Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / La Novia Del Diablo Historias De Terror - Voces De La Noche
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- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más. Comenzamos hace varias semanas que experimenté una situación tan aterradora que apenas he podido encontrar las palabras para poder describirla. Me llamo Ana. Soy una residente de un pequeño poblado de Panamá llamado chiriquí. Yo solía ser una persona con una vida tranquila y apacible, sin nada fuera de lo ordinario, pero las cosas comenzaron a cambiar a causa de una serie de pesadillas perturbadoras que, aparte de invadir mi mundo de sueños, ahora me aterran en la realidad. Desde un principio llegué a pensar que se trataba de sueños normales, pero pronto me di cuenta de que había algo más, algo que las estaba alimentando algo temible y oscuro que jamás me hubiera imaginado. Después de analizar todo lo sucedido, llegué a la conclusión de que todo comenzó una noche de verano en que salí con mis amigas a dar una vuelta. Teníamos ya bastante tiempo sin salir las cuatro a divertirnos, así que nos pareció divertido ir a un antro y ver si teníamos un poco de suerte con algún chico. La noche transcurrió normal. Llegué a pensar que sería como una noche cualquiera cuando entonces se me acercó un joven a preguntar mi nombre. Cuando lo vi me llamó mucho la atención lo elegante que se veía con su traje negro y el olor tan particular que tenía su perfume. Le pregunté por su nombre, pero simplemente me comentó que lo llamara Azafrán De alguna manera entendía por qué no quería darme su nombre real, pero me molestaba un poco pensar en porque yo tenía que darle mi nombre y el no aún así. No le di la importancia que requería y me dejé cautivar con su forma de ser las horas a su lado o se me pasaron volando, Me hacía reír y me contaba cosas muy interesantes hasta que me sugirió que lo acompañara a su casa, pues quería que pasáramos la noche juntos. En ese momento me sentía cautivada por él. Nunca pensé que hubiera algún peligro, sobre todo porque le había tomado confianza. Estaba algo desesperada por tener pareja, así que pensé que quizás sería mi oportunidad de por fin tener un novio. Así que acepté y desde un principio mis amigas estuvieron en desacuerdo. Pero por alguna razón yo insistía en que era mi oportunidad. Cuando llegamos a su casa, la cual estaba un poco retirada del pueblo, me llamó la atención todo lo que tenía por dentro. Por fuera aparentaba ser una casa simple e incluso uno pensaría que estaba abandonada por cómo se veía, pero por dentro era muy distinto. Tenía cuadros pintados en óleo de lo que parecía ser su familia e incluso me pareció verlo a él. En una de ellas azafrán se dio cuenta de que me estaba interesando en las pinturas. Cuando llegó con algunas sábanas oscuras y las cubrió todas, me comentó que no era bueno que me quedara observándolas, pues algunas de ellas tenían la mala costumbre de hablar y me podía asustar. Creí que lo decía en broma, pero su respuesta me pareció muy segura. Estuvimos tomando una copa de vino frente a la chimenea, poniéndonos un poco más cómodos entre los dos. En el momento en que se me acercó, tuve una extraña sensación de intenso calor que se expulsaba de su cuerpo. Empezó a besarme el cuello y sus labios ardían en mi piel. Sentía algo de dolor, pero no quise decir nada para no molestarle. Se quitó la camisa y entonces lo vi bien. Tenía cicatrices y arañazos por todo su pecho, espalda y brazos. Sus ojos empezaron a arder como brasas incandescentes y de la punta de sus dedos brotaron garras afiladas como navajas. Se acercó a mí y yo no podía mover Lejos de sentir algún placer, ahora me sentía aterrada, pero no podía hacer que mi cuerpo se negara algo me atraía hacia él que provocaba que yo no pudiera reaccionar en su contra. Me quitó la ropa tan rápido que no me di cuenta y me tomó como su presa. Después de ahí, no recuerdo qué más sucedió, pues todo se vuelve nubloso y oscuro. Pero lo que sí recuerdo es lo que vi en mis sueños. Un monstruo o demonio se aparecía ante mí y su presencia era inquietante y su aspecto aterrador. Tenía una piel pálida y desgarrada, enormes cuernos rojos y sus ojos tenían un fulgor intenso. No podía correr de él. Me perseguía donde fuera y estar cerca de esta criatura, me invadía un enorme terror indescriptible. Desperté empapada en mi sudor y con el corazón latiendo como loco, miré a mi alrededor y me sentía desubicada. No comprendía cómo era posible que yo estuviera en ese lugar. Sentía que mi cuerpo había sido una especie de marioneta que se dejó manipular por alguien. Miré al otro lado de la cama y no estaba a Zafrán. Busqué mi ropa y mis cosas. Me vestí rápidamente y procuré salir de ahí antes de que pasara alguna otra locura. En eso pude escuchar como alguien estaba teniendo una intensa conversación en la sala. Parecía que Azafrán estaba discutiendo con alguien y le respondían, pero no sólo una persona, sino varias. Me asomé por un costado de la pared y pude verlo platicando con las pinturas que había visto desde un inicio. Pensé que quizás era una especie de ejercicio psicológico para sacar sus frustraciones, pero el terror me invadió al notar que dos pinturas se movieron y le contestaron. Ahogué un repentino grito y me apresuré a subir nuevamente a la habitación. Me encerré en el cuarto. No comprendía lo que acababa de ver. Tenía que salir de ahí lo más pronto posible. Miré el reloj y eran las cuatro de la madrugada. Busqué mi teléfono para marcar a mis amigas, pero entonces, entonces recordé que lo había dejado en una mesa. Cuando nos dispusimos a tomar vino, no tenía otra opción. Era necesario que me esperara hasta la mañana siguiente para salir de ahí, pues no tenía el valor de hacerlo en la oscuridad. Por fortuna, Azafrán no volvió a subir. De hecho, todo estuvo muy silencioso. Busqué en toda la habitación para ver si encontraba algún teléfono fijo o el celular de azafrán para llamar a emergencias, pero todo fue en vano y me quedé sentada al lado de la cama esperando el primer rayo de luz. Al salir el primer rayo de luz, salí de la habitación y me dirigí hacia la salida lo más silenciosa que pude. Me di cuenta de que con la luz del día la casa no se veía tan impresionante. Incluso se podía notar las paredes agrietadas y con bastantes telarañas. Bajé por las escaleras y aterrada. Me di cuenta de que ninguno de los cuadros estaba ya puesto. La chimenea parecía estar apagada desde hacía a siglos y muchas de las cosas que estaban ahí eran muebles quebrados y basura de algún vago que pasó ahí la noche. Me sentía desconcertada. No daba crédito a lo que estaban viendo mis ojos. Entonces vi mi celular estaba boca abajo sobre una mesa llena de polvo, Lo tomé sin mirarlo y lo guardé en mi bolso Al salir de la casa. Las puertas apenas se habrían debido a la basura que tenían. Y cuando finalmente salí me di la vuelta y me di cuenta de que la casa estaba abandonada con varias habitaciones destruidas. No entendía cómo era posible que no viera eso. Desde un inicio estaba totalmente confundida y me tuve que regresar caminando. Llamé varias veces a mis amigas, pero no me contestaban o no entraban mis llamadas. Lo entendía de algún modo, pues no les hice caso. Al no oírme con la zafrana e intentaron advertirme y ahora me estaban ignorando. Pensé que lo mejor sería darles un tiempo y esperar a que se les olvidara el coraje. Cuando llegué a casa. Lo primero que se me ocurrió fue irme a dormir todo el día. Me sentía exhausta de tanto caminar y de no haber dormido bien. Apenas llegué a casa, comencé a notar que todo se comenzó a nublar. Incluso llegué a escuchar algunos truenos a lo lejos. Justo cuando había llegado la tormenta arremetió pensando que las cosas mejorarían más tarde me fui a dormir a mi habitación. Pasaron varios minutos y yo estaba intentando conciliar el sueño cuando noté un destello de movimiento en la esquina de mi ojo. Giré mi cabeza rápidamente y lo vi estaba ahí parado en medio de mi habitación, con su figura distorsionada y malévola. Era ese demonio que había visto en mis sueños. Mis piernas temblaban y sentí como el terror se apoderaba de mi cuerpo. Traté de gritar, pero mi voz se quedó atrapada en mi garganta y el demonio me miró fijamente. Movía su cabeza como si estuviera analizando podía sentir cómo, con sus ojos ardientes en trabar lo más profundo de mi ser Sentí que su presencia era una amenaza para mi vida y mi cordura. Entonces, en un parpadeo, la criatura se desvaneció. Yo estaba temblando. Traté de recordar lo que había tomado en la fiesta, pensando que quizás me habían drogado y ahora estaba alucinando. Me imaginé que si fue así, la sustancia saldría de mi cuerpo por sí sola y estas alucinaciones se esfumarían. Pero no pasó así y cuando dormía, las pesadillas eran cada vez más constantes y fuertes. Ese demonio se acercaba a mí cada vez más con cada pesadilla que tenía desesperada por encontrar una solución a este horror que me acosaba. Decidí buscar ayuda en el único lugar donde sabía que podría encontrar respuestas. Una curandera local conocida como Doña Esperanza había oído historias sobre sus habilidades para lidiar con lo sobrenatural y decidí que era mi última esperanza. La casa de Doña Esperanza estaba ubicada la da la en las afueras del poblado, rodeada de una vegetación densa y misteriosa. Cuando llegué la encontré sentada en su porche, rodeada de velas y hierbas aromáticas. Su mirada era intensa y profunda. Con tan sólo verla, uno podía darse cuenta que era una mujer que parecía entender el tormento que me acosaba. Le expliqué mi situación, detallando lo que pasó en la casa de aquel chico, las pesadillas constantes y tan vivas que experimentaba y la aparición del demonio en el mundo real. Doña esperanza escuchó atentamente. Ella sintió como si hubiera visto esto antes. Me dijo que mi caso era complicado y requeriría un ritual especial para alejar al demonio que me perseguía, pues yo no había dejado tener intimidad conmigo y ahora existía una especie de conexión entre ambos. Me quedé impresionada por sus palabras. No podía creer que eso hubiera pasado. Me pidió que esa misma noche regresara para llevar a cabo el ritual. Cuando llegué, me di cuenta de que ella ya había preparado casi todo. La sala estaba llena de velas, creando una atmósfera mística y llena de suspenso doña esperanza me pidió que me recostara en el centro de la habitación mientras ella realizaba una serie de cantos y movimientos rituales. Durante el ritual sentí una energía intensa a mi alrededor. La habitación parecía cargarse de electricidad y un escalofrío recorrió mi columna vertebral. Cerré los ojos y me aferré a la esperanza de que este proceso pudiera liberarme de la presencia maligna que me acosaba. De repente, el aire se volvió denso y pesado, como si una sombra oscura hubiera descendido sobre nosotros. Escuché un rugido demoníaco y abrí los ojos lentamente y, para mi horror, vi al monstruo frente a mí, su figura distorsionada y repugnante e iluminada por las llamas de las velas. Entonces pude escuchar las mismas voces de antes las que provenían del cuadro y pude darme cuenta que a Doña Esperanza le estaba costando trabajo cerrar ese portal que se había abierto. Intenté levantarme del suelo para ayudarle, pero no podía moverme. Doña Esperanza no se inmutó. Continuó recitando sus oraciones en voz baja mientras trazaba símbolos en el aire con sus manos huesudas. Me di cuenta de que estaba luchando contra fuerzas sobrenaturales. Más allá de mi comprensión. El monstruo emitió un chillido ensordecedor y se desvaneció en la nada. Sentí un tremendo alivio abrumador mientras las sombras se disipaban y la paz volvía al ambiente. Ya no sentía que esa presencia estaba cerca de mí. Doña Esperanza se acercó y me explicó que el monstruo era un ser maligno que había encontrado una manera de manifestarse en mis pesadillas y en el mundo real a consecuencia de la cercanía que había establecido conmigo. Antes. Se daban casos de personas extraviadas a mitad de la noche y no se volvía a saber de ellos y se mencionaba que era un demonio el que se aprovechaba de ellos. El ritual que llevamos a cabo no fue la solución definitiva, pero fue un primer paso crucial para romper el vínculo entre el monstruo y yo. Doña Esperanza, me pidió verme más ocasiones y continuar con algunos ejercicios para liberarme por completo de su influencia sobre mí. Poco a poco, las pesadillas fueron disipándose, dejándome por fin en paz. Ya pasaron algunos días desde mis últimas pesadillas y las cosas llegaron a mejorar mucho. Relato escrito y adaptado por lengua de Brujo