Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / Una Criatura Extraña Nos Atacó En El Bosque ( Recopilación De Críptidos #1 ) Voces De La Noche
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- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más comenzamos. Me llamo Rafael y soy médico. Después de dos años de luchar contra el desempleo, finalmente vi una luz al final del túnel en forma de una oferta de trabajo en un remoto pueblo de Chiapas, México. Dado que deseo proteger a los habitantes del pueblo, no daré el nombre del mismo. A pesar de la distancia, no dudé en aceptar. La noche antes de mi partida tuve un sueño extraño que aún me persigue. Estaba solo en medio de un espeso bosque y a lo lejos, un venado me miraba fijamente. Eso fue todo lo que pude recordar de ese sueño, pero me desperté sudando y temblando incapaz de volver a dormir. Al llegar al pueblo fui recibido con calidez. La gente, en su mayoría indígena, parecía genuinamente agradecida de tener un médico en su comunidad. Me asignaron una pequeña y humilde cabaña que se encontraba bastante retirada de las demás casas. Me pidieron disculpas por la ubicación, pero me dijeron que era el único lugar disponible. Agradecí la hospitalidad y comencé a instalarme. A medida que caía la tarde y terminaba de acomodar mis pertenencias. Noté algo inusual desde la ventana de mi cabaña. Pude ver un venado en la distancia. Parecía observarme fijamente como si supiera que estaba ahí un escalofrío. Recorrió mi espina dorsal mientras recordaba el sueño de la noche anterior. Decidí no prestarle mucha atención y continué desempacando. Al día siguiente comencé con mi trabajo atendiendo a los pacientes que venían a mi consulta. Los habitantes del pueblo eran amables y agradecidos que lo o. Lo que or me hizo sentir que había tomado la decisión correcta al aceptar aquel empleo. Sin embargo, la imagen del Venado seguía rondando en mi mente como una sombra inquietante. Esa noche, mientras me preparaba para acostarme eché un vistazo fuera de la ventana y, para mi horror, el Venado había vuelto en el mismo lugar mirándome, pero esta vez sus ojos parecían brillar con una extraña intensidad. Cerré las cortinas de golpe sintiendo un miedo que no podía explicar. La presencia inquietante del venado continuaba acechándome. En las noches siguientes su constante mirada fija desde la distancia comenzó a atormentarme. Aunque intenté convencerme de que era sólo una coincidencia, no podía evitar sentir que tenía un significado más profundo como si fuera un presagio de algo siniestro. Las siguientes noches fueron aún peores. El Venado siempre volvía al mismo lugar, no siempre a la misma hora, pero sin falta cada día estaba ahí. Cada vez que miraba por la ventana estaba más cerca. Su presencia se volvió inquietante y el sentimiento de que me observaba constantemente me atormentaba. Comencé a preguntar a los lugareños sobre el Venado, pero nadie parecía estar dispuesto a hablar de él. Mis preguntas eran recibidas con miradas evasivas y silencio. Incómodo. Empecé a sentir que algo no estaba bien en este lugar. Fue entonces, cuando las pesadillas comenzaron en ellas, el venado se acercaba más y más hasta que podía sentir su aliento frío en mi rostro. Despertaba sudando y asustado, incapaz de discernir entre la realidad y el sueño. Una noche, mientras me encontraba en medio de una de mis pesadillas, pude ver cómo el venado estaba parado al pie de mi cama. Mirándome con sus ojos vacíos, grité y me desperté de golpe, pero cuando miré hacia abajo, ahí estaba el venado ahora en mi habitación, a sólo unos metros de distancia y pensé que era un sueño. Pero el viento helado entrando por la puerta abierta, me dejó saber que era real. Paralizado por el miedo, no podía moverme y el venado avanzó lentamente hacia mí. Sus pezuñas resonaban en el suelo. Cuando estuvo a centímetros de mí, su cabeza se inclinó hacia un lado de manera inhumana y pude ver algo parecido a una sonrisa en su rostro. Luego, en un instante salió corriendo y desapareció en la oscuridad. Después de que el venado desapareció en la oscuridad, me quedé acostado en mi cama tratando de recuperar mi aliento y calmar el latido frenético de mi corazón. Aunque la experiencia había sido aterradora, traté de convencerme de que sólo había sido un sueño vívido y perturbador. Poco a poco, el miedo se fue disipando y mi mente comenzó a encontrar explicaciones racionales para lo que había sucedido. Pensé que tal vez había dejado la puerta de mi cabaña abierta. Podía recordar la sensación de cansancio que me abrumaba mientras me instalaba, y esa fatiga podría haberme llevado a cometer un descuido. Los habitantes del pueblo me habían asegurado que no necesitaba cerrar con llave, ya que era un lugar seguro y tranquilo, pero yo solía poner algunas cosas en la puerta para que, en caso de que alguien intentara abrirla, éstas cayeran y me alertaran. Mientras reflexionaba sobre esta posibilidad, la idea de que el venado había entrado en mi cabaña comenzó a aparecer cada vez más absurda. Estaba seguro de que había cerrado la puerta, aunque carecía de cerrojo. Había hecho todo lo posible para asegurarme de que estuviera bien cerrada, pero las dudas persistían. Recordé que la ventana de mi cabaña también estaba abierta en aquel momento. Aquello era una excepción en el pueblo, ya que la mayoría de las casas no tenían ventanas abiertas y los habitantes me habían explicado que era para manon tener el calor fuera y los insectos alejados. Pero ahora, mientras reflexionaba sobre lo que había sucedido, me di cuenta de que las cosas que solía poner en la puerta no habían caído al suelo. Aquello no tenía sentido. Si la puerta se hubiera abierto por el viento o por algún otro motivo, las cosas deberían haber caído alertando de inmediato. Mientras mi mente trabajaba en busca de respuestas, una idea comenzó a tomar forma. La única forma en que esas cosas no habrían caído sería si alguien o algo las hubiera sujetado desde el exterior antes de abrir la puerta. Pero aquello era imposible. Verdad, el venado que había visto no sólo tendría que estar de pie, sino que también tendría que tener manos para realizar tal tarea. La idea era absurda y aterradora a partes iguales. Decidí que tenía que haber una explicación lógica para todo esto y que mi mente cansada, había exagerado la situación. Me recordé a mí mismo que necesitaba descansar para estar en plenas facultades para mi trabajo. Al día siguiente, después de todo, había venido aquí a ejercer la medicina y a ayudar a la Comunidad, no a dejarme atormentar por pesadillas y delirios. Cerré los ojos y poco a poco me dejé llevar por el cansancio mi mente. Finalmente, se sumió en la oscuridad de la noche, en la esperanza de que el nuevo día traería respuestas y calma a mí atribulada mente al día siguiente, mientras hacía mis consultas habituales, me encontré con un hombre llamado y cal Era, un hombre de mediana edad, propietario de la única tienda del pueblo. Y cal y yo habíamos entablado una buena amistad desde mi llegada al pueblo, ya que éramos de edades similares y compartíamos muchas conversaciones agradables. Y Cala había venido a verme por un dolor de cabeza que lo aquejaba, pero mi semblante, cansado y preocupado, le llamó la atención. Me preguntó si todo estaba bien. Fue cuando decidí contarle sobre mi extraña experiencia con el venado. Mientras le narraba la historia. Podía ver que la expresión en el rostro de ical pasaba de la preocupación a la sorpresa y finalmente al entendimiento. Cuando terminé mi relato me miró con seriedad y me aseguró que aquello que experimentaba no era algo nuevo en aquel pueblo. Sus palabras me desconcertaron, ya que hasta ese momento había considerado la posibilidad de que el venado fuera un fenómeno aislado o incluso una creación de mi mente perturbada y cal Continuó explicando que a lo largo de su vida en el pueblo había escuchado historias sobre hombres que, bajo la influencia de extrañas circunstancias, tomaban la forma de animales durante la noche. Según las leyendas locales, estos individuos eran conocidos como nahuales seres con habilidades sobrenaturales que podían adoptar la apariencia de animales. Mi escepticismo se apoderó de mí de inmediato y me burlé de la idea de que el venado que me acosaba pudiera ser una entidad sobrenatural y cal no se ofendió por mis risas. Sin embargo, dijo algo que me hizo dejar de reír, y esto fue que él estaba seguro que aquel venado no se trataba de una gual. Me dijo que él ya lo había visto un par de veces y estaba seguro que se trataba de algo más maligno. Y call no proporcionó detalles adicionales sobre su encuentro con el Venado y pude ver que el tema parecía afectarle profundamente. A pesar de mi escepticismo inicial, su confianza en lo que había visto me hizo reconsiderar mis prejuicios. Decidí poner a un lado mis dudas y burlas y le propuse a car la idea de cazar al Venado juntos. Pensé que sería una manera de enfrentar no sólo mi propio problema, sino también el de mi amigo y Cal pareció sorprendido por mi propuesta pero finalmente aceptó con una mirada de determinación en sus ojos. Juntos comenzamos a planear nuestra casa al misterioso Venado que acechaba las noches del pueblo. Sabía que esta casa no sería como ninguna otra. El Venado era un enigma que desafiaba la lógica y la razón y estábamos a punto de embarcarnos en un camino que nos llevaría a lo desconocido. Mientras trazábamos nuestros planes. No podía evitar preguntarme si alguna vez encontraríamos respuestas o si nos sumiríamos aún más en las sombras misteriosas que parecían envolver a aquel remoto pueblo con la determinación de cazar al misterioso Venado y cal y yo comenzamos a prepararnos para la aventura. Comenzamos investigando las costumbres y patrones de comportamiento de los venados comunes en la región en un intento de predecir el movimiento del enigmático visitante nocturno. También consultamos a los habitantes del pueblo para recopilar cualquier información que pudiera arrojar luz sobre el venado y su presencia. Las semanas pasaron y nuestra búsqueda se convirtió en una obsesión. Salíamos de noche con linternas y nuestras armas de cacería. Sin embargo, el venado parecía escurridizo y astuto siempre justo fuera de nuestro alcance. Nos sentíamos como si estuviéramos atrapados en una pesadilla interminable. Las pesadillas también continuaron. Cada vez que cerraba los ojos, me encontraba en medio de un oscuro bosque, persiguiendo al venado que se alejaba en la distancia, sus ojos vacíos y su sonrisa inquietante eran ahora parte de mi vida diaria, acechándome tanto en la vijilla como en el sueño. Una noche ambos decidimos que saldríamos a buscarlo y no volveríamos hasta que estuviera muerto. Nos encontramos cerca de mi cabaña listos para nuestra cacería nocturna y cal llevaba consigo los rifles y ambos nos veíamos nerviosos por lo que estábamos a punto de enfrentar para aligerar el ambiente. Tenso y hice algunas bromas sobre cómo esa noche cenaríamos un jugoso venado. También mencioné que mi padre solía llevarme de cacería cuando era niño, lo que me daba cierta experiencia y habilidad con la puntería. Aparentemente, mis palabras lograron su cometido y vi un destello de sonrisa en el rostro de ical antes de emprender nuestro camino hacia el bosque. La noche estaba oscura, sólo iluminada por la tenue luz de la luna. No estaba seguro de cuánto tiempo había pasado, pero parecía que habíamos caminado durante horas. Nuestros pasos se hundían en el suelo húmedo y crujiente de hojas secas y el sonido de la noche estaba inusualmente silencioso. No había el bullicio nocturno de insectos o animales, sólo un silencio inquietante que parecía abrazarnos en un momento y cal me hizo notar lo extraño de la situación estaba en lo cierto. El silencio que nos rodeaba era desconcertante. Ambos avanzamos con más sigilo. Nuestros oídos estaban atentos a cualquier sonido que pudiera delatar al venado. El ambiente se volvió cada vez más opresivo, a medida que avanzábamos en medio de la maleza y las bromas y la conversación habían quedado atrás. Finalmente, mientras avanzábamos con cautela, vi algo moverse entre los árboles a unos metros de distancia, señalé con urgencia a ical y ambos nos quedamos quietos, mirando hacia el punto donde había visto el movimiento. El venado estaba ahí majestuoso y sereno. Sus ojos brillaban con un misterio insondable en la penumbra y cal tomó su rifle y se preparó para disparar, Pero antes de que pudiera hacerlo, un estruendo desconocido rompió el silencio de la noche. El venado, asustado por el ruido, corrió en dirección contraria. No pensamos en lo que había causado Ese estruendo sólo nos impulsó a seguir al venado a toda prisa adentrándonos aún más en el espeso bosque. La s s las mal ora se volvía cada vez más densa y el sonido de nuestros pasos resonaba en nuestros oídos. Mientras perseguíamos al venado, parecía que nunca íbamos a alcanzarlo, pero continuamos con determinación. Sin embargo, en un momento el venado salió de nuestro campo visual como si se hubiera desvanecido en el aire. Nos quedamos desorientados y asustados tratando de comprender lo que acabábamos de presenciar. Nos detuvimos en seco mirando a nuestro alrededor, pero no había rastro del venado. Habíamos perdido completamente su rastro en medio de la obscuridad del bosque. Nos sentíamos desanimados y confundidos, preguntándonos si alguna vez encontraríamos respuestas a este enigma o si el venado seguiría siendo un misterio que se desvanecería como un sueño. Al despertar la noche continuaba su reinado de silencio y nuestra búsqueda parecía haber llegado a un punto muerto. Ambos sabíamos que debíamos regresar al pueblo, pero nuestras mentes estaban llenas de preguntas sin respuesta y la sensación de que habíamos presenciado algo que iba más allá de nuestra comprensión persistía en nosotros. Mientras caminábamos, Yo escuchaba los pasos de icaal detrás de mí, aunque no estaba muy seguro de donde nos encontrábamos, ya que habíamos salido del camino habitual siguiendo al venado. Aún así tenía confianza en mi buen sentido de orientación, por lo que no estaba tan preocupado. Por eso, sin embargo, de pronto un grito ahogado me hizo detenerme en seco. Me di la vuelta rápidamente sólo para darme cuenta que Ical ya no se encontraba tras de mí Me asusté. Estaba seguro de que Ikal estaba en problemas. Grité su nombre un par de veces, pero no obtuve respuesta alguna y la preocupación se apoderó de mí. Me quedé ahí solo en medio de la oscuridad del bosque. Sin rastro de Ical sabía que no podía abandonarlo, así que comencé a retroceder por el camino que habíamos seguido. Pero mientras avanzaba, me di cuenta de que las sombras del bosque parecían moverse y los sonidos de la noche se volvieron más inquietantes. No podía evitar sentir que algo acechaba en la oscuridad. Mis pasos se volvieron más rápidos y erráticos. Mientras seguía buscando a icaal, pero el bosque parecía confabularse contra mí. Los árboles parecían cerrarse a mi alrededor y los susurros del viento se transformaron en murmullos que no podía entender. Me sentía como si estuviera atrapado en un mundo de pesadilla. Seguí gritando su nombre, pero sólo obtuve el eco del silencio del bosque como respuesta. Mi corazón latía con fuerza mientras miraba a mi alrededor en busca de algún indicio de su paradero. La oscuridad del bosque se cerraba a mi alrededor y sentía que me estaba perdiendo en medio de la maleza. Fue entonces cuando lo vi El venado estaba de pie a sólo unos metros de distancia a a aparen la tranquilo y sin mostrar signos de agresión. Sin embargo, algo en su mirada y en su presencia me hizo sentir un escalofrío en la médula espinal y revuelo en el estómago. Ni siquiera pensé en disparar. Sólo pude gritar desesperadamente el nombre de ical esperando que respondiera, pero no obtuve respuesta alguna de mi amigo. La angustia me inundó cuando me di cuenta de que estaba solo en medio de la oscuridad del bosque y las lágrimas brotaron de mis ojos. Intenté correr, pero mis piernas parecían no responderme como si estuvieran ancladas en el suelo. Entonces los sonidos comenzaron. Eran como gritos de auxilio, desgarradores y desesperados provenientes de todas direcciones del bosque. Parecían ser la voz de Icaal pidiendo ayuda, mi mente se nubló de pánico y mientras los gritos resonaban a mi alrededor, comencé a retroceder mis piernas no me permitieron avanzar mucho y r me detuve en medio del silencioso y oscuro bosque, tratando de aclarar mis pensamientos y encontrar una salida a esta pesadilla. La obscuridad era asfixiante y la maleza me envolvía como brazos fríos y húmedos. De pronto sentí cómo mi espalda chocaba con algo tibio y peludo. Volteé con horror y me encontré cara a cara con el venado. Estaba de pie erguido como un humano y me miraba fijamente. Sus ojos tenían un brillo inusual y maligno y en su rostro se insinuaba una sonrisa perversa. Pero lo que me horrorizó aún más fue cuando el Venado levantó sus brazos revelando manos humanas en lugar de pezuñas. Movió sus dedos de manera burlona, como si se estuviera riendo de mí un grito escapó de mis labios y salí corriendo tan rápido como mis piernas me lo permitieron. Mientras corría desesperado a través del bosque, los gritos de ical resonaban en mis oídos. Mi mente estaba enloqueciendo y no sabía si lo que había visto era real o una manifestación de mi miedo. El venado con sus manos humanas era una imagen que me perseguiría para siempre. A medida que avanzaba el bosque se volvía más oscuro y confuso, y pronto me di cuenta de que estaba perdido. Los árboles parecían retorcerse y moverse a mi alrededor, como si el propio bosque se burlara de mi angustia. No sabía hacia dónde ir y el miedo me abrazaba con fuerza. Finalmente llegué a un claro en el bosque me tambaleé agotado y miré a mi alrededor en busca de cualquier señal de orientación, pero lo que vi en el claro me heló la sangre y cal estaba ahí tendido en el suelo, inconsciente y herido. Su rostro estaba pálido y su ropa rasgada. Corrí hacia él temiendo lo peor, pero encontré que todavía estaba vivo. Fue difícil, pero logré salir del bosque junto con ical casi al amanecer con el corazón aún latiendo con fuerza y las lágrimas rueda en mis mejillas. Juré en ese mismo momento que me iría y nunca regresaría a ese pueblo misterioso. Pero el recuerdo de aquel venado con manos humanas permaneció en mi mente para siempre, una pesadilla que me atormentaría cada vez que cerrara los ojos y me sumiera en la oscuridad de la noche. Los acontecimientos ocurridos en aquel fin de semana, en el ochenta y cuatro. Son cosas las cuales me persiguen incluso hoy en día. Algunas veces, cuando lo recuerdo, intento poner en su lugar algún lobo o animal conocido. Sin embargo, no puedo engañarme a mí mismo Lo que vi aquel día con mi pareja Fue un ser el cual sólo he vuelto a ver en mis pesadillas desde el momento en que llegamos al bosque. Supe que esto sería un desafío. Mi pareja siempre había tenido una pasión desenfrenada por acampar en lugares remotos, a pesar de mis negativas, Si mi falta de experiencia en la naturaleza había planeado esta escapada para tratar de arreglar las cosas entre nosotros, las tensiones habían estado creciendo en nuestra relación durante meses y ambos sentíamos que necesitábamos un cambio de escenario para volver a conectar mi pareja. Creía que la naturaleza era la respuesta, así que me esforcé por mantener una mente abierta y abracé la idea de pasar un fin de semana en la naturaleza. Pero en el fondo, la idea de alejarme de la civilización me aterraba. Mi pareja. Por otro lado, era un experimentado campista quien había acampado prácticamente desde la cuna, ya que era el pasatiempo preferido de su padre, por lo que le encantaba la idea de llevarme a un lugar poco conocido. Había seleccionado un rincón remoto del bosque que estaba fuera del radar de la mayoría de los excursionistas. Era un lugar tranquilo y sereno, pero su aislamiento lo hacía aún más inquietante para alguien como yo. Mientras íbamos en camino hacia el bosque. Mi pareja me comentó que aquel lugar era famoso en la región debido a que se contaban historias sobre un buen digo. Intrigada por el término, le pregunté qué era un buen vigo y por qué el bosque estaba asociado con ese nombre. Me explicó que el buen digo era una figura de la mitología de algunas tribus nativas americanas, especialmente en el norte de América. Según las leyendas, el buen digo era una criatura espeluznante y malévola que habitaba en los bosques fríos y remotos. Era descrito como un ser humano que había sido corrompido por la avaricia y el canibalismo, convirtiéndose en una entidad vo az. El buen digo tenía una apariencia aterradora. Su piel estaba estirada hasta el punto de ser translúcida. Sus ojos eran huecos y vacíos y sus garras eran afiladas como cuchillas. Se decía que estaba siempre hambriento y que se alimentaba de carne humana. Su maldición no condenaba a un deseo insaciable de carne humana y su mera presencia traía malos augurios. Al terminar de contarme la historia, soltó una risa y dijo que eran sólo tonterías cuentos de los pueblos locales para atraer turistas. No creía en esas supersticiones y mitos antiguos, pero a medida que entramos más profundamente en el bosque, comencé a cuestionar si las historias sobre el buen digo eran tan infundadas como mi pareja decía. El primer día de nuestro campamento transcurrió sin problemas. Montamos la tienda de campaña, encendimos una fogata y compartimos historias y risas. Parecía que las cosas estaban mejorando entre nosotros y me di cuenta de que quizás esta escapada había sido la mejor decisión que hubiéramos tomado. Pasamos la tarde explorando los alrededores y disfrutando de la belleza natural del lugar. Sin embargo, a medida que avanzaba la tarde y la luz del día, se vino ante la obscuridad de la noche. Una sensación de inquietud se apoderó de mí. Mi pareja insistió en que durmiéramos al aire libre esa noche para disfrutar de las estrellas y la brisa fresca del bosque. Aunque dudé por un momento, finalmente accedí tratando de mostrar entusiasmo por esta nueva experiencia. Nos acurrucamos en nuestros sacos de dormir bajo un cielo estrellado. Las sombras del bosque parecían cobrar vida en la penumbra, pero el silencio era tan profundo que podía oír mi propia respiración. Mi pareja se quedó dormida rápidamente, pero yo seguía despierto sintiendo que algo no estaba bien. Pero finalmente el cansancio me venció en medio de la noche. Desperté con la urgencia de orinar. Salí de la tienda, tratando de ser lo más silenciosa posible para no despertar a mi pareja. Me adentré en la oscuridad deseando que la luna iluminara mi camino. Pero en lugar de alivio, lo que encontré fue algo mucho más or. Siniestro. A medida que me alejaba un olor repugnante empezó a llenar mis sentidos. Era un edor pútrido que me hizo retroceder un paso. El olor era insoportable, una mezcla nauseabunda de podredumbre y lo que parecía ser azufre. Mi garganta se apretó mientras intentaban no vomitar la obscuridad del bosque era impenetrable y sólo la luna débilmente iluminaba algunos rincones. Pero lo que más me atemorizó fueron los dos puntos brillantes que aparecieron en medio de la obscuridad. Eran ojos, o al menos eso parecían un par de ojos que parecían mirarme fijamente. Mi mente inmediatamente buscó una explicación nórgica. Tal vez era un animal, un lobo o un zorro, pero estos ojos no tenían la apariencia de los ojos de un animal común. Eran intensos, inhumanos y parecían arder con una luz sobrenatural. Un escalofrío recorrió mi espalda mientras intentaba discernir qué tipo de criatura podía tener ojos. Así, opté por no tomarle importancia, tratando de convencerme de que mi imaginación me estaba jugando una mala pasada. Podría ser un búho o algún otro animal nocturno. De todos modos, necesitaba volver a la tienda antes de que mi pareja se despertara y notara mi ausencia. Caminé de regreso rápidamente, pero el olor desagradable y los ojos seguían persiguiéndome. Cuando llegué, desperté a mi pareja y le conté lo que había experimentado. Al principio pareció sorprenderse, pero rápidamente me dijo que no me preocupara demasiado, que seguramente era sólo un animal curioso. A pesar de sus palabras tranquilizadoras, no pude dejar de sentirme incómoda. La sensación de ser observado persistía y el olor repugnante seguía en el aire. Intentó consolarme diciéndome que la mente podía jugar trucos en la oscuridad y que con el tiempo me relajaría. Inclusive mi pareja aconsejó que lo mejor sería en r entrar en la tienda. Si esto me hacía sentir más segura, cosa la cual acepté, traté de ignorar mis miedos y volví a intentar conciliar el sueño. A medida que la noche avanzaba, me quedé mirando el techo de la tienda, escuchando los sonidos nocturnos del bosque. El viento susurraba entre los árboles y los grillos. Cantaban su canción, pero de vez en cuando un ruido inusual interrumpía la armonía de la noche, eran susurros, susurros indescifrables que se mezclaban con el viento. Casi sonaban como voces distantes, pero no podía entender lo que decían. La inquietud volvió a apoderarse de mí y me di cuenta de que esta escapada estaba empezando aparecer una pesadilla. El amanecer Finalmente llegó y la noche de inquietud quedó atrás. Mi pareja y yo hablamos sobre el incidente y decidimos que, aunque inquietante, no debíamos dejar que arruinara nuestro fin de semana. Decidimos explorar el bosque durante el día y la de so disfrutar de la belleza natural que nos rodeaba. Durante el día, el bosque parecía mucho menos amenazante. Paseamos por senderos rodeados de árboles majestuosos y descubrimos pequeños arroyos y cascadas. La belleza del lugar comenzó a disipar mis temores y empecé a relajarme. La segunda noche se acercaba y mi pareja insistió en que durmiéramos al aire libre de nuevo a regañadientes. Acepté, pero esta vez mi inquietud no se disipó fácilmente. Cada crujido de una rama o susurro del viento parecía llevar consigo un misterio insondable. Mientras estábamos en la tienda, mi pareja notó mi ansiedad y me abrazó para intentar calmarme. A pesar de sus esfuerzos, no podía dejar de sentir que algo estaba mal. Los susurros, que había escuchado la noche anterior, volvieron a atormentar mi mente, aunque esta vez parecían más claros como si estuvieran más cerca. Mi pareja se quedó dormido, pero yo seguía despierta atormentada por el miedo. Escuché los susurros claramente ahora como un coro de voces susurrantes en algún idioma desconocido. Las palabras se arrastraban en mi mente ininteligibles pero perturbadoras. De repente, los susurros se transformaron en un murmullo más cercano. Algo se acercaba a nosotros, algo que no podía ver. Mi corazón latía descontroladamente mientras intentaba discernir la fuente de esos ruidos inquietantes. Sentí como si la presencia se acercara cada vez más. Fue entonces cuando vi los ojos de nuevo, los mismos ojos inhumanos y brillantes que había visto la noche anterior. Esta vez estaban más cerca y la sensación de pánico me paralizó. Los ojos me miraban fijamente como si estuvieran observándome desde las sombras. Grité y sacudía a mi pareja para despertarlo. Pero cuando abrió los ojos y miró los ojos habían desaparecido. Me conté lo que había visto, pero simplemente atribuyó mi experiencia a pesadillas sin nerviosismo. Me aseguró que estábamos a salvo y que debía calmarme. Traté de convencerme de que mi mente me estaba engañando de nuevo, pero el miedo persistía. Mi pareja finalmente logró que me relajara lo suficiente como para dormir, pero no pude evitar despertar con cada sonido extraño que escuchaba. Cuando el sol comenzó a asomarse de vuelta, la calma volvió a mí una calma que se disipó por completo cuando vi una extrañas huellas muy cerca de nosotros, por lo que inmediatamente desperté a mi pareja para que las viera. Aquello realmente lo inquietó, ya que era como si algo o alguien simplemente se hubiera quedado de pie ahí observándonos, por no sé cuánto tiempo una atención palpable colgaba en el aire. Mi pareja y yo intercambiamos miradas preocupadas y sabíamos que algo extraño estaba sucediendo en este bosque. Decidimos que era hora de empacar y reggargresar a la civilización, pero nos encontramos con un obstáculo inesperado. Cuando intentamos volver por el sendero que habíamos seguido para llegar al bosque, nos dimos cuenta de que estábamos perdidos. El bosque parecía haber cambiado durante la noche y todos los caminos se veían igual. Tratamos de utilizar una brújula y un mapa, pero nada parecía encajar. La sensación de estar atrapado se apoderó de nosotros mientras vagábamos por el bosque incapaces de encontrar una salida. Cada vez que intentábamos regresar, parecía que el bosque nos redirigía a un lugar desconocido. A medida que avanzaba el día, nuestra situación empeoraba. Los susurros en el bosque se habían vuelto más audibles como si las voces estuvieran a nuestro alrededor. Comenzamos a sentirnos observados constantemente y la sensación de que algo nos acechaba se hizo más intensa. Mi pareja y yo discutimos sobre qué hacer. A continuación es estabamos a la urs agotados, asustados y perdidos en un bosque aparentemente interminable. Nuestros intentos de encontrar una salida parecían inútiles. Fue en ese momento cuando escuchamos un sonido aterrador que heló nuestra sangre, un aullido largo y escalofriante, diferente a cualquier animal conocido. El aullido se hizo eco en el bosque. Era un aullido de dolor y lamento como si el mismo bosque llorara. Mi pareja y yo nos abrazamos con fuerza temblando de miedo mientras los aullidos continuaban. Era evidente que algo siniestro estaba acechando en las sombras, decidimos buscar refugio en una cueva, que encontramos en una colina. Era nuestra última esperanza de resguardarnos de lo que sea que nos acechaba. Entramos en la oscura caverna, encendimos una linterna y esperamos en silencio, tratando de contener el miedo que nos invadía. Las horas pasaron y los aullidos finalmente cesaron, pero los susurros con las continuaron, eran como voces atrapadas en la cueva rodeándonos. Mi pareja y yo nos miramos si su expresión de miedo y confusión reflejaba la mía. No entendíamos lo que estaba sucediendo en este lugar maldito. La noche cayó de nuevo y la cueva se convirtió en un refugio sombrío. Dormir era imposible, ya que los susurros persistían. Cuando intentamos comunicarnos con el exterior. A través de nuestros teléfonos móviles, descubrimos que seguían sin tener señal Estábamos completamente aislados. Nuestra desesperación llegó a un punto crítico. Mi pareja y yo sabíamos que debíamos hacer algo para escapar de este bosque antes de que fuera demasiado tarde. Planeamos salir de la cueva al amanecer y tratar de encontrar un camino, cualquier camino que nos llevara de regreso a la civilización. Fue una noche difícil, pero logramos superarla y estábamos listos para caminar de vuelta. No sabíamos cuánto tiempo habíamos estado perdidos en el bosque, pero la desesperación y el miedo se apoderaron de nosotros. Intentamos gritar pidiendo ayuda, pero nuestras voces se perdían en la inmensidad del bosque, nos habíamos convertido en prisioneros de la naturaleza, atrapados en un lugar que no entendíamos. Mi pareja intentó tranquilizarme diciéndome que todo estaría bien. Sólo necesitábamos orientarnos un poco mejor. Mientras intentaba hacer funcionar de nuevo la brújula, el olor nauseabundo volvió a inundar nuestras narices. Al mismo tiempo, un miedo profundo comenzó a invadirnos a ambos. Fue entonces cuando escuché un sonido aterrador detrás de mí. Instintivamente nos giramos para encontrarnos con una criatura que parecía surgida del mismísimo infierno. Esta figura era humanoide en su mayoría, pero extremadamente delgada. Parecía ser sólo piel y huesos, sin ningún rastro de grasa o carne. No tenía orejas. Si su cara estaba deformada carente de nariz lo más aterrador eran las astas que sobresalían de su cabeza, parecidas a las de un venado. La criatura, con ojos desprovistos de vida y un cuerpo retorcido estaba parada en dos patas, mirándonos con una malevolencia insondable. Su piel era pálida y translúcida y parecía que podíamos ver los huesos debajo sus dientes afilados como cuchillas. Estaban expuestos en una mueca grotesca. Mientras gruñía y se abalanzaba hacia mí. Intenté apartar a la criatura, pero a pesar de su apariencia delgada era increíblemente fuerte. Sus garras se aferraron a mi ropa y su boca estaba a punto de alcanzar mi rostro presa del pánico. Mi pareja recogió una roca del suelo y la arrojó directo a la cabeza de la criatura. El impacto fue suficiente para que se apartara y me soltara. La criatura retrocedió unos pasos, tambaleándose mientras las se emitía un gruñido desgarrador sangre oscura comenzó a fluir desde la herida en su cabeza, pero parecía no sentir dolor. Sus ojos, inyectados en odio, seguían clavados en nosotros con un esfuerzo desesperado. Mi pareja y yo aprovechamos la oportunidad para escapar y corrimos a través del bosque, ignorando los arbustos espinosos y las ramas que rasparon nuestras pieles. El bosque parecía retorcido como si tratara de mantenernos atrapados, pero finalmente logramos encontrar una salida. Llegamos al borde del bosque respirando agitadamente y nos adentramos en un claro abierto. El sol se alzaba en el horizonte disipando las sombras del bosque. Miramos hacia atrás y vimos que la criatura no había seguido persiguiéndonos. Nos adentramos más en el claro alejándonos del bosque maldito, respirábamos con alivio, pero el terror de lo que habíamos enfrentado aún nos embargaba. Decidimos no hablar de ello, como si mencionarlo pudiera traer de vuelta a la pesadilla. Finalmente, después de horas de caminata, encontramos una carretera y pudimos detener a un conductor amable que nos llevó de vuelta a la civilización. Nos mirábamos el uno al otro sin palabras, sabiendo que compartíamos una experiencia que no podíamos explicar ante el momento en que nos sentimos a salvo. El alivio fue abrumador. Sin embargo, mi alegría se vio empañada por un dolor punzante en mi mano. Miré hacia abajo y quedé horrorizada al ver que dos de mis dedos habían desaparecido. La criatura había arrancado dos de mis dedos con sus dientes afilados. Durante nuestro enfrentamiento, mi pareja también se encontraba herido con rasguños y moretones en todo su cuerpo. Nos miramos asustados y heridos y supimos que habíamos sobrevivido a una pesadilla que nunca podríamos olvidar. Sabíamos que teníamos que contar nuestra versión de la historia, que era más allá de lo que la mente podía entender. Nos llevaron a un hospital cercano donde atendieron nuestras heridas. Mientras esperábamos. Hablamos con un oficial de policía que llegó para tomar nuestro testimonio. La incredulidad en sus ojos era evidente, pero sus palabras nos llevaron a comprender que no éramos los únicos en haber enfrentado algo aterrador en aquel bosque. Había informes de desapariciones inexplicables y eventos misteriosos en la misma área que habíamos estado. Compartimos nuestra experiencia con las autoridades locales y las personas del área, pero nadie nos creyó. Nos miraron con escepticismo y nos dijeron que probablemente nos habíamos topado con algún animal salvaje en el bosque y el choc del momento nos había hecho creer en cosas que no eran reales. Nos sentimos solos, si desesperados mientras tratábamos de explicar lo inexplicable. La gente de la ciudad nos consideró locos o, en el mejor de los casos, víctimas, más de una ilusión colectiva, pero nosotros sabíamos la verdad habíamos enfrentado algo innombrable en ese bosque y habíamos regresado con cicatrices físicas y emocionales que nos recordarían para siempre que la realidad es mucho más extraña y oscura de lo que creemos. Mi pareja y yo, a pesar de que nuestra relación se había resquebrajado. Aún más después de esa experiencia traumática, encontramos consuelo el uno en el otro. Sabíamos que, aunque nadie más creyera nuestra historia, al menos teníamos a alguien con quien compartirla. Nunca volvimos a ser los mismos. Después de esa experiencia, nuestros recuerdos de esa pesadilla nos perseguirían de por vida. A veces en medio de la noche. Aún podíamos escuchar los susurros y sentir la mirada de los ojos brillantes en las sombras a lo largo de los años seguimos viviendo con el temor de que el bosque y la criatura que habíamos encontrado pudieran regresar para atormentarnos. Cada vez que veíamos sombras brillantes en la oscuridad, Nuestros corazones se aceleraban y nuestras mentes se llenaban de horror. A pesar de las explicaciones racionales y el escepticismo de quienes nos rodeaban, nunca pudimos sacarnos de la cabeza la imagen de la criatura, del bosque, sus ojos vacíos y su sed de carne humana se quedaron grabados en nuestras mentes para siempre, recordándonos que el mundo está lleno de misterios insondables que escapan a la comprensión humana. Cuando era niño, mis padres decidieron que necesitaba alejarme de la ciudad durante el verano. Pensaron que un pequeño pueblo en México, donde mis abuelos habían nacido, sería el lugar perfecto para mí. El aire fresco, la tranquilidad y la naturaleza deberían ser un buen cambio de mi acostumbrada vida de ciudad. Sin embargo, lo que encontré en ese pueblo distante se alejaba mucho de lo que había imaginado. Desde que llegué al pueblo, todo parecía normal. Los lugareños eran amigables y me acogieron con calidez. Los niños de mi edad se mostraron intrigados por mí, ya que era un niño de ciudad y pronto hice amigos. Juntos explorábamos los bosques y campos circundantes y esos primeros días se convirtieron en algunos de los más felices de mi infancia. Un día, mientras jugábamos cerca del bosque, escuchamos un sonido inusual como un eco lejano resonaba a través de los árboles intrigados. Nos dirigimos hacia el sonido y pronto llegamos a una pequeña carretera de tierra. Fue entonces cuando vimos una procesión. En esta había hombres vestidos de negro, los cuales cargaban un pequeño ataúd Se movían en silencio con expresiones sombrías en sus rostros curtidos por el sol. Nunca había visto algo así antes y estaba asombrado por la solemnidad de la escena. Mis amigos, sin embargo, para la cría decían haberse encontrado con esto antes y hablaban en susurros. Decidimos seguir la procesión. Las calles estrechas y polvorientas del pueblo nos llevaron a una pequeña iglesia de Adobe. La procesión se detuvo ahí y todos entraron en silencio, incluidos nosotros. Los niños curiosos dentro de la iglesia. La atmósfera se volvió aún más tensa. La luz del sol apenas se filtraba a través de las ventanas, lanzando sombras danzantes sobre las paredes desgastadas. En el altar. Frente a nosotros se encontraba el pequeño ataúd que habíamos estado siguiendo. Mi corazón latía con una extraña anticipación y mi curiosidad se volvía insoportable. Quería acercarme al ataúd decidido a ver al difunto. Quería saber quién era, cómo había muerto y cuántos años tenía. Pero antes de que pudiera dar más de un par de pasos, uno de mis amigos me agarró del brazo con firmeza. Me dijo que el ataúd esta do vacío casi como si hubiera leído mis pensamientos de lo que quería hacer me quedé atónito, incapaz de comprender lo que decía cómo podía estar vacío miré a mis otros amigos, quienes ahora habían bajado la mirada evitando mi mirada. No entendía lo que estaba sucediendo, pero había una sensación incómoda de que estábamos presenciando algo aterrador. Esa noche en mi cama me retorcía entre las sábanas mientras intentaba comprender lo que había sucedido. Sabía que debía descubrir la verdad detrás de ese misterio, pero también sentía un profundo temor a lo que pudiera encontrar Al día siguiente, cuando el sol apenas comenzaba a despuntar en el horizonte, fui despertado por un sonido que me heló la sangre. Golpes fuertes y persistentes resonaban en la ventana de mi habitación. Quise ignorarlos al principio, creyendo que tal vez era el viento o alguna rama golpeando el vidrio, pero los golpes se volvieron cada vez más violentos, como si algo o alguien estuviera tratando de romper el cristal y entrar. El miedo se apoderó de mí y mis latidos retumbaban en mis oídos. Me levanté de un salto de la cama y me acerqué a la ventana con cuidado, sintiendo como mi corazón latía con fuerza en mi pecho. Cuando abrí las cortinas, mis ojos se encontraron con una visión que todavía me persigue en pesadillas. Una mano peluda y grotesca se aferraba al marco de la ventana. Los dedos largos y deformes parecían garras y las uñas eran afiladas como cuchillas. Un escalofrío recorrió mi espalda mientras contemplaba horrorizado la mano, sin poder apartar la mirada antes de que pudiera reaccionar o gritar la mano. Se retiró de la ventana en un movimiento ágil y silencioso. Escuché el sonido de algo que se movía rápidamente sobre el techo de lámina de la casa de mis abuelos y el o. El o miedo me paralizó por un momento y luego pude escuchar los pasos como un arrastrar de patas mientras se alejaban por el tejado, temblando y con el corazón en la garganta, me acerqué a la habitación de mis abuelos y les conté lo que había sucedido. Mi abuelo, con su rostro curtido por los años, pareció no inmutarse y me dijo que debía de haber sido un pájaro o algún animal curioso que había golpeado la ventana. Sin embargo, su respuesta no me convenció. Aquella mano peluda y grotesca no tenía nada que ver con un pájaro. Sabía lo que había visto y algo dentro de mí me decía que no era algo normal. Esa tarde, cuando me reuní con mis amigos en el parque del pueblo, les conté lo que había sucedido. Manuel, el chico mayor del grupo, el cual de todo se había vuelto el más cercano a mí, dijo que sólo podría tratarse de una cosa, y esto era que había recibido la visita de la criatura del pueblo. Mis otros amigos asintieron solemnemente como si esto fuera algo que todos sabían, pero que rara vez se mencionaba. Me explicaron que en el pueblo la gente hablaba de una criatura misteriosa que habitaba en los bosques cercanos. Nadie sabía realmente qué era, pero se decía que era peligrosa y que sólo se dejaba ver cuando quería llevarse a alguien. Estos mencionaron la procesión del día anterior y del que aquel era el motivo por el cual el ataúd se encontraba vacío. Los funerales de las víctimas de la criatura siempre solían ser así debido a que, una vez que ésta te llevaba, nadie jamás volvería a verte. A pesar de lo que había visto aquella mañana en mi ventana, me costaba creer en la existencia de una criatura que se alimentaba de niños. Mis padres siempre me habían dicho que los monstruos y fantasmas no eran reales, que eran sólo historias inventadas para asustar a los niños. Por lo tanto, a pesar de mis vivencias mismo se interponía en el camino de la creencia, en la criatura del bosque. Atribuí los cuentos de mis amigos a simples intentos de asustarme Después de todo, éramos sólo niños y las historias de monstruos eran parte de la tradición de asustar a los más jóvenes. Acusé a mis amigos de exagerar o de inventar esas historias para hacerme temer a la criatura. Sin embargo, José, el más joven del grupo, me miró con ojos serios y entristecidos. A pesar de su corta edad, parecía haber vivido algo que lo había marcado profundamente. Me contó la historia de su hermano, tres años mayor que él, que había sido llevado por la criatura. José era sólo un niño cuando ocurrió, pero recordaba vívidamente los detalles de aquella terrible. Mañana, su voz temblaba mientras relataba cómo la criatura había aparecido de la nada, como había tomado a su hermano con una fuerza inhumana y se había elevado hacia los árboles con él en sus garras. No sabía si su hermano había luchado o gritado, pero el recuerdo de la criatura, subiendo ágilmente por los árboles, había quedado grabado en su mente de niño. Desde ese día jamás volvieron a saber de su hermano. No había rastro ninguna pista, sólo la sombra de la criatura que se lo había llevado. Me sentía atrapado en una pesadilla. Mis amigos parecían estar convencidos de la existencia de la criatura y José había compartido una experiencia que parecía auténtica. Sin embargo, seguía siendo escéptico cómo podía creer en algo tan aterrador y aparentemente irreal, incluso si la criatura existía, por qué nadie en el pueblo hacía algo al respecto? Por qué no la mataban. Mi mente, llena de arrogancia infantil, se aferraba a la idea de que, si la criatura era real y peligrosa, debía ser eliminada. Al mismo tiempo que vinieron esas preguntas a mi mente, mi imaginación de niño comenzó a recordar todos aquellos programas de cazafantasmas y niños resuelve misterios. Propuse la idea de enfrentar a la criatura con toda la valentía que un niño de once años podía reunir, sugiriendo que nosotros podíamos desafiar a la criatura y proteger al pueblo. En mi mente, la criatura no era más que un simple animal común y corriente, y mi arrogancia juvenil me llevó a creer que podíamos vencerla. Mis amigos aceptaron mi propuesta, pero sus ojos reflejaban una mezcla de miedo y resignación más que querer aceptar, parecían no querer verse cobardes ante el chico de ciudad. Estos también mencionaron que muchos habitantes del pueblo habían intentado enfrentar a la criatura antes, pero siempre escapaba era astuta y elusiva, como si supiera cuando la buscaban y se ocultaran las profundidades del bosque. Nos separamos por un tiempo para recoger algunas herramientas que creímos necesarias para nuestra vez ventura. Antes de unirnos en la entrada del bosque, recordé la pistola de balines que me habían regalado en Navidad. Era mi posesión más valiosa y, aunque no era una verdadera arma, pensé que podría servir como una forma de defensa. Sin embargo, al encontrarme con mis amigos en el umbral del bosque, noté que habían sido más realistas al respecto. Llevaban cuchillos y navajas reales. Mientras yo sólo tenía mi pistola de balines. A pesar de mis dudas, seguí adelante con ellos. La valentía que nos había embargado al principio de la aventura era palpable y estábamos decididos a enfrentar a la criatura del bosque con nuestras modestas armas. Nos adentramos en el oscuro y misterioso bosque. La densa vegetación pronto nos envolvió y la luz del sol se filtraba a duras penas a través de las copas de los árboles. Cada ruido del bosque, cada susurro del viento, parecía susurrarnos advertencias de peligro. Caminamos en silencio, siguiendo lo que creíamos serían las huellas de la criatura, Las ramas crujían bajo nuestros pies y el aire se volvía más frío y húmedo a medida que avanzábamos más profundamente en el bosque. Aunque estábamos decididos, el miedo se aferraba a nosotros como una sombra inquietante. Pasamos horas explorando el espeso bosque, pero la criatura del bosque se mantenía esquiva como si supiera que la estábamos persiguiendo. Cada ruido repentino, cada destello de movimiento en la maleza hasía que nos detuviéramos en tensión preparados para el enfrentamiento de repente. Comenzamos a escuchar ruidos entre los árboles. Algo se movía violentamente, saltando de un árbol a otro como si algo estuviera acechándonos. La adrenalina comenzó a fluir a través de nuestras venas y el miedo se apoderó de nosotros. Uno de mis amigos, en un acto de valentía impulsiva, arrojó una piedra a ns un árbol cercano. El sonido resonó a través del bosque y todo se detuvo de pronto. El miedo persistió y nuestros ojos escudriñaban la espesura del bosque en busca de cualquier señal de peligro. Fue entonces cuando escuchamos un grito ahogado detrás de nosotros. Todos nos volteamos al unísono y quedamos paralizados por lo que vimos. José, uno de nuestros amigos, estaba suspendido en el aire por el cuello, sostenido por una extraña criatura. La criatura se parecía a un mono araña, pero era mucho más grande de lo que habíamos imaginado. Tenía poco pelo y sus ojos, inyectados en sangre, brillaban con un fulgor inhumano. Colmillos afilados sobresalían de su boca y una larga cola que parecía ser su principal medio de sujeción se enrollaba alrededor del cuello de José. La criatura nos miró fijamente y una sonrisa grotesca y maliciosa se formó en sus labios. Casi parecía estar disfrutando de nuestra desesperación y miedo. José, por su parte, luchaba por respirar, mientras la criatura apretaba su garganta. El miedo nos dejó paralizados incapaces de actuar. Sin embargo, pude reunir el coraje suficiente para agarrar mi pistola de balines y disparar desesperadamente hacia la criatura. Mis manos temblaban violentamente y sólo uno de los balines dio en el blanco, impactando en el pecho de la criatura, la cual emitió un grito de dolor, pero no soltó a José. Recuerdo disparar un par de veces más, pero no logré acertar nuevamente. La criatura subió ágilmente por el árbol con José a un sujeto por el cuello, desapareciendo entre la espesura del bosque. Lo que más recuerdo, además del sonido que emitía, es el rostro de José, el cual comenzaba a ponerse azul por la falta de oxígeno. Todos nos encontrábamos enmudecidos por la tragedia que habíamos presenciado frente a la inminente trae n la media que habíamos presenciado. El silencio se apoderó de nosotros. El bosque parecía haberse vuelto más oscuro y amenazante de repente y todos éramos conscientes de la verdadera naturaleza de la criatura que habitaba en sus profundidades. Ninguno de nosotros había qué hacer. A continuación, nos sentíamos impotentes, culpables por haber subestimado la verdadera amenaza que representaba la criatura del bosque. Nuestro viaje en busca de aventura y valentía se había convertido en una pesadilla. Cada paso que dábamos en el bosque ahora estaba cargado de miedo y sospecha. Cada ruido que escuchábamos entre los árboles nos llenaba de temor y las sombras se transformaban en posibles escondites para la criatura. A pesar de nuestra valentía anterior, la presión de la situación comenzó a aplastarnos y el miedo se convirtió en una compañía constante. La pérdida de José pesaba sobre nosotros como una losa. Habíamos presenciado, como la criatura lo había tomado con una facilidad aterradora y se lo había llevado en cuestión de segundos. Sus últimas palabras ahogadas y sumidada de terror quedaron grabadas en nuestra memoria recordándonos que la criatura del bosque no era una invención de cuentos de terror, sino una realidad siniestra. Avanzamos lentamente con los cuchillos en la mano y la pistola de balines, ahora más a la mano. Aunque sabíamos que sería de poca utilidad contra la criatura. El bosque parecía estar en constante movimiento y los árboles se sacudían como si algo se moviera entre ellos. Los rayos de sol que se filtraban a través del dosel de hojas, sólo acentuaban las sombras inquietantes. El tiempo pasó con agonía. Mientras caminábamos buscando señales de José o de la criatura, nos sentíamos perdidos en el bosque sin saber a dónde ir o qué hacer. Cada rincón parecía igual al siguiente y la desesperación comenzaba a inundarnos. La tal se convirtió en noche y nos encontramos en una oscuridad aún más profunda. Las estrellas se perdieron en la densa maraña de hojas y ramas y el silencio del bosque se volvió aún más abrumador. A pesar de la obscuridad, nuestras mentes estaban alerta, alerta a cualquier movimiento, a cualquier sonido que pudiera indicar la presencia de la criatura. Nuestra búsqueda resultó infructuosa. No encontramos ninguna pista de José ni de la criatura. El bosque parecía haberse tragado todo rastro de lo que había ocurrido. Estábamos agotados, llenos de miedo y frustración y finalmente decidimos dar marcha atrás y regresar al pueblo. Mientras salíamos del bosque, el peso de la tragedia y la pérdida se cernía sobre nosotros. La idea de convertirnos en héroes se había desmoronado y ahora sólo queríamos llegar a salvo al pueblo. La criatura del bosque era una realidad indiscutible y habíamos visto su poder y malevolencia de primera mano. Regresamos al pueblo con la certeza de que la criatura del bosque era real y que era mucho más peligrosa de lo que habíamos imaginado en nuestras miradas cansadas y el silencio que cargábamos. Los demás notaron que algo había salido mal en nuestra aventura. Sin embargo, no les contamos la verdadera razón de nuestra angustia temerosos de que nadie nos creería o que simplemente nos considerarían irresponsables. Pasaron días en el pueblo sin que hubiera noticias de José. Su desaparición había causado un profundo pesar entre los habitantes, pero nadie hablaba abiertamente de la criatura del bosque. Parecía ser un tema tabú, un secreto oscuro que se ocultaba en las sombras del pueblo. Decidimos mantenernos alejados del bosque, temerosos de encontrarnos de nuevo con la criatura. El miedo y la culpa aún pesaban en nuestros corazones. Cada noche. Mientras me acurrucaba en la cama, escuchaba el aullido del los coyotes en la distancia, pero sabía que no todos esos aullidos provenían de coyotes. Había algo más, algo siniestro y amenazador oculto entre los árboles del bosque. Las noches se volvieron inquietantes y mis sueños se llenaron de pesadillas sobre la criatura del bosque. Las imágenes de sus ojos inyectados en sangre y su sonrisa maliciosa no me abandonaban. Nunca volvimos a buscar a José. Habíamos aprendido la dura lección de que enfrentara a la criatura. Era inútil, que era un enemigo mucho más poderoso de lo que habíamos imaginado. En su lugar. Vivimos con el remordimiento de no haber hecho lo suficiente para proteger a nuestro amigo. El verano llegó a su fin y mis padres vinieron a recogerme del pueblo cuando me despedí de mis amigos. Sus ojos reflejaban la misma mezcla de miedo y tristeza que había visto en José cuando me contó sobre su hermano. Sabía que nunca volveríamos a hacer los mismos. Después de esa experiencia a terra, durante años mantuve el secreto de lo que había sucedido en aquel pueblo distante. Cuando me convertí en adulto, regresé al lugar de mis abuelos, decidido a descubrir más sobre la criatura del bosque y su oscuro secreto. Pero, para mi sorpresa, el pueblo había cambiado, Las calles estaban desiertas, las casas abandonadas y el bosque parecía haberse tragado el pueblo entero. Nadie hablaba del pueblo ni de lo que había ocurrido ahí. La criatura del bosque había dejado una huella de temor y destrucción en el lugar y parecía haberse cobrado su precio. Aunque mi búsqueda no dio resultados, supe que la criatura seguía escondida en las profundidades del bosque, esperando su próxima oportunidad para acechar. Desde entonces he vivido con todo aquello en mi memoria preguntándome qué más habrá en aquellos recónditos, bosques o sitios poco urbanizados. Es probable que jamás tenga las respuestas a mis preguntas y tal vez sea mejor. Así. Mi nombre es Samuel y quiero compartir una historia que me ocurrió cuando era joven, una historia que aún me persigue en mis pesadillas y que me hace temblar cada vez que cierro los ojos para intentar dormir. Fue un día que comenzó lleno de emoción y alegría, pero que pronto se convirtió en una pesadilla que nunca olvidaré. En mis días de juventud. Tenía una pasión que me llevaba a explorar los rincones más remotos del desierto. Amaba la soledad y la libertad que encontraba en esos vastos paisajes desolados. Mi padre, antes de fallecer, me heredó un viejo jeeb un vehículo que había sido testigo de innumerables aventuras en el desierto. Por fin había logrado repararlo y estaba ansioso por ponerlo a prueba. El día prometí ser memorable. Me levanté temprano, lleno de entusiasmo y me dirigí al desierto con mi jeep recién restaurado. Las primeras horas de mi viaje fueron perfectas. El calor del desierto acariciaba mi rostro y el rugido del motor del Jeep resonaba en mis oídos como una sinfonía. Era una sensación de libertad indescriptible. Una de mis actividades favoritas en el desierto era disparar. Llevé mi vieja escopeta y algunas latas vacías para practicar mi puntería. Disparar al blanco me relajaba y me hacía sentir más conectado con la vastedad del desierto. Pasé varias horas disfrutando de este pasatiempo. Sin preocupaciones en el mundo. Sin embargo, el tiempo pasó volando y pronto me di cuenta de que necesitaba regresar antes de que la noche cayera sobre el desierto. Sabía lo peligroso que podía hacer este lugar. Cuando la obscuridad lo envolvía, guardé mi escopeta y me dispuse a regresar a casa. Fue entonces cuando todo cambió en un descuido. Tomé un camino equivocado. La emoción de disparar y la confianza en mi cono del desierto me llevaron a un sendero cada vez menos transitado. La maleza empezó a invadir el camino, pero mi terquedad me impidió dar marcha atrás. Estaba convencido de que aún sabía dónde me encontraba. A medida que avanzaba, el camino se volvía cada vez más estrecho y accidentado. Las huellas de otros vehículos desaparecieron por completo y pronto me di cuenta de que estaba completamente solo, pero mi orgullo me impedía admitir que había cometido un error. Continué conduciendo, esperando encontrar una forma de regresar al camino principal. Sin embargo, las cosas empeoraron. El terreno se volvió más arenoso y mi jeep empezó a atascarse. Intenté con todas mis fuerzas liberarlo, pero la arena se aferraba a las ruedas como un monstruo hambriento. La desesperación empezó a apoderarse de mí. Intenté llamar por teléfono para pedir ayuda, pero mi celular no tenía señal en ese lugar remoto estaba oficialmente varado en el desierto sin esperanza de escape. La realidad de la situación comenzó a hundirse en mi pecho como un puñalelado estaba solo en medio de la inmensidad del desierto y la noche se acercaba rápidamente. El sol comenzó a descender en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y morados. El desierto, que durante el día era un lugar desafiante pero hermoso, se convirtió en un escenario oscuro y aterrador. Los sonidos de la noche comenzaron a llenar el aire, el aullido lejano de los coyotes, el chirriar de los insectos y el silencio inquietante que sólo el desierto puede ofrecer. Me di cuenta de que mi única opción era pasar la noche en el jeep y esperar que alguien me encontrara al amanecer. Pero la noche en el desierto es un espectáculo que puede llenar de terror incluso al corazón más valiente. Los sonidos extraños y las sombras que se movían en la oscuridad me mantenían de despierto y aterrado. Las horas pasaron lentamente y el frío del desierto penetró en mis huesos. Cerré los ojos, pero cada vez que lo hacía, veía sombras inquietantes y escuchaba susurros en la brisa. Mi mente jugaba trucos crueles conmigo y cada sombra se convertía en una amenaza potencial. Lo que en realidad me inquietaba más en esa oscura noche en el desierto de Sonora no eran los gruñidos que había escuchado ni las sombras que se movían. No, lo que me atormentaba era la posibilidad de ser visto por pandillas o traficantes que eran bien conocidos por moverse por el desierto durante la noche. Había oído historias escalofriantes sobre encuentros con estos peligrosos individuos y sabía que la obscuridad del desierto ofrecía el escenario perfecto para sus actividades ilícitas. Intentaba conciliar el sueño con mi escopeta cerca de mí lista para la acción cada ruido y susurro del desierto, me ponía alerta y en mis ojos no dejaban de escudriñar la obscuridad en busca de cualquier señal de peligro. La tensión en el aire era palpable y mi corazón latía con fuerza en mi pecho. Fue entonces cuando los gruñidos cerca de mí comenzaron a intensificarse, sacudiendo mis nervios ya de por sí frágiles. Mi mente divagaba en busca de explicaciones racionales, pero la verdad era que me sentía indefenso en medio de la oscuridad. Cada vez que intentaba conciliar el sueño, los gruñidos se hacían más persistentes como si algo estuviera acechando en las sombras. La obscuridad del desierto parecía cerrarse a mi alrededor y el silencio inquietante se rompía sólo por los gruñidos y los susurros de lo que me gustaba pensar eran animales. No sabía si estaba siendo observado por pandillas o si había algo mucho más aterrador Acechando en las sombras, mis pensamientos se volvían cada vez más paranoicos y la soledad del desierto se convertía en mi peor enemigo. Los gruñidos se intensificaron hasta convertirse en aullidos, como si una manada de criaturas hambrientas se estuviera acercando. Sudaba mucho y mi mente estaba llena de imágenes aterradoras. Me preguntaba si alguna vez vería la luz del día nuevamente o si me convertiría en una víctima más de este inhóspito lugar. Finalmente, el cansancio me venció y me sumí en un sueño inquieto, pero fue un sueño breve, interrumpido por un estruendo ensordecedor en el cofre del Jeeb. Me desperté de golpe con el corazón latiendo con fuerza y traté de ajustar mis ojos a la oscuridad, lo que vi a continuación, me hizo sentir un escalofrío recorrer mi espalda. En un primer instante pensé que era un gato debido a los ojos brillantes que parecían mirarme, pero pronto me di cuenta de que no tenía pelo y su forma era extraña y distorsionada. La sorpresa de ser despertado por esta criatura me hizo soltar un grito y rápidamente alcancé mi escopeta que da que tenía a mi lado. Sin embargo, cuando volví a mirar hacia el cofre del Jeep, la criatura había desaparecido. Mi mente luchaba por comprender lo que había visto. Era una ilusión causada por el cansancio y el miedo. Me volví a mirar a mi alrededor, pero no había rastro de nada. La única compañía que tenía era el silencio inquietante del desierto. Pasé el resto de la noche en vela con la escopeta en la mano temeroso de lo que podría acechar en la oscuridad. Cuando finalmente los primeros rayos del sol comenzaron a asomarse en el horizonte, decidí que era hora de intentar desatascar el chipo una vez más y encontrar el camino de regreso. Sin embargo, todos mis esfuerzos resultaron en vano. La arena seguía siendo implacable y el JIEP estaba firmemente atrapado. Miré mi celular y, para mi consternación, aún no tenía señal. Mi única opción era caminar en busca del camino correcto y esperar encontrar a alguien que pudiera ayudarme. Afortunadamente, contaba con agua suficiente y un poco de comida para poder sobrellevar un poco aquella desafortunada situación. Además, contaba con mi escopeta, la cual me ofrecía cierta sensación de seguridad. Mi mente estaba llena de pensamientos optimistas. Mientras comenzaba a caminar, estaba seguro de que encontraría el camino de regreso y que todo estaría bien. El sol se alzaba en el cielo, desplegando sus rayos ardientes sobre el desierto y el calor. Se volvía sofocante. Cada paso era un esfuerzo y el paisaje inmutable del desierto parecía burlarse de mi desesperación. A medida que avanzaba la soledad del desierto me envolvía y los gruñidos y susurros de la noche seguían resonando en mis oídos. El tiempo pasó lentamente y la sed y el cansancio comenzaron a hacer estragos en mi cuerpo. Miré mi reloj y me di cuenta de que había estado caminando durante horas sin ella encontrar ningún rastro del camino principal. Mis esperanzas empezaron a desvanecerse. Mi única compañía en ese desierto implacable era el silencio y la interminable extensión de arena. Cada mirada en la distancia me hacía pensar que había avistado a alguien que podría ayudarme, pero siempre resultaba ser una ilusión. La realidad de mi situación comenzó a pesar sobre mí y la desesperación se apoderó de mi corazón. Continué caminando con la escopeta aún en la mano preparado para enfrentar cualquier amenaza que pudiera aparecer en mi camino. La noche caía una vez más sobre el desierto y el miedo volvía a envolverme. La luna iluminaba el paisaje, pero también arrojaba sombras inquietantes. Mis pasos resonaban en la arena. Mientras la luna se alzaba en lo alto del cielo despejado. Cada vez que giraba la cabeza, las sombras parecían moverse, creando ilusiones siniestras en mi mente exhausta, no sabía si mis sentidos s me engañaban o si había algo real y aterrador acechando en la oscuridad del desierto. Las horas pasaron y la fatiga me hacía tambalear. Mientras seguía mi marcha solitaria. Los susurros de la brisa nocturna se transformaron en suspiros amenazantes y en mi mente, cada sombra se convertía en una figura grotesca que se acercaba sigilosamente. Mi única compañía era el eco de mis propios pasos y los latidos acelerados de mi corazón. El hambre y la sed se hicieron más intensos con cada paso que daba. Mis labios resecos se agrietaban y el calor del día dejaba paso a un frío penetrante. En la noche, a pesar de mi desesperación, seguía buscando señales de vida o el camino de regreso, pero el desierto parecía infinito y desolado. Mi historia en el desierto de Sonora estaba lejos de haber terminado y no sabía lo que el destino tenía reservado para mí. El desierto. Una vez, mi lugar de libertad y aventura se había convertido en mi prisión y mientras avanzaba en la oscuridad con el corazón lleno de temor, me preguntaba si alguna vez volvería a mi hogar el cansancio. Finalmente me venció. No podía creer cuanto me había alejado del camino principal, decidí parar un momento para reponer fuerzas. Mi cuerpo estaba exhausto y mis piernas temblaban de agotamiento. Me senté en la arena exhausto y desesperado. Comí un poco de la escasa comida que me quedaba tratando de reunir fuerzas para lo que vendría. Intentaba ser optimista y convencerme a mí mismo de que al día siguiente encontraría ayuda y finalmente saldría del desierto. Pero mis esperanzas se veían empañadas por la incertidumbre que me rodeaba. Cuando el cansancio comenzó a hacer efecto en mi sueño, me sumí en un sueño inquieto entre sueños. Sentí como si algo estuviera moviendo mi pie. Incluso me permití reír un poco pensando que estaba en casa y que mi perro era el responsable de mover mi pie como como su solía hacer, pero pronto la realidad me golpeó con brutalidad. Me di cuenta de que estaba en medio del desierto. Lejos de la comodidad de mi hogar, abrí los ojos de golpe y miré hacia abajo. Lo que vi me heló la sangre en las venas, una criatura horrible, la cual jamás había visto o sabido de ella antes. Estaba mordiendo con insistencia mi bota tratando de llegar a mi pie. Era una criatura espantosa. El animal tenía orejas grandes y puntiagudas y su piel era tan flaca que se le notaban las vértebras en su espalda. Su pelo era escaso. Sólo cubrí algunas partes de su cuerpo, dejando al descubierto su piel enfermiza y llena de cicatrices. Pero lo más espantoso eran sus ojos grandes y negros. Como la noche que parecían absorber la luz a su alrededor. El miedo se apoderó de mí y un grito desgarrador escapó de mis labios. Intenté apartar mi pierna, pero la criatura seguía aferrando a mi bota con una fuerza increíble. Traté de alcanzar mi escopeta que estaba a mi lado, pero antes de que pudiera hacerlo, la criatura se abalanzó sobre mi brazo. Sus dientes eran filosos y cortaban mi piel con facilidad. El dolor que sentí fue indescriptible. Grité y forcejé tratando de liberarme de su feroz ataque con un instinto desesperado alcancé mi escopeta que descansaba junto a mí. Mi mano temblaba mientras apuntaba hacia la criatura, pero el disparo resonó en el silencio de la noche. Fallé mi objetivo, pero el estruendo fue suficiente para hacerle saber a la criatura que no estaba desprotegido. La criatura retrocedió unos pasos. Sus ojos negros destellaban con una mezcla de rabia y sorpresa. Aproveché ese momento para levantarme con el brazo herido y sangrante y alejarme de ella. No podía entender lo que había enfrentado. Nunca había visto un ser tan grotesco y despiadado en mi vida. La sangre brotaba de las mordeduras en mi brazo y el dolor era agonizante. Me di cuenta de que necesitaba atención médica con urgencia, pero estaba atrapado en medio del desierto, sin señal de celular y sin mi jeep La realidad de mi situación era devastadora. La noche continuó su avance implacable y yo me sentía mucho más expuesto y vulnerable que antes. Mi escopeta era mi única defensa, pero no sabía cuándo si volvería a enfrentar a esa criatura. La idea de otra noche en el desierto herido y solo era aterradora, mis pensamientos se volvieron oscuros y pesimistas. No podía evitar preguntarme si sobreviviría a esta pesadilla en el desierto de Sonora. Cada susurro del viento, cada sombra en la distancia me hacía saltar de miedo y mientras la noche avanzaba, me preparé para enfrentar lo que fuera necesario para sobrevivir en ese lugar despiadado. La luz del amanecer se filtraba a través del horizonte y y me vi forzado a enfrentar las heridas en mi brazo. A plena luz del día, rompí partes de mi camisa para improvisar una venda que ayudara a detener el sangrado. Mis heridas lucían peor de lo que me había imaginado en la oscuridad de la noche. Pero lo que más me preocupaba era la saliva de la criatura que las había causado una sustancia verde y viscosa que parecía estar impidiendo que mis heridas cicatrizaran adecuadamente. A pesar del dolor y la debilidad, decidí seguir caminando. Apenas salieron los primeros rayos del sol. Mis pensamientos oscuros no me abandonaban y ahora me sentía menos optimista respecto a encontrar ayuda a tiempo. Aún así no podía permitirme pasar otra noche en el desierto, mucho menos toparme de nuevo con esa aterradora criatura. La deshidratación comenzaba a hacer estragos en mi cuerpo. Durante la pelea con la criatura la noche anterior había perdido casi toda mi agua en mi estado desesperado. En un par de ocasiones creí ver personas en vehículos que se desvanecían frente a mis ojos. Aquellas eran ilusiones causadas por la falta de hidratación y el agotamiento. El sol se alzaba en el cielo, castigando el desierto con su calor abrasador. Mis pasos eran lentos y torpes, y el dolor en mi brazo herido se intensificaba con cada movimiento. Fue entonces cuando, casi como un regalo del destino, me encontré con un nopal que tenía algunas tunas. Agradecía cualquier fuerza que estuviera escuchando y comencé a comer con desesperación. Ni siquiera me importó dejar mi escopeta en el suelo. Estaba tan desesperado por la hidratación y la comida que no podía concentrarme en otra cosa. Devoré las tunas con ansias, sintiendo como el jugo dulce y refrescante revitalizaba mi cuerpo. Fue un momento de alivio en medio de la desesperación, pero mi alivio fue efímero de la nada. La criatura emergió de entre la maleza del desierto y san saltó directamente hacia mi rostro. Su gruñido era espantoso y su apariencia a plena luz del día era aún más horrenda de lo que recordaba. Su piel grisácea y su aspecto de rata la hacían parecer una aberración de la naturaleza. Forcejé con todas mis fuerzas mientras la criatura rasgaba mi cara, causando una herida profunda en mi ojo, pero la adrenalina me permitió resistir el dolor en ese momento. Finalmente logré alcanzar mi navaja, que había caído durante el forcejeo y la enterré en la criatura varias veces. La bestia Finalmente me soltó y quise tomar mi escopeta para dispararle, pero para mi horror, ya no estaba por ningún lado. Mientras la buscaba frenéticamente, vi a la distancia un automóvil que se acercaba. Al principio. Pensé que era una ilusión producto de mi deshidratación o que tal vez había muerto y todo era parte de un sueño. Sin embargo, el vehículo se aproximó y de él salió una familia completa que se preparaba para un día de excursión en el desierto. Ellos me ayudaron y aunque traté de contarles lo que había sucedido con la criatura, nadie me creyó. Atribuyeron todos las alucinaciones provocadas por la deshidratación y el estrés. Aún así, estaban preocupados por mi estado y me ofrecieron agua y comida. La herida en mi brazo era grave y necesitaba atención médica de inmediato. Finalmente me llevaron al hospital más cercano, donde me trataron y me curaron las heridas. Aunque me recuperé físicamente el recuerdo de esa criatura y la sensación de terror que experimenté en el desierto de Sonora, nunca me abandonaron ni nadie más parece creer en mi historia, pero yo estoy convencido de que lo que vi y enfrente esa noche era real, una pesadilla que ningún ser humano debería vivir. Desde entonces he evitado el desierto y he aprendido a valorar la seguridad de la civilización como nunca antes. El misterio de ese esa criatura sigue sin resolverse y quizás sea mejor así. Relatos escritos y adaptados por Aurora escalante