Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / Mi Aterradora Experiencia En La Casa De Una Bruja Historias De Terror - Voces De La Noche
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- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más comenzamos la historia que estoy a punto de contar. Es algo que he guardado en lo más profundo de mi mente durante años, una experiencia que cambió mi vida para siempre y que aún me atormenta cada vez que cierro los ojos. Honestamente, desconozco si haya un hombre para la fobia que yo tengo, puesto que creo que es demasiado específica como para que siquiera tenga un nombre, pues verán me aterran los ojos falsos. Más específicamente esos peculiares ojos movibles, hechos de plástico que los niños de primaria utilizan para hacer diferentes tipos de manualidades para la escuela. Esto no siempre fue así. De hecho, me atrevería a decir que hasta los eventos que a continuación relataré, aquellos ojos de plástico no eran relevantes para mí. Me refiero a que, si bien no me asustaba ni de hecho los sé cuando fui más pequeño, tampoco tenían mayor relevancia en mi vida. Y yo sé muy bien cuando esta fobia mía comenzó. Todo comenzó cuando yo tenía tan sólo doce años en esa etapa de la vida en la que desea ser más genial de lo que realmente eres Tenía un grupo de amigos cercanos, mi mejor amigo, Lucas y los hermanos Rafael y Santiago, los cuales eran gemelos. Vivíamos en una ciudad pequeña donde la falta de entretenimiento nos llevaba a explorar lugares poco comunes. Uno de estos lugares era una vieja y abandonada casa que se encontraba en el camino a la escuela. La casa tenía una reputación sombría. Se decía que estaba embrujada y que las personas que se aventuraban a entrar encontraban un destino aterrador y doloroso. Sin embargo, realmente no había una sola historia que se pudiera comprobar. De hecho, además de las historias que circulaban entre las cercanías, nadie conocía a ninguna persona que hubiera entrado a aquella tenebrosa y vieja casa, por lo que la mayoría de nosotros creíamos que eran sólo leyendas urbanas cuentos de miedo para asustar a los niños. Pero, como cualquier grupo de jóvenes curiosos, comenzamos a plantearnos la idea de si había alguna verdad detrás de esas historias. Un día, mi amigo Lucas propuso la idea de entrar a la casa y descubrir por nosotros mismos. Si las leyendas eran ciertas. Al principio me negué. Sabía que mis padres se enfadarían mucho si se enteraban de que me había metido en una propiedad ajena. Sin embargo, la presión de mis amigos finalmente me hizo ceder. Así que unos días después de que surgiera la idea, después de la escuela, nos dirigimos hacia la casa abandonada. Tábamos nuestras mochilas con los libros escolares y linternas, pensando que eso sería suficiente para explorar la casa. Mientras nos acercábamos a la entrada, las risas y bromas que habíamos mantenido durante casi todo el camino se desvanecieron gradualmente. La casa se alzaba ante nosotros una estructura deteriorada, con ventanas, llenas de tanto polvo y telarañas, de tal manera que, aunque no tuvieran cortinas, no era imposible mirar para adentro. El silencio que la rodeaba era abrumador, como si la misma casa estuviera exhalando susurros de advertencia. El aire estaba impregnado de un olor a humedad y abandono. Después de quedarnos parados frente a la casa, durante unos minutos, Lucas, quien siempre había sido el más valiente del grupo, comenzó a caminar hacia la puerta de la casa. Rafael Santiago y yo lo seguimos y al llegar a la puerta nos dimos cuenta de que no sería tan fácil entrar. La puerta estaba en buen estado y las cerraduras parecían estar trabadas, como si la casa se resistiera a nuestra intrusión. Pasamos alrededor de un cuarto de hora tratando de desbloquear una ventana o forzar la puerta, pero nuestros esfuerzos resultaron inútiles. Yo estaba a punto de sugerir abandonar la idea antes de que un vecino nos delatara con nuestros padres, pero Lucas expresó su frustración y finalmente tomó una piedra del suelo y rompió una de las ventanas. La sorpresa nos invadió a todos, ya que no esperábamos que Lucas tomara una acción tan extrema. Aunque todos habíamos estado de acuerdo en explorar la casa, ninguno de nosotros esperaba que la situación se volviera tan intensa. Nadie se atrevió a reprender a Lucas, puesto que, al menos para mí, Lucas no sólo era mi mejor amigo, sino que, aunque no parecía correcto técnicamente, no estaba dañando a nadie, ya que esa casa llevaba abandonada y incluso antes de que naciéramos, así que a nadie perjudicaba una ventana rota en esa casa, por lo que decidimos continuar con el plan. Quitamos con cuidado los fragmentos de vidrio y entramos uno por uno. Mientras cruzaba la ventana. Uno de los fragmentos de vidrio se enganchó en mi pantalón rasgándolo. Me preocupé un poco por la reprimenda que recibiría de mi madre, pero decidí no dejar que eso arruinara la experiencia. Había cosas más importantes en juego. Además, simplemente podía ocultarlo al llegar a casa y tratar de coserlo esa noche, mientras todos durmieran una vez dentro, encendimos nuestras linternas y comenzamos a explorar la casa. La sensación de que el tiempo se hubiera detenido se hizo aún más fuerte. Los muebles antiguos estaban cubiertos de polvo y los cuadros en las paredes parecían haber perdido su antigua gloria. La atmósfera era extraña, como si estuvieran en un museo abandonado, con un olor muy peculiar como aguardado combinado con el de la humedad. La casa estaba llena de estatuillas de porcelana y figuras como las que las ancianas suelen coleccionar. Este detalle nos provocó escalofríos a todos. Las historias que circulaban en la ciudad afirmaban que una anciana había vivido en esa casa y que, incluso después de su muerte, su espíritu seguía vagando por ahí, puesto que su alma no podía o más bien no quería comprender que su tiempo en este mundo había terminado. Exploramos la planta baja de la casa, tratando de aligerar la tensión con bromas sobre las estatuas de porcelana. Comentábamos lo feas que eran y bromeábamos sobre la posibilidad de que la supuesta anciana apareciera exigiendo una compensación por la figura que Lucas había tirado accidentalmente y que se había roto en mil pedazos, provocando un eco estruendoso que pareció cubrir cada rincón de la casa. A pesar de nuestros intentos de mantener el ánimo en alto, la sensación de inquietud persistía en el aire. Después de la última broma, nos estábamos riendo tratando de liberar la tensión que habíamos sentido en la casa. Sin embargo, un crujido extraño nos hizo enmudecer. Apuntamos nuestras linternas hacia el origen del sonido, pero no pudimos identificar nada. Lucas intentó tranquilizarnos sugiriendo que los crujidos eran simplemente ruidos de la casa, muebles de madera antiguos que se acomodaban. Aunque sus palabras eran lógicas, ninguno de nosotros se sintió completamente seguro con esa explicación. Después de un rato, decidimos que, ya que estábamos ahí, debíamos recorrer toda la casa. Comenzamos a subir la escalera que conducía al segundo piso. Mientras avanzábamos, Rafael compartió una historia que había escuchado de su hermano. Según él, la anciana que vivió en la casa pasaba la sur sus días fabricando cientos de muñecas, afirmando que sus nietas vendrían a visitarla y que les tendría un gran regalo preparado. Sin embargo, esto era imposible, ya que la anciana nunca había tenido hijos ni familia. Esta era la razón por la que la casa había permanecido abandonada durante tanto tiempo. Después de su muerte, Rafael también mencionó una versión perturbadora de la historia en la que las muñecas habían asesinado a la anciana. Esto nos hizo sentir escalofríos y nos inquietó aún más. Cuando Rafael terminó de contar la historia, sentí un escalofrío recorriendo mi espalda. Era la primera vez que escuchaba esa versión, puesto que hasta donde yo sabía, la anciana había muerto de causas naturales en su casa. No lo sé simplemente algo en ella me perturbó más de lo que hubiera imaginado. Aunque no tenía una fobia directa hacia las muñecas, las historias y películas de tal que involucraban muñecas siempre habían logrado inquietarme más que las que no las tenían. Mantuve mis pensamientos para mí ya que mis amigos estaban burlándose de la historia diciendo que sería gracioso ver a una muñeca intentando asesinar a una anciana. Una vez en el piso de arriba nos encontramos con cuatro puertas, sin saber a cuál dirigirnos. Finalmente optamos por abrir la primera puerta que encontramos. Sin embargo, en lugar de una habitación, descubrimos un baño antiguo. El lugar estaba en decadencia y el agua estancada llenaba. La bañera estaba verde y parecía que tenía al menos una capa de algas de cinco centímetros de grossori Y, por si eso no fuera ya lo suficientemente asqueroso, una rana se asomó de adentro de esa espesa agua. La vista nos provocó arcadas y asco y retrocedimos rápidamente cerrando la puerta con fuerza. Comentamos que era lo más asqueroso que habíamos visto en or nuestras vidas y la risa nerviosa volvió a llenar la habitación. Después de la desagradable experiencia de abrir la primera puerta, Santiago dijo que quizás lo mejor era irnos ya antes de que encontráramos algo mucho más asqueroso que esa bañera. En ese momento yo concordé con él, puesto que aunque realmente no olía a nada en particular, me había dado mucho asco, pero Lucas nos alentó a seguir adelante. Argumentó que era poco probable que hubiera otro baño en la casa. A regañadientes continuamos. Si pudiera volver a ese momento, insistiría en irnos y si no lo aceptaban, sólo me hubiera ido. Pero para mi desgracia, no lo hice y me quedé. Al abrir la segunda puerta, descubrimos lo que parecía ser la Recámara principal de la casa. No se necesitaba mucha deducción para darnos cuenta de que era o había sido la habitación de la anciana. Entramos en la habitación y observamos la gran cama de la antigua. Las sábanas, que en algún momento debieron ser blancas, ahora estaban amarillentas y cubiertas de polvo. Lucas movió ligeramente la cobija, lo que provocó que cientos de polilla salieran volando y que la tela se rasgara. El sonido resonó por toda la casa, llenándola de un inquietante eco. Todos nos sobresaltamos, pero tratamos de aparentar calma. Mientras salíamos de la habitación, pasamos a la siguiente puerta, que parecía ser más una bodega que una habitación. Estaba repleta de objetos que sólo alguien que fuera un acumulador conservaría. Había frascos de todos los colores y tamaños, incluso botellas de refresco, vacías, bolsas de basura sin usar y muchos rollos de tela de costura con patrones variados. Lo más extraño era la gran cantidad de estatuas de porcelana que estaban rotas o dañadas de alguna manera. En lugar de desecharlas. La anciana las había colocado en cajas si las había almacenado en la bodega. Lo que resultó aún más inquietante fue que todas parecían mirar en la misma dirección, específicamente hacia enfrente, lo cual, desde nuestra perspectiva, parecía más como si nos estuvieran viendo a nosotros, lo cual era bastante inquietante. Creo que esa fue la primera vez dentro de la casa que todos tuvimos miedo. Al mismo tiempo, cerramos la puerta con cuidado y continuamos con nerviosismo y precaución. El desconcierto por lo que habíamos visto en la bodega era palpable y Santiago propuso que sería mejor abandonar la casa. En ese momento. Estuve a punto de volver a secundar su propuesta, pero Lucas insistió en que no fuéramos cobardes y afirmó que no habíamos presenciado nada verdaderamente aterrador o paranormal y que si nos retirábamos ahora, no tendríamos una historia convincente para contar. Así que todos seguimos adelante un poco más intranquilos, pero de decididos a explorar la siguiente habitación. Al abrir la siguiente puerta, nos quedamos atónitos y bastante asustados. Nos encontramos en una habitación que parecía ser un taller de costura con una antigua máquina de coser en el centro. Sin embargo, lo verdaderamente aterrador de ese lugar eran las cientos cientos de muñecas de trapo que llenaban la habitación. Estaban hechas de todas las telas imaginables con sonrisas de estambre y ojos de botón. Algunas de ellas incluso tenían esos ojos movibles, a los que yo desarrollé un miedo irracional, pero les aseguro que no fue por ver en ese momento a las muñecas. El pelo de las muñecas solía ser de estambre de colores variados, pero algunas parecían tener cabello como el de las muñecas de plástico que venden en los supermercados. Pero al acercarnos, nos dimos cuenta de que no parecía para nada pelo sintético. Más bien se trataba de cabello humano, pero no sólo él, sino que al mirar de cerca era como si cada muñeca tuviera un tipo de cabello diferente. También había material de costura esparcido por todas partes, botones, agujas, telas. Parecía que alguien hubiera tenido una especie de altercado en esa habitación y hubiera arrojado todas esas cosas. A pesar de lo inquietante que era, ninguno de nosotros admitió que se sentía asustado. Entramos y comenzamos a examinar las cosas. Llenas de polvo ducas. Incluso bromeaba diciendo que se llevaría algunas muñecas para dárselas a sus hermanas como regalo de cumpleaños. Todos estábamos explorando diferentes objetos. Cuando algo captó mi atención. Una pequeña caja de madera en un estante a un lado de una muñeca en particular, llamó mi atención esta muñeca tenía esos ojos movibles que me habían aterrorizado. Me acerqué a la caja de madera, que, a pesar de su antigüedad, parecía resistente. Sin pensarlo mucho, la abrí y me encontré con cientos de esos ojos movibles dentro Al verlos juntos en la caja, no sé por qué, pero una sensación de incomodidad se apoderó de mí. Estaba a punto de cerrar la caja. Cuando algo horripilante ocurrió, todos los ojos movibles dentro de la caja se movieron al mismo tiempo como si tuvieran una mente colectiva y todos me estaban mirando sin poder contener el terror. Solté un grito y arrojé la caja de madera al suelo y los ojos se esparcieron por la habitación y mis amigos, alarmados por mi reacción, volvieron sus linternas hacia la caja pudieron ver lo que estaba sucediendo. Todos los pequeños ojos falsos se movían en todas direcciones como si fueran parte de una mente colectiva y estuvieran observándonos. La atmósfera se volvió aún más aterradora y la sensación de que algo no estaba bien en esa casa se hizo insoportable. Después de vir esos aterradores, ojos movibles moverse en todas direcciones dentro de la casa, mis amigos y yo corrimos aterrorizados y gritando, logrando finalmente salir de esa casa espeluznante. Sin embargo, cuando salimos nos dimos cuenta de que era muy tarde, aunque no sabíamos exactamente la hora, puesto que en ese momento no era común que las personas llevaran teléfonos celulares todo el tiempo, como hoy en día, por lo que no podíamos verificar la hora. Lo que sabíamos era que habíamos entrado a la casa después de la escuela y todos concordamos que no habíamos estado adentro durante más de una hora, pero al salir parecía que había transcurrido mucho más tiempo, ya que la ciudad estaba desierta y no había nadie en la calle. Sin saber qué más hacer, comenzamos a caminar hacia nuestras respectivas casas, tratando de idear alguna excusa para justificar la hora. Sin embargo, al llegar a casa nos dimos cuenta de que ni ninguna excusa sería lo suficientemente convincente para justificar nuestra ausencia, puesto que eran las tres de la madrugada, lo que quería decir que los cuatro habíamos estado desaparecidos por más de doce horas, nuestros padres incluso habían llamado a la policía. Y aunque finalmente nos rompimos y contamos la verdad, nuestros padres no nos creyeron. La historia no terminó ahí, al menos no para mí. A la mañana siguiente, al despertarme senté en mi cama y sentí algo bajo mi mano y al levantarla, descubrí un ojo movible similar al que habíamos visto en la casa de la anciana. Esto me asustó tanto que salté de la cama y caí de centón en el piso. Pero al levantarme me di cuenta de que no había un solo ojo falso, sino cientos de ellos esparcidos por todo el colchón de mi cama, todos de diferentes tamaños como los de la caja que había abierto. Grité para llamar a mis padres, quienes acudieron rápidamente a la a mi habitación y aunque vieron todos esos ojos falsos, pensaron que estaba tratando de fingir para evadir el castigo que me habían impuesto por haber desaparecido durante tantas horas con mis amigos. Me hicieron recoger todos los ojos falsos y tirarlos a la basura sin darle demasiada importancia. Sin embargo, con el tiempo esto se volvió una especie de pesadilla rutinaria. Los ojos falsos aparecían en todas partes en mi ropa, en mi cama, entre mis cuadernos de la escuela. Incluso en ocasiones mientras me estaba cambiando de ropa, éstos caían de la misma como si se materializaran. En una ocasión, todas las fotografías de mi casa tenían pegados esos ojos movibles en la cara, reemplazando sus ojos reales. Mis intentos por explicar que yo no tenía nada que ver con esto. Fueron en vano, ya que mis padres no me creían y a menudo me decían que debía de parar ya con eso y en todas las veces me obligaron a tirar todos esos ojos de plástico. Lo extraño era que ninguno de mis amigos experimentó nada parecido. Para ellos, su experiencia aterradora se resumió a lo que vivimos juntos dentro de la casa. Sin embargo, ésta acabó en el momento que salimos de ahí. Algunas veces cuando me pongo a pensar en ello, pienso que esto se debió a que yo fui quien abrió aquella caja, en la casa de la Anciana. Para mi suerte, con el tiempo, la frecuencia con la que aparecían los ojos disminuyó y finalmente dejaron de manifestarse. Aunque agradezco que nunca haya vuelto a experimentar algo así. El miedo y la incertidumbre de que algún día regresen siguen en mi memoria una sombra constante de la aterradora experiencia que vivimos en esa casa. Relato escrito y adaptado por Lisa Hernández