Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / El Alma Errante De La Rumorosa Historias De Terror - Voces De La Noche
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- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más comenzamos. Existen muchas historias que giran en torno a carreteras, puentes y zonas donde ocurren muchos sucesos difíciles de creer por su naturaleza fantástica y el aura de misterio que las orbita. En el norte del país, colindando con la California de los Estados Unidos y la Baja California mexicana, existe una ruta perteneciente a la localidad de la Rumorosa, la cual, con el paso del tiempo, se ha vuelto una zona turística por el sitio arqueológico protegido por el Instituto Nacional de Antropología e Historia Elina. Debido a los descubrimientos de pinturas rupestres, entre las que se encuentran el diablito y el hombre en rai sar Durante muchos años, probablemente desde mucho antes de que se trazara aquella ruta, se han contado diversas historias. La muerte ha rondado esta zona y la sangre muy seguramente ha nutrido el suelo que hoy se encuentra cubierto por el asfalto y el concreto. También las desapariciones han sido una constante a lo largo de la historia. Los accidentes también son frecuentes y con ellos se ciñe una tristeza incontable sobre el camino. Hace mucho tiempo, nadie sabe exactamente cuando sucedió el penoso caso de don Esteban, un trailero con rumbo a Mexicali para conocer a su hijo recién nacido, quien pasó a protagonizar algunas de las historias más escalofriantes que se cuentan sobre aquella ruta. Esteban era un conductor experimentado. Había recorrido la mayoría de las rutas del norte y centro del país. Desde muy joven había aprendido a manejar. No se sabe con precisión en donde nació, pero solía contar que beo de un pueblo muy pobre, donde no había nada de que echar mano, por lo que alguna vez contó entre sus compañeros y amistades de oficio. Su padre era una figura muy ausente. Dedicaba su día a beber en una cantina local en donde se gastaba el poco dinero que ganaba como ayudante de un mecánico de la zona que era amigo suyo. No contento con no estar al pendiente. Solía maltratar a su madre y a sus hermanos, quienes vivían aterrados por el temor que influía su padre. Para ellos. No asistió a la escuela, al menos no lo suficiente. Para terminar la primaria, ya que para su padre no tenía ningún valor ir a perder el tiempo para aprender, a leer y escribir, ya que para él, antes de aprender a sujetar un lápiz, debía aprender a tomar una herramienta que si le dejara dinero y provecho. A pesar de aquellas ideas de su progenitor, su madre insistió en que, al menos fuera a la primaria, el tiempo suficiente para que aprendiera lo básico leer, escribir y hacer sumas y restas. En palabras de don Esteban era muy cabeza dura, ya que no le prestaba mucha atención a la maestra que impartía desde Kínder hasta Secundaria. En el mismo salón había pocos alumnos y nadie parecía estar realmente interesado en la educación de los más jóvenes, así que sólo tenían aún docente en todo el pueblo que se encargaba de impartir todo el conocimiento de la educación básica por las tardes solía alcanzar a su padre en el taller para aprender a reparar autos, cambiar llantas y hacer cualquier trabajo de mantenimiento. El trabajar con metales y aceite le parecía más entretenido que tener que hacer planillas de figuras y dibujos para mejorar su caligrafía y escuchar la forma tan vulgar con la que se expresaban los mayores. Le resultaba más fascinante y útil que tomar algún libro de lectura, De modo que sólo acudió a los primeros grados de la primaria con muy malas condidas y pasando prácticamente de panzazo por la infinita bondad de su maestra. Pero a pesar de que, como estudiante no destacaba ni brillaba, aprendió a leer y escribir con muy mala ortografía y una pésima letra, pero podía entender lo que decían los carteles y etiquetas que rondaban por el taller. Pronto el trabajo se volvió su principal actividad. Abandonó su educación sin previo aviso e invirtió todo su tiempo en aprender lo más que pudiera sobre mecánica. Tenía la esperanza de poner un taller como en el que trabaja cuando creciera y tuviera el dinero suficiente, pero la vida dios o, el destino tenía otras cosas preparadas para Esteban, el propietario del negocio, le enseñó todo lo que sabía y con el paso del tiempo, Esteban sustituyó al alcohólico de su padre y éste se dedicó enteramente a pasar todos sus días en la cantina, solicitando crédito que pagaba con el salario de su hijo s s a. Esteban le estaba yendo relativamente bien con el poco dinero que le sobraba por su trabajo. Ayudaba a su familia para que sus hermanos no pasaran hambre. Era el mayor y sentía mucha responsabilidad con ellos, ya que su padre era un completo desobligado. Su madre se empleaba en los negocios y casas de la zona, pero no le pagaban el suficiente dinero ni era una fuente de empleo muy segura, así que la familia dependía enteramente del ingreso de su hijo mayor. Esteban se convirtió en la mano derecha del propietario del taller cuando tendría alrededor de catorce años. Aprendió a manejar y aprovechaba a aprender a manejar distinto tipo de vehículos con los autos de los clientes, quienes solían dejarlos para que les realizaran distintas pruebas y reparaciones, pero sus planes cambiaron cuando le notificaron que su padre había fallecido en la cantina, donde solía estar al parecer de cirrosis cepática. Con la muerte de su padre, el ingreso familiar les alcanzaba más, pero también la pérdida golpeó nuevamente a Esteban, el propietario del taller, falleció en un accidente justamente mientras conducía por la rumorosa con destino a ensenada para visitar a su hija y conocer a su nieto, que hacía algunos meses había nacido con el deceso de quien fue su maestro y hasta cierto punto, figura paterna. Esteban no pudo seguir trabajando de mecánico ni adquirir las herramientas del mismo, ya que la familia del difunto optó por cerrar el taller y vender todo lo que tenía para costear los gastos funerales, sin trabajo, sin dinero para emprender. Buscó empleo en su localidad, pero no tuvo suerte hasta que en cierta ocasión, mientras había ido a buscar empleo a una gasolinera cercana, dio un anuncio en un remolque donde leyó que estaban buscando conductores. Memorizó la dirección de la empresa y, a través de pedir aventones y pagar por ellos, realizando pequeñas relasparaciones, logró llegar a la empresa, donde ingresó a solicitar empleo. El encargado de recursos humanos, al escuchar la historia de cómo había llegado, decidió darle una oportunidad a un jovencito que apenas rondaba a los dieciséis años. Ese mismo día le realizaron algunas pruebas de conducción y las logró aprobar. La empresa necesitaba que las vacantes se cubrieran cuanto antes, ya que tenían muchas entregas que realizar. Entró en el área de mantenimiento dando servicio a los tractocamiones. Gracias a que tenía nociones de mecánica y aún no cumplía con la edad mínima para solicitar una licencia de manejo, le propusieron que trabajara en aquel departamento hasta que pudiera llevar una unidad él solo y aprendiera la reglamentación básica para trabajar de ese oficio. Esteban aceptó y durante dos años mientras trabajaba como mecánico, también fue aprendiz de trailero. Con los dieciocho años cumplidos y con una vacante libre para ser trailero, Esteban presentó su solicitud, acudió a las pruebas correspondientes y las aprobó sin ningún problema. El resultado fue que se ganó su lugar como conductor designado de una unidad. Mientras Esteban se abría camino como trailero, sus hermanos menores, que se habían quedado con su madre en el pueblo, comenzaron a rodearse de malas personas y pronto estaban trabajando como halcones y dillars. Aquella situación provocó que Esteban decidiera distanciarse por completo de su familia. De vez en cuando solía visitar a su madre y le dejaba un poco de dinero para sus gastos, pero ella solía dárselos a sus hermanos. Por la naturaleza de su trabajo no le permitió echar raíces en ningún lugar. Se la pasaba la mayor parte de su día conduciendo por distintas rutas, transportando cualquier cosa que los clientes para la empresa que trabajaba le pidieran mover de punto a punto. B trabajó duramente u d n n la de varios años y pronto se aprendió la mayoría de las rutas y culminó todos sus viajes sin mayor problema. No se sabe cómo ni en qué momento Se enamoró y casó con una mujer que vivía en Mexical y yes que, según sus compañeros, Esteban era una persona muy reservada que se limitaba a hablar lo suficiente, pero se volvía alguien más social. Cuando se tomaba algunas cervezas el alcohol en su torrente sanguíneo, lo volvía a una persona más social y algunas veces incluso habladora durante algunas festividades que la empresa celebraba con sus empleados. Fueron de las pocas veces en la que Esteban externó algunos de los detalles sobre su vida y su pasado. El punto es que, a pesar de haber contraído matrimonio con una mujer originaria de Mexicali. Esteban no solía frecuentar mucho aquellos rumbos. La mayoría de sus rutas las tenía en los Estados de Nuevo León, Sonora, Durango, Tamaulipas y San Luis Potosí. Conducía incluso durante su o vacaciones si sólo frecuentaba los Estados del noroeste del país cuando surgía un trabajo por aquella zona y ningún otro conductor estaba disponible para cubrirla. El hecho es que, previo a su misteriosa muerte, habían estado surgiendo bastante demanda para los Estados de la California mexicana y la mayoría de los traileros desconocían muchas de las rutas que conducían a aquellos destinos. Esteban fue el principal encargado de completar aquellos trabajos. Trabajaba de manera incesante y nadie podía entender a que se debía su alta resistencia a pasar horas ininterrumpidas, conduciendo más aún con tan pocas horas de sueño al día. Todos esperaban a que en algún punto Esteban colapsara por el exceso de trabajo al que se sometía. Algunos otros trabajadores afirmaban que seguramente recurría a narcóticos para poder mantener ese ritmo de trabajo, pero nunca se confirmó o desmintió aquellos rumores sobre Esteban como fuera ni ni y a la empresa camionera para la que trabaja Esteban le interesaba saber el secreto detrás de tan alto rendimiento, y mucho menos a los clientes, quienes estaban encantados con que sus materiales y pedidos llegaran hasta aquella región. El clima tan severo que caracteriza a la mayoría de los Estados del norte de México. A veces les jugaba en contra a cualquier trailero por más experimentado que éste fuera. Muchos compañeros de labor de Esteban tuvieron algunos percances y accidentes en algunas rutas. La mayoría de ellos no pasaron de daños, materiales y contratiempos, pero la alta demanda del mercado lo superaba con creces, así que la industria vivía una excelente época. Los conductores eran bien recompensados económicamente, aunque el precio para todos era estar lejos y ausente de sus seres queridos. La mayor parte del año, la mayoría de personas que trabajan en este rubro suelen perderse cumpleaños, reuniones familiares o con amigos, los nacimientos de sus hijos, sus primeros pasos o sus primeras palabras. Aún con todo esto, consideraban que el trabajo que realizaban era de suma importancia, ya que ellos eran quienes transportaban la maquinaria para los hospitales, escuelas y edificios, y también lo hacían con materiales de construcción o materias primas para los alimentos, de modo que sentían una gran responsabilidad no sólo con la empresa, sino también con las personas que se beneficiaban directa o indirectamente de su labor. Tras un año sumamente fuerte, donde la empresa había ganado bastante dinero y comenzaba a renovar su flotilla de tráilers, Esteban fue llamado durante las fiestas de Sembrinas de fin de año para que tomara un trabajo que había surgido en calidad de urgencia para nuevo León. Esteban aceptó la encomienda aún siendo sabedor de que su hijo nacería en los próximos dos primeros meses del nuevo año. De hecho, había solicitado sus vacaciones que había acumulado a lo largo de su paso por la empresa como conductor, pero al no contar con nadie tan eficiente como él por la renovación de tráilers, los cuales no habían sido entregados en su totalidad y por la temporada habían aprovechado para vender parte de los antiguos. Era de los pocos traileros confiables que podría realizar aquella ruta. Sólo tendría que trabajar unos días para entregar los materiales que solicitaban con urgencia y después de eso, podría disfrutar de sus vacaciones en paz y le pagarían un extra por la llamada tan repentina. Esteban aceptó el trabajo y se despidió de su esposa para realizar dicho viaje. Tal y como acordaron. Esteban realizó todo el trayecto, a pesar de la situación climatológica y la temporada donde eran comunes cientos de accidentes vehiculares por el exceso de velocidad y el abuso del alcohol. Arribó a Monterrey hasta el Almacén, donde le fue indicado dejar el remolque. Cuando él este llegó al centro de distribución, la encargada de embarques le pidió que acudiera al área de recursos humanos, ya que al parecer, habían estado intentando contactarlo desde Mexicali. Esteban acudió de inmediato con la encargada del departamento, donde le fue informado que su esposa había estado intentando contactarlo desde hacia alrededor de doce horas, ya que, al parecer, el embarazo se había complicado y ésta necesitaba acudir al hospital. Esteban se puso en contacto con la familia de su esposa y ahí se enteró de que durante su ausencia, el embarazo había comenzado a marchar mal. La embarazada comenzó a sentir molestias, dolores y sangrados repentinos como si de un aborto se tratara. El parto estaba programado para dentro de dos meses, por lo que la vida de su hijo o hija estaba en riesgo y con ella también la de su madre. Durante la llamada le informaron que su esposa estaba esperándolo sin pensarlo mucho. Esteban esperó a que de desanclaran su unidad del remolque para poner marcha hasta Mexicali. El equipo de mantenimiento le pidió esperar a que realizaran una valorización integral de la unidad, ya que era algo viejo aquel trailer y no era seguro para él conducir sin un diagnóstico previo. Pero a Esteban poco le importó lo que el ingeniero le recomendó hacer le informó que su esposa estaba tratando de dar a luz en un hospital al otro lado del país y no había tiempo que perder, ya que, de lo contrario, no estaría ahí para conocer a su hijo. El ingeniero comprendió su angustia en las palabras y expresiones de Esteban y a pesar de saltarse el protocolo, le dijo que le ayudaría a darle salida a su unidad para que se pusiera en marcha lo antes posible. Esteban, con los nervios a flor de piel y la impaciencia por primera vez acechando a sus anchas, aceptó y esperó impacientemente en una banca, mientras el ingeniero les ordenaba a su equipo que detuvieran cualquier cosa que estuvieran haciendo y llenaran el tanque de disel de la unidad. Mientras Esteban movía incansablemente sus pies. El personal del lugar estaba rellenando el depósito de combustible del tráiler. Los escasos minutos que se demoraron le parecieron una eternidad a Esteban. Al poco tiempo, uno de aquellos jóvenes le indicó que ya podía partir Esteban sin perder un minuto. Se subió a su unidad, revisó los espejos y los colocó en su lugar, ya que ahora no había remolque que llevara a cuestas. Encendió el motor de la máquina con ruedas y comenzó a maniobrar para salir del hangar donde se encontraba. Buscó las rutas más rápidas para llegar a Mexicali y sobre un mapa tachó el camino de la rumorosa, el mismo donde había tenido un accidente su anterior patrón. Pero eso fue lo último que pensó. Estaba más preocupado por llegar a tiempo para recibir a su hijo o despedir a su amada que, por recordar pérdidas anteriores, condujo sin tomar ningún descanso, salvo para cargar un poco de combustible cuando las agujas comenzaban a descender. No había dormido ni descansado lo suficiente de su anterior viaje y ya estaba realizando una ruta de retorno. Logró conducir sin mayor problema y sin muestras de cansancio. Durante prácticamente todo su trayecto. Atravesó Coahuila, Chihuahua, sonora y cuando entró a Baja California, le tocó tomar la famosa ruta de la Rumorosa. Pero cuando se encontraba a la mitad del camino, el tráiler que conducía comenzó a presentar algunas fallas mecánicas. Su vehículo tenía problemas de sobrecalentamiento, los cuales lo obligaron a salir del camino y revisar por sí mismo. La falla bajó de su camión y abrió el cofre del tráiler, el cual ardía y quemaba al tacto, echaba humo y el aspecto y olor no eran muy alentadores. Cuando la temperatura se redujo lo suficiente, comenzó a inspecciar, pero necesitaba algunas herramientas para poder ubicar rápidamente la falla. Sin embargo, para su sorpresa, había dejado la caja de herramientas del tráiler en nuevo león, ya que durante la inspección suelen revisar toda la unidad y al finalizar, volver a cargarlas. Pero como había salido de prisa del centro de distribución, éstas no habían sido devueltas. A su lugar. Como pudo intentó inspeccionar el motor y diagnosticar el resto de componentes, pero no podía hacer gran cosa realmente. Mientras sucedía esto comenzaba a perder la calma y el mejor que nadie sabía que bajo ese estado poco podría solucionar. No tenía ninguna forma de avisarle a alguien que su unidad se había quedado parada en mitad de la nada. Las temperaturas invernales igual eran otro factor a considerar, ya que gran parte de la carretera estaba cubierta por una capa de hielo. No había muchas unidades transitando en ningún sentido sobre la ruta durante gran parte de su recorrido. Aquella ausencia de vehículos le había resultado favorable, ya que podía conducir a mayor velocidad sin tanto problema, pero ahora que se encontraba varado, le resultaba inconveniente. El frío no obligó a entrar a la cabina de conducción del tráiler mientras esperaba a que alguna persona pasara por el lugar y le diera un aventón, pero ninguno de los pocos vehículos que pasó por el lugar se detuvo a ver si necesitaba algo. Esperó un par de horas, pero la situación fue la misma. Nadie se detenía a brindar la ayuda y mucho menos se ofrecían a llevarlo hasta la ciudad o poblado más cercano. Con cada minuto que pasaba, la desesperación aumentaba y la incertidumbre y duda sobre el estado de su esposa o hijos se acrecentaba. No sabía que podría llegar a tiempo para recibir en brazos a su esposa e hijo, o llegaría para gestionar el deceso de uno de ellos o peor aún de los dos. Pesar del inclemente clima, Esteban se volvió al tráiler, buscó toda la ropa que llevaba consigo y se vistió para intentar hacer frente al frío y puso marcha a pie hasta su lugar de destino, a partir de que Esteban dejó abandonada su unidad. No se sabe que pasó con precisión. Algunas personas que condujeron por la ruta comentaron haber visto una figura caminando sobre la orilla de la carretera, pero que, a pesar de los intentos de auxiliarlo y llevarlo, éste se negó continuando caminando sin siquiera detenerse. Otras versiones cuentan que algo persiguió a un hombre sobre esa misma carretera, ya que un conductor aseguró que, mientras manejaba por el lugar, observó cómo una figura humana corría desesperadamente sobre la orilla del camino mientras volteaba repetidamente la cabeza hacia atrás, mientras sostenía un sobre en su mano. Y cuando este conductor se acercó para intentar ayudar. El hombre que corría desesperadamente sobre la carretera, se acercó a la ventana y le entregó él sobre que llevaba consigo, pidiéndole que llevará ese dinero a su hijo, que estaba por nacer seguido de aquel acto. El hombre se quedó de pie inmóvil frente al conductor del vehículo hasta que éste se marchó. Los traileros que suelen tomar esta ruta suelen contar historias relacionadas a la aparición de un hombre que se encuentra pidiendo una aventón en la orilla de la carretera y cuando es ocurrido por los traileros, este sube y les entrega un sobrecon dinero y les dice que se lo entreguen a su esposa, que está a punto de dar a luz en Mexicali para acto seguido es fumarse de la nada con la unidad en movimiento. Algunas historias dicen que si los conductores se quedan con el dinero, éstos mueren en aparatosos accidentes. Relato escrito y adaptado por Lis Rayón