Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / Un Espíritu Maligno Intentó Llevarse A Mi Hija Historias De Terror - Voces De La Noche
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- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más, comenzamos hola. Mi nombre es Laura. Soy madre de dos hermosos hijos. Actualmente, mi hijo Eric tiene veintitrés años y mi hija Carla tiene dieciocho. Esta historia sucedió cuando ambos eran más pequeños. Mi hija tenía alrededor de cuatro años y mi hijo nueve. Siempre han sido unos buenos muchachos. Se han comportado muy bien y no me han traído problemas. Pero esta historia comenzó a partir de una mudanza. Yo soy dentista y mi esposo es abogado. Nuestro matrimonio tuvo algunas complicaciones y decidimos separarnos cuando mi hija tenía tres años. Después de ordenar todos los temas legales. Se decidió que yo me quedara con la custodia de mis hijos, pero como la casa en la que estábamos viviendo era de mi esposo, yo no podía seguir ahí, así que decidí irme con mis hijos a vivir a otro lado. Todos estuvimos de acuerdo. Tratamos de mudarnos a un punto intermedio cercano a nuestras familias y también al padre de mis hijos, así que la mudanza no fue tanto problema. La casa en la que íbamos a vivir era bastante grande y también fue bastante accesible el encontrarla. A un lado de la casa estaba un local en renta en el cual yo puse mi consultorio, así que me encontraba muy feliz, ya que el trabajo no me impediría estar cerca de mis hijos desde muy pequeños los dos y sobre todo mi hijo habían estado mucho tiempo al cuidado de diferentes niñeras, porque por los trabajos de su papá y el mío, era muy complicado pasar tiempo con ellos y por eso mismo fue que decidimos dejar a personas a su cargo. Cuando llegamos a aquella casa, yo medía la tarea de buscar una persona que pudiera ayudarme con la limpieza de la casa, puesto que quería tener más tiempo para ellos y así pude ir a convivir un poco más con los dos, como no lo había podido hacer antes. A mi hijo le gusta mucho dibujar. Pasaba muchas tardes al llegar de la escuela dibujando y a mi hija le atraían otras cosas como, por ejemplo, las muñecas o jugar con plastilinas. Aquella casa tenía un patio grande en el centro de ese patio se encontraba un árbol y en los alrededores había varios arbustos. Estaba adornado de una manera muy bonita. Me gustaba mucho. Ellos pasaban mucho tiempo jugando en aquel patio. Estaba techado y en ocasiones se podía sentir un poco de frío, pero ellos se sentían felices y yo dejaba que jugaran. Ahí pasaron los meses y tuvimos nuestra primera mascota. Era un perro pequeño que hasta la fecha conservamos y queremos mucho Rápidamente. Le tomaron mucho cariño y lo hicieron parte de sus actividades, es decir, que lo tenían en este patio jugando con ellos, y el perro solía ladrar mucho en una esquina del patio donde se encontraba un arbusto y la llave del agua. En muchas ocasiones, estando en el consultorio, tenía que ir a la casa a ver si todo estaba bien. Ya que el perro ladraba con mucha insistencia y todo parecía estar en orden, pero era bastante raro este comportamiento en él. Decidí no prestarle mucha atención. Sin embargo, con el paso del tiempo empezó a ser un poco molesto. Yo hablé con mis hijos y con la persona que me ayudaba en el hogar para que no lo dejaran salir al patio, pero era inevitable, ya que éste parecía perseguir algo. Siempre se encontraba muy ansioso por salir, incluso por las noches y por las mañanas, y cada que salía al patio, la mayoría de las veces era para ladrar al mismo sitio. En fin, decidí no darle demasiada atención. Mi hija en aquel tiempo ya comenzó a hablar de manera más fluida. Ya podía hilar algunas oraciones si se le escuchaba con mayor claridad y en esta época empezó con algo que suelen tener los niños a esta edad, que son los amigos imaginarios. Cuando decidimos terminar mi marido y yo acudimos a terapia para sobrellevar de la mejor manera a la ruptura con nuestros niños, y ella nos comentó y lo recuerdo muy bien que a los niños les hacía bien tener un amigo imaginario y que si en alguna ocasión nos hablaban de eso, lo tomáramos con normalidad, ya que es algo muy común en niños pequeños. Así que cuando mi hija empezó a decirme que tenía un amigo imaginario, lo tomé con mucha tranquilidad y como algo muy normal. Como me había dicho la terapeuta más tarde tendría una gran sorpresa, pues no era lo que nosotros imaginábamos. Algo más estaba por suceder en aquel tiempo. También solía llevar a mi hijo a natación. Además de dibujar, le encantaba pasar mucho tiempo nadando y a mi hija, como aún era muy pequeña, no la metía en ninguna actividad, así que se quedaba sola en casa con la persona que la cuidaba. Cuando yo me encontraba dando consultas en aquel patio donde antes mencioné que solían pasar mucho tiempo, mis hijos la encontraba con regularidad hablando sola. Ella jugueteaba y me daba indicios de que se encontraba cerca a su amigo imaginario y que con él era con el que hablaba, jugaba y se reía de igual manera a la persona que los cuidaba. Me había dicho que en ocasiones la niña pasaba mucho tiempo en el patio hablando sola y que se reía mucho y parecía estar muy feliz. Llegamos a un punto en el que mi hija ya no quería jugar con su hermano, preferiría estar en el patio hablando con su amigo imaginario. Incluso los días en los que iba a visitarlo su padre, ella se aburría y le decía que solamente quería jugar con su amigo. Mi hijo mayor nunca había tenido un amigo imaginario. Esta era la primera vez en la que pasábamos por algo así. Pero todo comenzó a ser más extraño cuando mi hija indicaba que aquella esquina en la que nuestro perro ladraba era la casa de su amigo imaginario. De hecho, se molestaba mucho con el perro, pues les decía que dejara en paz la casa de su amigo y que no le ladrara o éste no le haría cosquillas como a ella le hacía. Entonces pasamos de la imaginación de una niña algo real, porque nuestra mascota era capaz de ver aquello que ella señalaba y le llamaba como su amigo imaginario. Evidentemente, algo raro había ahí y en ocasiones me ponía a platicar con la señora acerca de cómo veía el comportamiento de mi hija, y ella me decía que parecía que todo el tiempo estaba acompañada por algo, ya que incluso cuando ella subía a su cuarto o se encontraba en la mesa comiendo, se ponía a hablar con su amigo un par de veces. Incluso llegó a preguntarle a su hermano si si quería conocerlo. Mi hijo ya estaba un poco más grande, pero aún seguía en la inocencia de todos los niños, así que a él le daba igual. Él estaba en lo suyo y su hermana era feliz con su amigo imaginario. Un día de aquellos en los que nuestro perro saldría corriendo rápidamente hacia aquella esquina, como ya era una costumbre, se puso a ladrar, olfatear y rascar desesperadamente el pasto. Yo salí a observarlo y me percaté que estaba buscando algo. Pensé que quizá alguno de mis hijos había enterrado algún juguete suyo y por eso estaba haciendo eso, así que no le di mucha importancia y regresé a lo que estaba. Pocos minutos después en el patio se escuchó un chillido muy fuerte, como cuando lastiman a un animal. Yo salí corriendo porque me espantó el sonido. Incluso llegué a pensar que quizás se había salido y le había pasado algo, pero era imposible y no había forma de que pudiera escaparse y salir a la calle. Mis hijos se encontraban comiendo y rápidamente dejaron la mesa y salieron al patio a la par que yo también lo hacía y nos percatamos que nuestro perrito estaba revolcándose en el pasto como una señal de dolor o de que algo le había pasado. Decidí ir a revisarlo y empezó a gruñirme realmente lo que sea que le haya pasado. Le estaba doliendo mucho. Dejé que se tranquilizara después de unos minutos y me percaté que arriba de su nariz tenía una especie de cortada, como si algo lo hubiera rosado y le hubiera hecho una herida. Pensé que quizás se había hecho tal herida con el pasto, con la llave, con su garra. Yo pensé muchas cosas en el momento, pero no esto parecía ser más bien provocado por una especie de navaja, algo muy filoso. Mi hija, al acercarse a verlo, para mi sorpresa, empezó a reír como tomándolo a juego. Yo la miré muy confundida y ella simplemente había indicado que eso lo había hecho. Su amigo parecía or también un tanto molesta, pero satisfecha, ya que ella ya lo había anticipado antes. El día concluyó de manera tranquila. Por la tarde noche llevé a mi perro con el veterinario y el creyó que se había peleado con otro perro, porque me comentó que así suelen verse. Las heridas cuando se muerden no se rasguñan entre ellos. Yo le comenté que no había manera de que eso fuera posible, y él se notó un tanto confundido. Pero al final asumimos que pudo haber sido cualquier otra cosa, como, por ejemplo, algún metal o vidrio que pudiera estar enterrado en el pasto y el momento de oler o rascarse lo pudo haber enterrado. Las cosas siguieron de la misma manera. En los días siguientes. Pero ahora mi hija había comenzado con un comportamiento más extraño aún cuando nos encontramos todos en casa. Ella de repente corría de la nada. Subían las escaleras, bajaba y decía que la estaba persiguiendo a su amigo. Él quería hacerle cosquillas, pero ella ya que no quería ría porque en ocasiones le dejaba algunas marcas y la lastimaba. Yo. Al preguntarle a qué se refería, ella me mostraría que en su panza había un tipo de rasguño muy pequeño y al cuestionarla sobre que era eso que le había causado los rasguños, ella me respondía que se los había hecho su amigo imaginario, jugando que al principio no le molestaba, pero ya después le dolía. Así que por eso corría de él para que no pudiera rasguñarle más ya que a él le encantaba hacerla reír Ante esto, yo comencé a preocuparme demasiado. Pensé si era hora de llevar a mi hija alguna especie de psicólogo o al menos hablarlo con su padre. Durante todo ese tiempo, Solamente la señora que los cuidaba y yo estábamos al tanto de todas estas cosas, pero ya había demasiadas coincidencias y sobre todo, lo que había acontecido con nuestro perro y los rasguños que tenía mi hija fue lo que nos puso en alerta. La señora que me ayudaba era de un pueblo cercano a oaxaca. Ella en algún momento, cuando nos encontrábamos hablando de todas estas cosas, me sugirió que probablemente se trataría de chaneques o duendes, como se le conocían aquí, ya que de donde ella venía era bastante usual que ellos jueguen con los niños o que hagan demasiadas travesuras en el hogar, como, por ejemplo, molestar a los animales o mover las cosas de su lugar. Yo la verdad al principio estaba un poco escéptica. Me parecían puros cuentos de fantasía y cosas que se dicen en los pueblos. Para mí todo tenía lógica. Quizá el perro se había lastimado con algo que encontró en la tierra, o quizás simplemente mi hija se había lastimado sola porque corría y jugaba demasiado. O algo un poco más grave era que su hermano le haya ocasionado todo eso, aunque solían llevarse bastante bien un día hablando justamente con su hermano. De todo esto me comentó que él no había sido quien le había hecho los rasguños a su hermana y que tampoco es ría estaba detrás de todo esto del amigo imaginario. Me confesó incluso que por las noches su hermana no lo dejaba dormir. Cada uno tenía su cuarto, pero los de mis hijos se encontraban demasiado cerca, así que todo lo que sucedía en uno se escuchaba en el otro. Él me dijo que su hermana solía platicar mucho por las noches con una persona y que le indicaba que le gustaba mucho como se vestía que tenía una nariz muy chistosa y unos ojos muy grandes. Él lo relacionaba con sus muñecos. Pensaba que quizás se encontraba jugando con ellos si se refería a uno en concreto. Pero para mí, todo esto que me había dicho me había puesto a dudar acerca de la presencia de estos seres. Cuando decidí hablarlo con su papá pasó exactamente lo que yo me esperaba a mí me culpara de todo eso y que me tomara de loca. Simplemente quería conocer su punto de vista y si él también creía en todas estas historias que me había contado la señora. Evidentemente, no él era así, e incluso me llegó a decir que a lo mejor era que sus hijos estuvieran con él y no conmigo, porque yo ya escuchaba y veía cosas. En fin, no me creyó. Decidí buscar más opiniones y le llamé a mi madre. Le comenté todo lo que estaba sucediendo y ella sí pensó en todo este tema de los duendes. Me platicó que ella sabía que ellos en ocasiones estaban muy cerca de los niños, ya que eran muy parecidos. A ellos les encantaba jugar, pero les desagradaba un poco las mascotas porque ellos también podían verlos. Todo estaba obteniendo una relación y mi gran error fue no tratar de revertirlo y dejar que siguiera pasando. Así que decidí esperar a ver que más sucedía y, claro, evitar que mis hijos se encontraran en peligro una noche en la que todos dormíamos en la nada y a altas horas de la noche pude escuchar un golpe muy fuerte en una de las habitaciones de mis hijos. Incluso me despertó, ya que fueron dos otros seguidos al momento de levantarme. Ni siquiera había puesto los dos pies en el suelo. Cuando escuché que mi hija me llamó gritando rápidamente corrí y entre a su habitación para observar si todo está bien. Ella se encontraba en el suelo llorando. Me decía que se había pegado muy fuerte en la cabeza se había caído de la cama al parecer, y eso la había despertado y la había asustado mucho. Llamé al médico que los atiende para que me indicara que era lo que yo debía hacer si llevarla al hospital o a tenderla en casa. Él me dijo que, por los signos que mostraban, no era necesario que la llevara a urgencias, pero que si la tuviera en observación aquel día ya no pude conciliar el sueño y estuve despierta toda la noche cuidando a mi hija. Días después me di cuenta de que ella no estaba comiendo de la mejor manera. Dejaba su comida en casa y traía de vuelta a la que se llevaba al colegio. Se le veía un rostro un poco cansado y de repente le con ono contaba a su hermano que no dormía bien, ya que tenía pesadillas en las que su amigo imaginario la llevaba a un bosque y nunca más nos volvería a ver. Eso la ponía muy triste porque tenía mucho miedo de que pasara realmente. Así que, para evitar todo eso prefería no dormir. Hubo una ocasión en la que las cosas empeoraron aún más por el hecho de que al irnos a dormir la noche anterior y todo transcurría con normalidad, nos despertamos para ir a la escuela y mi sorpresa fue enormemente grande y muy aterradora cuando me encontré a mi hija durmiendo abajo del árbol en el centro del patio y varias de sus cosas regadas en él como si algo la quisiera sacar de su cuarto. Aquel día rompía a llorar. La. Abracé muy fuerte y tuve mucho miedo de perderla porque no sabía qué era lo que estaba en esa casa pasamos de juegos de niños a una situación en estado de emergencia. Ya no sabía qué hacer y fue entonces que recurría a la señora que me ría ayudaba. Le pregunté qué podíamos hacer ante dicha situación y me dijo que si yo le daba permiso, ella podría ir a su pueblo y traer algún amuleto o alguna cosa que podría ayudarnos a ahuyentar esas cosas. Pero debíamos poner protección inmediatamente antes de que pasara algo peor, pues ella también ya me había contado que estos duendes suelen llevarse a los niños. Ella tardó un par de días en regresar porque estaba buscando a la persona indicada que le diera algo o le indicara que podíamos hacer para sacar todo eso. En esos días en los que esperábamos a que regresara. Pasaron cosas extrañas en la casa y en el consultorio. Por ejemplo, yo solía dejar todo ordenado en mi consultorio antes de salir. Me aseguraba de que todo estuviera desconectado y apagado para evitar accidentes. Trataba de ordenar mi material para tenerlo listo a la mañana siguiente. Pero al siguiente día, al volver al consultorio, había muchas cosas que tiradas, incluso había espejos que se habían roto. La luz estaba encendida y yo jamás la dejaba prendida. En fin, todo era un caos. Esto me sorprendió demasiado porque me hacía saber que, definitivamente las cosas estaban empeorando, así que yo no sabía si reza o qué hacer. Para poder terminar con todo esto, decidí esperar a que ella regresara de su pueblo Mientras tanto, le volví a llamar a mi madre para ver si ella podía ir conmigo, para que no estuviera tan sola con mis hijos. Mi madre accedió y se quedó unos días en mi casa. Cuando por fin regresó la señora Traía consigo un par de amuletos y una botella con un líquido ROSA. Ella nos comentó que la persona que le había dado ese remedio le había dicho que, por los ataques y por todo lo que había sucedido, había que intervenir de inmediato. Así que colocamos los amuletos en los extremos de la casa, es decir, uno en la entrada principal y el otro en la parte de atrás, además de que teníamos que rociar el líquido en todo el contorno de la casa. Esto, según la persona, iba a impedir que otras entidades y otros seres entraran a la casa, lo que sea que estaba ahí también se fuera. Vamos a hacer esto, pero también ir un poco más allá y contactamos al sacerdote de la iglesia más cercana y le pedimos que, por favor, fuera a bendecir la casa. A él no le dimos muchos detalles de lo que había pasado. Simplemente nos hizo el favor de ir a rezar y a rociar un poco de agua bendita. Después de todo esto que hicimos, las cosas regresaron a la normalidad. Mi hija ya podía dormir mejor pues ya no tenía miedo, y mi hijo, que también había sido víctima de todas estas cosas por ser muy pequeño, también estaba un poco más tranquilo. Esta historia solamente la sabíamos mi madre, mi ex esposo, mis hijos y la señora que me ayudaba en la casa. Evidentemente, las cosas se calmaron, pero yo no me sentía cómoda ahí, así que tiempo después decidí mudarme de ahí con mis hijos. Actualmente, mi hija no tiene mucha noción de lo que sucedió y mi hijo tiene recuerdos muy dispersos. Dicen que los niños a veces olvidan todas estas cosas o, al contrario, lo tienen muy presente. Yo prefiero que haya sido así. Hay gente que, hasta que lovelo, cree y después de todo lo que pasó, he escuchado muchas historias en la familia y he decidido creer en todas ellas porque mi hija fue víctima de la maldad de estos seres y así como existe el bien, claro que también existe el mal. Por eso hay que poner mucha atención a lo que nos dicen nuestros hijos, tratar de estar lo más cerca de ellos y escucharlos. Por más que las historias pueden parecer fantásticas o inocentes, siempre pueden esconder algo detrás y es mejor que lo atendamos mucho antes de que algo muy malo pueda pasar. Adaptado por Hugo de Gante