación a la sor, así que, en un momento de lucidez, decidí que prefería perder el trabajo que estar lejos de bruno. Tomé todas mis cosas, le dije a ver o que le llamaría para avisarle cómo seguía el niño y salí lo más rápido que pude. Iba a pedirle a Don Pepe, el señor de Seguridad, que me pidiera un taxi, pero me detuve cuando escuché que las llaves se me cayeron. Me agaché a levantarlas, pero justo cuando iba a reincorporarme la sensación de escalofríos, me invadió todo el cuerpo. No miento cuando digo que cada uno de los bellos de mi cuerpo se erizó. Mis piernas me pesaron por la sensación. De inmediato recordé el accidente con el carro y rápido miré a todos lados. No había carros. No había nada en la soledad del estacionamiento poco iluminado. Alcancé a ver cómo varios hombres sombra me miraban desde distintas partes, desde atrás de los árboles que rodeaban el lugar atrás de mí, sobre todo al lado de la caseta de vigilancia, por lo que no tenía a dónde correr. Por esa razón, en mi desesperación le grité a Don Pepe desde donde estaba. Mi cuerpo había cedido ante el susto y quedé de rodillas en el pavimento, llorando sin control mientras temblaba. Todos me dicen que fue el miedo por bruno lo que me puso así, pero sé que los vi y no sólo ahí, incluso de camino a la sala de urgencias. Ahí estaban todo lo que pasó esa noche está fragmentado en mi mente. No sé si ya pasaron muchos años o fue tanto el estrés que olvidé algunas partes, pero lo importante es que fui. Estuve con mi hijo y después de dos meses y muchos antibióticos, se salvó de una salmonelosis, algo rarísimo para todo el cuidado que teníamos, tanto mi mamá como yo con todo lo que el niño ingería o se llevaba a la boca. Sé que ellos fueron. Hay una intuición que una persona tiene clara en su interior cuando sabe que sabe algo es inexplicable. Sé que es es sombras intentaron arrebatarme a mi hijo. Al final, si fui a la casa de oración, era un lugar muy particular. Ahí iban personas que se atendían de cosas raras. Nos recibía una monja. Ella era quien preguntaba nuestros problemas y mandaba a hacer algunas cosas específicas para ayudarnos A mí. Me pidió que fuera a la iglesia que intentara encontrar a Dios para pedirle su protección, pues el mal estaba tras de mi familia. Trabajé dos años más en aquel hospital. No me corrieron, a pesar de que abandoné el trabajo por irme a medio turno sin permiso. Las sombras poco a poco han desaparecido. Ya no las veo cerca de mí, pero si puedo intuirlas, están en todos lados buscando algo acechándonos. Desgraciadamente, yo no lo entendía. El mal está ahí. Sólo tenemos que dejarnos llevar un poco para que pase algo malo y adaptado por lengua de brujo