Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / El Nahual Del Camino Viejo: Se Hizo Pasar Por Hombre - Historias De Terror - Voces De La Noche
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- 0:01Speaker 2: Buenos días, queridos suscriptores. Para más relatos como este, suscríbete,
- 0:08dale like y comparte. Me llamo Ernesto Beltrán. Nací en
- 0:17un caserío llamado El Cordero, un puñado de casas desperdigadas
- 0:21en un llano que se extiende a media jornada de
- 0:24camino de la cabecera municipal de Villagrán, en Guanajuato. Ahí
- 0:28la gente vivía de las huertas pequeñas y la crianza
- 0:31de animales. Mi familia tenía una parcela de terreno cercada
- 0:36con alambre, donde sembrábamos calabaza, maíz y unos surcos de
- 0:40chile que apenas daban para ir tirando. A un costado
- 0:44de la casa quedaba el corral de las vacas y
- 0:47un gallinero viejo que mi abuelo había levantado con tablas
- 0:51rescatadas de un corralón quemado. En el cordero siempre se
- 0:56contaron historias que pasaban de boca en boca. Mi madre
- 1:00juraba que en su niñez vio un hombre que se
- 1:03convertía en guajolote. Decían que algunas familias llevaban un don
- 1:07heredado que les permitía volverse animales de noche. Mi abuelo
- 1:13repetía que cuando llegaba un forastero con los ojos apagados
- 1:16y callado de más era porque andaba queriendo robar la
- 1:20voluntad ajena. Por eso mi madre tenía la costumbre de
- 1:24bendecir cada nueva entrada de la casa con ruda y
- 1:28agua de pozo cuando llegaba un desconocido. La tarde que
- 1:32apareció Mariano, el forastero, era mediados de septiembre y el
- 1:37aire ya olía a la sequedad del campo cuando se
- 1:40está por quedar sin agua. Llegó a pie con un
- 1:44costal de manta al hombro y un sombrero tan horrible
- 1:47que parecía que le había pasado un tren por encima.
- 1:51Mi madre y yo estábamos desgranando mazorcas en el corredor
- 1:55cuando lo vimos arrimarse por el camino de tierra. Venía despacio,
- 2:00con la vista baja, como si contara cada paso. Cuando
- 2:04estuvo cerca, se quitó el sombrero y nos miró con
- 2:07unos ojos hundidos que me hicieron sentir un escalofrío. Dijo
- 2:12que se llamaba Mariano Solís y que venía de la
- 2:15parte de Abasolo, buscando trabajo en alguna parcela, su voz
- 2:19era pausada y un poco ronca, como si no hablara
- 2:22con nadie hacía tiempo. Mi madre le preguntó qué sabía hacer,
- 2:27respondió que de todo un poco, ordeñar, reparar cercos, dar
- 2:32de comer a los animales, tenía las manos anchas, llenas
- 2:36de cicatrices antiguas y los nudillos manchados de costas oscuras.
- 2:41Le ofreció un vaso de agua y se lo tomó
- 2:43con calma, sin apartar la mirada del piso. A mí
- 2:48me pareció que su silencio era demasiado pesado, dijo que
- 2:51podía dormir donde quisiéramos, que no pedía más que un
- 2:55catre y un plato de comida. Mi madre se quedó
- 2:58pensando un buen rato, yo supe que no le hacía gracia,
- 3:02pero al final la sintió, porque esa semana habíamos perdido
- 3:06a un ayudante que se fue a la ciudad y
- 3:08nos quedó todo el trabajo encima. Esa noche, antes de
- 3:12que Mariano volviera de ver el terreno, mi madre me
- 3:15advirtió que no le diera confianza de más, me dijo
- 3:18que hay hombres que traen una sombra encima y que
- 3:21si uno no la respeta, acaba contagiándose. Yo no entendía
- 3:26del todo a qué se refería, pero asentí para que
- 3:29se quedara tranquila. Le preparamos un catre en el cuarto
- 3:33de herramientas que estaba pegado al corral. Cuando fue a
- 3:37dejar su costal, me quedé en el pasillo mirando cómo
- 3:40se quitaba el saco. Fue entonces cuando noté que en
- 3:44la espalda tenía unas marcas largas, como si lo hubieran
- 3:47arañado con garras enormes. Eran cicatrices viejas, pero no parecían
- 3:53hechas por cuchillo ni por alambre de púas. Me quedé quieto,
- 3:57con el corazón golpeando en la garganta, sintió que lo miraba,
- 4:01porque se giró un poco y se cubrió con la camisa,
- 4:04me preguntó si había algo que no entendía, me hice
- 4:08el tonto y le dije que nada, que nomás iba
- 4:10a cerrar la puerta. A la mañana siguiente se levantó
- 4:14antes que todos, salía a echar un balde de agua
- 4:17al corral y ya lo vi trabajando en los surcos
- 4:20de maíz, no hablaba casi nada, si uno le pedía algo,
- 4:24respondía con un movimiento de cabeza y se iba a hacerlo.
- 4:29A media mañana, cuando regresó a almorzar, se quedó de
- 4:32pie en la puerta, con la cara mirando hacia el corral,
- 4:35y no entró hasta que mi madre le dijo que
- 4:38se acercara. Cada vez que lo miraba, sentía que sus
- 4:42ojos no se fijaban en las cosas, como si sólo
- 4:45calculara lo que pasaba alrededor. Esa misma tarde, empezaron a
- 4:50suceder cosas raras. El perro que siempre dormía cerca de
- 4:54la bodega se negó a entrar al corral, se quedó
- 4:57parado en la puerta, con el pelo erizado y un
- 4:59gruñido que no le había oído nunca. Una de las
- 5:03vacas se soltó un mugido tan largo que parecía un lamento,
- 5:07Mariano no hizo ningún comentario. Se limitó a mirarlas un
- 5:12rato antes de seguir cargando leña, cuando se metió al
- 5:16cuarto de herramientas, mi madre me tomó del brazo y
- 5:19me dijo en voz baja que de noche cerrara bien
- 5:22con tranca y que si escuchaba pasos, no saliera a mirar.
- 5:27Esa fue la primera vez que pensé con claridad que
- 5:30Mariano no era un hombre cualquiera, aunque yo nunca había
- 5:34creído del todo en los relatos de Nahuales, pero algo
- 5:37en su forma de estar presente y ausente a la vez,
- 5:40me convenció de que lo que cargaba encima no se
- 5:43parecía a nada de este mundo. Esa primera semana, Mariano
- 5:48no habló más de lo necesario, dormía en el cuarto
- 5:51de herramientas y casi no salía cuando oscurecía, la única
- 5:55luz que se veía era la de su quinqué, que
- 5:57dejaba encendido hasta el amanecer. Mi madre decía que un
- 6:01hombre que no apaga la lumbre de noche es porque
- 6:04teme que algo se le acerque cuando duerme. Yo trataba
- 6:08de pensar que sólo era precaución, pero adentro sentía que
- 6:12no se comportaba como alguien normal. La primera noche que
- 6:17escuché ruidos, fue un jueves, me había acostado con la
- 6:20ventana abierta para que entrara aire, el perro que cuidaba
- 6:24el patio empezó a chillar bajito, como si lo estuvieran
- 6:27mirando fijo. Luego se oyó un golpe seco en la cerca,
- 6:32seguido de unos pasos que no parecían de una vaca,
- 6:34eran pisadas lentas y muy pesadas, como si un hombre
- 6:38grande caminara con las plantas descalzas sobre la tierra dura.
- 6:43Me incorporé sin hacer ruido, me quedé escuchando con la
- 6:46respiración contenida, entre paso y paso pasaban varios segundos, como
- 6:51si lo que fuera que anduviera ahí se detuviera a
- 6:53revisar cada cosa. Cerré la ventana despacio y me acosté
- 6:58con la cara hacia la pared, pasaron más de 20 minutos
- 7:01antes de que me atreviera a moverme. Al día siguiente
- 7:05madrugué para ayudar a mi madre con la ordeña, cuando
- 7:08salí al patio, vi que el perro se había metido
- 7:11bajo la bodega y no quiso salir ni con comida,
- 7:14la cerca del corral tenía una tabla floja, que la
- 7:18noche anterior no estaba así. En la tierra húmeda, quedaban
- 7:22huellas que al principio pensé que eran de guajolote grande,
- 7:26pero cuando las vi de cerca, supe que no podían
- 7:29ser de ninguna ave. Tenían forma de pie ancho, con
- 7:33cuatro dedos largos rematados en uñas afiladas, mi madre salió
- 7:37detrás de mí, se agachó a mirar y no dijo nada,
- 7:41solo se persignó con la mano temblorosa. Ese día, Mariano
- 7:46no apareció hasta que el sol ya estaba levantado, salió
- 7:49de su cuarto con el costal de manta al hombro
- 7:52y se fue directo al corral, como si supiera que
- 7:54había que revisar algo. Se agachó a mirar las huellas
- 7:58y luego me preguntó si teníamos problemas con coyotes grandes.
- 8:03Yo no supe qué contestar, mi madre respondió que ahí
- 8:06nunca habían bajado coyotes al corral y que menos con
- 8:09pisadas como esas. Él se encogió de hombros, dijo que
- 8:14tal vez era un perro cimarrón, pero mientras hablaba, miraba
- 8:18las huellas con demasiada atención, como si las reconociera. A mediodía,
- 8:24mi madre me contó que cuando era muchacha, se decía
- 8:27que una wal bajaba de los cerros disfrazado de trabajador,
- 8:30que se metía a los ranchos a pedir posada, y
- 8:33en las noches salía a caminar con forma de animal.
- 8:37Aseguraban que robaba la energía de las casas, decían que
- 8:41amanecían gallinas muertas, perros con la mirada perdida y niños enfermos,
- 8:45de un cansancio que no se les quitaba con nada,
- 8:49yo no quise contestarle, porque me sentía demasiado nervioso para
- 8:53discutir si esas cosas eran ciertas o no. La noche siguiente,
- 8:58me acosté temprano, pero no pude pegar el ojo, cada
- 9:02crujido del techo me hacía pensar que Mariano andaba husmeando afuera,
- 9:06cuando por fin me quedé medio dormido, un ruido fuerte
- 9:09me despertó, algo había empujado una de las puertas del corral.
- 9:14El perro empezó a ladrar con un chillido de terror,
- 9:17entonces me asomé por la rendija de la ventana. La
- 9:21luna estaba alta y alumbraba un poco el patio, entre
- 9:24la barda de adobe y el cercado, vi una silueta parada,
- 9:28era grande, más alta que un hombre, con los hombros
- 9:31anchos y un cuello corto, que se perdía en la espalda.
- 9:36No se movía, parecía estar oliendo el aire o escuchando
- 9:39con atención, no pude distinguirle bien la cara, pero lo
- 9:43que más me marcó fue que no tenía forma de
- 9:45vaca ni de caballo, su cuerpo se doblaba de una
- 9:48manera rara, como si los huesos no encajaran del todo.
- 9:53Me quedé inmóvil, mirando esa figura hasta que dio un
- 9:56paso hacia atrás y se perdió detrás del corral, el
- 9:59perro dejó de ladrar de golpe, todo quedó tan callado
- 10:03que sentí un hormigueo en la nuca, cerré la ventana
- 10:06de un jalón, y me acosté con el corazón retumbando
- 10:09en la garganta. Al amanecer salimos a revisar el corral,
- 10:13mi madre llevaba un palo largo y yo un machete oxidado,
- 10:17que siempre guardábamos detrás de la puerta, el corral estaba
- 10:21igual que la noche anterior, salvo por un detalle, junto
- 10:25al bebedero de las vacas, había varias huellas frescas. Algunas
- 10:30parecían de un hombre descalzo, pero tenían los dedos tan
- 10:33largos que parecían garras, otras eran más grandes, como si
- 10:37las hubiera dejado una bestia que caminara erguida. La tierra
- 10:42estaba marcada con una línea que iba desde la puerta
- 10:44hasta el cerco, como si algo hubiera arrastrado el pie
- 10:48al moverse. Cuando Mariano salió de su cuarto, se quedó
- 10:52parado mirándonos, no preguntó qué hacíamos, solo miró un rato
- 10:56y se metió de nuevo. Ese gesto me convenció de
- 11:00que sabía más de lo que decía, mi madre me
- 11:03dijo que si yo me atrevía a vigilar de noche,
- 11:06que fuera con cuidado, pero que no confiara en lo
- 11:08que viera. Me contó que según las historias, los Nahuales
- 11:13podían disfrazarse con sombras o cambiar la forma del cuerpo
- 11:16a su antojo, yo asentí, aunque sentía un nudo en
- 11:19el estómago. Esa tarde fabriqué un candil con un bote
- 11:24de aceite y me prometí que no me iba a
- 11:26quedar dormido otra vez, pensaba que si lograba ver que
- 11:30era aquello que rondaba el corral, tal vez podría entender
- 11:33qué clase de hombre habíamos dejado entrar en nuestra casa.
- 11:38La noche que decidí vigilar sin parpadear, el viento soplaba
- 11:41tan recio que las tablas del gallinero rechinaban cada rato,
- 11:45había preparado un candil con un frasco de vidrio y
- 11:49me acomodé en un banco bajo la ventana. Tenía el
- 11:52machete apoyado entre las piernas y cada vez que sentía
- 11:56que el sueño me vencía, me daba un pellizco. Me
- 12:00quedé mirando el corral por horas, con el oído atento
- 12:03a cualquier crujido. Pasada la medianoche, los perros del pueblo
- 12:08empezaron a aullar, primero uno, luego otro más lejos, pero
- 12:12entre los ladridos se colaba un silencio pesado, como si
- 12:16todo el monte se quedara sin aire. Fue entonces que
- 12:20vi la silueta, salió del lado donde estaba la pila
- 12:23de leña, caminaba despacio, con las piernas arqueadas y los
- 12:27hombros que parecían encorvados por el peso de algo invisible.
- 12:32La luz de la luna alumbraba lo justo, para notar
- 12:35que su cuerpo no tenía el pelaje de un animal,
- 12:37parecía una figura desnuda, pero con una forma que no
- 12:41era de hombre ni de bestia, di un paso atrás
- 12:44sin hacer ruido, y el machete me temblaba en la mano.
- 12:48La figura se detuvo cerca del pozo, se agachó, como
- 12:52si olfateara el borde, entonces empezó a enderezarse, hueso por hueso,
- 12:57fue un movimiento tan lento que me revolvió el estómago.
- 13:01Al incorporarse por completo, supe que estaba viendo a un
- 13:04hombre sin ropa, la piel le brillaba con un reflejo aceitoso,
- 13:08la cabeza se le ladeaba hacia un hombro, como si
- 13:11el cuello no le sostuviera bien el peso. Ahí, parado
- 13:15en la orilla del pozo, se quedó un rato inmóvil,
- 13:19luego giró la cara en mi dirección, sentí un latigazo
- 13:22frío en la nuca. Aunque no le distinguí bien los rasgos,
- 13:27supe que eran los mismos ojos hundidos que había visto
- 13:29al forastero la primera tarde. Me quise agachar detrás de
- 13:34la ventana, pero antes de moverme, la voz me alcanzó,
- 13:38era un murmullo seco, un sonido que se quebraba como
- 13:41lija en la garganta.« Métete a tu cama», dijo.« Si
- 13:46quieres seguir respirando». No alcancé a pensar, me eché hacia
- 13:51atrás y tiré el candil al suelo, la flama se
- 13:54apagó y quedé en la oscuridad, con el corazón pateando
- 13:57el pecho, me arrastré hasta el catre y me tapé
- 14:00con la cobija hasta la cabeza. Así estuve quien sabe cuánto,
- 14:05con la sensación de que en cualquier momento esa cosa
- 14:08iba a empujar la puerta. Cuando empezó a clarear, me
- 14:12incorporé con un dolor de cabeza que me punzaba en
- 14:15la sien, salí con cuidado al patio, la puerta del
- 14:18pozo estaba entreabierta y alrededor había marcas en la tierra,
- 14:23pisadas de pie humano, pero con los dedos más largos
- 14:26de lo normal. A un lado de las huellas, vi
- 14:29plumas negras, gruesas, como de un ave grande, también había
- 14:34mechones de pelo largo, sucio y revuelto, los recogí con
- 14:38un palo, sin atreverme a tocarlos. Mariano salió de su
- 14:42cuarto como si no hubiera pasado nada, traía el costal
- 14:46colgado del hombro y el sombrero puesto, se detuvo al
- 14:49ver que mi madre y yo mirábamos las huellas. Se agachó,
- 14:54recogió una de las plumas y la observó con calma,
- 14:57dijo que en el monte vivían sopilotes negros, que bajaban
- 15:01al corral cuando olían desechos, luego se encogió de hombros
- 15:04y siguió caminando hacia la pila de leña. Lo miré
- 15:08alejarse con un temblor en las piernas, pero esa tranquilidad
- 15:12que traía era más inquietante que cualquier amenaza. Mi madre
- 15:16me hizo señas de que entrara, nos sentamos en la mesa,
- 15:20con la puerta cerrada, me preguntó qué había visto. Se
- 15:24lo conté sin omitir nada, la figura desnuda, la voz,
- 15:28las huellas, me escuchó sin interrumpirme, cuando terminé soltó un
- 15:33suspiro largo. Me dijo que en los ranchos siempre se
- 15:36ha sabido que hay gente que puede dejar el cuerpo
- 15:39a medias para volverse animal, que no era raro que
- 15:42se disfrazaran de hombres. Dijo que los nahuales suelen quedarse
- 15:46en un lugar hasta que consumen la voluntad de la
- 15:48casa y que a veces se marchan dejando enfermedades o desgracias.
- 15:53Mi hermano menor, que escuchaba desde la puerta, preguntó si
- 15:57no era mejor correrlo de una vez, pero mi madre
- 16:00dijo que cuando uno deja entrar a un ser así,
- 16:03echarlo no siempre sirve de nada, que hay casas donde
- 16:06un ahual se queda rondando toda la vida, aunque se
- 16:10largue quien lo trajo. Esa mañana comimos en silencio, cada
- 16:14bocado me sabía a nada, yo no quería aceptar que
- 16:17el miedo me estaba doblando por dentro, pero mientras miraba
- 16:21el patio por la rendija de la puerta, supe que
- 16:24esa presencia no se iba a marchar por su cuenta.
- 16:28Mi madre dijo que por ahora no íbamos a hacer nada,
- 16:31que vigilaríamos sin provocar. que tal vez si no le
- 16:35poníamos resistencia, se iría en busca de otra casa más débil,
- 16:39pero en su voz se notaba que ni ella misma
- 16:41creía esas palabras, y obvio yo tampoco. Esa noche, cuando
- 16:47el sol se escondió, me aseguré de que el machete
- 16:50estuviera al alcance de la mano, me acosté sin quitarme
- 16:53la ropa, con los ojos clavados en la puerta, sabía
- 16:56que no me iba a dormir, porque aunque no entendía
- 16:59qué clase de criatura era, sí tenía claro que lo
- 17:03que vi en el pozo no pertenecía al mundo de
- 17:05los hombres. Los días siguientes al encuentro en el pozo
- 17:09fueron los más pesados que recuerdo, pues nadie dormía bien.
- 17:14Mi madre se pasaba las madrugadas rezando con un rosario
- 17:17que había sido de mi bisabuela, un collar de cuentas amarillentas,
- 17:21que según decían estaba bendecido por un sacerdote de los
- 17:25tiempos de la cristiada. Mi hermano menor dormía con un
- 17:29cuchillo de cocina debajo de la almohada, aunque a mí
- 17:32me parecía que si de verdad querían entrar, no iban
- 17:35a pararse por un cuchillo viejo. Al amanecer de lunes,
- 17:40me levanté con los párpados ardiendo, salí al patio a
- 17:43revisar el gallinero, porque no había escuchado los cacareos del alba,
- 17:47apenas empujé la puerta de lámina, supe que algo andaba mal.
- 17:53El olor era distinto, un hedor espeso, como sangre revuelta
- 17:57con tierra mojada. Me acerqué despacio y vi a las gallinas,
- 18:01había cuatro tendidas sobre la tierra, las habían abierto por
- 18:05el pecho, con cortes limpios que parecían hechos con navaja.
- 18:10Las vísceras estaban acomodadas en forma de cruz, una cruz
- 18:13perfecta que abarcaba casi todo el piso del gallinero, me
- 18:17quedé parado sin poder tragar saliva. El sol empezaba a
- 18:22asomar por la loma y caía de lleno sobre ese
- 18:25charco oscuro que se iba secando alrededor de los cuerpos.
- 18:29Llamé a mi madre con voz ronca, cuando llegó y
- 18:32vio la escena, no se tapó la cara ni gritó,
- 18:35solo se quedó mirando la cruz con los ojos grandes
- 18:38y secos. Luego me dijo que lo que estábamos viviendo
- 18:41no era obra de coyotes ni de ladrones, que eso
- 18:44era un aviso y que la casa estaba marcada, en
- 18:47eso se agachó a persignarse frente a las gallinas. Recogimos
- 18:52los cuerpos envueltos en costales y los enterramos detrás del corral,
- 18:56donde la tierra era más blanda, mientras echaba las paladas
- 18:59de tierra. Pensé que si eso no era un ritual,
- 19:02no sabía qué otra cosa podía hacer. Cuando terminamos, mi
- 19:07madre se quedó un rato con las manos unidas, me
- 19:10dijo que mi abuelo siempre repetía que un abual no
- 19:13se alimenta sólo de carne, que se alimenta del miedo
- 19:17de los que habitan la casa, y que si uno
- 19:19se dejaba vencer, terminaba por entregarle el alma sin darse cuenta.
- 19:25Ese mismo día recordé, que mi abuelo contaba que el
- 19:28único modo de espantar un Nahual, era hiriéndolo con un
- 19:31machete que hubiera sido bendecido en Viernes Santo, decía que
- 19:35esa herida no cicatrizaba nunca, y que con ella el
- 19:38Nahual quedaba marcado de por vida. Mi madre me escuchó
- 19:42en silencio, me dijo que había un machete así en
- 19:45la casa de mi tío Emiliano, al otro lado del río,
- 19:49pero que ir a buscarlo sería peligroso, si aquel ser
- 19:52nos vigilaba, le contesté que si no hacíamos nada, pronto
- 19:56íbamos a amanecer todos con la boca llena de tierra.
- 20:00Esa noche, decidimos meter a las pocas gallinas que quedaban
- 20:04al cuarto grande, donde dormía mi hermano, mi madre subió
- 20:08las tablas de la puerta y trabó la tranca con
- 20:10un tronco grueso. Yo me acosté con el machete oxidado
- 20:14sobre el pecho, pero me prometí que al día siguiente
- 20:17iría por el otro, el que tenía la bendición. Afuera
- 20:21se oían crujidos que no podía ubicar bien, pasos, raspones
- 20:25contra la pared, un resuello que sonaba detrás de la bodega.
- 20:30El perro, que antes ladraba a cualquier ruido, se quedó
- 20:34en silencio toda la noche, mi madre decía que los
- 20:37animales siempre saben antes que uno cuando ya no hay remedio.
- 20:42La madrugada del martes me despertó un mugido largo, un
- 20:45lamento que cortaba el aire, me levanté de un salto,
- 20:49mi madre ya estaba parada junto a la puerta, pálida
- 20:52como si hubiera visto al mismo diablo. Salimos corriendo al corral,
- 20:57la puerta estaba abierta de par en par, con la
- 21:00tranca tirada en el piso, como si la hubieran arrancado
- 21:03de un jalón. Entramos con cuidado, sin atrevernos a encender
- 21:08la lámpara, el corral estaba vacío y la vaca pinta,
- 21:12la única que nos quedaba, ya no estaba. Solo quedaba
- 21:16el bebedero volcado y en el suelo una línea ancha,
- 21:19donde la habían arrastrado hacia la cerca. Seguimos el rastro
- 21:24hasta la parte de atrás del terreno, ahí, sobre la
- 21:27tierra removida, se veían las huellas que ya conocíamos, pies anchos,
- 21:32con los dedos largos y una hendidura en medio, que
- 21:35parecía la marca de un casco de animal. Eran tan
- 21:39grandes que uno podía poner dentro una mano abierta, la
- 21:43cerca tenía un hueco, donde la madera se había partido,
- 21:46del otro lado empezaba el baldío, que se extendía hasta
- 21:50los lomeríos bajos. Mi madre se agachó a tocar la tierra,
- 21:54al incorporarse, dijo que esa vaca ya no volvería. Esa
- 21:59mañana no desayunamos, nadie tenía estómago para nada, el sol
- 22:04salió rojo, iluminando las tablas rotas y el polvo que
- 22:07se levantaba, ahí fue la primera vez que sentí que
- 22:10la casa nos estaba empujando a irnos, que todo aquello
- 22:14no era sólo un visitante extraño, sino una condena que
- 22:17ya nos había escogido. Mientras ayudaba a mi hermano a
- 22:22clavar unas tablas sobre el hueco del corral, pensé que
- 22:25si no conseguía el machete bendito, antes de la próxima
- 22:28luna llena, quizá ya no habría nadie que pudiera contarlo después.
- 22:34Esa tarde crucé el río a pie, con el agua
- 22:36helada subiéndome hasta la cintura, mi madre no quiso acompañarme,
- 22:41dijo que si algo me pasaba, al menos ella podría
- 22:44quedarse con mi hermanos. Caminé hasta la casa de mi
- 22:48tío Emiliano, que vivía en un jacal hecho con tablas
- 22:51y teja. Cuando le conté lo que pasaba, no preguntó nada,
- 22:56se limitó a buscar en un baúl el machete que
- 22:59mi abuelo había mandado bendecir un Viernes Santo muchos años atrás.
- 23:04Era una hoja ancha, con manchas de óxido que se
- 23:07confundían con unas vetas oscuras, como si llevara un dibujo
- 23:11que nadie se había atrevido a tallar, el mango estaba
- 23:14envuelto en tiras de cuero seco, me lo entregó en silencio,
- 23:18con la vista clavada en el piso. Volví al rancho
- 23:22al atardecer, el aire traía ese olor agrio que deja
- 23:25el corral cuando llueve sobre sangre vieja, mi madre estaba
- 23:29sentada en la bodega, con la cabeza baja. No preguntó
- 23:33si traía el machete, yo tampoco quise hablar. Cuando cayó
- 23:37la noche, encendí un candil y me senté en un
- 23:40banco bajo la ventana que daba al patio, la luz
- 23:43apenas llegaba al corral. Me acomodé el machete sobre las piernas,
- 23:48con la hoja envuelta en un trapo, sentía un temblor
- 23:51en los hombros que no se me quitaba, como si
- 23:54el cuerpo entendiera que esa noche todo iba a cambiar.
- 23:58Pasada la media noche, los perros del pueblo rompieron el
- 24:02silencio con un aullido largo que empezó en un extremo
- 24:05y se fue contagiando de casa en casa. Entonces lo vi,
- 24:10Mariano salió de su cuarto en silencio, caminaba con la
- 24:14calma de alguien que sabe que nadie va a atreverse
- 24:17a detenerlo. Llevaba en la mano un cuenco de barro,
- 24:21se detuvo junto al pozo y empezó a untarse algo
- 24:24oscuro en el pecho y los brazos. Movía la mano
- 24:27con lentitud, como si el líquido fuera espeso, bajo la
- 24:31luz de la luna, su piel parecía cubierta de aceite negro.
- 24:36Me asomé un poco más, vi que sus huesos empezaban
- 24:39a encorvarse, los hombros se le hinchaban hacia afuera, como
- 24:43si le crecieran costillas por encima de la piel, el
- 24:46cuello se le retraía y la cara se le alargaba
- 24:48hacia adelante. No me animé a mirar los ojos, sentí
- 24:53que si lo hacía, algo se me iba a romper
- 24:55por dentro. El viento cambió de dirección y me trajo
- 24:59un olor a carne vieja, un hedor tan fuerte que
- 25:02me dieron ganas de vomitar. Me apreté el machete contra
- 25:06el pecho y por un instante pensé en regresar al
- 25:09cuarto y trancar la puerta, pero me acordé de las
- 25:12gallinas abiertas, de la vaca arrastrada por la cerca, de
- 25:16la cara de mi madre cuando enterramos los restos. Me
- 25:20levanté sin pensarlo más, crucé el patio despacio, con la
- 25:24respiración trabada en el pecho, cuando estuve a unos metros, Mariano,
- 25:29o lo que fuera en ese momento, levantó la cabeza.
- 25:32El cuello era una masa oscura, sin forma definida, la
- 25:37boca se abrió hacia los costados, mostrando unos dientes largos,
- 25:41planos como cuchillos. Di un paso atrás, pero ya era tarde,
- 25:46soltó un gruñido demoníaco que me taladró los oídos, y
- 25:49se lanzó hacia mí con las manos estiradas, corrí con
- 25:53el machete alzado. El filo brilló un segundo antes de
- 25:57que lo tuviera encima, sentí el impacto en el pecho,
- 26:01un golpe seco que me dobló las rodillas, alcancé a
- 26:04clavar el machete en el hombro derecho, casi en la
- 26:07unión del cuello. El grito que soltó no era de
- 26:11hombre ni de animal, era un alarido ronco, tan grave
- 26:14que me vibraron los dientes. Se apartó dando un salto,
- 26:18el machete quedó prendido en su carne, pero no lo solté,
- 26:22cuando trató de sacudírselo, me jaló con él. El filo
- 26:27se hundió más, y un chorro de sangre espesa me
- 26:30salpicó la cara, era negra, con un olor ácido que
- 26:33me hizo lagrimear, entonces pude verle los ojos, dos círculos grises,
- 26:38con una pupila vertical que se dilataba y encogía como
- 26:41si respirara sola. Quise retroceder, pero me tenía sujeto por
- 26:47la muñeca, sentí que me faltaba el aire, pero con
- 26:50un esfuerzo que me dolió hasta los huesos, retorcí la
- 26:53hoja y la saqué de un tirón. El chillido se
- 26:57cortó en seco, la figura dio un paso atrás, tambaleando,
- 27:01me miró con los ojos grises, abiertos de par en par.
- 27:05Por un segundo, el cuerpo empezó a encogerse, las piernas
- 27:09se doblaron hacia adelante, los hombros se replegaron y la
- 27:12piel perdió ese brillo aceitoso. Cuando la transformación se detuvo,
- 27:18frente a mí, estaba otra vez Mariano, desnudo, sangrando por
- 27:22el hombro con la cara desencajada. Se llevó una mano
- 27:26a la herida, la sangre negra chorreaba entre los dedos,
- 27:30me habló con una voz baja, más humana que antes,
- 27:33pero rota como un saco de maíz rajado.« Esto no
- 27:37se acaba», dijo.« Nunca se acaba». Luego giró sobre sí
- 27:42mismo y salió corriendo hacia el baldío que bordeaba el monte,
- 27:46dejaba un reguero oscuro que se iba secando sobre la tierra,
- 27:49me quedé quieto, con el machete colgando de la mano.
- 27:53La respiración me salía a borbotones, como si el aire
- 27:57se hubiera podrido. No me moví hasta que el canto
- 28:00de un gallo me recordó que todavía quedaba noche por delante,
- 28:05entonces recogí el machete, me limpié la cara con el
- 28:08antebrazo y volví al cuarto, mi madre estaba arrodillada en
- 28:11el suelo, rezando con el rosario entre los puños. No
- 28:16me preguntó qué había pasado, yo tampoco supe cómo explicarlo.
- 28:21En ese momento, entendí que aunque Mariano se hubiera marchado,
- 28:25algo de él se había quedado pegado a la casa,
- 28:27y que pasara lo que pasara, esa herida no iba
- 28:31a cerrarse nunca. Después de aquella madrugada, no dormimos, la
- 28:36luz empezó a filtrarse por las rendijas, mientras mi madre
- 28:40seguía de rodillas en el suelo, con el rosario enredado
- 28:43entre los dedos. Mi hermano menor no soltaba el cuchillo
- 28:47de cocina. Yo me quedé sentado en la silla, mirando
- 28:51la puerta, convencido de que en cualquier momento Mariano iba
- 28:55a volver a terminar lo que empezó. Cuando amaneció por completo,
- 28:59supe que no podíamos quedarnos un día más en esa casa.
- 29:04Le dije a mi madre que era hora de irnos,
- 29:07ella no contestó, solo se levantó despacio, como si la
- 29:10espalda se le hubiera endurecido de tanto miedo. Mi hermano
- 29:15salió al patio sin decir nada, cada uno empezó a
- 29:18recoger lo que cabía en un par de costales, algo
- 29:21de ropa, un manojo de tortillas envueltas en servilletas, un
- 29:25poco de frijol en un bote de café. Dejamos todo
- 29:29lo demás, no quise mirar atrás cuando crucé la puerta
- 29:33con el machete bendito colgado del hombro. Caminamos por el
- 29:37sendero polvoriento que lleva al rancho de mi tío Margarito,
- 29:41era media mañana, pero el calor se sentía como si
- 29:44fuera mediodía. La tierra se pegaba a los huaraches y
- 29:48el sudor nos chorreaba la frente. Mi madre avanzaba con
- 29:52la vista fija en el piso, sin voltear a ver
- 29:55los corrales vacíos que íbamos dejando. Cuando llegamos a la loma,
- 30:00me di vuelta una sola vez, la casa se veía pequeña,
- 30:03con la puerta abierta de par en par, como si
- 30:06esperara que volviéramos a entrar. Sentí un vacío en el estómago,
- 30:11un presentimiento que me decía, que aunque nos fuéramos lejos,
- 30:15no íbamos a librarnos de lo que habíamos desatado. Mi
- 30:19tío vivía en un jacal con techo de palma, a
- 30:22la orilla de la ranchería El Fresno. Era un hombre seco,
- 30:26con la cara surcada de arrugas y una voz que
- 30:29apenas se le escuchaba, cuando nos vio llegar cargando los costales,
- 30:33no preguntó mucho. Nos dejó entrar al cuarto grande, donde
- 30:38guardaba los costales de grano, ahí extendimos unas cobijas sobre
- 30:42el suelo y nos sentamos sin fuerzas. El tío nos
- 30:46ofreció café, mi madre aceptó pero ni siquiera probó un sorbo,
- 30:50tenía los ojos hinchados de no dormir. Al caer la noche,
- 30:54el viento empezó a golpear las paredes de carrizo, el
- 30:58silencio era tan denso que cada crujido me sonaba como
- 31:01un paso acercándose, cuando apagamos la lámpara, pensé que al
- 31:05fin íbamos a poder descansar. Pero pasada la medianoche, un
- 31:10ruido nos despertó, algo estaba arañando la pared de afuera,
- 31:14no era un animal rascando la tierra, sonaba más grave,
- 31:18como si arrastraran un tronco sobre los muros. Mi hermano
- 31:22se sentó de golpe y me miró con los ojos
- 31:25abiertos como plato, mi madre empezó a rezar, pero la
- 31:28voz apenas le salía, el tío se levantó con un
- 31:32rifle viejo que guardaba detrás de la puerta, se quedó
- 31:35parado con el cañón apuntando a la pared, sin moverse
- 31:38ni un centímetro. El arañazo siguió unos minutos que se
- 31:43sintieron eternos, luego se hizo un silencio repentino, no nos
- 31:47atrevimos a encender la lámpara hasta que cantó el primer gallo.
- 31:52Cuando salió el sol, el tío revisó alrededor de la casa,
- 31:55volvió con la cara pálida, nos dijo que no había
- 31:58huellas de nada, ni pisadas ni ramas caídas, nada que
- 32:02explicara ese sonido. Nos miró uno por uno y dijo
- 32:07que si queríamos librarnos de aquello, lo mejor era buscar
- 32:10un curandero. Ese mismo día, mandó un recado con un
- 32:14vecino para que fueran a avisar al señor Prudencio, un
- 32:18hombre que vivía al otro lado del cerro y que
- 32:20según decían sabía cortar brujerías. Mientras tanto, nos recomendó que
- 32:26no saliéramos de la casa por ninguna razón. Mi madre
- 32:30se puso a colgar ramitos de ruda en las ventanas,
- 32:33yo me quedé sentado con el machete bendito sobre las piernas,
- 32:37sin poder quitarme la imagen de Mariano, untándose aquel líquido
- 32:41negro sobre el pecho. Esa tarde empezó la fiebre, primero
- 32:46fue mi hermano, se quedó tirado en el petate, con
- 32:49la cara roja y los ojos que se le iban
- 32:51para atrás, al anochecer, mi madre también empezó a temblar.
- 32:56Le puse un trapo húmedo en la frente, pero no
- 32:59le bajó el calor, yo sentía la garganta cerrada, como
- 33:03si tragara puñados de ceniza. Cuando cerré los ojos, vi
- 33:07la silueta de Mariano parado en la puerta de la casa,
- 33:11mirándonos con esa cara que no era del todo humana.
- 33:15Las noches se hicieron largas, ninguno de nosotros podía dormir
- 33:19más de un rato sin que lo despertara el mismo sueño,
- 33:22un hombre alto, sin rostro, caminando alrededor del jacal, empujando
- 33:27la puerta con las manos abiertas. Cada mañana amanecíamos más flacos,
- 33:33con la piel pegada a los huesos. El tío nos
- 33:36traía caldo y café, pero todo nos había amargo, hasta
- 33:40el agua parecía contaminada de algo que no entendíamos. Una madrugada,
- 33:46mientras me sentaba a vigilar con la lámpara encendida, sentí
- 33:49que alguien respiraba detrás de mí, me volví de golpe,
- 33:53pero no había nada. Aún así, el aire estaba frío,
- 33:58como si alguien acabara de pasar por ahí. En ese
- 34:01momento comprendí que por más lejos que nos fuéramos, la
- 34:04sombra de Mariano nos seguía como un perro hambriento. Cuando amaneció,
- 34:09me prometí que si Prudencio aceptaba venir, le contaría todo
- 34:13sin guardarme nada, porque ya sabía que aquello no era
- 34:16un hombre, y que si no encontrábamos un modo de
- 34:19romper la cadena, esa sombra iba a terminar por consumirnos
- 34:23a todos. El tercer día de fiebre, el señor Prudencio
- 34:28llegó al jacal de mi tío, era un hombre pequeño,
- 34:31flaco como un istle, con la cara cruzada por arrugas
- 34:34y los ojos negros, redondos como cuentas. Llevaba un morral
- 34:39de cuero del que asomaban manojos de hierbas secas, traía
- 34:43una voz pausada que no levantaba nunca, como si estuviera
- 34:47acostumbrado a que todo el mundo lo escuchara sin necesidad
- 34:50de gritar, apenas entró, supe que sabía lo que hacía.
- 34:55Se quedó un rato parado en el umbral, mirando a
- 34:58cada uno con atención, pasó junto a mi madre, que
- 35:01deliraba sobre el petate, y se agachó para tocarle la frente,
- 35:05luego le levantó la muñeca y le revisó la palma
- 35:08con los pulgares. Hizo lo mismo con mi hermano, que
- 35:12respiraba a tirones, cuando se volvió hacia mí, sentí un
- 35:16escalofrío que me bajó por la columna, me preguntó qué
- 35:19había pasado. Se lo conté todo, el forastero, las huellas,
- 35:24las gallinas abiertas, la pelea en el corral, mientras hablaba,
- 35:29él no parpadeaba, cuando terminé, soltó un suspiro corto y
- 35:33dijo que el Nahual nos había dejado un recado. Así
- 35:37les dicen, explicó. Un recado es la enfermedad que siembra
- 35:42cuando se va, no mata de un golpe, pero si
- 35:45uno no la quita, se lleva la voluntad y las
- 35:48ganas de vivir. No pregunté cómo sabía tanto, pues en
- 35:52ese momento cualquier duda me parecía inútil, entonces Prudencio abrió
- 35:57el morral y empezó a sacar las hierbas. Había ramilletes
- 36:01de pirul, hojas de albahaca morada y una bolsa de
- 36:04tela que olía a tierra húmeda, también sacó un puñado
- 36:07de piedras pequeñas y un tarro con aceite oscuro. Mi
- 36:12tío ayudó a apartar los costales de grano para hacer
- 36:15un espacio en el piso, ahí Prudencio dibujó un círculo
- 36:18con las piedras, en el centro colocó un bracero de
- 36:21barro y lo llenó con hojas secas que empezó a quemar.
- 36:25El humo salió espeso, con un olor tan fuerte que
- 36:28me mareó. Mientras el fuego crepitaba, nos indicó que nos
- 36:32sentáramos alrededor del círculo, mi madre abrió los ojos a medias,
- 36:37como si sintiera el llamado, y mi hermano empezó a
- 36:40quejarse con una voz débil. Prudencio se acomodó frente al
- 36:44bracero y empezó a rezar en voz baja, eran palabras
- 36:47que no entendí, un murmullo antiguo que se mezclaba con
- 36:51el chisporroteo de las hierbas. A cada rato tomaba el
- 36:55aceite y lo untaba en un trapo, que pasaba por
- 36:58la frente de mi madre y el pecho de mi hermano,
- 37:01luego se volvió hacia mí. Me pasó el trapo por
- 37:04la nuca y el estómago, sentí un ardor que me
- 37:07recorrió todo el cuerpo. La oración duró más de una hora,
- 37:12a ratos Prudencio levantaba la voz y decía el nombre
- 37:15de Mariano, como si le hablara directamente, aunque no estuviera ahí,
- 37:20cada vez que lo nombraba, el humo del bracero se
- 37:23alzaba en una columna más densa. Mi tío se quedó quieto,
- 37:27con el sombrero entre las manos y la vista clavada
- 37:30en la tierra, pues nadie se atrevía a interrumpir. Cuando
- 37:34el fuego se consumió, Prudencio sacó un puñado de tierra
- 37:38de la bolsa de tela y la esparció alrededor del círculo,
- 37:41dijo que era polvo bendito, traído de un cerro donde
- 37:45los antiguos hacían ceremonias para romper pactos. Mientras lo hacía,
- 37:50volvió a mirarme con esos ojos negros que parecían ver
- 37:53más de lo que decía.« Si vuelven a cruzarse con él,
- 37:57no le hablen», advirtió. No le devuelvan la mirada, el
- 38:02que se queda mirándolo, pierde la memoria de quién es.
- 38:06Mi madre empezó a respirar más tranquila esa misma tarde,
- 38:10la fiebre le bajó despacio, como si alguien se la
- 38:13arrancara del cuerpo en pedazos, mi hermano pudo sentarse a
- 38:16beber agua sin atragantarse. Yo sentí que me quitaban un
- 38:21peso que me había tenido encorvado desde la noche de
- 38:24la pelea, pero la casa quedó con un silencio raro,
- 38:27un vacío que no se llenaba ni con la voz
- 38:29de Prudencio ni con las oraciones. Cuando oscureció, mi madre
- 38:34se durmió profundamente por primera vez en días, pero al amanecer,
- 38:39se despertó temblando, me dijo que había soñado con Mariano.
- 38:43que lo vio parado junto a su petate, desnudo, con
- 38:47la herida del hombro abierta y la sangre cayéndole hasta
- 38:49la cintura, según ella, no hablaba con la boca, pero
- 38:53su voz sonaba dentro de la cabeza, le dijo que
- 38:56iba a volver cuando nadie lo esperara, que siempre encontraba
- 39:00el camino de regreso. No quise contradecirla, en el fondo,
- 39:06yo sabía que no era sólo un sueño, que un
- 39:08hombre como Mariano, si se le puede decir hombre, no
- 39:12se marchaba de verdad. Prudencio escuchó el relato con el
- 39:16ceño fruncido, dijo que era mejor no regresar nunca a
- 39:19esa casa, que el lugar quedaba manchado con la voluntad
- 39:23de quien la marcó, mi madre asintió sin discutir. Al
- 39:27mediodía recogimos lo poco que llevábamos, mi tío nos ofreció
- 39:31quedarnos más tiempo, pero mi madre prefirió ir a la
- 39:34casa de un primo lejano en la parte baja de
- 39:37la ranchería. Decía que cada pared de aquel jacal le
- 39:41recordaba los arañazos en la madrugada. Mientras caminábamos por el sendero,
- 39:47con el machete bendito envuelto en un trapo, sentí que
- 39:50por fin habíamos salido de un encierro, pero también supe
- 39:53que el miedo ya no era cosa de paredes o distancias.
- 39:57Era un miedo que se llevaba por dentro, como una
- 39:59enfermedad que no se cura nunca. Esa tarde, antes de
- 40:04que el sol se metiera, mi madre me miró con
- 40:06los ojos cansados y me dijo que ella no iba
- 40:09a poner un pie en el rancho otra vez, que
- 40:12aunque todo quedara en silencio, aunque pareciera que nunca pasó nada,
- 40:16esa casa ya no era nuestra. Y yo, aunque me
- 40:20dolía aceptarlo, supe que tenía razón. Pasaron más de 20 años,
- 40:26antes de que volviera al rancho, para entonces, mi madre
- 40:29ya había muerto y mi hermano menor se había alargado
- 40:32a trabajar en Michoacán, yo vivía en la ciudad, en
- 40:36un cuartito de lámina donde me pasaba los días reparando motores.
- 40:41Durante años, pensé que aquel tiempo era un mal recuerdo,
- 40:45algo que se iba a enterrar por sí solo, pero
- 40:47una tarde de diciembre, cuando los fríos hacían doler los huesos,
- 40:52sentí la necesidad de volver. No sabía si era curiosidad
- 40:56o la esperanza tonta de comprobar que todo había sido
- 40:59un miedo exagerado. El camino estaba igual de polvoriento, las
- 41:04bardas de los corrales se caían a pedazos y la
- 41:07bodega tenía la puerta arrancada, el viento soplaba con un
- 41:11silbido que se metía por las grietas. Al asomarme al corredor,
- 41:15vi que el techo se había vencido en una esquina,
- 41:18el patio estaba cubierto de maleza seca que llegaba casi
- 41:22a la cintura. Caminé despacio, con el corazón acelerado, cada
- 41:27paso me recordaba el sonido de las pisadas pesadas en
- 41:30la madrugada. Me detuve junto a la puerta del gallinero,
- 41:35la lámina seguía oxidada, pero el cerrojo colgaba del clavo,
- 41:39como si alguien lo hubiera abierto por última vez y
- 41:42ya no se molestara en cerrarlo. Empujé con la punta
- 41:46de la bota, dentro no quedaba rastro de las gallinas,
- 41:49ni del bebedero de las vacas, sólo tierra revuelta y
- 41:52un olor viejo, como de costal guardado por décadas. El
- 41:57silencio era tan profundo que me costaba trabajo tragar saliva.
- 42:02Quise convencerme de que todo estaba muerto, que la casa
- 42:05era sólo un montón de madera carcomida, pero mientras recorría
- 42:09el corral, vi algo que me hizo helar la sangre,
- 42:12junto al bebedero caído había huellas frescas. No eran de
- 42:17perro ni de ganado, eran pisadas grandes, anchas, con los
- 42:21dedos alargados marcados con claridad en la tierra húmeda. La
- 42:26hendidura al centro parecía una marca de pezuña, pero con
- 42:29forma humana, me agaché a mirarlas de cerca, el borde
- 42:33de la huella todavía estaba húmedo, como si alguien hubiera
- 42:36pasado por ahí poco antes de mi llegada. Sentí un
- 42:40temblor en las piernas, que me obligó a sujetarme del
- 42:43madero más próximo, el viento me trajo un olor agrio,
- 42:47igual que aquella madrugada en que lo vi untarse aceite
- 42:50negro en el pecho. Supe sin duda que el Nahual
- 42:53seguía rondando el terreno. que no importaba cuántos años pasaran
- 42:58ni cuánta gente hubiera muerto o se hubiera marchado, la
- 43:01voluntad de ese ser seguía pegada a la casa como
- 43:04una humedad que nunca se seca. Miré alrededor, esperando ver
- 43:10la silueta encorvada en algún rincón, pero no apareció nada
- 43:13y el silencio siguió tan inmenso que me dolían los oídos.
- 43:18Por un instante pensé en meterme al cuarto donde dormíamos,
- 43:21quería verlo una última vez, convencerme de que todo aquello
- 43:25ya no tenía poder. Pero no lo hice, pues me
- 43:29di cuenta de que no tenía sentido abrir puertas viejas,
- 43:32si uno sabe que detrás de ellas solo hay ruina
- 43:35y memoria podrida. Me quedé un rato inmóvil, con la
- 43:39mirada clavada en la casa que nos robó la paz,
- 43:42pensé en mi madre, en su voz quebrada cuando nos
- 43:45dijo que nunca volvería. Comprendí que tenía razón, algunas casas
- 43:50se quedan habitadas aunque uno las abandone, algunas sombras aprenden
- 43:54a vivir solas, esperando que alguien regrese a darles permiso
- 43:58de volver a entrar. Di media vuelta y empecé a
- 44:02caminar de regreso, no sentí alivio, no sentí tristeza, solo
- 44:07la certeza de que aquel sitio no era un recuerdo,
- 44:10sino un pozo abierto donde cualquiera puede perderse si no
- 44:13sabe lo que está buscando. Antes de alejarme del todo,
- 44:18miré una última vez por encima del hombro, vi que
- 44:21el viento removía las hierbas, dibujando surcos y supe que
- 44:24no eran imaginaciones, que lo que habíamos dejado atrás seguía ahí, entero,
- 44:29esperando otro descuido. Hoy puedo decirlo con todas las palabras,
- 44:34quien acepta a un extraño en su casa, debe estar
- 44:38dispuesto a perderlo todo, porque hay hombres que no vienen
- 44:41a pedir ayuda, vienen a quedarse con lo que uno
- 44:44guarda más hondo, la confianza, el sosiego y la memoria
- 44:48de quien se es. Nunca creí que un miedo pudiera
- 44:52crecer con los años, pero ahora, sé que el peligro
- 44:55más grande es el que uno no termina de entender,
- 44:58el que llega despacio, con la cara de un forastero
- 45:01y la voz de un hombre cualquiera. Y cuando uno
- 45:05se da cuenta, ya es tarde. Relato anónimo