Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / Jugamos A La Ouija Y Un Demonio Se Apoderó De Mi Perro Historias De Terror - Voces De La Noche
Transcript
- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más comenzamos. Creo todo el mundo ha deseado alguna vez volver en el tiempo para evitar cometer algún error de su vida. El mío es, cuando era sólo un adolescente, Mis padres habían planeado un fin de semana fuera de la ciudad para asistir a la boda de uno de mis tíos. Era una oportunidad perfecta para hacer la fiesta de Halloween que todos mis amigos deseaban a los catorce años. Yo era el chico popular al que todos querían imitar y organizar una fiesta de Halloween. Sería la manera perfecta de mantener esa imagen. Pasé días preparando todo decoraciones espeluznantes, juegos y un montón de golosinas para mis amigos. La noche prometía hacer o inolvidable. Con el espíritu de Halloween en su apogeo y la inexperiencia típica de la adolescencia. La fiesta se fue desarrollando con éxito. La música retumbaba en la casa, las risas llenaban el aire y los disfraces se volvían más elaborados. A medida que avanzaba la noche y a medida que el reloj avanzaba, la atmósfera se volvía cada vez más cargada de emoción. La oscuridad de la noche se mezclaba con el brillo de las velas y las luces parpadeantes que adornaban la casa. El tiempo parecía desvanecerse mientras disfrutábamos de la diversión típica de Halloween, contar historias de terror, trucos y bromas y competencias para ver quién podía comer la mayor cantidad de caramelos en un minuto, la casa estaba llena de risas y gritos de emoción. Todo marchaba a la perfección hasta que alguien sugirió que jugáramos a la huija. La idea de jugar a la hija fue recibida con entusiasmo por todos y aunque nadie querer ser el primero en probarlo, los ánimos estaban altos y las bromas y risas se multiplicaban mientras discutíamos quién sería el valiente que intentaría comunicarse con él más allá. Finalmente, la presión social me llevó a aceptar el desafío. Me senté frente al tablero de hija. Mi corazón latía con fuerza en mi pecho. Miré el puntero con ansiedad, sintiendo que estaba a punto de cruzar una línea que no debería cruzar casi como un susurro. Saludé a cualquier posible entidad que pudiera estar escuchando y toqué el puntero. Mis amigos me miraban con una mezcla de incredulidad y anticipación. Para mi sorpresa, el puntero comenzó a moverse lentamente. Un escalofrío recorrió mi espalda y una sensación extraña se apoderó de mí. Durante unos minutos. El silencio dominó la habitación. Mientras todos observábamos el movimiento del puntero con fascinación era como si algo estuviera tratando de comunicarse con nosotros. La tensión en la habitación era palpable. La idea de que estábamos en contacto con el más allá era aterradora y emocionante. Al mismo tiempo, todos comenzaron a sugerir preguntas y el puntero respondía de manera misteriosa y enigmática. Nadie sabía si alguien estaba manipulándolo o si realmente estábamos teniendo una experiencia paranormal. Preguntamos por nombres, fechas y detalles personales. Las respuestas se volvían cada vez más inquietantes. Finalmente, alguien preguntó quién eres el puntero se movió hacia las letras y deletreó un simple un amigo. El silencio que siguió fue espeluznante. Por alguna razón. Aquella respuesta había movido algo en todos nosotros. Nadie sabía cómo reaccionar. Algunos de mis amigos rieron nerviosamente, mientras que otros miraban a su alrededor con ojos asustados. La atmósfera había cambiado de manera drástica y una sensación de inquietud se apoderó de todos nosotros. Las palabras un amigo seguía resonando en mi mente, cuando, de repente, las luces comenzaron a parpadear risas nerviosas recorrieron la habitación y algunos de mis amigos comenzaron a burlarse diciendo que era sólo una broma de Halloween, pero yo sabía que no lo era. Sabía que algo extraño estaba ocurriendo. Las risas nerviosas pronto se convirtieron en reclamos de que la broma ya no era graciosa. El ambiente se volvió tenso y cargado de ansiedad. La incertidumbre se apoderó de todos nosotros. Las luces parpadeaban de manera errática y las sombras se alargaban en la habitación, creando una sensación de inquietud. De repente, las luces se apagaron por completo. Gritos y exclamaciones de sorpresa llenaron la habitación. La oscuridad era abrumadora y el silencio que siguió fue aún más aterrador. Nadie sabía que estaba pasando. Yo, en particular, n sentí un nudo en el estómago. Sabía que no había ninguna broma preparada para esta situación. Acaricié mi perro Duke, un labrador color café de carácter noble, pero un tanto cobarde. Duque había estado nervioso desde que comenzamos a jugar a la hija y no me sorprendió que buscara refugio conmigo en la oscuridad. Su pelaje suave bajo mis manos me servía de consuelo y de alguna manera me ayudaba a tranquilizarme. Pero la atmósfera se volvía cada vez más inquietante. La temperatura descendió drásticamente y el frío calaba hasta los huesos. Duk comenzó a temblar y sus llantos llenaron la habitación. El ambiente se volvió más pesado y algunas chicas comenzaron a llorar. Nadie sabía cómo enfrentar esta situación aterradora de pronto sentía de desmayarse bajo mis manos. Fue un momento espeluznante. En ese momento las luces se encendieron de nuevo y la temperatura comenzó a subir. Todos estaban consternados s y preocupados por Duke. Al Mirar a mi alrededor, noté que todos los invitados parecían aliviados de que la luz hubiera regresado y que la temperatura volviera a ser normal. Pero algo estaba claro. Nadie quería quedarse más tiempo en esa casa. Mis amigos comenzaron a preocuparse por Duke, quien había recobrado misteriosamente rápido la conciencia y parecía estar en perfecto estado de salud. Finalmente, los invitados decidieron que habían tenido suficiente y que la fiesta debía terminar. Todos se despidieron con la promesa de que esa noche había sido inolvidable, pero yo sabía que la verdadera razón de su prisa por irse era el miedo que habíamos experimentado momentos antes. Cuando finalmente estuve solo en casa, reflexioné sobre lo que había sucedido. La noche de Halloween, que debía ser una simple fiesta, se convirtió en una pesadilla. No podía explicar lo que había ocurrido con Duki porque su presencia había sido tan inquietante. El silencio que siguió a la partida de mis amigos había sido espeluznante. Quedarme solo en la inmensidad de mi hogar, que minutos antes estaba lleno de risas y alegría, me hacía sentir una profunda inquietud. La obscuridad se había instalado en cada rincón y los recuerdos de la experiencia con la hija seguían frescos en mi mente, sólo los pensamientos inundaban mi cabeza mientras me enfrentaba a una noche inquietante, intenté distraerme limpiando el desorden que la fiesta había dejado. Recogí vasos, platos y decoraciones, tratando de mantener mi mente ocupada. El acto de limpiar parecía estar funcionando en un principio, pero a medida que avanzaba la sensación de inquietud volvía a apoderarse de mí. Fue entonces cuando noté que Duque mi leal labrador se estaba comportando de manera extraña desde que todos se habían ido, había permanecido inmóvil bajo una mesa sin apartar la m ora De mí. Era extraño, ya que Dux siempre quería estar lo más cerca posible de cualquier persona que se encontrara en casa. Supuse que tal vez se sentía un poco mal por lo que había sucedido momentos antes, pero decidí no darle demasiada importancia en ese momento, mientras continuaba limpiando. Noté que el comportamiento de Dux se volvía aún más extraño. Empezó a gruñir suavemente como si estuviera inquieto por algo que sólo él podía percibir. Su mirada se volvió fija en un rincón oscuro de la sala y sus orejas se enderezaron como si estuviera alerta ante una presencia invisible. El nerviosismo de Davek comenzó a contagiarme y mi atención se dirigió hacia el rincón que capturaba su mirada intensa. Ahí en la penumbra, noté una extraña figura que parecía moverse de manera sutil era como una sombra que tomaba forma poco a poco. Sin embargo, de un momento a otro, ésta se desvaneció para para aquel momento me encontraba casi temblando. Sin embargo, comencé a decirme a mí mismo que me estaba sugestionando y que sólo debía de dejar de pensar en ello, por lo que seguí limpiando. Terminé de limpiar cerca de las cuatro de la mañana. Estaba exhausto y algo sucio, así que decidí darme una ducha antes de ir a la cama. Cuando empecé a subir las escaleras, escuché las uñas de duke contra el suelo, lo que me indicaba que me seguía. Era un comportamiento bastante común, por lo que ni siquiera me giré para mirarlo. Pero a medida que avanzaba por el pasillo hacia el baño, comencé a sentir una sensación incómoda. Era como si algo estuviera acechando en las sombras. Sin embargo, al girar la cabeza no vi nada más que a mi fiel amigo de pie en el pasillo mirándome fijamente mientras me encontraba en la ducha y me aplicaba champú. Creí escuchar ruidos y reconocibles. Abrí los ojos de inmediato, provocando que el jabón me entrara en ellos mientras intentaba limpiarlos. El sonido volvió, pero esta vez era más claro. Eran murmullos, los cuales se intercalaban en momentos con extrañas risas y parecían provenir del pasillo justo fuera del baño. Mi corazón comenzó a latir con fuerza mientras escuchaba los murmullos, que parecían susurrar palabras ininteligibles. La ducha seguía corriendo y el vapor llenaba el baño. Me quedé paralizado con el champú aún en mi cara, tratando de discernir con exactitud de donde venían esos murmullos. Decidí apagar la ducha y escuchar con atención. Los murmullos continuaron y mi corazón seguía latiendo con fuerza en mi pecho. Salí de la ducha envuelto en una toalla y decidí enfrentar lo que estaba sucediendo. Abrí la puerta del baño con precaución y me asomé al pasillo oscuro, pero lo único que vi afuera fue a Duquel, cual parecía estar un poco nervioso. Mientras miraba al interior del baño, traté de tranquilizar a mi perro, acariciándole la cabeza y murmurándole palabras de consuelo, pero él seguía mirando hacia adelante como si viera algo que yo no podía. La sensación de que algo estaba acechando en la oscuridad me hizo estremecer. A pesar de mis intentos de mantener la calma, el miedo seguía aumentando. Decidí encender las luces del pasillo, pero cuando lo hice no había nada inusual a la vista. Respiré profundamente tratando de calmarme, pero Dux seguía nervioso y asustado. El murmullo había cesado, pero la sensación de inquietud persistía con duque. A mi lado me dirigí a mi habitación y cerré la puerta con llave. La seguridad de mi habitación me hizo sentir un poco más tranquilo, pero el miedo seguía rondando en mi mente y me acosté en la cama, pero no podía conciliar el sueño. El recuerdo de lo que había sucedido con mis amigos y después de que se fueron, aún me atormentaba en la seguridad de mi habitación, con las luces encendidas y deucami lado seguía sin poder conciliar el sueño. El miedo me mantenía alerta y la inquietante experiencia me perseguía reflexioné sobre lo que había sucedido. A pesar de querer encontrar una explicación lógica a todo algo dentro de mí, no podía ignorar la idea de que algo oscuro se encontraba en mi hogar. El miedo había logrado atormentarme durante mucho tiempo, pero el cansancio finalmente me venció. Me sumí en un sueño intranquilo, pero no duré mucho tiempo. Dormido. Aproximadamente una hora después, un frío inusual me hizo despertar sobresaltado. Miré a mis pies y noté que Duke no estaba ahí conmigo. Eso era extraño, ya que mi perro solía dormir a mis pies todas las noches. Pero lo que realmente me alarmó fue el hecho de que la puerta de mi habitación estaba abierta y las luces estaban apagadas, a pesar de que recordaba haberla cerrado con llave y encendido las luces antes de costar. Llamé a Duke por su nombre al menos tres veces, pero no recibí respuesta y Eso era aún más extraño, ya que Dux siempre corría hacia cualquiera que lo llamara. Mi inquietud creció. Decidí levantarme de la cama y buscar a mi perro. Intenté encender la luz de mi habitación, pero no funcionó. Tomé mi teléfono y encendí la linterna. El miedo se mezclaba con la determinación, ya que el amor que sentía por Doug superaba cualquier temor que pudiera experimentar. Mientras bajaba las escaleras, seguía llamando a Dug, pero la temperatura seguía disminuyendo. Pronto mi respiración se convirtió en vapor visible en el frío ambiente. Mis pasos resonaban en la casa vacía mientras continuaba buscando a mi perro. Revisé casi todas las habitaciones, pero seguía sin aparecer y sólo me quedaba la cocina. Me dispuse a entrar a la cocina con el corazón latiendo con fuerza en mi pecho y estaba decidido a encontrar a Duki y asegurarme de que estuviera bien. Al estar sólo a unos escasos metros de la cocina, escuché un ruido proveniente de su interior y nuevamente lo llamé, pero esta vez recibiendo una respuesta, pero no la que esperaba, escuché un llanto lastimero por parte de mi perro, lo que me hizo creer que estaba herido. Pensé que tal vez uno de mis invitados había roto algo en la cocina y sin darme cuenta Duque había resultado herido, me apresuré a entrar a la cocina y lo que vi a continuación fue tan aterrador que mi mente aún no puede procesarlo del todo. Duque estaba de espaldas a mí y su llanto lastimero comenzó a transformarse gradualmente en una risa siniestra y extraña la misma risa que había escuchado en el baño. Apenas unas horas atrás, el horror me invadió por completo. No podía entender lo que estaba viendo. Dux seguía de espaldas a mí, pero su cabeza comenzó a girar en un ángulo imposible para cualquier ser vicio. Era una imagen retorcida y aterradora. La risa siniestra de mi perro llenó la cocina y sentí que mi cordura se desmoronaba. Siguió girando su cabeza, sonriéndome de manera perturbadora. Su mirada estaba llena de malicia y finalmente me habló con una voz, la cual bien podría haber salido del mismo infierno viniste a ayudarme. Aquella voz era aterradora y demoníaca. La pregunta era inquietante y mi mente no podía procesar lo que estaba sucediendo, por lo que me vi obligado a salir corriendo de la casa mientras la risa siniestra de dug me perseguía en mi mente. Salí corriendo de la casa con el terror recorriendo cada fibra de mi ser La imagen retorcida de Duki y su voz siniestra se habían grabado en mi mente de una manera que nunca podría olvidar. No sabía a dónde ir, pero necesitaba escapar de esa pesadilla que se había apoderado de mi hogar. Mientras corría por la oscuridad de la noche tratando de alejarme de la casa, el miedo me hacía sentir que algo siniestro me perseguía. Mis pensamientos eran un caos y no podía entender lo que había sucedido. Me cuestionaba cómo era posible que dugmilia al labrador se hubiera convertido en algo tan espeluznante cada paso que daba. Parecía alejarme un poco más de esa pesadilla pero no podía sacarme. La imagen de la cabeza seguí corriendo hasta que mis pulmones quemaron y mis piernas casi no respondieron. Corrí lejos de mi hogar, con el miedo y el desconcierto dominando mis pensamientos. No sabía qué había sucedido esa noche, pero sabía que había experimentado algo aterrador y sobrenatural. La casa que una vez fue mi refugio se había convertido en un lugar de pesadilla y de mi querido perro se había transformado en algo que no podía comprender. El miedo y el misterio seguían persiguiéndome y la inquietante imagen de Duk girando su cabeza y hablándome con una voz infernal. Nunca abandonaría mis pesadillas. La noche de Halloween, que debía ser una simple fiesta, se había convertido en una pesadilla que me atormentaría de por vida. No tuve el valor para volver a entrar en mi casa después de lo que había presenciado. Lo máximo que pude hacer es quedarme cerca. Me quedé en la acera temblando de miedo mientras esperaba a que mis padres regresaran. Las horas pasaron lentamente y el sol comenzó a elevarse en el cielo. Cada minuto que pasaba afuera aumentaba mi ansiedad, pero no podía enfrentar la idea de regresar dentro de la casa y volver a toparme con ese demonio en forma de mi perro. Finalmente, casi a medio día, mis padres llegaron a casa. Su confusión al verme afuera sólo era evidente. Apenas pude articular las palabras para contarles lo que había sucedido. Mi voz temblaba mientras les explicaba que algo extraño había ocurrido en la casa y con Duki que temía volver a entrar mis padres intercambiaron miradas preocupadas y, a pesar de mis advertencias, decidieron entrar a la casa. Me vi obligado a seguirlos sintiendo un nudo en el estómago mientras nos dirigíamos hacia lo desconocido. La casa, que una vez fue un lugar de seguridad y comodidad, ahora se había convertido en un laberinto de misterio y terror. Al entrar, noté de inmediato que Dug no se encontraba por ningún lado. Mi perro había desaparecido, y eso sólo aumentó mi ansiedad. Mi corazón latía con fuerza en mi pecho mientras recorríamos la casa en busca de cualquier señal de lo que había sucedido, pero no había rastro en ninguna parte. Nadie jamás volvió a saber de Duke. Su desaparición sigue siendo un misterio sin resolver y el recuerdo de su risa siniestra y su mirada maliciosa sigue atormentando Desde aquel día. No me siento seguro junto a los animales y mucho menos los perros. El miedo que experimenté en esa noche de Halloween y la inexplicable desaparición de mi perro han dejado cicatrices en mi mente que nunca sanarán por completo. La noche de Halloween, que debía ser una simple fiesta, se convirtió en una pesadilla que me atormentaría de por vida. No haya escapatoria de las sombras que parecen acecharme en cada rincón oscuro de mi vida. Yo quién en un momento había sido mi fiel compañero, ahora sólo era parte del misterio y el terror que rodearon esa noche y el miedo a lo desconocido sigue siendo mi compañero constante. Relato escrito y adaptado por Aurora Escalante